Buenas personas

Elena G. Antón | 5 de marzo de 2011 a las 14:19

Si es verdad que este año he vivido con mucho menos interés el tema de quienes pasaban y quienes no, no es menos verdad que ayer me alegré mucho, muchísimo, cuando escuché el fallo final del Jurado.

Y no sólo porque han ganado buenas agrupaciones, si no, sobretodo, porque han ganado buenas personas. En el trato rápido pero intenso que se tiene con los componentes de las agrupaciones y sus autores en este mes de Concurso, da al menos para entrever la pasta de la que está hecho cada uno.

Y creo que este año, de los que yo he vivido aquí, es el que prima el número de buena gente en lo alto del podio. Gente humilde que sabe ganar pero, sobre todo y mucho más importante, que también sabe perder. Gente sin ansias de protagonismo y de figurar, personas que realmente disfrutan de sus coplas de una manera sana y que saben competir sacando todas sus armas para ganar, pero deportivamente.

Sobre todo me alegro muchísimo del triunfo de Antonio y de Tino porque son dos personas estupendas, de buen fondo y buenas formas, que creo que merecían por fin estar ahí. Y me da igual si sus agrupaciones eran las que más me gustaban o no; mi desencanto con la parte humana del Carnaval me ha hecho que eso ya no sea lo que más me importe.

Este fallo rompió todas mis quinielas, pero nunca me he alegrado tanto de perder. Porque al mismo tiempo ganaba la estupenda sensación que se tiene cuando ves que las buenas personas a veces también tienen ‘suerte’. Enhorabuena a los cuatro ganadores, por sus buenas agrupaciones y por su buen saber estar. Que disfrutéis de vuestro primero.

26, 27 y… ¡28!

Elena G. Antón | 5 de marzo de 2011 a las 13:55

28 días en el Falla, ya lo decía nuestro nombre. 28 días que, al menos para la que habla, por fin han llegado a su fin. No porque se haga eterno un concurso tan largo, ni por aquellas malas de preliminares, ni por nada de eso, que otros años soporté bastante bien. Si no porque este año, la verdad, no me ha gustado todo esto.

Habrá sido por el ambiente frío y enrarecido que se ha respirado durante estos 28 días entre los muros del coliseo. Será por todos esos malos rollos de los que he hablado anteriormente; las pólemicas con el Reglamento, las letras talibanas, el público más talibán aún… Todas esas cosas. Será por la falta de deportividad que he podido ver en muchos competidores. Por la falta de compromiso de otros. Porque todo me parecía más de lo mismo, con pocas cosas a mejor y bastantes en picado hacia abajo. Por yo qué sé cuántas cosas que este año me han hecho sentirme incómoda y no disfrutar casi nada de lo que en años anteriores era lo que más me gustaba de todo el año.

En cualquier caso, ayer llegó el día 28 y yo me despedí del Falla con mucho más alivio que pena. Sí es verdad que echaré de menos a la gran familia que formamos los que estamos allí. Y también es verdad que no todo ha sido malo, faltaría más. He pasado buenos ratos allí, he escuchado cosas que merecían la pena y he tratado con gente que ha sido un placer.

Creo que éste será el último año que yo ande por estos lares, y espero que seguir el Carnaval desde ‘fuera’ me haga volver a conectar con la magia que me encandiló hace un par de años. Espero que se me pase la resaca de este Concurso en el que me han podido los malos rollos de alrededor y disfrutar, como he disfrutado tantas y tantas horas, de las coplas buenas. El Carnaval, el sano, merece la pena, y mucho. Así que espero no quedarme con este sabor de boca tan extraño.

De cara a años venideros, espero que esta fiesta se deshaga de todos sus lastres y resurja con toda su fuerza y resuene en todas las esquinas, en todas mis esquinas, el verdadero Carnaval.

Aplausómetro

Diego Marchán | 4 de marzo de 2011 a las 10:13

Resulta que el del Falla no es, como dicen, un Concurso de letras. No es ni siquiera un Concurso de repertorios. Visto lo visto este año, ya lo tengo perfectamente claro. Es un Concurso de aplausos, al más puro estilo de aquellos karaokes veraniegos que ocupaban las tardes televisivas a mediados de los noventa. No tiene por qué ganar el mejor. Se lleva el gato al agua el que caiga en gracia a los que activan el aplausómetro.

Sólo así encuentro explicación a la presencia de algunas agrupaciones en la final (y, si me apuran, hasta en la semifinal) del Concurso del Falla. Miro a la modalidad de cuartetos y me falta uno inteligente, original, arriesgado. Me sobra, y lo siento si se molestan sus defensores -esto es sólo una opinión personal-, uno que este año me ha parecido artificial, previsible, inconexo. Pues en el Falla, silencio para unos y algarabía para otros. Y lo peor es que eso luego es lo que manda también en el jurado. No me lo explico. O sí, aún a riesgo de que alguno me quiera matar, tengo cada vez más claro que el público es como un niño pequeñito que no quiere pensar en nada y que se distrae con carreras, colorines y canciones. Y el humor del cuarteto de Gago y el de Algeciras se parecen tanto como el de los Monty Python al de Bob Esponja. Eso quizás lo explica todo.

En otras modalidades el aplausómetro también ha echado una manita a alguno para estar en la Gran Final. Quizás en otros tiempos la opinión del graderío merecía ser tomada en cuenta pero este año, considerando que el ya típico ‘campeones, campeones’ se le ha cantado hasta a los de la tramoya, pues como que no. El jurado debería estar al margen de todo eso y juzgar las obras por su calidad, no por el efecto que causen en un público más o menos entregado según sean unos u otros los que actúen.

Bueno, puede que me esté pasando. Puede que esté viendo fantasmas donde no los hay. Bien pensado, seguro que en realidad el jurado no se deja guiar por esas cosas… Aún así, sorprende que a ‘Los muñecos de Cádiz’ no les haya bastado con tres pases de teatro en pie y el reconocimiento de todos para hacerse con un sitio entre las finalistas. Lo mismo es que el aplausómetro al final no sirve para nada… o esta es la excepción que confirma la regla.

Esto es… ¿Carnaval?

Elena G. Antón | 27 de febrero de 2011 a las 14:57

Siento una especie de mezcla entre la indignación y la tristeza. Toda la afición que he ido cultivando en estos años hacia el concurso de Carnaval se me está quitando por momentos. Esto me parecía otra cosa, no un caldo de cultivo para la intolerancia y el ‘nacionalismo’ exacerbado.

El Carnaval abre sus brazos a la gente de fuera… Sí, los abre. Pero cuando entra, a veces los cierra y aprieta hasta hacer daño.

Coplas que critican que al público venga ‘demasiada’ gente no gaditana. Y la cantidad de personas que apoyan la idea de que eso es intolerable. Qué disparate. La gente de fuera sólo tiene la vía Internet, la gente de Cádiz tiene Internet y taquilla. ¿No es suficiente ventaja? ¿Sería mejor no evolucionar y cerrarse a la Red y a la nacionalización de la posibilidad de venir al Falla? ¿Sería mejor cerrar esa posibilidad de venir a aficionados que, por h o por b, e incluso siendo gaditanos, viven fuera? En el público lo que hace falta es gente con afición real y con criterio, y esto no es exclusividad del gaditano que vive en Cádiz. De hecho, muchos pecan precisamente de falta de ello por un exceso de fanatismo ciego.

Por otro lado, agrupaciones que por una mala gestión y planteamiento de un reglamento cogidito con pinzas concursan incumpliéndolo y son pasadas a la siguiente fase, para ser directamente descalificadas. Y detrás de eso empiezan los nacionalismos, los malos rollos, los enfrentamientos entre poblaciones. Y, lo más increíble, que se haya llegado al punto de las amenazas personales y que alguien venga a esta ciudad a cantar con miedo. Pero bueno, ¿nos estamos volviendo locos?

Carnaval debería ser sinónimo de diversión, de reivindicación de cosas que realmente haya que reivindicar, de luchas justas, de libertad… De tantas cosas que no son tanto como deberían. Por el contrario, no debería ser sinónimo de enfrentamiento, de cerrazón, de murallas inventadas y de posiciones talibanas.

Esto está adquiriendo unos tintes insanos, unos límites de envenenamiento que asustan. Si el Carnaval de Cádiz se quiere que sólo sea de Cádiz, bien. Que se haga un referéndum, que se haga un reglamento por derecho que así lo regule. yo qué sé. Pero si el Carnaval se pretende que sea de todos, basta ya de actitudes intolerantes. Basta ya de episodios que harán que esta fiesta deje de ser algo que merezca la pena y se convierta en una patraña que quite las ganas de ser parte de ella.

Llevaba un año esperando con muchas ganas que llegara este concurso, y ahora cuento con más ganas aún los días que quedan para que acabe. Esto no es Carnaval.

Bases sin base

Elena G. Antón | 23 de febrero de 2011 a las 16:03

Mucho se ha hablado y se hablará sobre el polémico artículo del reglamento que rige el COAC que impide participar simultáneamente en otros concursos. Máxime ahora que se ha hecho efectiva la primera descalificación, a la comparsa cordobesa ‘Los molto contenti’.

No quito la razón a aquellos que dicen que las normas están para cumplirlas y que el que se presenta a un certamen, es aceptando sus bases tal y como son. Hasta ahí estamos de acuerdo. En lo que no estoy de acuerdo es en que las bases sean como son.

Claro que en casi todo certamen hay que presentar obras inéditas, pero es que no estamos hablando de un concurso al uso. Estamos hablando del principal foco carnavalesco. Estamos hablando de la máxima aspiración de aquellos que se dedican a esto del Carnaval. Algo de lo que no se les debería privar si no renuncian a los concursos en los que tienen algún tipo de posibilidad de éxito.

Entiendo que las agrupaciones de fuera no renuncien a los certámenes propios de su tierra, primero porque no sería lógico no cantar allí, y segundo por eso, porque allí tienen unas posibilidades que aquí está claro que parecen no tener. (No entiendo que no hayan pasado ni siquiera a cuartos ‘Los malos de verdad’ -chirigota de Murcia- y que, incluso, hayan quedado por debajo en puntos que agrupaciones gaditanas que eran de bastante peor nivel).

Pero que por no renunciar a aquello tengan que renunciar a esto, no me parece. Y no me parece porque algunas de las cosas que nos traen merecen mucho más la pena que ciertas cositas que sí tendrían que ser descalificadasaunque sólo participen aquí.

Lo soez, el mal gusto, o la poca preparación tendrían que estar más penados que el cantar las coplas en dos sitios. Que el concurso de Cádiz se nutra de muchas mamarrachadas es bastante más preocupante a que en él participen repertorios que también van a concursar en la tierra donde nacieron.

Con esto se está consiguiendo un doble efecto negativo: por una parte, la agudización de un nada saludable sentimiento chovinista y ‘nacionalista’ gaditano y, por otra, la negativización de este concurso para muchas personas, ‘forasteras’ y también oriundas de Cádiz. No creo que esto sea lo que se quiere conseguir. No creo que sea lo que se debe conseguir.

José, cuánto se te echa de menos

Diego Marchán | 21 de febrero de 2011 a las 17:17

Las preliminares acabaron, pero a mi me sigue faltando algo. No me hago a la idea de su ausencia. Y sí, cuánto le estoy echando de menos. Don José es un Guerrero del humor de los que ya casi no quedan, y este año ha dejado a su amigo Selu cargando en solitario con la responsabilidad de que un estilo no muera. Ese estilo que  intenta hacer reír durante los veintitantos minutos que dura una actuación, con lo difícil que es eso, y que por lo visto ya no está de moda en el Falla. Como si todo el mundo se hubiera tomado en serio eso que cantaban ‘Los enteraos’ y estuvieran de acuerdo en que “aquí no deberían permitirse pasodobles de cachondeo…”

Este año estamos viendo buenas chirigotas en el Concurso pero, al margen del Selu, no se ha visto a otro autor que apueste por un repertorio íntegramente humorístico para una modalidad en la que prima hacer reír. Cierto es que algunos tienen muchísimo talento para hacer pasodobles, digamos, serios y ahí están los del Canijo o el compás cien por cien gaditano del Sheriff o el Noly. Como defendieron los de este último, cada uno tiene su estilo y así lo demuestra sobre las tablas. Pero sería una pena, un desastre para el Concurso y el Carnaval mismo, que un estilo como el del Selu y el Yuyu cayera en el olvido.

Lo que más rabia da es que haya gente que prefiera un Concurso sin él. Será por envidia, será por celos, pero no es de recibo que le hayan cansado a base de comentarios malintencionados, de esos que tanto abundan en el mundillo del Carnaval. O será que nos tiene acostumbrados a tales espectáculos que el nivel de exigencia para él y su chirigota es varias tallas mayor que el del resto, no lo sé. Y no hablo del jurado, y mira que deben doler ocho segundos premios cuando más de uno se mereció un primero; sino de los aficionados que ahora reniegan de su forma de hacer humor y que hace unos años se rindieron, como todo el Falla, a sus ‘palomos’, sus ‘Rockeros de la puebla’, sus ‘Tampax goyescas’ o sus ‘monstruos de pueblo’, entre otros. Nadie puede cubrir el vacío que deja en el Concurso la chirigota del Yuyu.

Ay José, cuanto se te echa de menos.

El sentido del Carnaval

Elena G. Antón | 21 de febrero de 2011 a las 1:14

Lo que voy a contar es una anécdota verídica. No la viví en primera persona, pero me fío de la fuente, uno de los compañeros de seguridad que custodia las puertas del coliseo.

Después de su actuación, un grupo sin concretar (no por nada, si no porque no sabemos qué grupo era) salió por la puerta lateral. Dejaron apoyadas en la pared del teatro dos guitarras y dos botellas de Tio Pepe.

Poco a poco se fueron yendo todos y sólo quedó allí un rezagado del grupo, que estaba hablando por teléfono en lo que sus compañeros iban emprendiendo la marcha.

Cuando colgó y se vió allí solo, miró la pared. Vio las dos guitarras, las dos botellas. Debió reparar en el hecho de que sólo tenía dos manos. Y con cara de “menudo dilema”, tomó su decisión. Agarró las dos botellas y se fue. Un rato después, llegó otro compañero apurado, preguntando por las guitarras.

Esto, más propio de un sketch de José Mota que otra cosa, me hace pensar sobre cuál es el verdadero sentido del Carnaval para algunos.

Falete, nunca mais

Elena G. Antón | 19 de febrero de 2011 a las 14:07

Vale, hay personajes que dan juego para hacer gracias con/sobre ellos. Pero, por favor, se debería tener un cupo máximo de veces que se puede utilizar cada uno.

Están los que se ponen de moda un año, donde destacan los que salen de reality shows. Fue el caso de la enana de Gran Hermano y este año es el de Chari, de Gran Hermano también, por ejemplo.

Luego hay otros que son como atemporales, que se explotan año tras año. Es el caso de Belén Esteban, Marichalar o, sobre todo, Falete. Por Dios, qué cansancio de Falete. En serio que no me puedo creer que una persona se ponga a escribir un cuplé o un golpe del repertorio y piense en Falete como una opción razonable. Está tan sumamente trillado que ya cualquier chiste que incluya su nombre me da pereza y me hace gracia cero. Debería ser una palabra prohibida. Este año, que parece que están tan de moda las penalizaciones, se debería penalizar también automáticamente a cada grupo que mencionara a Falete. O, incluso, incluir un artículo en el reglamento que prohibiera mentarlo.

No sé si es que se creen que el chiste un millón sobre Falete estará premiado con un viaje al Caribe y están compitiendo a ver quién se lo lleva pero, en serio, dejarlo ya. El sobrepeso de este señor y su aspecto ambiguo son algo tan explotado, que no creo que haya nadie que se siga riendo cuando se hace una gracia sobre eso. Un poquito de originalidad, por favor.

Operación ninfo, pero en serio

Elena G. Antón | 16 de febrero de 2011 a las 2:37

Personalmente, la figura de las ninfas no me dice nada. Pero supongo que habrá mucha gente a la que sí. Y, sobre todo, a ellas mismas. No sé cuántas gaditanas han deseado o desearán ese ‘honor’, pero está claro que hay muchas a las que sí les parece algo de categoría. No voy a meterme en eso.

Operación ninfo

Operación ninfo

Lo que sí me pregunto es por qué no existen ‘ninfos’. En un concurso donde se aboga por la igualdad, donde hay agrupaciones mixtas, agrupaciones solo de mujeres, donde se cantan coplas y coplas y coplas en pro de la tan ansiada equiparación de las mujeres con los hombres, no entiendo que una parte supuestamente tan representativa siga perteneciendo únicamente al sexo femenino.

Claro está que quizá debería dejar de ser una ‘institución’ tan plana. Me refiero a algo un poco más activo. Como menos de figurar y más de participar. Porque claro, dudo que tuviera algún sentido que los chicos se pusieran a bailar tanguillos.

Se podría hacer algo mixto, algo que tuviera algún peso mayor en el Carnaval, que se pudiera conocer algo más de lo que hay detrás de esas caritas que pasan cada noche sonriendo en su palco. Chicos y chicas, gaditanos y gaditanas, representando a todos sus demás conciudadanos. Mostrando y exportando la idiosincrasia de Cádiz.

Etiquetas: , , ,

Fanatismo estacional

Elena G. Antón | 11 de febrero de 2011 a las 18:12

Nunca he entendido ese acto casi reflejo que tienen tantas personas que les hace, cuando ven a un “famoso”, ir corriendo a hacerse una foto, pedir un autógrafo o darle dos besos.

Esto, traído al Carnaval de Cádiz, es aún más asombroso. Más que nada porque creo que las personas que estos días atienden a cientos y cientos de “fans”, el resto del año viven una vida completamente normal en la que nadie se para a hacerse una foto con ellos.

Y no es que sean personas que luego no veas nunca. Al contrario. El tamaño de Cádiz y su población relativamente pequeña e interrelacionada hacen que esos chicos, los que ahora no pueden ni andar por la calle sin pararse al menos varias decenas de veces, sean los que después te venden una camisa, te dan clase de no sé qué o te vienen a leer el contador del gas.

Es una fama efímera, curiosa, porque se desinfla y vuelve a hincharse año tras año. Son famosos estacionales, a los que ahora no dejan respirar y que, dentro de un mes, estarán tranquilamente dando una vuelta por el Paseo. Y por lo cual los fans no son tales (no me imagino a un seguidor de Lady Gaga pasando de ella si se la cruza sin ser después de un concierto).

Así que la verdad es que no sé de qué son fans. Si del Carnaval, si de tener instantáneas al lado de un tipo (la gente se hace fotos con chicos de los que ni saben su nombre, sólo que son de la chirigota de tal o de la comparsa de cual), si de tener fotos con el puntero de turno para poder subirlas a las redes sociales y que un montón de gente le de a ‘Me gusta’, o de qué.

Lo que sí sé es que, sean fans de lo que sean, tienen muy poca capacidad de empatía. Porque hay veces que las situaciones fanáticas que veo alrededor de los grupos son realmente agobiantes. No creo que aporte tanto tener un foto, dos besos, o menos aún un autógrafo (?¿) como para someter a la gente a esas sesiones interminables de photocall improvisado y de jalones por todas partes intentando ser el siguiente. Se puede transmitir la enhorabuena y el apoyo a los grupos de una forma mucho más sobria y sin tener que obtener esos pequeños trofeos insulsos a cambio.

¿Somos aficionados al Carnaval o groupies de quince años?