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Aplausómetro

Diego Marchán | 4 de marzo de 2011 a las 10:13

Resulta que el del Falla no es, como dicen, un Concurso de letras. No es ni siquiera un Concurso de repertorios. Visto lo visto este año, ya lo tengo perfectamente claro. Es un Concurso de aplausos, al más puro estilo de aquellos karaokes veraniegos que ocupaban las tardes televisivas a mediados de los noventa. No tiene por qué ganar el mejor. Se lleva el gato al agua el que caiga en gracia a los que activan el aplausómetro.

Sólo así encuentro explicación a la presencia de algunas agrupaciones en la final (y, si me apuran, hasta en la semifinal) del Concurso del Falla. Miro a la modalidad de cuartetos y me falta uno inteligente, original, arriesgado. Me sobra, y lo siento si se molestan sus defensores -esto es sólo una opinión personal-, uno que este año me ha parecido artificial, previsible, inconexo. Pues en el Falla, silencio para unos y algarabía para otros. Y lo peor es que eso luego es lo que manda también en el jurado. No me lo explico. O sí, aún a riesgo de que alguno me quiera matar, tengo cada vez más claro que el público es como un niño pequeñito que no quiere pensar en nada y que se distrae con carreras, colorines y canciones. Y el humor del cuarteto de Gago y el de Algeciras se parecen tanto como el de los Monty Python al de Bob Esponja. Eso quizás lo explica todo.

En otras modalidades el aplausómetro también ha echado una manita a alguno para estar en la Gran Final. Quizás en otros tiempos la opinión del graderío merecía ser tomada en cuenta pero este año, considerando que el ya típico ‘campeones, campeones’ se le ha cantado hasta a los de la tramoya, pues como que no. El jurado debería estar al margen de todo eso y juzgar las obras por su calidad, no por el efecto que causen en un público más o menos entregado según sean unos u otros los que actúen.

Bueno, puede que me esté pasando. Puede que esté viendo fantasmas donde no los hay. Bien pensado, seguro que en realidad el jurado no se deja guiar por esas cosas… Aún así, sorprende que a ‘Los muñecos de Cádiz’ no les haya bastado con tres pases de teatro en pie y el reconocimiento de todos para hacerse con un sitio entre las finalistas. Lo mismo es que el aplausómetro al final no sirve para nada… o esta es la excepción que confirma la regla.

Esto es… ¿Carnaval?

Elena G. Antón | 27 de febrero de 2011 a las 14:57

Siento una especie de mezcla entre la indignación y la tristeza. Toda la afición que he ido cultivando en estos años hacia el concurso de Carnaval se me está quitando por momentos. Esto me parecía otra cosa, no un caldo de cultivo para la intolerancia y el ‘nacionalismo’ exacerbado.

El Carnaval abre sus brazos a la gente de fuera… Sí, los abre. Pero cuando entra, a veces los cierra y aprieta hasta hacer daño.

Coplas que critican que al público venga ‘demasiada’ gente no gaditana. Y la cantidad de personas que apoyan la idea de que eso es intolerable. Qué disparate. La gente de fuera sólo tiene la vía Internet, la gente de Cádiz tiene Internet y taquilla. ¿No es suficiente ventaja? ¿Sería mejor no evolucionar y cerrarse a la Red y a la nacionalización de la posibilidad de venir al Falla? ¿Sería mejor cerrar esa posibilidad de venir a aficionados que, por h o por b, e incluso siendo gaditanos, viven fuera? En el público lo que hace falta es gente con afición real y con criterio, y esto no es exclusividad del gaditano que vive en Cádiz. De hecho, muchos pecan precisamente de falta de ello por un exceso de fanatismo ciego.

Por otro lado, agrupaciones que por una mala gestión y planteamiento de un reglamento cogidito con pinzas concursan incumpliéndolo y son pasadas a la siguiente fase, para ser directamente descalificadas. Y detrás de eso empiezan los nacionalismos, los malos rollos, los enfrentamientos entre poblaciones. Y, lo más increíble, que se haya llegado al punto de las amenazas personales y que alguien venga a esta ciudad a cantar con miedo. Pero bueno, ¿nos estamos volviendo locos?

Carnaval debería ser sinónimo de diversión, de reivindicación de cosas que realmente haya que reivindicar, de luchas justas, de libertad… De tantas cosas que no son tanto como deberían. Por el contrario, no debería ser sinónimo de enfrentamiento, de cerrazón, de murallas inventadas y de posiciones talibanas.

Esto está adquiriendo unos tintes insanos, unos límites de envenenamiento que asustan. Si el Carnaval de Cádiz se quiere que sólo sea de Cádiz, bien. Que se haga un referéndum, que se haga un reglamento por derecho que así lo regule. yo qué sé. Pero si el Carnaval se pretende que sea de todos, basta ya de actitudes intolerantes. Basta ya de episodios que harán que esta fiesta deje de ser algo que merezca la pena y se convierta en una patraña que quite las ganas de ser parte de ella.

Llevaba un año esperando con muchas ganas que llegara este concurso, y ahora cuento con más ganas aún los días que quedan para que acabe. Esto no es Carnaval.

José, cuánto se te echa de menos

Diego Marchán | 21 de febrero de 2011 a las 17:17

Las preliminares acabaron, pero a mi me sigue faltando algo. No me hago a la idea de su ausencia. Y sí, cuánto le estoy echando de menos. Don José es un Guerrero del humor de los que ya casi no quedan, y este año ha dejado a su amigo Selu cargando en solitario con la responsabilidad de que un estilo no muera. Ese estilo que  intenta hacer reír durante los veintitantos minutos que dura una actuación, con lo difícil que es eso, y que por lo visto ya no está de moda en el Falla. Como si todo el mundo se hubiera tomado en serio eso que cantaban ‘Los enteraos’ y estuvieran de acuerdo en que “aquí no deberían permitirse pasodobles de cachondeo…”

Este año estamos viendo buenas chirigotas en el Concurso pero, al margen del Selu, no se ha visto a otro autor que apueste por un repertorio íntegramente humorístico para una modalidad en la que prima hacer reír. Cierto es que algunos tienen muchísimo talento para hacer pasodobles, digamos, serios y ahí están los del Canijo o el compás cien por cien gaditano del Sheriff o el Noly. Como defendieron los de este último, cada uno tiene su estilo y así lo demuestra sobre las tablas. Pero sería una pena, un desastre para el Concurso y el Carnaval mismo, que un estilo como el del Selu y el Yuyu cayera en el olvido.

Lo que más rabia da es que haya gente que prefiera un Concurso sin él. Será por envidia, será por celos, pero no es de recibo que le hayan cansado a base de comentarios malintencionados, de esos que tanto abundan en el mundillo del Carnaval. O será que nos tiene acostumbrados a tales espectáculos que el nivel de exigencia para él y su chirigota es varias tallas mayor que el del resto, no lo sé. Y no hablo del jurado, y mira que deben doler ocho segundos premios cuando más de uno se mereció un primero; sino de los aficionados que ahora reniegan de su forma de hacer humor y que hace unos años se rindieron, como todo el Falla, a sus ‘palomos’, sus ‘Rockeros de la puebla’, sus ‘Tampax goyescas’ o sus ‘monstruos de pueblo’, entre otros. Nadie puede cubrir el vacío que deja en el Concurso la chirigota del Yuyu.

Ay José, cuanto se te echa de menos.

Fanatismo estacional

Elena G. Antón | 11 de febrero de 2011 a las 18:12

Nunca he entendido ese acto casi reflejo que tienen tantas personas que les hace, cuando ven a un “famoso”, ir corriendo a hacerse una foto, pedir un autógrafo o darle dos besos.

Esto, traído al Carnaval de Cádiz, es aún más asombroso. Más que nada porque creo que las personas que estos días atienden a cientos y cientos de “fans”, el resto del año viven una vida completamente normal en la que nadie se para a hacerse una foto con ellos.

Y no es que sean personas que luego no veas nunca. Al contrario. El tamaño de Cádiz y su población relativamente pequeña e interrelacionada hacen que esos chicos, los que ahora no pueden ni andar por la calle sin pararse al menos varias decenas de veces, sean los que después te venden una camisa, te dan clase de no sé qué o te vienen a leer el contador del gas.

Es una fama efímera, curiosa, porque se desinfla y vuelve a hincharse año tras año. Son famosos estacionales, a los que ahora no dejan respirar y que, dentro de un mes, estarán tranquilamente dando una vuelta por el Paseo. Y por lo cual los fans no son tales (no me imagino a un seguidor de Lady Gaga pasando de ella si se la cruza sin ser después de un concierto).

Así que la verdad es que no sé de qué son fans. Si del Carnaval, si de tener instantáneas al lado de un tipo (la gente se hace fotos con chicos de los que ni saben su nombre, sólo que son de la chirigota de tal o de la comparsa de cual), si de tener fotos con el puntero de turno para poder subirlas a las redes sociales y que un montón de gente le de a ‘Me gusta’, o de qué.

Lo que sí sé es que, sean fans de lo que sean, tienen muy poca capacidad de empatía. Porque hay veces que las situaciones fanáticas que veo alrededor de los grupos son realmente agobiantes. No creo que aporte tanto tener un foto, dos besos, o menos aún un autógrafo (?¿) como para someter a la gente a esas sesiones interminables de photocall improvisado y de jalones por todas partes intentando ser el siguiente. Se puede transmitir la enhorabuena y el apoyo a los grupos de una forma mucho más sobria y sin tener que obtener esos pequeños trofeos insulsos a cambio.

¿Somos aficionados al Carnaval o groupies de quince años?

La voz del Falla

Diego Marchán | 11 de febrero de 2011 a las 10:41

Son ya varios años siguiendo de cerca el Concurso y desde hace un tiempo me vengo preguntando, ¿dónde ha ido a parar el criterio del público del Gran Teatro Falla? Los que ocupan el graderío del coliseo gaditano durante el Concurso han tenido desde siempre el privilegio y la responsabilidad de ser los primeros en juzgar a las agrupaciones, para bien o para mal.

Pero, en los últimos años, vengo observando que se aplaude a absolutamente todo. Da igual el mensaje, su ideología, lo que quieran decir. Cantan, terminan, se aplaude. Es automático. Este jueves tuvimos una muestra más de ello con el segundo pasodoble de la chirigota ‘Los achuchaos’, que remató su letra contra los políticos actuales con un “estáis consiguiendo señores que España añore al fascista de Franco”. Dicen eso y se quedan tan anchos. Peor aún, dicen eso y se les aplaude. Nadie de los presentes en el teatro -o eso espero- pensará realmente que se vivía mejor en una dictadura, por muy nefastos que sean los políticos que nos gobiernan, y por ello no entiendo la ovación tras la letra.  Yo desde luego no la aplaudo.

La voz del Falla es parte fundamental del Concurso y por ello los aficionados deberían ser un poco más responsables a la hora de expresarse, hasta si es un primo o un hermano el que está sobre las tablas. De esta forma, las agrupaciones aprenderían que la ovación no es un extra que viene de serie con la inscripción, sino que hay que ganársela con mucho esfuerzo. Sólo entonces el aplauso unánime del Falla será, ahora sí, lo más grande del mundo.

Mejor en la calle

Diego Marchán | 10 de febrero de 2011 a las 17:03

Pues yo, compañera, no estoy de acuerdo. No dudo de que la mayoría de los que vienen al Falla le dedican cariño y esfuerzo, y para muchos son meses de trabajo, preparación, gastos y comederos de cabeza. A fin de cuentas, el Carnaval es una afición para ellos, no una obligación.

Pero resulta que en el Falla lo que se celebra es un Concurso, y resulta ser además la Champions del Carnaval, con todo el respeto para otros concursos como el de Huelva o el de Córdoba. Por ello, se espera un nivel de las agrupaciones que vengan al COAC y no pueden permitirse actuaciones como las de ‘Los que se empapan de Carnaval’, el cuarteto ‘Asociación de Autores Portuenses’ y muchas otras del estilo que se han atrevido a pisar las tablas de un coliseo centenario sin alcanzar ni de lejos unos mínimos de calidad. Este teatro se merece un respeto y estas agrupaciones sólo sirven para cargar de razones a los que piden una preselección previa al Concurso, para que momentos bochornosos como los de días atrás no vuelvan a repetirse.

Muchas de estas agrupaciones se escudan en que la calidad es lo de menos porque venir al Falla es para ellos un sueño pero, como decía una compañera del foso, son de los que hacen de su sueño la pesadilla de muchos.

Yencima se quejan de las críticas… No se preocupen, que eso tiene fácil solución. Salgan en la calle, que ahí no hay crítica de ninguna clase. En cualquier esquina se acogen con gusto las coplas del que sea, sin mirar tipo, procedencia, antecedentes o entonación. Y si no gustan, tan fácil como darse la vuelta y buscar otro rinconcito.