Es democracia

Rodolfo Serrano | 23 de mayo de 2011 a las 11:08

No siempre es justa la democracia. Pero es la democracia. Poco que decir a la vista de los resultados. La fuerza de los votos no tiene siempre la pasión de la lógica. Los resultados de Córdoba parecen abonar la idea de que el populismo siempre tiene una salida, por injusto que lo parezca.

Se abre una nueva etapa en Córdoba. Que es lo más fácil de decir y de escribir. Y, posiblemente, no cambie nada de nada. A todo hay que darle su tiempo y sus días. Ha vencido José Antonio Nieto que ya acarició el triunfo en las pasadas elecciones. Le queda ahora gobernar una ciudad que le queda abierta y esperanzada, con un montón de proyectos pendientes.

Es lo que tienen estas cosas. Los alcaldes, en muchas ocasiones, asumen los trabajos de sus adversarios políticos y los desarrollan. Ojalá que Nieto sepa administrar una herencia que, objetivamente, tiene entre sus logros una buena gestión de la cultura, de la participación, de la tolerancia.

Habrá que desear que nada de eso se pierda. Que las señas de identidad forjadas por gobiernos de izquierdas se consoliden. Y si es justo reconocer el triunfo de Nieto. Es justo también reconocer que la derrota de Andrés Ocaña tiene poco que ver con su trabajo. Su dignidad en al noche electoral es, en el fondo, una buena muestra de cómo un político de raza, honesto y responsable, sabe encontrar en el fracaso la grandeza.

Han sido los cordobeses quienes han elegido. Y ellos sabrán por qué. Y tienen derecho a ello. Tal vez el gobierno, la acción de gobierno devore a sus hijos. Tal vez gobernar sea siempre un riesgo en el que no siempre se reconocen otras cosas, otros valores.

Acaba la campaña electoral. Empieza ahora el trabajo por conseguir algunos de los retos que hoy tiene planteados Córdoba. Entre ellos, seguramente el más importante, la Capitalidad. Que nada pueda cambiar la justicia de que sea Córdoba la elegida. Se lo ha ganado a pulso. Con esfuerzo.

Que todos los trabajos realizados sirvan para demostrar que Córdoba sigue siendo la referencia de la Cultura, la tolerancia, el diálogo. Y la democracia.

Llega el domingo

Rodolfo Serrano | 20 de mayo de 2011 a las 10:45

No son buenas las prisas ni la desesperación a la hora de votar. Y el domingo hay que votar. No seré yo quien diga a quién. Aunque ganas no me falten. Pero es importante votar y hacerlo desde la calma.

Posiblemente haya habido pocas campañas electorales tan extrañas. No tanto por su propio desarrollo, sino por los factores externos que en ella influyen. Lo que algunos llaman algaradas de los jóvenes indignados, sin ser un elemento electoral, si contienen en buena parte un rechazo general a la política.

Sin embargo, las elecciones locales, a diferencia de las generales, se mueven en un ámbito muy cercano, de rostros y hechos conocidos. Soy forastero en la ciudad, aunque me sienta fuertemente vinculado a Córdoba, y no estaría bien que tratara de influir en un voto que, aunque me interese, me roza tangencialmente.

Creo que era Terencio quien decía aquello de “soy humano y nada de lo humano me es ajeno”. En latín, incluso, gana la cita. Y es una idea que me viene al pelo para estas reflexiones. Y se podría parafrasear diciéndoles que ustedes son cordobeses y nada de Córdoba les puede ser ajeno. O sea.

Ustedes, mejor que nadie saben qué se ha hecho en Córdoba. Y ahí esta. Córdoba es, hoy por hoy, una ciudad respetada, querida y admirada en el mundo. Su imagen, sus cultura, su belleza, el encanto de sus calles y plazas atraen cada año una mirada universal. Se admira a Córdoba, su forma de vida, su placidez. Digo yo que algo habrán hecho quienes gobiernan la ciudad para que esto sea así. Y, sobre todo, siga siendo.

Dicen que hay que votar con la cabeza. Yo creo que hay que votar con la cabeza, pero también con el corazón. Estoy seguro que el corazón dirá a los cordobeses la ciudad que quieren y las gentes que la gobiernen.

Olvídense de promesas electorales. Los políticos suelen ser muy generosos a la hora de prometer. Y está bien que lo sean. Pero obras son amores. Y el amor el domingo está en una urna, en un voto. Suerte.

Voto de castigo

Rodolfo Serrano | 18 de mayo de 2011 a las 9:45

Viene Gaspar Llamazares a Córdoba y llama a rebato. Llama a rebato y llama traidor al PSOE y pide el voto de castigo. Hombre, no sé yo si ese llamamiento es bueno en una ciudad en la que IU y PSOE han gobernado, sino siempre juntos, por lo menos del bracete.

Gaspar Llamazares me parece a mí un político cauto, afilado y trabajador. Su tarea en el Congreso de los Diputados ha sido meritoria, tenaz y eficaz. Y llega  Córdoba y pide el voto de castigo para los socialistas. No voy a defender al PSOE, Dios me libre, pero, hombre, tampoco es para cargar el castigo sobre el PSOE.

Si las cosas les salen medianamente bien, IU y PSOE tendrán que gobernar juntos, con lo que alguien puede preguntarle después, cómo es posible que IU se una al traidor PSOE. Siempre he creído que la prudencia está bien hasta en las elecciones. Y más en las declaraciones que se hacen en las elecciones.

No entiendo los ataques entre socios. Ni el negar esa sociedad. Me enseñaron de niño en la catequesis, que la sinceridad es, como la virtud, siempre recompensada. Ya sé que mucha gente piensa que pedir sinceridad a un político y más en tiempos de urnas, es una tarea inútil. Pero en la obviedad no valen subterfugios.

Si yo fuera Llamazares, que no lo soy, hubiera pedido el voto a IU. Eso siempre. Luego hubiera dicho que votaran a la izquierda y antes de nada, que, sobre todo, no votaran al PP. El verdadero enemigo de IU es el PP, sobre todo en un mapa electoral como el que se dibuja en Córdoba. Pedir que no se vote al PSOE en una circunscripción en la que una decena de votos puede cambiar el resultado, es, cuando menos arriesgado.

Lo del voto de castigo es más peligroso. Porque con el castigo siempre se corre el riesgo de que se nos vaya la mano. Y no hay que olvidar que en el caso de Córdoba castigar al PSOE es castigar a quien ha gobernado contigo, o te ha dejado gobernar, más de una legislatura.

Bueno. Eso me parece a mí. Pero yo nos soy Llamazares.

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Jóvenes indignados

Rodolfo Serrano | 16 de mayo de 2011 a las 11:07

Miles de jóvenes –dicen los periódicos- han salido a la calle el pasado día 15. No les ha llamado ningún partido político. Y no han pedido el voto para nadie. Un desastre porque son jóvenes, preparados, hartos, indignados.

Es una juventud desencantada. De sí mismos dicen que están sin futuro, sin trabajo. Sin fe en nada. Los partidos políticos, me temo, no los han tomado en serio. Ni siquiera en período electoral. No se dan cuenta que estos jóvenes, los que se amparan en ese grito de Democracia real, ya, son los que tendrían que decidir el futuro, los que tendrían que ir a las urnas, los que tendrían que gobernar.

Nadie les ofrece nada. Y ellos se echan a la calle ahogados por la falta de trabajo, por la falta de vivienda, por la falta de esperanza. Son los jóvenes del “Indignaos” de Hessel que han empezado a indignarse.

Dentro de unos días la gente –ojalá que mucha- se echara a la calle a votar. Pero me temo que estos jóvenes no lo harán. No se sienten representados por ningún partido. Y a ninguna organización política parece importarle demasiado. La campaña electoral ha seguido su curso. Buscando el voto de los mismos, de los que ya tampoco creen en casi nada pero que no son –somos- capaces de renunciar al derecho del voto.

Se equivocan los partidos. Se equivocan los candidatos que no han sabido o querido buscar a esa juventud desesperada. Estos jóvenes sin incentivos, con un futuro en el que sus pensiones, sus trabajos, sus viviendas, están en el aire, un día arrasarán con todo. Abandonarán a los políticos, buscarán nuevos horizontes, se darán cuenta de que en sus manos está la fuerza del cambio.

No hablo hoy de elecciones locales. ¿Para qué? hablo de esta juventud que está fuera. Que ha salido a la calle sin que nadie la convoque. ¿Cómo es posible que no preocupe el hecho de que miles de jóvenes se movilicen sin, aparentemente, nadie detrás, fuera del sistema?

Tal vez porque nadie quiere ver en estos jóvenes el futuro. Tal vez porque estos chavales han renunciado al voto. Tal vez porque las listas electorales las conforman gentes que, en su inmensa mayoría, les dobla o les triplica la edad. Gentes que, todavía se preguntan: ¿Pero qué quieren estos?

El día que estos jóvenes descubran la fuerza de su voto, nos vamos a enterar.

Lo que pasa en la calle

Rodolfo Serrano | 11 de mayo de 2011 a las 9:59

Estuve en Córdoba en la presentación de la Noche Blanca del Flamenco. No se habló de elecciones. Y ni siquiera la ciudad parece muy liada con estas cosas. Los carteles discretos y pocos. O yo vi pocos. Y la gente, como siempre, sería y tranquila.

Cuando vienen mis amigos por Córdoba, sabiendo de mi cariño por la ciudad, me lo dicen siempre. Dicen: “Macho, qué bonita está Córdoba”. Y es verdad. Está bonita. Disfruto de la peatonalización de nuevas calles. Pocas ciudades tienen ese respeto por el paseante. Y es que en Córdoba se pasea mucho.

Disfruto de la ciudad. Leo los periódicos. Hablamos el director de este diario y yo de periodismo. Me dice que lo más bonito es la información local. Estoy de acuerdo. Es una información sin prisas. Limpia.

En Córdoba la campaña la hacen los medios. Ofrecen cosas los candidatos y buscan los periódicos. El valor de la letra impresa tiene aquí todavía ese respeto que se va perdiendo en el periodismo.

Pero en la Noche Blanca no se habló de elecciones. Andrés Ocaña ni lo mencionó. Era un acto puro. De ciudad. Comento que no he visto en el acto a los concejales del PP. Me dicen que no suelen ir. Me parece un error. Alguien me dice a lo peor denuncian el acto ante la Junta Electora. Me parece otro error. ¿Por qué?

José Antonio Nieto, con el que mantuve una relación cordial durante mi paso por Córdoba, siempre me ha parecido un hombre inteligente y culto, afectuoso. Él mejor que nadie sabe de la importancia de actos como ésta para la ciudad. Que me perdone Nieto. Pero creo que tenía que haber estado allí, con Miguel Poveda que hizo un canto a Córdoba genial, apasionado y sincero, con Jota de los Planetas, con Lagartija Nick, con Rubial, con Tomasito, con India…

Lástima. Las elecciones, la pugna electoral no debe influir en cosas así. Si se ama a Córdoba hay que apoyar actos que son un impulso para Córdoba. ¿Qué pasa? ¿Que hay que suspender toda actividad cultural? ¿Qué no se puede hablar de otra cosas que no sea el voto? ¿Cree alguien que la gente no sabe distinguir una cosa de la otra?

Por encima de las diferencias, Córdoba, me parece a mí. En eso también se diferencian los políticos. Cuando son capaces de anteponer los intereses de su ciudad a sus ideologías y su derecho legítimo a ganar. Y eso, al final, influye en el voto. Y el voto está en la calle.

Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa, lo que Mairena en lenguaje poético llamaba “lo que pasa en la calle” es, al final, lo importante.

Declarando que no es poco

Rodolfo Serrano | 9 de mayo de 2011 a las 9:54

De ser cierto lo que se afirma en esta campaña electoral, lo mejor sería no votar a nadie. Porque de ser cierto lo que dicen unos y otros ninguno de ellos es de fiar. Y más, es gente que tendría que estar en la cárcel.

Escucho a unos y otros y el panorama es desolador: José María Aznar dice que el Gobierno es el culpable de que el Tribunal Constitucional haya legalizado a a Biltu. Con lo que da la sensación de que el expresidente no cree en la separación de poderes y que el Gobierno ha actuado contra la propia Constitución. Y así todos. Porque Felipe González también dice que Aznar y Mayor Oreja, en su momento, se mostraron impasibles ante el rearme de ETA.

Lo malo es que son declaraciones que tienen poco que ver con el verdadero debate electoral a nivel de ayuntamientos. No sé yo si en el voto de Córdoba puede influir lo de Bildu. Y no digamos en mi pueblo, Villamanta (Madrid) que, dicho sea de paso, los problemas de Bildu le viene un poco a trasmano.

Tienden los grandes políticos (digo lo de grandes no por su grandeza humana) una propensión al disparate cósmico. Creen todavía que sus obsesiones son las preocupaciones que mueven el voto en cada pueblo, en cada ciudad. Y no es verdad. Las preocupaciones son otras.

Leo con preocupación que mi querida Rosa Aguilar ha dicho que Andrés Ocaña es amigo suyo, pero que ella apoya al candidato socialista, Juan Pablo Durán. Hombre, digo yo que con amigos así, a los que, además, dejó ella al frente del Ayuntamiento de Córdoba, es mejor tenerlos lejos y, sobre todo, callados.

No sé qué habrá pensado el bueno de Ocaña. Seguramente habrá sonreído con esa socarronería que le caracteriza y sin dejar el montón de papeles y carpetas que siempre lleva en la mano (¿no se le podría regalar una cartera a este hombre?), habrá dicho algo así como: “Ná. Cosas de la política”.

Me da el pálpito de que lo dicho por Rosa Aguilar beneficia a Ocaña. Y a lo mejor lo ha hecho aposta. Porque la gente somos dados a ponernos del lado del agraviado Y porque nadie, en su sano juicio, puede dudar de que entre Rosa y Andrés persiste la amistad.

He trabajado con los dos durante algunos años. Quiero a Rosa por encima de políticas e ideologías. He sufrido con ella sus amarguras y desencantos. He maldormido cuando la exalcaldesa rellenaba papeles y papeles por Córdoba, buscaba contactos para Córdoba, sufría por Córdoba. Seré el primero que dirá orgulloso que Rosa es un ser humano singular.

Con Andrés he hablado. He charlado de literatura, de la ciudad. Le he visto trabajar jornadas insufribles, pechar con los peores tragos que tiene que aguantar un político. Y, sobre todo, he compartido y me he admirado de su lealtad a una idea, a una ciudad y a una alcaldesa. Su humanidad nos ha salvado muchas veces de la desesperación a quienes en tantas ocasiones hemos estado a punto de arrojar la toalla.

Y todo eso, se diga lo que se diga, no se puede perder como lágrimas en la lluvia. Y para el avisado, tiene mucho que ver con a quién se vota.

Qué pereza, Dios mío

Rodolfo Serrano | 6 de mayo de 2011 a las 9:17

Las cosas van como va. A mí siempre me ha dado la sensación de que cuando empieza la verdadera campaña electoral ya está todo el “pescao” vendido. Y me temo que todo lo que se haga puede arañar algún voto, sí, pero poco significativo.

La campaña electoral y sus mítines –hay quien dice que el único momento en que sudan la camiseta los políticos- sirven para poco. A los mítines suelen ir los ya convencidos, los militantes, los seguidores. Aplauden y se desgañitan, pero el voto de los asistentes a los mítines está ya decidido. Cuanto más grande es el ámbito electoral, más indiferencia.

Así que me parece a mí que la campaña electoral se hace para salir en los medios de comunicación. Estar presente. Como los anuncios de coches o de marcas de yogures. A poca gente se le ocurrirá comprar un yogur que no recuerde de la tele. Con los políticos, igual. Se vota al que se conoce, al que suene.

Leo en este periódico que la ciudad no se ha conmovido por el inicio de la campaña electoral. Y que la gente tiene ya tan decidido su voto que hasta anuncia que va a votar a Rosa Aguilar. Y que hay mucho aburrimiento a la hora de votar. Porque el personal se aburre.

La verdad es que es tremendo. Ayer, coincidiendo con el inicio de la campaña electoral, se inició la serie Supervivientes, en Telecinco. ¿Cuánto se juegan ustedes que habrá más votos para decidir los nominados a la expulsión que los que se necesitan para decidir una alcaldía?

Amamos a la gente que sale por la tele. Los odiamos, los admiramos. Nos sentimos ellos y hacemos nuestros sus deseos de ir a sufrir a una isla ante una audiencia que me da miedo pensar. Y les votamos. Eso no nos da pereza.

No sé yo si lo ideal no sería que los candidatos fueran mandados a una isla inhóspita, a sobrevivir con un anzuelo, a pasarlas putas y a someterse al voto del sms. Estoy seguro que tendríamos todos menos pereza. Además, que verles sufrir, verles pasar hambre o verles llorar diciendo: “mamá, que te quiero”, no deja de ser una satisfacción para unos ciudadanos que bastante mal lo están pasando. Digo yo.

El PIS y otros

Rodolfo Serrano | 3 de mayo de 2011 a las 7:55

En un pueblo de Madrid se ha creado el Partido Irreverente Surrealista, más conocido por sus siglas PIS. Y han presentado su propio manifiesto que, la verdad, no tiene desperdicio. Entre otras cosas, admite que sus candidatos en un 98% no son trigo limpio.
De antemano, avisa de que sus promesas serán incumplidas automáticamente y que su primera medida será enviar al paro a los políticos elegidos, incluyendo, naturalmente, a sus candidatos.
Medidas ambas, si bien se considera, que no dehjan de tener su aquel. Veamos, en el primer caso, cualquier partido podría presumir de incumplir las promesas electorales, la diferencia es que el PIS lo advierte de antemano.
La segunda promesa no lo admitirá ningún partido. Pero no me digan que no tiene, bien pensado, su parte de razón.
No me parece a mí que vayan a ganar las elecciones ni siquiera en su propia familia. Pero no deja de ser divertido que haya un grupo de amigos que decidan mostrar buen humor en algo tan difícil como es ahora disponerse a votar.
Los del PIS ni siquiera piden el voto. Y no engañan a nadie. Pero lo cierto es que recogen, en definitiva, el desencanto de muchos votantes que creen que las elecciones sirven para poco o muy poco. y eso es lo preocupante.
Estoy seguro de que muchas de las aseveraciones que se recogen en su manifiesto pueden ser suscritas por miles de ciudadanos. ¿Quién no piensa en el fondo que el 98% de los candidatos de cualquier partido no es trigo limpio?
Cuando las encuestas dan por ganador absoluto a Camps en Valencia, a pesar de sus problemas con la Justicia, lo del PIS es tan cierto como la misa de doce.
En otro pueblo se presenta el Partido Democracia Directa, del Amor, la Sonrisa y el Método Científico (PUEDES). Digo yo que, en este caso, lo del Método Científico, tras el Amor y la Sonrisa, no será por el método Ogino.
Pero, no.La verdad es que en este caso es bastante más serio en sus reivindicaciones que, incluyen, el que seamos amorosos unos con otros. Lo que no está nada mal y, si por mí fuera, apoyaría su creación en cualquier localidad española.
Y como éste, muchos más. Hay, sin duda, no ya un desencanto, sino unaa deseperación que los votantes no saben como expresar.
Deberían tomar nota los que se llaman partidos serios. Digo yo.

Tiempos de promesas y amor loco

Rodolfo Serrano | 27 de abril de 2011 a las 9:08

Vienen buenos tiempos para el amor. Tiempos preelectorales en que todo el mundo es bueno. Y se ama. Si no pasionalmente, con suavidad y cariño. Da gusto.

Presidentes y candidatos, diputados y aspirantes, alcaldes y concejales sacan lo mejor de sí mismos. Prometen, aman, besan niños y te tratan como si fueras de la familia. Es lo que se llama buscar el voto. Acercarse al pueblo.

Lástima que dure poco. Justo lo que la campaña electoral. Por prometer que no quede. Como el alcalde de un pueblo que frecuento. Durante la pasada campaña se me acercó a llevarme su programa electoral. Un folleto primorosamente impreso. Y allí estaba: internet para todos.

-Esto está muy bien, hombre. Una gran idea.
El aspirante a alcalde asintió, sospecho que sin saber muy bien de lo que le hablaba. Ganó las elecciones. Y al poco tiempo me lo volví a encontrar.
-Oye, que de internet nada. Que no hay wifi.
Muy serio, el flamante alcalde me dijo:
-¿Cómo que no? Todo el que quiera se da de alta en Telefónica y ya está.
Y me enumeró una serie de vecinos que, pagando, disfrutaban ya de internet.

No sé si incumplió su promesa, porque lo que es cierto es que internet haber, había, aunque fuera pagando. Pero sospecho yo que las promesas electorales son muy parecidas a las de mi alcalde. Depende lo que se entienda por ellas. De hacerse un estudio sobre los programas con los que las fuerzas políticas se presentan a las elecciones, la situación del país cambiaría radicalmente con sólo que se cumpliera en un mísero 10%.

En el amor, como en las elecciones, las promesas no se cumplen por que nadie espera que se cumplan. Del te amaré para siempre se pasa, sin remedio, al ahí te quedas. Y del internet para todos a Orange, Jazztel o Movistar.

Así las cosas, lo mejor es dejarse llevar. Dejar que te abrace el candidato, que bese incluso a tu niño, que te invite a unas cañas en el Correo, por ejemplo, o aceptarle el llavero y el mechero. Que menos da una piedra.

A vivir que son dos días, y, como decía Tierno Galván, ese alcalde tan querido de Madrid: “Vivir son cuatro días, y, además, dos de ellos feriados”. A aprovecharlos y a disfrutar. La pasión –la amorosa y la política- dura un suspiro.