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Llega el domingo

Rodolfo Serrano | 20 de mayo de 2011 a las 10:45

No son buenas las prisas ni la desesperación a la hora de votar. Y el domingo hay que votar. No seré yo quien diga a quién. Aunque ganas no me falten. Pero es importante votar y hacerlo desde la calma.

Posiblemente haya habido pocas campañas electorales tan extrañas. No tanto por su propio desarrollo, sino por los factores externos que en ella influyen. Lo que algunos llaman algaradas de los jóvenes indignados, sin ser un elemento electoral, si contienen en buena parte un rechazo general a la política.

Sin embargo, las elecciones locales, a diferencia de las generales, se mueven en un ámbito muy cercano, de rostros y hechos conocidos. Soy forastero en la ciudad, aunque me sienta fuertemente vinculado a Córdoba, y no estaría bien que tratara de influir en un voto que, aunque me interese, me roza tangencialmente.

Creo que era Terencio quien decía aquello de “soy humano y nada de lo humano me es ajeno”. En latín, incluso, gana la cita. Y es una idea que me viene al pelo para estas reflexiones. Y se podría parafrasear diciéndoles que ustedes son cordobeses y nada de Córdoba les puede ser ajeno. O sea.

Ustedes, mejor que nadie saben qué se ha hecho en Córdoba. Y ahí esta. Córdoba es, hoy por hoy, una ciudad respetada, querida y admirada en el mundo. Su imagen, sus cultura, su belleza, el encanto de sus calles y plazas atraen cada año una mirada universal. Se admira a Córdoba, su forma de vida, su placidez. Digo yo que algo habrán hecho quienes gobiernan la ciudad para que esto sea así. Y, sobre todo, siga siendo.

Dicen que hay que votar con la cabeza. Yo creo que hay que votar con la cabeza, pero también con el corazón. Estoy seguro que el corazón dirá a los cordobeses la ciudad que quieren y las gentes que la gobiernen.

Olvídense de promesas electorales. Los políticos suelen ser muy generosos a la hora de prometer. Y está bien que lo sean. Pero obras son amores. Y el amor el domingo está en una urna, en un voto. Suerte.

Jóvenes indignados

Rodolfo Serrano | 16 de mayo de 2011 a las 11:07

Miles de jóvenes –dicen los periódicos- han salido a la calle el pasado día 15. No les ha llamado ningún partido político. Y no han pedido el voto para nadie. Un desastre porque son jóvenes, preparados, hartos, indignados.

Es una juventud desencantada. De sí mismos dicen que están sin futuro, sin trabajo. Sin fe en nada. Los partidos políticos, me temo, no los han tomado en serio. Ni siquiera en período electoral. No se dan cuenta que estos jóvenes, los que se amparan en ese grito de Democracia real, ya, son los que tendrían que decidir el futuro, los que tendrían que ir a las urnas, los que tendrían que gobernar.

Nadie les ofrece nada. Y ellos se echan a la calle ahogados por la falta de trabajo, por la falta de vivienda, por la falta de esperanza. Son los jóvenes del “Indignaos” de Hessel que han empezado a indignarse.

Dentro de unos días la gente –ojalá que mucha- se echara a la calle a votar. Pero me temo que estos jóvenes no lo harán. No se sienten representados por ningún partido. Y a ninguna organización política parece importarle demasiado. La campaña electoral ha seguido su curso. Buscando el voto de los mismos, de los que ya tampoco creen en casi nada pero que no son –somos- capaces de renunciar al derecho del voto.

Se equivocan los partidos. Se equivocan los candidatos que no han sabido o querido buscar a esa juventud desesperada. Estos jóvenes sin incentivos, con un futuro en el que sus pensiones, sus trabajos, sus viviendas, están en el aire, un día arrasarán con todo. Abandonarán a los políticos, buscarán nuevos horizontes, se darán cuenta de que en sus manos está la fuerza del cambio.

No hablo hoy de elecciones locales. ¿Para qué? hablo de esta juventud que está fuera. Que ha salido a la calle sin que nadie la convoque. ¿Cómo es posible que no preocupe el hecho de que miles de jóvenes se movilicen sin, aparentemente, nadie detrás, fuera del sistema?

Tal vez porque nadie quiere ver en estos jóvenes el futuro. Tal vez porque estos chavales han renunciado al voto. Tal vez porque las listas electorales las conforman gentes que, en su inmensa mayoría, les dobla o les triplica la edad. Gentes que, todavía se preguntan: ¿Pero qué quieren estos?

El día que estos jóvenes descubran la fuerza de su voto, nos vamos a enterar.