La Tierra de la Frustración: El conflicto palestino-israelí en el cómic

Paco Cerrejón | 13 de enero de 2009 a las 18:51

Estaba pensando escribir una reseña de uno de los tebeos que más me han gustado de los últimos años, Diario de un Ingenuo de Emile Bravo. Pero la cruda y estúpida realidad me ha recordado otro cómic de este gigante de la historieta, aparecido en el primer número de la muy recomendable revista El Manglar, se titula Los Ben Qutuz Brothers en la ¡la tierra de la frustración!.

Esta historia muda de 10 páginas narra las “aventuras” de dos hermanos palestinos en un asentamiento palestino. Aviso, voy a contar la historia, si piensan leerla, mejor no lean este párrafo. El mayor de los hermanos pierde su documentación y encima unos militares israelíes le encuentran un tirachinas, se arriesga a que lo detengan, el menor corre a avisar a su madre que tiene que aguantar los abusos y chulerías de los militares, con esa excusa un clérigo musulmán trata de convencer al mayor (que se ha librado por la intervención de una militar que pone algo de cordura a la situación) para que se convierta en un terrorista suicida y vengue así la afrenta sufrida por él y sobre todo por su madre. El chaval, que se ha enamorado de la militar se niega para vergüenza de su madre pero el menor, cabreado por como han tratado a su familia, acepta. El mayor, desesperado, se inspira en su héroe favorito, Batman y con un ridículo disfraz trata de solucionar el lío lanzándose por las azoteas en busca de su hermano, enfundado en dinamita. Un ladrillazo de otros jóvenes (que lo confunden con un gato) lo dejan inconsciente. Cuando despierta ve delante suyo un trozo de la cabeza de la militar que lo salvó de la cárcel, cuando horrorizado se asoma a la calle ve ensangrentada la camiseta de su hermano menor justo en el centro de la explosión, corriendo se dirige a su casa, pero ya han pasado por ella las máquinas de demolición del ejército israelí, y no encuentra más que escombros y el cadáver de su madre, muerta intentando detener las máquinas, desperado se sienta sobre un ladrillo a llorar cuando aparece el clérigo de antes llamándolo de nuevo al sacrificio, ahora ya está demasiado cansado como para negarse. Finalmente vemos como el clérigo lo lleva a una habitación en cuya puerta vemos al cerrarse un cartel con el texto “sin salida”.

Más allá de los méritos técnicos del tebeo, que son muchos e impresionantes, estamos ante una historia que impacta como una patada en la boca del estómago, no deja indiferente a nadie, no da lecciones de moral ni pretende convertirse ni en juez ni defender a nada ni a nadie, lo único que hace Bravo es contar una historia que a día de hoy es sangrantemente vivida por muchas familias. Créanme, esta historia es de las que no se olvidan y si la leen estos días me temo que aún menos. Debería ser lectura obligada en todos los colegios, institutos y facultades, aquí en Europa, en los Estados Unidos, en Israel y en Palestina (si queda alguna en pie). Deberían regalarla al comprar cualquier periódico, dice y enseña más que todas las imágenes de bombardeos que hemos visto estos días y que las que nos quedan por ver.

Un grito de realidad dibujado.

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