Cultura y cómic

Paco Cerrejón | 23 de julio de 2012 a las 13:40

Cómic, tebeo, historieta… llamadlo como queráis, pero llamadlo.

Para hablar de cómics hoy en nuestro país hace falta un pequeño apunte histórico sin el cual sería imposible entender la realidad actual del medio y su situación dentro del ecosistema cultural español. Durante casi todo el siglo XX la historieta ha sido considerada en nuestro país como un entretenimiento infantil. Si bien a principios de siglo casi buena parte de los tebeos publicados estaban dirigidos a los niños, ya en la segunda mitad del siglo, mientras que en el resto de Europa el cómic para adultos comenzaba a desarrollarse de forma plena, en nuestro país, sumido en plena dictadura, se forzó al medio, mediante la censura y leyes concretas, a dedicarse exclusivamente al público infantil. Esto provocó que la sociedad española viera al cómic como un entretenimiento para niños casi de segunda categoría. Y desgraciadamente, hasta hace muy poco, 7 u 8 años, esta tendencia no ha empezado a romperse.

Dentro del sector de la cultura, el cómic ha corrido la misma suerte que fuera, Apenas ha tenido presencia y ha sufrido las consecuencias de los prejucios que sobre él pesaban (y aún pesan en algunos casos). Estos prejuicios se ha definido por un nulo apoyo de las instituciones culturales, tanto económico como presencial. En lo económico han faltado y siguen faltando políticas de apoyo a los autores y a los editores, en lo presencial, falta visualización en los muesos y centros culturales.

Pese al pésimo punto de partida, poco a poco la situación va cambiando, sobre todo en lo que al reconocimiento del sector se refiere, institucionalmente apenas se ha avanzado, sirva de ejemplo que la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, como la gran mayoría de las consejerías del ramo de nuestro país e incluso el Ministerio de Cultura, no dedican ninguna política concreta de apoyo al medio. Una de las peores consecuencias de esta falta de políticas culturales es el exagerado peso que el cómic extranjero tiene en nuestro país, de cada cien tebeos que se publican en torno a 90 son extranjero y el resto, menos de 10, son creaciones de autores españoles, quienes se ven forzados
a emigrar laboralmente, y con casos de éxito rotundo como Carlos Pacheco o Juanjo Guarnido.

Pero si hablamos en positivo, hay que señalar que el último informe del Gremio de Federaciones estatales de editores señala que el cómic es uno de los pocos subsectores del libro que creció en 2011, aunque no está de mas añadir, que los datos que usa el gremio no son especialmente fiables, especialmente debido a la opacidad en la cifra de ventas de los editores de cómics. Así mismo, la presencia de la historieta en los medios de comunicación ha aumentado  considerablemente y además, siendo tratada razonablemente bien. La propia oferta de cómics en nuestro país ha crecido, no tanto en número de obras publicadas o de tiradas (que están por encima de la media) como en diversidad. Hoy es fácil encontrar tebeos para todas las edades y casi todos los gustos. Y además, por fin, el cómic ha entrado en librerías generalistas y grandes centros comerciales de la cultura.

Dentro de la gestión cultural la historieta ha ganado peso de forma considerable, sobre todo como herramienta y como apoyo a distintas programaciones, especialmente en talleres y exposiciones.

Los distintos espacios culturales van poco a poco abriendo sus puertas al medio con respuestas de público muy positivas en la mayoría de los casos.

Entre los retos de futuro del medio destaca, como en todo el sector cultural, sobrevivir a la crisis a lo que se suma conseguir un mayor peso en el mercado editorial de los autores españoles y atraer la atención real de las instituciones culturales para que creen e implemente políticas de apoyo al sector.

Este es el texto introductorio al debate que el lunes 23 de julio va a a celebrarse a las 18 hora en twitter mediante el hastag #cultura18

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  • VM

    Interesante reflexión. Sin embargo, parte de la presencia extranjera en nuestras tebeotecas se debe (entre otras razones) a que las editoriales patrias apuestan por un material hispánico muy comercial, obviando toda propuesta arriesgada , o , directamente, por todo lo que venga de fuera. Al final, los autores españoles publican en el extranjero y las editoriales españolas, que rechazaron esas mismas obras por considerarlas insustanciales o poco comerciales, compran los derechos alabando un álbum al que, anteriormente, habían denostado y rechazado.

    En cierto modo, estamos infravalorando (y a ratos insultando) la inteligencia del lector español. Al menos, en los años de la primera Bruguera, con censura incluida, el tebeo alcanzó su mayor cota de difusión y, si leías entre líneas, veías reflejadas las miserias, a las que nos tenía condenado el “Régimen”, a través de las páginas.

    Obviamente, de lo anteriormente dicho, se salvan generosas excepciones pasadas, presentes y futuras, y podrían añadirse otras muchas razones y circunstancias, pero instaría a las editoriales españolas a que fuesen más arriesgadas y , entonces, sólo entonces, podrían alardear de aquello de lo que presumen y adolecen.

    Por cierto, un caso sangrante de exilio, entre otros, es el de Carlos Ezquerra, menos conocido, quizás, que los autores a los que se mencionan pero no por ello menos importante en la historia de los cómics.

    Sic transit…

    Un saludo y a seguir con tu blog.

    VM.

    PD: Si te interesa, Paco, escríbeme al correo aportado.