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LA EDUCACIÓN DE HOPEY GLASS

Paco Cerrejón | 9 de diciembre de 2008 a las 14:17

La educación de Hopey Glass de Jaime Hernández
La Cúpula, 18 €, 130 páginas

Que alegría poder leer tebeos como éste. En serio, encontrarse cada poco tiempo con las historias que Jaime Hernández nos cuenta es un auténtico lujo. Enamorarse una y otra vez de Maggie y de Hopey, las protagonistas de esta historia (y de todas las dibujadas por su autor) es un placer. Por encima de las historias que nos cuenta este tebeo, por encima de su autor y de su impresionante dibujo siempre estarán Maggie y Hopey.
Jaime Hernández comenzó su andadura en el mundo de los cómics junto a su hermano Beto revolucionando el llamado cómic independiente norteamericano con su revista Love and Rockets, allá por 1981 (hoy día se sigue publicando). En las páginas de esta revista dio a conocer a estas dos chicanas, Margarita Luisa Chascarrillo, Maggie y Esperanza Leticia Glass, Hopey, residentes ambas en Hoppers (Huerta en castellano), un pueblo de ficción basado en la ciudad dende se criaron los Hernández, Oxnard en California. Desde entonces vemos crecer, vivir, enamorarse y desenamorarse a ambas, e incluso, hasta madurar. Junto a ellas desfilan una multitud de personajes secundarios que ayudan a dar verismo a esa ciudad, a esa huerta de donde les vemos brotar incansablemente desde hace más de 25 años.

Centrándonos en La educación…, en esta ocasión Jaime se ocupa principalmente la vida de Hopey. Tanto ella como Maggie viven ya fuera de Hoppers. En este momento no viven juntas, Hopey vive con Rosie y Maggie comienza a vivir con Ángel, una deportista multiterreno. Hopey comienza a trabajar como ayudante de maestra, ella, la rebelde, la inconformista, enseñando a niños. Esta situación no para de plantearle dudas, miedos, que en cierto sentido le cuesta su relación con Rosie. Nos damos cuenta que ha madurado sin darse (sin que nos demos) cuenta. En una escena vemos a Hopey charlando con Magie en la verja del colegio durante un recreo, al principio del diálogo Hopey se queja porque desde que tiene gafas le ve las arrugas a todo el mundo, hasta a Maggie, al final Hopey vuelve a clase y Maggie se queda mirándola irse, seria, un tanto triste, hasta que la escucha bronquear a uno de los niños y descubre, que pese a todo, sigue siendo Hopey. El libro incluye además una serie de historias cortas con la nueva novia de Maggie, Ángel y la reaparición de Ray un antiguo novio de Maggie que sigue enamorado de ella (si esperan que les explique la vida sexual de Maggie y Hopey se equivocan de blog, es mucho más divertido si lo leen en los tebeos).
La habilidad de Jaime para crear personajes es abrumadora. Cierto que Maggie y Hopey son las dos piedras angulares de todas sus historias, pero la pléyade de secundarios es sencillamente magnífica. En pocas páginas consigue que el lector sienta hacia ellos simpatía, cariño, odio, amor, lo que sea que su autor nos quiera provocar y siempre aparecen nuevos personajes o reaparecen algunos olvidados. Y buena parte de la culpa de esto la tiene la habilidad de Jaime como escritor, como dialoguista concretamente. Sus tebeos avanzan precisamente a base de eso, de diálogos, que conjuntados con los dibujos, van marcando el ritmo tanto de la lectura como de la historia. Son textos precisos en los que se reconoce a los personajes casi sin necesidad de ver los dibujos.
Por cierto, resulta que además de todo esto, Jaime es uno de los mejores dibujantes norteamericanos vivos, posiblemente el mejor dibujante de rostros.