Archivos para el tag ‘Políticas culturales’

Cómic y políticas culturales: propuestas para tiempos de elecciones

Paco Cerrejón | 6 de mayo de 2015 a las 5:00

suelo_01

En varias ocasiones he tratado en este blog la relación entre el cómic y las políticas culturales, es decir, el espacio que ocupa la historieta dentro de las distintas administraciones públicas centradas, al menos en teoría, en la Cultura. Hoy, inminente ya el comienzo de la campaña electoral a los Ayuntamientos, creo que es necesario volver al tema.

Lo que voy a desgranar a continuación son una serie de medidas, de políticas concretas de apoyo al cómic, que se pueden llevar a cabo tanto a nivel autonómico como a nivel local. A ver si se puede plantar algo en el desierto. Porque en lo que se refiera a políticas culturales, el cómic vive en un desierto. Con algunos oasis como el Premio Nacional del Cómic, algunas iniciativas puntuales y para de contar. No existen incentivos estables, de carácter anual, ni para creadores, ni para editores, ni para gestores, pero es necesario recordar que el resto de medios artísticos de nuestro país, sí reciben incentivos, hoy muy reducidos, eso sí, por parte de las administraciones públicas. Hace falta crear políticas públicas de apoyo a la historieta, sobre todo si tenemos en cuenta que nuestro país es una de las grandes canteras creativas del cómic a nivel internacional y que en cambio su industria editorial se basa en casi un 90% en la publicación de material extranjero (en muchos casos para más INRI, de autores españoles que han sido editados en el extranjero, como ha sucedido con varios Premio Nacionales). Esto sencillamente no tiene sentido.

IMG_2988

¿Sería viable crear apoyos financieros públicos al cómic en estos tiempos de crisis? Sí, sería totalmente viable. El cómic a nivel de producción, requiere menos cantidad de dinero que medios más complejos en el sentido monetario como el cine o el teatro, por ejemplo. En esta línea, desde hace tres años, en el cajón de algún director general de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía duerme el sueño de los ignorados: un informe titulado ANÁLISIS DEL CÓMIC EN ANDALUCÍA_00 en el que participaron diversos autores, especialistas y gestores de la historieta andaluza. En él se detalla como incluir el cómic dentro de las políticas culturales de la Junta a coste casi cero. Es factible y sobre todo necesario.

Voy a dividir en dos las propuestas que quiero comentar en esta entrada. Primero comentaré propuestas a nivel autónomo y posteriormente a nivel local. En ambos casos y como principios rectores, de cara a evaluar el impacto y la efectividad de las medidas, he de señalar que los objetivos sobre los que se han diseñado estas propuestas son la creación de público (lectores), el apoyo a los creadores, especialmente los jóvenes, y el acompañamiento a la labor editorial.

A nivel autonómico, sobre quien recae buena parte de las competencias a nivel cultural, el primer paso se debería dar dentro de las políticas de promoción de la lectura. En Andalucía, el Centro Andaluz de la Letras ya ha avanzado en este sentido, apoyando a autores de cómics, incluyendo a algunos en sus giras de presentaciones y colaborando con varios festivales de cómics, del mismo modo que lo hace con las ferias del libro. A estas acciones del CAL habría que sumar una mayor presencia, estable y bien articulada en las bibliotecas públicas, tanto de carácter autónomo como local, que con una buena coordinación, se podrían ahorrar muchos recursos. De la mano de estas acciones debería ir la presencia del cómic en la enseñanza reglada, especialmente en colegios. El modelo que se está siguiendo en Carmona gracias a la Asociación Carmona en Viñetas debería ser el ejemplo de cómo ir, paso a paso, introduciendo el cómic en la enseñanza. Otro camino a nivel autonómico sería incluir un apartado específico dentro de las ayudas al sector editorial para los cómics editados por la respectiva comunidad autónoma. Se trataría de hacer un pequeño hueco, no sería un desmadre presupuestario ni mucho menos y se daría respuesta a muchos autores prometedores a un coste casi inexistente, ayudando así a crear tejido editorial. Después estarían las bolsas de ayudas de viajes a ferias y eventos, tanto para autores como para editores. En este caso la necesidad es aún más urgente, teniendo en cuenta la estructura profesional del cómic en nuestro país.

IMG_5602_2

A nivel museístico se podría hacer algo parecido. Dentro de la programación de los centros de arte y de los museos de gestión autonómica o local, no sería ninguna locura incluir una exposición cada dos años sobre cómic, contemporáneo en el caso de los centros de arte y recuperando autores clásicos para museos de Bellas Artes. Vuelvo a incidir en que los costes, en este caso de una exposición de cómic, son considerablemente más bajos que los de una de arte, ya sea clásico o actual. Mención aparte merece el tema patrimonial. Recuperar tanto obra original como primeras ediciones de finales del XIX y primera mitad del XX debería ser prioritario ya que se está perdiendo un patrimonio de flor incalculable. Y una vez más, los costes serían más bajos que cualquier restauración ya sea de piedra o de pintura o de escultura. Luego estaría la inclusión de los profesionales del cómic en las bases de datos de la administración de cara a la participación en jornadas de orientación empresarial o de comunicación de recursos públicos. Dentro de los premios y certámenes también sería necesario incluir, donde no lo esté ya, el cómic, dando especial protagonismo a los autores jóvenes pero dando también reconocimiento a los ya consagrados. Como se puede observar, no hace falta grandes esfuerzos financieros para normalizar la situación del cómic a nivel autonómico.

IMG_2868

Si pasamos al nivel local, lo prioritario sería el trabajo con los autores locales, la inclusión de los mismos de forma específica y destacada en las ferias del libro por ejemplo, el apoyo con exposiciones puntuales, el apoyo a eventos locales, la recuperación de autores clásicos y la edición de estudios sobre el medio en la ciudad correspondiente, todo ello de forma continua y sostenida. Muy importante sería el incentivar el intercambio de experiencias y el trabajo en red tanto de autores de cómics con autores de otros medios, como de espacios, ayudando al cómic a ocupar espacios culturales que normalmente no le son propios, como galerías de arte y o centros culturales y centros cívicos. Otra labor muy necesaria por parte de los ayuntamiento sería la de incentivar y promover la comunicación y la coordinación tanto con otras entidades públicas, como universidades o fundaciones, como privadas, en este caso ayudando a que empresas que invierten en cultura pongan su interés en el cómic. Con las Diputaciones las acciones se me antojan más evidente, con conferencias, talleres y exposiciones en gira por los pueblos de cada provincia. Este modelo lo sigue actualmente la Diputación de Sevilla desde hace más de 15 años dando resultados más que satisfactorios.

Dar los primeros pasos de una política cultural en torno al cómic ni es difícil ni caro, pero sí cada día que pasa, es más necesario y acuciante.

La extrema necesidad de lo evidente

Paco Cerrejón | 11 de abril de 2014 a las 14:31

Hace algunos días en este grupo de comunicación me publicaron un artículo sobre políticas culturales titulado La extrema necesidad de lo evidente. Por razones de espacio se publicó una versión reducida del original. Aprovecho este blog para colgar la versión completa. No va exclusivamente de cómics, pero estos no dejan de ser parte del ecosistema cultural de nuestro país, por lo que la relación se me antoja envidente. Espero que os parezca interesante.

LA EXTREMA NECESIDAD DE LO EVIDENTE

“Las reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. Son insignificantes desde el punto de vista financiero y nocivas desde todos los demás puntos de vista” Víctor Hugo en su discurso ante la Asamblea Constituyente de Francia en 1848. Citado por Nunccio Ordine en su libro La Utilidad de lo Inútil

“Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho” Artículo 44.1 de la Constitución Española en vigor

Posiblemente en ningún otro país de nuestro entorno se hayan dado ataques a la Cultura como los que venimos sufriendo a nivel estatal, autonómico y local, y lo que lo hace aún peor, es que para nada están sirviendo. Porque para nada van a servir estos recortes. Desde luego no se ha conseguido reducir el déficit de forma mínimamente reseñable recortando un presupuesto que muy rara vez llega al 1% del total. Desde luego no se ha mejorado el nivel de vida de los ciudadanos con estas políticas, ni siquiera habrán influido en la bajada de la prima de riesgo ni habrán conseguido que España tenga mejor acceso al crédito internacional, ni siquiera para que cese la sangría del paro (todo lo contrario) y sobre todo tampoco han servido, como algunos no se han cansado de cacarear, para no tocar otros servicios “imprescindibles” como la sanidad y la educación, como si la Cultura no lo fuera en una sociedad desarrollada y democrática. Y pese a esto, evidente, ahí siguen los recortes, la subida de impuestos indirectos y todo lo que conlleva. Un dato; de 2008 a 2014 el presupuesto estatal para Bibliotecas ha bajado de 106 millones de euros a 43,2. ¿Somos realmente conscientes de lo que supone ser un país sin bibliotecas? Otro dato; entre los recortes a nivel estatal, autonómico y local, en algunos territorios el presupuesto en cultura se ha reducido más de un 50%. Y además estos recortes provocan un riesgo de centralización, aún mayor del existente, para la vida cultural, situando a Madrid como único eje, en todo caso acompañado de Barcelona, de las acciones culturales de calado.

El problema no comenzó con la crisis, aunque lo parezca. El problema surge con la progresiva desaparición de políticas culturales efectivas y evaluables. Con un sector cultural acomodado, en gran medida adocenado ante las políticas de subvenciones mal ejecutadas y una ausencia real de evaluación de programas y políticas. En algunos casos obviando algo tan básico como el público. Cuando llegó la crisis y sus recortes, tanto políticos con responsabilidad en materia cultural como gestores y creadores nos vimos con el paso cambiado, acostumbrados a una realidad que dio un giro más inesperado que radical (se está haciendo radical con el paso del tiempo). Nos vimos todos sin argumentos con qué responder de forma efectiva a los recortes, algunos incluso sin ganas de responder. Es fácil acabar con programas que llevaban años sin funcionar y con una utilidad dudosa, el problema real es que cayeron justos y pecadores. La reducción de los presupuestos en Cultura se camufló bajo la necesidad de un cambio de paradigma. Se anunció a bombo y platillo, tanto por gobiernos de izquierda como de derechas, extraña coincidencia, la necesidad y bondad de atraer financiación privada hacia la Cultura. Pero salvo frases y eslóganes demagogos nadie ha dado un paso real, es decir, útil y efectivo, en este camino que pese a que se presenta como único, en realidad es uno entre muchos. Porque pese a esta unanimidad política, insisto, extraña, lo cierto es que las pequeñas y tímidas medidas, anunciadas, eso sí, con fuegos artificiales, no han supuesto ningún paso real en esa unión de fondos públicos y privados para la Cultura ¿Qué cantidad de fondos privados se ha conseguido injertar en la Cultura española o andaluza? Y no se trata de que esta opción sea negativa, ese es otro tema, el problema viene porque se ha intentado implementar a toro pasado un cambio de paradigma cultural sin una política cultural real. Por no mencionar el riesgo que conlleva una excesiva mercantilización de la Cultura, por ejemplo la inclusión en el actual proyecto de Ley de Propiedad Intelectual de un canon de 5 euros por alumno que las Universidades deberán pagar a CEDRO por el uso que los alumnos harán de documentos en la nube universitaria o el canon que deben pagar las bibliotecas en Europa, un acto de barbarie social. Volviendo al inicio de este párrafo, en este país hace tiempo que ya no tenemos políticas culturales. Tenemos presupuestos culturales, programas culturales, acciones culturales, pero no políticas culturales, es decir, no tenemos un programa EVALUABLE, integral que aglutine distintas acciones de promoción y difusión de la creación actual y pasada, que sirva para aumentar el nivel cultural de la sociedad y de su educación, para ofrecer más y mejores creaciones culturales puestas en valor dentro y fuera de nuestras fronteras. Se ha impuesto, poco a poco, soterradamente, una visión exclusivamente economicista de la Cultura, como si lo importante de ésta fueran los beneficios económicos que genera o la cantidad de puestos de trabajo que crea y mantiene. La Cultura es uno de los grandes motores económicos de las economías desarrolladas, así de contundente y así de simple, los países con mayor desarrollo económico de nuestro entorno son en los que las políticas culturales tienen mayor peso. Pero es que aún así y no niego en absoluto la importancia del peso económico de la Cultura en un territorio, no es esto lo más importante de ésta. Por qué no se invierte o no se debe invertir en políticas culturales, únicamente porque se vaya a sacar un beneficio económico, eso llega si se me permite, casi de regalo y si no llega no pasa nada. Ojo, no confundir en absoluto con el despilfarro o la mala gestión económica, una correcta y exigente gestión tanto de los fondos públicos como privados destinados a la Cultura es una condición sine qua non a la hora de trabajar en la gestión cultural. Un Estado debe invertir en Cultura por los beneficios sociales y educativos que ello comporta.

Hace falta una reflexión profunda y ágil sobre la creación de las políticas culturales y aquí sí que es necesaria y urgente la colaboración entre lo público y lo privado, de lo político, lo técnico y lo creativo. Por separado ninguno conseguirá nada útil, sólo a través de un debate conjunto se podrán poner en común ideas, principios y acciones que de verdad lleven a una política cultural digna de tal nombre. Deben crearse cauces estables de comunicación, espacios de encuentro e intercambio de ideas y propuestas, donde se puedan realizar evaluaciones en tiempo real y de forma continua. Y hace falta empezar desde el principio, explicando porque es tan necesario que desde lo público se trabaje por la Cultura de un país, porque para una sociedad es tan básico tener personas cultas, educadas, conscientes de su realidad de ciudadanos, porque una democracia sin cultura no es una democracia real. Hace falta explicar que con más cultura seríamos menos pobres. Hay que explicar que cuando se habla de Cultura no se trata de ir un día al teatro, de leerse una novela o un cómic, ver una exposición o visitar un museo o ir a un concierto, se trata de asumir y adquirir hábitos. Hay que explicar que todo esto conlleva una transmisión de valores, de ideas y de actitudes, ante la vida y la sociedad, que nos mejoran como individuos y como ciudadanos, que nos ofrecen recursos y herramientas con las que enfrentarnos a la vida. Que nos dan consciencia y capacidad para analizar y criticar aquello que hacemos y que nos hacen. No se trata de una panacea que nos solucione la vida, más bien se trata de volver a encender la luz del faro.

Hay que definir, explicar y elegir entre los distintos modelos de financiación de las  políticas culturales que hoy día están sobre la mesa, de forma explícita o implícita. El modelo precrisis, en el que las administraciones publicas aportaban la gran mayoría de fondos económicos para la cultura y lo gestionaba directamente: el modelo anglosajón que actualmente está sobre la mesa en el que se busca promover el mecenazgo, reduciendo la aportación pública a la economía de la cultura y aumentando la privada; una tercera vía apuntada tímidamente en la que se mantiene el peso de lo público en la financiación y en la que se trata de dar mayor peso en la gestión a los profesionales independientes, como por ejemplo se ha hecho con la dirección del Reina Sofía y otros espacios museísticos públicos. Hace falta recordar que estos tres modelos pueden convivir dentro de un país, no es necesario elegir uno y denostar los otros. Que se abra la puerta al mecenazgo no tiene porqué implicar una reducción de los presupuestos públicos en cultura. Posiblemente en una acertada compaginación de estos modelos esté el camino del futuro.

Necesitamos en primer lugar una política cultural de base, dejar de centrarnos en las grandes exposiciones y conciertos y demás espectáculos y titulares y focalizar las políticas en acciones dirigidas a la creación de público y de creadores, especialmente, en mi modesta opinión, en el fomento de la lectura como prioridad. Y sobre esto, el gran eje sobre el que deben pivotar todas las políticas culturales debe ser el público, los ciudadanos. Con ellos en mente deben diseñarse las líneas básicas, los principios desde los que poder construir. No se trata de dejar de lado a los creadores, ni mucho menos, pero creo que la mejor ayuda a estos es crear público para sus propuestas. Desde esta perspectiva hay que pensar y trabajar en llevar la cultura a los centros educativos (colegios, institutos y universidades), a toda la población, incluida especialmente la rural, con programas segmentados por edades y localizaciones geográficas (no es lo mismo hablar de cultura a un joven de una ciudad de 200.000 habitantes que a un anciano de un pueblo de 5.000). Esta política tiene además una gran ventaja, es más barata y sostenible que la de los grandes fastos y crea un empleo que no se si mayor, creo que si, pero seguro más estable y sostenible. Debe ser esta política cultural de base la que marque en una medida importante (no la única) el desarrollo posterior de las distintas acciones que habrá que ir diseñando, desarrollando y modificando en razón de las evaluaciones. Estas acciones de base deberán tener en cuenta el valor y precio de las mismas. Por su propia filosofía la mayoría deberán ser  gratuitas, pero no todas y pese a la gratuidad se deberá hacer un esfuerzo por dar valor a las mismas, mostrando, explicando y divulgando su importancia, sus efectos y los esfuerzos que supone llevarlas a cabo. Y desde estas políticas de base, de público, se debería diseñar el resto del edificio, dando cabida a creadores actuales, consagrados y especialmente a los emergentes, con una visión práctica, innovadora y líquida, es decir, en constante cambio, adaptándose a las nuevas necesidades que irán generando las nuevas realidades, tanto de público como de creadores.

Con los ciudadanos como eje central, que no único, con evaluaciones continuas y compartidas, con una visión contemporánea de la Cultura, con la búsqueda de la excelencia, con el apoyo a los creadores emergentes, con una imbricación coherente y fuerte en el sistema educativo, con una gestión económica eficiente, con presupuestos públicos reales y consistentes, con la ayuda de la financiación privada, con el apoyo de las televisiones públicas, con el trabajo común de todos los sectores culturales, con todo esto podremos comenzar a volver a andar nuevo, a volver a encender la luz del faro que debe ser la Cultura en nuestra sociedad.

 

 

Cómic y políticas culturales: la necesidad de organización

Paco Cerrejón | 26 de febrero de 2010 a las 14:35

Hace pocos días en el curso de TICs y Medios Creativos organizado en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico y dirigido a gestores culturales en activo, tuve la suerte de moderar una mesa redonda con José Luis Ágreda, Guillermo y Javi Garrón. En la mesa los autores explicaron brevemente como trabajaban y ofrecieron una breve muestra de sus obras. La mesa funcionó muy bien, los asistentes salieron muy satisfechos y la sensación que dieron los autores de cómics a los gestores culturales fue muy positiva.

Posteriormente, charlando con los participantes del curso, que como he dicho eran gestores culturales en activo, tanto del sector privado como del público (con personal de la Consejería de Cultura, de Igualdad y Bienestar Social, de Diputaciones y Ayuntamientos, incluso de fuera de Andalucía) les transmitía el abandono institucional que sufre el cómic en España y en Andalucía, les hacía especial hincapié en que Andalucía se estaba quedando rezagada respecto a otras comunidades que estaban empezando a crear políticas públicas de apoyo a la historieta. Las conclusiones eran evidentes para todos, por un lado se hacía urgente implementar medidas públicas de apoyo a un sector con un peso cultural tan importante y un peso económico en aumento, incluso pese a la crisis, por otro era condición básica que el sector se organizara y que preferentemente lo hiciera primero a nivel autonómico, ya que las competencias en políticas culturales están transferidas.

Sobre la necesidad de organización del sector ya he escrito en varias ocasiones y no me importa volverlo a hacer. Cada vez se hace más apremiante la necesidad de crear un órgano de interlocución entre los profesionales del sector y la administración pública, en este caso con la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (que además lo ha demandado en un par de reuniones) que es la entidad que debería liderar la creación de estas políticas culturales. Lo más operativo es sin duda una asociación cultural que aglutine a los profesionales del cómic, autores, editores, especialistas, distribuidores, libreros y gestores (qué en última instancia, tenemos más facilidad de acceso a las administraciones). Al definir qué es un profesional del cómic en Andalucía no se debe ser estricto, se debe mirar no ya el que se gane o no la vida con el cómic, sino que tenga una presencia continua y destacada dentro de su subsector (un autor que esté publicando, aunque no se gane la vida con ello, un especialista que escriba asiduamente, un editor que publique anualmente, etc…). Esa asociación debe crearse con una estructura que sea operativa, con una junta directiva representativa y con experiencia real, tanto en la profesión como a nivel asociativo (siempre que se pueda), también aunque sea políticamente correcto, lo más paritaria posible (es muy importante visualizar a las mujeres en el cómic) que tenga fácil acceso a la administración (no debería tener la sede, por ejemplo, en el entrono rural), y con cercanía geográfica. Al mismo tiempo es básico cuidar la imagen desde el principio, el sector sufre de muchos prejuicios (el de la desorganización, de infantilidad, de amauterismo) que únicamente pueden superarse dando una imagen de seriedad, de profesionalidad y, aunque pueda costar, de unidad. Una vez constituida la asociación (y no antes o al mismo tiempo, ya que el debate eternizaría la creación de esa asociación) se debería empezar a trabajar en un documento que explique y estudie la situación del cómic en Andalucía y a raíz de este escrito se deben plasmar las medidas de apoyo y difusión del cómic que la asociación propone a la administración. Y en este momento, comenzar la interlocución, empezando con la Consejería de Cultura, pasando por la de Innovación, de Igualdad y Bienestar Social, siguiendo por las Diputaciones y por los ayuntamientos de las capitales de provincia.

El proceso conlleva trabajo, pero no es complicado. Lo difícil es querer hacerlo, lo difícil es que todo el mundo esté dispuesto a ceder en algo. El problema vendrá si lo que se pone sobre la mesa son intereses particulares o rencillas internas que no interesan a nadie salvo a los afectados. Si realmente hay interés y se busca lo mejor del cómic, no debería haber más problema que el organizarse.

Mirando hacia dentro. Cuando la culpa no es de los demás.

Paco Cerrejón | 15 de junio de 2009 a las 12:49

En el anterior post comentaba la falta de políticas culturales en torno al cómic que sufrimos en España, usando como ejemplo la orden de ayudas a las artes escénicas de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. En los comentarios que ha generado el post, especialmente en Facebook, las opiniones han ido dirigidas hacia afuera, nadie ha planteado la culpa que el propio sector tiene en todo esto (yo tampoco lo hacía en el post anterior). Y precisamente de la responsabilidad que tienen los profesionales del cómic es de lo que creo que hay que hablar.

Porque la principal responsabilidad en la falta de medidas políticas de apoyo al cómic español la tiene el propio sector y no los políticos o los medios de comunicación o a quien se quiera culpar.

El cómic español no está organizado, no existe ninguna entidad que pueda representar al sector con un mínimo de legitimidad (y no, Ficomic, no vale, ya que aún siendo la principal entidad sobre comics del país, su ámbito de actuación es exclusivamente catalán, definido en sus propios estatutos, además de otras consideraciones que no vienen ahora a cuento). La principal consecuencia de esta desorganización es la falta de una interlocución real y efectiva con las distintas administraciones públicas. Si el sector no se dirige a la Ministra de Cultura y a los distintos consejeros de Cultura de las comunidades con un plan de apoyo serio, con datos que revelen no ya la importancia cultural del cómic, sino también el peso del sector como industria cultural, si no se habla de los puestos de trabajo que generamos, de los que se podrían llegar a generar con un mínimo apoyo público, si esto no lo hacemos nosotros, no lo va a hacer nadie en nuestro lugar. Nadie se va a parar a diseñar políticas activas de fomento y apoyo a la historieta española si el propio sector no se molesta en hacerlas o lo que es mucho peor, ni siquiera en pedirlas con un mínimo de credibilidad y seriedad.

El cómic español está totalmente atomizado, lo que sin duda dificulta esa necesaria organización, pero aún así, tengo la firme creencia que sin una interlocución seria y real el cómic no recabará más que apoyos puntuales de parte de las administraciones públicas, apoyos que aunque puedan mover ciertas cantidades económicas (ínfimas en la mayor parte de los casos), siempre serán insuficientes y ni siquiera servirán para parchear una situación que se agrava por momentos.

El cómic español necesita desesperadamente el apoyo de las administraciones públicas, pero necesita aún más el apoyo del propio sector.

LAS POLÍTICAS CULTURALES Y LA HISTORIETA EN ESPAÑA

Paco Cerrejón | 9 de diciembre de 2008 a las 18:02

Estaba ojeando la página web del Festival de Angoulême, el mayor festival sobre cómic del mundo junto a la ComiCom de San Diego, preparando mi peregrinación anual a tan magno acontecimiento cuando me ha vuelto a asaltar la misma sensación de tristeza de todos los años.

Uno llega a Angoulême y ve las calles rotuladas con bocadillos, las grandes pintadas basadas en cómics sobre las paredes de los edificios (hasta en los de 5 o más plantas), las esculturas en la calle dedicadas a grandes autores de historietas, la calle Herge o la Uderzo, su Centro Nacional de la Historieta, su museo del papel y la ilustración, su Residencia para autores jóvenes, la gigantesca estantería para cómics de los Carrefours (mayor que la de los yogures de la versión española de estos supermercados, para que se hagan una idea) y un muy largo etcétera. Entonces uno recuerda la situación aquí, en la piel de toro. Y claro, lo mínimo es que te inunde la tristeza o ya directamente caigas en una profunda depresión al darte cuenta de que en España las políticas culturales se dictan al antojo de las modas y no de las necesidades reales.

Verán, en Francia, por no movernos de país, pero hay más ejemplos, los tebeos son cultura, pero no de boquilla. La historieta ocupa su parte dentro de las políticas culturales francesas, tienen un Centro Nacional, y van a abrir un par de museos más en breve. La historieta entra en los grandes espacios de la cultura, como en el Centro Pompidou. Y se honra y cuida a sus autores. Casi casi igualito que aquí (lease en plan sorna).

En España la historieta no tiene cabida en las políticas culturales, ni en las del ministerio de Cultura, ni en las de las Consejerías de Cultura, ni en las concejalías. Sí, es verdad, existe el Premio Nacional del Cómic. Pero nada más. Punto y final. ¿Se imaginan que el mayor esfuerzo que realizara el estado para la promoción y difusión del teatro o del cine fuera únicamente un premio nacional? Alguien podrá decir que se va a crear un Museo Nacional del Cómic en Cataluña, pero que decir de un museo dedicado “solo” al cómic catalán e internacional. Me van a disculpar, pero me gusta escribir de cosas serias y dejar las tonterías varias que vienen envueltas en banderas para otros con más tiempo o más estómago.

Déjenme darles varios datos que les van a dejar muy clara la situación del cómic en España y porqué se hace cada día más vital la creación de políticas culturales en torno al cómic. De cada cien tebeos que se publican en España menos de diez son de autores españoles (la cuota para el cine español es del 25%). Se han perdido la gran mayoría de páginas originales de los tebeos españoles anteriores a 1960, se está comenzado a perder incluso el material impreso de principios de siglo (por ejemplo la edición restaurada de Historietas Sevillanas de Andrés Martínez de León se ha realizado siguiendo dos obras impresas, no quedan originales, y ha sido imposible restaurar digitalmente la portada por el mal estado de ambas ediciones). Salvo los autores del Jueves (y no todos) apenas 4 o 5 creadores se ganan la vida con los tebeos publicando en nuestro país. Los editores de cómics apenas reciben ayudas de ningún tipo, lo que es un agravio comparativo con el resto del gremio. Y podría seguir mucho más tiempo.

Y creanme, la historieta es un medio barato. Los costes de unas posibles ayudas a la edición de autores españolas serían ridículos comparados con los del cine. Por ejemplo, con las ayudas a una sóla película se podría fomentar la edición de al menos 50 novelas gráficas de jóvenes creadores (y no haría faltar publicar muchas más al año). El presupuesto de creación y mantenimiento de un Centro multidisciplinar dedicado a la historieta de carácter nacional (pero de verdad) puede estar en torno al 40% del coste de cualquer centro de arte contemporáneo. La restauración de 100 páginas originales y otros 100 tebeos impresos de primeros del siglo XX puede ser como mucho el 30% de la restauración de una película de esas fechas o el 5% de un retablo. Sería barato y muy rentable (social, cultural y políticamente hablando) crear políticas culturales de apoyo al cómic español.

Y no piensen que la culpa de este desastre la tienen únicamente los políticos. El propio sector tiene buena parte. A día de hoy ha sido incapaz de asociarse y ofrecer una única voz, coherente y seria frente a las administraciones (he estado en varias iniciativas orientadas a la creación de una Academia de la Historieta española y hemos salido siempre mal parados, criticados por casi todos y apoyados por nadie). Sin un interlocutor claro, con conocimento de causa, con la formación y la experiencia adecuada y que tenga detrás suya a la mayoría del sector del cómic español las administraciones difícilmente van a dar el primer paso, será casi imposible que ayuden a un sector que habla con mil voces, incoherentes la mayoría (aún recuerdo la propuesta a una delegación del Congreso de los Diputados de crear ayudas a la traducción de mangas, para reír si no reflejara tan bien la realidad de cierto sector editorial del cómic en España, por cierto, el mayoritario y el menos interesado en los autores patrios).

Y encima está lloviendo. Esperemos que mañana salgo el sol…