Nuestro centenario

Fernando Ollero | 8 de enero de 2011 a las 10:00

Como ya comente hace algún tiempo en Amargura y Silencio, en 1910 en un historico cabildo general, celebrado a iniciativa del entonces mayordomo José Prados Vera, la hermandad de la Amargura acordó dar un giro radical a su estación de penitencia, empezando a fraguarse lo que con el paso del tiempo conocemos como Silencio Blanco.

En dicho cabildo general se aprobó también establecer en 16 años la edad minima para que los hermanos pudiesen realizar la estación de penitencia, primera limitación que hubo en la hermandad al respecto. Con el paso de los años se rebajo la edad a 14 años y despues se establecio que para poder salir se debia tener cuerpo y estatura adecuada. Finalmente en la decada de los años 80 del pasado siglo se fijo en las reglas que la edad minima debia ser de 12 años.

Durante una buena temporada y hasta aquel año (1910) el comportamiento de los nazarenos de la cofradía de San Juan de la Palma podía calificarse de cualquier cosa menos de ejemplar, en especial en la vuelta desde la SIC. Era mas o menos habitual que los componentes del cortejo bebiesen hasta la embriaguez y el paso de palio estuviese arriado delante de los domicilios de algunos de los hermanos principales largos minutos. Tampoco era raro que se dejase alguna insignia olvidada en cualquier rincón, en alguna ocasión la cruz de guia fue devuelta a la hermandad la mañana del Lunes Santo, tras quedar abandonada en algún arbol de la plaza de la Encarnación.

Hay que aclarar que una parte del merito de lo que es la cofradia de la Amargura hoy en día se lo debemos a Pilar Parejo Aguilar quien requimino a su esposo el lamentable comportamiento que a su jucio tenia la cofradía.
Desde años antes José Prados Vera intentaba animar a su esposa para que viese la Amargura en la calle. El Domingo de Ramos de 1910 Pilar Parejo se acerco a ver la cofradia, acompañada de otros familiares, y quedo escandalizada por lo que vio. Cuando su esposo le pregunto, ella le hizo prometer que cambiaria la cofradia en la calle. José Prados Vera que era funcionario de obras publicas, apunto a la hermandad a todo el que pudo y en el siguiente cabildo general se aprobaron las reformas sobre la estación de penitencia que propuso.

Las medidas aprobadas para mejorar la compostura en la calle no fueron del agrado de todos. Cuentan que no pocos hermanos decidieron no vestir la túnica nazarena, e incluso hubo quien solicito darse de baja de la corporación, poniendo José Prados Vera de su propio bolsillo los fondos necesarios para que la cofradía saliese a la calle. Ademas el antifaz para los nazarenos del cortejo de la Virgen paso a ser blanco (quien sabe si el color morado, no servia para mal disimular las manchas de tinto).

Estas cosas que comento, no aparecen escritas en ninguna parte (al menos de momento), un servidor las ha escuchado de boca de Angel Prados Blanco y Javier Prados Ruiz, nietos ambos del artifice del Silencio Blanco.

Para terminar, en 1912 se adopto la encomienda que todos conocemos, la cruz de San Juan Bautista sobre fondo circular rojo (la cruz de malta), y poco despues el cinturon de abacá (hasta entonces los nazarenos llevaban cinculo).

Actualización 08/11/2010 17:00

En el boletín de la hermandad de la Amargura editado este mes de Enero se pueden encontrar una interesante entrevista a Angel Prados Blanco, y un articulo de Damian Huerta y Javier Macias, sobre el nacimiento del Silencio Blanco (paginas 28 a 33). Para leerlo pinchar aqui


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