Cuñados cofradieros

Fernando Ollero | 10 de enero de 2017 a las 8:00

Quien más y quien menos estamos aun aterrizando tras la Epifanía, pero los de las prisas para todo, la eterna Cuaresma y la incombustible primavera, están ya dándole paso a la trasera, y eso que aun no atisbamos en el horizonte la festividad de la Candelaria; como nos gusta marcar tendencia, igual hay que pedir que en años venideros en el Belén en vez de una cruz de guía pongan una batea con su coro, o casi mejor una marmota.
Fijo que uno de los temas comentados en las sobremesas de las reuniones con familiares y amigos ha sido ese cuñado que todos tenemos que es el que más sabe de todo y opina sobre todo; viene siempre de vuelta, apostilla a toro pasado, siempre lleva la contraria, porque siempre lleva la razón y los demás no.

¿Alguien ha hablado alguna vez de los cuñados cofradieros?  Si, esos elementos que saben todo lo que hay que saber sobre cofradías, los primeros en enterarse del más mínimo rumor- cuando se confirma suelta ese ”ya lo sabía”-, no sabemos cómo se las arreglan pero siempre salen de nazareno en mejor sitio, y están presentes en los más selectos croqueteos, hayan sido invitados o no. Suelen calificar como tradiciones de toda la vida aquello que se empezó a hacer ayer por la mañana. Aún no tienen el pedigrí, y sobre todo la pompa y el boato, que se otorgan los autodenominados  rancios, todo se andará, y desde luego están faltos del encanto y la simpatía que despiertan los Tontos de Capirote que describió Francisco Robles en su libro.

Sonrían por favor, en el fondo todos somos un poco cuñados cofradieros.


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