Apocalipsis

Fernando Ollero | 17 de abril de 2017 a las 12:57

Quien más y quien menos ha leído opiniones  de lo más variopintas sobre los incidentes acaecidos la pasada Madruga: la Semana Santa está herida de muerte, la Madrugá está en la UVI, y cosas por el estilo. Quién más y quien menos ha expresado su opinión sobre posibles medidas y soluciones. Lo que más me llama la atención son los que abogan por blindar el centro, poner controles de acceso, arcos de seguridad, etc. llegando a defender pérdidas de derechos civiles con tal de primar cierto tipo de seguridad. De los inventores de la Feria sin feriantes llega el no va más: cofradías sin cofrades. Estamos locos, locos de remate.

Un breve paseo cualquier viernes, o sábado por la noche nos da una idea de lo que podemos ver en la Madrugá. Botellón, consumo de drogas, falta de civismo, peleas, falta de educación, falta de valores. Unos minutos en coche por una carretera cualquiera nos da muestra de una creciente agresividad al volante, no solo de canis, si no de coches de gama alta con gente perfectamente trajeada al volante acosando a otros conductores, algunos camioneros y conductores de autobuses que da miedo ver lo que hacen, etc. Una cola en cualquier establecimiento nos muestra aquellos que se creen muy listos y que los que esperamos somos poco menos que gilipollas; un viaje en trasporte público, y podremos ver como hay gente que no deja pasar, que incomoda con sus ruidos y charlotadas, que llegan a empujar a otros pasajeros. Podríamos seguir analizando pequeñas situaciones cotidianas en las que se dibujan los males que asolan actualmente a la sociedad.

Llega Semana Santa, también pasa en Feria, y todo eso que vemos todos los días coincide en el mismo punto y a la misma hora. ¿Alguien espera que alguien mal educado y grosero, que va dando el mitin todo el año, se porte bien porque están pasando capirotes por delante?

La mezcla de campamentos y picnics, vallas, y los tapones que provocan el que pasen tres cofradías seguidas por la misma calle está haciendo que muchos cofrades estén rediseñando su Semana Santa. Unos han encontrado la comodidad del sofá de casa, otros se están sumando a los que emigran a la playa a las primeras de cambio o a otras localidades con Semanas Santas más tranquilas, y muchos están explorando otras calles y horarios para ver cofradías, abandonando a estas a su suerte en las zonas aforadas y acotadas.

Hace años que en la Madrugá el público nocturno y el diurno no tienen nada que ver el uno con el otro. No hay más que ver los movimientos que hay por el centro de Sevilla desde última hora de la tarde, y los que se producen a partir de las seis de la mañana. Se habla de las mesas y cachimbas en la calle Pureza, pero no se dice ni mú del aspecto que presenta la calle El Silencio un par de horas antes de la una de la madrugada, lo que se puede encontrar en la cuesta del Bacalao pese a las vallas, los botellones en las calles más insospechadas, etc.

Desgraciadamente los incidentes en la Madrugá no son algo nuevo, van al mismo ritmo que la movida nocturna. Habrá quien recuerde lo que se podía ver cuando pasaban las cofradías por la plaza de la Gavidia hace muchos años, o alguna pelea, desbandada incluida por la plaza del Salvador, o lo que podíamos encontrar en la plaza de la Encarnación esperando a la cofradía de los Gitanos. Da la impresión que hasta el año 2000 peleas, empujones y griterío tenían lugar de forma más localizada.

Se da por bueno  que los incidentes avalanchas y estampidas  se transmiten por si solos a lo largo del centro de Sevilla. Se da por bueno dejar en manos de la autoridad civil poner orden en el maremágnum en que se hemos convertido algunas cosas. Las cofradías pueden hacer mucho más, desde servir de correa de transmisión de valores cívicos, hasta una reordenación de horarios e itinerarios. Creo que de lo más acertado que he leído estos días es que las cofradías amplíen sus planes de autoprotección, formando a los miembros de sus cortejos sobre lo que hacer, y lo que no se debe hacer, en caso de emergencia. A los vándalos puede que les resbale la actitud de los nazarenos, pero para muchos ver como los nazarenos mantienen la calma, y consiguen esquivar carreritas, no inmutarse ante ruidos que lo único que buscan es provocar una estampida, y ver como se ponen a cubierto para evitar ser arrollados puede ser la mejor medicina, y eso puede conseguirse si los diputados mayores de gobierno tienen equipos competentes, y no tener en los equipos auxiliares trajeados a los enchufados de turno, sino gente que sepa calmar los nervios, mantener la compostura, y transmitir calma y serenidad con una sola mirada.

No olvidemos una cosa, los que vestimos la túnica nazarena somos una minoría en cada hermandad; en vez de vallas, aforamientos, distanciar a los devotos de sus imágenes titulares lo que tendríamos que hacer es rodear y arropar a las cofradías, no dejarlas indefensas.

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Cruz de guía de la cofradía de la Esperanza de Triana en el punto donde debía incorporarse la banda de San Juan Evangelista


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