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Más allá del triangulo de las Bermudas

Fernando Ollero | 18 de abril de 2017 a las 12:33

Vamos a dejar aparcados, al menos de momento, las principales comidillas de esta Semana Santa: los aforamientos al paso de la cofradía de la Amargura, que a estas alturas parece un conejillo de indias, y los famosos sucesos de la Madrugá, y vamos a ver otras cosas.

Ya lo he comentado en alguna ocasión, la nueva Semana Santa es para elites, y no lo digo por aquellos que tienen la suerte de tener abonos en la carrera oficial o acceso a balcones privilegiados. Conocimiento del callejero de Sevilla y sentido de la orientación, tener en la mente horarios e itinerarios, saber calcular la longitud de los cortejos, tener una idea de la velocidad a la que pueden avanzar las cofradías son casi imprescindibles. Cualquiera puede ver que hay básicamente dos clases de público, el que se patea la ciudad, y el que planta su sillita a las primeras de cambio sobre todo en aquellas calles por las que pasan varias cofradías. Se critica el coto cerrado que puede suponer la carrera oficial, y sin embargo para bien y para mal no se habla de momentos sublimes que se pueden sentir en cuanto el cronometro y las vallas lo permiten.

Una de las cosas en la que pocos caen, volvemos los conocimientos sobre el callejero y los itinerarios  y horarios de las cofradías, es situarse en zonas que nos permitan una salida cómoda, eso o tener paciencia y esperar unos minutos a que se vaya disolviendo la bulla. Y sobre todo salvo que tengamos el paso justo delante no situarse en las bocacalles, al fondo siempre hay hueco.

Llama la atención que no se le meta mano a aquellos que acampan en lugares en los que no está permitido hacerlo. No lo digo yo, lo dicen las señales con las que riega nuestro ayuntamiento algunas zonas y que parece que están de adorno. Se retiran papeleras, contenedores de basura, se retranquean algunos kioskos, se quitan veladores, pero hay calles por las que literalmente no se puede pasar desde horas antes que aparezca la cruz de guía por allí.

No está resuelto en absoluto que hacer para que toneladas de basura no acaben esparcidas por el suelo. Sin ir más lejos el Domingo de Ramos la calle Cuna tras el paso de la Borriquita parecía el escenario de un botellón una noche de fin de semana cualquiera.

Se critican los planes de seguridad del CECOP, pero los cofrades de a pie hacemos en general muy poca autocritica. Igual soy un bicho raro, pero mi forma de ver cofradías, donde y cuando va cambiando con el paso de los años, huyendo de mitos y de lugares mitificados, e intentando buscar sensaciones y emociones; cada vez me resultan más tiernos y encantadores esos tramos de nazarenitos, que desprenden una alegría equivalente a la del día de Reyes, y me causan más admiración los últimos tramos, en los que las manos, los ojos y los andares de los nazarenos revelan toda una vida en la hermandad.

Viendo cofradías

Fernando Ollero | 1 de diciembre de 2016 a las 8:00

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Viendo cofradías, o no. El publico que las espera es tan heterogéneo como lo son los que engrosan las nóminas de nuestras hermandades.

Ya lo he comentado en más de una ocasión, nuestro comportamiento en Semana Santa es más o menos el mismo que el resto del año. Si vemos nazarenos metepatas, también hay publico metepatas. Me comentaba una conocida el otro día en la calle Pureza que estaba indignada porque algunas personas esperando a las imágenes titulares de la Esperanza de Triana de vuelta a la capilla de los Marineros le habían dejado la puerta de su negocio perdida de cascaras de pipas, y que al recriminarselo a los comepipas se hicieron los locos.

publico

Ya comentaremos lo que se podían encontrar nuestros tatarabuelos por la calle, viendo cofradías, o no.

Semana Santa para elites

Fernando Ollero | 28 de marzo de 2016 a las 9:00

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Antes de que se tire nadie a mi cuello. La otra fiesta de la ciudad, la Feria, es totalmente elitista, y para elites. O se tiene mucho arte, mucha cara, o las dos cosas, o hay que acudir al Real con una cartera generosa, y con caseta, o posibilidad de entrar en alguna. La Semana Santa va camino de convertirse en algo por el estilo: fiesta para elites, y quién sabe si también elitista.

Este año está en boca de todo el mundo el plan Aníbal González, preparado por la delegación del gobierno y el ayuntamiento de Sevilla. Hay que reconocer que el despliegue de medios ha sido impresionante, y que hay ideas que correctamente desarrolladas tienen largo recorrido. Hemos sufrido menos niñateo, menos voces en muchos sitios, y en general la percepción que se transmite es un éxito total. Es un éxito, o un fracaso de las cofradías, y de los cofrades veamos.

Para varias docenas de miles de personas el que  se vallen, aforen y siembren de policías nacionales y locales, y miembros de protección civil las calles les hace la vida más cómoda.  Los abonados de la carrera oficial, y los que disfrutan de balcones están siempre en su salsa. Para el pueblo llano puede ser una faena. Una cofradía cualquiera está ochenta y cinco minutos en la Carrera oficial, si a eso le añadimos que la calle Trajano ha estado aforada, así como todo lo que va de plaza Virgen de los Reyes a la plaza del Salvador. Ya me dirá donde se pueden ver cofradías como el Silencio, o los Panaderos, por poner solo dos ejemplos de cofradías de corto recorrido. No todo ha estado cortado, y desde luego quien conoce el callejero del centro de Sevilla, y sabe orientarse con la situación de las cofradías ha podido ingeniárselas para poder entrar en el triangulo de las bermudas- esa zona donde las cofradías desaparecen para el común de los mortales-.

A una parte del público hay que ponerle un gran suspenso. No ya solo porque lo ponga todo perdido, no se calle ni debajo del agua, use los carritos de niño chico como ariete de combate, sino que además seguimos con la costumbre de taponar las esquinas mientras el resto de la calle esta vacía. Esto es especialmente sangrante en la calle Trajano, y en la puerta del Arenal. Al fondo siempre hay sitio, las bandas están continuamente tocando, y resulta hermoso ver aparecer un paso y verlo marcharse. Pues nada el respetable pegado al respiradero en la esquina de turno.

Para formar parte de alguna de las elites que saborean toda la magia que desprende una cofradía al pasar hay que tener un estado físico muy aceptable, dados los pateos a realizar para esquivar las medidas de seguridad, como ya he comentado un conocimiento sobresaliente de callejero, y del programa de mano. Pero también saber colocarse para poder salir a buscar la siguiente cofradía.

Determinadas calles, desde plaza Virgen de los Reyes hasta la del Salvador parecen condenadas a ser refugio de los campamentos de sillitas. Hay quien habla de la ampliación de la carrera oficial-¡socorro!- pero de forma oficiosa el pueblo la amplió por su cuenta rescatando la configuración que tenía hasta los años veinte del pasado siglo .De muestra un botón: se llenó de improviso el pasado lunes santo la Cuesta del Bacalao tras saberse que las últimas del día salían. Caras desencajadas al comprobar que ninguna de las que salió pasaba por allí. Eso sí, nadie se atreve a cuestionar que haya cofradías que pasen por autenticas ratoneras, como la parte estrecha de Placentines, o  Córdoba, o la Alcaicería.

De premio honorifico son las declaraciones que afirman que sin vallas las procesiones son un desastre. Las vallas, y el que estuviese el tiempo chungo han obligado a las diputaciones mayores de gobierno a espabilar. Dile tu a algún cabeza pensante que con un cortejo con los nazarenos bien juntos es más complicado que el publico los arrolle. Y que las hordas cangrejeras están formadas en muchas ocasiones por gente de la propia cofradía. El plan de seguridad medio tapa algo que no es fácil que se reconozca: la organización de algunas cofradías es un verdadero desastre.

Para el siguiente capítulo dejaremos la no memoria histórica imperante. Es normal que haya dos generaciones que no hayan conocido más que vallas por todas partes, y sillas de la carrera oficial hasta en lo alto de algún naranjo. Parece que los veteranos no quieren enseñar a los jóvenes que hay otra forma de ver cofradías en la que no hace falta abrirse paso a empujones; y que parte del problema es que cada vez hay menos sitio para ver cofradías. Desde que se aforó la primera vez la calle Cerrajería, al paso de la Cofradía del Valle, y Alcaicería para el Cristo de Burgos hace más de dos décadas las vallas no han parado de multiplicarse.

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Calle El Silencio el Jueves Santo a las nueve menos veinte de la noche, Ya hay gente esperando la salida del Silencio.

Siempre son otros

Fernando Ollero | 6 de abril de 2015 a las 9:00

Vamos a dejar de lado, al menos de momento, las estampidas vividas durante la Madrugá de este año, para intentar centrar la atención en nuestro comportamiento durante la Semana Santa recién finalizada.

Un vistazo superficial a la masa que devora cofradías, a la misma velocidad que come pipas, nos puede llevar a la conclusión que algunos de los males que acosan a nuestras cofradías en la calle son producto de foráneos que no saben de esto, canis que lo mismo podrían estar de botellón en un polígono industrial que grabando las evoluciones de tal o cual banda tocando marchitas taco wapas, de aquellos que simplemente van donde va Vicente, o peor aún que hemos convertido la Semana Santa en un producto de consumo masivo.  Creo que esto son verdades a medias.

Tendemos a echar la culpa a los demás, nosotros nos comportamos de forma cívica y ejemplar- risas en off-no nos hace falta hacer el más mínimo examen de conciencia. Sin ver que bebiendo cubatas mientras pasa una cofradía cualquiera se puede observar todo tipo de personas, unos muy cofrades, y otros a los que las cofradías les traen al pairo. Dando empujones sin ton ni son podemos ver a autodenominados rancios. He escuchado chascarrillos sobre los palos para selfies, y otros inventos, cuando en realidad a construir el bosque de móviles que rodean a muchos pasos en la calle contribuimos todos. Se larga fiesta de los abonados de la carrera oficial, cuando en realidad cualquier calle tras el paso de una cofradía queda convertida en un estercolero.

Aquí resulta que las sillitas de los chinos las utilizan los demás, los que no conocen el callejero,  los que no tienen ni idea de esto, cuando en realidad, como en tantas otras cosas se puede ver de todo.

Se habla de decadencia, pero a muy pocos he leído, o escuchado, comentar que la decadencia va de la mano de la falta de educación que muestra cada vez más gente. Y no solo es cuestión de los más jóvenes, por que los hay ya entraditos en años a los que da pavor ver llegar. ¿Usted sufre la mala educación en su día a día? En Semana Santa ocurre lo mismo.

A veces parecemos nuevos.  Desgraciadamente  no es nada nuevo que las cofradías sufran los desmanes de hordas faltas del más mínimo civismo, pero cabe recordar que en tiempos las hubo que se las ingeniaron para no pasar por tal, o cual enclave. El inmovilismo no conduce a ninguna parte, y aunque parezca mentira se pueden hacer cosas. No dejemos que el CECOP tenga que dar otro puñetazo en la mesa. Ya sufrimos vallas y aforamientos, como para que nos dejemos comer más terreno.

Nosotros mismos

Fernando Ollero | 26 de enero de 2015 a las 9:00

Tras el antifaz

Fernando Ollero | 24 de abril de 2014 a las 10:55

Este año fueron muy comentadas las advertencias a las cofradías desde el propio consejo, matizadas después ante el revuelo generado. Hay quien comenta que hemos transformado la Semana Santa en una etapa contrarreloj del Tour de Francia, y cosas por el estilo. Las cofradías que hacen estación de penitencia a la Catedral tienen algo más de un kilometro de recorrido en común, y lo que no es de recibo es que los tiempos asignados a cada cofradía no se correspondan en demasiadas ocasiones con sus necesidades reales.
Vemos en ocasiones como los nazarenos son apelotonados, y algunos pasos siguen haciendo más o menos lo mismo de costumbre. Para el año que viene seguiremos en las mismas, con y sin GPS. Las soluciones para los puntos conflictivos, sobre todo en la Madrugada, se van demorando en el tiempo. Se echa de menos que de cuando en cuando se menee un poco el baculo; ¿recuerdan el modelo magefesa que solía utilizar fray Carlos Amigo Vallejo?

Conviene no olvidar una cosa, como menos se cansa un nazareno es andando, siempre andando.

Una de las cosas de las que menos he leído en los balances de esta Semana Santa 2014, es la total falta de respeto que muestra parte del público hacia los nazarenos. Todos sabemos que cada uno tiene su particular forma de vez cofradías, y que los hay que remontan nazarenos a toda costa para cangrejear un rato. De ahí a dar empujones a diestro y siniestro, y llegar a amenazar a los nazarenos si no se apartan hay un trecho.

Este año he escuchado expresiones tales como “esté está pidiendo guerra” “apártate, déjame pasar” “esté se cree muy listo” y cosas por el estilo. No, no me las han contado, me las han escupido haciendo estación de penitencia con mi túnica, por tener la osadía, tremenda osadía, de intentar andar en línea recta, cuando mi cofradía va camino de la Catedral, y que sean los pesaos de siempre los que se aparten. En los denostados foros, y en las maléficas redes sociales si se han podido leer quejas de sufridos nazarenos, que han padecido empujones o les han apartado el cirio o la cruz esas personas tan educadas y consideradas. Mención especial del jurado para aquellos que cuando atraviesan un cortejo, que tire la primera piedra quien no lo haya hecho nunca, se abren paso como si estuviesen desbrozando la selva del Amazonas.

Hay parte de la fauna, no se les puede llamar de otra forma, que combinan el cangrejeo con la sillita china, van remontando la cofradía y en un descuido…. Zás enganchan el mango de la sillita bastón de las narices con la cola de la túnica. Si, nosotros llevamos la cola de la túnica al brazo por fuera del cinturón. Tras una serie de tirones- ¿oiga no pretenderá arrancar la cola?- y algún improperio les tienes que ayudar a desenganchar el puñetero mango, dedicándote a cambio una mirada perdona vidas.

Si es cierto que buena parte del publico no trata así a los nazarenos, pero creo los desconsiderados y mal educados van aumentando en numero a marchas forzadas.

Primer balance

Fernando Ollero | 23 de abril de 2011 a las 10:49

Con independencia de lo que lo que ocurra hoy respecto al riesgo de lluvia, parece que desgraciadamente es posible que vuelva a hacer mal tiempo, se puede ir haciendo balance de la Semana Santa de 2011.

Una de las cosas que puede pasar es que con la suerte que hemos tenido este año, la lluvia ensombrezca algunas de las cosas que se han podido ver estos días.
De entrada puede quedar eclipsado el maravilloso Domingo de Ramos que pudimos disfrutar, el acotamiento un año más de la calle Santa Angela de la Cruz , el estreno tras el misterio de las Siete Palabras de la banda de cornetas y tambores Esencia, el crecimiento del numero de monaguillos que van delante de algunos pasos, las anécdotas protagonizadas por algunos conductores despistados, entre otras cosas.

Lo peor sin duda somos nosotros mismos, los que vemos cofradías. Resulta escandaloso ver la cantidad de basura que queda esparcida por el suelo tras el paso de las cofradías, no solo en la carrera oficial. El poco respeto que muestran algunos ante lo que ven, en forma de aplausos, gritos, silbidos y hasta empujones a los nazarenos.

Tiempo habrá para un análisis mas pormenorizado, de momento creo que el año que viene podremos disfrutar mucho más de lo que la lluvia nos robo en este.

Sillitas

Fernando Ollero | 24 de marzo de 2011 a las 9:00

sillitas

Uno de los temas estrella de las tertulias cofradieras en los últimos años, las famosas sillitas de los chinos en Semana Santa.

El tema no es sencillo, a pesar de que su uso ya fue regulado por el ayuntamiento, es complicado controlar cada rincón de nuestra ciudad.
Muchos comentan que las utilizan por pura necesidad: gente que no puede estar mucho tiempo de pie. Lo cierto y verdad es que esto casi nunca es así, lo normal es que la mayoría de los que las utilizan se siente tranquilamente a esperar que pase alguna cofradía, caso de la foto que ilustra esta entrada, un grupo de personas aguarda el paso de los Panaderos por la plaza Nueva, más de una hora antes de que asome por allí la cruz de guía.

Como todas las cosas relacionadas con la Semana Santa tiene su evolución. Ya se pudieron ver en algunos puntos el año pasado el uso de sillas de playa, y hasta alguna mesa. Su versión mas reciente viene acompañada además del consumo de viandas, para hacer mas amena la espera, cuyos envoltorios suelen quedar esparcidos por el suelo.

Hay una creencia muy extendida entre los usuarios de la sillitas según la cual para poder ver una cofradía hay que llegar con mucho tiempo de antelación, sin tener en cuenta que salvo sitios puntuales, y muchas de las entradas y salidas, se puede ir en su busca, consiguiendo en muchos casos sitio en primera fila. Eso si trate de explicar esto a muchos de los adeptos del invento, que terminan mirando con mala cara a aquellos que conocedores del callejero del centro, llegan con el tiempo justo a calles donde hay sitio de sobra.

Las sillitas han dado, y darán, mucho juego en forma de anécdotas, una de ellas ocurrió un Jueves Santo en el que las tres primeras cofradías del día se quedaron sin salir por la lluvia, y la de Montesión decidió pasar a ultima hora por conde de Torrejón en vez de por Correduría lo que obligo a retirar un coche mal aparcado. Para que la grúa pudiese maniobrar al retirar el vehículo, la policía municipal obligo a levantarse a medio centenar de usuarios de las famosas sillitas, dando lugar a una bronca dialéctica, que afortunadamente no llego a mayores.

Ese otro publico

Fernando Ollero | 8 de abril de 2010 a las 9:00

Tal vez lo fácil seria hablar de esa parte del publico cuya actitud nos llama mas la atención en Semana Santa: poco respetuoso, ruidoso, sucio, falto de la mas mínima educación.

Pero he aquí que a ultima hora y releyendo lo que ya había escrito he cambiado de idea, prefiero dar un pequeño homenaje a aquellos que ven cofradías con respeto;
a los que van a ver cofradías porque simplemente les gusta ver cofradías; a los que guardan silencio; a los que procuran no arrojar nada al suelo; a los que no van empujando cuando remontan una cofradía para buscar al paso; a los que no actúan como si estuviesen en una verbena.

Ya habrá tiempo para hablar en el blog de los canis, de los cangrejeros, de los clubes de fans de tal o cual banda, de las sillitas, de los que no respetan a los nazarenos, y de tantas otras cosas. De momento hoy me quedo con aquellos a los que les gustan las cofradías y saben lo que van a ver, y también con esos otros que aun no conociendo nuestra Semana Santa la respetan y admiran.

La cofradía en la calle (y IV): Los lugares mitificados

Fernando Ollero | 10 de septiembre de 2008 a las 7:00

De sobra es conocido por muchos cofrades que hay calles y plazas donde hay más publico en Semana Santa que en otras zonas. Unas veces puede ser por lo tarde que se recogen algunas cofradías, circunstancia que puede provocar que en buena parte de su itinerario de vuelta haya menos publico; por lo temprano que salen otras, cuando muchos están en sus puestos de trabajo o atendiendo otras obligaciones, y en muchas ocasiones por que a muchos les gusta ver las cofradías en determinados lugares.

Dejo a un lado la salida y entrada de las cofradías en sus respectivos templos, las primeras suelen estar muy masificadas, no tanto algunas entradas, siempre es muy interesante verlas en las cercanías de sus templos ya sean de negro, de capa, de barrio, de centro.

No voy a enumerar los sitios que suelen estar muy concurridos, aunque muchos tienen un denominador común: los pasos se lucen especialmente en esas zonas, con largas chicotás acompañadas en muchos casos de la interpretación de varias marchas.
No voy a entrar en los motivos por los que hay sitios que llegan a estar mitificados, pero pasa que en ocasiones algunos se llevan un chasco cuando por un motivo u otro hay pasos que en esos lugares van a tambor o todo lo mas con una marcha.

Hoy en día ya sea por que las cuadrillas de costaleros, ya sea por las bandas o por otros motivos, se puede ver lucirse los pasos en buena parte del itinerario de las cofradías. Es posible que no sea lo mismo ver una cofradía en un entorno que en otro, pero siempre se pueden observar detalles interesantes, y en los sitios mas insospechados.

Se quedan a buen seguro mil y un detalles que enumerar de lo que supone una cofradía en la calle, sobre todo cuando sale la de cada uno. Ya habrá tiempo de ir desgranado cosas poco a poco.