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Me invitaron a la asamblea de APDM

Paco Cumbreras Santana | 17 de octubre de 2021 a las 0:24

Hoy fui invitado a la Asamblea de APDM, la Asociación para el Desarrollo y Defensa de la Mujer de Suchitoto.   Se trata de una organización de base constituida por 85 socias de diferentes comunidades rurales del término de Suchitoto, en la región central de El Salvador.   Comenzaron su andadura en 1991  como Comité de Mujeres con la misión de apoyar a mujeres en situaciones difíciles y víctimas de injusticias, tales como ser víctimas de violencia familiar.   Una organización de base que, a nivel organizativo, en cuanto a recursos y financiación, está muy limitada, si bien es riquísima en cuanto a ilusión y convencimiento de que la lucha contra la desigualdad y las injusticias por razón de género debe hacerse en colectivo.

 

Forma parte de un espacio social que en Suchitoto agrupa a cuatro organizaciones feministas y que se denomina “Casa de las Mujeres de Suchitoto”. Durante estas semanas estoy contactando con diferentes organizaciones que trabajan en esta zona, con el fin de presentar a mi organización (CERAI) y a mí mismo;  se suele hacer cuando, en calidad de Cooperante, comienzas a trabajar en un lugar.

 

Hay en Suchitoto, como puede haber en muchos otros lugares donde está trabajando la Cooperación, organizaciones de diferente magnitud, la mayoría nacionales, alguna que otro internacional.   Me resulta curioso la relación que hay entre el equilibrio entre equipo contratado versus voluntari@s, financiación que maneja una organización y grado de activismo social de la misma.   Parece que cuanto más profesionalizada y más recursos maneja una ONG, aumenta el grado de  aburguesamiento de su personal; la tendencia a que la organización se preocupe más por “mantenerse” y deje de lado la lucha social para la que se creó es una realidad indiscutible.   Conozco casos de organizaciones que, aunque, en su origen tuvieron un fin muy noble, con el paso del tiempo, cuando trabajas con ellas, tienes que gestionar usos indebidos de recursos de la Cooperación, pongamos por caso.

 

Cada vez estoy más convencido que, en contextos con tanto machismo como es el de El Salvador, hay que trabajar con o aproximarse más a organizaciones que estén más en la base y, sobre todo, que mayoritariamente estén constituidas por mujeres.   Opino que está justificada una radicalización de las organizaciones internacionales a la hora de trabajar con organizaciones locales: dar preferencia como contrapartes a organizaciones de mujeres sobre las otras organizaciones más “tradicionales” es garantía de éxito y de menor probabilidad de desvío de recursos.

 

No así en nuestro contexto del norte, pero en contextos como América o África, muchas organizaciones no gubernamentales son, en realidad, organizaciones que han degenerado a organizaciones gestionadas de forma similar a una empresa, incluido el sistema patriarcal de liderazgo que, en vez de buscar clientes, buscan fondos de Cooperación para subsistir y, de camino, poder mantener el nivel de vida de sus dirigentes.   La nueva clase social de “los trabajadores de ONGs en América y África” daría para una tesis.

 

Lideresa Lucía Beltrán

Lucía Beltrán es una lideresa local de acá, muy activa durante los tiempos de la guerra civil

(1980-1992) y ejemplo de dedicación y servicio a la Humanidad.   Un póster con su figura y un resumen de su biografía se puede leer en el auditorio de la Casa de las Mujeres.

 

La Cooperación debe priorizar a organizaciones que tengan muchas “Lucía Beltrán” y dejar de lado esas otras organizaciones que son realmente empresas de Cooperación.

 


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