Académicas

Charo Ramos | 24 de febrero de 2013 a las 23:26

 

Sólo cuatro mujeres forman parte de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando tras la incorporación, el pasado lunes, de la fotógrafa manchega Cristina García Rodero. La única andaluza en tan prestigiosa selección es la pintora y escultora sevillana Carmen Laffón, igualmente distinguida esta semana con el título de Hija Predilecta de Andalucía, la máxima condecoración que otorga el Gobierno de esta comunidad.

Se me ocurren muchas otras artistas (como Elena Asins, Esther Ferrer, Soledad Sevilla, Carmen Calvo, Eva Lootz y Cristina Iglesias, la arquitecta Carmen Pinós o la catedrática Anna Maria Guasch) que deberían ingresar en la Real Academia de San Fernando, institución que se define como la de mayor vigencia cultural en España y, pese a su longevidad o tal vez a causa de ella (fue creada en 1752), bastante miope a los méritos de las mujeres creadoras.

Además de Teresa Berganza como académica de número, y de Carmen Giménez como académica de honor, García Rodero y Laffón son las únicas exponentes del papel activo que la mujer ha asumido en la renovación estética española de las últimas décadas. Ambas, lo digo sin ambages, me entusiasman. Y celebro que la coherencia de sus obras, su capacidad para asimilar las principales corrientes artísticas y fotográficas del siglo XX desde su propio vocabulario y, sobre todo, su independencia, su firmeza contra los vaivenes de las modas y los mercados, las haya hecho merecedoras de la posición que ahora disfrutan.

Al haber ingresado en la institución en la madurez creativa y personal, tras décadas de ejercicio alabado internacionalmente, el consenso que existe sobre los méritos de Berganza, García Rodero y Laffón es abrumador; un aprecio social difícilmente igualado por todos los académicos varones, que superan el medio centenar y entre los cuales hay miembros, como el arquitecto Santiago Calatrava, cuya obra no goza en la actualidad de una valoración unánime por motivos tan complejos como la conservación, los costes y el comportamiento fiscal.

Si García Rodero desnudó el alma de este país en los 200.000 negativos que componen su serie más famosa, España oculta, que fue su pasaporte a la Agencia Magnum (ha sido el primer fichaje español en la historia de la mítica cooperativa fundada por Cartier Bresson), en Carmen Laffón nos atrapa el ritmo y la poesía de sus pasteles, carboncillos, óleos y esculturas. Nadie ha interpretado como ella el paisaje que conecta Sevilla con Sanlúcar de Barrameda; ese cauce por donde fluyen la vida y la muerte y que Laffón detiene en imágenes de recogida belleza y honda espiritualidad, a la manera de sus admirados Rothko y Pérez Aguilera.

La mejor monografía para adentrarse en su obra sigue siendo la que escribiera Juan Bosco Díaz-Urmeneta para la colección Arte Hispalense. Ahora, durante sólo siete días y hasta el próximo dos de marzo, la galería Rafael Ortiz exhibe su carpeta de litografías del Coto de Doñana y la desembocadura del Guadalquivir, ese territorio propio al que dedicó su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes el 16 de enero de 2000.

  • violeta

    Gracias por este artículo necesario y justo, ya que muy poco es el reconocimiento real de la parte femenina creadora, que parece más la voz subterránea de una realidad y no la voz potente e indispensable que realmente es.
    No nos cansemos jamás de sacarla a flote y ponerla donde se merece.
    Gracias Charo