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De Caravaggio a Murillo

Charo Ramos | 20 de febrero de 2017 a las 19:38

Caravaggio: 'Los músicos'. Metropolitan Museum of Art, New York
Caravaggio: ‘Los músicos’. Metropolitan Museum of Art, New York

En 2000 el escritor Luis Alberto de Villena publicó un ensayo muy personal titulado Caravaggio, exquisito y violento, una indagación en los vínculos entre vida y obra del artista italiano, que acaba de reeditar Cabaret Voltaire. La tesis del libro, tanto en su primera edición con Planeta como en esta segunda, revisada y levemente ampliada en temas puntuales como el cine, es, recuerda el propio Villena, “que la pintura de Caravaggio refleja de continuo su espíritu, sus tormentos y su vida violenta, así como su personalidad refinada”.

A este pintor al que ha mirado desde todos los ángulos posibles regresa con la ponencia Caravaggio en Sevilla, incluida en las jornadas Murillo: una relectura que organiza esta semana (los días 21 y 23 de febrero) la Casa de los Poetas y las Letras del Ayuntamiento de Sevilla en colaboración con la UIMP. Luis Antonio de Villena, que cerrará este foro coordinado por el crítico y escritor Manuel Gregorio González, disertará sobre la presencia de Caravaggio en Murillo a partir de aspectos como la intencionalidad y el alcance del claroscuro. Le acompañarán el jueves 23 en la mesa de debate el pintor Curro González, el poeta Antonio Lucas y la galerista Carmen Aranguren. El martes 21, abren estas jornadas la restauradora Amalia Cansino, el profesor de Historia del Arte Benito Navarrete y el catedrático y experto en arte contemporáneo Fernando Martín Martín.

Caravaggio: 'David con la cabeza de Goliat'. Galleria Borghese, Roma
Caravaggio: ‘David con la cabeza de Goliat’. Galleria Borghese, Roma

La aproximación de Luis Antonio de Villena es, cuanto menos, peculiar, como explica a este medio el propio escritor, “pues a priori Murillo y Caravaggio no tienen que ver, son dos pintores barrocos muy distintos. Caravaggio era más bien iracundo y Murillo amable; sin embargo, sin Caravaggio no hubieran existido ni Velázquez ni Rembrandt, los dos grandes maestros del Barroco. Y Murillo recibe fundamentalmente a través de Velázquez esa herencia del Caravaggio de los claroscuros interesado por las escenas callejeras y los tipos populares”. La influencia, obviamente, no fue nunca directa y con el paso del tiempo el vínculo termina siendo oposición porque, prosigue, la crudeza de la pintura final de Caravaggio y su preferencia por los temas y cuerpos masculinos contrasta con la evolución de Murillo, que intensificará su mirada conciliadora en obras maestras como La Sagrada Familia del pajarito. “La crítica inglesa, al redescubrirlo, incidió en el tono dulce o rosado de la pintura de Murillo, que es más compleja que todo eso”.

Murillo: 'La Sagrada Familia del pajarito'. Museo del Prado, Madrid
Murillo: ‘La Sagrada Familia del pajarito’. Museo del Prado, Madrid

La distancia también puede medirse en relación a los modelos empleados. “A Caravaggio le gustaba rodearse de gente muy popular, del hampa incluso, a quienes pintaba del natural en sus asombrosos lienzos. Sus Vírgenes, a diferencia de Murillo, que toma como modelo a muchachas guapas de Sevilla y las idealiza, son casi siempre prostitutas”.

De Villena también señala el contraste en las posiciones religiosas de ambos. “Murillo fue el pintor de la Contrarreforma, al servicio del ideario católico, un espíritu ajeno a Caravaggio, que llegó a matar a un hombre y fue perseguido por los Caballeros de la Orden de Malta, quienes probablemente le asesinaron en las playas cercanas a Roma. Todas esas tensiones internas se reflejaron en su obra, que empezó siendo luminosa y feliz cuando trabaja para el cardenal Del Monte en Roma -su primer cliente importante y para quien pintó el delicado lienzo Los músicos o Concierto de jóvenes del Metropolitan- y acabó siendo una producción atormentada que reflejó sus tinieblas vitales. Logró en suma algo muy singular: reflejar sus estados de ánimo en temas preestablecidos y que demandaba su clientela, como la resurrección de Lázaro, el dolor de María Magdalena, la decapitación del Bautista o David con la cabeza de Goliat, donde llegó a autorretratarse en la figura del derrotado soldado filisteo”, continúa.

Así, Murillo era al igual que Caravaggio exquisito “pero nada violento”, concluye Villena, que siente predilección por sus Inmaculadas, “especialmente la que robó del Hospital de los Venerables de Sevilla el mariscal Soult y que Pétain acabaría enviando del Louvre al Prado gracias a las conversaciones de Franco con Hitler”.

Jornadas Murillo: Una relectura. Casa de los Poetas y las Letras, antiguo convento de Santa Clara, Sevilla. Martes 21 y jueves 23 de febrero a las 19:30.

Las chicharras laboriosas de Curro González

Charo Ramos | 25 de septiembre de 2013 a las 22:35

CURRO GONZALEZ

Pionero de la técnica de animación fotograma a fotograma (stop-motion), el entomólogo Ladislaw Starewicz se convirtió, gracias al centenar de películas que filmó entre Rusia y Francia desde principios de siglo hasta su muerte en 1965, en uno de los cineastas más surrealistas del siglo XX, reivindicado varias décadas después por realizadores del calibre de Tim Burton y Terry Gilliam. Uno de sus trabajos de juventud, La cigarra y la hormiga (Rusia, 1911), del que rodó un remake francés en 1927, constituía una cinta de culto para el pintor sevillano Curro González, a la que ahora rinde homenaje en varias de las piezas que componen la muestra ¿Qué hacías durante el verano? con la que ha arrancado su temporada la galería Rafael Ortiz

“La fábula de la cigarra y la hormiga, presentada como modelo de conducta ejemplar, siempre me había inquietado. Gracias al libro de J. H. Fabre Costumbres de los insectos corroboré que estaba plagada de falsedades”, explica González. En la versión más conocida, la recreada por La Fontaine, a la cigarra se le acusa de pasarse el verano dedicada a su afición al canto, al placer, en lugar de almacenar víveres para el crudo invierno. “Alrededor de esa historia moral se teje un sentimiento de culpa que puede ser común al que estamos experimentando en este momento en los países del sur de Europa. Nos repiten hasta la saciedad que somos responsables de la crisis por no haber hecho las cosas como se tendrían que haber llevado a cabo”, continúa. Ese latigazo, ese reproche continuo de haber vivido por encima de nuestras posibilidades, al pintor le parece “una falacia”. “Fabre cuenta en su libro cómo son las hormigas las que se aprovechan de las cigarras y terminan muchas veces devorándolas porque son depredadoras. En cambio, la cigarra o lo que en el sur conocemos como chicharra, y no el saltamontes usado frecuentemente en las ilustraciones, canta sólo cuando está en su momento de plenitud pero no está en absoluto ociosa y lo que hace es fijarse a un árbol para absorber la savia, procurándose su alimento hasta que las hormigas se lo arrebatan”, desentraña González con pasión zoológica. 

CURRO GONZALEZEn la serie dedicada a las cuatro estaciones que preside su nueva exposición, las hormigas y los saltamontes se adueñan subrepticiamente de la escena. Motivos florales y colores más cálidos para la primavera y el verano -el único cuadro de este conjunto de óleos al agua en que aparecen figuras humanas, en traje de baño y semiderretidas por el calor-, contrastan con el blanco y negro del lienzo dedicado al invierno, donde el saltamontes fallece, como en la fábula, aterido de frío y obligado a vivir al raso por las codiciosas hormigas. Junto a él, un coyote amenazante se ha introducido en una esfera que bien puede ser la luna llena “o la bola de cristal de la película Ciudadano Kane con todos los misterios que celosamente guardaba”, propone. 

En la pared al fondo de la sala, una docena de obras de distintos formatos pintadas en acrílico rompen la continuidad visual, el ritmo de las otras composiciones. “Son cuadros donde empecé a utilizar la iconografía de la hormiga y el saltamontes. En otros incorporo motivos que me han llamado la atención, como hipopótamos, trenes que descarrilan, calcetines agujereados, espacios industriales, piscinas o un dibujo que hallé en internet, La viga en el ojo, que me hizo pensar de nuevo en toda esa gente que ve la paja en el ojo ajeno y no en el propio”. 

Junto a estas imágenes libres y heteróclitas, González ha ubicado una pantalla donde puede verse la animación de un minuto de duración que ha concluido este verano y en la que prolonga su homenaje a Starewicz con guiños a las exigencias de los vecinos del norte y por donde se cuela incluso una recia Angela Merkel. “Consta de 800 dibujos hechos a mano en tamaño A-5, lo que antes era una cuartilla. Trabajo con una pequeña caja de luz que me permite realizarlos en distintos momentos y, de hecho, la animación me ha ocupado un par de años”. 

La animación como género, “pese a que es un trabajo agobiantemente lento que requiere muchas horas de trabajo”, le ha permitido acercarse a otros públicos a los que siente que no llegaba de la misma manera con sus dibujos y pinturas. También cree que facilita la recepción internacional de su obra. De hecho, anteriores trabajos suyos como La broma infinita forman parte a partir del 1 de octubre de la exposición Café Arte que se inaugura en el Instituto Cervantes de Tokio y que, comisariada por Cristina García-Lasuén, ofrece una historia de la animación española a través de varios de nuestros artistas más internacionales, incluidos Eugenio Ampudia y Marina Núñez. 

González, que disfrutó este año de una residencia en la Cité Internationale des Arts de París, ha impartido clases en la segunda edición de las becas Sevilla es talento para ti, cuyo apartado docente clausura esta semana el también pintor Chema Cobo. Para el artista sevillano, que no exponía individualmente en Rafael Ortiz desde 2008, las piezas que ha reunido, inéditas en su mayoría, tienen una factura más desenfada y libre que trabajos anteriores. El papel del azar, la oposición entre pasión y razón, la confrontación de formas… son algunos de los elementos que definen estos cuadros, que junto a otras dos series oníricas en pequeño formato de 12 lienzos cada una, avalan el fecundo momento creativo de quien es, por derecho propio y con independencia de los vaivenes del mercado, uno de los nombres más importantes del arte español actual.

 [Diario de Sevilla, 25-09-2013]