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John Berger en su intimidad

Charo Ramos | 24 de octubre de 2017 a las 10:00

bergerEl escritor, artista y crítico londinense John Berger, una referencia intelectual y moral que trascendió generosamente las fronteras del orbe anglófono, publicó en 1984 un libro de culto titulado Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos que llevaba 30 años sin editarse en español. Es una obra absolutamente personal que descubrió al Berger más íntimo, el admirador de Goya y Rembrandt, el caminante que se refugia en el campo francés y observa a las liebres, el poeta que firma algunas de las más conmovedoras estampas de amor de la reciente literatura inglesa.

A los seguidores del autor de Modos de ver, un texto que nunca ha dejado de reeditarse y que fue previamente un programa de la BBC tan popular como lo pueden ser hoy los capítulos de la serie Roma de la historiadora Mary Beard, les sorprenderá probablemente el tono desnudo y confesional de este particular dietario que ha resultado un caudal de inspiración para diversos artistas, incluida la arquitecta madrileña Leticia Ruifernández, quien decidió, junto con el responsable del sello Nórdica Diego Moreno, preparar una edición ilustrada de la obra con la complicidad del autor y contando con la versión al castellano de Pilar Vázquez, fiel traductora y amiga de Berger, que aquí hace un trabajo memorable.

Cubierta Y NUESTROS ROSTOS_1Sin embargo, su inesperada muerte a comienzos de este año en el sur de Francia, donde residía desde hacía décadas, impidió que el ganador del Premio Booker 1972 por G., una de sus novelas más aclamadas, pudiera disfrutar de este libro singular que puede servir de puerta de entrada al universo Berger por cuanto se unen en él su trabajo como ensayista del arte, su emocional poesía y su sugerente narrativa. Temas como la infancia, el amor, el coraje cívico, la defensa de la naturaleza o la cercanía de la muerte se abordan aquí con una delicadeza admirable.

Los admiradores de Berger suelen dividirse entre quienes gracias a él encontraron una vía para incorporar la reflexión social, política, económica y de género a las imágenes, y los que lo admiran como uno de los mejores novelistas de su generación y se lamentan de que su fama literaria haya sido opacada por su popularidad como divulgador y crítico a partir del fenómeno televisivo Modos de ver. Escuchando a unos y otros, y sobre todo, leyendo su obra, hay títulos imprescindibles del catálogo Berger además de los ya citados en ambas vertientes. Es el caso de Fama y soledad de Picasso, que ha vuelto a reeditar este año el sello Alfaguara –un libro disponible en la interesante tienda del Museo Picasso de Málaga–, pero también de Mirar, de la asombrosa trilogía De sus fatigas e incluso del guión de la película Jonás, que cumplirá los 25 años en el año 2000 escrito junto al director francés Alain Tanner.

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En el prólogo de la nueva edición ilustrada de Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos, el escritor Manuel Rivas recuerda que “a John Berger le apasionaba Goya por ese coraje de ver lo que no se podía ver, pintar lo que no se podía pintar, y hacerlo sin ser él mismo un espectáculo”, lo que hizo del autor de Los Caprichos y Los Desastres de la Guerra, en opinión de Rivas, “el mejor periodista gráfico de la historia, pero no cayó en la parodia de ese nuevo periodismo en el que el personaje principal es el protagonista y lo que le pasa a la gente es secundario”. Rivas sitúa a Berger en la estirpe de Goya para enfatizar que el inglés, admirador de los matices y la sinceridad, dedicó precisamente su escritura a descubrir como una luciérnaga lo que permanecía invisible u oculto pero sin arrojar una luz depredadora o dominante porque en su aproximación no buscaba jerarquizar ni ahuyentar el enigma, sino protegerlo.

Una prueba de esa mirada fértil la ofrece el propio Berger en las páginas que dedica en este libro al maestro del claroscuro. Tras confesar que su pintor favorito es el “herético Caravaggio” nos convence, página a página, de que, para el italiano, la luz y la sombra tenían un profundo significado personal, entrelazado con sus deseos y su instinto de supervivencia: “Caravaggio es el pintor del submundo, pero también es el excepcional y profundo pintor del deseo sexual. A su lado, la mayoría de los pintores heterosexuales parecen alcahuetas que desnudaran sus ideales para el espectador. Él, sin embargo, sólo tiene ojos para su objeto de deseo”.

[De Libros, octubre de 2017]

Imágenes: John Berger en Madrid junto a Leticia Ruifernández. Portada del libro e ilustración de la autora © Nórdica Libros.
Vídeo: episodio 1 de la serie de la BBC ‘Ways of seeing’ (‘Modos de ver’)

El último Rembrandt

Charo Ramos | 29 de diciembre de 2014 a las 4:42

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Rembrandt: ‘El suicidio de Lucrecia’, 1666. The Minneapolis Institute of Arts

Dramática, innovadora y llena de humanidad. Así es la mirada que el artista más importante del Siglo de Oro holandés, Rembrandt, vertió en su pintura en los años finales de su vida, en la cima de su talento. A la obra tardía de Rembrandt, tras su paso por la National Gallery, dedica el Rijksmuseum de Amsterdam hasta el 17 de mayo una de las muestras más ambiciosas de los últimos tiempos, que reúne un centenar de obras entre pinturas, grabados y dibujos gracias al esfuerzo de estos dos museos y de préstamos sin precedentes de todo el mundo a cargo de pinacotecas como el Louvre, el Mauritshuis de La Haya o la Royal Academy of Fine Arts de Estocolmo, además de numerosos coleccionistas privados. La cita subraya la individualidad de un pintor que, si bien siempre desafió las modas de su tiempo, en los últimos momentos de su existencia creó algunas de sus pinturas y grabados más atrevidos. El recorrido por los trabajos que clausuraron su vida también ilustra los vuelcos de su fortuna, la bancarrota económica y las tragedias personales; vicisitudes a las que se enfrenta desde el autorretrato o infiltrando una escalofriante sinceridad a sus representaciones de mártires. Las obras reunidas comprenden desde principios de 1650 hasta su muerte en 1669 a la edad de 63 años. Junto a la inagotable experimentación técnica destaca su extraordinaria habilidad para reproducir los efectos de luz, así como su aprecio por los temas más mundanos e incluso desagradables, como las disecciones anatómicas. Rembrandt fagocita fuentes muy diversas para inspirarse, muchas veces halladas en los grabados que coleccionaba y con los que especulaba en el mercado del arte, pero siempre guiado por el afán de entender y representar las motivaciones y emociones más profundas.

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Rembrandt: ‘Autorretrato con dos círculos’, 1665-9. English Heritage (Kenwood, Londres)

Una de las secciones más interesantes y con la que se abre esta muestra está dedicada al autorretrato. Rembrandt produjo más de 60 entre dibujos, pinturas y grabados a lo largo de su carrera, desde bocetos rápidos a semblanzas de un impresionante parecido formal. Constituyen un extraordinario registro de sus facciones a través de las variadas circunstancias de su vida personal y profesional. Los coleccionistas del XVII los codiciaban porque combinaban un retrato reconocible de una personalidad famosa con un ejemplo del estilo distintivo de ese artista. Pero Rembrandt también tuvo sus razones complejas para producir tal cantidad y variedad, según defiende Betsy Wieseman, comisaria de la muestra y conservadora de pintura holandesa de la National Gallery. Mientras muchos de los autorretratos tempranos exploran expresiones exteriores y efectos dramáticos de luz, los de los últimos años, reflexivos, pensativos, deprimidos y dolorosamente honestos, indagan más allá de las apariencias externas. En uno de ellos, procedente del Rijksmuseum, Rembrandt se representa como San Pablo, es la única vez que asume otra identidad distinta a la suya. En el célebre autorretrato del legado Iveagh (Kenwood) se pinta con su atuendo de pintor entre dos misteriosos círculos que subrayan la condición intelectual del artista. En los que realizó poco antes de morir se adivina la aflicción del hombre que ha tenido que enterrar a su hijo Titus y a su joven amante y modelo de muchas de sus últimas composiciones, Hendrickje Stoffels.

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‘Betsabé en el baño con la carta del rey David’, 1654. Museo del Louvre, París

Es precisamente ella quien inspira el que pasa por ser el desnudo de cuerpo entero más hermoso de cuantos firmó: Betsabé en el baño, que cede el Louvre. Muestra a la atractiva mujer a la que el rey David miró mientras se bañaba y por la que sintió un deseo irrefrenable que le llevó a obligarla a elegir entre la lealtad a su marido, el general Urías, y la obediencia al monarca, dilema moral que se resume en la carta que sujeta con la mano derecha. A diferencia de otros artistas, que ponderaron el carácter vanidoso e infiel de Betsabé, mostrándola en compañía de sirvientas celestinescas que insinuaban una moral dudosa, en su acercamiento al tema Rembrandt se deja guiar por la piedad y el respeto por una mujer torturada por el peso de una decisión que traerá, como sabe, la infelicidad a todas las partes. Esa Betsabé triste y sin escapatoria ante su destino es captada con un claroscuro de estirpe caravaggiesca que acentúa la rotundidad de sus formas, entre la belleza ideal y las mujeres reales. El contraste entre su cuerpo desnudo y las sábanas blancas y los brocados le permiten demostrar cuánto ha absorbido del colorido de los maestros venecianos. La pincelada directa subraya la belleza de Betsabé y a la vez nos convierte en voyeuristas como el rey David. De algún modo Rembrandt parece querer decirnos que el amor y el deseo arrancan por igual de una mirada a la que es imposible sustraerse. La sensualidad de la mujer y su ensimismamiento son la clave de la historia en esta versión.

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‘Retrato de pareja como Isaac y Rebeca’, conocido como ‘La novia judía’, hacia 1665. Rijksmuseum.

Con Betsabé en el baño el pintor holandés refrescó y enriqueció los temas históricos y de la narrativa tradicional. Si en su inmenso lienzo La conspiración de los bátavos bajo Claudio Civilis (1661-62), que procede de Estocolmo, ponía el foco en las apasionadas expresiones dramáticas, en los trabajos más tardíos hará de la contemplación y la introspección sus temas principales. En vez de describir una narración con muchos personajes, concentra el poder psicológico de una historia en una sola persona. O acaso en dos, como en La novia judía (Rijksmuseum, Ámsterdam, hacia 1667), una de las primeras composiciones que muestran el tierno afecto de una pareja, dando un carácter íntimo a la historia del matrimonio bíblico de Isaac y Rebeca. Muchas de sus creaciones finales representan un conflicto interior suscitado por la búsqueda de un imposible equilibro entre pasiones que devoran y sentimientos contrarios. Así ocurre con la hermosa Lucrecia (1666) del Instituto de Arte de Minneapolis, que encuentra en el suicidio la única escapatoria moral a la insoportable vergüenza de su violación. El innato deseo de vivir y la tristeza desgarrada del rostro que se despide del mundo con el gesto de llamar con la campana a su familia nos conmueven mientras reparamos con horror en la sangre que asoma ya por el camisón. Rembrandt se vuelve más matérico que nunca, llegando a hacer incisiones, a acuchillar la pasta pictórica, abriendo el camino que transitarían siglos después artistas como Francis Bacon.

Late Rembrandt. En el Rijksmuseum de Amsterdam hasta el 17 de mayo de 2015

Cruz y Ortiz, premiados por el Rijksmuseum

Charo Ramos | 14 de junio de 2013 a las 15:05

El estudio sevillano Cruz y Ortiz ha sido premiado por su reforma del Rijksmuseum de Ámsterdam en la primera edición del premio Aadipa, que convocan el Colegio de Arquitectos de Cataluña y la Agrupación de Arquitectos para la Defensa y la Intervención en el Patrimonio. Es una distinción que, para Antonio Ortiz, subraya la necesidad de valorar este tipo de intervenciones arquitectónicas, menos llamativas, pero igualmente necesarias.

El trabajo de Cruz y Ortiz en el museo nacional holandés, inaugurado el pasado mes de abril, se ha basado en la recuperación, valoración y respeto del edificio original del año 1890, del arquitecto holandés Pierre Cypers. Os dejo aquí la entrevista con Antonio Cruz que publiqué con motivo de la inauguración del nuevo Rijks, donde da las claves del proyecto que ha devuelto la luz al hogar de Rembrandt, Vermeer y Frans Hals.