Carlos Navarro Antolín | 18 de junio de 2013 a las 0:01

La ministra de Trabajo se ha hecho de la sevillanísima cofradía del silencio, con minúscula por supuesto. Ayer no admitió preguntas de los informadores tras presentar un convenio sobre empleo juvenil marcado por las generalidades y las vaguedades propias de las iniciativas embrionarias. La convocatoria oficial era en la sala de gobierno del Ayuntamiento, donde suele comparecer el alcalde, que se sienta siempre en la misma mesa que los periodistas. Demasiada proximidad, debió pensar alguno de los asesores de comunicación de la señora Báñez. Demasiado cerca de la taleguilla de su carrera política el pitón de la pregunta por los hermanos imputados en Mercasevilla. Demasiada incomodidad. Por eso la cita se trasladó improvisadamente al Salón Colón, donde entre la mesa principal y los asientos de la prensa hay tantos metros cuadrados como para acoger las bancadas de los 33 concejales de la corporación municipal y la mesa de las actas, dejando además espacio para el libre tránsito como cualquier calle del centro antes de la invasión de bicicletas y veladores.
A la ministra la vimos de lejos, sin catalejo, como se veían a los curas en misa antes del Vaticano II, debidamente distanciados y con un cordón carmesí de eso que llaman protocolo pero que recuerda al que colocan los porteros con pinganillo en la oreja de las discotecas pretenciosas. Báñez soltó el blablablá trufado de alguna perlita: “Sevilla es esta tarde la capital europea del empleo juvenil”. ¿Mande? Y tras un derroche de naderías se marchó por la puerta más alejada de la ubicación de los informadores. Para evitar el canutazo, pegó un bandazo. O una espantá. La próxima vez podría comparecer por el plasma de Rajoy. Seguiría sin cumplirse la ley de transparencia, pero se ahorraría la luz que gastan las arañas del Salón Colón, las mismas que Soledad Becerril iba siempre apagando cuando paseaba por la casa cuando era alcaldesa.
Carlos Navarro Antolín | 12 de junio de 2013 a las 11:23

Al perro flaco de los plenos en el Salón Colón le han salido las pulgas de los insultos de sindicalistas de Mercasevilla a concejales del PP. Hace tiempo que los Plenos dejaron de ser una cita de debate político sobre los problemas de los sevillanos de a pie para ser el espejo de una clase política degradada a la búsqueda del tobillo del contrario más que de la solución de las contingencias cotidianas. El orden del día que importa es el de las manifestaciones en el andén del Ayuntamiento. Antes, con Monteseirín. Y ahora, con Zoido. Los Plenos están decadentes, huelen a las chirlas podridas que los trabajadores de la Lonja esparcen por las escalinatas principales, suenan a la estruendosa megafonía que busca hacer inaudibles las intervenciones de los capitulares y saben a los frutos secos con los que los concejales soportan las interminables horas que duran unas sesiones que no despiertan interés alguno. Si a esta evolución de las asambleas plenarias se añade la caída en picado del prestigio de la clase política, los descarados chanchullos en una empresa pública y la condición de político amortizado, tardorrevolucionario y pasado de rosca del portavoz de IU, el resultado es el que todo el mundo ha podido ver gracias a las cámaras de TeleSevilla. En los Plenos se ha pasado en muy poco tiempo de llamar perro a un periodista al te espero a la salida de unos energúmenos que mientan a la hija de un concejal. Y con la insólita complicidad de dos representantes públicos que están obligados a todo lo contrario y que parecen disfrutar con la acción que se predica del poco tiempo que queda de convento. Habrá que suprimir los plenos, porque la reeducación de algunos, como decía Calvo Sotelo, es un imposible metafísico. Y en el Ayuntamiento, antiguo convento de San Francisco, hay recortes en la compra de papel higiénico.
Carlos Navarro Antolín | 6 de junio de 2013 a las 11:48

Los veladores nacen, crecen, se reproducen… Aquel genial anuncio de televisión de las cucarachas a cuerda de los años ochenta viene hoy a la memoria por el efecto de multiplicación de mesas y sillas por cualquier zona peatonal. Hay veladores a la misma vera del monumento a Juan Pablo II, en la Plaza Virgen de los Reyes, como los hay ya metiendo las maniguetas de la poca vergüenza en la misma Sierpes, como pueden apreciar en la fotografía tomada esta misma mañana grisácea de jueves. Veladores que se reproducen como cucarachas. Veladores que empujan como bueyes. Veladores que son partículas de colesterol en las vías urbanas. Veladores para una ciudad indolente, continuamente sentada viendo pasar la vida y viendo a los gobernantes incapaces de meter en cintura a quien se salta las normas en sus mismas narices. El ejercicio de la autoridad no está de moda. Está feo. Aquí sólo están de moda los gin tonic. Libados en los veladores, por supuesto. Que venga Zoido con su flamante normativa y le eche lo que hay que echarle… tónica schweppes.
Carlos Navarro Antolín | 4 de junio de 2013 a las 19:38

Ahora que el líder Valderas se apoya en las Sagradas Escrituras para decir que IU cruza el Mar Rojo tras la travesía del desierto, justo ahora, el TSJA, sin salirse del contexto de la actualidad bíblica, acusa de mala fe tanto al Ayuntamiento del PP como a los trabajadores de Sevilla Global, el chiringuito-empresa creado en el año 2000 por el PSOE e impulsado posteriormente por el camarada Torrijos y sus chicos cuando mandaban en la Plaza Nueva (a. Z.) para colocar a los afines.
-Oiga, ¿eso qué es?
-Eso es “antes de Zoido”.
Seguimos. Dice el Alto Tribunal que el Ayuntamiento trató de escurrir el bulto en la negociación con los trabajadores cuando tramitaba la liquidación de la empresa con el correspondiente ERE. Y añade que los trabajadores también tuvieron mala fe pretendiendo jubilaciones ficticias y tratando de cargar a las arcas de la empresa sus pretensiones abusivas. La misma sentencia refiere los orígenes de una sociedad “artificiosamente creada para realizar actividades municipales sin control”, lo que ya sabíamos, que los chiringuitos de estas características se crean con dos fines: colocar a los amigos y sortear a esos señores tan malos, malísimos, que hacen de interventores y secretarios en los ayuntamientos. Lo de siempre. Nada nuevo bajo el sol. El TSJA ha tumbado el ERE, pero no ha dejado títere con cabeza. Nadie debe sacar pecho de esta sentencia, que deja en evidencia una vez más las mangoletas y los trinconeos que se han llevado a cabo desde comienzos del actual siglo en la política municipal.
Carlos Navarro Antolín | 3 de junio de 2013 a las 19:11

Hay veces que las notas de prensa las carga el diablo (cojuelo). El diablo se porta mal. Y dicen que portándose mal se lo pasa uno mejor. No falla. Pablo Castilla, que fue gerente de la difunta televisión local a la que todavía no se le ha organizado el funeral debido y que a este paso va a dar pasos de Semana Santa en agosto, nos remite la convocatoria de un acontecimiento que tendrá lugar el 6 de junio en la terraza Puerto de Cuba (libre), con privilegiadas vistas al Guadalquivir. El título es de lo más sugerente: Ginebralia. ¿Y en qué consiste Ginebralia? Lean, lean: “Se trata de una experiencia que reunirá a las marcas líderes en ginebras y tónicas en un escaparate de degustaciones que ofrece tanto al consumidor final como a los profesionales de los sectores de hostelería y distribución, la oportunidad de adquirir conocimientos en las nuevas tendencias y formas de degustar dicho producto”. Y el remate, a modo de media verónica con aromas de bayas de enebro, es lo que sigue: “Este evento nace con intención de continuidad y crecimiento para ofrecer anualmente a la ciudad de Sevilla un punto de encuentro para los ginlovers“. La pena, penita, pena, es que Ginebralia no será inaugurada por Jesús Posada, el presidente del Congreso de los Diputados que más ginlovers reúne desde la instauración de la democracia. La cinta de Ginebralia la cortará Pedro Sánchez Cuerda, el presidente de los hosteleros sevillanos que, por cierto, recibió el domingo en su casa a la señora Cospedal para envidia de una legión. Cospedal no fue a Robles, no. Cospedal fue a la Raza, donde tuvo que ver en primera fila al teniente Landa en un acto de partido puro y duro. ¿Pero este Javier Landa no era independiente? Anda con Landa, anda… Que le está cogiendo el gusto a la gaviota azul. Pío, pío. Digresiones aparte, a Pablo Castilla se le puede quedar chica la terraza cubana con la de tontos del gin tonic que hay en Sevilla, tantos como para montar una cofradía de vísperas a lo pirata, que son las cofradías rebeldes de ahora, las que no pasan por el control de la ventanilla única del Arzobispado y se saltan a la piola el poder establecido en versiones actualizadas de la valiente. Lo de Ginebralia, que suena a empresa abastecedora de agua del litoral onubense, podrían haberlo hecho en Fibes por aquello de poner en valor la herencia. ¿No fue en Fibes la entrega de las medallas (de Argüeso)? ¡Qué bonito suena eso de poner en valor las cosas! Ahora todo se pone en valor. Las hermandades ponen en valor su patrimonio con exposiciones en el Mercantil como el gobierno pone en valor las setas de la Encarnación por sentido de la responsabilidad. El Museo del Prado pone en valor su colección menos conocida con exposiciones temporales como los restauradores del retablo mayor de la Catedral ponen en valor las tablas más alejadas de la vista del público. No hay un día sin puestas en valor como no lo hay sin puestas de sol. Las puestas en valor asedian la economía del lenguaje como indios enfurecidos y vociferantes. Pues vamos a poner en valor el gin tonic. Larga vida a Ginebralia. Sevilla, ciudad del gin tonic. Lo de Ginebralia, en el fondo, es una forma de poner en valor el río. ¿O no, Pablo?
Carlos Navarro Antolín | 30 de mayo de 2013 a las 5:00

Ocurrió el lunes en la sede regional del PP, en la calle San Fernando. La cita del comité ejecutivo provincial estaba marcada a las 17:30 con todas las intervenciones previstas a puerta cerrada, sin profesionales de los medios de comunicación en ningún momento. La agenda de estos comités se suele compaginar con la del alcalde y presidente regional del partido, pero la realidad es que en pocas ocasiones se cuenta con la presencia de Juan Ignacio Zoido, quien sólo acude en fechas políticamente destacadas. Lo hizo en el comité de enero, en las vísperas de la huelga de Lipasam, antes de aquellos días en que Sevilla aparecía patas arriba en los telediarios y de los que la figura del alcalde salió bastante reforzada. O como hizo el pasado lunes, en un contexto de balance de dos años de mandato y de otros hechos a los que el alcalde ha querido replicar en el foro que considera idóneo: la cocina del partido. Zoido siempre se jacta de no airear cuitas internas ni de hablar en las barras de los bares.
Y así fue. Zoido llegó, habló y se marchó. No se quedó a toda la sesión. Se le concedió la palabra, obviamente. Y desarrolló un discurso de reivindicación de sus logros, de respuesta a las “presiones” y hasta de cierto lamento. Para trazar este discurso usó la percha que le brindaba el calendario: ese día, 27 de mayo, se cumplían precisamente seis años de sus primeras elecciones municipales, aquellas en las que lideró la lista más votada, pero en las que quedó orillado del poder por unos insuficientes 15 concejales que permitieron la reedición del pacto entre el PSOE e IU. El alcalde se presentó ante sus compañeros de partido con documentación bajo el brazo. Exhibió las portadas de algunos periódicos del día posterior a aquellas elecciones. En una de ellas aparecían triunfantes Alfredo Sánchez Monteseirín con tres dedos alzados en señal de sus tres mandatos consecutivos; José Antonio Viera, entonces secretario general del PSOE sevillano, y Rosamar Prieto-Castro, que concurrió como número dos por la lista socialista. “¿Dónde están ahora Monteseirín, Viera y Rosamar?”, preguntó un Zoido ante la indisimulada extrañeza de un comité ejecutivo que registraba menos de media entrada, pues la ausencia de muchos de los dirigentes de la provincia era notable. Y presumió de dónde está él siete años después: con 20 concejales.
Los asistentes se dieron cuenta pronto de que el alcalde estaba reivindicándose como político, tal vez en respuesta a algunas críticas a su gestión en el Ayuntamiento. Pero sólo se puede apuntar como probabilidad, pues el alcalde no fue más preciso. “Estamos gobernando, defendiendo los intereses de la ciudad”. Ytambién esos asistentes percibieron que exigía más que nunca respeto a los “tiempos” del partido a la hora de decidir su futuro como presidente regional del PP, el ya manido debate sobre si será o no candidato a la Junta, una cuestión que parece evidente que escuece al alcalde desde el principio. Al alcalde le molestan especialmente las “presiones” de quienes consideran desde distintas instancias que debe abandonar ya la aventura regional y dedicarse con exclusividad al Ayuntamiento, tanto como las de quienes echan en falta más dedicación a sus funciones como líder regional. Estas “presiones” y la suma de otros factores le llevaron a emplear una expresión tan coloquial como contundente, confirmada a este periódico por cuatro fuentes consultadas: “Estoy negro”. ¿Por qué está negro el alcalde? Quienes bien lo conocen lo explicaron ayer a este periódico: “Está preocupado y lo expresa donde tiene que expresarlo”. No termina de encajar que las entrevistas periodísticas sobre sus dos años de mandato municipal se centren más en el PP regional que en el Ayuntamiento.
El propio Zoido refirió en su intervención una reciente visita suya a Sierra de Yeguas dentro sus obligaciones como presidente regional del PP. Aludió de forma distendida –siempre dentro del formato del comité ejecutivo– que él mismo se planteaba su presencia en aquel lugar pero que cumplía las obligaciones encomendadas. Y trufó toda su intervención de respuesta a esas “presiones” que desde diversos frentes (medios de comunicación incluidos) considera que son inaceptables: “Este partido no tiene hipotecas, ni acepta presiones”. Refirió, sin mayores precisiones, que si hay hipotecas de algún tipo, serán “personales”.
El caso es que entre los asistentes –todos le aplaudieron al final, como es de rigor– hubo quien no se terminó de explicar una intervención de estas características, pues si en algún sitio no es cuestionado Zoido es en el comité ejecutivo del PP de Sevilla, donde disfruta de un estado de paz que ya quisieran otros partidos políticos. Incluso en los corrillos posteriores se refirió una supuesta encuesta que le concedería de nuevo el bastón de mando en el Ayuntamiento, aunque se apreciaría una pérdida importante de votos en la provincia.
A Sevilla vendrá el domingo la secretaria general del PP de Sevilla, María Dolores de Cospedal. El acto, que se celebrará en el restaurante La Raza, será un espaldarazo a la gestión del alcalde en todos los sentidos. Los militantes ya han recibido la convocatoria: a las 11: 30.
Carlos Navarro Antolín | 27 de mayo de 2013 a las 20:12

Unta la mantequilla de la tostada cada mañana en la misma Campana, donde se cruzan los vientos que bajan del Aljarafe con la luz de la Encarnación que pide primaveras y adoquines. Allí está con sus 89 años llevados al compás de sus poemas, letras y recuerdos. Compuso la letra de la sevillana con la que Sevilla despidió al Papa polaco, totus tuus, en aquella ciudad de autobuses naranjas que acaba de vivir el espectacular triunfo de FG de aquel octubre rojo y que tenía al andalucista Uruñuela de alcalde. No te vayas todavía… Y el Papa se fue en su papamóvil abandonando la Feria a los sones de los versos de quien es una institución viva de las sevillanas y de Triana. No te vayas por favor. Unta la mantequilla cada mañana quien sabe a la perfección que la vida pasa al igual que pasa la corriente en el río cuando pasa el mar. Cigarro, café, piernas cruzadas y viendo a Sevilla pasar. Ahí vive su vida cada mañana Manuel Garrido, que no hace mucho dio un titular sublime: “Ya no me llaman, creerán que me he muerto”. Manologarrido, dicho así todo junto, lo ha escrito casi todo. Sus letras están en el imaginario colectivo de una ciudad. Nadie se ha acordado de él para concederle alguna de las medallas, ni siquiera una de esas que se dan a dúo, ni tampoco de las que se han concedido en la modalidad de melé, donde hay más receptores del metal que en el área chica del Bilbao o que en la presidencia de una cofradía de barrio. Nadie se ha acordado de él a pesar de que ahora se cotiza mucho eso de “la contribución a la difusión del nombre de Sevilla”. Creerán que se ha muerto. Pero Manolo está cada mañana la mar de feliz untando la mantequilla en la Campana, ajeno a los honores, sin cuadrilla de agradaores, sin lobbies que empujen en los saraos donde el poder baja la guardia… A Manologarrido, perfecto caballero de formas antiguas, le falta hoy el Homero que cante sus hazañas en el Ayuntamiento. A quien ve por el retrovisor de la vida una carretera de 89 años le importa muy poco una medalla. Lo que le importa es que la mantequilla no se se resista al cuchillo y que el de Tussam sea puntual para el regreso a casa. Pero cuando se lee en los comunicados oficiales que la canción ligera es un motivo para la concesión de los honores de una ciudad, uno se acuerda del Papa yéndose a los sones de aquel adiós que después se repitió en Roma. Y rememora tantísimas metáforas hondas que el pueblo ha hecho suyas, filigranas del lenguaje que no es que hayan traspasado las fronteras de Sevilla, sino las del alma misma. Lo de este Ayuntamiento sí que merece una canción ligera. Ligerita como la mantequilla que unta cada mañana Manologarrido. Mejor pensar que habrán creído que se ha muerto.
Carlos Navarro Antolín | 23 de mayo de 2013 a las 5:00

¿Dónde estaba el Defensor cuando Zoido hizo su balance? No nos referimos al Cura Chamizo, que estaba el martes almorzando con el socialista Alfonso Rodríguez Gómez de Celis en El Copo y al que ya le están buscando sustituto. A Chamizo se lo buscan, no a Celis. Aunque si La que Manda en el PSOE pudiera, ya le hubiera buscado también sustituto a Celis, ¿verdad Alfonso? Pero no nos desviemos de la ruta, que el Defensor al que echamos en falta en el Salón Colón no fue al cura que más visita el Cairo (el bar, no la capital egipcia), sino a José Barranca, el Muy Incómodo Defensor de la Ciudadanía que canta las verdades del barquero en su informe anual que lee ante el Pleno en los diez minutos recortados que le concede Landa, ¿pero anda o no anda este Landa? Ojú.
¿Se olvidó la derecha de invitar a Pepebarranca a un acto tan preparadísimo? Ponemos cara avinagrada de Mouriño: ¿Por qué? Si estaban todos los gerentes de las empresas, con Jesús Maza por delante, recién lesionado y todo, yendo el hombre con las muletas que le van a dejar sin chaqué y sin farol de mano junto a la Custodia el Jueves de Corpus. Si estaban varios directores generales, incluido Joaquín Peña, al que ya le han perdonado que un día osó presidir el PP de Sevilla sin la bendición del aparato. Si estaban los directores de distritos, el personal de confianza del Alcázar, el gerente de Urbanismo, Petronio de las caracolas cartujanas; el gerente de la Agencia Tributaria que puso el PSOE y que el PP ha respetado, estaba hasta el concejal Pepelu con nuevo look de ejecutivo de Banesto tras haber acompañado a la carreta de Sevilla Sur con estética de jornalero del SAT… Qué mala pata que no vimos al bueno de Pepebarranca, el comandante de Caballería que cuenta los baches de la calle Cuna, que atiende a quienes reclaman el piso que les prometió Zoido en campaña, que le echa lo que hay que echarle para decir que la Policía Local no es amable con el ciudadano, que asume tantas tareas ingratas desde la independencia. Jugábamos a buscar a Wally en los oropeles del Salón Colón y Wally no estaba. Sería que andaría por la bulla de los codazos de los agradadores del poder, pero no lo vimos. Cosas de la miopía, de la que últimamente hay una oleada de casos en la Sevilla donde nadie ve nada. ¿Pues no dijo el presidente del Consejo que no vio la que se montó entre Los Panaderos y La Lanzada? ¿Pues no dijo la autoridad eclesiástica el día del vía crucis fallido que no había visto la salida desafiante del paso de Torreblanca? No vimos a Barranca como no vemos a los inversores que han de llegar a la ciudad, que deben ser como los del celebérrimo Pregón, inversores que vienen “pero nunca pasan”. El alcalde explicó las ausencias de Gregorio Serrano y Asunción Fley, apagando fuegos en Fibes; agradeció la labor de los diez mil trabajadores del Ayuntamiento, destacó la tarea de algunos gerentes que se encontraron telarañas empadronadas en las cuentas, se hartó de referencias personales, siguiendo su estilo campechano; pero, ay, no dijo nada de Barranca. ¿Lo han borrado del mailing? ¿Será que no ha elaborado un informe de 109 folios sobre los problemas de la ciudad? ¿Serán acaso los fríos que emite el ventilador del poder cuando está escocido? Será que nos afecta la miopía que asuela la ciudad.
Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2013 a las 5:00

Año segundo de la era zoidiana, término que el creador del mapping, Benito Navarrete, instituyó en una entrevista concedida a este periódico: “Soy zoidiano”. El mago de las santas de Zurbarán inauguró una cofradía laica cuyo hermano mayor no vende empleo, pero vende paz. El alcalde no puede presumir de meterle la guadaña a las cifras del paro pero sí de la reducción de atragantamientos de magdalenas en el desayuno. “Sevilla ha dejado de ser noticia cada mañana por escándalos y casos de corrupción”. Zoido se revistió de protodiácono para desde el atril del Salón Colón -liturgia palaciega del annuntio vobis gaudeum magnum– proclamar que no hay trabajo, pero hay tranquilidad, el mar está plato y ya no hay piratas del derroche y del despilfarro surcando las aguas municipales.
No hay trabajo, no; pero es por culpa de la Junta que no unta, valga el pareado en una política deshumanizada. El alcalde resumió su estrategia al llegar a la Alcaldía con una proclama que recordaba al anuncio del programa taurino de la medianoche dominical de la emisora de los obispos. “Tuve que llegar, parar y ordenar”.
Dos años de aquellas elecciones del 22 de mayo de los 20 concejales. Ayer faltaron sólo dos: Asunción Fley y Gregorio Serrano, currando en Fibes a la hora en que la cofradía zoidiana pasaba lista en el Salón Colón. Tras el hombre de la paz abrazado al atril se situaron los concejales del gobierno, incluido el ex edil Demetrio Cabello, que recibió abrazos con intensidad de tanatorio. En primera fila, los gerentes de las empresas municipales: Emasesa, Emvisesa, Lipasam y Tussam. Junto a ellos estaba el gerente de Urbanismo. Zoido se refirió a ellos como los primeros sacrificados de su etapa, a los que tuvo que recortar el sueldo. Todo por la paz.
Tras las primeras filas, la tropa de directores de diversas ramas. Prietas las filas. Y, al fondo, la prensa, gracias a cuyas preguntas se pudo ver a un alcalde más suelto que con el discurso encorsetado. El alcalde del Salón Colón aseguró que sigue sintiendo el calor de la gente, que no distingue entre sevillanos ricos ni pobres y que se ha dedicado estos años a pagar. A pagar las setas de la Encarnación, los pasos soterrados, el edificio de la Ranilla… La mala herencia, como la definió este albacea de la política. Alcalde de la paz y de la unidad del gobierno, que por ahora ha podido frenar con la discreción que es marca de la casa la marcha de uno de sus concejales.
Acabó el acto solemne del segundo año de la pax zoidiana. La casa se puso de gala para vender al milímetro la gestión del alcalde al que se le imputa una honda afición por los saraos. La casa sacó la mantelería de Navidad y la cubertería de plata, puso a tope las arañas para deslumbrar y hasta olió al perfume de los grandes días. En las cocinas se preparó un manual de 147 páginas para contrarrestar el perfil populista. En Sevilla no hay trabajo, pero hay paz. Paz para comer melva canutera. Annuntio vobis.
Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2013 a las 18:00

Saber interpretar el momento actual es clave para cualquier mandatario. El de 2011-15 no es un mandato municipal para hacer nuevos puentes en la Cartuja, sino para que los autobuses municipales lleguen a su hora, aumenten la velocidad comercial y los conductores cobren sus nóminas el primer día del mes. El de 2011-15 no es un mandato para ventear el humo de grandes proyectos que se sacan al escenario como marionetas interesadas para distraer la atención o como munición de titulares entre administraciones, sino para que la calle Cuna deje de tener ochenta baches, se busquen inquilinos para los 150 locales de Emvisesa o las calles tengan un grado de limpieza aceptable que alivien la etiqueta de Sevilla como ciudad sucia. Este mandato no es para hablar de grandes rondas, ni para marear la perdiz de líneas del Metro imposibles ni para seguir agitando las aguas de un río del que varias generaciones de la ciudad están hartas ya de leer y oír que debe ser la calle ancha de la ciudad, sino para poner orden en cuestiones domésticas, tratar de que las calles no sean territorios preferentes para los veladores, que la Policía Local sea un cuerpo verdaderamente al servicio de los ciudadanos y que los parques sean espacios acogedores en los que conviven peatones, ciclistas y mascotas. El de 2011-15 no es un mandato para alharacas en el PGOU, ni para hacer periodismo ficción sobre megalomanías imposibles, ni para engañar al ciudadano con fuegos de artificio. Zoido cumple dos años de alcalde. En los últimos meses, con una intensidad notoria, han retornado las viejas prácticas de la política hueca e insustancial de los grandes proyectos, como si este gobierno quisiera responder de pronto a las acusaciones sobre la falta de modelo de ciudad. El alcalde no debería perder el horizonte que el mismo se fijó como objetivo: el funcionamiento de la ciudad. Ni más, ni menos. El momento actual no está para engañabobos del urbanismo que nace y muere en las infografías, ni para colorines de suburbanos imposibles, ni para grandes rehabilitaciones basadas en inversiones que nunca llegan. Habría que preguntarle a la delegada de Hacienda, Asunción Fley, por todas estas excentricidades con las que se pierde el tiempo en los plenos y la tinta en los periódicos. Sevilla parece cada vez más una de esas señoras de la alta sociedad venida a menos que va vendiendo casa por casa las joyas que algún día alumbraron su belleza. Y algunos, que aún la estiman con el corazón, le siguen la corriente para no contradecirla, le compran unos pendientes de perlitas para la primera comunión de la niña y le dejan con condescendencia que siga creyendo que su grandeza es aún recuperable.