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Barranca, el ausente en el balance de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 23 de mayo de 2013 a las 5:00


¿Dónde estaba el Defensor cuando Zoido hizo su balance? No nos referimos al Cura Chamizo, que estaba el martes almorzando con el socialista Alfonso Rodríguez Gómez de Celis en El Copo y al que ya le están buscando sustituto. A Chamizo se lo buscan, no a Celis. Aunque si La que Manda en el PSOE pudiera, ya le hubiera buscado también sustituto a Celis, ¿verdad Alfonso? Pero no nos desviemos de la ruta, que el Defensor al que echamos en falta en el Salón Colón no fue al cura que más visita el Cairo (el bar, no la capital egipcia), sino a José Barranca, el Muy Incómodo Defensor de la Ciudadanía que canta las verdades del barquero en su informe anual que lee ante el Pleno en los diez minutos recortados que le concede Landa, ¿pero anda o no anda este Landa? Ojú.
¿Se olvidó la derecha de invitar a Pepebarranca a un acto tan preparadísimo? Ponemos cara avinagrada de Mouriño: ¿Por qué? Si estaban todos los gerentes de las empresas, con Jesús Maza por delante, recién lesionado y todo, yendo el hombre con las muletas que le van a dejar sin chaqué y sin farol de mano junto a la Custodia el Jueves de Corpus. Si estaban varios directores generales, incluido Joaquín Peña, al que ya le han perdonado que un día osó presidir el PP de Sevilla sin la bendición del aparato. Si estaban los directores de distritos, el personal de confianza del Alcázar, el gerente de Urbanismo, Petronio de las caracolas cartujanas; el gerente de la Agencia Tributaria que puso el PSOE y que el PP ha respetado, estaba hasta el concejal Pepelu con nuevo look de ejecutivo de Banesto tras haber acompañado a la carreta de Sevilla Sur con estética de jornalero del SAT… Qué mala pata que no vimos al bueno de Pepebarranca, el comandante de Caballería que cuenta los baches de la calle Cuna, que atiende a quienes reclaman el piso que les prometió Zoido en campaña, que le echa lo que hay que echarle para decir que la Policía Local no es amable con el ciudadano, que asume tantas tareas ingratas desde la independencia. Jugábamos a buscar a Wally en los oropeles del Salón Colón y Wally no estaba. Sería que andaría por la bulla de los codazos de los agradadores del poder, pero no lo vimos. Cosas de la miopía, de la que últimamente hay una oleada de casos en la Sevilla donde nadie ve nada. ¿Pues no dijo el presidente del Consejo que no vio la que se montó entre Los Panaderos y La Lanzada? ¿Pues no dijo la autoridad eclesiástica el día del vía crucis fallido que no había visto la salida desafiante del paso de Torreblanca? No vimos a Barranca como no vemos a los inversores que han de llegar a la ciudad, que deben ser como los del celebérrimo Pregón, inversores que vienen “pero nunca pasan”. El alcalde explicó las ausencias de Gregorio Serrano y Asunción Fley, apagando fuegos en Fibes; agradeció la labor de los diez mil trabajadores del Ayuntamiento, destacó la tarea de algunos gerentes que se encontraron telarañas empadronadas en las cuentas, se hartó de referencias personales, siguiendo su estilo campechano; pero, ay, no dijo nada de Barranca. ¿Lo han borrado del mailing? ¿Será que no ha elaborado un informe de 109 folios sobre los problemas de la ciudad? ¿Serán acaso los fríos que emite el ventilador del poder cuando está escocido? Será que nos afecta la miopía que asuela la ciudad.

Año segundo de la ‘pax zoidiana’

Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2013 a las 5:00


Año segundo de la era zoidiana, término que el creador del mapping, Benito Navarrete, instituyó en una entrevista concedida a este periódico: “Soy zoidiano”. El mago de las santas de Zurbarán inauguró una cofradía laica cuyo hermano mayor no vende empleo, pero vende paz. El alcalde no puede presumir de meterle la guadaña a las cifras del paro pero sí de la reducción de atragantamientos de magdalenas en el desayuno. “Sevilla ha dejado de ser noticia cada mañana por escándalos y casos de corrupción”. Zoido se revistió de protodiácono para desde el atril del Salón Colón -liturgia palaciega del annuntio vobis gaudeum magnum– proclamar que no hay trabajo, pero hay tranquilidad, el mar está plato y ya no hay piratas del derroche y del despilfarro surcando las aguas municipales.
No hay trabajo, no; pero es por culpa de la Junta que no unta, valga el pareado en una política deshumanizada. El alcalde resumió su estrategia al llegar a la Alcaldía con una proclama que recordaba al anuncio del programa taurino de la medianoche dominical de la emisora de los obispos. “Tuve que llegar, parar y ordenar”.
Dos años de aquellas elecciones del 22 de mayo de los 20 concejales. Ayer faltaron sólo dos: Asunción Fley y Gregorio Serrano, currando en Fibes a la hora en que la cofradía zoidiana pasaba lista en el Salón Colón. Tras el hombre de la paz abrazado al atril se situaron los concejales del gobierno, incluido el ex edil Demetrio Cabello, que recibió abrazos con intensidad de tanatorio. En primera fila, los gerentes de las empresas municipales: Emasesa, Emvisesa, Lipasam y Tussam. Junto a ellos estaba el gerente de Urbanismo. Zoido se refirió a ellos como los primeros sacrificados de su etapa, a los que tuvo que recortar el sueldo. Todo por la paz.
Tras las primeras filas, la tropa de directores de diversas ramas. Prietas las filas. Y, al fondo, la prensa, gracias a cuyas preguntas se pudo ver a un alcalde más suelto que con el discurso encorsetado. El alcalde del Salón Colón aseguró que sigue sintiendo el calor de la gente, que no distingue entre sevillanos ricos ni pobres y que se ha dedicado estos años a pagar. A pagar las setas de la Encarnación, los pasos soterrados, el edificio de la Ranilla… La mala herencia, como la definió este albacea de la política. Alcalde de la paz y de la unidad del gobierno, que por ahora ha podido frenar con la discreción que es marca de la casa la marcha de uno de sus concejales.
Acabó el acto solemne del segundo año de la pax zoidiana. La casa se puso de gala para vender al milímetro la gestión del alcalde al que se le imputa una honda afición por los saraos. La casa sacó la mantelería de Navidad y la cubertería de plata, puso a tope las arañas para deslumbrar y hasta olió al perfume de los grandes días. En las cocinas se preparó un manual de 147 páginas para contrarrestar el perfil populista. En Sevilla no hay trabajo, pero hay paz. Paz para comer melva canutera. Annuntio vobis.

Dos años de mandato

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2013 a las 18:00


Saber interpretar el momento actual es clave para cualquier mandatario. El de 2011-15 no es un mandato municipal para hacer nuevos puentes en la Cartuja, sino para que los autobuses municipales lleguen a su hora, aumenten la velocidad comercial y los conductores cobren sus nóminas el primer día del mes. El de 2011-15 no es un mandato para ventear el humo de grandes proyectos que se sacan al escenario como marionetas interesadas para distraer la atención o como munición de titulares entre administraciones, sino para que la calle Cuna deje de tener ochenta baches, se busquen inquilinos para los 150 locales de Emvisesa o las calles tengan un grado de limpieza aceptable que alivien la etiqueta de Sevilla como ciudad sucia. Este mandato no es para hablar de grandes rondas, ni para marear la perdiz de líneas del Metro imposibles ni para seguir agitando las aguas de un río del que varias generaciones de la ciudad están hartas ya de leer y oír que debe ser la calle ancha de la ciudad, sino para poner orden en cuestiones domésticas, tratar de que las calles no sean territorios preferentes para los veladores, que la Policía Local sea un cuerpo verdaderamente al servicio de los ciudadanos y que los parques sean espacios acogedores en los que conviven peatones, ciclistas y mascotas. El de 2011-15 no es un mandato para alharacas en el PGOU, ni para hacer periodismo ficción sobre megalomanías imposibles, ni para engañar al ciudadano con fuegos de artificio. Zoido cumple dos años de alcalde. En los últimos meses, con una intensidad notoria, han retornado las viejas prácticas de la política hueca e insustancial de los grandes proyectos, como si este gobierno quisiera responder de pronto a las acusaciones sobre la falta de modelo de ciudad. El alcalde no debería perder el horizonte que el mismo se fijó como objetivo: el funcionamiento de la ciudad. Ni más, ni menos. El momento actual no está para engañabobos del urbanismo que nace y muere en las infografías, ni para colorines de suburbanos imposibles, ni para grandes rehabilitaciones basadas en inversiones que nunca llegan. Habría que preguntarle a la delegada de Hacienda, Asunción Fley, por todas estas excentricidades con las que se pierde el tiempo en los plenos y la tinta en los periódicos. Sevilla parece cada vez más una de esas señoras de la alta sociedad venida a menos que va vendiendo casa por casa las joyas que algún día alumbraron su belleza. Y algunos, que aún la estiman con el corazón, le siguen la corriente para no contradecirla, le compran unos pendientes de perlitas para la primera comunión de la niña y le dejan con condescendencia que siga creyendo que su grandeza es aún recuperable.

A Zoido no le levantan la ceja

Carlos Navarro Antolín | 15 de mayo de 2013 a las 5:00


El sector audiovisual en Sevilla no le levanta la ceja a Zoido. Todo lo contrario. El alcalde mima a las productoras, a los dueños de los platós, a los proveedores de material audiovisual, a los distribuidores, a los animadores. Hasta los que alquilan animales para los largometrajes y los crotometrajes están encantados con el alcalde que no parece del PP, con permiso de Javié, que sí parece del PP y que el pasado domingo se trajo nada menos que a Rajoy a Sevilla a un acto privado. El alcalde se hace la foto con los de la ceja en la Plaza de España, pero cada uno con la ceja en su sitio; mientras al ministro en Madrid le levantan las cejas, las garras y lo que te rondaré morena. Zoido les ha hecho a los hispalenses de la ceja una guía pagada por el Ayuntamiento que no la mejora ni el mago Benito Navarrete con sus zurbaranes y zurbaranas de éxito. Benito va como la oca, de éxito en éxito y tiro porque me toca. Benito no dice el mundo es nuestro, sino el mapping es mío. La guía de Zoido para los de la ceja pretende atraer proyectos audiovisuales a todos los rincones de Sevilla, incluso a la Sevilla de los veladores, que es la real y verdadera. Entre las fotografías seleccionadas hay una de Argote de Molina en horario de prime time, cargadita de turistas, nuestros nuevos señores y amos los turistas, y tomada por las mesas y sillas de quien está a puntito ya de ser el amo de toda la calle, que uno mira la Cuesta del Bacalao en el Registro de la Propiedad y, menos el bacalao, casi todo es ya del mismo dueño. Lo de Robles en la Cuesta del Bacalao es como lo de la Frasquita en la Matalascañas de los años 80, una mancha de aceite que se iba extendiendo por negocios y locales a la velocidad del urbanismo de adosados de principios de siglo. Este Zoido sin complejos también ofrece en su catálogo las setas de Monteseirín para rodar películas y el estadio olímpico de Rojas-Marcos, aquel alcalde andalucista que protagonizó un montaje audiovisual en la campaña electoral del 99 para aparecer en lo alto de una de las columnas de la Alameda hablando nada menos que con Trajano y Adriano. “Soy Alejandro, quiero hacer grande a Sevilla, como vosotros la hicisteis”. Alejandro después acabó contemplando a su propio partido en llamas, hoy hecho cenizas sin esperanza de volver a ser lo que fueron. No sabemos si Alejandro tocó la lira mientras la cosa ardía… O comía nueces en la furgoneta electoral. El caso es que Zoido ya sabe cómo hacer para que no le levanten la ceja los de la ceja, fórmula que no le termina de salir con los suyos de Málaga. Será porque sigue sin parecer del PP. Y en política mandan las percepciones. Más vale parecer que ser. Lo peor es creérselo. O ponerse a la altura de los emperadores. Las barbas de Alejandro ya se cortaron. Pónganse los veinte concejales a remojar. Política, se rueda.

El concejal cóncavo del gobierno

Carlos Navarro Antolín | 13 de mayo de 2013 a las 5:00


Hay concejales del gobierno que son como aquel torero desganado que le quiere recortar las embestidas al toro a base de hachazos antes de que el público aprecie la boyantía del burel. La oposición en el Ayuntamiento (socialista, por supuesto; la de IU ni está ni se le espera) ha tenido la osadía de preguntarle por el proyecto de zona franca al delegado de Relaciones Institucionales. La verdad es que el asunto de la zona franca en Sevilla hierve en las redes sociales y en las cafeterías. Pregunta uno a las doce del mediodía en el bar de cabecera si aún dan café y ponen tostadas y el camarero no es que responda con el clásico de la máquina ya apagada, sino que devuelve la pregunta con otra: “¿Qué se sabe de lo de la zona franca en Sevilla?” Yen las redes sociales, tres cuartos de lo mismo. Se mete usted en twitter y vengan a llover los enlaces sobre las informaciones y artículos de análisis sobre el impacto de la futura zona franca en Sevilla, que si merece la pena, que si es un invento de Zoido, que si la Junta opina tal o cual, que si no tenemos bastante con copiarle el carnaval a Cádiz… La zona franca tiene en vilo a media ciudad. Se nota en la calle. La otra media está que no para de hablar del estatuto de capitalidad para Sevilla y de quién será el candidato del PPpara las autonómicas de 2016. “Sí, aún le puedo poner media tostada, pero de mollete integral que es lo que me queda. Pero dígame, por favor, lo de Zoido para la Junta, ¿va en serio?”
Y así, en este escenario, como llaman ahora los cursis al contexto, la oposición socialista preguntó por la zona franca al señor Javier Landa, que es el delegado de Relaciones Institucionales del Ayuntamiento como todo el mundo sabe (por las que hilan). Y las respuestas del catedrático que fue uno de los grandes fichajes del PP para las municipales de 2011 nos han dejado como dijo Guerra: ¡Pasmaos! Y nos han recordado al torero que viendo el toro dijo aquello del ya estoy yo en mi casa. El líder de la oposición, Juan Espadas, preguntó con toda inocencia: “¿Cuál es el impacto de beneficio económico calculado por el gobierno para la ciudad por años?” Y el concejal Landa, ex cátedra, se despachó echando sucesivamente la muleta abajo por la derecha y por la izquierda para provocar el mareo que hace perder el norte a la incauta res: “Entendemos que será una función exponencial de tipo cóncavo con pendiente poco pronunciada al principio y algo más en momentos sucesivos”. La contestación del profesor Landa no la mejora ni el tío que hizo la pregunta del referéndum andaluz.
Menos mal que los independientes traen el soplo de aire fresco que necesita como el jamar una política dominada por los aparatos de los partidos. ¿Pero dónde encuentran los señores de los poderosos aparatos a estos independientes deseosos de devolver a la sociedad cuanto la sociedad les ha dado, que o se van con el partido empezado cuando no se gobierna o juegan a las greguerías con las respuestas oficiales?
Este Landa ya se embrolló él solito al responder una pregunta sobre la razón por la que se izaba en el Ayuntamiento la bandera del pueblo gitano y no la del colectivo gay. Dijo que el criterio es de tipo institucional. “La institución hace referencia a órgano y símbolo de un estado y/o nación, por lo que evidentemente al pueblo gitano se le puede incluir dentro de las conceptualizaciones mencionadas”.
Ahora la gran clave está en lo de la pendiente poco pronunciada al principio y algo más en momentos sucesivos, porque ahí se ven tintes casi biográficos del autor con respecto a su carrera política en el Ayuntamiento. La cosa de Landa en la Plaza Nueva empezó así, con cohetería de gran fichaje para contrarrestar a los independientes del PSOE y va por un camino algo… cóncavo. Lo de Landa despertó el interés al modo novelero sevillano con pizca de aguijón: “¿Yéste quién es?” Yya va por ese otro aguijón de memoria repentina recuperada: “Oye, por cierto, ¿y Landa dónde está?”
Pues debe estar dedicándose a cocinar esas respuestas tan sesudas, de tratado de geometría aplicada a la ingrata política municipal. Pero aquí lo verdaderamente cóncavo es que Javié (Arenas) le metió a Zoido cuarto y mitad de Landa en la listas electorales. Seamos francos con la zona franca.

El TC impone el espíritu de Utrera

Carlos Navarro Antolín | 11 de mayo de 2013 a las 5:00


El juzgado de Utrera era conocido a principios de los ochenta como uno de los peores de España. Una descomunal carga de trabajo, ya que también conocía de los casos de Dos Hermanas, Lebrija y Las Cabezas, y unas infraestructuras deficientes justificaban la mala fama. A su despacho principal llegó en 1984 un tal Juan Ignacio Zoido procedente de Canarias. Se encontró con un equipo de funcionarios que le doblaban la edad y con hábitos, manías y caracteres más que consolidados. Basten dos ejemplos. En esos días tuvo que emplear la mano izquierda con uno que se negaba a trabajar si no era con su máquina de escribir y con otro que se conocía el pueblo tan al dedillo que se tomaba la licencia de hacerle al juez valoraciones sobre los citados a declarar antes de que accedieran al despacho. Aquellos días fueron un máster en la gestión de equipos, en la dura tarea de guardar los equilibrios y en la apuesta por los potajes para limar las tensiones en el horario extralaboral. Pasado el tiempo, un agente judicial le comentó: “Usted se ha dado cuenta aquí de que en la vida hay que arar con los bueyes que uno tiene. Y no con los que uno quiere comprar”.
El Tribunal Constitucional le ha dicho al hoy alcalde de Sevilla, casi treinta años después, que hay que formar gobierno con los concejales que uno tiene. Y no con los que se fichan a dedo. La de Demetrio Cabello fue, si cabe, la apuesta más personal de Juan Ignacio Zoido. Ni el haber conseguido nada menos que veinte concejales en tiempos de máxima austeridad y de dolorosos recortes frenó al alcalde a la hora de utilizar la vía digital para aumentar en un puesto el equipo del gobierno. Zoido tenía la convicción de que Cabello era el mejor para esas funciones. Y no lo iba a hacer pasar por el proceso de confección de una lista electoral, donde hay dentelladas de tiburones y codazos de sprint ciclista. Cabello, por cierto, ha tenido el segundo sueldo más elevado del gobierno, con 58.106 euros anuales, sólo por detrás de la independiente Asunción Fley, con 60.282.
Tan personal era la apuesta que a este alcalde poco amigo de los cambios forzados desde el exterior le ha escocido tener que renunciar a mitad de mandato a su único dedil, después de que Monteseirín agotara en sus dos últimas corporaciones el cupo de tres dediles que corresponden a Sevilla.
Zoido no ha hecho más cambios. No le gustan las crisis de gobierno. Lo más llamativo en la designación de Juan Bueno es el pendulazo que supone el desplazamiento desde un perfil técnico a uno marcadamente político. El profesional de la Policía Nacional no ha asumido nunca ni ha tenido el más mínimo interés en aprender los modos de la actual clase política, cosa que se agradece. Ni circunloquios, ni códigos de corrección política, ni cultivo de los argumentarios oficiales. Tal vez por eso sus comparecencias ante los medios de comunicación han estado muy limitadas. Cabello era un peligro. Su despedida improvisada en un pasillo del Ayuntamiento lo dice todo: “Si alguna vez me equivoqué fue con la mejor intención. Nunca lo hice por joder, aunque no debiera utilizar esta palabra delante de políticos profesionales”.
Juan Bueno es el aparato puro y duro del partido, criado a la vera de Javier Arenas, que lo ha sacrificado en más de una ocasión, y mimado por Ricardo Tarno. Bueno es un perfecto guardián de las formas al que le gusta vivir su ciudad en la calle. Acaso extraña que el alcalde no haya tratado ni siquiera de buscar entre sus diecinueve concejales un perfil parecido en algo al que con toda legitimidad creyó idóneo en 2011 para dirigir la Policía Local, ese cuerpo que es la pesadilla periódica de todos los alcaldes de España, con independencia de las siglas del partido. Sacar a Asunción Fley de la árida Hacienda resultaba inconcebible, una licencia que sólo se le hubiera permitido a Arenas en caso de haber alcanzado San Telmo. Curro Pérez sigue orillado en Triana y con una portavocía del gobierno más bien difusa. Y en contra del concejal Ignacio Flores ha jugado su excesiva proximidad con los agentes. Sabido es que tanta familiaridad con una área de gobierno tan delicada no gusta a un alcalde que, precisamente, eligió al reverendo Maximiliano Vílchez para Urbanismo por ser completamente ajeno a las caracolas de la Cartuja. Y eso que Curro Pérez brilló en la oposición fiscalizando los dineros de las setas.
Como en aquel 1984 en la Campiña, el alcalde se ha topado con la realidad. Ya no puede elegir al perfil idóneo. No hay chisteras, ni conejos. Están los bueyes que uno tiene, que no son pocos. Y no los que uno querría tener, que tampoco es que fueran muchos. Política. Siempre ganan los aparatos. Como los alemanes en fútbol.

El fedatario preclaro y la política como profesión

Carlos Navarro Antolín | 6 de mayo de 2013 a las 19:06


Javier Arenas sacó adelante la Ley de Grandes Ciudades en el año 2003, en los meses de Cruzcampo y foto de la Macarena con marco de plata en el despacho principal del Ministerio de Administraciones Públicas. La Ley 57/2003 de 16 de diciembre de 2003 tenía la ambición de transformar las estructuras de gobierno de los principales municipios de España. La innovación más polémica fue la de sustituir las comisiones de gobierno por las denominadas juntas de gobierno, donde se daba entrada a ciudadanos no elegidos en las urnas. Curiosamente, en febrero del año 2004 se publicó en las páginas de Diario de Sevilla un primer análisis de esta ley a cargo de Luis Enrique Flores, discípulo de Manuel Clavero, profesor de Derecho Administrativo en la Universidad de Sevilla y entonces secretario del Ayuntamiento de Coria del Río. Hoy lo es nada menos que del Ayuntamiento de Sevilla. Diez años antes de que el Tribunal Constitucional pusiera en jaque a los dediles, Flores advirtió que la nueva normativa podía entrar en contradicción con el artículo 140 de la Constitución Española, que dicta que el gobierno y administración de los municipios corresponde al alcalde y a los concejales. Se preguntaba el fedatario municipal advirtiendo la previsible colisión de la Ley Arenas con la Carta Magna: “¿Cómo se explica que quienes no ostentan la condición de concejal puedan asumir el gobierno y la administración del Ayuntamiento?” Sobre todo si se tiene en cuenta que las juntas de gobierno que crea la ley no son organismos de adorno, sino verdaderos instrumentos ejecutivos en la gestión de la ciudad, como se ha podido ver todos estos años. El TC tumba los dediles. Cuando se conozca el contenido literal del fallo, sabremos si la sentencia tiene efectos retroactivos y cómo se articula su aplicación. Pero el sentido final de la sentencia ya no lo pone nadie en duda: quien quiera ser concejal tiene que ir en una lista electoral. Quedan así suprimidas las posibilidades que tenían los alcaldes de meter en el gobierno a profesionales de prestigio no bien vistos por los aparatos de los partidos a la hora de confeccionar sus listas, a gente que no está dispuesta a dar codazos por ir en los puestos de salida, a esas personas que precisamente son las que deberían estar en la política para dignificarla. El problema no está ya en que la ley colisione con la principal norma del Estado, sino en que hubo que hacer una ley cuyos preceptos más novedosos eran los de abrir una puerta al margen de las urnas para que volvieran a la política esos perfiles de prestigio que salieron de ella cuando, culminada la Transición, la política comenzó a ser una profesión y dejó de ser una vocación. La propia ley estaba buscando, de facto, una vía de escape a los asfixiantes y todopoderosos aparatos de los partidos. Aunque, todo sea dicho, ha habido casos en que se han nombrado dediles a quienes estaban en las listas y no salieron elegidos, caso del Ayuntamiento de Córdoba. La degradación de la política no se palia con leyes. El ejemplo más reciente es el perfil de quiénes suenan como candidatos andaluces paras las primarias del PSOE. Si se mira al PP, la cultura de la libreta azul sigue dominando y es elevado el número de quienes no han tenido un sueldo en la empresa privada antes de acceder al sector público. No están los tiempos para esperar un nuevo Cánovas del Castillo ni un Castelar del siglo XXI. El TC ha tumbado la única vía de escape. Al poner el parche, la ley estaba reconociendo el problema. El parche no ha servido. Y además era inconstitucional. Paradojas: los aparatos vuelven ser más fuertes si cabe. A las puertas de la democracia se le puede colocar aquel rótulo que lucían los antiguos cuarteles en los cascos urbanos: todo por los aparatos. Ya lo anunció el secretario. Colisión. Siniestro.

Prohibiciones vergonzosas en Urbanismo

Carlos Navarro Antolín | 30 de abril de 2013 a las 18:50


Hubo un tiempo de serrín y vino malo en que se prohibía cantar en las tabernas tal era la afición del personal de soltarse más de la cuenta a la quinta copa, que ya se sabe que el dicho popular enseña que al quinto lo mismo da blanco que tinto. Otro tiempo en el que se prohibía escupir. Y hasta casi a nuestros días han llegado los carteles del hoy no se fía y mañana tampoco, propio de los tiempos del apúntamelo que ya te lo pago. Las prohibiciones informan de los hábitos y carencia de valores de la sociedad en un momento concreto. Que se tengan que prohibir los salivajos es porque hay puercos que arrojan por la boca como gárgolas de la Catedral en días de lluvia, venga a escupir como futbolistas con el garagajeo previo dándole vueltas a la boca cual máquina hormigonera, o incluso sin gargajeo previo. Uno lee el plan de austeridad de la Gerencia de Urbanismo y se queda con las patas colgando de las prohibiciones que recoge, muchas de ellas en homenaje a Don Perogrullo. “Los coches oficiales se usarán solo para servicios oficiales”. Ah… ¿pero se usaban hasta ahora para fines particulares? “Se aplicarán criterios de racionalización en la reposición del papel higiénico”. Pero carnes mías, ¿dónde metían esta gente los rollos del papel? Habrá que preparar el escáner de la Gerencia para que reconozca los rollos de papel y evite el contrabando de un bien tan preciado. “Por encima de los cien euros en la factura del móvil corporativo habrá que realizar un informe de justificación de los gastos”. Se ve que trabajar en la Gerencia genera unas inmensas necesidades de comunicación, de tal forma que ha habido que retirar decenas de móviles. Hablando se entiende la gente, máxime si es en las caracolas de la sevillana Gerencia de Urbanismo. “Las atenciones protocolarias se limitarán en caso de fallecimiento al envío de una corona de flores”. Y yo me pregunto: ¿qué otro tipo de atenciones tenía hasta ahora la Gerencia con todos sus muertos (entiéndase bien la expresión) que ha habido que poner pie en pared? Y la mejor de todas las directrices es la que insta a reducir las comilonas y, en caso de imperiosa necesidad, a concertar “menús económicos”. De coger el caviar con una pala al solomillito a la plancha con patatas panaderas. Y de postre, fragmento de contesa. Estas prohibiciones y normas recuerdan a la que luce en un conocido gran salón de celebraciones en La Palma del Condado: “Se ruega no armen escándalos a la salida”. Como debe ser la ganadería habitual que frecuenta el salón que no basta con suplicar silencio. Pues eso. Cómo serían los desmanes en las caracolas en tiempos de vacas gordas y ladrillos a espuertas, que ahora hay que vigilar hasta los rollos de papel higiénico. Sonrojante.

¿Peligra el sheriff del gobierno?

Carlos Navarro Antolín | 30 de abril de 2013 a las 5:00


La conocida como Ley Arenas permitió a los alcaldes de la grandes ciudades fichar para su gobierno a personas que no habían formado parte de la lista electoral. Por eso a estos ediles se les denomina dediles, que lo son en toda regla, una suerte de VIPS de la política municipal que se incorporan al sillón al toro pasado de las elecciones. Ni pegan carteles, ni sufren los mítines, ni se molestan en aplaudir cuando el jefe viene de Madrid a pasar revista. ¡Menudos privilegios! Así no extraña que la legión de paniaguados y ninis de los partidos miren a estos personajes con la ceja arqueada. Monteseirín fue el primer alcalde en usar esta potestad cuando colocó a Rosamar Prieto-Castro en Economía e Industria al poco de entrar la ley en vigor. Después nombró dentro de la cuota socialista del pacto de gobierno a Juan Carlos Marset y María Isabel Montaño en distintas etapas para Cultura, y a Ana Gómez para Asuntos Sociales. Para la delegación de Empleo colocó a dedo a Carlos Vázquez, el edil de IU que provocó una gran polémica al formar parte de un piquete violento en una huelga general.
Juan Ignacio Zoido apalabró en 2007 el fichaje como responsable político de la Policía Local de Antonio Bertomeu, comisario de la Policía Nacional que había sido jefe superior en Andalucía y que entonces se hacía cargo ya de la seguridad en Renfe. Pero ya se sabe que Zoido quedó orillado del poder tras aquellas elecciones por la renovación del pacto entre el PSOE e IU. La opción de Bertomeu se perdió. Y en 2011 negoció la entrada de otro curtido comisario de la Policía Nacional, Demetrio Cabello, al que el alcalde ha endosado también los asuntos de tráfico y transportes, con lo que le gusta al sheriff un policía y lo poquito que le apasionan los tejemanejes de Tussam y los carriles de dirección única. A Zoido le corresponden tres ediles no electos en función de la ley de su padrino Arenas, pero sólo ha nombrado a uno, probablemente porque no se entendería que sumara hasta tres más (con sus correspondientes sueldos de entre 50.000 y 60.000 euros anuales) cuando tiene la insólita cantidad de veinte concejales. De hecho ya se le discutió que tuviera que buscar fuera del equipo de concejales electos al delegado de Seguridad y Movilidad, cuando tenía y tiene dentro algunos perfiles tan apropiados para este puesto como Curro Pérez o Ignacio Flores.
En los grandes ayuntamientos se ha seguido esta práctica de meter delegados por la gatera siempre que ha sido posible. Ha habido casos en que determinados profesionales ni siquiera se han querido incorporar a tareas de gobierno ni aun asegurándoles no tener que probar el cáliz de una campaña electoral. Pero este escaso entusiasmo por la política entronca más bien con los bajos sueldos asignados a las concejalías en comparación con los de directivos en la empresa privada. De hecho, Juan Alberto Belloch ha reconocido este fin de semana que quiso fichar a un delegado de Economía para el Ayuntamiento de Zaragoza de acuerdo con la Ley de Grandes Ciudades y que ninguno de los tres profesionales de prestigio con los que contactó aceptó el ofrecimiento. Ahora resulta que el Tribunal Constitucional, ¡diez años después!, considera que la ley del campeón Arenas lesiona el precepto constitucional que dicta que los concejales han de ser elegidos por los ciudadanos, lo que pone en jaque a dediles como el solvente Demetrio Cabello, cuyo perfil de hombre duro y por fortuna ajeno a los códigos de los políticamente correcto se suavizó la pasada Feria por el relato del pavo perdido y encontrado en la glorieta de las Cigarreras. Mira que si el TC nos quita a Cabello, adónde estaré Dios mío la próxima primavera con una Feria sin sheriff, sin pavo y sin esas ruedas de prensa que han sido la sal y la pimienta de la fiesta. A Cabello se le conoce ahora por la frivolidad del relato del pavo, pero sería injusto no reconocer su valor en otras situaciones, como cuando soportó la reacción airada de policías que estaban manifestándose en la Plaza Nueva o su estilo directo al llamar a las cosas por su nombre tras la difusión de la fotografía de los dos incautos agentes exhibiendo el fajo de actas de coches retirados por la grúa: “No son dignos de vestir el uniforme”.

Indulgencia y penitencia

Carlos Navarro Antolín | 29 de abril de 2013 a las 11:14

Alguna lápida debería premiar con indulgencias totales o parciales la asistencia a los plenos del Ayuntamiento, soporíferas exhibiciones de política low cost donde se golpea la lengua española, se subliman los planteamientos ridículos, se abusa del y tú más y se manosean con una facilidad pueril los asuntos de la política nacional para tratar de sacar rédito (risas en off) en el ámbito local.
Una concejal veterana ya como Josefa Medrano (IU) perdió varios minutos en exigir una corrección tan fundamental en la gestión de la ciudad como que el distrito Bellavista-La Palmera sea así denominado y no como el distrito La Palmera-Bellavista. Es lo mismo, pero no es lo mismo, como dijo aquél. Medrano aludió poco menos que a los años de lucha vecinal para conseguir tan preciado trofeo de la justicia social. Los fachas de La Palmera que vayan citados por detrás, ¡hombre ya! El socialista Juan Manuel Flores, líder de la oposición interna al líder de la oposición (han leído bien), refirió a la Cospedal y a los nazis en su intervención en la moción de reprobación a la consejera Cortés, la que se despachó en su primera audiencia con notarios y registradores dejando claro su ateísmo en materia de propiedad privada.
Por fin oímos al concejal Rafael Belmonte, destinado por Zoido al inclemente frente de Bellavista. Yseguimos esperando la oportunidad de conocer el timbre de voz de algunos miembros del gobierno. El alcalde hizo la estatua. No habló en todo el Pleno. Por eso Torrijos le llamó en varios ocasiones “el alcalde mudito”, que suena a título de novela. Y Espadas se abonó a la gracieta de Torrijos. No fue la única vez que le siguió la rueda. Torrijos también puso al alcalde de perfecto delegado de Fiestas Mayores: “No se pierde un sarao. Pero gobernar, no gobierna”.
Juan Bueno denunció los 47.000 desahucios siendo Juan Espadas el consejero de Vivienda de la Junta. Mirando al galeno Flores le indicó que el responsable de aquello estaba “abajo a la izquierda”, en alusión al lugar en la bancada del portavoz socialista. Espadas se envolvió en una halo de misterio antes de anunciar la extracción de un conejo de la chistera: una fotografía de Zoido jugando al tenis en los preparativos de la pasada final de la Davis. Dijo que Zoido aparecía dando un revés. Error. Era un drive. Que esto sí que no es lo mismo, no como lo de la Medrano con la Palmera y Bellavista.
Un grupo de taxistas increparon al sheriff Cabello, delegado de Seguridad y Movilidad. Fueron desalojados de forma pacífica. Trabajadores de Mercasevilla protestaron en la Plaza Nueva. Yel Defensor del Ciudadano, José Barranca, se tragó otro Pleno. Recibió más elogios a su informe de gestión, máxime tras la foto de los dos policías locales jactándose del fajo de actas de la grúa, lo que confirma las desaplicaciones en el cuerpo.
La oposición arremetió con habilidad contra el gobierno en materia de vivienda usando los últimos datos del informe de la Defensora del Pueblo Español, Soledad Becerril. Si el PSOE e IU se tomaran la molestia de leer el informe de Barranca, podrían apretar aún más la puya no usando ya a una figura de prestigio como la de la ex alcaldesa, sino al propio Defensor designado por Zoido. Pero eso sería altura de miras. Al final hay que agradecer que no se televisen los plenos. Mejor que en la emisora local sigan reponiendo la cinta de la Semana Santa de 2010. Penitencia para ganar indulgencias.