Carlos Navarro Antolín | 18 de enero de 2013 a las 12:01

De los comités ejecutivos de los partidos sólo vemos la foto inicial del jijií y del jajajá del baranderío de turno poniendo la sonrisa profidén ante papeles que no sirven para nada y platitos con caramelos de cortesía de los que ni quitan la tós. Pasados los minutos de puertas abiertas, suena el extra omnes. Y es cuando comienza a asarse la manteca. El PP sevillano celebró no hace mucho un comité ejecutivo del que algunos salieron algo inquietos por la cantidad de veces que uno de los dirigentes del partido se refirió al vicepresidente de la Junta de Andalucía, Diego Valderas, como el butanero. Que si el butanero es el que manda, que si el butanero se está metiendo en la cocina de San Telmo, que si el butanero se está comiendo a Griñán, que si en el PSOE no van a saber parar al butanero… La criatura se cebó con la referencia al antiguo oficio de Valderas. Y, claro, hay algunas sensibilidades mucho más centradas dentro del partido que consideran que esa no es la forma de desgastar al rival político y que conviene aplicar la máxima de no decir tacos en casa si no se quiere que al niño se le suelte la lengua en la calle. En el PP sevillano hay quien defiende que el desgaste debe venir por los recortes a la concertada, en cuyos colegios hay muchos, muchísimos, hijos de socialistas. Y respecto a IU, bastaría con aplicar la estrategia de acoso que el PP puso en marcha cuando Torrijos gobernaba el Ayuntamiento: escudriñar los viajes (como el de Valderas a Palestina), denunciar las colocaciones, hacer patente la duplicidad de estructuras en la administración autonómica como consecuencia del pacto de gobierno y evidenciar ante el votante socialista que su partido está sostenido por una izquierda que se tira al monte de la radicalidad. Pero en ningún caso perderse en adjetivos chuscos y alusiones poco afortunadas que terminan por trascender de tanto usarlas. El PP triunfó en las municipales con el anuncio protagonizado por un tendero del barrio de Su Eminencia. Y en sus filas tiene a ilustres fruteros y carniceros. Referirse a Valderas como el butanero es quedarse a medio gas. O lo que es mucho peor: es enseñar el pelo de la dehesa.
Carlos Navarro Antolín | 12 de enero de 2013 a las 5:00

Si el cliente no va al palo de nata, el palo de nata va al cliente y sale a buscarlo en mitad de la calle. Todo el mundo a trabajar el palo de nata en la misma Avenida de la Constitución, en la mejor esquina de Sevilla, según presumía Don Manué cuando quería disparar el precio de la renta de su local.
–¿Don Manué?
–Sí, el dueño de esa finca. Uno que fue presidente del Betis, a. A. (antes de Alaya).
Ay, si Don Manué viera ahora la mesa de playa con las palmeras de huevo y los palos de nata a 50 céntimos de euro en esa mejor esquina de Sevilla, la misma por la que hasta hace poco pedía un alquiler por las nubes, por los cirros, por los nimbos y por los cúmulos. En 2013 hemos vuelto a recordar al tío de los perritos y de los toritos que en los años setenta y ochenta desplegaba su mesa en la acera de la Catedral y se hartaba de vender a los japoneses los simpáticos animalitos que vibraban a cuerda, cuando no existían tornos para turistas, tan sólo una taquilla a los pies de la Giralda donde se vendían los billetes para subir al alminar. Ahora vuelven las mesitas y vuelven las cajas de cartón, pero no las colocan los ambulantes, sino la misma cafetería de esa mejor esquina de Sevilla. Estamos que tiramos los palos de nata, oiga. En el retroceso a la Sevilla ochentera, cualquier día el alcalde pinta de nuevo los autobuses de Tussam de blanco y azul con su raya roja en la mitad. Y los taxis del elegante negro con la franja amarilla. Ya tenemos el espíritu del mercadillo del Charco de la Pava justo enfrente del gótico de la Puerta de San Miguel. La esencia del mercadillo del Parque Alcosa a tiro de tranvía. El estilo de venta del tío de los mostachones de Utrera en los vagones del Cercanías en el mismo corazón de la ciudad. Sólo faltan el tío de los higos chumbos en la esquina de García Vinuesa, junto al que ya vende el incienso y las pastillas de carbón, y el tío de las tajaditas de coco bajo el chorrito de agua delante del Banco de España. La cosa va de tíos. Decían que la Avenida se terciarizaba porque los bancos han huido en los últimos dos lustros y los cafés se han apoderado de los principales locales haciendo la milla de oro del Catunambú. No es que se terciarice la Avenida, es que se vulgariza directamente. En vez de perritos, palmeras. En vez de toritos, palos de nata. Ni siquiera una vitrina cateta al estilo rococó del Laredo para embellecer tan espontánea ocupación de la vía pública. El velador multiusos a modo de mesa de playa y las cajas de cartón con el precio puesto a rotulador. ¡Al palo, al palo de nata de saldo en la mejor esquina de Sevilla! Si es que están por darle más disgustos a Don Manué, d. A. (después de Alaya).

Carlos Navarro Antolín | 10 de enero de 2013 a las 20:05

El 26 de mayo de 2011 era jueves en el calendario. Y un desangelado Juan Espadas, que venía de registrar los peores resultados de un partido que ganaba en Sevilla poniendo a una cabra de cabeza de lista (el impagable Guerra dixit), mordió la esclavina de su capote hecho jirones por las cornadas del PP de Zoido, salió al ruedo y proclamó sobre sus concejales: “La candidatura está absolutamente comprometida con el proyecto, ya sea en el gobierno y en la oposición. Me lo han ratificado todos los miembros. Aquí no hay huidas ni proyectos personales, sino un equipo político”. Espadas se revistió así de pitonisa con un oráculo que pretendía acallar los rumores de decenas de militantes doblemente descontentos esos días, tanto por una lista electoral que excluyó a los secretarios generales de las once agrupaciones como por el posterior batacazo electoral. Nueves meses después se marchó Eugenio Suárez Palomares, número tres de la lista, magistrado y abogado que no necesitaba de la política ni para vivir ni para tener coche con chófer, harto quizás de un grupo municipal mortecino, con concejales con los pies pesados como el ejército de Napoleón en la nieve rusa y con un portavoz obligado a estar ausente dos días a la semana por su responsabilidad como senador. Ahora se marcha la número dos, Mercedes de Pablos, símbolo de la elogiada apuesta por los independientes que hizo Juan Espadas. Hagan las cuentas: no están ya ni la dos, ni la tres. Dos dimisiones previsibles una vez que en las elecciones municipales no sólo perdió el PSOE un ayuntamiento más, sino el mayor bastión del poder municipal en el sur de España. Los concejales de la oposición socialista abandonan el palomar como en su día se fueron los del PP en 1999 cuando Rojas-Marcos entregó la Alcaldía a Monteseirín en un despacho de la calle Castelar. Nada nuevo bajo el sol. La oposición quema, el sueldo es de 30.000 euros (frente a los 50.000 del gobierno) y los codazos internos por arañar titulares en la prensa y copar los buenos temas están a la orden del día. El que se lo puede permitir ni siquiera cobra del Ayuntamiento, sino de su trabajo particular para no perder poder adquisitivo, y en cuanto puede coge carretera y manta. Ya ni siquiera hay dietas por la asistencia a los consejos de administración, que contribuían a pequeñas alegrías en una nómina paupérrima, y los periodistas están más pendientes de las acciones de gobierno que de lo que se cuece en la oposición. El oráculo falló. A Espadas ya se le han ido dos concejales, como también se le han ido dos asesores. Habrá que tirarse al campo y recuperar a la cabra.
Carlos Navarro Antolín | 9 de enero de 2013 a las 5:00

Iñaki Azkuna pasaba por Sevilla para ver la exposición de Murillo cuando le cayó la petalada del título de mejor alcalde del mundo. Pura casualidad. O no, que diría uno con barba. La celebración improvisada (o no) incluyó como fondo la Giralda. El alcalde de Bilbao subió a la azotea del Ayuntamiento sevillano y, con la melodía de fondo del desmontaje del mapping, que equivale a la desarmá de los palcos de la Navidad, redujo didácticamente la política a un do ut des: “Yo te doy, tú me das. Yo te presto, tú me prestas. En eso consiste esto”. Por eso confesó sin complejos que le gusta cuidar sus relaciones con la capital de Andalucía y, en especial, con la Fundación Focus Abengoa. No se olvide que Azkuna tiene un museo que alimentar, el Guggenheim, una pinacoteca que en buena medida le ha valido el título que concede la Fundación City Mayors. Dicen que también le avala el meritazo de tener el Ayuntamiento de Bilbao con una deuda a cero, mientras que en Sevilla la losa que se debe a los bancos es de 518 millones. Y creciendo. El jurado del balón de oro de la política municipal pondera que Azkuna ha logrado transformar una ciudad industrial, “fea y sucia, como dijo Hemingway”, en una ciudad más limpia, más transparente y de servicios: “La verdad es que ha sido complicado. En los años ochenta tuvimos una crisis en la que todo el tejido industrial se vino abajo y hubo que empezar de nuevo”.
Sevilla aguantó la crisis de los ochenta, la depresión posterior a 1992, ahora anda rozando los 90.000 parados y, puestos a hablar de limpieza, la ciudad lleva meses sufriendo las amenazas de huelgas indefinidas de la sociedad municipal de limpieza, cuyo comité de empresa se niega al recorte de un 5% en las nóminas de los trabajadores y a trabajar dos horas y media más a la semana. Sevilla pareciera como Sísifo… pero sin ni siquiera llegar a subir la roca a la cima de la colina. Siempre abajo, aplastada quizás por el pedrusco de su propia indolencia, marca de la casa.
Azkuna dijo que la transformación de Bilbao ha sido posible por la “paciencia, tenacidad y perseverancia de los bilbaínos”, virtudes que cualquiera de buena fe podría atribuir a los sevillanos tras aguantar obras faraónicas sin sentido, derroches de dinero público con publicidad y alevosía, continuas subidas de tasas e impuestos, la huida de grandes empresas y un amplio catálogo de corruptelas tanto de corbata como de baja estofa que huelga citar para no alargar la letanía. Pero, aquí, la transformación duró lo que duró el motor de la Expo. Y ahora la ciudad vive al ralentí, capitalizando las sobras del mandato anterior (Lonja del Barranco, ampliación de Fibes) , a la gresca con la Junta (Decathlón, Gavidia) y cultivando la política de infantería o ilusionista a falta de dinero (policías contra la prostitución, refuerzo de Tussam los días de partido, bonobuses para béticos y sevillistas, luces de Navidad, reparaciones en las aceras de los barrios, etcétera).
Azkuna presumió del tranvía bilbaíno. Y le echó un piropo al Metrocentro sevillano, el que inventó el socialista Monteseirín y por el que el Ayuntamiento de Sevilla sigue pagando el crédito al ICO: “He visto que en Sevilla tienen tranvía. ¡Ole!” Se hizo el silencio. Como en la Maestranza. Hasta el Giraldillo miró para otro lado. Y el alcalde de Sevilla, presidente también del PP andaluz, aguantó el tirón. Cortesía obligaba.
El político peneuvista elogió a los alcaldes de pueblos pequeños, a los que quiso dedicar su título, esos alcaldes sin que sacan adelante sus consistorios sin presupuesto, sin asesores, sin policías, sin bomberos. Azkuna preside el Ayuntamiento de Bilbao desde 1999, aunque solamente con mayoría absoluta desde mayo de 2011. Zoido preside con mayoría absolutísima el Ayuntamiento sevillano. Azkuna se hizo la foto del día con la Giralda de fondo, una habilidad de Zoido, porque Azkuna se fue desde la Plaza Nueva a San Telmo para ver al presidente Griñán, otro que no tiene la deuda precisamente a cero, y alguien musitó: “Ya lleva la foto hecha. Porque Griñán no tiene Giralda para contrarrestar nuestra foto”. Y Azkuna… Azkuna será el mejor alcalde del mundo, pero no tiene mapping. El mapping es nuestro. Como el mundo. Eso es así.
Carlos Navarro Antolín | 7 de enero de 2013 a las 5:00
Dicen que la res brava que busca las tablas con querencia al amorcillamiento y a acularse es la que más peligro encierra en los últimos hálitos de vida. El manso moribundo lleva la mala idea en los pitones aunque parezca imposible que pueda causar daño el animal que aparentemente no encierra ya ninguna ambición, sino que él mismo representa la muerte en vida. La Navidad siempre busca las tablas el día de reyes, justo en su jornada más inocente, más blanca, más infantil y con menos aristas en el calendario de una fiesta larga como una cofradía de barrio. Justo en esas últimas horas es cuando cobra más importancia el ritual establecido, la liturgia mil veces repetida, los preparativos más veces pensados. Porque de ellos depende, al menos en lo teórico, la ilusión de los niños. Y de los mayores que disfrutan de la moviola de sentirse niños de nuevo. Qué cara se le puede quedar a un rey mago que pierde los regalos por el camino. Reyes magos se ven a pie, postrados, a camello, a caballo, en barco, en tranvía, con gafas, sin corona, con turbante… Pero lo último es un rey mago sin presentes.
Pues depende. Porque todo depende. Un sevillano cabal, de los que es entrevistado habitualmente en los diferentes periódicos de la ciudad, al que los telediarios nacionales consultan sus opiniones como oráculo preciso en tiempos de zozobra, se dejó buena parte de los regalos de reyes extraviados en una glorieta de La Rinconada en la misma mañana del 6 de enero, cuando venía de participar en una cabalgata de la provincia. Tuvo que parar el vehículo por una contingencia familiar y remover los objetos del interior del maletero. Emprendió el camino, cayó en la cuenta del olvido, retornó al lugar… y no hubo nada. Ni siquiera el famoso dinosaurio del cuento. No hubo nada. En sólo veinte minutos habían desaparecido los oropeles de la fiesta, la supuesta salsa de la Epifanía que son los obsequios que generan el entusiasmo del niño. Y del adulto. Porque la fiesta eminentemente infantil por antonomasia siempre guarda para sí una sonrisa de niña ante el Melchor de 1983. Todo quedó en una glorieta de la provincia por esas ironías del destino. Esa Navidad de las últimas horas tuvo el peligro de la res mansa que en un plisplás acaba con la mejor faena elaborada en las vísperas con paciencia de prioste. Los reyes que perdimos… en una glorieta rinconera. Veinte minutos bastaron y el amigo de lo ajeno se llevó la máquina registradora infantil, el juego de dados de fieltro para el bebé, la gargantilla de plata con la imagen mariana de devoción universal y hasta un bono de fin de semana en alojamiento rural.
La mirra se quedó en la cuneta. Una de las miles historias particulares de una fiesta universal. La respuesta para semejante encrucijada emocional está en la memoria heredada. “No tengáis apego por la cosas materiales”. Quién sabe si esos reyes se perdieron, o quisieron perderse para generar una alegría inesperada. Los reyes son magos. Y majos. Ojalá la gente robara más libros en este país, dijo aquél. Y la mansedubre, sobre todo la inherente al día más blanco de las pascuas que destellan en el oro bordado del que está en San Lorenzo, también evoca lo sosegado y apacible. Los reyes que perdimos conducen a la memoria que ganamos. Lo dijo el padre a los hijos y diez veces lo repitió: “No tengáis apego por las cosas materiales”. Toda glorieta, al fin, ofrece siempre varios destinos. Quiso la Navidad esquiva irse a rematar en las tablas de la memoria. Y la memoria es como hablarle al eco desde el precipicio: siempre responde. Sólo hay que preguntar. Poner el intermitente y tomar la salida correcta. Los reyes no se quedaron en la cuneta. Seguro que llegaron a su destino y cumplieron con su objetivo. Escrito está.
Carlos Navarro Antolín | 2 de enero de 2013 a las 20:22

Se puede tomar placebos el enfermo, analgésicos, cambiar diez veces de posición en la cama y tener barra libre de visitas dado lo precario de su salud, que seguirá enfermo. Muy enfermo. Lipasam huele mal desde hace tiempo. Se trata de la empresa municipal con peor índice de sostenibilidad. Tan sólo es capaz de cubrir con ingresos propios un 5,5% de sus gastos. Es decir, el enfermo está terminal y se mantiene a base de la respiración artificial de las transferencias, conectado a las arcas municipales un día sí y el otro también para no ahogarse en el cieno de unas cuentas insostenibles. Si Lipasam fuera una empresa privada, hace tiempo que su esquela habría sido publicada a grandes módulos. La última memoria oficial de la sociedad, correspondiente a 2011, es muy reveladora. El número de trabajadores ha crecido casi un 1% desde que gobierna el PP. Hay 1.571 empleados, de los que 1.377 conforman la plantilla y 194 son temporales. Conclusión: el 87,6% son fijos. La plantilla ha crecido un 1% por efecto de las contrataciones de eventuales que se realizaron con la nueva gerencia nombrada por el PP. Las prestaciones sociales que mantienen los trabajadores son dignas de lectura en horario de adultos en la España que se aproxima a los 6 millones de parados. En este contexto se convoca por tercera vez una huelga indefinida porque no se acepta una reducción del 5% de la nómina ni se acepta trabajar algunas horas más en Semana Santa o Feria para alcanzar las 37,5 horas semanales. El gobierno, de entrada, dice que no aguantará más chantajes y ha sacado a relucir el sueldo medio de un trabajador de Lipasam: 30.885 euros anuales. Este mismo gobierno ya se ha tragado el sapo con otros colectivos de vital importancia para el funcionamiento de la ciudad, caso de la Policía Local, abriendo la caja mágica de las ‘productividades’ para camuflar subidas de sueldo y evitar problemas mayores, menores y de medio calibre. ¿No recuerdan que en el presupuesto de 2013, aprobado por el Pleno municipal en las vísperas del sorteo de lotería de Navidad, hay preparados hasta 17 millones para el pago de esas productividades? Ojo a esa partida, que son los comodines de la baraja del presupuesto de Doña Fley. Si Lipasam no se sostiene, que no se sostiene, sólo cabe una pregunta: ¿Será capaz el gobierno de sostenerse a sí mismo o acabará cediendo y barriendo para sus intereses cortoplacistas? ¿Asumirá el gobierno el coste de una ciudad con bolsas de basura apiladas por las calles, como ocurrió con la vecina Jerez? Lo productivo es aguantar el pulso. Pero también están las ‘productividades’. Barrer o ser barrido. La cosa va de escobas.
Carlos Navarro Antolín | 21 de diciembre de 2012 a las 17:21

Dicen que el poder iguala a las personas. Incluso a las más diferentes. O aparentemente diferentes. En el año 2005, siendo alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín (marchando cuarto y mitad de gerundio de lápida), el presidente del PP andaluz, Javier Arenas, comenzó a confirmar a Jaime Raynaud como candidato a la Alcaldía en las municipales de 2007. Arenas convocaba a los concejales los sábados por la mañana en el Hotel Inglaterra y les soltaba la correspondiente arenga. Por supuesto, siempre reforzaba a Raynaud ante el grupo municipal y ante los medios en el teletipo posterior. “Hoy por hoy Jaime Raynaud es nuestro referente en el Ayuntamiento”. “Hoy poy hoy no nos planteamos otra opción”. “Hoy por hoy es la mejor alternativa al gobierno de PSOE e IU”… Y Javié iba dándole salida al surtido variado del hoy por hoy en sus diferentes modalidades, sin olvidar la que incluía el escenario, que es una de mis favoritas: “Hoy por hoy no contemplo otro escenario para la candidatura”. Algunos decían que tanto repetir el hoy por hoy era una técnica subliminal del lince de Olvera para congraciarse con el Grupo Prisa. Cuando llegó la tarde del Corpus de 2006, se acabó el hoy por hoy… de tanto usarlo. Un teletipo anónimo tumbó las aspiraciones de Raynaud, un político serio, solvente y riguroso, pero que no terminaba de despegar en las encuestas. Le aplicaron el hoy por hoy de los presidentes de fútbol cuando quieren mandar al entrenador al frío de la calle. “Hoy por hoy fulanito es el entrenador”. Cierto presidente sevillista tal como soltaba su ración de hoy por hoy y dejaba la sala de prensa, estaba dándole instrucciones a Recursos Humanos para confeccionar el finiquito del míster.
El pasado lunes se celebró el denominado Consejo de Coordinación de la capital del PSOE de Sevilla, donde estuvieron los barandas del partido y cuyo objetivo, se supone, es aupar al líder de la oposición en el Ayuntamiento, Juan Espadas, al que esta vez colocaron perfectamente en la foto. Nada de sentarlo en una escalera, que eso es malo para la columna. Las lenguas viperinas dicen que este consejillo en realidad es el Observatorio de Juan Espadas que ha montado La Que Manda en el PSOE para ver su evolución en el palomar y someterlo a examen. El caso es que Susana Díaz intervino en la sesión, cómo no, y se hartó de referirse a Juan Espadas como futuro candidato a la Alcaldía en 2015 con el hoy por hoy como estribillo principal. Ojú. El presidente provincial del partido, Fernando Rodríguez Villalobos, también le dio hilo a la cometa del hoy por hoy. Así que ya saben ustedes. El hoy por hoy es, en fin, una medida de tiempo perfecta. ¿Cuánto dura un hoy por hoy? Ya lo dijo aquel: lo mismo que un salivajo en una tabla de planchar.
Carlos Navarro Antolín | 20 de diciembre de 2012 a las 18:31

Qué alegría, qué alboroto. Esta mañana han llegado a la Gerencia de Urbanismo dos pedazos de cestas de Navidad con lazos rojos y sus correspondientes tarjetones. Ahí las tienen en la caseta de seguridad, esperando a sus beneficiarios, bien colocaditas a la vista de los cuatrocientos trabajadores del organismo autónomo. Cuánta mayor era la decadencia del imperio, más grandes eran las estatuas. Cuanto mayor es la crisis, más grandes son las cestas. El problema es que son cestas modelo merienda campestre, cerradas, con sus tapas y su pestillo. Son un modelo de cesta discreta, como esos anuncios que usted lee que llevan incorporada la coletilla en letra pequeña: discreción. Con tanta discreción no vemos si tienen la consabida y nunca bien ponderada lata de espárragos, los melocotones en almibar, la botella de Licor 43 y la tableta de turrón El Lince, lince protegido naturalmente. Según los finos analistas, en estas cestas no cabe un jamón. Si acaso, una paletilla de supermercado franquiciado. Todo lo demás, morcones, que rima con tarjetones… y con melocotones.
-Oiga, haga el favor de ir a lo serio.
-Voy.
Pues eso. En esas cestas tienen los brotes verdes que vaticina el PP, una muestra adelantada del comienzo del crecimiento para 2014 que augura Rajoy, la señal para crear confianza en los mercados (de abastos). Hay quien sigue mandando cestas de Navidad a la Gerencia de Urbanismo. Menudo titular periodístico que, como la buena melva, se defiende solo, sin mayonesa de subtítulos. Y eso que este organismo autónomo estaba en números rojos, según su concejal delegado, señor Vílchez. Urbanismo sigue siendo la reserva espiritual de los grandes años de la economía, la lamparilla encendida que marca dónde hay que agradecer el trato recibido o agradar al señorito del que depende mi licencia. Qué alegría pensar que todo no está perdido, que aún queda algún constructor agradecido. Urbanismo resiste como la aldea de los locos galos en un Ayuntamiento invadido por la crisis con una deuda de más de 500 millones. Si hasta la caracola enmoquetada de la Cartuja siguen llegando cestas, no todo está perdido. Ahí comienza la reconquista. Aceptamos cesta de Navidad en Urbanismo como brote verde de la economía. Pero conste que es cesta modelo discreción. Que aquellos años en los que los jamones corrían de una caracola a otra y había que poner un guardia para regular el tráfico de ibérico, ay, aquellos años son como las golondrinas. No volverán.
Carlos Navarro Antolín | 18 de diciembre de 2012 a las 21:19

No habrá primarias en el PSOE. El presidente Griñán dice que sería una frivolidad. Y la política ya está suficientemente cargada de frivolidades. Y de las majaderías de un tal Tomás Gómez. La foto que remite un socialista del acto celebrado el pasado viernes en la agrupación Cerro-Amate ilustra a la perfección el momento actual del PSOE. Sin primarias, todos sentados. A esperar. Aunque sea en una escalera. De Rajoy nunca se sabe si la sube o si la baja. En el PSOE se sientan directamente en ella. Ya sea un ex presidente de la Junta, un aspirante a alcalde en la agrupación que dirige uno de sus concejales o un ex presidente de la Diputación. Todos a sentarse en la escalera. Unos por humildad. Y otros porque nadie les ofrece un sitio en primera fila. Depende.
A Alfredo Sánchez Monteseirín, que anda estos días recuperando sus paseos por el centro de Sevilla, le preocupa que medio mundo aconseje al otro medio que en los tiempos que corren es mejor quedarse quietos. Alfredo es un polvorilla. No debe gustarle eso de sentarse en la escalera. Sino frecuentar ese entorno de la Plaza Nueva donde hasta hace poco era mejor que no se dejara ver. Un viandante le espetó el otro día en Gamazo:
-Lo feliz que se le ve al tío…
Y el tío verdaderamente lo estaba. Probablemente porque ya bajó la escalera donde otros ahora se sientan. Y probablemente también porque ya no tenga escalera en la que acomodarse. El que se mueva de peldaño, no sale en la foto. Ahí tienen un cartel bien rematado: Borbolla, Espadas y Navarrete. Y al micrófono estaba Alfonso Guerra, que ya no llena los mítines, pero al menos pone a reventar las escaleras. Que no es poco, oiga. Cuando Julio Iglesias dejó de llenar los estadios le organizaron conciertos con señores cenando a mesa y mantel. El caso era seguir actuando. En el PSOE los hay que quieren seguir cantando, que ya no pueden cantar y también que dan el cante. La escalera es un símbolo, como la tortilla. Pero no son tiempos de frivolidades. Palabra de Griñán. Amén.
Carlos Navarro Antolín | 17 de diciembre de 2012 a las 0:05
La clave del gato encerrado del gobierno de los 20 concejales no está en que te cuelen el presupuesto en mitad del puente celeste de la Purísima con el turisteo nacional trabajando el montadito. Ni tampoco está en que el gobierno de la mayoría absolutísima, que rima con Purísima, cuele los formularios del tasazo judicial en las páginas del BOE… de un sábado. El sábado, sabedete, Gallardón nos la mete. Se dice que hay ‘agosticidad’ cuando se sacan del cajón en pleno agosto los decretos que afectan al bolsillo. Lo de Gallardón es una nueva modalidad. Política de sabatina, por no salirnos de la ortodoxia, no vayan a acusarnos de déficit de eclesialidad. Ojú. A Gallardón se le dirá lo que se le quiera decir, pero el hombre ha conseguido que el Colegio de Abogados agarre la pancarta cual torero la esclavina y salga a los medios de la vía pública a manifestarse contra el tasazo, que ya estaba bien eso de manifestarse intramuros, en el patio del colegio, que hace tiempo que sonó ya eso de la libertad sin ira.
Pero donde el PP nos la ha colado bien colada (la piña) ha sido este fin de semana. El delegado de Urbanismo de la mesura, de la tila alpina y de las grageas de valeriana, nos ha metido cuarto y mitad con el convenio de colaboración que va a firmar el Ayuntamiento de Sevilla con las siguientes compañías: Telefónica Móviles España, Vodafone España, France Telecom España y Axion Red de Banda Ancha de Andalucía. ¿Y todo para qué? Para que los sevillanos tengamos cobertura en los móviles durante la Feria de Abril. Ni un sevillano sin caseta, ni un sevillano sin cobertura en el móvil. Para que ni usted ni yo podamos presentar en fase de alegaciones ante el gorrón de turno aquello de no te pude recibir en mi caseta porque me quedé sin cobertura. Sólo falta que el reverendo Maximiliano, concejal de Urbanismo, regale cargadores de baterías de móviles y no podamos ya alegar ni siquiera la falta de pilas. Y nos lo cuelan en sábado. El PP se carga la esencia de la Feria, nos recorta la capacidad de regate y atenta contra las libertades del feriante. Si al final tiene razón Torrijos, mente preclara de la política municipal: nos estamos plegando a las grades compañías. Diga usted que sí, don Antonio. La derecha nos obliga al extremisno. ¡A apagar directamente los teléfonos!