Carlos Navarro Antolín | 23 de mayo de 2013 a las 5:00

¿Dónde estaba el Defensor cuando Zoido hizo su balance? No nos referimos al Cura Chamizo, que estaba el martes almorzando con el socialista Alfonso Rodríguez Gómez de Celis en El Copo y al que ya le están buscando sustituto. A Chamizo se lo buscan, no a Celis. Aunque si La que Manda en el PSOE pudiera, ya le hubiera buscado también sustituto a Celis, ¿verdad Alfonso? Pero no nos desviemos de la ruta, que el Defensor al que echamos en falta en el Salón Colón no fue al cura que más visita el Cairo (el bar, no la capital egipcia), sino a José Barranca, el Muy Incómodo Defensor de la Ciudadanía que canta las verdades del barquero en su informe anual que lee ante el Pleno en los diez minutos recortados que le concede Landa, ¿pero anda o no anda este Landa? Ojú.
¿Se olvidó la derecha de invitar a Pepebarranca a un acto tan preparadísimo? Ponemos cara avinagrada de Mouriño: ¿Por qué? Si estaban todos los gerentes de las empresas, con Jesús Maza por delante, recién lesionado y todo, yendo el hombre con las muletas que le van a dejar sin chaqué y sin farol de mano junto a la Custodia el Jueves de Corpus. Si estaban varios directores generales, incluido Joaquín Peña, al que ya le han perdonado que un día osó presidir el PP de Sevilla sin la bendición del aparato. Si estaban los directores de distritos, el personal de confianza del Alcázar, el gerente de Urbanismo, Petronio de las caracolas cartujanas; el gerente de la Agencia Tributaria que puso el PSOE y que el PP ha respetado, estaba hasta el concejal Pepelu con nuevo look de ejecutivo de Banesto tras haber acompañado a la carreta de Sevilla Sur con estética de jornalero del SAT… Qué mala pata que no vimos al bueno de Pepebarranca, el comandante de Caballería que cuenta los baches de la calle Cuna, que atiende a quienes reclaman el piso que les prometió Zoido en campaña, que le echa lo que hay que echarle para decir que la Policía Local no es amable con el ciudadano, que asume tantas tareas ingratas desde la independencia. Jugábamos a buscar a Wally en los oropeles del Salón Colón y Wally no estaba. Sería que andaría por la bulla de los codazos de los agradadores del poder, pero no lo vimos. Cosas de la miopía, de la que últimamente hay una oleada de casos en la Sevilla donde nadie ve nada. ¿Pues no dijo el presidente del Consejo que no vio la que se montó entre Los Panaderos y La Lanzada? ¿Pues no dijo la autoridad eclesiástica el día del vía crucis fallido que no había visto la salida desafiante del paso de Torreblanca? No vimos a Barranca como no vemos a los inversores que han de llegar a la ciudad, que deben ser como los del celebérrimo Pregón, inversores que vienen “pero nunca pasan”. El alcalde explicó las ausencias de Gregorio Serrano y Asunción Fley, apagando fuegos en Fibes; agradeció la labor de los diez mil trabajadores del Ayuntamiento, destacó la tarea de algunos gerentes que se encontraron telarañas empadronadas en las cuentas, se hartó de referencias personales, siguiendo su estilo campechano; pero, ay, no dijo nada de Barranca. ¿Lo han borrado del mailing? ¿Será que no ha elaborado un informe de 109 folios sobre los problemas de la ciudad? ¿Serán acaso los fríos que emite el ventilador del poder cuando está escocido? Será que nos afecta la miopía que asuela la ciudad.
Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2013 a las 18:00

Saber interpretar el momento actual es clave para cualquier mandatario. El de 2011-15 no es un mandato municipal para hacer nuevos puentes en la Cartuja, sino para que los autobuses municipales lleguen a su hora, aumenten la velocidad comercial y los conductores cobren sus nóminas el primer día del mes. El de 2011-15 no es un mandato para ventear el humo de grandes proyectos que se sacan al escenario como marionetas interesadas para distraer la atención o como munición de titulares entre administraciones, sino para que la calle Cuna deje de tener ochenta baches, se busquen inquilinos para los 150 locales de Emvisesa o las calles tengan un grado de limpieza aceptable que alivien la etiqueta de Sevilla como ciudad sucia. Este mandato no es para hablar de grandes rondas, ni para marear la perdiz de líneas del Metro imposibles ni para seguir agitando las aguas de un río del que varias generaciones de la ciudad están hartas ya de leer y oír que debe ser la calle ancha de la ciudad, sino para poner orden en cuestiones domésticas, tratar de que las calles no sean territorios preferentes para los veladores, que la Policía Local sea un cuerpo verdaderamente al servicio de los ciudadanos y que los parques sean espacios acogedores en los que conviven peatones, ciclistas y mascotas. El de 2011-15 no es un mandato para alharacas en el PGOU, ni para hacer periodismo ficción sobre megalomanías imposibles, ni para engañar al ciudadano con fuegos de artificio. Zoido cumple dos años de alcalde. En los últimos meses, con una intensidad notoria, han retornado las viejas prácticas de la política hueca e insustancial de los grandes proyectos, como si este gobierno quisiera responder de pronto a las acusaciones sobre la falta de modelo de ciudad. El alcalde no debería perder el horizonte que el mismo se fijó como objetivo: el funcionamiento de la ciudad. Ni más, ni menos. El momento actual no está para engañabobos del urbanismo que nace y muere en las infografías, ni para colorines de suburbanos imposibles, ni para grandes rehabilitaciones basadas en inversiones que nunca llegan. Habría que preguntarle a la delegada de Hacienda, Asunción Fley, por todas estas excentricidades con las que se pierde el tiempo en los plenos y la tinta en los periódicos. Sevilla parece cada vez más una de esas señoras de la alta sociedad venida a menos que va vendiendo casa por casa las joyas que algún día alumbraron su belleza. Y algunos, que aún la estiman con el corazón, le siguen la corriente para no contradecirla, le compran unos pendientes de perlitas para la primera comunión de la niña y le dejan con condescendencia que siga creyendo que su grandeza es aún recuperable.
Carlos Navarro Antolín | 13 de mayo de 2013 a las 5:00

Hay concejales del gobierno que son como aquel torero desganado que le quiere recortar las embestidas al toro a base de hachazos antes de que el público aprecie la boyantía del burel. La oposición en el Ayuntamiento (socialista, por supuesto; la de IU ni está ni se le espera) ha tenido la osadía de preguntarle por el proyecto de zona franca al delegado de Relaciones Institucionales. La verdad es que el asunto de la zona franca en Sevilla hierve en las redes sociales y en las cafeterías. Pregunta uno a las doce del mediodía en el bar de cabecera si aún dan café y ponen tostadas y el camarero no es que responda con el clásico de la máquina ya apagada, sino que devuelve la pregunta con otra: “¿Qué se sabe de lo de la zona franca en Sevilla?” Yen las redes sociales, tres cuartos de lo mismo. Se mete usted en twitter y vengan a llover los enlaces sobre las informaciones y artículos de análisis sobre el impacto de la futura zona franca en Sevilla, que si merece la pena, que si es un invento de Zoido, que si la Junta opina tal o cual, que si no tenemos bastante con copiarle el carnaval a Cádiz… La zona franca tiene en vilo a media ciudad. Se nota en la calle. La otra media está que no para de hablar del estatuto de capitalidad para Sevilla y de quién será el candidato del PPpara las autonómicas de 2016. “Sí, aún le puedo poner media tostada, pero de mollete integral que es lo que me queda. Pero dígame, por favor, lo de Zoido para la Junta, ¿va en serio?”
Y así, en este escenario, como llaman ahora los cursis al contexto, la oposición socialista preguntó por la zona franca al señor Javier Landa, que es el delegado de Relaciones Institucionales del Ayuntamiento como todo el mundo sabe (por las que hilan). Y las respuestas del catedrático que fue uno de los grandes fichajes del PP para las municipales de 2011 nos han dejado como dijo Guerra: ¡Pasmaos! Y nos han recordado al torero que viendo el toro dijo aquello del ya estoy yo en mi casa. El líder de la oposición, Juan Espadas, preguntó con toda inocencia: “¿Cuál es el impacto de beneficio económico calculado por el gobierno para la ciudad por años?” Y el concejal Landa, ex cátedra, se despachó echando sucesivamente la muleta abajo por la derecha y por la izquierda para provocar el mareo que hace perder el norte a la incauta res: “Entendemos que será una función exponencial de tipo cóncavo con pendiente poco pronunciada al principio y algo más en momentos sucesivos”. La contestación del profesor Landa no la mejora ni el tío que hizo la pregunta del referéndum andaluz.
Menos mal que los independientes traen el soplo de aire fresco que necesita como el jamar una política dominada por los aparatos de los partidos. ¿Pero dónde encuentran los señores de los poderosos aparatos a estos independientes deseosos de devolver a la sociedad cuanto la sociedad les ha dado, que o se van con el partido empezado cuando no se gobierna o juegan a las greguerías con las respuestas oficiales?
Este Landa ya se embrolló él solito al responder una pregunta sobre la razón por la que se izaba en el Ayuntamiento la bandera del pueblo gitano y no la del colectivo gay. Dijo que el criterio es de tipo institucional. “La institución hace referencia a órgano y símbolo de un estado y/o nación, por lo que evidentemente al pueblo gitano se le puede incluir dentro de las conceptualizaciones mencionadas”.
Ahora la gran clave está en lo de la pendiente poco pronunciada al principio y algo más en momentos sucesivos, porque ahí se ven tintes casi biográficos del autor con respecto a su carrera política en el Ayuntamiento. La cosa de Landa en la Plaza Nueva empezó así, con cohetería de gran fichaje para contrarrestar a los independientes del PSOE y va por un camino algo… cóncavo. Lo de Landa despertó el interés al modo novelero sevillano con pizca de aguijón: “¿Yéste quién es?” Yya va por ese otro aguijón de memoria repentina recuperada: “Oye, por cierto, ¿y Landa dónde está?”
Pues debe estar dedicándose a cocinar esas respuestas tan sesudas, de tratado de geometría aplicada a la ingrata política municipal. Pero aquí lo verdaderamente cóncavo es que Javié (Arenas) le metió a Zoido cuarto y mitad de Landa en la listas electorales. Seamos francos con la zona franca.
Carlos Navarro Antolín | 3 de abril de 2013 a las 5:00

EL PP logró la Alcaldía de Sevilla a base de acentuar el desgaste del gobierno de coalición de PSOE e IU, ya de por sí tocado como cualquier gobierno por el mero paso de los años, difundiendo escándalos de todo tipo y consagrando la figura de su candidato a la micropolítica, una opción inteligente cuando las arcas públicas no están para grandes proyectos ni para megalomanías con las que pasar a la historia en los gerundios de las placas. Las farolas, los bancos, los baches, el tráfico, la limpieza, las fiestas mayores, las velás de los barrios… Zoido ligado a la imagen de la ciudad idónea para vivir, Sevilla como estandarte de la ciudad que funciona como un reloj, una urbe paradisíaca en la que los reyes magos pasan fresquitos el verano. El alcalde apostó por un militar para ejercer de defensor del ciudadano, un hombre honrado que se confiesa de derechas (delito aún no tipificado en el Código Penal) al que cierta izquierda que se cree poseedora de la supremacía moral ha tratado de estigmatizar como golpista, de orillar como canalizador de las cuitas vecinales y de marginar del funcionamiento democrático.
Resulta que José Barranca, el peligroso tipo al que Zoido puso al frente de la denominada comisión de quejas, sugerencias y reclamaciones, ha presentado un informe de la gestión de 2012 que debería ser la hoja de ruta del gobierno y de la oposición en la gestión municipal. Una memoria que es el espejo de la calle, que recoge las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos en su vida cotidiana, que es una guía práctica de la ciudad y que pone en jaque, precisamente, la micropolítica que llevó al PP a arrasar en las urnas desde el momento en que cuestiona la formación de los policías locales, denuncia el matonismo de los taxistas del aeropuerto, el desahogo y la chulería de muchos ciclistas, el abuso de los hosteleros que invaden las aceras con mesas y sillas, el incivismo de los amos de perros que dejan sueltos a los animales y el vandalismo que deja inútiles los parques y los convierte en lugares inhóspitos. Esto no es fascismo, señores de la oposición; esto en todo caso es barranquismo, de Barranca.
La torpeza de la oposición no ha estado ni en dejar los asientos vacíos cuando tocaba a hablar ante el Pleno al Defensor del Ciudadano, ni en obsesionarse con alimentar la mentira del supuesto perfil progolpista de este militar de Caballería. La torpeza ha estado en no sacarle partido al informe de Barranca, cuya lectura deja en evidencia la micropolítica que ha llevado al PP a su mayor cota de éxito electoral en Sevilla. La naranja tenía zumo para ser exprimida, pero los prejuicios han jugado en contra de la oposición. Ni se molestaron en pelar la fruta para evaluar su calidad.
El Defensor del Ciudadano elegido por Zoido y mantenido por Zoido frente al viento de IU y la marea del PSOE ha cuestionado la propia base del éxito de Zoido al exhibir las lagunas del funcionamiento ordinario de la ciudad. Barranca parece el concejal número 12 del PSOE como la afición sevillana era el jugador número 12 de la selección española. Al PSOE y a IU se las pusieron como a Fernando VII. Pero sólo vieron fascistas donde había molinos. Torpeza o miopía.
Carlos Navarro Antolín | 1 de abril de 2013 a las 5:00

Se acabó la principal fiesta de la ciudad, la más universal y la que debía ser asidero de una economía maltrecha que pretendía beber en el oasis de estos días sacros. Pero tanto hablar del oasis y al final nos pasamos de agua. Al humo de las candelerías, hoy se celebra en el Ayuntamiento el pleno ordinario correspondiente a marzo, la cita que debe reactivar el pulso político de una ciudad que una vez más mirará al horizonte faltándole todos los ingresos extraordinarios que se esperaban de siete días pasados por chubascos, montaditos y sillas plegables a 9,90 euros. El alcalde se ha pasado una Semana Santa demostrando el don de la ubicuidad, ora de visitas matinales a los templos, ora como un cangrejero más delante de la Macarena, ora con breve estación en la sede andaluza del partido en la calle San Fernando para que a este pulpo de la política no se le oxide el tentáculo regional. Al portavoz socialista en el Ayuntamiento, Juan Espadas, se le ha visto este año bastante más que en Semanas Santas anteriores, gracias a que ahora tiene un trío de capillitas que le han asistido (los concejales Moriña, Cabrera y Bazaga), pero sigue teniéndole aversión a la calle…¿o a parecerse a Zoido? Si el PSOE andaluz quiere a toda costa que Zoido sea el candidato de las próximas autonómicas, parece claro que en el PP sevillano estarían encantados con que Espadas repita en la carrera a la Alcaldía. Los de la gaviota están convencidos de la eficacia de los baños de masas que se pega una y otra vez el alcalde, que poco a poco ha ido apagando los fuegos de los grandes frentes laborales que ha tenido abiertos el Ayuntamiento en el tiempo ordinario que transcurre entre la Navidad y la Semana Santa (Lipasam, Polícía Local y Banda Municipal). Por eso han examinado con lupa la supuesta soledad del líder de la oposición cuando se ha dejado ver por los aburridos palcos de la Plaza de San Francisco, donde al parecer no ha recogido muchos saludos. “Alguien que quiere ser alcalde no puede exhibirse sin compañía, ni dar la imagen de que nadie lo conoce. Claro que… ¿quiere Espadas ser alcalde?”
Se acabó la fiesta. Zoido ha ganado un puñado de fotografías y se ha dejado alabar por la calle. Su imagen sigue exenta de aristas. Pese a los 70.000 parados de la ciudad. Pese al 40% que han perdido los hosteleros, muchos de los cuales tienen en la Semana Santa su particular paga extraordinaria. Pese al cierre o mudanza de las empresas. Pese a las grandes verdades que canta el Defensor del Ciudadano sobre la mala educación de algunos policías locales, las mafias del taxi, el desahogo de los ciclistas y los innumerables baches de muchas calles no sólo de los barrios sino del centro más centro de la ciudad. Si hay agua, no hay cofradías, pero se forman charcos. Si hay charcos, el alcalde siempre está dispuesto a ponerse las botas. La calle es capaz de pitarle a una cofradía, hecho insólito; pero no sólo no le pita al alcalde, sino que lo sigue buscando para las fotografías. Y el manual de la falsedad local dicta que a buena parte de esta ciudad le encanta eso de quejarse de mentirijilla por tener a un alcalde hasta en la sopa. Si no quería usted alcalde, dos tazas. De sopa.
Carlos Navarro Antolín | 9 de enero de 2013 a las 5:00

Iñaki Azkuna pasaba por Sevilla para ver la exposición de Murillo cuando le cayó la petalada del título de mejor alcalde del mundo. Pura casualidad. O no, que diría uno con barba. La celebración improvisada (o no) incluyó como fondo la Giralda. El alcalde de Bilbao subió a la azotea del Ayuntamiento sevillano y, con la melodía de fondo del desmontaje del mapping, que equivale a la desarmá de los palcos de la Navidad, redujo didácticamente la política a un do ut des: “Yo te doy, tú me das. Yo te presto, tú me prestas. En eso consiste esto”. Por eso confesó sin complejos que le gusta cuidar sus relaciones con la capital de Andalucía y, en especial, con la Fundación Focus Abengoa. No se olvide que Azkuna tiene un museo que alimentar, el Guggenheim, una pinacoteca que en buena medida le ha valido el título que concede la Fundación City Mayors. Dicen que también le avala el meritazo de tener el Ayuntamiento de Bilbao con una deuda a cero, mientras que en Sevilla la losa que se debe a los bancos es de 518 millones. Y creciendo. El jurado del balón de oro de la política municipal pondera que Azkuna ha logrado transformar una ciudad industrial, “fea y sucia, como dijo Hemingway”, en una ciudad más limpia, más transparente y de servicios: “La verdad es que ha sido complicado. En los años ochenta tuvimos una crisis en la que todo el tejido industrial se vino abajo y hubo que empezar de nuevo”.
Sevilla aguantó la crisis de los ochenta, la depresión posterior a 1992, ahora anda rozando los 90.000 parados y, puestos a hablar de limpieza, la ciudad lleva meses sufriendo las amenazas de huelgas indefinidas de la sociedad municipal de limpieza, cuyo comité de empresa se niega al recorte de un 5% en las nóminas de los trabajadores y a trabajar dos horas y media más a la semana. Sevilla pareciera como Sísifo… pero sin ni siquiera llegar a subir la roca a la cima de la colina. Siempre abajo, aplastada quizás por el pedrusco de su propia indolencia, marca de la casa.
Azkuna dijo que la transformación de Bilbao ha sido posible por la “paciencia, tenacidad y perseverancia de los bilbaínos”, virtudes que cualquiera de buena fe podría atribuir a los sevillanos tras aguantar obras faraónicas sin sentido, derroches de dinero público con publicidad y alevosía, continuas subidas de tasas e impuestos, la huida de grandes empresas y un amplio catálogo de corruptelas tanto de corbata como de baja estofa que huelga citar para no alargar la letanía. Pero, aquí, la transformación duró lo que duró el motor de la Expo. Y ahora la ciudad vive al ralentí, capitalizando las sobras del mandato anterior (Lonja del Barranco, ampliación de Fibes) , a la gresca con la Junta (Decathlón, Gavidia) y cultivando la política de infantería o ilusionista a falta de dinero (policías contra la prostitución, refuerzo de Tussam los días de partido, bonobuses para béticos y sevillistas, luces de Navidad, reparaciones en las aceras de los barrios, etcétera).
Azkuna presumió del tranvía bilbaíno. Y le echó un piropo al Metrocentro sevillano, el que inventó el socialista Monteseirín y por el que el Ayuntamiento de Sevilla sigue pagando el crédito al ICO: “He visto que en Sevilla tienen tranvía. ¡Ole!” Se hizo el silencio. Como en la Maestranza. Hasta el Giraldillo miró para otro lado. Y el alcalde de Sevilla, presidente también del PP andaluz, aguantó el tirón. Cortesía obligaba.
El político peneuvista elogió a los alcaldes de pueblos pequeños, a los que quiso dedicar su título, esos alcaldes sin que sacan adelante sus consistorios sin presupuesto, sin asesores, sin policías, sin bomberos. Azkuna preside el Ayuntamiento de Bilbao desde 1999, aunque solamente con mayoría absoluta desde mayo de 2011. Zoido preside con mayoría absolutísima el Ayuntamiento sevillano. Azkuna se hizo la foto del día con la Giralda de fondo, una habilidad de Zoido, porque Azkuna se fue desde la Plaza Nueva a San Telmo para ver al presidente Griñán, otro que no tiene la deuda precisamente a cero, y alguien musitó: “Ya lleva la foto hecha. Porque Griñán no tiene Giralda para contrarrestar nuestra foto”. Y Azkuna… Azkuna será el mejor alcalde del mundo, pero no tiene mapping. El mapping es nuestro. Como el mundo. Eso es así.
Carlos Navarro Antolín | 9 de diciembre de 2012 a las 5:00

Se pararon los relojes. Se calentaron los botellines. No se habían visto desde aquellas vísperas de la huelga general, que en Sevilla ya se sabe que una víspera vale mucho más que su correspondiente festivo, una víspera se vive con una intensidad inusitada. Y un festivo casi se emplea en dormir los efectos de la víspera. Aquel 13 de noviembre se conoció que el Caixafórum no se instalaría en las Atarazanas, sino en la Torre Pelli.
Ocurrió el pasado viernes a mediodía, a esa hora peligrosísima en la que la mañana deja de serlo y la tarde aún no ha perdido luz, en ese agujero negro de la hostelería que conforman Trifón, Casa Moreno y Becerra, ese cruce entre Gamazo y Joaquín Guichot en el que entendidos en la materia aseguran que se sabe cuándo se entra pero nunca cuándo se sale. En esos agujeros negros se producen las fusiones más extrañas, los encuentros de mayor morbo y unas apreturas en las barras que son como bullas de Semana Santa en las que de forma improvisada se organiza una corriente hacia fuera y una corriente hacia dentro, señores vamos a colaborar con la hermandad para que el paso pueda avanzar.
Viernes a mediodía, decíamos. Eran las 14:45 horas. El alcalde procedía de El Portón, donde brindó con el equipo al completo de la Delegación de Hacienda tras cerrar los presupuestos de 2013. Y el arquitecto procedía de la barra de Trifón acompañado por su mujer. Para ambos el sitio era lugar de ‘segunda estación’. Juan Ignacio Zoido se marchó de la taberna de General Polavieja a Casa Moreno, santuario del emparedado y el chicharrón de Cádiz. Se tuvo que quedar prácticamente en la puerta, acodado en la barra de la zona de tienda. Le acompañaban su inseparable jefe de gabinete, Alberto Díaz, y el presidente de la Federación Española de Baloncesto, el extremeño José Luis Sáez. De pronto llegó al establecimiento Guillermo Vázquez Consuegra, el arquitecto cuyo proyecto de rehabilitación de las Atarazanas ha quedado orillado. Unos dicen que por culpa de Zoido al demorar la concesión de la licencia y empeñarse en exigir un plan especial. Otros que por la lógica y legítima decisión de La Caixa de querer darle uso a la Torre Pelli instalando en ella el Caixafórum.
Los minutos pasan. Vázquez Consuegra y su mujer salen de Casa Moreno. En la puerta siguen Zoido y su comitiva, a la que se incorporan momentáneamente algunos conocidos (Luis Miguel Martín Rubio, entre ellos) y los habituales espontáneos de parabienes o reproches. El arquitecto va con gafas de sol. De pronto, efectivamente, se calientan los botellines y se resquebraja la melva. Sin mediar saludo ni otro tipo de introito, el arquitecto irrumpe en la escena:
-Alcalde, ¿me podrías explicar por qué te parece poco serio mi proyecto para las Atarazanas?
Y Zoido, lógicamente, se extraña. No sabe si mirar los quesos o los paquetes de alubias que le rodean. Sólo falta que suene la música. Terror en el hipermercado, horror en el ultramarinos.
-Es que como has dicho que vas a buscar un proyecto serio para el edificio, debe ser que el mío no te parece serio.
Se suceden varias preguntas más, ya sin gafas de sol. “¿Conoces, alcalde, mi proyecto para las Atarazanas?” “¿Has visitado alguna vez algún Caixafórum?” El alcalde le explica que ha visitado el de Madrid. Y se entabla una conversación (llamémosla así) de 25 minutos en la que tercian de vez en cuando otras personas, conscientes de la tensión que pudiera entrañar el encuentro. Mientras, en ese trozo de barra, ya no quedan botellines, tan solo alguna copa de tinto, restos de melva y patatas fritas Perdi, la prestigiosa marca de Aracena.
Lo que el Caixafórum ha separado, lo une Casa Moreno. Por algo le llaman el agujero negro. Bares, qué lugares…
Carlos Navarro Antolín | 3 de diciembre de 2012 a las 12:52

El Salón Colón vivió un Pleno virulento, con protestas airadas de trabajadores de Mercasevilla que arremetieron de lo lindo contra el gobierno del PP, contrarios a la liberalización de servicios. La letanía de adjetivos no la mejora un carretero, ese hombre de lengua larguísima y viperina que se pone de ejemplo a los niños para que hablen con corrección. A Zoido y al presidente de Mercasevila, Gregorio Serrano, le dijeron de todo en distintos momentos. Pinocho, mentiroso, fascista, embustero, cabezón… El rito es siempre el mismo. Los manifestantes llegan, se sientan y esperan su momento. La protesta dura dos minutos, el tiempo que tardan los agentes en efectuar el desalojo. Un trabajador se dirigió a Serrano: “¡Yo sin pan, tú sin pan!” Y entre el griterío se le acertó a oír que ésa era su ley. Episodios municipales, escenas de crispación. Silencio frío el que se instaura de pronto. Y así hasta tres veces. En el exterior sigue la procesión con sirenas y cacerolas: “¡Zoido, cab… sal al balcón!”
La oposición anduvo flojita en su crítica al gobierno por la liberalización de servicios en la lonja. Ahí Serrano recordó con seriedad y contundencia todos los lastres del PSOE en cualquier asunto que huela al Merca (desde los dos famosos ERE hasta los almuerzos con mariscos) y recordó cómo se ha reunido con todos los trabajadores afectados: “Los he visto cara a cara a todos y cada uno de ellos, lo que ustedes nunca hicieron, que no dijeron ni pío. Entonces les importaba un rábano el empleo público y de calidad. Les importaba un pimiento”.
Si no había suficiente tensión en el Pleno, parió la abuela. El presidente de la sesión, el impagable Javier Landa, llamó al orden a uno de sus filas, Beltrán Pérez, que pretendió votar de pie y desde fuera de la bancada. “Tome asiento para votar, señor Pérez”. Y el señor Pérez se hizo el remolón. El profesor le instó a sentarse por segunda vez. Y el rebelde señor Pérez tomó asiento. Y votó.
Pero para estampa impagable la de la concejal socialista Adela Castaño, aquella que fijó en las doce de la mañana la hora a la que se despiertan en la zona nacional de Los Remedios. Estuvo todo el Pleno luciendo gorro y largo collar de perlas. Una concejal tocada. Una perla… Tendrá privilegio por bula, como los seises de la Catedral, esta suerte de retrato de la pintora Tamara Lempickam. O mejor, de Leni Riefenstahl del palomar. De la Belle Epoque al crack del 29. Del gorro de Adela a quién sabe si el final de la crisis del PSOE tras los batacazos electorales. De la foto de la tortilla a la foto del gorro. Cuando el grajo vuela bajo, ponte el gorro. Landa se tragó el gorro de Adela. Pero no la desaplicación de Beltrán. Claro, como Landa se jamó una vez un montadito a escondidas en un Pleno. Y a otra concejal del PP la trincamos un día leyendo el Hola… Todos los pájaros comen trigo y siempre la culpa es del gorrión. Perdón, de Beltrán.
Carlos Navarro Antolín | 24 de noviembre de 2012 a las 5:00

En Sevilla hay procesiones para minorías. Sin pasos, sin música, sin varas, sin cirios, sin controles horarios. Procesiones que son como ritos casi ocultos, sin anuncios ni publicidades. San Clemente reúne cada mañana de 23 de noviembre a un grupo de incondicionales a una cita que se celebra temprano, en la penumbra de la Catedral y con la asistencia de la corporación municipal con sus correspondientes maceros y la pareja de ordenanzas con guantes blancos. El cabildo eclesiástico y el cabildo municipal, que antaño se llevaban como el perro y el gato, celebran juntos la reconquista de Sevilla con una procesión instaurada en 1255 por Alfonso X El Sabio. El alcalde, antiguamente asistente, porta la espada del Rey Santo. Dicen las malas lenguas que cuando Fernando III de Castilla entró en Sevilla con los caballeros veinticuatro se encontró con José Joaquín Gallardo en el decanato del Colegio de Abogados, Antonio Silva Florencio en el Consejo de Cofradías y José Cañete en Aprocom.
Zoido portó la espada por segunda vez. Del PP asistieron 17 de los 21 concejales. Del PSOE, sólo dos de 11. El socialista Juan Espadas debutó este año en la procesión. Le acompañó el concejal Alberto Moriña, portavoz adjunto del grupo socialista y reserva espiritual de la oposición municipal. Y de IU, ni estaban, ni se les esperaban, pues la costumbre es no participar en actos religiosos. Mucho menos si se trata de recordar reconquistas que el código de lo políticamente correcto prohíbe en su capítulo primero. A Torrijos no debe hacerle mucha gracia la fórmula del juramento que se le hace prestar al alcalde (en ella se habla de los agarenos) para que devuelva la espada al término de la ceremonia.
Al alcalde lo recibió en la Puerta de San Miguel el canónigo Pedro Ybarra. Zoido entró y saludó al primer agente de gala de la Policía Local. La procesión tiene un cortejo muy peculiar. Primero forman unos señores de traje oscuro y medallas que se dedican al estudio de la vida de Alfonso X El Sabio, después un largo tramo de señores con capas albas, que son de la orden de San Clemente, fundada antes de ayer por la mañana, a finales de los años ochenta. Algunas damas vinculadas a esta orden lucen mantillas negras. Todo muy historiado. Al término se pudo ver a algunos de ellos con la capa recogida sobre el antebrazo y la cerveza en la mano. Sin consumo no se sale de la crisis.
Los canónigos forman a continuación luciendo la espléndida colección de capas pluviales del Cabildo. Especial mención merece la que luce el deán, para el que se reserva la de las estrellas. Si el alcalde lleva la espada, el concejal más joven de la corporación, en este caso José Luis García, porta el pendón. El año pasado le criticaron el color del abrigo. Y este año la forma de portar el pendón, en vertical, en lugar de llevarlo terciado sobre el hombro. Un canónigo comentó después que un concejal debe saber cómo se lleva el pendón. Doctores tiene la Iglesia. Y por lo que se ve, también ingenuos. Será que Roma ya no es lo que era desde que nos han contado lo de los belenes sin. Sin buey ni mula.
Al alcalde portador de la espada no se le escapa ni un detalle de cuanto acontece alrededor… El canónigo Adolfo Petit lleva la reliquia de San Clemente. Yel público va acompañando el cortejo como puede, sorteando vallas, cintas, el entarimado del altar del jubileo y hasta al tío que trata de filtrar los accesos interrogando si va usted a la misa no vaya a ser que lleve otras aviesas intenciones. La Catedral, siempre tan hospitalaria. Al turista del pantalón corto y pelambrera al aire, como pasa por taquilla, no se le cuestionan sus intenciones.
Acabada la ceremonia, Zoido fue hasta la Capilla Real y devolvió la espada tal como había jurado. Se ve que San Fernando, que conquistó Sevilla en 1248, hace que los políticos cumplan sus promesas.
Carlos Navarro Antolín | 14 de noviembre de 2012 a las 5:00

Antes lo decimos y antes ocurre. Qué sevillanísima es esa reivindicación del yo ya lo dije… Decíamos ayer, que es la fórmula culta, que el portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, el senador Juan Espadas, tenía que perderle el miedo a visitar las zonas azules del mapa electoral, al igual que Zoido lo hizo en sus años de oposición metiéndole el dedo en el ojo a los socialistas donde más duele (los barrios más poblados) y en los peores momentos de convivencia en las once agrupaciones del partido del puño y la rosa (en aquellos días de militancia de brazos caídos tras unas listas electorales que excluyeron a los entonces secretarios de las agrupaciones). Pues tecleábamos precisamente eso y a los dos minutos resulta que ya se ha metido Espadas en el mismísimo barrio de Los Remedios para denunciar el incumplimiento de las promesas electorales del PP en su feudo más potente de España, porque la gaviota pepera recoge más votos para el nido de Génova en el sevillano barrio de Los Remedios que en el madrileño barrio de Salamanca, por donde pasean las tatas a media mañana mientras las señoronas ven el canal Divinity o hacen cola en la peluquería de diseño. Aquí por no tener no tenemos ya más que las peruanas paseando a señoras impedidas en sus carritos. Y no nos queda ni el Nova Roma para echar la mañanita… que a algunas sólo les han dejado el bingo. Pero por fin tenemos a Espadas en el corazón del facherío oficial, un barrio donde el PSOE decía en plena campaña electoral que se levantaban a las doce de la mañana. ¿Recuerdan? Espadas ha echado las cuentas y ha debido pensar que dieciséis meses después de semejante metedura de pata, los votantes de Los Remedios se deben haber olvidado de aquello. Pasado el luto, Espadas se cuela en el Parque de los Príncipes, donde Aznar llegó a dar un mitin en las elecciones de aquella amarga victoria, como Zoido se colaba en las antiguas naves de la Renfe de San Jerónimo. Pero suponemos que Espadas iría a Los Remedios después del Ángelus. Porque antes de esa hora está la gente sopa, o muerta de sueño porque ya no hay tatas que lleven a los niños al colegio.