Carlos Navarro Antolín | 27 de septiembre de 2011 a las 13:28
Eso que ha hecho el delegado Demetrio Cabello de meterse en el patrullero y presentarse con la Policía Local en la zona cero de una macrobotellona repentina e itinerante no es nada nuevo. Manologarcía, hoy hermano mayor de la Macarena, lo hizo cuando estuvo al frente de la Delegación de Seguridad Ciudadana, en aquellos años previos y posteriores a la Exposición Universal. García peinó no pocas veces aquella conflictiva Plaza del Cristo de Burgos, tomada por unos ocupantes que no estaban precisamente alojados en colegios mayores de la Universidad de Sevilla. Cabello desplegó ayer a sus hombres sobre una marea de desperdicios y botellas. En la Plaza del Salvador sólo faltaba la música de acción. Llegaron, vieron y poco más. Porque poco más se puede hacer (¿O poco más les dejaron hacer?) A las diez y media de la noche la botellona del Salvador estaba más que disuelta y aquello tenía el mismo aspecto de suciedad que la carrera oficial de Semana Santa recién pasada la última cofradía de la nómina. Los últimos jóvenes vivaqueaban por una calle Pérez Galdós de mugre y destilados esparcidos por las aceras. La imagen que queda es la del niñaterío desahogado y vociferante recibiendo con alegría a unos agentes cuya presencia ya cohíbe a pocos. Pero ese es otro problema más profundo. La táctica del gobierno sigue siendo la misma. A falta de dinero, policías y barrenderos. A los hombres de Cabello los vamos a ver muy a menudo. Cabello es ya como los pasos de palio. Detrás de él y sus hombres, viene el camión de Lipasam.
Carlos Navarro Antolín | 11 de abril de 2011 a las 19:03

Las listas de los partidos políticos están cargadas de nombres que dicen poco o nada a la ciudadanía. Por lo general, en política no entran los buenos, sino los regulares. Los buenos están en la empresa privada o disfrutando del puesto que han ganado en unas oposiciones. La política actual es el campo de cultivo idóneo de los regulares, una suerte de mediocracia que ofrece un pedestal a quien en otros ámbitos no pintaría absolutamente nada. Por eso llama la atención que un político sea despedido de su cargo con una atronadora ovación, como la que el público del Teatro de la Maestranza dedicó el domingo a la concejal de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro (PSOE), que no repetirá el próximo cuatrienio en el Ayutamiento. La cosa evocó mucho a la masiva cena de homenaje que la Sevilla cofradiera dedicó en 1999 a Manuel García García (PP), concejal del Casco Antiguo al que tampoco dejaron repetir en la lista electoral después de haber admitido que su pena era terminar su carrera política sin haber sido delegado de Fiestas Mayores. Tras aquellas elecciones, curiosamente, Soledad Becerril perdió la Alcaldía.
Los partidos no sólo están marcados por el perfil plano, que es el que parece asegurar el triunfo, entendiéndose el triunfo como la garantía de perpetuarse en el puestecillo, sino por la ausencia de perfiles populares como los de Rosamar Prieto-Castro o el de Manuel García. Estos perfiles populares suelen ser víctimas de los celillos de sus jefes de filas o de la desconfianza de los aparatos del partido. No terminan de gustar del todo porque en ciertos ámbitos y en muchas ocasiones son más conocidos que los primeros espadas (y no se entienda el símil taurino como no se debe entender, pues es mera casualidad).
La popularidad es incómoda y está mal vista. Aunque después siempre se acaba echando de menos.
Carlos Navarro Antolín | 12 de noviembre de 2010 a las 11:44

Están Las Medallas de Argüeso, caldo sanluqueño que baña las ferias. Están las medallas olímpicas, melodías de triunfo cuatrianuales frente al televisor. Están las medallas rancias, que huelen a naftalina de chaqués estrechos en el Corpus. Están las medallas modelo lamparón, que el cebralín termina siempre por aumentar con regalo de cerco incluido. Y están las medallas de Juan Palomo, como la que la Delegación de Convivencia y Seguridad (antes Seguridad Ciudadana) dará este mismo año a dos de los miembros del gobierno actual. Sin reparo alguno. La concesión de la cruz blanca de la Policía Local a tres de los ex delegado del ramo estárá más o menos justificada, según los casos y opiniones, pero Curro Rodríguez (PSOE), Manuel García (PP) y José Gallardo (PSOE) hace muchos años, más de veinte en el primer caso, que dejaron la dirección y coordinación política de este cuerpo de seguridad local. Pero Francisco Fernández es el actual delegado de Movilidad y portavoz adjunto del PSOE. Y Nieves Hernández está al frente de Hacienda, Comunicación y ejerce nada menos que como portavoz del gobierno cada semana ante los medios de comunicación. Cuando menos, no está bonito eso de que el gobierno imponga condecoraciones a dos de sus miembros. Llena ahí, pero que sea de Las Medallas (de Argüeso).