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A Zoido no le levantan la ceja

Carlos Navarro Antolín | 15 de mayo de 2013 a las 5:00


El sector audiovisual en Sevilla no le levanta la ceja a Zoido. Todo lo contrario. El alcalde mima a las productoras, a los dueños de los platós, a los proveedores de material audiovisual, a los distribuidores, a los animadores. Hasta los que alquilan animales para los largometrajes y los crotometrajes están encantados con el alcalde que no parece del PP, con permiso de Javié, que sí parece del PP y que el pasado domingo se trajo nada menos que a Rajoy a Sevilla a un acto privado. El alcalde se hace la foto con los de la ceja en la Plaza de España, pero cada uno con la ceja en su sitio; mientras al ministro en Madrid le levantan las cejas, las garras y lo que te rondaré morena. Zoido les ha hecho a los hispalenses de la ceja una guía pagada por el Ayuntamiento que no la mejora ni el mago Benito Navarrete con sus zurbaranes y zurbaranas de éxito. Benito va como la oca, de éxito en éxito y tiro porque me toca. Benito no dice el mundo es nuestro, sino el mapping es mío. La guía de Zoido para los de la ceja pretende atraer proyectos audiovisuales a todos los rincones de Sevilla, incluso a la Sevilla de los veladores, que es la real y verdadera. Entre las fotografías seleccionadas hay una de Argote de Molina en horario de prime time, cargadita de turistas, nuestros nuevos señores y amos los turistas, y tomada por las mesas y sillas de quien está a puntito ya de ser el amo de toda la calle, que uno mira la Cuesta del Bacalao en el Registro de la Propiedad y, menos el bacalao, casi todo es ya del mismo dueño. Lo de Robles en la Cuesta del Bacalao es como lo de la Frasquita en la Matalascañas de los años 80, una mancha de aceite que se iba extendiendo por negocios y locales a la velocidad del urbanismo de adosados de principios de siglo. Este Zoido sin complejos también ofrece en su catálogo las setas de Monteseirín para rodar películas y el estadio olímpico de Rojas-Marcos, aquel alcalde andalucista que protagonizó un montaje audiovisual en la campaña electoral del 99 para aparecer en lo alto de una de las columnas de la Alameda hablando nada menos que con Trajano y Adriano. “Soy Alejandro, quiero hacer grande a Sevilla, como vosotros la hicisteis”. Alejandro después acabó contemplando a su propio partido en llamas, hoy hecho cenizas sin esperanza de volver a ser lo que fueron. No sabemos si Alejandro tocó la lira mientras la cosa ardía… O comía nueces en la furgoneta electoral. El caso es que Zoido ya sabe cómo hacer para que no le levanten la ceja los de la ceja, fórmula que no le termina de salir con los suyos de Málaga. Será porque sigue sin parecer del PP. Y en política mandan las percepciones. Más vale parecer que ser. Lo peor es creérselo. O ponerse a la altura de los emperadores. Las barbas de Alejandro ya se cortaron. Pónganse los veinte concejales a remojar. Política, se rueda.

El fedatario preclaro y la política como profesión

Carlos Navarro Antolín | 6 de mayo de 2013 a las 19:06


Javier Arenas sacó adelante la Ley de Grandes Ciudades en el año 2003, en los meses de Cruzcampo y foto de la Macarena con marco de plata en el despacho principal del Ministerio de Administraciones Públicas. La Ley 57/2003 de 16 de diciembre de 2003 tenía la ambición de transformar las estructuras de gobierno de los principales municipios de España. La innovación más polémica fue la de sustituir las comisiones de gobierno por las denominadas juntas de gobierno, donde se daba entrada a ciudadanos no elegidos en las urnas. Curiosamente, en febrero del año 2004 se publicó en las páginas de Diario de Sevilla un primer análisis de esta ley a cargo de Luis Enrique Flores, discípulo de Manuel Clavero, profesor de Derecho Administrativo en la Universidad de Sevilla y entonces secretario del Ayuntamiento de Coria del Río. Hoy lo es nada menos que del Ayuntamiento de Sevilla. Diez años antes de que el Tribunal Constitucional pusiera en jaque a los dediles, Flores advirtió que la nueva normativa podía entrar en contradicción con el artículo 140 de la Constitución Española, que dicta que el gobierno y administración de los municipios corresponde al alcalde y a los concejales. Se preguntaba el fedatario municipal advirtiendo la previsible colisión de la Ley Arenas con la Carta Magna: “¿Cómo se explica que quienes no ostentan la condición de concejal puedan asumir el gobierno y la administración del Ayuntamiento?” Sobre todo si se tiene en cuenta que las juntas de gobierno que crea la ley no son organismos de adorno, sino verdaderos instrumentos ejecutivos en la gestión de la ciudad, como se ha podido ver todos estos años. El TC tumba los dediles. Cuando se conozca el contenido literal del fallo, sabremos si la sentencia tiene efectos retroactivos y cómo se articula su aplicación. Pero el sentido final de la sentencia ya no lo pone nadie en duda: quien quiera ser concejal tiene que ir en una lista electoral. Quedan así suprimidas las posibilidades que tenían los alcaldes de meter en el gobierno a profesionales de prestigio no bien vistos por los aparatos de los partidos a la hora de confeccionar sus listas, a gente que no está dispuesta a dar codazos por ir en los puestos de salida, a esas personas que precisamente son las que deberían estar en la política para dignificarla. El problema no está ya en que la ley colisione con la principal norma del Estado, sino en que hubo que hacer una ley cuyos preceptos más novedosos eran los de abrir una puerta al margen de las urnas para que volvieran a la política esos perfiles de prestigio que salieron de ella cuando, culminada la Transición, la política comenzó a ser una profesión y dejó de ser una vocación. La propia ley estaba buscando, de facto, una vía de escape a los asfixiantes y todopoderosos aparatos de los partidos. Aunque, todo sea dicho, ha habido casos en que se han nombrado dediles a quienes estaban en las listas y no salieron elegidos, caso del Ayuntamiento de Córdoba. La degradación de la política no se palia con leyes. El ejemplo más reciente es el perfil de quiénes suenan como candidatos andaluces paras las primarias del PSOE. Si se mira al PP, la cultura de la libreta azul sigue dominando y es elevado el número de quienes no han tenido un sueldo en la empresa privada antes de acceder al sector público. No están los tiempos para esperar un nuevo Cánovas del Castillo ni un Castelar del siglo XXI. El TC ha tumbado la única vía de escape. Al poner el parche, la ley estaba reconociendo el problema. El parche no ha servido. Y además era inconstitucional. Paradojas: los aparatos vuelven ser más fuertes si cabe. A las puertas de la democracia se le puede colocar aquel rótulo que lucían los antiguos cuarteles en los cascos urbanos: todo por los aparatos. Ya lo anunció el secretario. Colisión. Siniestro.

El defensor Barranca, el concejal número 12 del PSOE

Carlos Navarro Antolín | 3 de abril de 2013 a las 5:00


EL PP logró la Alcaldía de Sevilla a base de acentuar el desgaste del gobierno de coalición de PSOE e IU, ya de por sí tocado como cualquier gobierno por el mero paso de los años, difundiendo escándalos de todo tipo y consagrando la figura de su candidato a la micropolítica, una opción inteligente cuando las arcas públicas no están para grandes proyectos ni para megalomanías con las que pasar a la historia en los gerundios de las placas. Las farolas, los bancos, los baches, el tráfico, la limpieza, las fiestas mayores, las velás de los barrios… Zoido ligado a la imagen de la ciudad idónea para vivir, Sevilla como estandarte de la ciudad que funciona como un reloj, una urbe paradisíaca en la que los reyes magos pasan fresquitos el verano. El alcalde apostó por un militar para ejercer de defensor del ciudadano, un hombre honrado que se confiesa de derechas (delito aún no tipificado en el Código Penal) al que cierta izquierda que se cree poseedora de la supremacía moral ha tratado de estigmatizar como golpista, de orillar como canalizador de las cuitas vecinales y de marginar del funcionamiento democrático.
Resulta que José Barranca, el peligroso tipo al que Zoido puso al frente de la denominada comisión de quejas, sugerencias y reclamaciones, ha presentado un informe de la gestión de 2012 que debería ser la hoja de ruta del gobierno y de la oposición en la gestión municipal. Una memoria que es el espejo de la calle, que recoge las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos en su vida cotidiana, que es una guía práctica de la ciudad y que pone en jaque, precisamente, la micropolítica que llevó al PP a arrasar en las urnas desde el momento en que cuestiona la formación de los policías locales, denuncia el matonismo de los taxistas del aeropuerto, el desahogo y la chulería de muchos ciclistas, el abuso de los hosteleros que invaden las aceras con mesas y sillas, el incivismo de los amos de perros que dejan sueltos a los animales y el vandalismo que deja inútiles los parques y los convierte en lugares inhóspitos. Esto no es fascismo, señores de la oposición; esto en todo caso es barranquismo, de Barranca.
La torpeza de la oposición no ha estado ni en dejar los asientos vacíos cuando tocaba a hablar ante el Pleno al Defensor del Ciudadano, ni en obsesionarse con alimentar la mentira del supuesto perfil progolpista de este militar de Caballería. La torpeza ha estado en no sacarle partido al informe de Barranca, cuya lectura deja en evidencia la micropolítica que ha llevado al PP a su mayor cota de éxito electoral en Sevilla. La naranja tenía zumo para ser exprimida, pero los prejuicios han jugado en contra de la oposición. Ni se molestaron en pelar la fruta para evaluar su calidad.
El Defensor del Ciudadano elegido por Zoido y mantenido por Zoido frente al viento de IU y la marea del PSOE ha cuestionado la propia base del éxito de Zoido al exhibir las lagunas del funcionamiento ordinario de la ciudad. Barranca parece el concejal número 12 del PSOE como la afición sevillana era el jugador número 12 de la selección española. Al PSOE y a IU se las pusieron como a Fernando VII. Pero sólo vieron fascistas donde había molinos. Torpeza o miopía.

Dos tazas de alcalde

Carlos Navarro Antolín | 1 de abril de 2013 a las 5:00


Se acabó la principal fiesta de la ciudad, la más universal y la que debía ser asidero de una economía maltrecha que pretendía beber en el oasis de estos días sacros. Pero tanto hablar del oasis y al final nos pasamos de agua. Al humo de las candelerías, hoy se celebra en el Ayuntamiento el pleno ordinario correspondiente a marzo, la cita que debe reactivar el pulso político de una ciudad que una vez más mirará al horizonte faltándole todos los ingresos extraordinarios que se esperaban de siete días pasados por chubascos, montaditos y sillas plegables a 9,90 euros. El alcalde se ha pasado una Semana Santa demostrando el don de la ubicuidad, ora de visitas matinales a los templos, ora como un cangrejero más delante de la Macarena, ora con breve estación en la sede andaluza del partido en la calle San Fernando para que a este pulpo de la política no se le oxide el tentáculo regional. Al portavoz socialista en el Ayuntamiento, Juan Espadas, se le ha visto este año bastante más que en Semanas Santas anteriores, gracias a que ahora tiene un trío de capillitas que le han asistido (los concejales Moriña, Cabrera y Bazaga), pero sigue teniéndole aversión a la calle…¿o a parecerse a Zoido? Si el PSOE andaluz quiere a toda costa que Zoido sea el candidato de las próximas autonómicas, parece claro que en el PP sevillano estarían encantados con que Espadas repita en la carrera a la Alcaldía. Los de la gaviota están convencidos de la eficacia de los baños de masas que se pega una y otra vez el alcalde, que poco a poco ha ido apagando los fuegos de los grandes frentes laborales que ha tenido abiertos el Ayuntamiento en el tiempo ordinario que transcurre entre la Navidad y la Semana Santa (Lipasam, Polícía Local y Banda Municipal). Por eso han examinado con lupa la supuesta soledad del líder de la oposición cuando se ha dejado ver por los aburridos palcos de la Plaza de San Francisco, donde al parecer no ha recogido muchos saludos. “Alguien que quiere ser alcalde no puede exhibirse sin compañía, ni dar la imagen de que nadie lo conoce. Claro que… ¿quiere Espadas ser alcalde?”
Se acabó la fiesta. Zoido ha ganado un puñado de fotografías y se ha dejado alabar por la calle. Su imagen sigue exenta de aristas. Pese a los 70.000 parados de la ciudad. Pese al 40% que han perdido los hosteleros, muchos de los cuales tienen en la Semana Santa su particular paga extraordinaria. Pese al cierre o mudanza de las empresas. Pese a las grandes verdades que canta el Defensor del Ciudadano sobre la mala educación de algunos policías locales, las mafias del taxi, el desahogo de los ciclistas y los innumerables baches de muchas calles no sólo de los barrios sino del centro más centro de la ciudad. Si hay agua, no hay cofradías, pero se forman charcos. Si hay charcos, el alcalde siempre está dispuesto a ponerse las botas. La calle es capaz de pitarle a una cofradía, hecho insólito; pero no sólo no le pita al alcalde, sino que lo sigue buscando para las fotografías. Y el manual de la falsedad local dicta que a buena parte de esta ciudad le encanta eso de quejarse de mentirijilla por tener a un alcalde hasta en la sopa. Si no quería usted alcalde, dos tazas. De sopa.

Los bandazos de la oposición

Carlos Navarro Antolín | 15 de febrero de 2013 a las 21:04

Que un político de la oposición que pretende ser visto como alternativa de gobierno promueva una campaña de desprestigio contra dos marcas comerciales (Danone y Cargill) que anuncian su marcha de la ciudad es un ejercicio de irresponsabilidad. Si Juan Espadas no conoce otra serie de medidas, no se le ocurren otras ideas ni dispone de otros recursos como representante público para defender los derechos de los trabajadores de esas empresas que echarle directamente los gatos a ambas firmas, se pone a la atura de los presidente de fútbol que se comportan como forofos. Ahora es cuando se explica la calma del PP sevillano en tiempos de marejada nacional. Lo de activar campañas de desprestigio tiene mala música y se aleja de esa posición del centro político que permite pescar en todos los caladeros electorales. Debe ser más bien el ruido que se hace desde la bancada de la oposición para hacerse oír cuando el grupo político tiene el aspecto de un ejército vencido, el alcalde ha salido reforzado tras una huelga salvaje y media ciudad anda mirando al cielo para ver si salen los pasos del vía crucis de la fe, que fe es la que hay que tener para seguir leyendo algunas informaciones de la política municipal. En los últimos años hemos visto oposiciones planas, agresivas y hasta histriónicas, como cuando Beltrán Pérez (PP) sacó un cencerro en la sala de prensa en una maniobra claramente efectista. Las campañas de desprestigio contra empresas promovidas desde una sede institucional son la huida al monte, una suerte de endurecimiento de un discurso que vuelve a dar la razón a FG cuando reclama que el PSOE debe recuperar la vocación de mayoría. No tiene sentido que Espadas participe del Corpus o de la procesión de San Clemente y pegue la espantá de un hospital donde se inaugura una planta para niños con cáncer en el momento que un sacerdote bendice las instalaciones, salvo que el socio de gobierno autonómico (IU) obligue a suspender los villancicos en el Parlamento y alejarse de los curas porque las sotanas deben producir urticaria. A Dios rogando en Sevilla y con el mazo dando en Andalucía. No tiene sentido que Espadas fomente las relaciones con la patronal para chinchar a Zoido cuando la ocasión la pintan calva y se revista después de un sindicalismo radical y pancartero para captar un puñado de votos (seguro que son más los que pierde) o rebañar un par de efímeros titulares, a no ser que tenga interiorizado que el PSOE sevillano está como el federal en los últimos meses: sin levantar cabeza a pesar del tufo que emana la marca electoral del PP. No es ese el socialismo moderado de los grandes años de este partido. Está visto que la oposición también tiene su particular operación talento y da sus particulares bandazos. El PP se pudre y el PSOE está como la perdiz: mareado.

Las alusiones del PP al butanero

Carlos Navarro Antolín | 18 de enero de 2013 a las 12:01


De los comités ejecutivos de los partidos sólo vemos la foto inicial del jijií y del jajajá del baranderío de turno poniendo la sonrisa profidén ante papeles que no sirven para nada y platitos con caramelos de cortesía de los que ni quitan la tós. Pasados los minutos de puertas abiertas, suena el extra omnes. Y es cuando comienza a asarse la manteca. El PP sevillano celebró no hace mucho un comité ejecutivo del que algunos salieron algo inquietos por la cantidad de veces que uno de los dirigentes del partido se refirió al vicepresidente de la Junta de Andalucía, Diego Valderas, como el butanero. Que si el butanero es el que manda, que si el butanero se está metiendo en la cocina de San Telmo, que si el butanero se está comiendo a Griñán, que si en el PSOE no van a saber parar al butanero… La criatura se cebó con la referencia al antiguo oficio de Valderas. Y, claro, hay algunas sensibilidades mucho más centradas dentro del partido que consideran que esa no es la forma de desgastar al rival político y que conviene aplicar la máxima de no decir tacos en casa si no se quiere que al niño se le suelte la lengua en la calle. En el PP sevillano hay quien defiende que el desgaste debe venir por los recortes a la concertada, en cuyos colegios hay muchos, muchísimos, hijos de socialistas. Y respecto a IU, bastaría con aplicar la estrategia de acoso que el PP puso en marcha cuando Torrijos gobernaba el Ayuntamiento: escudriñar los viajes (como el de Valderas a Palestina), denunciar las colocaciones, hacer patente la duplicidad de estructuras en la administración autonómica como consecuencia del pacto de gobierno y evidenciar ante el votante socialista que su partido está sostenido por una izquierda que se tira al monte de la radicalidad. Pero en ningún caso perderse en adjetivos chuscos y alusiones poco afortunadas que terminan por trascender de tanto usarlas. El PP triunfó en las municipales con el anuncio protagonizado por un tendero del barrio de Su Eminencia. Y en sus filas tiene a ilustres fruteros y carniceros. Referirse a Valderas como el butanero es quedarse a medio gas. O lo que es mucho peor: es enseñar el pelo de la dehesa.

El ‘hoy por hoy’ como medida temporal en política

Carlos Navarro Antolín | 21 de diciembre de 2012 a las 17:21


Dicen que el poder iguala a las personas. Incluso a las más diferentes. O aparentemente diferentes. En el año 2005, siendo alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín (marchando cuarto y mitad de gerundio de lápida), el presidente del PP andaluz, Javier Arenas, comenzó a confirmar a Jaime Raynaud como candidato a la Alcaldía en las municipales de 2007. Arenas convocaba a los concejales los sábados por la mañana en el Hotel Inglaterra y les soltaba la correspondiente arenga. Por supuesto, siempre reforzaba a Raynaud ante el grupo municipal y ante los medios en el teletipo posterior. “Hoy por hoy Jaime Raynaud es nuestro referente en el Ayuntamiento”. “Hoy poy hoy no nos planteamos otra opción”. “Hoy por hoy es la mejor alternativa al gobierno de PSOE e IU”… Y Javié iba dándole salida al surtido variado del hoy por hoy en sus diferentes modalidades, sin olvidar la que incluía el escenario, que es una de mis favoritas: “Hoy por hoy no contemplo otro escenario para la candidatura”. Algunos decían que tanto repetir el hoy por hoy era una técnica subliminal del lince de Olvera para congraciarse con el Grupo Prisa. Cuando llegó la tarde del Corpus de 2006, se acabó el hoy por hoy… de tanto usarlo. Un teletipo anónimo tumbó las aspiraciones de Raynaud, un político serio, solvente y riguroso, pero que no terminaba de despegar en las encuestas. Le aplicaron el hoy por hoy de los presidentes de fútbol cuando quieren mandar al entrenador al frío de la calle. “Hoy por hoy fulanito es el entrenador”. Cierto presidente sevillista tal como soltaba su ración de hoy por hoy y dejaba la sala de prensa, estaba dándole instrucciones a Recursos Humanos para confeccionar el finiquito del míster.
El pasado lunes se celebró el denominado Consejo de Coordinación de la capital del PSOE de Sevilla, donde estuvieron los barandas del partido y cuyo objetivo, se supone, es aupar al líder de la oposición en el Ayuntamiento, Juan Espadas, al que esta vez colocaron perfectamente en la foto. Nada de sentarlo en una escalera, que eso es malo para la columna. Las lenguas viperinas dicen que este consejillo en realidad es el Observatorio de Juan Espadas que ha montado La Que Manda en el PSOE para ver su evolución en el palomar y someterlo a examen. El caso es que Susana Díaz intervino en la sesión, cómo no, y se hartó de referirse a Juan Espadas como futuro candidato a la Alcaldía en 2015 con el hoy por hoy como estribillo principal. Ojú. El presidente provincial del partido, Fernando Rodríguez Villalobos, también le dio hilo a la cometa del hoy por hoy. Así que ya saben ustedes. El hoy por hoy es, en fin, una medida de tiempo perfecta. ¿Cuánto dura un hoy por hoy? Ya lo dijo aquel: lo mismo que un salivajo en una tabla de planchar.

Conjunción planetaria: el Ateneo, el Consejo… y Javier Arenas

Carlos Navarro Antolín | 5 de diciembre de 2012 a las 18:16

Hay armas que las carga el cojuelo y coincidencias que la socorrida ironía del destino no es capaz de mejorar. Anoche se celebró la proclamación de los reyes magos, aquellos que fueron nombrados al fresquito de los aires acondicionados del verano. Ya se sabe que en esta ciudad los Oscar de la cabalgata se reparten en julio y la portada de la Feria se elige en agosto, para que luego haya largones porque los libros de los escolares se ponen a la venta un mes antes del inicio del curso, largones con cocodrilos en los bolsillos para pagar los libros pero que se pelean en la barra de Los 100 Montaditos por convidar a los amigos bajo la mirada agresiva de la parienta que ya te enterarás cuando lleguemos a casa. Pues tras el peñazo de los discursos oficiales, los reyes se organizaron su canapé particular en distintos restaurantes de postín, que eso de jamar de Bollullos, pagándose cada uno lo suyo, está estupendamente. Como los guantes Pinos, es divino. En una de esas cuchipandas estaba Melchor trabajando el caballito de jamón cuando se sumaron a su velada el presidente del Ateneo y el presidente del Consejo de Cofradías. Dos cabalgan juntos… Lo mejor viene cuando en ese mismo restaurante se encuentra también Javier Arenas, pero en otra sala, conste en acta que después vienen los problemas. Menuda conjunción planetaria: el Consejo de Cofradías, el Ateneo y… (redoble de tambores) el incombustible y felino Arenas. Dios los cría y el caballito de jamón los junta. O los acerca, porque ya decimos que juntos no estaban exactamente. Los clientes de la barra no salían de su asombro cuando vieron salir del restaurante a Alberto Máximo Pérez Calero y a Carlos Bourrelier. Mucho menos cuando a los tres minutos abandonó casualmente el local el factótum del centro derecha andaluz: Arenas para el público de a pie, el Arenas para los antiguos del partido (exclúyase a Albendea, que es hombre refinado en el trato y no antepone artículo a nombre propio) y simplemente Javié para los allegados. Javié para arriba y Javié para abajo, que a ver cuando a Javié me lo hacen ministro y deja vivir a las criaturitas de San Fernando (la sede, no el cementerio) que este hombre no para, que es de Duracell y que cada vez que se deja retratar con Griñán, oh casualidad, sube el precio del pan en el partido. Pues quedóse el restaurante despoblado y sin el lustre de tan reales pavos cuando se oyó una de esas sentencias que merecen lápida y cortinilla descorrida:
-Compadre, el que peor futuro tiene de los tres que han salido no es precisamente Arenas… Esta vez te digo yo que no.
-Qué razón tienes. Lo de Javié tiene arreglo. Pero lo del Ateneo y el Consejo… es para decirle al dueño que cuente si le faltan cubiertos.

Una espada para minorías

Carlos Navarro Antolín | 24 de noviembre de 2012 a las 5:00


En Sevilla hay procesiones para minorías. Sin pasos, sin música, sin varas, sin cirios, sin controles horarios. Procesiones que son como ritos casi ocultos, sin anuncios ni publicidades. San Clemente reúne cada mañana de 23 de noviembre a un grupo de incondicionales a una cita que se celebra temprano, en la penumbra de la Catedral y con la asistencia de la corporación municipal con sus correspondientes maceros y la pareja de ordenanzas con guantes blancos. El cabildo eclesiástico y el cabildo municipal, que antaño se llevaban como el perro y el gato, celebran juntos la reconquista de Sevilla con una procesión instaurada en 1255 por Alfonso X El Sabio. El alcalde, antiguamente asistente, porta la espada del Rey Santo. Dicen las malas lenguas que cuando Fernando III de Castilla entró en Sevilla con los caballeros veinticuatro se encontró con José Joaquín Gallardo en el decanato del Colegio de Abogados, Antonio Silva Florencio en el Consejo de Cofradías y José Cañete en Aprocom.
Zoido portó la espada por segunda vez. Del PP asistieron 17 de los 21 concejales. Del PSOE, sólo dos de 11. El socialista Juan Espadas debutó este año en la procesión. Le acompañó el concejal Alberto Moriña, portavoz adjunto del grupo socialista y reserva espiritual de la oposición municipal. Y de IU, ni estaban, ni se les esperaban, pues la costumbre es no participar en actos religiosos. Mucho menos si se trata de recordar reconquistas que el código de lo políticamente correcto prohíbe en su capítulo primero. A Torrijos no debe hacerle mucha gracia la fórmula del juramento que se le hace prestar al alcalde (en ella se habla de los agarenos) para que devuelva la espada al término de la ceremonia.
Al alcalde lo recibió en la Puerta de San Miguel el canónigo Pedro Ybarra. Zoido entró y saludó al primer agente de gala de la Policía Local. La procesión tiene un cortejo muy peculiar. Primero forman unos señores de traje oscuro y medallas que se dedican al estudio de la vida de Alfonso X El Sabio, después un largo tramo de señores con capas albas, que son de la orden de San Clemente, fundada antes de ayer por la mañana, a finales de los años ochenta. Algunas damas vinculadas a esta orden lucen mantillas negras. Todo muy historiado. Al término se pudo ver a algunos de ellos con la capa recogida sobre el antebrazo y la cerveza en la mano. Sin consumo no se sale de la crisis.
Los canónigos forman a continuación luciendo la espléndida colección de capas pluviales del Cabildo. Especial mención merece la que luce el deán, para el que se reserva la de las estrellas. Si el alcalde lleva la espada, el concejal más joven de la corporación, en este caso José Luis García, porta el pendón. El año pasado le criticaron el color del abrigo. Y este año la forma de portar el pendón, en vertical, en lugar de llevarlo terciado sobre el hombro. Un canónigo comentó después que un concejal debe saber cómo se lleva el pendón. Doctores tiene la Iglesia. Y por lo que se ve, también ingenuos. Será que Roma ya no es lo que era desde que nos han contado lo de los belenes sin. Sin buey ni mula.
Al alcalde portador de la espada no se le escapa ni un detalle de cuanto acontece alrededor… El canónigo Adolfo Petit lleva la reliquia de San Clemente. Yel público va acompañando el cortejo como puede, sorteando vallas, cintas, el entarimado del altar del jubileo y hasta al tío que trata de filtrar los accesos interrogando si va usted a la misa no vaya a ser que lleve otras aviesas intenciones. La Catedral, siempre tan hospitalaria. Al turista del pantalón corto y pelambrera al aire, como pasa por taquilla, no se le cuestionan sus intenciones.
Acabada la ceremonia, Zoido fue hasta la Capilla Real y devolvió la espada tal como había jurado. Se ve que San Fernando, que conquistó Sevilla en 1248, hace que los políticos cumplan sus promesas.

Coloqueitor sube como la espuma

Carlos Navarro Antolín | 22 de noviembre de 2012 a las 5:00

Los teletipos hay que leérselos enteros. Como las instrucciones del champú. Se lee usted la letra pequeña del gel del baño y es que aprende en un santiamén a hacer enormes cantidades de espuma. Vierte un dedito del producto bajo el chorro del agua, tal como explican amablemente en el bote y, hala, venga a subir la espuma. Se topa uno con el teletipo que anuncia que el PP de Sevilla aprobará mociones contra los desahucios por empresas públicas en todos los ayuntamientos y se encuentra, oh sorpresa, con una verdadera joya, un gato encerrado, una perla escondida, un por aquí te quiero ver que me la han colado y casi no me doy cuenta. En ese mismo texto donde Juan Bueno posiciona la gaviota sevillana a favor de querencia de uno de los temas de mayor sensibilidad en la España de finales de 2012, el flamante presidente del PP sevillano aprovecha para colarnos la muñeca chochona en forma de ingreso en el organigrama del joven concejal José Luis García. Fíjense cómo el teletipo lo carga el diablo: “Por otra parte, el Comité Ejecutivo ha aprobado también el nombramiento de José Luis García como coordinador territorial del PP de Sevilla por el importante trabajo que ha desarrollado desde Nuevas Generaciones por llevar el proyecto popular a nuestra tierra y contribuir de forma decisiva al avance que nuestra formación ha tenido en la provincia”. Vamos, que se dice ya que tienes más peligro que un “por otra parte”. Pista, que va el artista preguntando y señalando con el dejo en el ojo del baranderío del PP hispalense: ¿Pero este García no era el que nada más desembarcar el gobierno de los 20 concejales se dedicó a colocar a parientes y afectos en los distritos? ¿Pero este García no era Pepelu coloqueitor, que le costó el primer disgusto al alcalde Zoido? ¿Pero este García no provocó que el alcalde tuviera que pedir disculpas?
El PP siempre critica, no sin razón, que cuando la izquierda comete ciertos pecados o incurre en ciertas desaplicaciones (Cantatore dixit) parece disfrutar de bula. Dos ejemplos aún recientes: nadie dice esta boca es mía cuando Alfonso Guerra se mete con la juez Alaya con insinuaciones maliciosas ni cuando Diego Valderas refiere el tamaño de los pechos de una dirigente política. Si hubiera sido Javier Arenas el protagonista de semejantes necedades, lo del betunero del Palace se queda en pellizco de monja de la que le hubiera caído. Por eso ahora cabe pensar que si el PSOE o IU hubieran aupado en sus organigramas a un enchufador de parientes, el PP hubiera tardado dos minutos en escupir el teletipo cual puñado de sal en la herida del pasado. No se pierdan la explicación del presidente del PP de Sevilla, Juan Bueno, para bendecir el nuevo cargo de coloqueitor: “Quienes conocemos a García sabemos que es una persona totalmente entregada a su trabajo, a los sevillanos y a las ideas del Partido Popular, hechos que demuestran que la organización juvenil que preside desde 2009 haya crecido en la provincia más que nunca hasta ser de las primeras en Andalucía, así como el buen trabajo que también realiza en el Distrito Sur de Sevilla donde ejerce como concejal delegado”.
Como diría el galo desanimado e incrédulo de las viñetas del inolvidable Astérix tras perder la carrera en los Juegos Olímpicos: “Juan Bueno ha debido comer un jabalí en mal estado”. De otro modo no se entiende. Siga el PP enalteciendo a los enchufadores. No sólo no dimitió García cuando debió dimitir, no sólo no lo cesaron cuando debió ser cesado, sino que lo hacen coordinador territorial. Como diría el capataz para animar a la cuadrilla: ¡Olé la gente con arte que oléis a canela y clavo!” Y nos cuelan el nombramiento en el interlineado de un teletipo sobre los desahucios. ¿Había o no había gato encerrado? Miau, miau y requetemiau. Que suba, que suba la espuma en el PP de tanto echarle champú al chorrito del agua. Que la cosa al final siempre acaba en desahucio.