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Barranca, el ausente en el balance de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 23 de mayo de 2013 a las 5:00


¿Dónde estaba el Defensor cuando Zoido hizo su balance? No nos referimos al Cura Chamizo, que estaba el martes almorzando con el socialista Alfonso Rodríguez Gómez de Celis en El Copo y al que ya le están buscando sustituto. A Chamizo se lo buscan, no a Celis. Aunque si La que Manda en el PSOE pudiera, ya le hubiera buscado también sustituto a Celis, ¿verdad Alfonso? Pero no nos desviemos de la ruta, que el Defensor al que echamos en falta en el Salón Colón no fue al cura que más visita el Cairo (el bar, no la capital egipcia), sino a José Barranca, el Muy Incómodo Defensor de la Ciudadanía que canta las verdades del barquero en su informe anual que lee ante el Pleno en los diez minutos recortados que le concede Landa, ¿pero anda o no anda este Landa? Ojú.
¿Se olvidó la derecha de invitar a Pepebarranca a un acto tan preparadísimo? Ponemos cara avinagrada de Mouriño: ¿Por qué? Si estaban todos los gerentes de las empresas, con Jesús Maza por delante, recién lesionado y todo, yendo el hombre con las muletas que le van a dejar sin chaqué y sin farol de mano junto a la Custodia el Jueves de Corpus. Si estaban varios directores generales, incluido Joaquín Peña, al que ya le han perdonado que un día osó presidir el PP de Sevilla sin la bendición del aparato. Si estaban los directores de distritos, el personal de confianza del Alcázar, el gerente de Urbanismo, Petronio de las caracolas cartujanas; el gerente de la Agencia Tributaria que puso el PSOE y que el PP ha respetado, estaba hasta el concejal Pepelu con nuevo look de ejecutivo de Banesto tras haber acompañado a la carreta de Sevilla Sur con estética de jornalero del SAT… Qué mala pata que no vimos al bueno de Pepebarranca, el comandante de Caballería que cuenta los baches de la calle Cuna, que atiende a quienes reclaman el piso que les prometió Zoido en campaña, que le echa lo que hay que echarle para decir que la Policía Local no es amable con el ciudadano, que asume tantas tareas ingratas desde la independencia. Jugábamos a buscar a Wally en los oropeles del Salón Colón y Wally no estaba. Sería que andaría por la bulla de los codazos de los agradadores del poder, pero no lo vimos. Cosas de la miopía, de la que últimamente hay una oleada de casos en la Sevilla donde nadie ve nada. ¿Pues no dijo el presidente del Consejo que no vio la que se montó entre Los Panaderos y La Lanzada? ¿Pues no dijo la autoridad eclesiástica el día del vía crucis fallido que no había visto la salida desafiante del paso de Torreblanca? No vimos a Barranca como no vemos a los inversores que han de llegar a la ciudad, que deben ser como los del celebérrimo Pregón, inversores que vienen “pero nunca pasan”. El alcalde explicó las ausencias de Gregorio Serrano y Asunción Fley, apagando fuegos en Fibes; agradeció la labor de los diez mil trabajadores del Ayuntamiento, destacó la tarea de algunos gerentes que se encontraron telarañas empadronadas en las cuentas, se hartó de referencias personales, siguiendo su estilo campechano; pero, ay, no dijo nada de Barranca. ¿Lo han borrado del mailing? ¿Será que no ha elaborado un informe de 109 folios sobre los problemas de la ciudad? ¿Serán acaso los fríos que emite el ventilador del poder cuando está escocido? Será que nos afecta la miopía que asuela la ciudad.

A Zoido no le levantan la ceja

Carlos Navarro Antolín | 15 de mayo de 2013 a las 5:00


El sector audiovisual en Sevilla no le levanta la ceja a Zoido. Todo lo contrario. El alcalde mima a las productoras, a los dueños de los platós, a los proveedores de material audiovisual, a los distribuidores, a los animadores. Hasta los que alquilan animales para los largometrajes y los crotometrajes están encantados con el alcalde que no parece del PP, con permiso de Javié, que sí parece del PP y que el pasado domingo se trajo nada menos que a Rajoy a Sevilla a un acto privado. El alcalde se hace la foto con los de la ceja en la Plaza de España, pero cada uno con la ceja en su sitio; mientras al ministro en Madrid le levantan las cejas, las garras y lo que te rondaré morena. Zoido les ha hecho a los hispalenses de la ceja una guía pagada por el Ayuntamiento que no la mejora ni el mago Benito Navarrete con sus zurbaranes y zurbaranas de éxito. Benito va como la oca, de éxito en éxito y tiro porque me toca. Benito no dice el mundo es nuestro, sino el mapping es mío. La guía de Zoido para los de la ceja pretende atraer proyectos audiovisuales a todos los rincones de Sevilla, incluso a la Sevilla de los veladores, que es la real y verdadera. Entre las fotografías seleccionadas hay una de Argote de Molina en horario de prime time, cargadita de turistas, nuestros nuevos señores y amos los turistas, y tomada por las mesas y sillas de quien está a puntito ya de ser el amo de toda la calle, que uno mira la Cuesta del Bacalao en el Registro de la Propiedad y, menos el bacalao, casi todo es ya del mismo dueño. Lo de Robles en la Cuesta del Bacalao es como lo de la Frasquita en la Matalascañas de los años 80, una mancha de aceite que se iba extendiendo por negocios y locales a la velocidad del urbanismo de adosados de principios de siglo. Este Zoido sin complejos también ofrece en su catálogo las setas de Monteseirín para rodar películas y el estadio olímpico de Rojas-Marcos, aquel alcalde andalucista que protagonizó un montaje audiovisual en la campaña electoral del 99 para aparecer en lo alto de una de las columnas de la Alameda hablando nada menos que con Trajano y Adriano. “Soy Alejandro, quiero hacer grande a Sevilla, como vosotros la hicisteis”. Alejandro después acabó contemplando a su propio partido en llamas, hoy hecho cenizas sin esperanza de volver a ser lo que fueron. No sabemos si Alejandro tocó la lira mientras la cosa ardía… O comía nueces en la furgoneta electoral. El caso es que Zoido ya sabe cómo hacer para que no le levanten la ceja los de la ceja, fórmula que no le termina de salir con los suyos de Málaga. Será porque sigue sin parecer del PP. Y en política mandan las percepciones. Más vale parecer que ser. Lo peor es creérselo. O ponerse a la altura de los emperadores. Las barbas de Alejandro ya se cortaron. Pónganse los veinte concejales a remojar. Política, se rueda.

¿Peligra el sheriff del gobierno?

Carlos Navarro Antolín | 30 de abril de 2013 a las 5:00


La conocida como Ley Arenas permitió a los alcaldes de la grandes ciudades fichar para su gobierno a personas que no habían formado parte de la lista electoral. Por eso a estos ediles se les denomina dediles, que lo son en toda regla, una suerte de VIPS de la política municipal que se incorporan al sillón al toro pasado de las elecciones. Ni pegan carteles, ni sufren los mítines, ni se molestan en aplaudir cuando el jefe viene de Madrid a pasar revista. ¡Menudos privilegios! Así no extraña que la legión de paniaguados y ninis de los partidos miren a estos personajes con la ceja arqueada. Monteseirín fue el primer alcalde en usar esta potestad cuando colocó a Rosamar Prieto-Castro en Economía e Industria al poco de entrar la ley en vigor. Después nombró dentro de la cuota socialista del pacto de gobierno a Juan Carlos Marset y María Isabel Montaño en distintas etapas para Cultura, y a Ana Gómez para Asuntos Sociales. Para la delegación de Empleo colocó a dedo a Carlos Vázquez, el edil de IU que provocó una gran polémica al formar parte de un piquete violento en una huelga general.
Juan Ignacio Zoido apalabró en 2007 el fichaje como responsable político de la Policía Local de Antonio Bertomeu, comisario de la Policía Nacional que había sido jefe superior en Andalucía y que entonces se hacía cargo ya de la seguridad en Renfe. Pero ya se sabe que Zoido quedó orillado del poder tras aquellas elecciones por la renovación del pacto entre el PSOE e IU. La opción de Bertomeu se perdió. Y en 2011 negoció la entrada de otro curtido comisario de la Policía Nacional, Demetrio Cabello, al que el alcalde ha endosado también los asuntos de tráfico y transportes, con lo que le gusta al sheriff un policía y lo poquito que le apasionan los tejemanejes de Tussam y los carriles de dirección única. A Zoido le corresponden tres ediles no electos en función de la ley de su padrino Arenas, pero sólo ha nombrado a uno, probablemente porque no se entendería que sumara hasta tres más (con sus correspondientes sueldos de entre 50.000 y 60.000 euros anuales) cuando tiene la insólita cantidad de veinte concejales. De hecho ya se le discutió que tuviera que buscar fuera del equipo de concejales electos al delegado de Seguridad y Movilidad, cuando tenía y tiene dentro algunos perfiles tan apropiados para este puesto como Curro Pérez o Ignacio Flores.
En los grandes ayuntamientos se ha seguido esta práctica de meter delegados por la gatera siempre que ha sido posible. Ha habido casos en que determinados profesionales ni siquiera se han querido incorporar a tareas de gobierno ni aun asegurándoles no tener que probar el cáliz de una campaña electoral. Pero este escaso entusiasmo por la política entronca más bien con los bajos sueldos asignados a las concejalías en comparación con los de directivos en la empresa privada. De hecho, Juan Alberto Belloch ha reconocido este fin de semana que quiso fichar a un delegado de Economía para el Ayuntamiento de Zaragoza de acuerdo con la Ley de Grandes Ciudades y que ninguno de los tres profesionales de prestigio con los que contactó aceptó el ofrecimiento. Ahora resulta que el Tribunal Constitucional, ¡diez años después!, considera que la ley del campeón Arenas lesiona el precepto constitucional que dicta que los concejales han de ser elegidos por los ciudadanos, lo que pone en jaque a dediles como el solvente Demetrio Cabello, cuyo perfil de hombre duro y por fortuna ajeno a los códigos de los políticamente correcto se suavizó la pasada Feria por el relato del pavo perdido y encontrado en la glorieta de las Cigarreras. Mira que si el TC nos quita a Cabello, adónde estaré Dios mío la próxima primavera con una Feria sin sheriff, sin pavo y sin esas ruedas de prensa que han sido la sal y la pimienta de la fiesta. A Cabello se le conoce ahora por la frivolidad del relato del pavo, pero sería injusto no reconocer su valor en otras situaciones, como cuando soportó la reacción airada de policías que estaban manifestándose en la Plaza Nueva o su estilo directo al llamar a las cosas por su nombre tras la difusión de la fotografía de los dos incautos agentes exhibiendo el fajo de actas de coches retirados por la grúa: “No son dignos de vestir el uniforme”.

Indulgencia y penitencia

Carlos Navarro Antolín | 29 de abril de 2013 a las 11:14

Alguna lápida debería premiar con indulgencias totales o parciales la asistencia a los plenos del Ayuntamiento, soporíferas exhibiciones de política low cost donde se golpea la lengua española, se subliman los planteamientos ridículos, se abusa del y tú más y se manosean con una facilidad pueril los asuntos de la política nacional para tratar de sacar rédito (risas en off) en el ámbito local.
Una concejal veterana ya como Josefa Medrano (IU) perdió varios minutos en exigir una corrección tan fundamental en la gestión de la ciudad como que el distrito Bellavista-La Palmera sea así denominado y no como el distrito La Palmera-Bellavista. Es lo mismo, pero no es lo mismo, como dijo aquél. Medrano aludió poco menos que a los años de lucha vecinal para conseguir tan preciado trofeo de la justicia social. Los fachas de La Palmera que vayan citados por detrás, ¡hombre ya! El socialista Juan Manuel Flores, líder de la oposición interna al líder de la oposición (han leído bien), refirió a la Cospedal y a los nazis en su intervención en la moción de reprobación a la consejera Cortés, la que se despachó en su primera audiencia con notarios y registradores dejando claro su ateísmo en materia de propiedad privada.
Por fin oímos al concejal Rafael Belmonte, destinado por Zoido al inclemente frente de Bellavista. Yseguimos esperando la oportunidad de conocer el timbre de voz de algunos miembros del gobierno. El alcalde hizo la estatua. No habló en todo el Pleno. Por eso Torrijos le llamó en varios ocasiones “el alcalde mudito”, que suena a título de novela. Y Espadas se abonó a la gracieta de Torrijos. No fue la única vez que le siguió la rueda. Torrijos también puso al alcalde de perfecto delegado de Fiestas Mayores: “No se pierde un sarao. Pero gobernar, no gobierna”.
Juan Bueno denunció los 47.000 desahucios siendo Juan Espadas el consejero de Vivienda de la Junta. Mirando al galeno Flores le indicó que el responsable de aquello estaba “abajo a la izquierda”, en alusión al lugar en la bancada del portavoz socialista. Espadas se envolvió en una halo de misterio antes de anunciar la extracción de un conejo de la chistera: una fotografía de Zoido jugando al tenis en los preparativos de la pasada final de la Davis. Dijo que Zoido aparecía dando un revés. Error. Era un drive. Que esto sí que no es lo mismo, no como lo de la Medrano con la Palmera y Bellavista.
Un grupo de taxistas increparon al sheriff Cabello, delegado de Seguridad y Movilidad. Fueron desalojados de forma pacífica. Trabajadores de Mercasevilla protestaron en la Plaza Nueva. Yel Defensor del Ciudadano, José Barranca, se tragó otro Pleno. Recibió más elogios a su informe de gestión, máxime tras la foto de los dos policías locales jactándose del fajo de actas de la grúa, lo que confirma las desaplicaciones en el cuerpo.
La oposición arremetió con habilidad contra el gobierno en materia de vivienda usando los últimos datos del informe de la Defensora del Pueblo Español, Soledad Becerril. Si el PSOE e IU se tomaran la molestia de leer el informe de Barranca, podrían apretar aún más la puya no usando ya a una figura de prestigio como la de la ex alcaldesa, sino al propio Defensor designado por Zoido. Pero eso sería altura de miras. Al final hay que agradecer que no se televisen los plenos. Mejor que en la emisora local sigan reponiendo la cinta de la Semana Santa de 2010. Penitencia para ganar indulgencias.

Las cacas de los perros, el segundo gran reto de Paco Pepe

Carlos Navarro Antolín | 24 de abril de 2013 a las 18:36


La derecha que nos gobierna sigue fiel a la política de infantería. A falta de perras en la caja, perros en las calles. Muchos perros. Muchísimos. Pero pintados en las señales. Guau, guau. La Policía es la que multa, pero sabemos que el gerente de Lipasam, el nunca bien ponderado Paco Pepe, no ha tardado un minuto en afrontar el segundo gran reto de esta sociedad municipal: la cruzada contra las heces caninas. Hasta hay un protocolo de actuación (toma del frasco…) para que los inspectores de Lipasam y los policías locales colaboren contra esta lacra que pone de los nervios a los viandantes. Primero fue sellar la paz social después de nueve días de huelga de limpieza, aquellas horas en las que a punto estuvimos de estrenar el botafumeiro hispalense en la Plaza Nueva, con Jesús Maza y Maximiliano Vílchez (Vírrrsheee, para la edil Medrano) como tiraboleiros de privilegio para matar el olor a basura como se mata el olor a sudor del peregrino. La derecha nos exhibe a un perro en una señal con la que ocurre como la torre del pueblo de Juan Ramón. Vista de cerca parece la Giralda vista de lejos, pero en versión de prohibición que mirada de cerca parece cierto cartel de la temporada taurina visto de lejos, con aquel toro estreñido que acababa de meter los cuartos delanteros en un enchufe. ¿Y por qué no han puesto a un perro haciendo aguas menores? ¿Acaso no se sanciona también el pipí de perro? El PSOE puso a principios de siglo aquellos pipicanes que provocaron risas malévolas, porque las malas lenguas decían que se sorteaba un fin de semana en Rota entre los amos de canes que los usaran. Estudios de los apócrifos servicios secretos municipales aseveran que ciertos pipicanes fueron utilizados más por los amos en noches de botellonas que por las mascotas, con guasa incluida a la hora de activar la cisterna. Y estudios oficiales determinaron que en Sevilla sólo había un pipican por cada 12.500 canes. Ni había pan para tanto chorizo ni pipicanes para tanto perro. ¡La del pipican sí que es una ratio que no hay consejería de la Junta que la arregle! A punto estuvimos de asistir a la botadura del Observatorio del Pipican. Pero se cayó el mercado inmobiliario… y los pipicanes. Y ahora el PP de los 20 concejales y la tiesura le echa a las cacas los redaños que no exhibe contra las sillas de los chinos en Semana Santa. A ver si Paco Pepe nos da la ratio más buscada: la del número de amos de perros con educación y vergüenza que impiden la presencia en la vía pública de esa catalina que ni es santa ni necesita restauración. De los pipicanes del PSOE a los perros sin trapío del PP. Política de ladrido. Guau, guau.

El defensor Barranca, el concejal número 12 del PSOE

Carlos Navarro Antolín | 3 de abril de 2013 a las 5:00


EL PP logró la Alcaldía de Sevilla a base de acentuar el desgaste del gobierno de coalición de PSOE e IU, ya de por sí tocado como cualquier gobierno por el mero paso de los años, difundiendo escándalos de todo tipo y consagrando la figura de su candidato a la micropolítica, una opción inteligente cuando las arcas públicas no están para grandes proyectos ni para megalomanías con las que pasar a la historia en los gerundios de las placas. Las farolas, los bancos, los baches, el tráfico, la limpieza, las fiestas mayores, las velás de los barrios… Zoido ligado a la imagen de la ciudad idónea para vivir, Sevilla como estandarte de la ciudad que funciona como un reloj, una urbe paradisíaca en la que los reyes magos pasan fresquitos el verano. El alcalde apostó por un militar para ejercer de defensor del ciudadano, un hombre honrado que se confiesa de derechas (delito aún no tipificado en el Código Penal) al que cierta izquierda que se cree poseedora de la supremacía moral ha tratado de estigmatizar como golpista, de orillar como canalizador de las cuitas vecinales y de marginar del funcionamiento democrático.
Resulta que José Barranca, el peligroso tipo al que Zoido puso al frente de la denominada comisión de quejas, sugerencias y reclamaciones, ha presentado un informe de la gestión de 2012 que debería ser la hoja de ruta del gobierno y de la oposición en la gestión municipal. Una memoria que es el espejo de la calle, que recoge las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos en su vida cotidiana, que es una guía práctica de la ciudad y que pone en jaque, precisamente, la micropolítica que llevó al PP a arrasar en las urnas desde el momento en que cuestiona la formación de los policías locales, denuncia el matonismo de los taxistas del aeropuerto, el desahogo y la chulería de muchos ciclistas, el abuso de los hosteleros que invaden las aceras con mesas y sillas, el incivismo de los amos de perros que dejan sueltos a los animales y el vandalismo que deja inútiles los parques y los convierte en lugares inhóspitos. Esto no es fascismo, señores de la oposición; esto en todo caso es barranquismo, de Barranca.
La torpeza de la oposición no ha estado ni en dejar los asientos vacíos cuando tocaba a hablar ante el Pleno al Defensor del Ciudadano, ni en obsesionarse con alimentar la mentira del supuesto perfil progolpista de este militar de Caballería. La torpeza ha estado en no sacarle partido al informe de Barranca, cuya lectura deja en evidencia la micropolítica que ha llevado al PP a su mayor cota de éxito electoral en Sevilla. La naranja tenía zumo para ser exprimida, pero los prejuicios han jugado en contra de la oposición. Ni se molestaron en pelar la fruta para evaluar su calidad.
El Defensor del Ciudadano elegido por Zoido y mantenido por Zoido frente al viento de IU y la marea del PSOE ha cuestionado la propia base del éxito de Zoido al exhibir las lagunas del funcionamiento ordinario de la ciudad. Barranca parece el concejal número 12 del PSOE como la afición sevillana era el jugador número 12 de la selección española. Al PSOE y a IU se las pusieron como a Fernando VII. Pero sólo vieron fascistas donde había molinos. Torpeza o miopía.

Los bandazos de la oposición

Carlos Navarro Antolín | 15 de febrero de 2013 a las 21:04

Que un político de la oposición que pretende ser visto como alternativa de gobierno promueva una campaña de desprestigio contra dos marcas comerciales (Danone y Cargill) que anuncian su marcha de la ciudad es un ejercicio de irresponsabilidad. Si Juan Espadas no conoce otra serie de medidas, no se le ocurren otras ideas ni dispone de otros recursos como representante público para defender los derechos de los trabajadores de esas empresas que echarle directamente los gatos a ambas firmas, se pone a la atura de los presidente de fútbol que se comportan como forofos. Ahora es cuando se explica la calma del PP sevillano en tiempos de marejada nacional. Lo de activar campañas de desprestigio tiene mala música y se aleja de esa posición del centro político que permite pescar en todos los caladeros electorales. Debe ser más bien el ruido que se hace desde la bancada de la oposición para hacerse oír cuando el grupo político tiene el aspecto de un ejército vencido, el alcalde ha salido reforzado tras una huelga salvaje y media ciudad anda mirando al cielo para ver si salen los pasos del vía crucis de la fe, que fe es la que hay que tener para seguir leyendo algunas informaciones de la política municipal. En los últimos años hemos visto oposiciones planas, agresivas y hasta histriónicas, como cuando Beltrán Pérez (PP) sacó un cencerro en la sala de prensa en una maniobra claramente efectista. Las campañas de desprestigio contra empresas promovidas desde una sede institucional son la huida al monte, una suerte de endurecimiento de un discurso que vuelve a dar la razón a FG cuando reclama que el PSOE debe recuperar la vocación de mayoría. No tiene sentido que Espadas participe del Corpus o de la procesión de San Clemente y pegue la espantá de un hospital donde se inaugura una planta para niños con cáncer en el momento que un sacerdote bendice las instalaciones, salvo que el socio de gobierno autonómico (IU) obligue a suspender los villancicos en el Parlamento y alejarse de los curas porque las sotanas deben producir urticaria. A Dios rogando en Sevilla y con el mazo dando en Andalucía. No tiene sentido que Espadas fomente las relaciones con la patronal para chinchar a Zoido cuando la ocasión la pintan calva y se revista después de un sindicalismo radical y pancartero para captar un puñado de votos (seguro que son más los que pierde) o rebañar un par de efímeros titulares, a no ser que tenga interiorizado que el PSOE sevillano está como el federal en los últimos meses: sin levantar cabeza a pesar del tufo que emana la marca electoral del PP. No es ese el socialismo moderado de los grandes años de este partido. Está visto que la oposición también tiene su particular operación talento y da sus particulares bandazos. El PP se pudre y el PSOE está como la perdiz: mareado.

Tócala otra vez, Juan Ignacio

Carlos Navarro Antolín | 9 de febrero de 2013 a las 5:00


Zoido ha escapado la mar de bien después de once días de huelga de limpieza. Es el alcalde que ha sacado más concejales y el que ha soportado la huelga más larga. Estuvo hábil al delegar en Jesús Maza gran parte del peso de las negociaciones en detrimento del gerente de la empresa, Francisco José Juan, achicharrado en el frente cotidiano. Los sindicatos deberían entrar ahora en fase de meditación junto al Tíbet, porque no han jugado bien determinadas cartas. Parece que en ningún momento calcularon sus puntos débiles: la paga de 1.400 euros por no faltar al trabajo y una plantilla en la que entre fijos y eventuales, entre padres, hijos y otros parientes, hay más coincidencia de apellidos que en la Real Maestranza. El Ayuntamiento ha sacado lo que pretendía: la reducción del 5% en coste de personal. Aunque ha cedido en parte en la forma de hacerlo, pues las dos horas y media de más que ahora hay que trabajar no se aplicarán en días de descanso, sino en las jornadas ya laborables.
La eliminación de la denominada bolsa de absentismo, que se nutría del dinero sobrante del plus que premia la asistencia al trabajo, es una primera medida obligada con efecto en las retribuciones, pero que a la larga mejora la imagen de los trabajadores. Lo de cobrar por no faltar al trabajo erosiona mucho más esa imagen que tanto preocupa ahora a los sindicatos que la difusión de la cuantía de sueldos pagados con dinero público. En la inminente negociación de un nuevo convenio laboral en Lipasam habrá que sopesar la supresión total de tan sonrojante incentivo. Y no se pierdan la guinda de la huelga. Que en veinticuatro horas cambie tan radicalmente el resultado de una votación sobre un mismo acuerdo por el mero hecho de que pase de votarse a mano alzada a hacerlo en secreto es como para que los sindicatos evalúen bien su verdadero grado de implantación entre el colectivo de trabajadores. Con el antifaz puesto, ya no había tantas ganas de huelga. Casi ninguna.
A Zoido habría que aplicarle ahora la máxima de los abogados: olvida tan pronto tanto tu victoria como tu derrota. Ahora tiene ante sí las reivindicaciones de la Policía Local, cuyo sindicato mayoritario anuncia sin reparo alguno que puede haber acciones de protesta en el vía crucis de la Fe o en la maratón. La lista de alcaldes que en España han tropezado con los cuerpos de la Policía Local es larga. Basta preguntarle ahora a Monteseirín en privado por su experiencia con este cuerpo, que no se olvide que vela por la seguridad. La percepción inequívoca es que o se pasa por taquilla con la Policía Local, o problemas asegurados. Y el caso es que al sindicato no le falta razón cuando recuerdan todo lo que les prometió el alcalde bajo las lonas de una caseta. La política tiene esa evocación del mito de Sísifo. Cuando Zoido eleva la piedra de Lipasam hasta la cima, se cae la piedra de la Policía Local hasta la sima. Y la banda municipal se mete ahora en el circo cual abuela fumadora. Tócala otra vez, Juan Ignacio.

Lipasam, el primer gran reto de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 6 de febrero de 2013 a las 16:15


La talla del gobernante se mide en las dificultades. Darle al botón del alumbrao de la Feria, visitar las verbenas de los barrios, dedicar las mañanas de Semana Santa a cumplir con las cofradías del día, recibir a jeques árabes en la Feria, coronar a los reyes magos o presentar los carteles de las fiestas de primavera lo hace casi cualquier alcalde. No digamos recoger ovaciones en una procesión de Corpus. Poner la ciudad a punto en tiempo récord para la final de la Copa Davis, cepillarse el Plan de Tráfico o reiventar la Navidad son tres ejemplos de acciones de gobierno que suscitan distintas opiniones entre el exceso de elogio y la cicatería en el reconocimiento, que de todo hay. El fuego cruzado de críticas y reconocimientos entra dentro de la batalla cotidiana en la que zigzaguea todo gobernante. La lidia del toro tobillero de la huelga de Lipasam es la primera gran prueba a la que se somete Juan Ignacio Zoido como alcalde cuando aún no lleva ni dos años de gobierno. Primero, porque tiene que poner coto a los privilegios concedidos por anteriores ejecutivos locales que vendieron muy cara la paz social a costa de las arcas públicas, repartiendo caramelos como orondos monarcas de Oriente. Segundo, porque está en juego la imagen de una ciudad cuya economía descansa cada vez más en el sector terciario, en una urbe en la que las cafeterías se subrrogan en los contratos de alquiler de las sucursales bancarias. Tercero, porque el tema tiene un indudable eco nacional en los telediarios, lo que genera daños colaterales como la suspensión de las reservas hoteleras. Cuarto, porque Zoido vive esta huelga en un momento de extrema debilidad para las siglas de su partido. Sevilla apesta a basura y el PP desprende un olor fétido a corrupción. Quinto, porque buena parte de la bancada le exige al alcalde que aguante el pulso a los sindicatos porque nadie ha disfrutado nunca de 20 concejales y porque los 90.000 parados de Sevilla, sus respectivos familiares y allegados, no perdonan esta vez los pluses y ventajas que disfruta una plantilla a la que simplemente se planteaba de inicio una rebaja del 5% en el coste de personal que ha terminado por quedarse en un 3,6%. Cabría pensar en la reacción sindical en caso de presentación de un ERE como ocurrió en Jerez. Sexto, porque cualquier cesión a los sindicatos de la empresa municipal de limpieza acarrearía una oleada de reivindicaciones en otros colectivos municipales al muy ibérico estilo del qué hay de lo mío. Y séptimo porque ahora se encuentra con un comité marcado por un evidente déficit de representatividad cuyo máximo dirigente califica de muy interesante un preacuerdo que la asamblea de trabajadores tumba a los pocos minutos a golpe de gritos sin necesidad de votaciones.
El recurso a una empresa privada para efectuar las tareas de limpieza generará nuevos problemas, pues obligaría a reforzar la seguridad de esos trabajadores en una ciudad en la que los policías locales van con mascarillas en señal de protesta (ni siquiera hacen excepciones aun tratándose de actos de homenaje a víctimas de ETA) y en una ciudad también que ha amanecido con carteles anónimos que alertan de la suspensión del vía crucis del día 17 por imposibilidad de garantizar la seguridad. La oposición se ha tirado a su particular monte de las pancartas buscando el orégano imposible y los ciudadanos bastante tienen con apretarse las fosas nasales en cada esquina y rezar para que siga el frío, siempre más limpio que el calor.
El toro de Lipasam, como dicen los taurinos, es de puerta grande o de enfermería. El morlaco está pasado de báscula y tiene los pitones escobillados, nunca mejor dicho. La plaza está a rebosar de público expectante. El festejo es televisado. Y aún quedan dos Corpus y muchas procesiones. Ahora es cuando se exige dar la talla.

Lipasam y el Lunes de Resaca

Carlos Navarro Antolín | 29 de enero de 2013 a las 5:00


Que en la mesa de negociación de un convenio laboral de cualquier empresa, pública o privada, se valore la posibilidad de que los empleados tengan que ser incentivados exclusivamente para que acudan a su puesto de trabajo es sencillamente ofensivo para esa inmensa mayoría de trabajadores que cumple con su obligación sin necesidad de sonrojantes estímulos extras. Que la dirección de una empresa cualquiera se pliegue a pagar 1.400 euros anuales a cada uno de los trabajadores que no falten al trabajo sin causa justificada es sencillamente vergonzoso. Y que encima se haga con dinero público es sencillamente reprobable. Estamos de saldo con la sencillez, oiga. El denominado plus por no absentismo, que se está pagando desde hace años en Lipasam, equivale en el terreno laboral al denominado Lunes de Resaca en el calendario festivo de la ciudad. ¿Recuerdan aquellos Lunes de Resaca que después se ennoblecieron y tornaron en Lunes de Guardiola y que ahora han quedado en Lunes peladitos y mondaditos? Ese día de descanso tras la Feria oficializaba que los sevillanos necesitan un día para dormir la tajá antes de volver al puesto de trabajo, ergo reconocer que hay empresas públicas en las que se necesita un acicate (contante y sonante) simplemente por acudir al centro de trabajo ya me dirán ustedes lo que oficializa: la poca… Poquísima. Las loables conquistas sociales no pueden consistir nunca en que haya que pagar para garantizar la mera presencia del trabajador, dejando aparte el rendimiento y los resultados. Cuenta un sindicalista que ese plus hubo que instaurarlo ante el creciente absentismo en la empresa por la dureza del trabajo en la calle, en horario nocturno y con el clima jugando en contra en muchas ocasiones. Que Canorea y Valencia paguen a Morante el Domingo de Resurrección un plus por no acojonamiento ante el toro. Y no digamos el Domingo de Feria, que son de Miura, mire usted. Los de Zahariche merecen un plus playero. Pero no para irse a Matalascañas y quitarse del cartel, sino para aguantar el sistema nervioso ante la cornamenta playera de toros tan agalgados.
Tal vez el panorama actual no es más que la resaca de los años grandes, cuando los gobiernos municipales disparaban con pólvora del rey en las mesas de negociaciones para garantizar la paz social. Cuantísimos dirigentes no aparecían como hábiles negociadores cuando no habían hecho más que firmar un cheque. Se acabó la pólvora, se esfumó la paz. Cuando la pólvora sale por la puerta, la paz se pira por la ventana. Contra la resaca ya se sabe: agua, aspirina y café. Y pasar la vergüenza de haber metido la pata. Como pedir cobrar por simplemente llegar a la hora obligada.