El último ‘chichichí’ de Rajoy

Carlos Navarro Antolín | 20 de julio de 2018 a las 19:54

Amat

Los compromisarios de la derecha política española se mezclan en el vestíbulo del colosal hotel Marriot con las azafatas de las líneas áreas de la compañía Fly Emirates. Turbantes rojos combinados con tonos azules. Manifestantes de la plataforma ‘Hazte Oír’ protagonizan una performancea las puertas del hotel cuando todavía no hay mucha animación. Lo ya sabido: sus miembros están con Pablo Casado y demonizan la figura de Soraya. Emplean pancartas, caretas y demás parafernalia. Los andaluces desembarcan. Los mejores momentos ocurren cuando Gabriel Amat, situado estratégicamente junto al acceso principal del hotel, va recibiendo a quienes se acercan a su sofá. Se levanta y explica la que todo el mundo considera que ha sido su sorpresiva posición política: primero al apoyar a Cospedal y después a Casado. El almeriense tiene ganas de explicar sus razones en privado, pero por el momento parece que nadie alcanza a comprenderlas. La vicepresidenta del Parlamento de Andalucía, Patricia del Pozo, es de las que charla con Amat en profundidad. A la vista de todos. El presidente del PP almeriense, presidente de la Diputación Provincial y alcalde de Roquetas tiene a todo el peperío andaluz perplejo después de años de fidelidad a Javier Arenas. El sevillano Arenas llegó a ser cabeza de lista en más de una ocasión por la provincia más oriental de Andalucía. ¿Qué será de Arenas, por cierto, tras este congreso? “Ha ligado su carrera a Rajoy, huelo que se va”, dice un destacado militante andaluz en privado.

La noche anterior fue larga. Se nota en la cadencia de los compromisarios a la hora de llegar al hotel para recoger las credenciales. Lo más comentado es la estrategia de comunicación de los candidatos en el último día de campaña: las imágenes difundidas sobre los almuerzos. Soraya y su gente, en una mesa sin mantel, con cajas de pizzas y refrescos, como hinchas de salón antes de un partido. Todos los comentarios coinciden en que Arenas jamás ha probado la pizza, pero en la foto se le veía muy implicado. Casado y varios ex ministros ofrecieron una imagen más formal al elegir el simbólico restaurante Arahy, donde Rajoy vivió su última tarde como presidente.

Soraya Sáenz de Santamaría fue la primera gran protagonista en acceder al plenario del congreso. Compromisarias de Cudillero (Asturias) venden lotería de Navidad terminada en 83. Juan Ignacio Zoido, ex ministro del Interior, compra un décimo. Al igual que el ex alcalde de Almería, Luis Rodríguez-Comendador. Ambos vienen de tomarse juntos una copita de Ribera del Duero. Celia Villalobos cruza el hotel como un ciclón. El aparato provincial del PP sevillano almuerza en un salón marcado por la estética de grandes murales de jugadores de hockey y baloncesto americanos. Llegan, por fin, los compromisarios de Madrid. Los de Murcia. Y los de Castilla la Mancha…

gruposevilla

Soraya tarda en descender las escalinatas del plenario. Se hace ‘selfies’ con todos. Va arropada por andaluces como Antonio Sanz, vicario de Arenas, la onubense Báñez y el presidente regional Moreno Bonilla. “Aquí hay mucho poder”, afirma una voz femenina. “No te equivoques, todo este tinglado es porque se ha perdido el poder”, replica una voz masculina. Arenas se quita y se pone las gafas de pasta. Casado llega minutos después entre vítores, arropado por Adolfo Suárez Illana, las andaluzas Esperanza Oña y Teresa Jiménez Becerril, la catalana Andrea Levy. Más ‘selfies’. Más sonrisas. La música suena a niveles estridentes cuando aparece Mariano Rajoy acompañado por Cospedal y Maíllo. “Chichichí, hola, hola, ¿qué tal?”. El ex presidente del Gobierno tiene un saludo especial hacia el ex delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Milló, el hombre que representa la aplicación del artículo 155. “Luego saludamos al catalán, pobrecito”, se oye entre el público. El canal interno de televisión ofrece en directo el saludo de Soraya y Rajoy, calculadamente frío en el gesto, pero cálido en la mirada. Hay complicidad. Del saludo del todavía presidente del partido con Pablo Casado no se ofrecen imágenes.

Casado y Soraya se sientan separados solamente por la presidenta del Congreso de los Diputados, la gallega Ana Pastor. El canal interno se recrea una y otra vez en el rostro emocionado de María Dolores de Cospedal mientras suena la Marcha Real, anunciada como “himno nacional” por el presidente del comité organizador del congreso, Luis de Grandes. Rajoy está acompañado por su mujer, una de las grandes desconocidas para los españoles, siempre con un perfil más que discreto y, ayer, con el rostro muy serio. Rajoy se lleva la primera gran ovación cuando Grandes proclama con entusiasmo: “¡Nos duele en el alma que te vayas!”. El auditorio truena. Todos en pie, menos Rajoy y su esposa. “¡Yo no quitaré tu retrato de mi mesa de trabajo!”. Más aplausos, más emociones, más liturgia de emociones y sentimientos para el consumo interno. Un congreso, en definitiva, es también un ajuste de emociones, además de ser un ajuste de cuentas. Ana Pastor proclama proclama a Rajoy como el mejor presidente. Rajoy llora y mira a su mujer, a quien se le cae una lágrima por la mejilla derecha.

zoido

“Esta noche pronto a dormir, ¿eh? Que mañana el día es intenso”, susurra un veterano compromisario al oído de un miembro de Nuevas Generaciones. Cospedal, entera de blanco, termina su largo discurso. Hay militantes que se quedan sentados y no aplauden, como es el caso de muchos del aparato provincial sevillano. No la jaman. No pisó la capital de Andalucía en la campaña de las primarias. Se oye una maldad con acento andaluz: “Esta señora tenía su discurso hecho por si pasaba el corte de las primarias. Y le ha dado salida como hace mi madre con las albóndigas que sobran”. Un conocido socialista andaluz envía un mensaje en el que ruega que gane Casado: “Es mucho más batible que Soraya. Y en las fotos se parece a Rivera”. Rajoy se emociona por enésima vez, pero sin perder el tipo. “¿Presidente, un selfie?”. “Chichichí”.

La verdadera competencia

Carlos Navarro Antolín | 18 de julio de 2018 a las 5:00

Foto MILTMP58387515

LOS partidos de fútbol que alguien trata de ganar en los despachos nunca tienen la sal, la alegría, ni el jolgorio de los goles. Son, a lo sumo, victorias frías que nadie recuerda, nadie celebra, nadie rememora salvo para referir que fueron eso: triunfos administrativos. Son como el dinero ganado en la lotería: el primer día se celebra, a partir del segundo se oculta. Las victorias logradas por abogados o gerentes son gélidas en el mejor de los casos, porque el fútbol es pasión y emoción, es sentimiento y hasta memoria, por mucho que la legislación que convirtió los clubes en sociedades anónimas dejara el futuro de la mayoría de las entidades en manos de los accionistas y no de los socios.

En el periodismo ocurre tres cuartos bien despachados de lo mismo. El ejercicio romántico de hacer un periódico tiene mucho, muchísimo, de pasión. La verdadera competencia está en el kiosko con las ediciones de papel que por fortuna sobreviven, en las pujantes ediciones digitales, en lograr vertebrar una ciudad de 700.000 habitantes en tiempo récord, en escrutar el día a día de la urbe en titulares propios, en lograr que parte de la población se identifique con una marca, en conseguir un grado de penetración más que notable en sectores tradicionalmente atribuidos a otras marcas periodísticas. La información no se da ni se quita. Hay que trabajarla cada día, como el Rey se ha de ganar el empleo cada amanecer. Con esfuerzo, con dedicación, con cariño, con sacrificio. La información está ahí, hay que buscarla. Hay que cazar cada día el mamut de la noticia. Así es como se compite. No metiendo el pie como una guadaña al delantero que se ha escapado, sino metiendo tú los goles de los titulares de cada día. La verdadera competencia en periodismo no está en los despachos, no está en el dinero, no está en los ERE que encima te debilitan porque te restan recursos humanos, no está en las amenazas ni en las presiones a las fuentes que no te has trabajado, o que consideras que te deben llamar mientras te apoltronas en una silla, porque piensas que eres depositario de un privilegio que te concede la historia y el prestigio que otros trabajaron.

La verdadera competencia en periodismo está simple y llanamente en estar en la calle para obtener información, no para hacer amigos o llenarte la panza de canapés, no para tratar de ser un personaje a costa de la marca de la empresa, no para medrar socialmente por la vía de tu posición profesional lo que no recibiste por la cuna. La verdadera competencia está en ocupar los espacios sociales del otro con trabajo, simplemente con trabajo. Sin meter los codos, con humildad, con dedicación, con horas de presencia o ausencia según la conveniencia que dicta el interés periodístico, con la idea clara y firme de que prima la noticia de interés general por encima de la relación social particular, teniendo claro que la preferencia es del periódico (siempre del periódico) por encima de tu propia posición.

Bastaría recordar algunos principios básicos, sin pretensiones didácticas, con la única intención de refrescar normas de actuación que increíblemente parecen olvidadas. O a lo peor, maliciosamente orilladas. El periodista que compite con honradez y honestidad no espera a que le llamen, es él quien llama por teléfono. No aguarda la noticia, es él quién corre a su encuentro. No hace campañas a favor ni en contra de nadie, sólo procura ser el narrador omnisciente que siempre se guarda contactos en todos los bandos no por gusto o simpatías personales, sino porque el periódico (siempre el periódico) debe estar salvaguardado de fobias o intereses particulares o institucionales.

No hace muchos días que referimos a un alto directivo de los medios de comunicación la manía de algunos periódicos por entrar en campañas de todo tipo. Lo peor no es entrar –le dijimos– lo peor es perderlas. Hay especialistas en apostar siempre a los caballos perdedores. Y quien resulta dañado es el periódico (siempre el periódico).

La ciudad de Sevilla es como la información. No es patrimonio de nadie. Está ahí para quien quiera trabajar. Repetimos: en buena lid. La verdadera competencia es marcar la actualidad desde el Ayuntamiento a las cofradías, desde la Real Maestranza a los sindicatos, desde los colegios profesionales a los partidos políticos, desde los tribunales de Justicia a los clubes de fútbol. Y más hermoso es hacerlo cuando, repetimos, se trata de sectores que por tradición se consideran territorios exclusivos de tus propios competidores, colectivos en los que tienes el privilegio de narrar cómo son sus entrañas: desde la retransmisión de un comité ejecutivo de una formación política, a las votaciones para el pregonero de Semana Santa, pasando por las deudas fiscales de políticos de distinto signo.

La verdadera competencia es publicar con detalle los sucesos que otros no huelen, los tejemanejes de la mafia del taxi, los vídeos que desmontan las teorías paranoicas de la Madrugada, las restauraciones de la Catedral, las reformas en un monumento como la plaza de toros, el Palacio Arzobispal o de un edificio como el estadio del Sevilla, los ingresos de nuevos caballeros maestrantes, el informe de la juez Alaya poniendo a parir a Bolaños, el informe del inspector del SAS sobre el fraude en las clínicas dentales, la propuesta de tranvía que ha generado un debate de altura política, el nuevo mapa escolar o los nuevos criterios para gravar las herencias más modestas pese al enojo de la Junta de Andalucía. Sí, pese al enojo de esa Junta que dicen nos condiciona para hacer periodismo. La misma Junta que tuvo que dar explicaciones a toda España por el absurdo formulario de solicitud de plaza escolar donde los padres quedaban relegados a meros “guardadores” y se dividían en progenitor A y progenitor B.

La verdadera competencia es tener en cuenta que el adversario también puede hacer buen periodismo y que siempre, siempre, hay que aprender del rival y ser capaces de subirse cuanto antes al tren de los los temas que tus compañeros han puesto en marcha para tratar de capitalizarlos cuanto antes. “Hay que elogiar el mérito donde quiera que se halle”, enseñaba un histórico periodista.

Todo esto no se hace con dinero, mucho menos con despidos. Se hace con vocación, como enseñaba el inolvidable Antonio de la Torre en la redacción de Cardenal Ilundáin. En periodismo no se está por dinero ni para tratar de ser un personaje. Se está para sentir el enorme gozo de hacer un periódico cada día, ejercer el oficio más hermoso del mundo, experimentar el placer de fiscalizar al poderoso en beneficio de los débiles y, por supuesto, para no dejarse arrastrar por prejuicios o manías personales.
La verdadera competencia es lograr un rótulo de publicidad en la Plaza de Cuba, la cesión del manto camaronero de la Virgen de la Esperanza para una exposición institucional o, siendo un conjunto de cabeceras locales, tener corresponsales propios en la Guerra de los Balcanes o en un cónclave de Roma. La verdadera competencia es hacerse un hueco donde no lo había, abrir mercado donde todos tenían la toalla tirada o donde otros fracasaron en el intento. La verdadera competencia se hace pisando temas, no mordiendo cuellos. Siendo el primero en ofrecer información y análisis, fabricando un producto fresco y ágil, pegado a la realidad y exento de personalismos exagerados. La verdadera competencia se hace con equipos, no con sectas. Se hace estando en los actos sociales precisos y el tiempo necesario para cazar ese mamut de la noticia, no para promociones personales.

Compitamos siempre en los kioskos, haciendo periodismo, sin zancadillas. Con sagacidad y sin soberbia. Con anticipación y sin amenazas. Con el firme y legítimo interés de conquistar cada día mediante el trabajo y el esfuerzo los espacios que en periodismo no son el cortijo de nadie, sino del primero que los ocupa y sabe mantenerlos. Mala cosa cuando se trata de ganar en un despacho el partido que no se ha sido capaz de competir en el terreno de juego. Levanten el teléfono, trabajen, salgan a la calle, tomen el pulso, vibren con la actualidad, insistan ante las instancias oportunas, sean pesados. Aquí funciona lo de siempre por mucho que hayan evolucionado las tecnologías. No sean funcionarios de la información. No te preguntes qué puede hacer tu periódico por ti para encumbrarte, sino que puedes hacer tú por tu periódico para dar solidez a la cabecera sin la cual no seríamos nada. Y la respuesta es clara: trabajar, no figurar ni pegar dentelladas que revelan impotencia. Trabajar sin complejos. Y alzar la voz de forma excepcional para que tu silencio por educación no se interprete como debilidad o sumisión.

La información sí que es como aquello que decían del campo: patrimonio del que lo trabaja. Ahí, sólo ahí, es donde deben competir los periódicos. Por eso los hay que se hacen un hueco.

A la vieja que está en misa siempre le molesta tener que desplazarse en el banco para dejar sitio a la jovencita. Se mueve a duras penas, refunfuña y lanza una mirada con desdén a la recién llegada que, en el fondo, acusa su propia miseria: la de la elegancia perdida, la de aquella señora que no ha sabido reinterpretar con el paso de los años aquel estilo de dama que encandilaba. No supo adaptarse. No supo renovarse. Comienza la misa y no reza: refunfuña. Siempre está mirando a la de al lado, con obsesión y tirria. Amén. O punto. Que recuerda a un bar del Arenal.

¿La naranja caída?

Carlos Navarro Antolín | 15 de julio de 2018 a las 5:00

Ayuntamiento. Javier Millán, portavoz de Ciudadanos en el ayunt

NADIE discute que la política es una montaña rusa, es un teatro cotidiano donde la gran verdad es que todo es falso y es también el terreno propicio para que las relaciones personales sean uniones temporales de intereses que se disfrazan de amistad. El elogio en política puede ser una daga, la crítica puede ser una maniobra para despistar la atención, pero el ninguneo, ay el ninguneo, es ese chorreón de vinagre barato que se vierte en una ensalada incomestible. Al portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento, Javier Millán, lo ninguneó su líder dónde y cuándo más escuece: en Sevilla y a diez meses de las elecciones municipales. Ocurrió el miércoles ante un auditorio que se quedó perplejo. Albert Rivera, presidente de un partido donde sólo Inés Arrimadas resta brillo al líder, se explayó al ponderar la figura de Manuel Valls, el ex primer ministro francés que se perfila como atractivo candidato naranja a la Alcaldía de Barcelona. Rivera citó el caso de Ana Hidalgo, la gaditana que ejerce de alcaldesa de París con toda naturalidad, y elogió de Valls su talante europeísta y moderado. Acto seguido, tras un largo discurso en el que jamás se refirió a Sevilla, se le preguntó directamente si Ciudadanos está necesitado de un Manuel Valls para la carrera electoral en la capital de Andalucía. La respuesta de Rivera fue de las que lo dicen todo, absolutamente todo, sin decir nada, absolutamente nada.

–¿No le gustaría tener un perfil parecido al de Manuel Valls para aspirar a la Alcaldía de Sevilla? ¿Echa en falta tener una cantera más amplia?
–Bueno, pues… Viendo a los competidores, tampoco veo demasiada cantera… En todo caso sí que le reconozco una cosa. Estamos incorporando talento a este proyecto. Las puertas están abiertas. Se pueden presentar independientes a las primarias, lo acaba de aprobar el consejo general del partido por unanimidad, lo cual no es fácil en política. Esto no lo ha hecho ningún partido. Lo lógico en un partido es meter los codos para que no entre gente buena. Y aquí, la unanimidad de un consejo general ha dicho sí a que se presente gente aunque no sean militantes. De hecho, la mitad de la ejecutiva que yo presido eran gente independiente. Juan [Marín] era independiente, no era de Ciudadanos cuando se incorporó. ¿Qué creo que hay que hacer? Abrir, buscar y encontrar gente, gente que está trabajando dentro y que está trabajando fuera. Así que yo, en este caso de las primarias de Ciudadanos, veo que hay gente que ha trabajado en el Parlamento que ha hecho una labor magnífica y que va a estar ahí. Y yo me alegro, pero también se abren las puertas a renovaciones e incorporaciones, porque ésa es la idea de Ciudadanos: seguir creciendo, seguir sumando y ser un partido unido. Fíjese en la diferencia. Somos un partido con primarias, con independientes, unido y creciente. Otros tienen un partido menguante, sin primarias, con división interna y, desde luego, sin independientes. Yo entiendo la política de otra manera, yo vine de la sociedad civil, de la empresa, me incorporé hace unos años a esto y creo que es bueno haber trabajado en otros ámbitos distintos a la política.

Rivera ninguneó a Millán. No lo citó. Ni siquiera para valorar su trabajo de más tres años en la oposición municipal. Ciudadanos tiene tres concejales, obtenidos en las elecciones de 2105, y a nadie escapa que el partido naranja no termina de capitalizar en Sevilla el auge de la marca en España, aunque Rivera y los suyos se hayan quedado ahora con cierta sensación de noqueo tras la moción de censura.

La verdad es que en procesos de designación de candidatos a la Alcaldía hemos visto vodeviles de todo tipo, pero jamás el ninguneo al que Rivera sometió a Javier Millán. Hemos presenciado a Arenas jugando con Raynaud, Soledad Becerril y Zoido de cara a las municipales de 2007. Hemos visto al PSOE barajando para 2011 al entonces alcalde Monteseirín, a Rosamar Prieto-Castro para un período interino, a la hoy ministra María Jesús Montero y, por supuesto, a Juan Espadas. Pero no veíamos a los líderes ningunear a los que, por el momento, estaban con un puesto en el Ayuntamiento. Al menos cumplían con la fórmula del elogio al “gran trabajo que se está haciendo”, una labor que “hoy por hoy” hacía acreedor al que estaba en el puesto de poder continuar, aunque el partido tiene “muchas personas válidas” para emprender con éxito la carrera electoral. Se ve que Rivera es distinto. Debe ser efecto de la nueva política. Millán no existe para el líder. Millán es consciente, de hecho, de dos claves fundamentales para su futuro político:no despega por sí, acaso aumentaría los concejales porque la marca nacional sumaría votos, y es consciente de que no es el deseado, sino el que pasaba por allí y dirige el grupo municipal con más ilusión que cabeza.

Rivera pudo haber ponderado la labor del grupo municipal de Ciudadanos, al menos para destacar su capacidad para dar estabilidad al gobierno de minoría de Juan Espadas. ¿Acaso no lo hizo con Juan Marín, que con sus solitarios nueve diputados ha hecho tanto bien por Andalucía, según repitió Rivera varias veces en su discurso?”. Rivera castigó a su portavoz municipal en Sevilla con un silencio de desprecio propio de la afición de la Real Maestranza, ese público cruel que, mientras el matador regresa al callejón con la cara descompuesta, busca al tío de las bebidas, aprovecha para ir a los aseos (orinaderos en el argot de la cartelería de la plaza) o estira las piernas mientras contempla el vuelo de los vencejos con la Giralda de fondo. Todo, menos dedicarle siquiera una mirada compasiva al diestro.

La puntilla de Rivera fue recurrir al mal de muchos para justificar la falta de un candidato ilusionante en Sevilla. “Viendo a los competidores, tampoco veo a demasiada cantera”. No defendió a su portavoz, se abonó al consuelo de tontos. Aceptamos Millán como candidato (o no) mientras se busca un Manuel Valls. Acto seguido, Rivera publicita una suerte de casting (primarias) al que invita a militantes e independientes. Y eso que sólo quedan diez meses para los comicios.

En política existen los candidatos cuneros, los candidatos a palos, los supercandidatos, los criados en las filas de las juventudes de turno, los paracaidistas y los que son ninguneados en su propia tierra por un presidente que viene de Madrid. Debe ser, claro que sí, la nueva política, la que no guarda las viejas formas hipócritas. Rivera nos dejó a Millán como una naranja caída. Y si Ciudadanos se la come como aspirante a la Alcaldía en 2019 es porque no hay otra. Sevilla busca un Manuel Valls. Si Millán se queda como candidato es por descarte. Ni Rivera ni Marín lo quieren. Lo clamoroso es que no lo disimulan. Hay silencios que apalean, hay naranjas sin vitamina, hay consuelos irritantes. Lo de aguantar como sea en el puesto sí que es propio de la vieja política. Ya lo dice Rivera: para como están los demás… Nos vale Millán, el ninguneado por el jefe en su propia plaza.

Los gorriones de Santa Justa

Carlos Navarro Antolín | 12 de julio de 2018 a las 13:20

GORRIÓN
Igual que muchas de las estaciones ferroviarias de la provincia parecen calcadas por el estilo neomudéjar con el que fueron construidas a finales del XIX, la de Santa Justa se parece cada día más a Atocha: ha mutado en estación de capital de España con todos los inconvenientes de la gran capital. La estación de Sevilla ha evolucionado descaradamente al estilo desubicador que hoy embadurna todo: los comercios, los edificios, las cartas de los restaurantes, las playas, etcétera. Muy al contrario ocurre, por ejemplo, con el buen gusto que ha tenido el Corte Inglés con el gran mural de Murillo desplegado en los almacenes del Duque. Todos los Corte Inglés de España se parecen, pero al edificio del Duque le han dado un toque diferenciador con muy buen gusto e indudable tino al colocar esa obra con motivo de los 400 años del nacimiento del pintor. Y se puede decir lo mismo de la construcción del hotel AC de la Avenida, que mientras dura la obra, el antiguo edificio del Banco de Andalucía luce preciosos fragmentos de lienzos del artista. Son de agradecer estos ejemplos de tacto y buen gusto que personalizan los edificios con obras de indudable arraigo local y, además, con proyección universal.

En Santa Justa se pierde el Norte. Al término del viaje se sabe que uno ha llegado a la estación de tren de Sevilla por los gorriones -los pocos que van quedando- que se cuelan en el interior del edificio para trincar las migas de las franquicias de la hostelería. Busquen si existe otra señal para tomar conciencia de que se desembarca en la capital de Andalucía. No la hay. Santa Justa es una gran franquicia. Como lo es Atocha. Las multinacionales copan los negocios, los asientos son cada vez más escasos, las ofertas gastronómicas para hacer espera son de catálogo y, por supuesto, con ese servicio gélido, protocolizado e ineficaz, y los urinarios huelen a catacumba en una hora punta como la de las diez de la mañana. Da igual que sea la estación de Sevilla que la de Madrid. Los gorriones son el único encanto de una estación degradada, sin marcas propias que la hagan distinta y única en su gran vestíbulo. Santa Justa es Atocha sin gente con prisas ni pasarelas rápidas. Atocha es Santa Justa más grande, pero sin gorriones. Tenemos los mismos negocios, los taxistas peleados también con los conductores de los Cabify, los policías nacionales en alerta cuatro con sus chalecos blindados, los aseos despidiendo aroma de alcantarilla, los mismos bares que abusan de la oferta de bollería, y la misma megafonía periódicamente averiada que anuncia los trenes con la cadencia de un muecín. Por los pájaros se sabe que se está en Sevilla. Por las prisas se intuye que se está en Madrid.

Todos con un robot en diez años

Carlos Navarro Antolín | 9 de julio de 2018 a las 20:45

Presentaci¿n de un robot, con forma de rana, que servir¿ de gu¿a para turistas

Imagen de archivo de un robot que hace de guía turístico en el Real Alcázar

Los robots están ahí, han llegado como el tapicero a su ciudad, señora. Más de la mitad de los empleos andaluces se verán afectados en diez años por la automatización, sobre todo si se trata de jóvenes con escasa formación, según el estudio de la Asociación de Empresarios del Sur de España (Cesur), que alaba la mejora en la cifras del desempleo. A mayor formación, menor es el riesgo de que un robot te mande a sufrir los lunes al sol. Y si nuestra actividad profesional requiere de muchas habilidades cognitivas e intelectuales, más difícil será que el robot nos derribe como el toro al caballo por mucho que embista contra el peto de la competitividad. Del estudio de Cesur concluimos que por mucho que el mundo sea cada día más globalizado y esté más tecnificado, siguen vigente los valores de siempre que algunos pretenden orillar: la lectura como ejercicio intelectual, la necesidad de formación humanística y el desarrollo de un perfil que nos haga distintos y por tanto difíciles de ser sustituidos por una máquina. Y ninguna de estas virtudes, qué cosas, se consigue sin hincar codos previamente, sin la fundamental adquisición del hábito de estudio, sin conocer de dónde venimos, sin practicar la memoria (no la memorieta), el espíritu crítico (no la crispación de las redes sociales) o la escritura (no el tuit que simboliza el pensamiento ligero de hoy). Quién nos iba a decir que el mejor blindaje para seguir en el mercado de trabajo en la Andalucía de los próximos diez años sería el desarrollo del intelecto, cuando justamente algunos comerciales de la Educación nos venden un futuro donde todo queda reducido a saber relacionarse en equipos, hablar idiomas y estar dispuestos a aceptar un empleo en la India. Alguno ha malinterpretado a conciencia la enseñanza de don Alfonso de Cossío, que cuestionaba para qué aprenderse los artículos del Código Civil pudiendo llevar el pequeño volumen bajo el brazo. El problema de hoy, aplicado al ejemplo descrito, es ignorar cuestiones preliminares básicas: qué es un código, quiénes impulsaron el derecho codificado o cómo se sistematiza un código. La mera indagación de datos sin el cultivo previo de la memoria productiva (esfuerzo) conduce al conocimiento frío, no digerido y que, por lo tanto, no produce beneficios reales en el sujeto. Estudiar no es divertido, por mucho que nos lo repitan. Es una actividad seria que requiere de esfuerzo y que, por supuesto, puede resultar edificante.

Corremos el riesgo de alentar generaciones de alumnos capaces de hablar varios idiomas pero de no saber escribir tres frases seguidas correctas en la lengua materna. Más que nunca, lo reitera el referido estudio, es necesario el ejercicio intelectual. Ya se sabe que los grandes economistas, qué revelador, han sido filósofos antes que nada.

Lejos de ver la robotización como una amenaza, conviene apreciarla como una ayuda, un acicate, una oportunidad para mejorar la producción. A veces más valdría que un robot nos sirviera el café o nos vendiera el periódico, dado el poco esmero del sector servicios. Seguro que el robot te cambia el tenedor sucio por uno limpio en el segundo plato, te responde las gracias, te las da directamente, como hace la máquina de tabaco, o incluso te pone directamente el vaso de agua junto al café sin necesidad de reclamarlo. Un robot podría ejercer la oposición en el Parlamento de Andalucía como Dios manda, regular la parada de taxis en el Aeropuerto, crear un sistema de sombra en la Avenida para las horas de máximo calor, o escrutar el público que cada día de festejos se concentra en la Puerta del Príncipe para chivarte quiénes son los trincones de foto que se colocan por segundo o tercer día consecutivo.

Hasta podríamos esperar la fabricación de un robot con cierto malaje, sello distintivo de la eficacia en versión local.

Del interesante estudio de Cesur, llama la atención la caída de la industria de la madera y el corcho y de otras asociadas a las actividades de la construcción. Habría que precisar a qué corchos se refiere, porque tenemos claro que hay determinados corchos de la sociedad sevillana que han resistido estupendamente la crisis, como se ve en las fotos de los actos y otros saraos, pero esto ya es digno de otro estudio. Y se necesitará un modelo de robot de vanguardia para quitar a algunos de las fotos, porque los hay que han sacado cum laude en el máster de habilidades.

La gran ventaja del PP de Sevilla en las primarias

Carlos Navarro Antolín | 8 de julio de 2018 a las 6:00

PP

LA máquina estaba perfectamente engrasada. Es la ventaja de quienes hicieron su revolución particular, que cuando llega una crisis que no es particular, sino que afecta a todas las estructuras, a algunos les pilla con el cuerpo preparado, el ánimo entrenado y la lección aprendida. La pérdida de la Moncloa dejó al PP en estado de conmoción y, al mismo tiempo, con la obligación de efectuar un relevo exprés en los despachos de la sede la calle Génova. El PP de Sevilla llevaba un año de resaca pública (y publicada) por el congreso provincial que sacudió su vida interna y que supuso la renovación de sus cargos en una operación no exenta de traumas. En el mapa nacional del PP, Sevilla ha sido el campo de batalla de dos líderes nacionales: Arenas y Cospedal. Siempre ha ganado Arenas. Entonces y ahora. Ya lo dijo alguien con sentido del humor esta semana: “El PP no está preparado para ganar un congreso sin Arenas”.

Andalucía ha sido fundamental para Soraya Sáenz de Santamaría, los telediarios nacionales así lo han reflejado, pero Sevilla ha sido especialmente clave. La circunscripción sevillana ha sido la que más votos ha dado a la ex vicepresidenta del Gobierno: 1.688. Más del doble de los sufragios conseguidos por María Dolores de Cospedal. Es más, Sevilla ha sido la provincia de España donde más diferencia de votos ha habido entre Sáenz de Santamaría y Pablo Casado: un total de 1465 votos. Y todas estas cifras, tan contundentes e incontestables, han sido generadas por una estructura de partido que venía de vivir una fortísima crisis interna a todos los niveles: desde el superior, con la rivalidad entre Arenas y Cospedal, hasta al nivel intermedio, con la refriega entre Virginia Pérez y Beltrán Pérez y los componentes de la denominada mesa de camilla que ha controlado el PP en los últimos lustros, a la que se sentaban Ricardo Tarno, José Luis Sanz y Juan Bueno.

El PP de Sevilla le ha sacado un enorme rédito a aquellos días tensos del congreso provincial. Tenía la maquinaria interna a punto cuando se ha producido la gran sacudida del desalojo de Rajoy de la Moncloa y se ha activado el congreso extraordinario con unas primarias inéditas en la historia del partido. Sevilla ha demostrado jugar con la ventaja de la experiencia. La capacidad de movilización en favor de Soraya Sáenz de Santamaría deja muy reforzada a la combativa presidenta Virginia Pérez, que supo primero virar rápida y hábilmente desde un apoyo expreso a Feijóo hasta una apuesta decidida por Soraya. Además, tuvo el gesto de acudir como presidenta provincial a los actos electorales tanto de Cospedal en Tomares, como de Pablo Casado en la sede regional de la calle San Fernando.

La jornada del jueves deja otras muchas claves de interés para comprender la transformación de las estructuras del PP sevillano. La figura de Zoido queda muy diluida en Sevilla, con independencia de que acuerdos de última hora puedan salvarle de alguna forma con la asignación de algún papel en la estructura del partido en Madrid. Cospedal debió oler esa pérdida de influencia del ex alcalde cuando su único acto electoral en la circunscripción sevillana lo hizo en Tomares. La secretaria general no pisó la capital pese a contar con el apoyo del ex alcalde. No se atrevió. El escrutinio le ha dado la razón. Resultó llamativo que en su distrito de Nervión, pese a su implicación personal, Zoido no ha podido sacar adelante a sus candidatos como compromisarios (uno era el ex presidente del partido, Juan Bueno, y la otra Alicia Martínez, parlamentaria andaluza) frente a un veterano concejal (Jaime Ruiz) y la nueva presidenta del distrito (Inmaculada Gallardo) que trabaja en el grupo municipal que lidera Beltrán Pérez.

En el distrito de Triana, el trabajo discreto y eficaz de Rafael Belmonte y Mario Muñoz Seca (muy alejados del estereotipo tradicional del trianero) ha dejado fuera de órbita en poco menos de año y medio a una figura clave del zoidismo como Curro Pérez, que hasta hace pocos días era nada menos que el jefe de gabinete del ministro del Interior. El resultado para los partidarios de Zoido ha sido un espanto en Triana, donde han sido vencidos por más del triple de l os votos. En el distrito de los Remedios, tan solo Eloy Carmona ha conseguido su condición de compromisario y queda como solitario símbolo del zoidismo.
No ha habido oposición al aparato provincial en el Casco Antiguo, Cerro-Amate, Macarena, Norte o la Palmera-Bellavista (donde Luis Miguel Ruiz, beltranista acérrimo, controla el distrito). En los distritos Sur y San Pablo aumenta la distancia de los ahora oficialistas con respecto a los componentes del anterior equipo de gobierno. Los chicos de Nuevas Generaciones se comportaron como siempre: alineados con Virginia y Beltrán Pérez. En el Este, Francisco Ibáñez, beltranista desde primera hora fue el único candidato.

Los líderes del movimiento manijero, el que se hizo con las riendas del partido en el congreso provincial, movilizaron como nunca a sus votantes llevándolos hasta las mesas electorales. Los escasos referentes del zoidismo (localizados en municipios como Tomares, Mairena del Aljarafe y Espartinas) no lograron meter una cantidad de votos importante para Cospedal. Llamativos han sido los casos de Alcalá de Guadaíra y Dos Hermanas, donde las filas del partido parecen pacificadas a tenor de los resultados. Una cuestión distinta es que el PP haya cogido fuerza como para obtener buenos resultados en unas elecciones. No se debe confundir la interpretación de estos comicios internos con el mayor o menor músculo que tenga el partido en cada municipio de cara a unos comicios donde deberá batirse con otras formaciones. El PP tiene en Dos Hermanas, por ejemplo, las mismas posibilidades de ganar la liga que la Agrupación Deportiva de Ceuta de jugar la Champions.

Javier Arenas y Virginia Pérez votan en la sede del PP-A (calle San

 

En el PP sevillano se cumple desde el jueves el aforismo de Gramsci: “Toda fuerza emergente tiende a hacerse hegemónica”. Una victoria definitiva del sorayismo el 20 de julio facilitará el poder absoluto del aparato actual del partido. Y un mandato de Pablo Casado le otorgará, como mínimo, plena independencia . “Respetaré la autonomía provincial y regional”, proclamó en su reciente discurso de campaña en la sede regional en Sevilla.

El error de Zoido y los partidarios sevillanos de Cospedal ha sido, quizás, utilizar las estrategias antiguas en tiempos nuevos. En fútbol ya no ganan siempre los alemanes, pero en política suelen seguir ganando los aparatos. Los liderazgos de hoy exigen ser renovados cada día, como el mismo Rey Juan Carlos decía que debía ganarse el puesto cada día. El caso de Arenas confirma esta teoría: ha demostrado una tremenda habilidad para bajarse del falcon de ministro y subirse a la furgoneta del PP andaluz; para no dejar de actualizarse, ni de aprenderse los nombres de los nuevos miembros de Nuevas Generaciones de Sevilla que no habían nacido cuando él ya estaba en la pomada. Se ha empleado con tal intensidad que nadie ha logrado echarle. Su caso ya es digno de estudio. ¿Qué personaje de la política andaluza y sevillana suma tantos años seguidos en puestos de influencia?

La gran derrotada de las primarias es Cospedal, tanto en toda España como en Sevilla. Resulta sorprendente que toda una secretaria general no haya tenido el apoyo de ninguno de los lugartenientes de Rajoy. Arenas y Ayllón han estado con Soraya, mientras que Maroto y Levy han apoyado a Casado. Cospedal no ha sabido tejerse una red de apoyos pese al enorme poder interno que ha ostentado durante años. Sus aliados en Sevilla parece que han sacado más de ella de lo que ellos le han aportado. El único que ahora depende de sí mismo es el senador José Luis Sanz, al que le basta con revalidar la Alcaldía de Tomares, pues el poder territorial es el mejor aval en la política. Todos los demás quedan en tenguerengue, a la espera de componendas en la formación de una nueva ejecutiva. El PP de Sevilla ha quedado pacificado. Los ganadores lo han demostrado casi con la crueldad que es marca de esta tierra.

La misma historia en los bares nuevos

Carlos Navarro Antolín | 5 de julio de 2018 a las 17:41

10.4.2000 BARES FOTO.FLORES ESQUIVIAS
La historia no se repite. Es la misma, que decía don José Luis Murga, catedrático de Derecho Romano. Un local del centro se lleva años sin actividad, con la estética de cristales pintados y el cartel que ofrece su venta o alquiler. Un buen día, superada la crisis económica, aparecen los albañiles, los fontaneros, el tío del yeso, el electricista, el contratista y toda la cuadrilla que son la antesala de la reapertura tras años de páramo. Cuando por fin llegan los muebles se deduce, cómo no, que abrirá un nuevo bar en la ciudad de los bares: la barra, los veladores, la máquina del tirador, la cámara frigorífica, la vitrina de los helados… El casco antiguo de Sevilla, en el fondo, es un gran apartamento turístico con una gran cantidad de bares. Vivimos de convertir el ocio en negocio. Así vamos tirando, felices en la indolencia que forma parte de la heráldica de la ciudad. Aquí suprimen la festividad de San Fernando y el santo no dice ni mú, no se queja, sigue tumbado en la urna de plata. Y algunos cuentan con ventaja porque tienen muy claro que la ciudad de hoy sigue el ejemplo del rey por antonomasia.

La obra del nuevo bar avanza con todo su ruido y su polvo, con sus parones para almorzar, bocadillos, papel de plata, fiambrera y lata de Águila Amstel, hasta que un buen día los cristales opacos se convierten en lunas que dejan apreciar el esplendor de lo nuevo y todo huele a pintura. Incluso un decorador ha trabajado para crear una atmósfera nueva, acogedora, con unas luces amables que evocan el ambiente de un gran café parisino. La carta está muy cuidada, con una relación de zumos de frutas muy original. Las tazas para los cafés son de diseño: tratan de emular el estilo Art Decó. Los camareros no visten de negro, sino camisas blancas. El cliente que llega es saludado y acomodado en una mesa por un dependiente que hace la puerta. La barra también es cómoda, con taburetes de base amplia.

El gran problema, donde todo esfuerzo del inversor se hace baldío, es cuando se trata de pedir un simple café mientras cuatro camareros se entretienen con un lavavajillas que despide el vapor propio de la tarea recién finalizada. Se dedican a observar el lavavajillas como si una nave marciana acabara de aterrizar. Después estos cuatro magníficos pasan a discutir quién recoge los vasos sucios de un velador del interior, se olvidan del vaso de agua que se les ha reclamado por enésima vez, o se entretienen en buscar una de las frutas que deben ser exprimidas para un zumo. Se han olvidado, sin saberlo, de quién es el protagonista principal del establecimiento, de quién permitirá amortizar la inversión del negocio en el que, por fin, han encontrado un empleo. Al garete el Art Decó, las luces de época y la carta selecta. El cliente de muchos bares es sencillamente la cuarta o quinta prioridad.

Si se han preguntado alguna vez por qué triunfan algunas tabernas muy pequeñas, donde los clientes se apostan en el exterior hasta en invierno, no duden nunca de la respuesta: por el oficio del camarero y por la presencia continua del ojo del dueño. En hostelería pasa como con el periodismo: de nada sirve una web potente si no hay noticias propias, de nada sirve la inversión en diseño, las nuevas tecnologías para apuntar la comanda, si no hay un profesional detrás de la barra. En esta ciudad quisieron montar una escuela de hostelería para enseñar a atender al público y la cosa acabó en el caso de los ERE que se ha llevado por delante a dos ex presidentes de la Junta, ¿recuerdan?

Un día se produce el persianazo del negocio de marras y quizás algunos de los que miraban el lavavajillas se justificarán en su fuero interno: es que la cosa está muy mala. Y tal vez se apunten a un máster. Nunca sabrán la verdad. Nunca les enseñarán o, aun peor, nunca querrán aprender. El local volverá a los cristales pintados, a la inactividad, a la estética de abandono y polvo. Y, al menos, el día que reabra porque un incauto se decida a hacer una nueva inversión, volverán a tener trabajo el fontanero, el electricista y el tío del yeso. Que nunca falte el optimismo a falta del café. Y así vamos tirando con el diseño, la selección de personal y otras gaitas, mientras esos bares pequeños acumulan años y décadas de éxito sin que nadie se fije en la verdadera razón: el oficio. La suprema lección de ponerle manteca al bollo y dejarse de… lavavajillas.

El polémico cambio de criterio de la Junta al gravar las herencias modestas

Carlos Navarro Antolín | 5 de julio de 2018 a las 5:00

montero_web2

LAS agencias tributarias –todas– tienen la obligación de recaudar el máximo dinero conforme a los derechos de cobro generados en favor de la Administración. De estas agencias dependen en buena medida que las inversiones previstas en los presupuestos pueden llevarse a término, así como que los servicios y prestaciones públicos sean posibles. La Junta tiene una nueva vía de ingresos desde el pasado 13 de octubre, tal como publicó la Agencia Tributaria de Andalucía en una circular oficial de 33 folios. Se trata de un impuesto que grava una operación frecuentísima: la de un heredero que se queda con la única casa, finca o bien indivisible que compone la masa hereditaria y que compensa a los demás herederos con un pago en metálico (supuesto recogido en el artículo 1062 del Código Civil). Hasta antes de octubre de 2017, la Agencia Tributaria de la Junta consideraba que en esos supuestos específicos no se producía lo que técnicamente se denomina como un “exceso de adjudicación”, por lo que no procedía la liquidación por Actos Jurídicos Documentados (AJD), sino simplemente por el Impuesto de Sucesiones que, prácticamente, nunca salía a pagar al ser herencias modestas. Ojo, es importante no confundir este tipo de operación con otras herencias en las que sí cabe la liquidación por AJD al incluir nuevas operaciones como, por ejemplo, una obra nueva o una segregación. Por eso la Junta alega (con razón) que sí ha liquidado herencias por el tributo del AJD, lo cual es posible por lo que acabamos de describir, pero no lo sería en el supuesto específico de una herencia con un solo bien indivisible en la que el hermano compensa a los demás con un pago en metálico (el ya famoso artículo 1.062 del Código Civil).

Esta posición de la Junta de entender que no hay exceso de adjudicación cuando se asigna a un comunero un bien indivisible, se publicó con nitidez en una circular de 2013 y se confirmó en una circular de 2016. Es más, la entonces directora de la Agencia Tributaria de Andalucía, al interponer un recurso extraordinario de alzada para la unificación de criterios ante el Tribunal Económico-Administrativo Central, reconoce en 2015 que una escritura de herencia a la que se aplica el 1.062 no tributa por AJD en su modalidad de cuota variable. El mismo criterio de negar la calificación de “exceso de adjudicación” en este específico ejemplo de herencias se reconoce expresamente en la propia doctrina del Tribunal Económico Administrativo Central (TEAC) con fecha de 17 de septiembre de 2015.

Si no hay exceso de adjudicación no hay AJD que liquidar, puesto que además el AJD es incompatible con el Impuesto de Sucesiones al que ya están sujetos las herencias. Pero en octubre de 2017, la Consejería de Hacienda dirigida por la socialista María Jesús Montero –hoy ministra de Hacienda del Gobierno de España– cambia un criterio que afecta a un tipo de herencia muy habitual, de tal forma que en una herencia de cuatro hermanos y un inmueble de 100.000 euros, el hermano que se quede con la vivienda tiene ahora que abonar 1.125 euros (el 1,5% del considerado ahora como exceso de adjudicación).

Cualquier liquidación por AJD en herencias acogidas al 1.062 efectuadas antes de la circular de 2017 podría ser recurrida, pues está confirmado –al menos por tres vías– que la Junta no sólo no había variado de criterio de julio de 2013 a octubre de 2017, sino que lo había venido remarcando en ese período.

La Agencia Tributaria niega relevancia económica a la circular de octubre de 2017 que cambia el criterio. Insiste en que los ingresos por AJD en herencias no son importantes. Pone el ejemplo del año 2016, cuando se liquidaron 44 expedientes por Actos Jurídicos Documentados en el caso de herencias por un importe de 33.819,06 euros. Claro que hay que entender que ahí no debe haber ni una sola herencia del tipo descrito (el del ejemplo habitual de la familia en la que un heredero se queda con la única casa y compensa a los demás en dinero), pues caso de haberlo, la Agencia Tributaria habría ido entonces contra sus propios criterios. Y eso ya podría ser otro tipo de “exceso”, distinto al que ahora nos ocupa.

Arenas sale del burladero y apoya a Soraya en las primarias del PP

Carlos Navarro Antolín | 2 de julio de 2018 a las 12:55

LOCAL-POLÍTICA-PP-PRIMARIAS

FUE en Almería, la primera vez fue en Almería, ay Javié. Como la sevillana de Salmarina, célebre por la película de Saura para el 92, pero cambiando el topónimo y el ay chiquilla por el incombustible Arenas. El lince de la política andaluza estaba agazapado en su particular coto de cara a las primarias. Sabíamos de sus movimientos porque está fichado como buen lince protegido, pero no se dejaba ver. ¿Dónde está Arenas?, preguntaba la militancia con cierto morbo mientras veía cómo los ex ministros iban tomando posiciones en favor de los candidatos. Pero de Javié nadie decía nada. Todos callaban. Silencio, se pregunta por Arenas. Pues está con cualquiera, decían, menos con Cospedal. Y estará por encima de todo con quien resulte ganador. Después del fiasco de Feijóo se daba por hecho que Javié estaría con Soraya, aunque también sin perder la interlocución con Pablo Casado, que ya se sabe la capacidad del andaluz de conectar con los jóvenes, sobre todo si le recuerdan a su dilecto Beltrán Pérez. Pero no había ni una foto, ni un tuit que levantara acta de las preferencias de Arenas. Veíamos al fiel escudero Antonio Sanz, vicario general del arenismo en Andalucía, arropando a la ex vicepresidenta por las calles de Málaga junto a Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) y un Elías Bendodo peregrinando en botines. Pero nada de Javié, convertido durante unos días en una especie de ausente de oro como, de hecho, estuvo en el período previo al polémico congreso del PP de Sevilla. Nunca se le vio apoyando a Virginia Pérez de forma expresa, aunque todos sabíamos por el humo (cigarro rubio) dónde estaba el fuego…

A la presidenta provincial, por cierto, la hemos visto naturalmente con Soraya, pero también con Cospedal en Tomares (Me colé en una fiesta) y con Pablo Casado en la sede regional.

La ausencia de Javié ha sido una constante en estas primarias hasta el pasado domingo. Fue en Almería, ¿dónde iba a ser tratándose de Arenas? La primera vez fue en la Almería dorada. No en Sevilla, a la que Arenas tiene más jindama que un torero a los autobuses que van para Cádiz: Los Amarillos. O hasta más miedo que la propia Cospedal, que para su acto sevillano prefirió Tomares a la propia capital. Qué tendrá Tomares, qué tendrá el turrón.

Arenas apretó los dientes el domingo, salió del burladero y aplaudió a Soraya en Almería. Lo hizo a cazadora abierta, que es el grado máximo de apoyo en el código particular de Javié, mucho más importante que el apretón de mejillas o el medio abrazo, que es el que se da solo con los antebrazos.

Pues ya sabemos con quién está Javié. Por fin. La verdad se nos ha revelado como una luz cegadora. Dicen que las ocho provincias andaluzas están divididas de cara a las primarias. Pero en realidad son nueve. Arenas es la novena provincia andaluza en el mapa del PP, como en tiempos de la España de la UCD era Murcia. Fue en Almería, la primera vez… Ay, Javié.

LOCAL-POLÍTICA-PP-PRIMARIAS

La amenaza de los apartamentos turísticos en Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 1 de julio de 2018 a las 5:30

ropa

El andaluz inglés que sigue siendo Luis Uruñuela se encontró un Ayuntamiento con todo por hacer. Las arañas saludaban en la caja de caudales y, menos vender el Tesoro del Carambolo, al primer alcalde de la democracia se le ocurrió de todo para sacar adelante la institución. Le quitó, por ejemplo, las subvenciones directas a las cofradías a cambio de la cesión de la vía pública (carrera oficial) para que ellas mismas asumieran la explotación. Hoy se diría que Uruñuela le dio la mayoría de edad a las cofradías en el plano económico. Achuchó con las polémicas propias de una España en transición en todos los sentidos, donde unos confundían la libertad con la falta de respeto (ay, aquella caseta municipal literalmente invadida), entendían mal el concepto de igualdad, o se pasaban de rosca (como hoy) con la laicidad del Estado. Al socialista Manuel del Valle le tocó poner a punto la ciudad para la Exposición, enterrar la obra del Metro (“Un túnel sin salida”, rezaba la cartelería) y promover los grandes viarios que seguimos disfrutando. Alejandro se llevó la gloria de la Expo, pero tuvo que lidiar con los gorrillas, con una protesta sindical en la Feria a la que supo contestar revestido de héroe, y se fabricó él solito algunos charcos en los que se metía con gusto, caso del traslado de los clubes al innecesario estadio de la Cartuja, la reforma urbanística del entorno de la Catedral o los proyectos de candidatura olímpica. Tuvo que lidiar con el concepto que más daño le ha hecho: el urbanismo bajo sospecha. Soledad Becerril gobernó en la Sevilla de la depresión posterior a la Exposición, lidió con el fenómeno de la botellona ya consolidado y sufrió la última gran sequía que obligó a cortar los grifos.

A Alfredo Sánchez Monteseirín, como a los cardenales de largo pontificado, le dio tiempo para casi todo: acertar, equivocarse, quedarse a la mitad, pasarse de la raya, ganar enemigos y adeptos, etcétera. Zoido se limitó a sostener las cuentas en plena crisis, hacer la vista gorda con los veladores, instaurar el mapping en Navidad y recuperar el acceso de los autobuses hasta la Plaza del Duque por Laraña. A todos les han unido los problemas con la Policía Local, como a casi todos los alcaldes de España. Y con los taxistas.

El actual alcalde no tiene ante sí una ciudad deprimida tras un gran fasto, ni aspiraciones de ser sede de torneos deportivos de gran resonancia. Los gorrillas no son ahora como los que sufrió Alejandro. En la cabeza de Espadas no cabe, precisamente, la fabricación de charcos propios, más allá de la ampliación del formato de la Feria. Los problemas de Espadas más patentes, aquellos que percibe el ciudadano a pie de calle, son tres: la mafia del taxi, los apartamentos turísticos y las despedidas de solteros. Los tres, qué casualidad, están relacionados con la degradación de la convivencia urbana que afecta a la sociedad en general. El del taxi es un problema heredado, como puede ocurrir con los veladores. Ocurre que a Espadas le ha tocado el segundo gran brote de protestas, el primero lo sufrió  Monteseirín siendo edil de Tráfico el ínclito Blas Ballesteros. Esta ciudad es especialista en sufrir un problema en silencio, como las hemorroides, hasta que llega el día en que alguien decide señalar alto y claro dónde hay una lacra y sacarle rédito político a una situación que pone a muchos ciudadanos de los nervios. Y a Espadas le ha estallado desde hace unos meses un problema que viene de lejos, como a Zoido le cayó el de los veladores sin que se le ocurriera mejor reacción que admitir que se había abierto la mano para ayudar a los hosteleros en tiempos de crisis. Horror de los horrores, Juan Ignacio.

El de los apartamentos es un problema que nace durante el mandato de Espadas, como ha surgido en otras grandes ciudades. Y es cierto que la burocracia es lenta para establecer un marco regulatorio.

Hay empresarios muy conocidos de esta ciudad que gestionan apartamentos que no generan una sola protesta. Se nota que están encima del negocio y que seleccionan bien a los huéspedes, como ocurre con muchos taxistas a los que da gusto felicitar por su atención y diligencia en el trato con el cliente. La carestía de los hoteles genera la multiplicación de apartamentos, y el monopolio del taxi relaja la calidad del servicio y genera con el tiempo el negocio de las VTC donde, qué casualidad, se vende el esmero como el valor añadido.

El delegado de Urbanismo, Antonio Muñoz, puede manejar todos los informes que quiera sobre el grado de aceptación de los sevillanos ante los apartamentos turísticos. Como si encarga una encuesta y sale la sangre encebollada como la tapa preferida. Con los apartamentos turísticos hay un problema creciente mucho mas difícil de controlar, si cabe, que el de los taxistas. Que el 66% de los 1.032 encuestados por el Consorcio de Turismo diga que no le importa que haya pisos turísticos en su edificio no reduce en nada un problema que salta a la vista, como saltaba el de los gorrillas, la masificación de las aulas universitarias o la botellona en los años noventa. En una sociedad de grandes mayorías silenciosas nadie quiere aparecer en contra de casi nada, nadie quiere señalarse, nadie quiere mojarse. Sevilla aguanta las hemorroides en un perfecto silencio, más allá de un tuit de Paquili harto de aguantar sábanas tendidas en el balcón de enfrente, o de las quejas del sector hotelero expuestas en reuniones formales con platitos de caramelos y botellitas de agua baja en sodio.

Cada alcalde tuvo su afán. Espadas conoce a la perfección cuál es el suyo cuando tiene casi un año de mandato por delante. Nadie le exige que amplíe el tranvía, ni que aspire a unos Juegos Olímpicos, ni que aumente los días de Feria, ni siquiera que sanee las cuentas. Nos ha puesto fuentes para beber en la vía pública, lo cual es elogiable, pero falta remediar la carencia absoluta de urinarios para que dejemos de hacer uso, por ejemplo, de los aseos de entidades como el Colegio de Abogados. Agua, sombra, parques, taxis limpios y eficaces, limpieza en la vía pública… El gran reto de Espadas no es el urbanismo bajo sospecha, ni sacarnos del corsé de medidas intervencionistas en lo económico, sino hacer que Sevilla sufra lo menos posible la degradación de esa convivencia urbana que afecta a toda una sociedad. A Uruñuela le invadieron la caseta municipal, a Espadas le invaden los turistas el centro de la ciudad. Que nunca haya que colocar un cartel: “El centro, un túnel sin salida”.