Zoido y Bueno se enrocan

Carlos Navarro Antolín | 29 de junio de 2016 a las 5:00

SEVILLA,28/06/2016.
ZOIDO se ha vuelto partidario de Moreno Bonilla. El desteñido de la mancha roja de la circunscripción hispalense y la primera victoria del malagueño en el recuento autonómico han suavizado los caracteres. El ex alcalde se ofreció ayer a liderar otra lista electoral en Sevilla para ofrecerle la mirra de un nuevo triunfo electoral al presidente regional. Juan Bueno también se ha vuelto aficionado al espeto de forma repentina. Quiere seguir de presidente del PP de Sevilla para poner el aparato provincial a trabajar para que Juanma sea presidente de la Junta de Andalucía. Los afrancesados aumentan, cada vez hay más sevillanos partidarios del invasor malagueño.

José Ignacio Landaluce, número uno por Cádiz, contestó a los sevillanos pocas horas después en el seno de su junta provincial. Dijo haberse sentido muy extrañado por la mañana, porque el PP de Cádiz lleva desde el primer día volcado en que Moreno Bonilla alcance San Telmo. ¡Por la bahía resopla!

El rojo desteñido, decíamos, ha suavizado el convulso PP sevillano después del enfrentamiento entre oficialistas (Cospedal, Bueno, Tarno y Sanz) y críticos (Arenas, Virginia Pérez, Beltrán Pérez y compañía). Con los sondeos en la mano, que en Sevilla apuntaban a sólo dos diputados y a la posibilidad de perder el acta de senador, todo estaba previsto para cesar a Virginia Pérez en represalia por haber abierto una corriente alternativa a la que lleva lustros controlando el partido. Había una comisión ejecutiva prevista desde el fin de semana para ayer por la tarde, pero finalmente fue desconvocada porque el partido ha cubierto el expediente en Sevilla. La camarlenga, además, era la responsable de la campaña electoral en la provincia. Ahora nadie puede discutirle el resultado, aunque Zoido está tratando de capitalizar el triunfo, que es un triunfo a medias, nunca se olvide. El ex alcalde ha vencido en la capital, pero él era el número uno en una circunscripción en la que los socialistas siguen ganando en número de votos con claridad palmaria por mucho que los del puño y la rosa se hayan debilitado. Moreno Bonilla aludió por dos veces a Virginia Pérez en sus salutaciones y agradecimientos de ayer. Lo que el aparato de Sevilla no le da a Pérez, la regional se lo bendice.

Virginia Pérez sigue de momento donde estaba. Como siguen todos. Por mucho que Zoido y Bueno se enroquen en sus posiciones, el que manda es el calendario. Rajoy tiene primero que formar gobierno. Y después vendrán los congresos. Se barrunta que el nuevo secretario general del PP será muy de la cuerda de Moreno Bonilla, dentro del proceso de renovación que debe seguir emprendiendo el presidente nacional. A Moreno no le discutirá nadie en su puesto actual por un tiempo largo. Sevilla será un capítulo aparte. El malagueño no se fía del aparato provincial hispalense. Aún recuerda quiénes fueron los únicos sevillanos que estuvieron a su lado en el Hotel Meliá en la aciaga noche electoral de las autonómicas de marzo de 2015. Sólo acudieron cuatro de los entonces veinte concejales, cuatro que, además, fueron llamados al orden por haber estado junto al de Málaga. Ayer, precisamente en el mismo Hotel Meliá, estaban ya casi todos los hispalenses. Como alguien apuntó con acidez:“Todos éramos de Juanma y no lo sabíamos hasta ahora, fíjate qué cosa”.

La junta directiva regional y la local se fusionaron para proyectar la imagen de una familia bienavenida. Era el momento del buen rollito, las llamadas a la unidad y las alusiones al resultado “histórico”. El PP andaluz está eufórico, pese a que en las elecciones generales de 2011 se sacaron 33 diputados al Congreso frente a los 22 del pasado domingo.

En esta espiral de triunfalismo, cada cual aprovecha para fortalecer su posición. Juan Bueno trata de frenar el avance de los críticos, que tantos dolores de cabeza le han dado desde abril, al proclamar su intención de seguir al frente del partido. Y Zoido da a entender que puede ser otra vez candidato a la Alcaldía, amén de presentarse como la única marca electoral del PP de Sevilla que garantiza las victorias, aunque –repetimos– una cosa es que el rojo de la provincia se haya desteñido y otra muy distinta es que sea azul, una tonalidad de la que aún está muy lejos.

Los críticos siguen con las orejas altas. Asisten con el ceño fruncido a la arenga triunfalista de Zoido, que, curiosamente, no para de ensalzar desde la noche electoral los buenos resultados en el distrito de Triana. El ex alcalde trata así no sólo de meterle el dedo en el ojo a Susana Díaz, sino de apuntalar a uno de sus asesores más discutidos, Curro Pérez, ex delegado en el arrabal. Zoido cuida ahora su cuadrilla como no hizo cuando formó el gobierno de la ciudad. Entonces se encomendó a los tecnócratas y orilló a los políticos. Pero esa estrategia sólo puede seguirse en momentos de fortaleza. Ahora toca sacar pecho y estar a disposición de Moreno, al que en la anterior noche electoral dejaron colgado con los espetos asados. Tanta comida tirada a la basura no se olvida con facilidad.

26-J en Sevilla: La mancha roja se destiñe

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2016 a las 0:59

Sevilla,26/06/2016.
LA provincia de Sevilla no aparece teñida de rojo en el mapa electoral por primera vez. El PSOE pierde sangre por el bastión del Sur. La cabra se despelucha. A los socialistas se les abre una herida inédita, una vía de agua en la nave mayor, un escape de energía. El resultado en la circunscripción de Sevilla es toda una victoria psicológica para los populares, nunca lograda en la historia de la democracia. Sevilla siempre fue roja. Sevilla era esa “manchita” en el mapa azul del PP hasta en las mayorías absolutas de Aznar (2000) y Rajoy (2011). Sevilla era esa provincia despreciada periódicamente por la altanería de moqueta y cuellos duros de Génova, pasto de las bromas fáciles y diana de los dardos de la prepotencia madrileña, sobre todo por esa cantidad de pueblos donde el PP sevillano ha sido la tercera fuerza política.

El PP de Sevilla, el partido estático donde nunca ha habido agitaciones internas ni corrientes críticas hasta hace un cuarto de hora, empata en número de escaños con los socialistas. Cuatro a cuatro. Atrás quedan los años en que el rodillo del puño y la rosa llegaba a conseguir hasta ocho diputados en el tradicional fortín del socialismo español: la circunscripción hispalense. El PSOE se deja más de 23.000 votos con respecto a las elecciones de diciembre. En menos de un semestre pierde una cantidad de sufragios considerable, una derrota no contemplada en ningún vaticinio. La tierra de Felipe y Guerra ya no es roja, se ha vuelto gris.

Los populares cogen aire en España, en Andalucía, donde no ganaban unos comicios desde aquellos 50 melancólicos diputados de Arenas en 2012; y, lo nunca visto, en la provincia de Sevilla. La capital de Andalucía ha sido siempre el gran freno del centro-derecha andaluz. Los populares ganan más de 9.000 votos en la provincia roja por naturaleza, lo que, unido al bajonazo socialista, les permite conseguir el cuarto escaño que posibilita el empate y, por lo tanto, que el color de la circunscripción sea ese gris del empate por vez primera desde 1977.

El PSOE gana en los pueblos, pero es menos fuerte donde nunca nadie osó toserle. He ahí su fracaso. Los socialistas no pueden conformarse con un empate en la provincia roja por antonomasia. No deben admitir un debilitamiento del voto rural tan pronunciado.

Zoido vuelve a ganar en la capital. Encabeza la lista más votada en ocho de los once distritos. El ex alcalde gana casi cuatro mil votos en comparación con las elecciones de diciembre y vence otra vez a un desconocido Antonio Pradas, cabeza de lista del PSOE sin proyección mediática alguna. La marca electoral de Zoido se consolida de cara al Congreso de los Diputados. Tal como destacaban en privado dirigentes del partido en el último mes, no hay ahora mismo nadie que tenga unas cotas tan elevadas de notoriedad en el PP de Sevilla. Que perdiera la Alcaldía en mayo de 2015 como la perdió (de 20 a 12 concejales), no lo invalida como un cabeza de cartel de éxito para las Cortes. Es un candidato que no genera rechazo, pues sigue siendo un político al que se discute la capacidad de gestión, pero se mantiene exento de aristas personales.

El PP estaba esperando los resultados de Sevilla con lupa tras los meses de enfrentamientos internos entre oficialistas y críticos, entre el sector auspiciado por María Dolores de Cospedal y el impulsado por Arenas, ambos con el objetivo de controlar el partido de cara al futuro congreso nacional. Estas disputas internas no han afectado al resultado electoral. Los electores del partido de la gaviota se han movilizado aún más que hace cinco meses. El presidente provincial, Juan Bueno, muy discutido por el sector crítico, podrá hacer un análisis de los resultados con un alivio jamás experimentado por sus antecesores. Y podrá presentarse en la sede regional con la cabeza alta, donde el malagueño Moreno Bonilla siempre ha mirado con recelo los escrutinios sevillanos al restarle opciones electorales en el ámbito regional.

Podemos gana un escaño. Ciudadanos pierde uno. Los emergentes nunca lo han sido en Sevilla. El bipartidismo no se ha erosionado nunca en esta circunscripción. Susana Díaz tendrá que buscar nuevas caras en el PSOE sevillano para los próximos carteles electorales. Sevilla es menos roja que ayer. En la sede del PP andaluz, la tradicional Villabajo de las noches electorales, funcionó el tirador de Alhambra, no el de la Cruzcampo. Moreno Bonilla fue portado a hombros por militantes sevillanos en contraste con las autonómicas de 2015, cuando eran cuatro sevillanos los que aliviaban su duelo. Zoido bailó. Las alegrías en fútbol duran una semana. En política acaso un cuarto de hora. Hay que aprovechar el sueño de la cabra. Ycelebrar hasta el color gris.

La dedicatoria del bastardo en el Alfonso XIII

Carlos Navarro Antolín | 26 de junio de 2016 a las 21:00

mensaje Leonardo
Leandro Alfonso de Borbón (1929-2016) se ha muerto después de haber dedicado el invierno de su vida a la lucha por el reconocimiento de su condición de hijo de Alfonso XIII. Lo consiguió casi todo, pero no el tratamiento de Alteza Real. Tituló sus memorias con el impactante y sugerente título El bastardo real. En Sevilla se alude a su padre, Alfonso XIII, y es como referir el hotel más noble y suntuoso de la ciudad. Leandro de Borbón lo visitó en más de una ocasión. En alguna no recibió el trato que le hubiera gustado como hijo del monarca al que está dedicado el establecimiento (salvo en los años de República en que se denominó Hotel Andalucía). Pero en febrero de 2008, al fin, pudo firmar en el libro de honor de este cinco estrellas: “Es una satisfacción y un fervor estar en este magnífico hotel inaugurado por mi Augusto padre Alfonso XIII y que muchos años dure. Abrazo a la propiedad y a quien lo lea”. Y bajo la rúbrica, su obsesión conseguida: “Infante de España”. A don Leandro le encantó el busto de su padre que hay en el patio. Ahora ve uno el busto y está viendo a don Leandro. Esto era como lo del Cordobés, clavaíto el uno al otro, pero sin sangre real, sin hotel y sin palio de la Virgen cigarrera en blanco y negro.
5.07.02A AUTOR:LEONARDO ALFONSO RUIZ.  FOTO:FOTO SALUD

La perspectiva buenista en los veladores

Carlos Navarro Antolín | 26 de junio de 2016 a las 5:00

En los Reales Alcázares. Espadas mantiene una reunión con los organizadores del congreso ASTA agencias de viajes de EEUU
LOS veladores se reproducen. Como los manteros. Como los gorrillas en tiempos de Rojas-Marcos, el alcalde que creó aquellos vovis que eran parados con uniformes que ayudaban a aparcar a cambio de un donativo. Espadas debutó anunciando su intención de poner orden por medio de un plan de trabajo con los distritos para no recurrir al aparato coercitivo de la Gerencia de Urbanismo: “Queremos que se vea el tema desde otras perspectivas, no sólo de la que genera ingresos”. Tururú, señor alcalde. Primero, porque la teoría de la perspectiva suena a la equidistancia buenista que los políticos aplican a todo problema sensible. Un ejemplo: ¿La movida nocturna es molesta? El político de catálogo acude al manual de la corrección exenta de compromiso, que dicta en su lección primera: “Fórmese una mesa para ver el problema desde todas las perspectivas: jóvenes, empresarios de la noche, vecinos y fabricantes de destilados”. Y confundidos con tantas perspectivas ocurre como cuando uno se pierde en una bulla de Semana Santa, que te quitan la cartera… O te cogen el culo, ahora que se ven más culos que nunca en la Avenida de la Constitución. Pues al alcalde le han cogido lo que dijimos con los veladores. En un año se ha metido él solito en la bulla y nos quiere confundir con una notas de prensa que son un bacalao, un bacalao como el que Zoido inauguró en la cuesta del ídem, símbolo de la bacalá de gestión.

Segundo, porque al final Espadas ha tardado muy poquito en empezar a hacer lo que había que hacer, que es recurrir a los servicios de inspección de la Gerencia de Urbanismo, como revelan las campañas anti-veladores que periódicamente pregona el Ayuntamiento, pero el error está en que lo hace sin poner antes los medios adecuados. Sin hacer los deberes. Ha mandado a los inspectores a poner multas. Eso está muy bien, señor alcalde. ¡Adelante la infantería municipal contra unos abusos tan evidentes! Ocurre que las oleadas de multas suenan mucho, pero son estériles. Porque sólo hay un inspector por cada 1.800 veladores. La última batida anunciada esta semana proclama sesenta expedientes “en menos de un mes”, una cifra ridícula si se tiene en cuenta que Sevilla es una ciudad de 700.000 habitantes, más de 4.000 bares y más de 10.000 veladores legales (súmense los ilegales, que son legión). Todo resulta tan ridículo como aquel anuncio de atajar el problema por medio de bienintencionados planes a través de los distritos. Los distritos están muy bien para los talleres de aerobic, los cursos de cocina, la ventanilla para preguntar dónde se consigue un certificado del padrón y, sobre todo, para que un ramillete de concejales en tiempos de Zoido tuvieran la pedrea de un despacho oficial. Pero poco más.

Aquí la clave es meterle mano al organigrama de la Gerencia de Urbanismo para que haya una cantidad de inspectores suficiente y, sobre todo, para que haya personal de inspección por las tardes y las noches de los fines de semana. Vigilar los veladores a las diez de la mañana es como reordenar el trafico en la puerta de un colegio un diez de agosto. Para saber dónde están los abusos en asuntos de veladores no hay que recurrir a ningún distrito. Ni a planes especiales. Se trata de crear por fin el cuerpo de inspectores de la vía pública que debe tener una ciudad que vive tanto en la calle. Ha pasado un año de este gobierno y sólo hemos visto la calle Mateos Gago libre de obstáculos en Semana Santa o en tardes de vía crucis. Será que la Semana Santa es lo que mejor se le da a este alcalde que pone una vela en el altar de la derecha sociológica, en Roma rodeado de embajadores, curas y monjas, y otra en las carrozas del Orgullo Gay, jalonando la Avenida de fotos picaronas, que lo grave no es la carrera oficial de culos, tangas y correajes, que eso sí que es una mezcla de perspectivas. Todo muy edificante, señor Espadas. ¿Pero para cuándo la sombra en la Avenida? ¿Para cuándo las cláusulas sociales en los contratos públicos que impidan el uso de materiales duros y la obligación de tener en cuenta zonas de sombra para los peatones? Siga yendo a Roma y siga sembrando de culos la Avenida, pero coloque sombra, por favor. Por piedad.

Espadas le ha echado más valor a tirarle tierra al proyecto embrionario de la mezquita en Sevilla Este que a retirar los veladores en el centro o en la Buhaira. Será por la teoría sevillana de temer aquello que se conoce. Y el alcalde sabe que a esta ciudad le gusta estar sentada. El alcalde nos cuenta que la clave es tener pronto un jefe de la Policía Local, pero no nos dice que la otra clave pendiente (de Balbín) es triplicar los inspectores de la vía pública y hacer retenes de guardia los domingos y festivos, aunque para eso hay que fajarse con los sindicatos, negociar, trabajar, asumir riesgos, vivir tensiones, gestionar, gobernar en definitiva. A Rojas-Marcos le crecían los gorrillas y se inventó los vovis. A Espadas le crecen los veladores y se inventa unas batidas de multas de escaso valor, con pretendido eco, pero sin el efecto siquiera de un analgésico. Estamos igual que con Zoido. Hemos sustituido la melva por los culos. Ya lo avisó el alcalde. Había que cambiar la perspectiva.

La batalla del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 19 de junio de 2016 a las 6:24

cajanegra190616Ilustración: Rosell

 

La tensión emerge. Se evidencian los primeros golpes directos. La batalla por el PP de Sevilla tiene ya dos bandos claramente diferenciados con cabecillas locales y con sendos líderes desde Madrid. La contienda empieza a sumar no sólo fotos en las que unos exhiben músculo y otros una preocupación palmaria por unos movimientos inéditos en la historia del partido, sino que genera también momentos en los que se producen rifirrafes entre destacados responsables ante mucha militancia presente. Valga el ejemplo de los pudorosos padres que han perdido el pudor y discuten delante de la prole.

Ocurrió la tarde del lunes, 6 de junio, en la sede provincial de la calle Rioja. El presidente provincial, Juan Bueno, convocó por medio de Ignacio Flores una reunión con una treintena de militantes muy escogidos, entre ellos varios responsables de distrito. Todos ellos tenían en común no haber participado, de momento, en la Operación Manijero, organizada por el sector crítico que reclama un vuelco en el partido. La coartada de Bueno era informar de los preparativos de la campaña electoral. En realidad se trataba de un intento por entonar el Prietas las filas tras las escaramuzas  de los críticos que, liderados por la secretaria general Virginia Pérez y el concejal Beltrán Pérez, cosechan cada día más apoyos, publicados en las fotografías de familia que difunden estratégicamente por las redes. La reunión transcurría, en principio, con toda normalidad hasta que ocurrieron dos cosas: la entrada en la sala de Virginia Pérez, que había sido ninguneada de la convocatoria, y la pregunta de un militante de Triana (allegado al edil Curro Pérez) que demandaba información sobre las fotos de la Operación Manijero, tomadas en unos actos a los que –no se olvide– no estaban invitados los rostros tradicionales del PP. El militante preguntó –dicen que la pregunta fue en tono capcioso– y Juan Bueno respondió como presidente provincial. Las valoraciones de Bueno no debieron gustar nada a la camarlenga Virginia Pérez, que irrumpió con una intervención no autorizada e interrumpida por la mesa. Así estalló la refriega. Juan Bueno dejó claro que no autorizaba la intervención nada menos que de su secretaria general, afeó su conducta y le negó reiteradamente el uso de la palabra. Bueno recriminó a la camarlenga que se había colado en la sala, cosa que él –afirmó– nunca había hecho en los cónclaves promovidos por ella: “¡Te lo vuelvo a repetir, yo no me he metido en una reunión tuya!”. Reprobó su conducta ante el nutrido grupo de militantes: “¡Estás dando un ejemplo muy malo a los compañeros!”, gritó Bueno. Reivindicó, con una evidente tensión, su potestad como presidente provincial para responder a la pregunta sobre unas fotografías inéditas en el PP: “Yo voy a contestar, me han preguntado a mí”, dijo para que no lo hiciera Virginia Pérez en su lugar. Y ante la intervención de la secretaria general, que alzaba la voz desde las últimas filas, el presidente Bueno insistió: “¡Que no, que no, que no tienes la palabra”. Nadie daba crédito a la tensión que acababa de aflorar. De las fotos en las redes sociales se había pasado al enfrentamiento directo entre el número uno y la número dos del partido, nítidamente ya posicionados cada uno en un bando.

En el bando oficialista, avalado desde Génova por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, figuran junto a Juan Bueno dos de los rostros tradicionales de los últimos tres lustros del PP de Sevilla: el diputado nacional Ricardo Tarno y el alcalde de Tomares, José Luis Sanz. Con ellos está el ex alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido. Los cinco tienen el objetivo común de pararle los pies a Javier Arenas, al que ya frenaron en su intento por repetir como número uno por Sevilla en las elecciones generales del pasado diciembre, un logro que enojó a Arenas, que después de muchos años pasó a ser “el ausente” en unas elecciones generales. Todo lo que Tarno, Sanz, Bueno y Zoido saben de política lo han aprendido de Arenas. Casi todo lo que han conseguido se lo de deben a él en buena medida. Ocurre que hace ya algún tiempo que todos quieren matar al padrino, hartos de que éste quiera disponer de unos y otros en función de sus intereses estratégicos. Para ellos es clave parar a Arenas y no permitirle que vuelva a controlar el PP sevillano por medio de sus afines.

En el bando crítico, impulsado por el propio Arenas en sus continuas reuniones conspiratorias y en sus archiconocidos culebreos de fin de semana por los pueblos, figuran la secretaria general Virginia Pérez (conocida también como la camarlenga porque, en realidad, no puede figurar formalmente como secretaria general al no formar parte del comité ejecutivo) y el concejal Beltrán Pérez, los dos arietes de la Operación Manijero. Ella quiere ser la próxima presidenta del partido. Él aspira a la portavocía del grupo municipal. Entre ambos, con la bendición del padre natural del centro derecha-andaluz, han conseguido que la subdelegada del Gobierno, diputados autonómicos, alcaldes de la provincia, concejales de la capital y militantes varios, acepten retratarse en armonía y ambiente festivo para exigir el cambio en la estructura local de un partido marcado por el estatismo y la ausencia de voces críticas.

Arenas quiere llegar al próximo congreso nacional apuntándose el control de Sevilla por medio de compromisarios leales a su causa. Cospedal quiere hacer lo mismo por medio de Zoido y los tres rostros tradicionales. De aquí a entonces existe la posibilidad de que un bando abra brechas en el otro. Los oficialistas intentarán minar la relación de confianza que mantienen Virginia Pérez y Beltrán Pérez mediante ofrecimientos políticos diversos,  siempre y cuando el PP salga bien parado del 26-J, pues el conflicto se recrudecerá si el resultado no es bueno. Sin el pan del gobierno en la familia, las dentelladas entre hermanos se disparan. Los críticos, además de volcarse en sumar nuevos apoyos entre la militancia y preparar nuevas acciones de demostración de fuerza, tratarán de ganarse la adhesión pública del concejal Alberto Díaz, uno de los principales amigos de José Luis Sanz. Sanz tiene la capacidad de elegir bando al ser el único alcalde del PP al frente de un ayuntamiento metropolitano y poseer un escaño como senador. De hecho mantiene una  relación fluida con Beltrán Pérez, con quien cenó la pasada Feria horas después de que trascendiera el primer aldabonazo de la Operación Manijero.

Otro escenario donde se libra la batalla del PP de Sevilla es el grupo popular en el Ayuntamiento, donde Zoido pierde adeptos de forma paulatina, bien porque tienen cuentas pendientes por sus decisiones como alcalde, bien porque ven próximo el final de una etapa y quieren estar bien posicionados para el futuro. Beltrán Pérez cuenta con la adhesión pública de los concejales María del Mar Sánchez Estrella, Pía Halcón, Evelia Rincón y José Luis Martínez. Son cinco en total de los doce actuales. Si Zoido dimite tras las elecciones generales, el siguiente en la lista es Jaime Ruiz, que ahora está colocado en el Tribunal Económico y Administrativo ganando casi el doble de lo que percibe un concejal en la oposición. Lo lógico en tal supuesto sería que Ruiz renunciara a tomar posesión como concejal, pero los oficialistas han previsto esta posibilidad y ya le han advertido que, llegado el caso, tiene que aceptar su retorno al Pleno a toda costa. ¿La razón? Si Ruiz no acepta, el siguiente en la lista es el abogado Rafael Belmonte, beltranista acérrimo que, además, está muy bien conectado con la sociedad civil. Belmonte sería el sexto adepto al nuevo orden. Los oficialistas quieren impedir que Beltrán Pérez sume ese apoyo dentro del grupo. El referido Alberto Díaz sería, pues, absolutamente clave para inclinar la balanza a favor de Beltrán Pérez, que con él y la entrada de Belmonte tendría su particular mayoría absoluta garantizada dentro del grupo.

Zoido cuenta en el grupo municipal con la lealtad de su portavoz adjunto, Gregorio Serrano, avalado por el presidente Juan Bueno para ser portavoz titular si el ex alcalde dimite en el Ayuntamiento, y de Curro Pérez, que fue su delegado en Triana y descafeinado portavoz del gobierno de los 20 concejales. Curro Pérez, por cierto, no despierta precisamente simpatías en Javier Arenas. ¿Tiene Zoido algún partidario más entre los concejales?  Quizás Lola de Pablo-Blanco, que sabe que su futuro político sin Zoido es sencillamente inexistente. Los restantes que no han sido nombrados, caso de Ignacio Flores, estarán con el poder establecido en cada momento. Y el poder establecido en el principal grupo de la oposición sigue siendo Zoido por el momento.

Todo se mide en tal grado en esta batalla que las llamadas telefónicas a los militantes están siendo continuas para pulsar los apoyos, desprestigiar al rival u obtener información sobre los movimientos del contrario. Los asesores del grupo son mirados con lupa. Y, cuando hubo una vacante, se descartó la contratación de una de las trabajadoras más veteranas y conocedoras del Ayuntamiento por ser la cónyuge de uno de los miembros de la ejecutiva regional del partido que más reclama la renovación del PP sevillano y el fin de la era Zoido.

Hasta antiguos rostros del PP, como el ex edil y ex secretario general Ricardo Villena, ha reaparecido en la escena al asistir a una de las reuniones de emergencia convocadas por el sector oficialista para analizar la revuelta, cuando Villena hace años que vive refugiado en el Tribunal Económico Administrativo. Arenas, por su parte, sigue pidiendo a los suyos que apoyen los movimientos de los Pérez (Virginia y Beltrán). ¿Quiénes son los suyos? Jaime Raynaud, Felisa Panadero, Patricia del Pozo, Macarena O’Neill, Rafael Salas, Rafael Carmona… ¿Qué dicen los oficialistas? Que la Operación Manijero no tendrá éxito al ser una “suma de resentidos”, que la inercia del partido se volverá a imponer y que Javier Arenas abandonará el bando cuando vea que la iniciativa pierde fuerza, o cuando consiga sus objetivos particulares en el congreso nacional.

La batalla, en definitiva, es una suma de frentes particulares. Arenas contra Cospedal. Arenas contra sus antiguos cachorros rebeldes. Tarno, Sanz y Bueno contra Arenas. Beltrán Pérez contra Zoido. Virginia Pérez contra Juan Bueno. A todo esto, el presidente regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, se frota las manos al ver que del PP sevillano, del que no ha obtenido más que el frío del desprecio, recibe ahora hasta peticiones de apoyo. El malagueño espera ser el pescador del río revuelto hispalense.

Una vuelta a la tortilla municipal

Carlos Navarro Antolín | 12 de junio de 2016 a las 5:00

SEVILLA 30/05/2016.
NO hace mucho tiempo que el PP de Sevilla sesteaba en la pradera azul de una mayoría nunca vista. Habrán de pasar muchas generaciones para que se vuelva a ver a un alcalde presidir una corporación municipal con 20 concejales. No hace mucho tiempo, repetimos, que la soberbia del PP –que existe, como existía la del PSOE en los años ochenta de pana y vuelos en mystere– se jactaba de que, como mínimo, estarían ocho años repanchingados en los sillones del poder municipal. “Muy mal lo tenemos que hacer para no repetir en el gobierno”. Hasta el propio Torrijos, que sabe que en los chiqueros del juzgado está el toro de Mercasevilla que habrá de lidiar en otoño, proclamó que la derecha había llegado para instalarse, como el tapicero a su ciudad. España entraba en crisis y el PP de Sevilla vivía su particular boom de los 20 concejales. El entonces líder de la oposición, Juan Espadas, otorgaba no cien, sino doscientos y trescientos días de ventaja al gobierno. ¡Lo nunca visto! Todos estaban abrumados por aquella mayoría absoluta. “No puedo llevar la contraria a tantos sevillanos”, se defendía Espadas en las primeras curvas del mandato, que hasta anduvo timorato cuando aquella polémica Operación Triunfo de Zoido, el alcalde intocable. La oposición ni rozó al alcalde del PP con aquella ocurrencia de reclutar a jóvenes cantantes por los distritos.

Los socialistas no se atrevían a meterle el pie en el área chica de aquellas primeras polémicas. Y los populares, crecidos, entonaban que así, con el PSOE plano y acobardado, e IU en jaque por el caso de los terrenos de Mercasevilla, sería todo aún más fácil, una suerte de paseo militar en las urnas de mayo de 2015. “Que siga Espadas, que siga. Es lo mejor que nos puede pasar”, se oía en los despachos de un gobierno que ni presagiaba que estaba perdiendo 40 votos al día: 60.000 en cuatro años. Y si alguna encuesta encendía la alarma, ni siquiera salía del cajón del asesor de turno en dirección a la Plaza Nueva. Al Rey no se le dan disgustos, pensaba el cortesano.

No hace mucho tiempo que pasaba todo eso hasta que el viento cambió en una ciudad experta en mirar para otro lado al primer chasquido de dedos. Eolo comenzó a soplar en la dirección opuesta, con el resultado conocido en las elecciones municipales de hace un año. Y hoy son los socialistas los que ponen velas a San Judas para que sea Zoido el que permanezca como líder de la oposición. Qué ironías tiene reservado el destino. Que siga Zoigo y que, mientras, el PP continúe centrado en los movimientos internos que se suceden en cualquier partido político después de una catástrofe electoral como la sufrida por el centro-derecha en la capital, máxime si se trata de haber perdido un poder que se creía garantizado por ocho años sin levantarse del triclinio.

Antes eran los populares los que deseaban que Espadas siguiera con su estilo de oposición plana, de pellizco y regañina fraternal, con sus concejales incapaces de sacar rédito a polémicas como la colocación del cónyuge de un edil en una entidad subvencionada por el Ayuntamiento.

Ha pasado sólo un año y la tortilla municipal está de la otra cara con tal precisión que hoy es Zoido, ¡cáspita!, el que dice que Espadas no tiene ideas nuevas y sólo se preocupa por la foto, las comisiones y los observatorios. ¿Recuerdan cuando Espadas denunciaba el gasto de Zoido en su gabinete de comunicación? Pero si fue ayer… Era ayer. La noción del tiempo en política parece la del niño que se reencuentra con el amigo del verano y le habla de ayer cuando hace referencia a juegos del verano anterior.

Hoy Espadas habla de la Zona Franca y pareciera el mismo Landa que presidía los plenos y echaba a los fotógrafos. Hoy Espadas preside las procesiones y parece el mismo Zoido pero con las mangas del traje algo más largas. Que siga Espadas, decían en el PP antes de 2011. Que siga Zoido, dicen en el PSOE después de mayo de 2011, que por algo no hay mejor enemigo en política que aquel cuyo pasado está caliente. Y en cuestión de fotos, aplican todos la regla sagrada del y tú más. Los mismos caballitos del tío vivo municipal, como en una alternancia perfecta. Los mismos veladores, los mismos atascos en las licencias (tres mil expedientes a la espera de ser tramitados), la misma incapacidad para efectuar reformas en la Gerencia de Urbanismo, el mismo miedo a los sindicatos policiales, el mismo lamento sobre la falta de agentes, la misma parálisis para abordar nuevas líneas del Metro, los mismos manteros poblando las calles peatonales del centro y de Nervión, el mismo debate recurrente sobre la ciudad de la justicia, el mismo tabernero que hace y deshace en la calle que es suya, ora con el PP, ora con el PSOE; el mismo sol castigando en la Avenida de una ciudad que debería estar consagrada a la sombra cuando a los cursis del código de la ortodoxia política se les llena la boca con el concepto de “ciudad habitable”, los mismos debates superfluos y de escasa trascendencia que son sonajeros que distraen de lo fundamental, como la fecha de la Feria o el exceso de procesiones, la misma parálisis de los túneles del Aljarafe de la SE-40 y de los proyectos del antiguo mercado de la Puerta de la Carne o la antigua estación ferroviaria de Cádiz, la misma cochambre en el entorno de la Catedral, las mismas contrataciones de corta duración para conseguir el efecto placebo…

En el volteo perfecto de esta tortilla municipal, sólo falta que Espadas se ponga a comer melva para que, oh príncipe de Lampedusa, todo siga igual en la Plaza Nueva. Y que, encima, diga aquello de que no hacían falta las alforjas de los 20 concejales para tan escaso viaje de gestión, que con once basta para hacer una Semana Santa de caramelo y alquilar los monumentos para que los turistas de altos vuelos hagan sus cuchipandas en “espacios singulares”. Al menos así nos ahorramos algunos sueldos de concejales de gobierno y hasta las riñas de los viernes de algún agreste portavoz. Mañana lunes, 13 de junio, festividad de San Antonio de Padua, se cumple un año de la toma de posesión de Juan Espadas. Ahora vemos la otra cara de la misma tortilla.

Obama viene, Primark no

Sevilla está en modo Bienvenido Mr. Marshall. La muy novelera ciudad, por la que a veces pareciera que no ha pasado la Expo’92, tiene alpiste para alimentar a todos sus pájaros por muchos meses. Desde que aterrizó en San Pablo la Reina de Inglaterra –allá por 1988– no recibimos una visita de rango tan ilustre, descontadas las que hubo en el 92 y la del Papa de 1993 para clausurar el Congreso Eucarístico Internacional. La de Isabel II fue una visita turística, tal como auguran que será la del presidente norteamericano. La monarca visitó la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias en seis horas y media. Se quedó sin exhibición ecuestre en la Plaza de España, por la que sí pasó en coche unos instantes. Los noveleros de 2016 dicen que la visita de Obama pondrá a Sevilla en el mapa, lo cual es de agradecer. Mucho peor sería que pusiera en valor a Sevilla, hoy que todo se pone en valor a todas horas: se ponen en valor las terrazas de verano, la zapata del Puente de Triana y los mercados de abasto;habría que poner en valor el Museo, nos pasamos tres pueblos poniendo en valor el patrimonio de las hermandades y lo que de verdad habría que poner en valor es la melva canutera. Los que no ponen ni un euro de momento en Sevilla son los irlandeses de Primark, con lo que habrá que seguir yendo a Jerez o a Huelva a por la ropa de bajo coste. El sevillano busca fuera lo que no tiene dentro:las playas y los calzoncillos baratos. Ni con Zoido ni con Espadas tiene Primark remedio. La gran inversión, autorizada por Urbanismo en la antigua sede del Banco de Andalucía, choca contra la normativa autonómica y pasa de largo como el Gordo de Navidad. Pero tenemos salud, que es lo que importa. Y a Obama.

Agitación inédita en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 5 de junio de 2016 a las 5:00

reuniones PP sevilla
LOS tres rostros tradicionales del PP sevillano (Tarno, Bueno y Sanz) se estiraron al ver la fotografía. Los tres antiguos cachorros de Arenas fruncieron el ceño. Alguien debió llamar el lunes a uno de ellos, el diputado nacional Ricardo Tarno:“Ricardo, tenemos un problema”. Virginia Pérez, la camarlenga del PP sevillano que hace las veces de secretaria general, ha pegado el segundo aldabonazo. Pérez se desmarca del pelotón y reclama un sitio preferente en la futura estructura provincial del partido. Un PP sevillano que tendrá que celebrar su congreso tras los congresos nacional y regional que serán convocados después de las elecciones generales. La camarlenga no quiere ser un florero. No acepta tutelas. Como es consciente de que le reprochan escasos resultados electorales donde se ha presentado hasta ahora, apuesta por exhibir músculo interno.

La fotografía difundida el lunes por los propios interesados –tal como hicieron en la primera puesta en escena el Miércoles de Feria– disparó las alarmas del aparato oficial. No es normal que tantos afiliados y de cierta relevancia se reúnan por segunda vez al margen del poder orgánico establecido para hacer valer sus deseos de cambio, sus ansias de renovación. Estas cosas casi nunca han ocurrido en el PP sevillano. Habría que remontarse al congreso de 2000, pero todo aquello fue muy distinto.

Al trío que hasta ahora se ha repartido los principales cargos del aparato provincial (Los citados Tarno, Sanz y Bueno) les ha salido una fuerte contestación liderada por Virginia Pérez en colaboración con el concejal Beltrán Pérez, y auspiciada por Arenas, que no asistió a ninguno de los dos encuentros celebrados hasta ahora, pero envió su bendición al pedir a sus incondicionales que estuvieran presentes. Hay que dejar constancia de que en la reunión del lunes estaban la subdelegada del Gobierno, cinco de los doce concejales de la capital, cuatro diputados provinciales (entre ellos, la secretaria general del partido), dos diputados autonómicos, la secretaria del Grupo Popular en el Parlamento, los alcaldes de Carmona, Palomares, Villanueva del Ariscal y Lora del Río, los presidentes del PP de Gelves, Morón y Coria del Río, la ex concejal de Presidencia de Mairena del Aljarafe (en la etapa de Tarno como alcalde) y el núcleo duro de Nuevas Generaciones de Sevilla con su presidente regional al frente, entre muchos asesores del gobierno de Zoido y conocidos militantes.

El encuentro de este sector crítico se celebró en el Círculo Arte Vivo. Esa misma noche, el aparato oficial se reunió de urgencia en un restaurante del Aljarafe. Allí acudieron el presidente provincial, Juan Bueno; el alcalde de Tomares, José Luis Sanz, el diputado nacional Ricardo Tarno; el ex alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido con su jefe de gabinete José Miguel Luque; y Eloy Carmona, edil de Tomares. Como se aprecia en la fotografía, los rostros eran más propios de la salida de la Mortaja que de la noche del alumbrao.

Tarno, Bueno, Sanz y Zoido saben que detrás de los críticos está Arenas, que no les perdona haber puesto el PP de Sevilla, su PP de Sevilla, al servicio de su enemiga Cospedal, la secretaria general en Génova que, como mínimo, está dispuesta a jugar sus cartas en el nuevo partido que se configure en los congresos posteriores al 26-J. El trío sevillano también sabe que las maniobras de Arenas para controlar Sevilla le vienen muy bien al líder regional, Moreno Bonilla, el invasor malagueño que ve como crecen sus adeptos (los conocidos como afrancesados) en la plaza sevillana donde ha sido tratado con frialdad desde el principio, excepto por la propia Virginia Pérez y un ramillete escaso de militantes sevillanos, caso de Toni Martín, miembro de su ejecutiva. El ramillete de partidarios sevillanos de Moreno Bonilla se convierte poco a poco en un ramo frondoso, pese a que el malagueño no está en un momento boyante, sino más bien al contrario, pues se especula con su retorno a Madrid si el PP retiene la Moncloa.

El PP regional hace un seguimiento al detalle de la agitación interna que vive el partido. Por el momento, fuentes internas tienen una súplica muy clara: “Estas tres semanas tenemos que remar todos en la misma dirección, después ya vendrán los procesos inevitables”.

El todavía aparato provincial tratará de dar un vuelco a la situación. Uno de los objetivos del trío tradicional será el de romper la alianza entre Virginia Pérez, que quiere ser la futura presidenta provincial, y el edil Beltrán Pérez, que aspira a la portavocía municipal. Ambos son claves en el reclutamiento de adeptos a la causa crítica. Pero a nadie escapa que la ruptura también podría producirse en el propio trío, pues Sanz tiene poder territorial y un acta de senador. Vuela sólo. Yaspira a volar más alto.

Operación Manijero en el PP: segundo acto

Carlos Navarro Antolín | 31 de mayo de 2016 a las 5:00

ManijeroPP
LA coartada es Rajoy. Apoyar al presidente de cara al 26-J. Eso está muy bien. Siempre hay que alzar una bandera noble. Pero el objetivo de verdad es otro. Que varias decenas de destacados militantes del PP sevillano se reúnan el día de San Fernando para abrir botellines y brindar por su presidente no tiene más relevancia si no es porque se trata del segundo acto de la Operación Manijero. El primero se celebró el Miércoles de Feria en la caseta del veterano Jaime Raynaud (llamada así: El Manijero) con un foto que proyectó el pretendido futuro para el partido en Sevilla: convertir a Virginia Pérez, actual coordinadora general, en la presidenta provincial, y a Beltrán Pérez, actual concejal orillado por el zoidismo, en el portavoz del grupo municipal en cuanto el ex alcalde se afinque políticamente en Madrid.

En la cita de ayer participaron muchos más que en el primer acto. La operación está bendecida (¿dirigida?) por el lince Arenas. Y es vista con buenos ojos por el líder regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, que al final puede ser el pescador que gana en el río revuelto de una estructura (la del PP sevillano) que le ha sido esquiva desde el primer día. No pocos militantes hispalenses –los afrancesados que se han puesto del lado del invasor malagueño– han terminado buscando su plácet en los últimos meses ante la resistencia del partido a hacer autocrítica tras la debacle de las municipales.

Arenas no está en la foto, pero tiene en ella –otra vez– a la subdelegada del Gobierno, Felisa Panadero, y a sus incondicionales Jaime Raynaud, Patricia del Pozo y Macarena O´Neill. El arenismo ha aportado a este segundo capítulo de la Operación Manijero a los Rafaeles nada menos: Rafael Carmona y Rafael Salas, antiguos látigos contra el PSOE andaluz por el caso de los ERE. Del grupo municipal acudieron cinco de los doce concejales:el postulante Beltrán Pérez, María del Mar Sánchez Estrella, Evelia Rincón, Pía Halcón y José Luis García, así como Rafael Belmonte, que está en lista de espera inminente para lograr el acta de concejal en cuanto se produzca la vacante. Hubo alcaldes de la provincia (Carmona, Palomares, Villanueva del Ariscal y Lora del Río), diputados provinciales, concejales de la oposición de varios municipios, ex asesores del gobierno de Zoido, presidentes de los distritos de la capital, etcétera. No estuvieron los rostros tradicionales del PP sevillano: ni el presidente, Juan Bueno; ni el alcalde de Tomares y senador, José Luis Sanz, que no se posiciona de momento; ni el diputado nacional, Ricardo Tarno. Ninguno de los tres fue invitado.

¿Qué gana cada uno de los protagonistas de la Operación Manijero? Virginia Pérez consigue exhibir músculo y mostrar poco a poco su ambición en política: conseguir el poder del aparato provincial. Pérez aterrizó en el organigrama del PP de Sevilla como coordinadora general (secretaria general en la práctica) tras no encajar bien en la estructura regional como número tres de Moreno Bonilla. Beltrán Pérez será su enlace en la Plaza Nueva a cambio de la portavocía del Grupo Popular, pues es el único de los doce concejales que tiene un claro perfil político y una buena imagen, que ha logrado suavizar en los últimos cinco años después de desarrollar un perfil muy acerado al denunciar los escándalos de los últimos años de Monteseirín como alcalde. ¿Y Arenas? Javié desea por encima de todo vender en Madrid que sigue siendo el alma máter del PP sevillano. ¿Por qué? Porque bajo ningún concepto quiere que el tándem que forman Cospedal y Zoido puedan atribuirse ese cotizado trofeo.

¿Y el alcalde de Tomares? Sanz guarda en silencio. En el grupo municipal cuenta con un concejal fundamental como Alberto Díaz, que ostenta el número siete de la lista electoral y todo el bagaje de haber sido jefe de gabinete del alcalde Zoido. A nadie escapa que Sanz, por motivos varios, puede ser acreedor a un puesto de relumbrón en el PP sevillano. Ya fue presidente en la etapa de los mejores resultados del partido, mantiene la Alcaldía de mayor peso que atesoran los populares en todo el área metropolitana y casi con todo seguridad repetirá como senador por Sevilla. Jugará sus cartas propias. O no. Tomares ayer decidió no estar representado. Neutralidad suiza sin teleférico que suba. Ni que baje.

El segundo acto de la Operación Manijero supone una evidencia del crecimiento de una corriente que pretende impulsar cambios en un partido muy estático, una formación donde casi nunca ocurren movimientos internos. La coartada era Rajoy. El objetivo:estar posicionados de cara a los congresos que marcarán el futuro del partido. El único ganador, por ahora, fue la Cruzcampo. Como siempre ocurre en Sevilla.

¿La Alcaicería o la Antilla?

Carlos Navarro Antolín | 30 de mayo de 2016 a las 5:00

alcaicería
La ciudad está afeada por acción de los gobiernos o de los administrados, que no toda la culpa es de los alcaldes de turno y los lumbreras que los rodean. Hay calles del centro que son más horripilantes ahora que cuando gobernaban PSOE e IU, que fue la unión de dos partidos más mortífera para el patrimnoio histórico en una ciudad cuya economía pivota en el turismo. Descontamos al PP porque sencillamente no hizo nada con el casco antiguo: ni frío ni calor. Y escrito está que los tibios serán expulsados… en las urnas. Pero Monteseirín y su espíritu reformista erosionaron para siempre el conjunto histórico declarado de la ciudad. En algunos casos de forma irreversible. Algunos fines buenos, como acabar con la agresion que sufría la Catedral por la polución que generaban los autobuses, tuvo finalmente el efecto perverso de convertir la Avenida en uno de los lugares más inhóspitos para el peatón. Yfeos, muy feos. Los pavimentos de calles como Alcaicería o la Plaza de la Pescadería tornaron en cutres, de estética tan guarrindonga como esos aceros chorreados de la nueva arquitectura. A las acciones de los gobiernos hay que sumar las de los particulares, caso de los comerciantes que convierten una de las calles de más sabor del centro en un paisaje más propio de la Antilla. Quien saca un perchero y lo cruza directamente en la zona de paso de los ya de por sí sufridos viandantes demuestra carecer de sensibilidad, como también lo demostraron el tío que levantó la calle para colocar un firme tan asqueroso, los señores de la comisión de Patrimonio cuanto autorizaron el mamarracho de la calle Santander o el Ayuntamiento que sigue dando el visto bueno a tantos comercios de estética agresiva junto a los principales monumentos de la ciudad. ¡Qué bonita es la estridente Jabuteca a la vera del barroco del Salvados! Ve uno los jamones y se acuerda irremediablemente… de los cerdos.

La Sevilla de Juanma

Carlos Navarro Antolín | 29 de mayo de 2016 a las 5:00

MORENO BONILLA ACUDE A LA CAJA DE LA SEMANA SANTA
SUEÑA la margarita con ser romero y Moreno Bonilla con entrar en Sevilla, valga el pareado que rima con adosado. El que ha sido visto en la ciudad como el invasor malagueño suma poco a poco los apoyos de ciertos militantes sevillanos que ya son conocidos como los afrancesados del PP. Se trata de concejales y militantes de base que huelen el cambio, el final de la etapa de Juan Bueno como presidente, y que desean estar bien colocados en caso de que el malagueño, por fin, tenga una estructura amiga en el PP hispalense. Moreno Bonilla necesita tiempo para sí y para hacerse con el partido en Sevilla. Su objetivo particular es consolidarse en una presidencia que ni mucho menos tiene asegurada. La buena suerte no le ha acompañado desde que alcanzó el cargo (“Tú lo has querido, Juanma”, le dijo Rajoy en aquel congreso) ni con el calendario electoral (sufrió el adelanto electoral cuando aún estaba decorando el despacho) ni con determinados sobresaltos, como el desastre en Granada, o la sucesión de feos que ha sufrido entre su propia militancia, cuando, por ejemplo, la cúpula del partido en Sevilla (ay, siempre Sevilla) no lo acompañó en la dura noche electoral de las autonómicas.

Moreno Bonilla se parece a Rajoy a la hora de afrontar los problemas. Prefiere ganar a los puntos que con golpes de mano sobre la mesa. Si Susana Díaz se marcha a Madrid, sus posibilidades de afianzamiento se consolidan. La Que Manda en el PSOE es hoy prácticamente imbatible en Andalucía. Y respecto a Sevilla, su hoja de ruta pasa por colocar en la presidencia a Virginia Pérez, la que fue número tres de la regional al inicio de su mandato –como pretendida referencia de la entonces escuálida representación sevillana en San Fernando– y que ahora hace las veces de secretaria general del PP de Sevilla. El hombre que está llamado a impulsar la renovación en el grupo municipal es el concejal Beltrán Pérez, que debe coordinarse cada día más con la futura presidenta. Ambos Pérez lideran el grupo de afrancesados que, por el momento, conectan con un presidente regional que parte de la base de que no se pueden forzar las situaciones, que lo idóneo es esperar a que las inercias vayan despejando el camino. ¿Cuáles son esas inercias? La más importante es que más pronto que tarde, Zoido debe dejar el Ayuntamiento y, por lo tanto, permitir el proceso de renovación que el partido pide a gritos, un partido que empieza a temer el riesgo de convertirse en tercera fuerza política en la circunscripción.

Si Virginia Pérez asume la presidencia y Beltrán Pérez la portavocía, sólo quedaría buscar un secretario general, un puesto que en el PP de Sevilla se suele consagrar a la atención de los pueblos.
Los afrancesados crecen de forma paulatina porque ambos Pérez cuentan con un predicamento considerable en las filas del partido. Beltrán Pérez no debe tener problemas internos en el propio grupo municipal para hacerse con el timón, carece de aristas y, además, tiene la vitola de haber estado orillado durante el mandato de Zoido. ¿Por qué? Tal vez porque el propio Zoido lo veía y ve como su sucesor natural. Beltrán no es que sea amigo de Moreno Bonilla, pero se conocen de los tiempos de Nuevas Generaciones. La Sevilla de Juanma pasa por este concejal. Ambos tienen el objetivo común de abrir una nueva etapa en un PP de Sevilla anestesiado y cuyo grupo municipal tiene perdido el pulso y está acomodado en un cada vez más reducido círculo de confort, lo que se evidencia en denuncias públicas poco trabajadas en las que aparece el mismo vecino de siempre como única referencia de crédito.

Moreno Bonilla necesita todo un hat-trick: que el PP siga en el poder a partir del 26-J, que Susana Díaz se vaya a Madrid y que la renovación del partido en Sevilla vaya por la hoja de ruta de los Pérez.