Juan Sebastián Elcano, el iceberg de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 13 de julio de 2016 a las 5:00

EL BUQUE ESCUELA ESPAÑOL "JUAN SEBASTIÁN ELCANO" SE DESPIDE DE CUBA
LA ocultación de un hecho genera morbo. El que nunca aparece en una fotografía emite un mensaje de desconfianza. El que aparece demasiado, de frivolidad. Un político a bordo del Juan Sebastián Elcano no es ningún delincuente, ni ningún corrupto. Pero el barco es de la Armada Española. Yel sueldo del político procede de las arcas públicas. Zoido, que nos cuenta por las redes sociales desde el sabor de un café de Triana hasta su asistencia a un partido de fútbol europeo entre aficionados de a pie, no dijo ni pío sobre su viaje en el Juan Sebastián Elcano. Ni antes ni durante la singladura. Quiso ir de incógnito, luego generó morbo.

El mismo político que se sube en Marín y se baja en Cádiz como invitado en el buque escuela de la Armada es el que suprimió las recepciones de la Caseta Municipal por “sensibilidad” con los sevillanos que lo estaban pasando mal con la crisis. Es el mismo que acertó al renunciar a encarnar a Baltasar en la cabalgata pese a los reiterados ofrecimientos del Ateneo. Yes el mismo que redujo a la mitad los coches oficiales, recortó el personal eventual y, por supuesto, los sueldos de los cargos a dedo. Quizás por todo esto ordenó silencio sobre un viaje especialmente singular. Se trataba de una apuesta a contraestilo, al menos en contra del “estilo” de austeridad que se había forjado en los cuatro años como alcalde. Tal vez lo ocultó porque, en el fondo, la oportunidad de viajar en el Juan Sebastián Elcano es para muchos un privilegio, sobre todo si se tiene en cuenta la advertencia del secretario del almirante jefe del Estado Mayor de la Armada, quien subraya en su misiva que hay “cientos de solicitantes que se han quedado en la lista de espera” para apremiar una nueva confirmación de la participación en el viaje. Es muy posible que los criterios de la Armada a la hora de elegir a sus invitados sean tan legítimos como respetables, pero hay que destacar en esta ocasión el apagón informativo dictado por el interesado. Zoido ignoró que a bordo de este histórico buque se iba a chocar con todo un iceberg, un impacto utilizado con habilidad por los socialistas andaluces, que jamás habían encontrado una arista en el dirigente del PP en cuatro años de gestión como alcalde. Ciudadanos también ha aprovechado para bautizar al ex alcalde en las redes sociales como “Zoido, el marinero”.

El viaje había sido preparado concienzudamente, pero nunca publicitado. Aquí no existieron ni luces ni taquígrafos. Tan preparado estaba que el gobierno socialista aceptó que el Pleno mensual se celebrara el jueves y no el viernes tras haber recibido una petición de Zoido, que quería facilidades para tomar ese mismo viernes el vuelo con destino a Galicia. El gobierno aceptó con toda normalidad, según reconocen fuentes del ejecutivo local, que precisan que Zoido en ningún momento ofreció detalles de que su periplo fuera a bordo de una embarcación del Estado.

En la reunión celebrada el pasado lunes con la mayoría de los concejales del Grupo Popular, el ex alcalde ofreció a sus compañeros de filas una explicación muy laxa del polémico viaje. Se vio obligado a hacerlo. Alegó una vez más que habían participado 90 civiles como invitados. El caso es que todas esas justificaciones no han llegado hasta que ha trascendido el viaje. Nunca antes, pese a ser un político especializado en la retransmisión de su vida cotidiana. Su actitud ha sido la que ha generado el morbo. Sus decisiones como alcalde eran el listón puesto por él mismo. Ni canapés oficiales en la Feria, ni corona de rey negro, ni un coche oficial por cada concejal del gobierno (muchos lo compartían), ni pago de dietas, pero sí un viaje en el Juan Sebastián Elcano justo después de las elecciones generales a las que ha concurrido como número uno por Sevilla.

Todo ha ocurrido en unos días de máxima agitación para el PP sevillano, que hoy celebra un comité ejecutivo en el que su presidente, Juan Bueno, somete a votación el cese de la secretaria general, la camarlenga Virginia Pérez, que lidera un sector crítico que ayer recopiló más de 50 firmas para que esta tarde haya urna y se garantice el sufragio secreto. Están llamados a votar casi 140 afiliados. Javier Arenas, padre natural del centro derecha andaluz, llamó ayer a la unidad y a esperar al futuro congreso provincial para decidir el nuevo modelo del partido. Pero parece que la apuesta de Juan Bueno sigue adelante, pese a los llamamientos a suspender un comité que será otro iceberg. Pero éste sí ha tenido luz y taquígrafo, pese a los intentos también de algunos marineros (y polizones) por minimizar los hechos.

El PP de Sevilla entra en alerta roja

Carlos Navarro Antolín | 12 de julio de 2016 a las 5:00

El presidente del PP en Sevilla, José Luis Sanz, y el secretario general del PP Sevilla, Juan Bueno, mantienen un encuentro con cargos electos del PP.
NUNCA antes un presidente provincial del PP sevillano se había sometido a una suerte de moción de confianza ante un comité ejecutivo que supera de largo el centenar de miembros y que, por lo tanto, es difícilmente controlable. Nunca antes un presidente provincial ha convocado un comité ejecutivo que evidenciará –necesariamente– una fractura interna en una formación que, paradójicamente, debería estar navegando con el viento a favor de unos resultados electorales meritorios. Nunca antes un presidente provincial había incurrido en el mismo “error” del que ha venido acusando a sus críticos: maniobrar en momentos de especial delicadeza política. Los críticos se movilizaron en las vísperas de las elecciones generales, y él lo hace cuando el PP trata de formar Gobierno en España y deberían quedar pocos meses para un congreso provincial.

El PP de Sevilla entra en alerta roja tras unos meses convulsos en los que han ocurrido todos los hechos insólitos que ha ido narrando este periódico con puntualidad: el nacimiento de un movimiento crítico (la conocida como Operación Manijero) que apuesta por una renovación del partido que orille a los rostros tradicionales que han venido asumiendo la presidencia casi por turnos. Esos críticos han logrado que por primera vez haya destacados dirigentes y militantes que se retratan, nunca mejor dicho, frente al aparato oficial. Lo hicieron el Miércoles de Feria en la caseta El Manijero. Y lo volvieron a hacer en ambiente festivo el Día de San Fernando.

Juan Bueno quiere cesar a la camarlenga. No aguanta más. Quiere librarse de su número dos, Virginia Pérez, a la que él y, sobre todo, su entorno de influencia, consideran un lastre. En realidad quiso librarse de ella el martes 28 de junio, sólo cuarenta y ocho horas después de las elecciones generales, tal como avanzó este periódico, pero dio marcha atrás al comprobar que los resultados del partido fueron boyantes en Andalucía y en Sevilla. No se hubiera visto con buenos ojos una maniobra de este tipo con el salón de celebraciones oliendo aún a lejía. Bueno llegó a enfrentarse a gritos con la camarlenga en una reunión informal celebrada en la sede del partido con numerosos militantes como testigos a escasos días del 26-J. La camarlenga también se mostró públicamente en contra de los “personalismos” en alguna ocasión, en clara alusión a Zoido. Pero todas estas discrepancias y desavenencias no se habían traducido hasta ahora en un orden del día cargado de hostilidad.

Pasados ya los fastos de los triunfos –bastante forzados en algunos casos– la realidad se impone. Los rostros tradicionales del PP sevillano fuerzan a Juan Bueno a promover el cese de Pérez. Bueno tiene que jugar a contraestilo. La maniobra es dura y confirma todos los acontecimientos convulsos que ha vivido la estructura del partido estos meses, unas aguas revueltas que algunos han reducido interesadamente a movimientos de escasa entidad. No serían los hechos de tan poca importancia cuando un presidente provincial emprende una operación de alta volatilidad como es la de querer librarse de su secretaria general.

Juan Bueno es un tipo afable, de sonrisa fácil, leal al poder establecido, que ha aguantado de Javier Arenas todo lo que ha podido aguantar. Está considerado la cara amable del aparato, pero está fuertemente influenciado por varios personajes, sobre todo por un veterano como Ricardo Tarno, que ejerce una especie de padrinazgo.

El presidente provincial necesita el refrendo del comité ejecutivo para cesar a la camarlenga, una apuesta cargada de riesgo, de ahí que no pocos militantes vean la jugada como un plebiscito en torno al propio funcionamiento del PP de los últimos lustros, porque Bueno representa para muchos la continuidad de los últimos presidentes: José Luis Sanz, senador y alcalde de Tomares, y el citado Ricardo Tarno, diputado nacional y ex alcalde de Mairena del Aljarafe. Los críticos tienen ante sí la oportunidad de demostrar su fuerza, de enseñar músculo más allá de instantáneas sonrientes en las redes sociales.

La cita es mañana a las seis de la tarde en el Hotel Ribera Triana. El mensaje de convocatoria enviado por sms dice textualmente: “Te convoco, comité ejecutivo provincial, extraordinario y urgente”. Y el orden del día tiene tres puntos. El primero se titula simplemente “Excusas”. El segundo es la clave: “Revocación de la delegación de funciones de la Secretaría General en la Vicesecretaría General del PP de Sevilla, aprobada en el Comité Ejecutivo Provincial el pasado 27 de julio de 2015”. Y el tercero: “Informe del presidente”. Virginia Pérez hace las veces de secretaria general del PP de Sevilla desde hace once meses, pero en realidad es coordinadora general, pues los estatutos de Génova obligan a que la secretaría general recaiga en alguno de los 22 vocales del comité ejecutivo. Y Pérez, portavoz del PP en la Diputación, no forma parte de ese elenco, por eso nunca ha sido oficialmente secretaria general. Es decir, el partido le hizo un traje a la medida para que fuera la número dos. Y ahora, en menos de un año, el presidente provincial quiere prescindir de ella cuando hace dos semanas se han obtenido unos resultados más que favorables en unas elecciones en las que se manejaban unas israelitas que anunciaban catástrofe. Pérez ha sido, de hecho, la coordinadora de la campaña en la que el PP ha conseguido por vez primera empatar a cuatro diputados con el PSOE en la circunscripción sevillana.

El resultado del comité de mañana dejará heridos en cualquier caso. Y eso se considera una torpeza hasta por algunos oficialistas. Si Bueno se sale con la suya, Virginia Pérez dejará las funciones de secretaria general, pero la convivencia en algunos ámbitos será imposible, pues sigue siendo la número tres de la regional, continúa como portavoz en la Diputación Provincial y hasta como vicesecretaria general del propio PP sevillano. ¿Promoverá Bueno su expulsión de alguno de estos cargos?

Si, por el contrario, el presidente provincial pierde la votación, será él mismo quien tenga que asumir la responsabilidad de haber quedado desautorizado. Este comité “urgente” no tiene excusa posible, por usar el mismo término del primer punto del orden del día. Menos aún si se conoce medianamente el perfil de Juan Bueno, hasta ahora un corredor de fondo poco amigo de las escapadas. El PP de Sevilla está en alerta roja cuando ha vivido su momento electoral más dulce. Paradojas de la política.

La lección de Obama

Carlos Navarro Antolín | 10 de julio de 2016 a las 5:00

obama
NO venía a ver el ensamblaje del A-400-M, estandarte de la pretendida industria aeronáutica local. Tampoco el parque tecnológico de la Cartuja, la boca del lobo sevillano del siglo XXI a partir de las ocho de la tarde. Ni la fábrica de Heineken con el sonriente Jorge Paradela en la puerta. Ni las instalaciones de Persán con Pepe Moya dando la crónica particular de sus novillos en San Fermín. Ni la fábrica de Renault donde se hacen esas maravillosas cajas de cambio. Ni la Torre Sevilla con los API a la búsqueda de inquilinos para las oficinas.

El presidente Obama no venía a ver nada de todo lo que se nos vende como la Sevilla pujante, alternativa, emergente, distinta y todos esos adjetivos que tratan de reflejar una ciudad más allá de los coches de caballo, las fiestas populares y todo lo vinculado con el denostado costumbrismo. Tampoco iba a pasear por el Patio de los Bojes del Museo de Bellas Artes, ni por las caballerizas y salones nobles de la Casa de las Dueñas por los que anduvo Jackie Kennedy, ni por la Casa de Pilatos por donde estos días el duque de Segorbe lamenta su enésima ruina.

Obama iba a ejercer como los turistas de sol y playa, pero en versión capitalina y con el mercurio muñendo 40 grados. El presidente venía a consumir el paquetito que conforman la Catedral y el Alcázar, como si el viaje se lo hubiera colocado el touroperador de turno de la oficina de viajes más próxima a la Casa Blanca. Dedicamos los observatorios, patronatos y consorcios de turismo a buscar la fórmula mágica para lograr que los turistas pasen al menos dos noches en Sevilla y resulta que Obama estaba listo para demostrar que en Sevilla basta con una noche y unas cuantas horas. La visita se iba a reducir a los dos principales monumentos de la ciudad y quién sabe si a un paseíto por el centro.

Ni la ciudad de la música, ni la ciudad de la ópera, ni la ciudad del turismo gay, ni la ciudad del deporte, ni la ciudad de la Navidad, ni la de los reyes magos de siesta en agosto, ni la ciudad conectada a la Costa del Sol, ni la ciudad de los rodajes, ni la ciudad de toda esa ristra de lemas que se inventan en los laboratorios dedicados a fabricar reclamos para captar turistas con vocación de piel de salmonete y sin criterio propio, porque hay que ser ingenuo para recalar en esta ciudad como recalan algunos una vez que han entrado las calores.

El mensaje que íbamos a mandar era el de siempre, el que nunca falla, el que tiene mejor resultado en menos tiempo. Sevilla es la Catedral y el Alcázar, dualidad infalibe en los mercados.

Obama venía a ver lo mismo que la inmensa mayoría de los turistas de bermudas, camiseta y pies por lo alto en las butacas del Starbucks Coffee, que son las que más huelen a pies de toda la hostelería local. Porque un Starbucks Coffee sin un guiri con los pinreles sobre el asiento –el mismo en el que usted pondrá sus posaderas minutos después– no es un Starbucks Coffee con todos sus avíos.

Obama venía a la Sevilla de postal. Como vino la Reina de Inglaterra cuando estuvo seis horas y media en octubre de 1988, la misma que, por cierto, pidió pasar en coche por la Plaza de España antes de tomar el vuelo de regreso. La reina Isabel II se fue “triste” de la ciudad porque no pudo contemplar el espectáculo ecuestre previsto. Faltaban cuatro años para la Exposición Universal, pero a nadie –lógico– se le ocurrió llevarla a visitar las obras de construcción de la gran muestra que captaría la atención del mundo con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América. ¡Como iba a ver una reina una isla tomada por los albañiles! ¡Cómo iba a visitar Obama esa Sevilla alternativa de chimeneas productivas! Lo que la reina de Inglaterra echó en falta no fue ninguna industria, sino la gran obra arquitectónica de la Sevilla de 1929, la postal de mayor éxito de aquella Exposición Iberoamericana inaugurada por Alfonso XIII.

Cuando el ex presidente Clinton visitó Sevilla en 2009 acudió a la sede de la patronal andaluza a dar una conferencia de 50 minutos. Contestó dos preguntas en un auditorio que aún vivía al ralentí de los años bañados en carbónicos franceses, paseos en enganches en la Feria y desplazamientos en lujosos parques móviles. Cuando se llevaban a Clinton a cenar, el ex mandatario pidió que lo sacaran de la Cartuja. Debió horrorizarle aquella isla sin vida cada vez que el sol se despide por el Aljarafe. Clinton quería ver la Catedral. No preguntó por ningún acelerador de partículas. Juan Salas tuvo que llamar al vicario general para que se abriera el templo a deshoras. Y se abrió para que, sobre todo, conociera el túmulo de Cristóbal Colón, que no deja de ser una curiosidad en la inmensidad de una montaña hueca cargada de valores histórico-artísticos.

El programa de la visita frustrada de Obama nos recuerda la evidencia. Ha tenido el efecto de una lección para la que no ha hecho falta la presencia del profesor. Tal vez dolorosa como el aguijón con el que siempre se arma la verdad, quizás reducida en exceso por la fuerte inercia de un pasado rico. Somos eso:nuestro pasado. Nuestros dos principales monumentos. No llegamos a las dos noches. Ni al fin de semana completo. Somos para unas horas. Como las amistades de conveniencia. Pero de unas cuantas horas somos (íbamos a ser) capaces de vivir durante años con orgullo y la cabeza bien alta. En eso somos insuperables. Y hasta embestimos. Como los novillos de Pepe Moya.

El guardiamarina Zoido

Carlos Navarro Antolín | 6 de julio de 2016 a las 5:00

juan sebastián1
MEDIA España buscando a Pedro Sánchez, el hombre que tiene la llave de la estabilidad del Gobierno, y resulta que el que de verdad lleva días perdido es nuestro Zoido. El palomar del Ayuntamiento está en situación de sede vacante por partida doble. No están ni el número uno ni el número dos. El líder socialista ha sido sorprendido de escapada en Mojácar, la mar de relajado en un chiringuito de la costa almeriense, meditando sobre su nuevo fracaso, revestido otra vez de triunfo como corresponde a la liturgia electoral. Los ricos también lloran como los políticos también descansan, sobre todo después de la campaña electoral de la moviola: repetimos. Pedro Sánchez a Almería y Zoido nada menos que al Juan Sebastián Elcano, el buque escuela de la Armada Española, al que solicitó subirse junto a su portavoz adjunto, Gregorio Serrano, reconocido aficionado a la náutica. ¿Recuerdan los años en que los socialistas le afeaban a Serrano en los Plenos que fuera propietario de un barco?.

El ex alcalde lleva meses preparando este viaje con vista a los días posteriores a las elecciones. Un descanso programado en un formato muy original. Del 2 al 6 de junio. De Marín a Cádiz. El periplo termina hoy. Zoido y Serrano han participado como invitados después de haber cursado la correspondiente solicitud, aprobada por el almirante general jefe de Estado Mayor de la Armada. Embarcaron el sábado a mediodía. Y está previsto el desembarco en el Puerto de Cádiz a mediodía de hoy siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan. Ambos han sido hospedados en los espacios dejados libres por los guardiamarinas de la Escuela Naval Militar que se quedaron en Marín.

La Armada dejó claro a sus dos invitados que el buque escuela está destinado a la formación de los futuros oficiales, por lo que está exento de las comodidades que se pueden encontrar en barcos de otro tipo. No hay melva a bordo que se sepa. Se las ha permitido lucir ropa informal, sin estar sujetos a uniformidad o etiqueta alguna, y han debido firmar la declaración de exoneración de responsabilidad del Estado en caso de cualquier tipo de incidente propio de los riesgos de la singladura.

Ni fotos, ni comunicados, ni mensajes en las redes sociales. Zoido quería embarcar de incógnito, con el menor ruido posible, volver de Cádiz y aquí no ha pasado nada. Como Pedro Sánchez en Mojácar, camuflado con una gorra. Pero al final ha trascendido su vocación de guardiamarina. Zoido y Serrano ruedan Botón de ancla. O Cateto a babor, según precisan algunos con sentido del humor. La política es una forma de navegar. Unas veces a vela. Otras con motor. Mejor el Juan Sebastián Elcano que el chiringuito. Clase se llama.

Fiesta en San Fernando

Carlos Navarro Antolín | 3 de julio de 2016 a las 5:00

Zoido
SIEMPRE se dice para enriquecer la manida teoría de la Sevilla dual que esta ciudad tiene dos cementerios. El de San Fernando, donde reina la paz custodiada por los cipreses, y la sede regional del PP andaluz en San Fernando, donde pasan los años sin alegrías y la sombra del ciprés (Arenas)es alargada. San Fernando es Villabajo en las noches electorales, a excepción de las municipales de 2011. El otro día, 26-J, todo apuntaba a que otra vez tocaban las caras de lápidas de camposanto político. El líder regional se presentó tempranito. Juan Manuel Moreno Bonilla se encontró con el presidente del PP sevillano, Juan Bueno, que estaba con cara de Viernes Santo por la mañana tras consultar las israelitas de las ocho de la tarde: dos diputados por Sevilla y el escaño del senador Sanz como la letra de Enrique Iglesias: Bailando. El escrutinio fue suavizando los rostros, los cuerpos comenzaron a encajar en las camisas façonnable y la cúpula del grupo municipal desembarcó por fin en la sede para compartir la noche electoral con los chicos de la regional. En habitaciones separados pero bajo el mismo techo. Era la primera vez que ambas estructuras cohabitaban en una noche de escrutinio. En las elecciones de diciembre se evidenció una separación poco recomendable. Los hombres de la provincial volvieron a dejar solo al líder malagueño, como ya hicieron en marzo en la durísima noche de aquellas autonómicas adelantadas en las que el PP regional se acuarteló en el Meliá, donde sólo había cuatro concejales sevillanos mal contados. Casi nadie quería que le salpicara el más que previsible bajonazo electoral tras los 50 escaños de Arenas.

El líder malagueño comprobó el pasado domingo cuán grande puede ser la ojana hispalense, qué estrecho es el margen entre ser mirado por encima del hombro y ser aupado y saludado con los ramos y olivos de un resultado parcial que se interpreta como victoria electoral global. Qué poco tiempo hay entre ser “el malagueño” a ser Juanma, como le pasó a aquel obispo rechazado por su grey que era “el tal Blázquez” y pasó a ser “nuestro Blázquez”. La cúpula del PP de Sevilla –que perdió las elecciones del 26-J aun logrando un meritorio empate a diputados con el PSOE en la circunscripción socialista por antonomasia– se apoderó de la sede regional el pasado domingo a base de ruido y jarana. Se presentaron y arramplaron con las viandas al estilo de Los Plómez. Capitalizaron el triunfo ajeno, que era el de Moreno Bonilla. Los sevillanos montaron un fiestorro justo donde se han pasado casi dos años sin aparecer. De dejar sólo al líder regional a sacarlo en hombros. La foto de la política en estado puro. Del tal Juanma a nuestro Juanma.

Cuando el recuento confirmó el cuarto diputado se improvisó una barra y el hijo de un conocido militante histórico comenzó a pinchar las canciones de moda. Zoido bailó música disco en la zona elevada del vestíbulo central. El ex alcalde, ayudado por otros militantes sevillanos, llegó a aupar al malagueño. Todo un hito en las relaciones gélidas entre el PP sevillano y el andaluz. Mientras, en la sede de Génova, el ciprés alargado recibía puntual información de esta suerte de cotillón improvisado.

El cátering tuvo que traer viandas de refuerzo. Las cajas de comida y bebida fueron recibidas con vítores por algunos concejales de la capital. Alguno de ellos, arrastrado por el fervor de la victoria (regional, se entiende) llegó a lanzar cortes de mangas al aire. “Debe ser contra el PSOE, no lo sé”, acertó a decir un testigo. Otro concejal cantó Susanita tiene un ratón. La noche avanzaba y hubo quienes no daban crédito a la sevillanización del triunfo malagueño. El acta de senador de José Luis Sanz estaba garantizada. El alcalde de Tomares, junto a su amigo Ricardo Tarno, prefirió seguir el recuento en la Delegación del Gobierno.

Moreno Bonilla estaba feliz. Entraba en directo en el programa de Carlos Herrera, en la Cope. Andalucía era noticia nacional. La música disco era ensordecedora. Un miembro de la regional enviaba un mensaje:“Se han vuelto locos. Pero hay procesos que serán irreversibles”, en alusión a la renovación del PP sevillano en cuanto e celebren los congresos y Cospedal sea apartada de la secretaría general.

Los Plómez de Sevilla alargaron la noche en un intento nostálgico por revivir la gloria de mayo de 2011, la de los 20 concejales que terminó con el manteo de Zoido en una discoteca de la calle Betis. De ser manteado a jercer de millonario del líder regional. Un militante advierte a los de Nuevas Generaciones:“No os equivoquéis, Zoido se irá y éste será el que tome las decisiones”, dice señalando a Curro Pérez, el arriolo del zoidismo, el experto en zonas cálidas y frías de votos, el gurú de la Sevilla de 2029.

En Génova se recibe una llamada. “¡No te vas a creer lo que se está montando aquí!”. Y tras un breve silencio y un arqueo de cejas, el interlocutor, con una displicencia feliz, responde: “No me digas nada, ya tengo hasta fotos. Qué bien lleva Juanito en hombros a Juanma… Ja, ja, ja. El lunes no porque son las juntas, pero el martes nos vemos antes o después de votar en el Cachorro”. Del frío del Meliá a la jarana exagerada de San Fernando. Soledad y ocaso. Se lo avisó Rajoy: “Juanma, tú lo has querido”. Nuestro Juanma.
Moreno

Zoido y Bueno se enrocan

Carlos Navarro Antolín | 29 de junio de 2016 a las 5:00

SEVILLA,28/06/2016.
ZOIDO se ha vuelto partidario de Moreno Bonilla. El desteñido de la mancha roja de la circunscripción hispalense y la primera victoria del malagueño en el recuento autonómico han suavizado los caracteres. El ex alcalde se ofreció ayer a liderar otra lista electoral en Sevilla para ofrecerle la mirra de un nuevo triunfo electoral al presidente regional. Juan Bueno también se ha vuelto aficionado al espeto de forma repentina. Quiere seguir de presidente del PP de Sevilla para poner el aparato provincial a trabajar para que Juanma sea presidente de la Junta de Andalucía. Los afrancesados aumentan, cada vez hay más sevillanos partidarios del invasor malagueño.

José Ignacio Landaluce, número uno por Cádiz, contestó a los sevillanos pocas horas después en el seno de su junta provincial. Dijo haberse sentido muy extrañado por la mañana, porque el PP de Cádiz lleva desde el primer día volcado en que Moreno Bonilla alcance San Telmo. ¡Por la bahía resopla!

El rojo desteñido, decíamos, ha suavizado el convulso PP sevillano después del enfrentamiento entre oficialistas (Cospedal, Bueno, Tarno y Sanz) y críticos (Arenas, Virginia Pérez, Beltrán Pérez y compañía). Con los sondeos en la mano, que en Sevilla apuntaban a sólo dos diputados y a la posibilidad de perder el acta de senador, todo estaba previsto para cesar a Virginia Pérez en represalia por haber abierto una corriente alternativa a la que lleva lustros controlando el partido. Había una comisión ejecutiva prevista desde el fin de semana para ayer por la tarde, pero finalmente fue desconvocada porque el partido ha cubierto el expediente en Sevilla. La camarlenga, además, era la responsable de la campaña electoral en la provincia. Ahora nadie puede discutirle el resultado, aunque Zoido está tratando de capitalizar el triunfo, que es un triunfo a medias, nunca se olvide. El ex alcalde ha vencido en la capital, pero él era el número uno en una circunscripción en la que los socialistas siguen ganando en número de votos con claridad palmaria por mucho que los del puño y la rosa se hayan debilitado. Moreno Bonilla aludió por dos veces a Virginia Pérez en sus salutaciones y agradecimientos de ayer. Lo que el aparato de Sevilla no le da a Pérez, la regional se lo bendice.

Virginia Pérez sigue de momento donde estaba. Como siguen todos. Por mucho que Zoido y Bueno se enroquen en sus posiciones, el que manda es el calendario. Rajoy tiene primero que formar gobierno. Y después vendrán los congresos. Se barrunta que el nuevo secretario general del PP será muy de la cuerda de Moreno Bonilla, dentro del proceso de renovación que debe seguir emprendiendo el presidente nacional. A Moreno no le discutirá nadie en su puesto actual por un tiempo largo. Sevilla será un capítulo aparte. El malagueño no se fía del aparato provincial hispalense. Aún recuerda quiénes fueron los únicos sevillanos que estuvieron a su lado en el Hotel Meliá en la aciaga noche electoral de las autonómicas de marzo de 2015. Sólo acudieron cuatro de los entonces veinte concejales, cuatro que, además, fueron llamados al orden por haber estado junto al de Málaga. Ayer, precisamente en el mismo Hotel Meliá, estaban ya casi todos los hispalenses. Como alguien apuntó con acidez:“Todos éramos de Juanma y no lo sabíamos hasta ahora, fíjate qué cosa”.

La junta directiva regional y la local se fusionaron para proyectar la imagen de una familia bienavenida. Era el momento del buen rollito, las llamadas a la unidad y las alusiones al resultado “histórico”. El PP andaluz está eufórico, pese a que en las elecciones generales de 2011 se sacaron 33 diputados al Congreso frente a los 22 del pasado domingo.

En esta espiral de triunfalismo, cada cual aprovecha para fortalecer su posición. Juan Bueno trata de frenar el avance de los críticos, que tantos dolores de cabeza le han dado desde abril, al proclamar su intención de seguir al frente del partido. Y Zoido da a entender que puede ser otra vez candidato a la Alcaldía, amén de presentarse como la única marca electoral del PP de Sevilla que garantiza las victorias, aunque –repetimos– una cosa es que el rojo de la provincia se haya desteñido y otra muy distinta es que sea azul, una tonalidad de la que aún está muy lejos.

Los críticos siguen con las orejas altas. Asisten con el ceño fruncido a la arenga triunfalista de Zoido, que, curiosamente, no para de ensalzar desde la noche electoral los buenos resultados en el distrito de Triana. El ex alcalde trata así no sólo de meterle el dedo en el ojo a Susana Díaz, sino de apuntalar a uno de sus asesores más discutidos, Curro Pérez, ex delegado en el arrabal. Zoido cuida ahora su cuadrilla como no hizo cuando formó el gobierno de la ciudad. Entonces se encomendó a los tecnócratas y orilló a los políticos. Pero esa estrategia sólo puede seguirse en momentos de fortaleza. Ahora toca sacar pecho y estar a disposición de Moreno, al que en la anterior noche electoral dejaron colgado con los espetos asados. Tanta comida tirada a la basura no se olvida con facilidad.

26-J en Sevilla: La mancha roja se destiñe

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2016 a las 0:59

Sevilla,26/06/2016.
LA provincia de Sevilla no aparece teñida de rojo en el mapa electoral por primera vez. El PSOE pierde sangre por el bastión del Sur. La cabra se despelucha. A los socialistas se les abre una herida inédita, una vía de agua en la nave mayor, un escape de energía. El resultado en la circunscripción de Sevilla es toda una victoria psicológica para los populares, nunca lograda en la historia de la democracia. Sevilla siempre fue roja. Sevilla era esa “manchita” en el mapa azul del PP hasta en las mayorías absolutas de Aznar (2000) y Rajoy (2011). Sevilla era esa provincia despreciada periódicamente por la altanería de moqueta y cuellos duros de Génova, pasto de las bromas fáciles y diana de los dardos de la prepotencia madrileña, sobre todo por esa cantidad de pueblos donde el PP sevillano ha sido la tercera fuerza política.

El PP de Sevilla, el partido estático donde nunca ha habido agitaciones internas ni corrientes críticas hasta hace un cuarto de hora, empata en número de escaños con los socialistas. Cuatro a cuatro. Atrás quedan los años en que el rodillo del puño y la rosa llegaba a conseguir hasta ocho diputados en el tradicional fortín del socialismo español: la circunscripción hispalense. El PSOE se deja más de 23.000 votos con respecto a las elecciones de diciembre. En menos de un semestre pierde una cantidad de sufragios considerable, una derrota no contemplada en ningún vaticinio. La tierra de Felipe y Guerra ya no es roja, se ha vuelto gris.

Los populares cogen aire en España, en Andalucía, donde no ganaban unos comicios desde aquellos 50 melancólicos diputados de Arenas en 2012; y, lo nunca visto, en la provincia de Sevilla. La capital de Andalucía ha sido siempre el gran freno del centro-derecha andaluz. Los populares ganan más de 9.000 votos en la provincia roja por naturaleza, lo que, unido al bajonazo socialista, les permite conseguir el cuarto escaño que posibilita el empate y, por lo tanto, que el color de la circunscripción sea ese gris del empate por vez primera desde 1977.

El PSOE gana en los pueblos, pero es menos fuerte donde nunca nadie osó toserle. He ahí su fracaso. Los socialistas no pueden conformarse con un empate en la provincia roja por antonomasia. No deben admitir un debilitamiento del voto rural tan pronunciado.

Zoido vuelve a ganar en la capital. Encabeza la lista más votada en ocho de los once distritos. El ex alcalde gana casi cuatro mil votos en comparación con las elecciones de diciembre y vence otra vez a un desconocido Antonio Pradas, cabeza de lista del PSOE sin proyección mediática alguna. La marca electoral de Zoido se consolida de cara al Congreso de los Diputados. Tal como destacaban en privado dirigentes del partido en el último mes, no hay ahora mismo nadie que tenga unas cotas tan elevadas de notoriedad en el PP de Sevilla. Que perdiera la Alcaldía en mayo de 2015 como la perdió (de 20 a 12 concejales), no lo invalida como un cabeza de cartel de éxito para las Cortes. Es un candidato que no genera rechazo, pues sigue siendo un político al que se discute la capacidad de gestión, pero se mantiene exento de aristas personales.

El PP estaba esperando los resultados de Sevilla con lupa tras los meses de enfrentamientos internos entre oficialistas y críticos, entre el sector auspiciado por María Dolores de Cospedal y el impulsado por Arenas, ambos con el objetivo de controlar el partido de cara al futuro congreso nacional. Estas disputas internas no han afectado al resultado electoral. Los electores del partido de la gaviota se han movilizado aún más que hace cinco meses. El presidente provincial, Juan Bueno, muy discutido por el sector crítico, podrá hacer un análisis de los resultados con un alivio jamás experimentado por sus antecesores. Y podrá presentarse en la sede regional con la cabeza alta, donde el malagueño Moreno Bonilla siempre ha mirado con recelo los escrutinios sevillanos al restarle opciones electorales en el ámbito regional.

Podemos gana un escaño. Ciudadanos pierde uno. Los emergentes nunca lo han sido en Sevilla. El bipartidismo no se ha erosionado nunca en esta circunscripción. Susana Díaz tendrá que buscar nuevas caras en el PSOE sevillano para los próximos carteles electorales. Sevilla es menos roja que ayer. En la sede del PP andaluz, la tradicional Villabajo de las noches electorales, funcionó el tirador de Alhambra, no el de la Cruzcampo. Moreno Bonilla fue portado a hombros por militantes sevillanos en contraste con las autonómicas de 2015, cuando eran cuatro sevillanos los que aliviaban su duelo. Zoido bailó. Las alegrías en fútbol duran una semana. En política acaso un cuarto de hora. Hay que aprovechar el sueño de la cabra. Ycelebrar hasta el color gris.

La dedicatoria del bastardo en el Alfonso XIII

Carlos Navarro Antolín | 26 de junio de 2016 a las 21:00

mensaje Leonardo
Leandro Alfonso de Borbón (1929-2016) se ha muerto después de haber dedicado el invierno de su vida a la lucha por el reconocimiento de su condición de hijo de Alfonso XIII. Lo consiguió casi todo, pero no el tratamiento de Alteza Real. Tituló sus memorias con el impactante y sugerente título El bastardo real. En Sevilla se alude a su padre, Alfonso XIII, y es como referir el hotel más noble y suntuoso de la ciudad. Leandro de Borbón lo visitó en más de una ocasión. En alguna no recibió el trato que le hubiera gustado como hijo del monarca al que está dedicado el establecimiento (salvo en los años de República en que se denominó Hotel Andalucía). Pero en febrero de 2008, al fin, pudo firmar en el libro de honor de este cinco estrellas: “Es una satisfacción y un fervor estar en este magnífico hotel inaugurado por mi Augusto padre Alfonso XIII y que muchos años dure. Abrazo a la propiedad y a quien lo lea”. Y bajo la rúbrica, su obsesión conseguida: “Infante de España”. A don Leandro le encantó el busto de su padre que hay en el patio. Ahora ve uno el busto y está viendo a don Leandro. Esto era como lo del Cordobés, clavaíto el uno al otro, pero sin sangre real, sin hotel y sin palio de la Virgen cigarrera en blanco y negro.
5.07.02A AUTOR:LEONARDO ALFONSO RUIZ.  FOTO:FOTO SALUD

La perspectiva buenista en los veladores

Carlos Navarro Antolín | 26 de junio de 2016 a las 5:00

En los Reales Alcázares. Espadas mantiene una reunión con los organizadores del congreso ASTA agencias de viajes de EEUU
LOS veladores se reproducen. Como los manteros. Como los gorrillas en tiempos de Rojas-Marcos, el alcalde que creó aquellos vovis que eran parados con uniformes que ayudaban a aparcar a cambio de un donativo. Espadas debutó anunciando su intención de poner orden por medio de un plan de trabajo con los distritos para no recurrir al aparato coercitivo de la Gerencia de Urbanismo: “Queremos que se vea el tema desde otras perspectivas, no sólo de la que genera ingresos”. Tururú, señor alcalde. Primero, porque la teoría de la perspectiva suena a la equidistancia buenista que los políticos aplican a todo problema sensible. Un ejemplo: ¿La movida nocturna es molesta? El político de catálogo acude al manual de la corrección exenta de compromiso, que dicta en su lección primera: “Fórmese una mesa para ver el problema desde todas las perspectivas: jóvenes, empresarios de la noche, vecinos y fabricantes de destilados”. Y confundidos con tantas perspectivas ocurre como cuando uno se pierde en una bulla de Semana Santa, que te quitan la cartera… O te cogen el culo, ahora que se ven más culos que nunca en la Avenida de la Constitución. Pues al alcalde le han cogido lo que dijimos con los veladores. En un año se ha metido él solito en la bulla y nos quiere confundir con una notas de prensa que son un bacalao, un bacalao como el que Zoido inauguró en la cuesta del ídem, símbolo de la bacalá de gestión.

Segundo, porque al final Espadas ha tardado muy poquito en empezar a hacer lo que había que hacer, que es recurrir a los servicios de inspección de la Gerencia de Urbanismo, como revelan las campañas anti-veladores que periódicamente pregona el Ayuntamiento, pero el error está en que lo hace sin poner antes los medios adecuados. Sin hacer los deberes. Ha mandado a los inspectores a poner multas. Eso está muy bien, señor alcalde. ¡Adelante la infantería municipal contra unos abusos tan evidentes! Ocurre que las oleadas de multas suenan mucho, pero son estériles. Porque sólo hay un inspector por cada 1.800 veladores. La última batida anunciada esta semana proclama sesenta expedientes “en menos de un mes”, una cifra ridícula si se tiene en cuenta que Sevilla es una ciudad de 700.000 habitantes, más de 4.000 bares y más de 10.000 veladores legales (súmense los ilegales, que son legión). Todo resulta tan ridículo como aquel anuncio de atajar el problema por medio de bienintencionados planes a través de los distritos. Los distritos están muy bien para los talleres de aerobic, los cursos de cocina, la ventanilla para preguntar dónde se consigue un certificado del padrón y, sobre todo, para que un ramillete de concejales en tiempos de Zoido tuvieran la pedrea de un despacho oficial. Pero poco más.

Aquí la clave es meterle mano al organigrama de la Gerencia de Urbanismo para que haya una cantidad de inspectores suficiente y, sobre todo, para que haya personal de inspección por las tardes y las noches de los fines de semana. Vigilar los veladores a las diez de la mañana es como reordenar el trafico en la puerta de un colegio un diez de agosto. Para saber dónde están los abusos en asuntos de veladores no hay que recurrir a ningún distrito. Ni a planes especiales. Se trata de crear por fin el cuerpo de inspectores de la vía pública que debe tener una ciudad que vive tanto en la calle. Ha pasado un año de este gobierno y sólo hemos visto la calle Mateos Gago libre de obstáculos en Semana Santa o en tardes de vía crucis. Será que la Semana Santa es lo que mejor se le da a este alcalde que pone una vela en el altar de la derecha sociológica, en Roma rodeado de embajadores, curas y monjas, y otra en las carrozas del Orgullo Gay, jalonando la Avenida de fotos picaronas, que lo grave no es la carrera oficial de culos, tangas y correajes, que eso sí que es una mezcla de perspectivas. Todo muy edificante, señor Espadas. ¿Pero para cuándo la sombra en la Avenida? ¿Para cuándo las cláusulas sociales en los contratos públicos que impidan el uso de materiales duros y la obligación de tener en cuenta zonas de sombra para los peatones? Siga yendo a Roma y siga sembrando de culos la Avenida, pero coloque sombra, por favor. Por piedad.

Espadas le ha echado más valor a tirarle tierra al proyecto embrionario de la mezquita en Sevilla Este que a retirar los veladores en el centro o en la Buhaira. Será por la teoría sevillana de temer aquello que se conoce. Y el alcalde sabe que a esta ciudad le gusta estar sentada. El alcalde nos cuenta que la clave es tener pronto un jefe de la Policía Local, pero no nos dice que la otra clave pendiente (de Balbín) es triplicar los inspectores de la vía pública y hacer retenes de guardia los domingos y festivos, aunque para eso hay que fajarse con los sindicatos, negociar, trabajar, asumir riesgos, vivir tensiones, gestionar, gobernar en definitiva. A Rojas-Marcos le crecían los gorrillas y se inventó los vovis. A Espadas le crecen los veladores y se inventa unas batidas de multas de escaso valor, con pretendido eco, pero sin el efecto siquiera de un analgésico. Estamos igual que con Zoido. Hemos sustituido la melva por los culos. Ya lo avisó el alcalde. Había que cambiar la perspectiva.

La batalla del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 19 de junio de 2016 a las 6:24

cajanegra190616Ilustración: Rosell

 

La tensión emerge. Se evidencian los primeros golpes directos. La batalla por el PP de Sevilla tiene ya dos bandos claramente diferenciados con cabecillas locales y con sendos líderes desde Madrid. La contienda empieza a sumar no sólo fotos en las que unos exhiben músculo y otros una preocupación palmaria por unos movimientos inéditos en la historia del partido, sino que genera también momentos en los que se producen rifirrafes entre destacados responsables ante mucha militancia presente. Valga el ejemplo de los pudorosos padres que han perdido el pudor y discuten delante de la prole.

Ocurrió la tarde del lunes, 6 de junio, en la sede provincial de la calle Rioja. El presidente provincial, Juan Bueno, convocó por medio de Ignacio Flores una reunión con una treintena de militantes muy escogidos, entre ellos varios responsables de distrito. Todos ellos tenían en común no haber participado, de momento, en la Operación Manijero, organizada por el sector crítico que reclama un vuelco en el partido. La coartada de Bueno era informar de los preparativos de la campaña electoral. En realidad se trataba de un intento por entonar el Prietas las filas tras las escaramuzas  de los críticos que, liderados por la secretaria general Virginia Pérez y el concejal Beltrán Pérez, cosechan cada día más apoyos, publicados en las fotografías de familia que difunden estratégicamente por las redes. La reunión transcurría, en principio, con toda normalidad hasta que ocurrieron dos cosas: la entrada en la sala de Virginia Pérez, que había sido ninguneada de la convocatoria, y la pregunta de un militante de Triana (allegado al edil Curro Pérez) que demandaba información sobre las fotos de la Operación Manijero, tomadas en unos actos a los que –no se olvide– no estaban invitados los rostros tradicionales del PP. El militante preguntó –dicen que la pregunta fue en tono capcioso– y Juan Bueno respondió como presidente provincial. Las valoraciones de Bueno no debieron gustar nada a la camarlenga Virginia Pérez, que irrumpió con una intervención no autorizada e interrumpida por la mesa. Así estalló la refriega. Juan Bueno dejó claro que no autorizaba la intervención nada menos que de su secretaria general, afeó su conducta y le negó reiteradamente el uso de la palabra. Bueno recriminó a la camarlenga que se había colado en la sala, cosa que él –afirmó– nunca había hecho en los cónclaves promovidos por ella: “¡Te lo vuelvo a repetir, yo no me he metido en una reunión tuya!”. Reprobó su conducta ante el nutrido grupo de militantes: “¡Estás dando un ejemplo muy malo a los compañeros!”, gritó Bueno. Reivindicó, con una evidente tensión, su potestad como presidente provincial para responder a la pregunta sobre unas fotografías inéditas en el PP: “Yo voy a contestar, me han preguntado a mí”, dijo para que no lo hiciera Virginia Pérez en su lugar. Y ante la intervención de la secretaria general, que alzaba la voz desde las últimas filas, el presidente Bueno insistió: “¡Que no, que no, que no tienes la palabra”. Nadie daba crédito a la tensión que acababa de aflorar. De las fotos en las redes sociales se había pasado al enfrentamiento directo entre el número uno y la número dos del partido, nítidamente ya posicionados cada uno en un bando.

En el bando oficialista, avalado desde Génova por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, figuran junto a Juan Bueno dos de los rostros tradicionales de los últimos tres lustros del PP de Sevilla: el diputado nacional Ricardo Tarno y el alcalde de Tomares, José Luis Sanz. Con ellos está el ex alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido. Los cinco tienen el objetivo común de pararle los pies a Javier Arenas, al que ya frenaron en su intento por repetir como número uno por Sevilla en las elecciones generales del pasado diciembre, un logro que enojó a Arenas, que después de muchos años pasó a ser “el ausente” en unas elecciones generales. Todo lo que Tarno, Sanz, Bueno y Zoido saben de política lo han aprendido de Arenas. Casi todo lo que han conseguido se lo de deben a él en buena medida. Ocurre que hace ya algún tiempo que todos quieren matar al padrino, hartos de que éste quiera disponer de unos y otros en función de sus intereses estratégicos. Para ellos es clave parar a Arenas y no permitirle que vuelva a controlar el PP sevillano por medio de sus afines.

En el bando crítico, impulsado por el propio Arenas en sus continuas reuniones conspiratorias y en sus archiconocidos culebreos de fin de semana por los pueblos, figuran la secretaria general Virginia Pérez (conocida también como la camarlenga porque, en realidad, no puede figurar formalmente como secretaria general al no formar parte del comité ejecutivo) y el concejal Beltrán Pérez, los dos arietes de la Operación Manijero. Ella quiere ser la próxima presidenta del partido. Él aspira a la portavocía del grupo municipal. Entre ambos, con la bendición del padre natural del centro derecha-andaluz, han conseguido que la subdelegada del Gobierno, diputados autonómicos, alcaldes de la provincia, concejales de la capital y militantes varios, acepten retratarse en armonía y ambiente festivo para exigir el cambio en la estructura local de un partido marcado por el estatismo y la ausencia de voces críticas.

Arenas quiere llegar al próximo congreso nacional apuntándose el control de Sevilla por medio de compromisarios leales a su causa. Cospedal quiere hacer lo mismo por medio de Zoido y los tres rostros tradicionales. De aquí a entonces existe la posibilidad de que un bando abra brechas en el otro. Los oficialistas intentarán minar la relación de confianza que mantienen Virginia Pérez y Beltrán Pérez mediante ofrecimientos políticos diversos,  siempre y cuando el PP salga bien parado del 26-J, pues el conflicto se recrudecerá si el resultado no es bueno. Sin el pan del gobierno en la familia, las dentelladas entre hermanos se disparan. Los críticos, además de volcarse en sumar nuevos apoyos entre la militancia y preparar nuevas acciones de demostración de fuerza, tratarán de ganarse la adhesión pública del concejal Alberto Díaz, uno de los principales amigos de José Luis Sanz. Sanz tiene la capacidad de elegir bando al ser el único alcalde del PP al frente de un ayuntamiento metropolitano y poseer un escaño como senador. De hecho mantiene una  relación fluida con Beltrán Pérez, con quien cenó la pasada Feria horas después de que trascendiera el primer aldabonazo de la Operación Manijero.

Otro escenario donde se libra la batalla del PP de Sevilla es el grupo popular en el Ayuntamiento, donde Zoido pierde adeptos de forma paulatina, bien porque tienen cuentas pendientes por sus decisiones como alcalde, bien porque ven próximo el final de una etapa y quieren estar bien posicionados para el futuro. Beltrán Pérez cuenta con la adhesión pública de los concejales María del Mar Sánchez Estrella, Pía Halcón, Evelia Rincón y José Luis Martínez. Son cinco en total de los doce actuales. Si Zoido dimite tras las elecciones generales, el siguiente en la lista es Jaime Ruiz, que ahora está colocado en el Tribunal Económico y Administrativo ganando casi el doble de lo que percibe un concejal en la oposición. Lo lógico en tal supuesto sería que Ruiz renunciara a tomar posesión como concejal, pero los oficialistas han previsto esta posibilidad y ya le han advertido que, llegado el caso, tiene que aceptar su retorno al Pleno a toda costa. ¿La razón? Si Ruiz no acepta, el siguiente en la lista es el abogado Rafael Belmonte, beltranista acérrimo que, además, está muy bien conectado con la sociedad civil. Belmonte sería el sexto adepto al nuevo orden. Los oficialistas quieren impedir que Beltrán Pérez sume ese apoyo dentro del grupo. El referido Alberto Díaz sería, pues, absolutamente clave para inclinar la balanza a favor de Beltrán Pérez, que con él y la entrada de Belmonte tendría su particular mayoría absoluta garantizada dentro del grupo.

Zoido cuenta en el grupo municipal con la lealtad de su portavoz adjunto, Gregorio Serrano, avalado por el presidente Juan Bueno para ser portavoz titular si el ex alcalde dimite en el Ayuntamiento, y de Curro Pérez, que fue su delegado en Triana y descafeinado portavoz del gobierno de los 20 concejales. Curro Pérez, por cierto, no despierta precisamente simpatías en Javier Arenas. ¿Tiene Zoido algún partidario más entre los concejales?  Quizás Lola de Pablo-Blanco, que sabe que su futuro político sin Zoido es sencillamente inexistente. Los restantes que no han sido nombrados, caso de Ignacio Flores, estarán con el poder establecido en cada momento. Y el poder establecido en el principal grupo de la oposición sigue siendo Zoido por el momento.

Todo se mide en tal grado en esta batalla que las llamadas telefónicas a los militantes están siendo continuas para pulsar los apoyos, desprestigiar al rival u obtener información sobre los movimientos del contrario. Los asesores del grupo son mirados con lupa. Y, cuando hubo una vacante, se descartó la contratación de una de las trabajadoras más veteranas y conocedoras del Ayuntamiento por ser la cónyuge de uno de los miembros de la ejecutiva regional del partido que más reclama la renovación del PP sevillano y el fin de la era Zoido.

Hasta antiguos rostros del PP, como el ex edil y ex secretario general Ricardo Villena, ha reaparecido en la escena al asistir a una de las reuniones de emergencia convocadas por el sector oficialista para analizar la revuelta, cuando Villena hace años que vive refugiado en el Tribunal Económico Administrativo. Arenas, por su parte, sigue pidiendo a los suyos que apoyen los movimientos de los Pérez (Virginia y Beltrán). ¿Quiénes son los suyos? Jaime Raynaud, Felisa Panadero, Patricia del Pozo, Macarena O’Neill, Rafael Salas, Rafael Carmona… ¿Qué dicen los oficialistas? Que la Operación Manijero no tendrá éxito al ser una “suma de resentidos”, que la inercia del partido se volverá a imponer y que Javier Arenas abandonará el bando cuando vea que la iniciativa pierde fuerza, o cuando consiga sus objetivos particulares en el congreso nacional.

La batalla, en definitiva, es una suma de frentes particulares. Arenas contra Cospedal. Arenas contra sus antiguos cachorros rebeldes. Tarno, Sanz y Bueno contra Arenas. Beltrán Pérez contra Zoido. Virginia Pérez contra Juan Bueno. A todo esto, el presidente regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, se frota las manos al ver que del PP sevillano, del que no ha obtenido más que el frío del desprecio, recibe ahora hasta peticiones de apoyo. El malagueño espera ser el pescador del río revuelto hispalense.