La guerra de Cuba

Carlos Navarro Antolín | 12 de noviembre de 2017 a las 5:00

Caja Negra Puerto de Cuba

HACE mucho tiempo que Río Grande dejó de ser Río Grande y pasó a formar parte del elenco de marcas de Sevilla que viven del rastro de la fama, de las migas que sobraron del bollo orondo, del polvo caído de la estrella apagada de un establecimiento que atendió con brillantez a la emergente población de los Remedios de los años setenta en adelante. Río Grande triunfaba cuando en Sevilla funcionaban muy pocos restaurantes de verdad. El Becerra de la calle Recaredo era el preferido por la clase política municipal de los últimos años del franquismo y primeros de la democracia. La Isla del Arenal, el que servía a la clientela del Alfonso XIII. El Robles de Placentines combinaba el turismo de alta calidad con una mayoría de sevillanos del centro. La Raza era el refugio para decenas de visitantes de la Plaza de España. Yapunten si acaso una tríada más en el casco antiguo:Los Corales, El Burladero y Senra. Y se acabó.

A Río Grande acudía Doña María, la madre del Rey, tras sus visitas al templo del Salvador, de lo que daban fe unas fotografías expuestas a la entrada del restaurante. Y cuando era su hijo, don Juan Carlos, quien quería comer con vistas a la Torre del Oro, telefoneaba a su madre para que le recomendara algún plato. Río Grande fue agonizando lentamente, como casi todas las grandes marcas que han sido el estandarte hostelero de varias generaciones. En Sevilla hay cosas que se acaban poco a poco, como Río Grande, y cosas que están más que acabadas, como el economato Ecovol y su bar donde servían la tapa de salchicha roja con patatas congeladas; el cine Fantasio con los trailer iniciales de Movierecord, o el bar Asturias con el desarme y los cachopos.

No hay sentencia de muerte peor para un negocio señero que cuando alguien dice: “¿Ese sitio? Ha cambiado de dueño”. Que se lo digan a la antigua tasca del Burladero desde que la trincaron los pijas de la multinacional de turno sin pajolera idea del oficio. El cambio de dueño genera desconfianza, provoca recelos y obliga a poner en cuarentena cualquier establecimiento. Muy sevillano es eso de colocar el cordón sanitario a un bar que ha cambiado de dueño. Eso le pasó a Río Grande, que un día cambió de dueño y una legión de sevillanos dejaron de ir a almorzar a su espléndido comedor. Al perro flaco del cambio de titular se sumaron polémicas urbanísticas y hasta judiciales en las que ahora no vamos a entrar por enésima vez. Y como hecho curioso –revelador– cocurrió, mire usted, que comenzó a coger buena fama una cuidada terraza de copas, llamada Puerto de Cuba, fundada en 2005. La terraza se volvió más conocida y con muchísimo más tirón de público que el restaurante en muy poco tiempo. Yahí empezaron los problemas. A la marca herida de Río Grande le salió la incómoda marca pujante de la terraza de copas, nacida en sus mismas entrañas, en un espacio alquilado por la propiedad a un grupo de empresarios a razón de 90.000 euros anuales. Entre esos promotores figura, por cierto, Pablo Castilla, el que fue gerente de la televisión local con Monteseirín y con Zoido. Puerto de Cuba aprovechó el río como casi nadie hace en Sevilla. Tanto hablar de la calle ancha olvidada de la ciudad hasta que llegó este grupo de arriesgados, alquilaron un barco y ofrecieron pequeños cruceros entre copa y copa, e incluso copa en mano en la cubierta, a los clientes de la terraza dispuestos a pagar un plus. El personal se apuntaba en masa a lo de llegar al bar en barco y cenar luego en… Abades. He ahí otro de los problemas: los pasajeros no se quedaban en Río Grande pese a que el barco atracaba en Puerto de Cuba. La terraza iba como un tiro mientras el restaurante y su bar de tapas no lograban beneficiarse de la ingente captación de público de Puerto de Cuba.

Hace unos días que un grupo de forzudos han acabado literalmente con la terraza, han desmontado todo el mobiliario, han cambiado las cerraduras y han vigilado para que ni Castilla ni sus socios puedan acceder al lugar que han explotado desde 2005. Puerto de Cuba ha pagado religiosamente los 90.000 euros anuales a la propiedad con el viento a favor de un cambio climático que alarga los veranos y que genera que haya clientela al aire libre hasta entrado el mes de noviembre.

Puerto de Cuba ha revalorizado una finca cuya referencia era la marca agonizante de Río Grande. Y en ella ha puesto los ojos un fondo de inversión (Faetón Capital, S.L.) vinculado a un destacado empresario de la ciudad, Miguel Gallego, que lo adquiere como inversión. Según el comunicado oficial, Río Grande será cedido en alquiler a una firma de “operadores profesionales del sector”.

–Ojú. Lo de operadores suena más a quirófano que a ensaladilla bien elaborada.

Los compradores valoran internamente los activos de la sociedad en 9,6 millones de euros. La finca tiene dos zonas bien diferenciadas (el restaurante y la conocida terraza de copas) que suman 2.800 metros cuadrados. La rentabilidad del alquiler se calcula en un 6%. Con estos datos –nunca publicados– se comprenden las prisas de la parte vendedora por dejar la finca libre de inquilinos a la mayor brevedad para su entrega al fondo de inversión. Los empresarios de Puerto de Cuba han sido como la vieja indefensa que sobrevive en el bloque de pisos cuando la grúa está lista para el derribo y sólo queda ella por bajar la escalera. Se entiende que el abogado José Manuel García-Quílez, que representa a los desalojados, haya afirmado que jamás ha visto nada igual en sus veinticinco años como letrado: ni tantas prisas, ni tanta vehemencia, ni tantos forzudos con estética de los que recogen las fichas de los coches locos. Lo que está claro, mi dilecto García-Quílez, es que no volverás a ver a ningún monarca almorzando en Río Grande. Ahora resulta, además, que Río Grande no es un restaurante sino un “complejo”, según el lenguaje fatuo de los comunicados oficiales.

El desalojo de la terraza efectuado en la noche de Halloween, como quien aprovecha las luces bajas, los disfraces y la risa hierática de las calabazas, nos retrotrae a una Sevilla en blanco y negro donde todo el mundo calla, echa el visillo y cierra las ventanas, mientras se perpetran acciones de dudosa legalidad por personajes patibularios a sueldo. Por dinero danza el perro. Unos activos valorados en 9,6 millones de euros dan para muchos canes, para muchos bailes y para muchas cuadrillas de forzudos con sus correspondientes relevos. Castilla ha cometido el gran error de revalorizar una marca herida a base de trabajo y tesón. El éxito del gin tonic ha provocado la guerra de Cuba, una contienda que no ha hecho más que empezar y que se comenzará a despachar el próximo viernes en el juzgado con una pila de denuncias, actas notariales, fotografías, vídeos y todo ese rosario de pruebas de cualquier proceso complicado que se precie.

Que al sevillano no le gustan tantos cambios de dueño en tan poco tiempo es una regla que no falla, como la de parar solamente en las ventas donde hay muchos camiones aparcados. En las ventas no suele haber operadores. Acaso algún forzudo que mata la espera al son de una melodía de Camela, una de esas canciones que suenan en los coches locos los domingos por la tarde.

PuertoCuba

Soraya socorre a Moreno

Carlos Navarro Antolín | 5 de noviembre de 2017 a las 5:00

moreno soraya

EL 20 de noviembre de 1975 se murió Franco, Zapatero anticipó su marcha y nos puso a votar el 20 de noviembre de 2011 y Soraya Sáenz de Santamaría acudirá a ponerle la mascarilla de oxígeno al presidente del PP andaluz el 20 de noviembre de 2017. Los 20 de noviembre son fechas cargadas del simbolismo propio de las despedidas. Quien ha ejercido por unas horas de pirómano del PP sevillano, el padre de familia que ha contribuido a separar a los hijos, quiere apagar su propio fuego con ayuda exterior. No debe ser nada cómodo pisar los rescoldos de las llamas que uno mismo ha encendido. Es habitual en los políticos municipales y autonómicos buscar fuera el brillo del que se carece dentro. Que sea Soraya la que acuda en socorro de Moreno Bonilla en este noviembre de crisantemos es un acto de justicia, una muestra de apoyo aprovechando la conmemoración de los 40 años de aquel histórico 4 de diciembre que llenó los balcones de banderas blancas y verdes, los 40 años de la autonomía andaluza, la gran apuesta en la que, por cierto, la derecha sociológica del Sur de España no creyó en su momento (“Andaluz, éste no es tu referéndum”), por lo que sigue pagando la factura de tamaño despropósito.

Ella, la eficaz vicepresidenta del Gobierno quiso en su momento al malagueño al frente de la estructura regional con tal de ganarle el pulso interno a María Dolores de Cospedal, la secretaria general que hasta el último minuto estuvo animando al senador y alcalde José Luis Sanz a liderar una lista alternativa a la de Moreno Bonilla. Pero Sanz mandó sus avales a la trituradora y se quedó resguardado en el burladero. Ella, la que hoy asume nada menos que las funciones de presidenta de la Generalitat convenció a Rajoy en la cuaresma de 2014 de que Moreno Bonilla era la opción válida para acabar con Susana Díaz (conecten las risas en off) y llevó al presidente Rajoy a pronunciar aquello tan revelador como distante: “Juanma, tú lo has querido”. ¿Acaso usted no lo quería, don Mariano? Ella, que de no ser militante del PP pasó a ser la mujer con más poder político durante tantos años seguidos en España, es la que ahora acude a arropar a un líder andaluz que no es capaz de asumir en público sus atrevidas reflexiones privadas (léase cuanto dijo a puerta cerrada en la sede del Grupo Popular en el Ayuntamiento) y que, cual César empequeñecido, coloca el pulgar hacia abajo y manda la ejecución política del primero que pase por la puerta, el primero que pueda ser acusado sin pruebas de haber filtrado cuanto opina el malagueño sobre los dirigentes de Génova y sobre lo malamente que gestionan en Madrid la designación de candidatos a alcaldes en las ocho capitales andaluzas. Hace bien Soraya en sacar un hueco de su más que nunca apretada agenda para venir a Sevilla y darle a agua al sediento, comida al hambriento y ánimos al que sufre el tormento. Debería traerse al tío de la mochila (Moragas) que también apretó lo suyo para que el dedo de Rajoy señalara a Moreno Bonilla como la esperanza blanca de la derecha andaluza. Soraya acude a defender su producto, a convencernos tal vez de que no es de obsolescencia programada como algunos pájaros de mal agüero cantan, ¡malditos roedores estos sevillanos!, a inyectar vitaminas a la criatura que ella misma ayudó a crecer, sabedora quizás de que en ciertos despachos está todo a punto para gestionar el tardomorenismo en el PP andaluz.

En política ningún acto es casual ni está exento de ser interpretado en clave de tacticismo, ninguna fotografía está libre de cálculos previos sobre el contexto y la oportunidad en las que se producen. Soraya vendrá el día 20 a contemplar la lenta caída de las hojas del arbolado andaluz en su larga otoñada. Para entonces sólo cabrá una pregunta, sólo la misma interrogante de siempre, la cuestión que se repite como una vuvuzela cuando la zozobra tambalea la débil nave del PP andaluz y los tripulantes buscan descaradamente el tronco de Ciudadanos al que asirse como última esperanza. ¿Dónde está Javier Arenas? Donde pueda ejercer la influencia que le permita seguir agarrando el cazo para mover el guiso de Sevilla y Andalucía. Su preocupación pública es Cataluña. La privada es Sevilla. Como Zoido. Exactamente igual. Los 20 de noviembre siempre ocurre algo. O nada, según se mire. Fíjense en 1975. No sucedió nada. Y ocurrió todo.

La fe en los consultores

Carlos Navarro Antolín | 29 de octubre de 2017 a las 5:00

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INTELIGENCIA socialista al servicio de un líder del PP de Sevilla, concretamente de tres socialistas. Se trata de tres amigos íntimos de Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, el político que ejerció de delfín de Monteseirín en el Ayuntamiento durante muchos años, miembro destacado de la actual ejecutiva federal y mano derecha de Pedro Sánchez en Andalucía. Los tres vivieron los años de vino y rosas de Monteseirín como alcalde, sufrieron también las polémicas que azotaron su gobierno y tras la debacle de 2011 con Juan Espadas como candidato se vieron con suficiente experiencia como para fundar su propia empresa de consultoría electoral. Tienen ya un prestigio considerable en el sector, gozan de eco mediático, conocen el quién es quién de la ciudad sobradamente y están libres de prejuicios. Tan libres que atienden con toda profesionalidad y diligencia a muchos políticos del PP. Entre ellos, al actual Grupo Popular que lidera Beltrán Pérez, al que conocen desde sus inicios políticos. Se trata de David Hijón, Rafael Pineda y Antonio Hernández, los conocidos en algún momento como los Celis’ boys por su estrecha relación con el político del Polígono de San Pablo. La empresa consultora Dialoga –que así se llama– ha elaborado un dossier sobre los servicios que pueden prestar a la causa del aspirante a candidato del PPa la Alcaldía de Sevilla. El PP ya tiene un gurú en el Ayuntamiento, el vasco Rafael Laza, jefe de gabinete de Javier Maroto, vicesecretario general del partido con despacho en la sede de Génova. Este Panoramix de Vitoria está aconsejando a Beltrán Pérez en su arranque como líder de la oposición municipal, pero no son descartables nuevas aportaciones como las de Dialoga, aunque todavía no se han concretado. La labor inicial de Laza no es incompatible ni mucho menos con algunas de las propuestas que se esbozan en el estudio inicial elaborado por el trío de consultores socialistas.

Dialoga tiene experiencia sobrada en geomarketing y ha hecho ya diversos trabajos de solvencia contrastada en procesos electorales de naciones de Iberoamérica. Se presentan como la consultora líder en el mundo de habla hispana en la aplicación de nuevas tecnologías a las campañas electorales con experiencias de éxito en España, Chile, Argentina, Uruguay, República Dominicana y México. Algunos de sus clientes reconocidos son el Partido Revolucionario Dominicano, el Partido de Acción Nacional de México, la Unión Cívica Radical (Argentina), el Partido de la Democracia Cristiana (Chile), Creo 21 (Ecuador) y Frente Amplio de Uruguay.

Hijón fue director del Grupo Socialista en el Ayuntamiento, Pineda fue concejal y ex gerente de Lipasam y Hernández fue director de comunicación del Ayuntamiento. Por eso los tres se presentan con un “extenso bagaje en la administración pública, así como en la dirección y organización de campañas políticas, ya fueran institucionales o electorales”, aunque en ningún momento aparecen las siglas del partido ni el puño ni la rosa. La presentación es estrictamente profesional.

En el caso del Grupo Popular, el dossier elaborado para Beltrán Pérez parte de la base de que el trabajo en la oposición es de una “extraordinaria dificultad”, más aún cuando este rol se comparte con otras fuerzas políticas como Ciudadanos y Participa Sevilla. Y, sobre todo, “cuando se carece de los recursos económicos y humanos que sí se disponen en el gobierno”. La labor de oposición municipal es “las más intensa y agotadora de las caras de la política y es por tanto la que requiere un mayor compromiso y esfuerzo”. Y sentencia el dossier: “Este compromiso y la idoneidad de las personas que van a acompañar al portavoz en esta travesía y una estrategia clara y definida son el único camino para afrontar con garantías de éxito las próximas municipales”.

La denominada oferta de servicios y asesoramiento y consultoría realizada para el Grupo Popular consta de varias fases. En la primera, de diagnóstico y planificación, se analiza “la situación en la que se encuentra el portavoz y el grupo municipal en el actual contexto político. En esta fase –afirman– diferenciamos entre dos ámbitos distintos y complementarios, el perfil del portavoz y probable candidato y el perfil tanto del equipo de concejales como del grupo municipal”. En esta fase inicial se plantea un análisis DAFO del portavoz y de su equipo, un análisis del posicionamiento del portavoz y de los diferentes “líderes locales” y una determinación de objetivos. Es aquí donde se propone la realización de una “encuesta madre” que sea la referencia a lo largo del mandato y hasta las elecciones de 2019. La mejor de las opciones sería la de poder realizar 3.300 entrevistas “que nos permitieran tener un estudio por distrito con un bajo nivel de error y estructurar toda la estrategia” en las once zonas de la ciudad. La segunda opción sería la de una encuesta de 2.500 entrevistas en las que se agruparían los once distritos en seis zonas para ahorrar costes. Yla última opción sería la de una encuesta con 1.800 entrevistas “que podríamos ponderar por distritos y zonas, pero con márgenes de error alto”. Y, según se aproximen las elecciones, serían “aconsejables” unos sondeos de seguimiento con un número mucho menor de entrevistas, en torno a 600 u 800.

El dossier entregado al Grupo Popular contempla técnicas de geomarketing electoral (mapas de análisis electoral en función de resultados recientes, estudios sociológicos solventes del CIS y encuestas preexistentes), un mapeo social de la ciudad de Sevilla (entrevistas en profundidad mediante técnica estructurada para obtener información cualitativa precisa, identificación de actores sociales, su influencia e intereses, sondear opiniones cualitativas y evaluación de las capacidades de los afiliados del partido), medidas de targeting territorial y de perfiles electorales, storytellin (relato de trabajo del grupo municipal, así como de la precampaña y campaña), servicio de análisis y estrategia en las redes sociales, etcétera. Las redes, por cierto, están especialmente valoradas por la consultora Dialoga: “Tan importante es conocer cómo estamos nosotros, como saber cómo están los otros”.

La fase segunda se destina al seguimiento y ejecución de la planificación: argumentarios, entrenamiento del portavoz y su equipo, líneas de actuación, análisis de escenarios, habilidades comunicativas, gestión de crisis, gestión de equipos, etcétera.
La fase tercera se dedica a la preparación y desarrollo de la campaña electoral: “Comenzado 2019 es la hora de recoger los frutos del trabajo de los meses previos y poner en marcha la maquinaria electoral. Si bien es cierto que el partido popular tiene una formidable experiencia a la hora de hacer campañas electorales, no lo es más que las elecciones municipales deben ser abordadas en 2019 desde la particularidad de una fuerza política que ha vivido una profunda catarsis y que ha transitado de los mejores resultados de la historia de Sevilla a casi dos años de inactividad política en la ciudad”. En esta fase se contempla el “entrenamiento del candidato” en los formatos propios de la contienda electoral (mítines, debates, etcétera), la elaboración del programa, la movilización de personas, la tercera tanda de mapas en función de los resultados de las encuestas y –he aquí la gran aportación de Dialoga– la aplicación de software para el control on line de la jornada electoral y el on time de la misma jornada, lo que permite realizar un control de la movilización de los votantes en la formación. Todos estos servicios de consultoría están valorados económicamente en función de si se elige una encuesta de 1.800, 2.500 o 3.300 entrevistas.

El dossier refiere la experiencia de Obama cuando venció a Romney. Es fundamental en la estrategia que plantea Dialoga volcar toda la aplicación que se procesa en los estudios previos en la aplicación digital creada al efecto, lo que ofrece la posibilidad de reaccionar con rapidez el día de las elecciones. “Toda planificación estratégica, por tanto, requiere inicialmente de una gran labor de inteligencia, de conocimiento del entorno, de los competidores, de los clientes”. El geomarketing político permite sintetizar toda la información, detectar los grupos de futuros votantes decisivos, cómo piensan, cómo son, cuáles son los barrios adversos, etcétera. Y así se planifican con precisión las acciones de campaña. Toda esa información se “procesa y modela”, se cargan los datos en una aplicación y se usan. “En un contexto de campaña permanente, el geomarketing político es decisivo a la hora de posicionar al partido o al candidato. Gracias al geomarketing político se pueden llevar a cabo acciones de microtargeting que permitan aumentar la base social que, a la postre, se convertirá en la base electoral del candidato”. La consultora basa la exclusividad de su trabajo en el denominado Mapa de voto disputable. Y hace una definición: “El voto disputable es el resultado de la aplicación de una fórmula polinómica que determina la capacidad de crecimiento de una fuerza política en un territorio a partir de un suelo electoral”. Dialoga propone un proceso de trabajo minucioso mesa por mesa electoral para saber quién vota y quién no. Para eso es fundamental, una vez entregados los censos, proceder a su digitalización para saber quién vota en cada distrito, en cada uno de los procesos electorales y quién es un “abstencionista contumaz”. De esta manera, el partido político puede reconocer quién es su “votante duro” y quién es su “votante débil”. “Nuestra experiencia nos dice que ningún partido político d este país aprovecha este volumen de trabajo y de información”. Con el software de Dialoga se logra conocer la conducta de os votantes, movilizar a los militantes y electores conocidos, prever resultados según tendencias, analizar el comportamiento de los electores, comparar comicios entre sí y generar un histórico electoral. Los interventores de las mesas electorales deben tener una aplicación descargada en el móvil: “La app permite la comunicación de los interventores con los responsables asignados por el partido y dispone de un sistema de mensajería instantánea para dar instrucciones, animar a los interventores, facilitarles información útil durante la jornada electoral, etcétera”.

El desaire de Alejandro Rojas-Marcos

Carlos Navarro Antolín | 23 de octubre de 2017 a las 5:00

Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle

Existe una memoria histórica gracias a la cual algunos desayunan, almuerzan y cenan a diario, un fin muy loable, y por medio de la que también algunos pretenden ganar ahora la guerra que sus antepasados perdieron hace ya casi ochenta años, un fin absolutamente perverso que aniquila el espíritu de reconciliación de los próceres de la Transición. Ya se sabe que la mejor foto fija de España, la que nunca caduca, es la del cuadro de los garrotazos de Goya. Una foto que estaba casi con las esquinas desgastadas, con los colores en sepia, cuando el avieso Zapatero nos la puso en digital por los siglos de los siglos. El sábado se reunieron en el Ayuntamiento la mayoría de los concejales de dos corporaciones municipales, las dos que presidió Manuel del Valle como alcalde, de 1983 a 1991, nada menos que los capitulares que pusieron la ciudad a punto para la Exposición Universal. Don Juan Espadas los recibió con el cuello abierto, como Pedro Sánchez acude al Palacio Real. Y allí estuvieron también los portavoces de Ciudadanos, Javier Millán, y de Participa Sevilla, Susana Serrano. Del PP no hubo nadie, dicen que no los invitaron, estarían buscando los topos del palomar en plan rastreator. Manuel del Valle pronunció unas palabras en el Ayuntamiento, después pidió agua porque hacía calor y se la ofrecieron con toda amabilidad… en un vaso de plástico. Tendrá menaje la Casa Consistorial para tener que recurrir al plástico… Ni un jarrillo de lata, ni un vaso de plata como llevan los mozos de espada que se precian de serlo, ni un cántaro de Lebrija. Si hasta hay tazas con la heráldica de la Corporación. No es que tuvieran que estar los maceros para servirle el agua a don Manuel, pero de ahí a un vaso cutre… Lo mejor, como de costumbre, estaba por llegar. Y llegó, vaya si llegó. Don Alejandro Rojas-Marcos apareció directamente al almuerzo en el Hotel Inglaterra (50 euros por barba y para los que no tenían barba) porque alegó que no acude a actos políticos. Ojú. Recuerden que el alcalde más carismático de la democracia, el que acorraló al PSOE siendo diputado en las Cortes, tampoco aceptó la Medalla de la Ciudad que sí acudieron a recoger el andaluz inglés que es Luis Uruuela, la dama de la política que es Soledad Becerril y el gran Monteseirín (“Llamadme Alfredo”), entregadas por el hoy ministro del Interió que está a punto de coger el mando de los mossos, don Juan Ignacio Zoido. Alejandro (no hay otro en Sevilla) se presentó en el almuerzo con camiseta amarilla y chaqueta. Llegó cuando los corrillos disfrutaban del primer sorbo de la cerveza. Repartió saludos hasta que se produjo el primer minuto de oro. Luis Pizarro, aquel correoso portavoz de Izquierda Unida, le tendió la mano. Y Alejandro no se la apretó. Menudo desaire. Le dijo que no lo saludaba y que si después era necesario le explicaría a todo el mundo la causa de haberle colocado el carro de la nieve al hoy adjunto al Defensor del Pueblo Andaluz. Pizarro, conocido entonces por Luispi, fue quien se hartó de denunciar asuntos urbanísticos del PA de Rojas-Marcos. ¿Recuerdan aquella teoría del holding de empresas vinculadas a las cajas de ahorro? ¿Recuerdan las indagaciones sobre un conseguidor que aparecía en todas las recalificaciones? ¿Recuerdan que hubo quien se fue hasta el Registro de Vitoria a pedir papeles? Nada de aquello tuvo trascendencia jurídica, eran otros tiempos en los que la Fiscalía se dedicaba a otros menesteres, pero todo aquello terminó en que Soledad Becerril se negó a entregarle de nuevo las competencias de Urbanismo tras los resultados de las elecciones de 1999, por lo que el PA pegó el volantazo hacia el PSOE de Monteseirín y, cuatro años después, se hundió en los comicios de 2003 desgastado por las denuncias del “urbanismo bajo sospecha” para acabar desapareciendo definitivamente de la Plaza Nueva en las elecciones de 2007.

Pues el sábado se vio que Rojas-Marcos no olvida. Ni perdona. Tampoco se lo ha perdonado a Soledad Becerril, a la que no saluda ni siquiera si se la encuentra en una caseta de Feria, ni tampoco el otro día en el almuerzo de confraternización de los capitulares corporación municipal en la que convivieron hace ya treinta años. Lo peor de todo es que Manuel del Valle presume siempre de que en esos años existía una camaradería que ahora se echa en falta. Y el sábado volvió a decirlo. Sin que estuviera previsto, Alejandro tomó la palabra y mantuvo el tono de tensión al referir que le habían dicho que el acto era un encuentro de “amigos”, pero él precisó en público que allí había amigos, enemigos, rivales y compañeros de partido. Más tensión bien despachada. Soledad Becerril no quiso hablar, le pareció oportuno que sólo lo hiciera quien fue el alcalde de aquellos años que se recordaban en el acto. Las caras eran de póker, de domingo por la tarde o de Viernes Santo por la mañana, según los casos. El rencor histórico existe. El día que algunos consigan hacerlo rentable, tendremos un nuevo chiringuito montado. Y esta vez no se le puede reprochar nada a Arenas (Javié), que excusó su asistencia porque estaba con la cuestión catalana. Y así es. Hay homenajes que los carga el diablo y encuentros de antiguos compañeros que salen mucho más caros que los 50 euros que les cobraron por comer… malamente. Genio y figura. El alcalde que más amó Sevilla le dejó la mano colgada a Pizarro, aquel estudiante de Medicina que tan bien se llevaba con los concejales de derechas. El sábado, por cierto, se sentó con los de la antigua AP-PDP y el posterior PP. La derecha le dio cobijo a Luispi. Hay heridas mal cerradas. Y en los 50 euros no estaba incluida la copa de la casa. Que es lo peor. Mucho peor que el vaso de plástico que le largaron a don Manuel del Valle, un alcalde de ruan al que dejaron sin disfrutar de la Expo.

Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle

La crisis de los melones

Carlos Navarro Antolín | 22 de octubre de 2017 a las 5:00

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EL catamarán Luna de Sevilla surcaba las aguas en una tarde de calor húmedo, de las que deja el ambiente mostoso, no sólo por la sensación de vértigo que genera que Rajoy haya apretado el botón rojo, sino porque Sevilla tarda siempre demasiado en despedirse del verano. Pasa el catamarán y nuestro hombre, desde la horrible balaustrada de Marqués del Contadero, mira al público jovial que viaja en la planta alta, una tripulación marcada por las chanclas, embebida en las nuevas tecnologías y ajena a lo que cuenta la megafonía sobre los orígenes de la ciudad. “Mira qué felices van esos turistas, ¿recuerdas la última noche electoral de Zoido en 2011? Nos montamos en este mismo barco y la foto del día siguiente fue la de Juan Ignacio con Asunción Fley a su lado. Quisimos representar el inicio de una nueva singladura. Seis años después, Zoido está a punto de asumir el mando de los mossos, el partido en Sevilla está malherido y en Andalucía no se sostiene. Lo que nos faltaba es lo de esta semana, lo del presidente diciendo que las ocho capitales están abiertas como melones. Lo del coñazo del desfile que le pillaron diciendo a Rajoy a micrófono encendido es una anécdota al lado de lo de Moreno. Por cierto, Rajoy pidió disculpas a las fuerzas armadas, mientras este hombre se ha dedicado a practicar el acoso y derribo de Alberto Díaz. O, mejor dicho, ha ordenado a Beltrán Pérez que lo haga para no mancharse él las manos. La alegría que tendrá Susana en el Palacio de San Telmo”.

El catamarán se otea ya en lontananza, los ciclistas maniobran por las rampas del adefesio diseñado por la Gerencia de Urbanismo como centro de recepción de turistas. Nuestro hombre continúa su parlamento en la tarde de calor pegajoso. Ahora comenta el contenido de un mensaje que le acaba de llegar: “Verónica Pérez ha recibido un 94% de apoyo a su informe de gestión y un 96% a su nueva ejecutiva. Nosotros acabamos de hacernos con el control de los once distritos y llega este hombre y nos reabre la herida. Este Moreno es el Zapatero del PP andaluz. Sabe que eligirá a los candidatos a las alcaldías, pero teme que no llegue a tiempo de poder influir en las listas electorales. Sabe que la misma noche de las autonómicas tendrá que marcharse si saca menos de 33 diputados. Lo sabe. Yparece que quiere irse ajustando cuentas. La caza de brujas de medio pelo de esta semana no se presta a otra interpretación. Los muchachos del palomar esperaban un mensaje de apoyo a la candidatura de Beltrán Pérez, que se ha tragado el sapo de orillar a Alberto Díaz. ¿Tal vez por eso lo grabaron? No lo sé, ni me importa. La crisis de los melones va a durar mucho tiempo, porque aún tiene que entrar en juego la presidenta provincial, cuyo silencio es elocuente. Y hay que saber qué opina Javier Arenas de la degradación de Alberto Díaz. Fíjate qué dos silencios más significativos… Nadie arropa a Moreno, al que todos damos como caballo perdedor. Ha reventado Sevilla, pero es que ha encendido a Bendodo en Málaga, ha dejado Huelva como unos zorros… Lo mejor que nos ha podido pasar es que lo de Cataluña reduzca el impacto de tanto despropósito. Esto da pie a nuevos cruces de alianzas, a que enemigos supuestamente irreconciliables tengan de pronto intereses comunes, a escrutar la evolución de este chico, Beltrán Pérez, que siempre nos ha parecido tan gladiador como prudente. ¿Se ha echado en los brazos de Juanma? No lo sé, me dicen que lo amenazaron con quitarlo a él de portavoz y colocar a Sánchez Estrella si no cesaba a Alberto en 48 horas. Todo muy cutre en la sede regional, muy de aprendices de Juego de Tronos. Tanto trabajar para los congresos de distrito para, al final, que venga este hombre a reventarnos por no asumir el alcance de sus palabras. Tú no pierdas nunca de vista a Arenas. Cuando más callado está es cuando lanza los mensajes más certeros. Y que no te digan que está concentrado con lo de la Cataluña. Javier puede con todo a la vez. Yse guarda el as en la manga, siempre”.

El catamarán regresa ya de Chapina. Nuestro hombre se vuelve de pronto cuando ya se marchaba: “Recuerda que la historia no se repite, la historia es la misma. Yque buena parte de lo que ocurra en Sevilla dependerá de cómo se entiendan Arenas y Virginia. Y Virginia deja claro a todos que no es ahijada de Arenas, que no entiende de tutelas ni tutías, como dijo don Manuel. Anda que a don Manuel, por cierto, lo iban a sorprender diciendo que en Málaga nos podíamos meter una hostia…”.

Moreno revienta Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de octubre de 2017 a las 5:00

Parlamento, Sesión de control.

AQUELLA noche de marzo de 2015 en la que Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) se pegó el batacazo en las elecciones autonómicas, el PP de Sevilla lo dejó abandonado en el salón del Hotel Meliá. Un abandono cruel como los silencios de indiferencia que la ciudad dedica a ciertos personajes y a determinadas obras. Ni el alcalde Zoido ni otros destacados dirigentes estuvieron para arroparle en un descalabro que dejó al partido con sólo 33 diputados de los 50 que logró Javier Arenas. Esa noche sólo aparecieron cuatro concejales del entonces todopoderoso gobierno de la ciudad: Beltrán Pérez. Evelia Rincón, Rafael Belmonte y José Luis García, cuatro ediles orillados en aquel ejecutivo que quisieron tener un gesto con el líder regional en sus peores horas, cuatro concejales que después sufrieron los efectos de haber dado aquel paso al frente en aquellas fatídicas horas al estar en un acto prohibido, en el que, además, se cumplía la elocuente realidad de haber menos gente que invitados. Juan Manuel Moreno Bonilla seguía así una historia de desencuentros con la capital de Andalucía. Nunca se ha entendido con su partido en Sevilla: ni con Virginia Pérez, ni con Juan Bueno, ni por supuesto con Juan Ignacio Zoido, ni con el senador José Luis Sanz, ni con tantos y tantos cargos de mayor o menor relumbrón del organigrama hispalense. Llegó meses después el año de fuertes tensiones en el PP sevillano, una oportunidad para ejercer la autoridad, pero Moreno Bonilla se puso de perfil. Jugó a la tibieza. Ni estuvo con el bando donde se incluían aquellos cuatro concejales que acudieron a lamerle las heridas en esa noche negra (un bando impulsado por Javier Arenas), ni mucho menos con el bando de los partidarios de Zoido y Cospedal. Sevilla ha sido su gran problema en estos más de tres años y pico que lleva en la capital de Andalucía. Sólo un político de la talla de Javier Arenas ha sabido manejarse en esta ciudad sin haberse sentido nunca integrado en ella. Arenas le ha tenido siempre un miedo reverencial a Sevilla. El miedo reverencial es un freno, pero también protege de meteduras de pata. A Moreno se le nota su desconfianza con la ciudad y a la ciudad se le nota el poco entusiasmo que tiene para con el malagueño. No nos engañemos: poca gente ve en Sevilla a Juan Manuel Moreno como la esperanza blanca del centro-derecha andaluz que logre sacar al PSOE del Palacio de San Telmo. El último inquilino de derechas que ocupó el viejo palacio llevaba sotana. Y nada hace presagiar que el sastre de la curia se pase por la sede la calle San Fernando próximamente. Nada.

A Moreno le aplican en Sevilla la sentencia del conde de Mayalde sobre algunos políticos jóvenes: «Tienen todos nuestros defectos y ninguna de nuestras virtudes». Y se la dedican sus potenciales votantes, aquellos que anidan en los sectores que, sobre el papel, deberían ser sus apoyos naturales. Moreno sí se ha hecho con la compañía de un ramillete de sevillanos, pero muy corto. Insuficiente. Su espacio se lo tiene comido Susana Díaz.

El error de este presidente regional ha sido doble esta semana. Primero, expresarse a puerta cerrada sobre la actualidad de su partido con un lenguaje de taberna, sin valorar que si han trascendido las votaciones y deliberaciones de un cónclave donde se elegía pontífice, no iba a ocurrir menos con su reunión con los concejales de la capital. “En Málaga nos podemos meter una hostia”. “En Huelva tenemos un grupo machacado”. “Al final, coño, cuanto antes tengamos a la gente trabajando con certidumbre, mucho mejor”. Y la guinda de referirse al alcalde de Sevilla, Juan Espadas, con la expresión “el tío”. El segundo error fue ordenar a la mañana siguiente, con el café recién servido, el cese como portavoz adjunto del grupo municipal de Alberto Díaz, al que culpa sin pruebas de haber transmitido sus palabras. Fuentes de la regional reiteran que en ningún momento se señaló a nadie en particular, sino simplemente se pidió una investigación y la toma de decisiones. Dicho lo cual, que diría don Manuel Fraga, conviene precisar que el martes por mañana, bien tempranito, la estructura regional del PP, encolerizada como casi nunca se había visto, comenzó a tensionar el grupo municipal pidiendo la cabeza del portavoz adjunto, Alberto Díaz, destacado zoidista, vicepresidente del PP sevillano y miembro de la Junta Directiva Nacional a propuesta de Rajoy. Incluso esa misma estructura regional le dio un plazo de 48 horas al portavoz, Beltrán Pérez, para ejecutar el cese de su portavoz adjunto. El PP andaluz puso entre la espada y la pared a Beltrán Pérez. Y, lo que es peor, evidenció por primera vez un desacuerdo entre dos que hasta ahora habían cabalgado juntos: la presidenta provincial, Virginia Pérez, y el portavoz municipal, Beltrán Pérez. Incomprensiblemente, sin la diligencia de un buen padre de familia, el líder andaluz estaba volviendo a reabrir heridas en un partido que terminaba de celebrar sus congresos de distrito con un resultado uniforme (Virginia Pérez ya controla los once), que no lleva ni tres meses con un nuevo y experimentado portavoz en el Ayuntamiento y que, según el propio testimonio del presidente regional expresado el lunes, considera que es fundamental que la formación en Sevilla rinda al cien por cien para obtener un resultado que le permita gobernar Andalucía con Ciudadanos. ¡Pista, que va el artista!

Moreno ha reventado el partido en Sevilla con tal de alcanzar una suerte de salvación tras su discurso airado, con tal de ajustar cuentas, con tal de mostrar la autoridad (escasa) de quien da un arreón sin control, ejerce una maniobra destemplada, pega una andanada sorpresiva, sin importarle a quién se lleva por delante. O quizás sí: queriendo castigar a Alberto Díaz por ser el íntimo amigo del senador José Luis Sanz, alcalde de Tomares, orillado de la candidatura a presidente regional cuando el malagueño accedió a ella: “Juanma, tú lo has querido”, le dijo Rajoy en aquel congreso.

Moreno creía que al ser duro con las espigas de Alberto Díaz limpiaba su imagen tras sus reproches a puerta cerrada a la dirección nacional (en los que ha podido tener hasta razón) y tras haber exhibido un perfil poco serio, más propio de quien –mosqueado– le pega un empujón a la máquina de los petacos en una taberna con el firme cargado de serrín. Nada de pedir disculpas por el tono empleado, nada de retractarse de algunas afirmaciones, nada de destensionar el entuerto con alguna fórmula inteligente. Una cabeza, el malagueño necesitaba una cabeza. Y Beltrán Pérez –contra el criterio del aparato orgánico provincial– optó por entregársela. “No hay ninguna prueba”, afirmaron ayer fuentes oficial del PP sevillano. Al mismo tiempo, confirmaron que el señor Díaz seguirá no sólo de concejal, sino de vicepresidente del partido. Nadie entiende nada. Si se tiene la profunda convicción de que Alberto Díaz transmite lo que no debe, si se tiene la certeza de que revela las deliberaciones, ¿cómo es que sigue de concejal, asistiendo a las reuniones y vicepresidiendo el partido? Era, simplemente, la gran coartada de la resentida estructura regional para señalar a quien fue jefe de gabinete de Zoido. El pretexto para el ajuste de cuentas. La exigencia planteada a un joven portavoz, temeroso de que Moreno Bonilla no colabore en su sueño de ser el candidato a la Alcaldía, pues la regional tendrá que pronunciarse en su momento. A Díaz no le tocan ni el sueldo ni el cargo orgánico. Sólo se le arrincona de forma simbólica. Lo mismo hizo Juan Bueno cuando tensionó el partido para orillar a Virginia Pérez. La quitó de coordinadora general (camarlenga, le decíamos) pero la mantuvo de portavoz en la Diputación. La camarlenga se creció en el castigo –como el toro de Miguel Hernández que citó el ministro Wert– y es hoy la presidenta del partido.

El doble error de Moreno evidencia debilidad, revela torpeza, demuestra un estilo chusco. Porque sería mucho peor creernos la versión oficial del partido, que se lava en cierta manera las manos al asegurar que no pidió ninguna cabeza en concreto, lo que supondría que la estructura regional deja sólo a Beltrán Pérez en la compleja maniobra de castigar a alguien del que no existe una sola prueba sobre las acusaciones que se vierten. Y Pérez se la jugó aquella noche de 2015 estando a su lado en las horas más duras de su trayectoria política. A Moreno Bonilla cabe aplicarle el título de aquella célebre tribuna de opinión de Ricardo de la Cierva: “Qué error, qué inmenso error”. Al tiempo.

 

Alberto Díaz y Beltrán Pérez

Moreno Bonilla, a tumba abierta

Carlos Navarro Antolín | 17 de octubre de 2017 a las 5:00

El presidente del PP-A

UNA arenga en toda regla con críticas incluidas a la dirección nacional. El líder regional del PP acudió al Ayuntamiento para pedirle a los concejales del Grupo Popular que eleven el tono de sus denuncias políticas para erosionar al socialista Juan Espadas, que destapen con su trabajo a un alcalde que juega a ser amable con todos los públicos y, además, que sean pacientes para contar con un candidato oficial a la Alcaldía. Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) se ve obligado a aplazar hasta principios de 2018 la designación del cabeza de lista a las próximas municipales. La designación como tal del portavoz Beltrán Pérez se hace de rogar, como era previsible según la liturgia del PP de las últimas décadas. Moreno Bonilla no se ahorró críticas al calendario impuesto por Génova con respecto a la elección de alcaldables: “Esto no tiene sentido”. Se confesó en cierta manera ante los doce concejales de la capital en una reunión a puerta cerrada en la que también participaron el secretario general del PP de Sevilla, Juan de la Rosa, la incombustible Patricia del Pozo (donde ella esté, está Arenas) e incluso el flamante senador autonómico, “el amigo Toni”, en alusión a Antonio Martín Iglesias, hombre de confianza de Moreno Bonilla en el PP sevillano.

El líder regional se mostró muy preocupado con la lentitud del calendario de designación de candidatos. Habló del grupo político de Huelva como un “grupo machacado”, no ocultó que en Málaga puede haber un fracaso si no se elige pronto a un buen candidato: “Nos podemos meter una hostia”. Y en Granada dijo que “el melón está abierto”. Moreno Bonilla se expresó a tumba abierta en un acto que al Grupo Popular que pilota Beltrán Pérez le sirvió para dar –de nuevo– la imagen aperturista hacia todas las estructuras y cargos del partido.

El presidente regional tomó la palabra durante algo más de un cuarto de hora. “Agradezco la hospitalidad que siempre me dispensáis, la he sentido siempre en estos tres años y varios meses ya que llevo en Sevilla”. Y rápidamente fijó el contexto político, siguiendo las técnicas de oratoria de Arenas: “Estamos ya en situación electoral. Los acontecimientos que se están produciendo nos llevan a un tiempo electoral en Cataluña e incluso a nivel nacional, lo que condiciona a su vez todos los escenarios. Las elecciones municipales serán el último domingo de mayo. Y las autonómicas, en teoría, el último domingo de marzo, lo que implica que sólo habrá ocho semanas de diferencia. Si se descuenta la Semana Santa y la Feria son sólo seis. Si nos va mal en las autonómicas nos irá mal en las municipales por cuestión de dinámicas ascendentes y descendentes”. Abundó en la importancia de las autonómicas, donde él mismo se juega su futuro político, consciente de que será su segunda y última oportunidad para el asalto de San Telmo: “La sociología electoral nos habla de dinámicas caprichosas, nos dice que si son ascendentes te suben y entramos en una dinámica de optimismo, pero si no lo son… Vamos a tener con las autonómicas una primera vuelta, que será clave para generar una dinámica ascendente. Las autonómicas nos la tenemos que tomar como algo muy nuestro, porque de ellas va a depender la probabilidad real de gobernar Sevilla”.

Se hizo una pregunta: “¿Tenemos posibilidades reales de gobernar Sevilla? Evidentemente que sí. Tenemos posibilidades reales. Y no lo digo yo, sino la demoscopia sociológica. Tenemos posibilidades. Sevilla no es Andalucía, donde ganamos una vez y no pudimos gobernar desgraciadamente. En Sevilla hemos gobernado con Soledad Becerril y con la mayoría histórica de Juan Ignacio Zoido. Aquí hay mucha gente que ya ha cogido una vez la papeleta del PP y, como la ha cogido, son susceptibles de que la cojan otra vez. Es verdad que Juan Espadas es un hombre moderado, una persona agradable, el típico hombre que se esfuerza por agradar a todos. A mi me ve y desde la otra punta me dice: ‘Presidente, ¿cómo estás?’. Juega a eso. A ser centrado, moderado, agradable y sin aristas porque juega a ser triangular. Tiene una estrategia clarísima de triangulación electoral. Va formando mayorías en función de las necesidades y del momento, pero es que además es un tío que ya de por sí tiene la marca PSOE, que le da apoyos importantes, y después va cogiendo de Ciudadanos, de nosotros, de las abstenciones… y va haciendo sus mayorías. Esto le ha funcionando en la primera etapa de la legislatura, pero en la segunda no le está funcionando”.

Moreno Bonilla reivindicó su experiencia directa como vecino de Sevilla a la hora de palpar la realidad social: “Yo vivo aquí desde hace más de tres años, salgo por aquí, salgo a cenar por aquí, como por aquí, viene gente y te dice cosas. Y noto ya una frustración y cierta decepción en sectores próximos al socialismo y al alcalde, en sectores económicos e intelectuales”. Y pasó a la crítica directa al alcalde: “Sevilla no tiene proyecto de ciudad. Ya hay quien lo dice claramente. Se están perdiendo años. Incluso se habla de decadencia del gobierno. Y si bajas dos peldaños, hay barrios y distritos que no están arropados. Espadas, el hombre, es muy amable, pero la gente se pregunta en qué le ha beneficiado. ¿Qué ventajas me aporta este señor? La gente se ha dado cuenta de cómo ha quedado desnudado el personaje. El personaje venía nuevo, por así decirlo, pero ya le va a ir mal. Tenéis que pasar a una actitud de mayor confrontación, y de mayor coordinación con el grupo parlamentario y del propio PP autonómico. En Sevilla tenemos que volcarnos todos. Hay que hacer un esfuerzo brutal y titánico. Sevilla es un símbolo, Sevilla es prioritaria. Yo no puedo plantearme un gobierno con Ciudadanos si aquí no ocurren una serie de cosas. La primera es que ganemos en la capital, evidentemente. Y tenemos que ganar en el Aljarafe y mantener el tipo en localidades como Dos Hermanas y Alcalá de Guadaíra. Sevilla es fundamental. Sin Sevilla no podemos hacer nada, el peso de la capital es evidente. En Sevilla nos jugamos el tipo. Vamos a organizar un calendario de actividades muy potente”.

Repartió estopa a la Junta: “La primera víctima de la política miope y centralista de la Junta es Sevilla. La primera. No hay ciudad más castigada, quitemos esa palabra, digamos orillada, que Sevilla. Si la Junta provincializara los datos de los presupuestos, una de las grandes damnificadas se vería que es Sevilla. Tenéis que coger este discurso con fuerza y garra”.
Fue crítico con Génova en cuanto al calendario de designación de candidatos, sabedor de que en Sevilla aprieta fuerte Beltrán Pérez (impulsado por Arenas): “Soy partidario de cerrar cuanto antes los candidatos a las capitales. Lo reconozco. No me parece sensato ni razonable que tengamos melones abiertos en las ocho capitales de provincia. Sabéis que donde tenemos responsabilidades, en municipios de menos de 20.000 habitantes, estamos cerrando candidaturas. Hay paradojas absurdas, como que pueda cerrar el candidato de Jerez pero no el de Cádiz. La decisión sobre las capitales se comparte con la dirección nacional, que entiendo que tiene capitales complejas por cerrar como Madrid y Valencia… Que tengáis clara mi posición, esto no debe retrasarse más allá de enero. Desgraciadamente mi posición choca con la de la dirección nacional. Todo lo de Cataluña nos ha perjudicado. Se había hecho un plan de acción municipal muy bueno, donde Javier estaba trabajando muchísimo, pero todo esto de Cataluña nos está perjudicando mucho”. Y abordó el asunto en el contexto andaluz, donde dejó algunas perlas y hasta una referencia a su fracaso electoral: “Mi sensación es que esto se retrasa y no tiene ningún sentido. No lo digo por Sevilla solamente. En Huelva tenemos un grupo machacado. Pienso también en Granada, donde tenemos posibilidades reales de volver a gobernar, una ciudad conservadora donde tenemos el melón abierto. Pienso en la propia Málaga donde hay una circunstancia ahí, que qué hacemos o no hacemos… que al final nos puede llevar a que nos metamos una hostia. Al final, coño, cuanto antes tengamos a la gente trabajando con certidumbre, mucho mejor”. Al valorar la influencia del desafío separatista catalán en la vida del partido, estuvo muy claro: “Si sale bien, el PP saldrá reforzado como marca. Si esto sale mal, al PP como marca lo cogen por los tobillos y nos tiran para abajo. Yo lo he vivido en 2015 y te hace perder muchas posibilidades. Yo confío en el presidente, las cosas las está haciendo con equilibrio y mesura. Las cosas pueden salir bien. Todos estamos bajo el paraguas de la marca”.
Admitió que los candidatos, incluido el de Sevilla, no estarán designado antes de Navidad: “En las designaciones que tengamos responsabilidad compartida, opinaremos. Esperemos a que se atienda el sentido común. Es verdad que si nosotros nos negamos a algo, es difícil que la dirección nacional nos obligue a lo contrario. Buscaremos la mejor opción. Yo puedo tener un amigo íntimo o un primo hermano, pero si no saca los resultados, no nos vale. Se buscarán los mejores candidatos posibles, y eso se hará con fórmulas tradicionales, como las encuestas nuestras y las que haga la dirección nacional, y también habrá opiniones políticas, porque a lo mejor un buen candidato te puede desunir un grupo. Queremos cerrarlo lo antes posible, a principios de 2018, pero no depende de nosotros. Y lo haremos de forma inteligente, ecuánime y pensando en el interés general”.

A los doce concejales del Grupo Popular les puso una tarea muy específica: “Seguid en la línea de hacerle pupa a Espadas. De Espadas digo que es el decimocuarto consejero de la Junta. Se comporta más cono un consejero que un alcalde. Creo que el camino que estáis recorriendo lo estáis haciendo muy bien. Hay un grupo municipal con enorme calidad política y experiencia. Estoy convencido, yo apostaría por cosas importantes, a que vamos a gobernar Sevilla. Es verdad que con un pacto con Ciudadanos. Con un concejal más podemos gobernar. No es difícil gobernar en Sevilla. Ciudadanos no va a bajar. Mucha gente nuestra estaba cabreada con Rajoy, con los impuestos, que si dijo… los rollos. Pero podemos volver a rescatar esos apoyos, podemos conseguirlo, lo tenemos al alcance de la mano. Tenemos que decidir el candidato a alcalde lo antes posible. Yo no lo demoraría mucho más. Este grupo se está comportando de manera responsable y sensata. Y el portavoz está teniendo mucha mano izquierda”.

La realidad y el deseo

Carlos Navarro Antolín | 15 de octubre de 2017 a las 5:00

mateos gago

HAY una Sevilla real y otra soñada, una que sudamos a diario por calles que traicionan la trama urbana de la judería y otra que le venden a los incautos turistas en sus tierras de origen para convencerlos de que vengan a vernos en agosto. Y el caso es llegan ya casi en la misma cantidad que vienen en la temporada alta de las fiestas de primavera. Hay turistas como para completar el aforo del agosto sevillano. Y lo completan. Hay una Sevilla oficial de rictus serio que de vez en cuando ventea el humo de proyectos imposibles y una real de todos los días, a la que se quiere como al hijo feo, se tapa como al hijo travieso y se castiga como al hijo que se quiere. Hay una Sevilla sin alumbrado público en Torneo cuando se regresa de un concierto en el Auditorio Rocío Jurado de la Cartuja (Qué no daría yo por… encender la luz) con alto riesgo de darse de bruces contra el suelo al tropezar con alguna de las decenas de losetas levantadas para que el gracioso de guardia proclame: “¡Árbitro, penalti!”. Han pasado 25 años ya de la clausura de la Exposición Universal y el paseo de Torneo, cinturón urbano de la Cartuja, evoca el paisaje de una ciudad bombardeada. El adjetivo habitable, con el que se les llena la boca a los políticos, suena grosero al recorrer su firme hecho trizas.

El bueno de Juan Carlos Cabrera, delegado de Tráfico, ha presentado esta semana la reurbanización de la calle Mateos Gago, nos ha enseñado una recreación virtual que recuerda al que te quiere endiñar un piso en una venta sobre plano. Te enseña un dibujito con la piscina –inevitable piscina social–, las pistas de pádel donde usted jugará uno o dos domingos con el chandal que le servirá para marcar ese vientre curvo modelo Seiscientos, el salón de juegos de mesa donde dos ancianos ven pasar la vida bañados por la luz que entra por un ventanal, y un parque infantil donde tres mocosos sonríen en un tobogán. El tío, para apretarte los riñones, asegura que sólo le quedan ya dos pisos: uno con cocina con ventana al exterior y otro con cocina interior.

Pues Cabrera nos aprieta prometiéndonos una calle Mateos Gago paradisíaca, de diseño, dibujada como de otro tiempo, tal que parece que sólo falta Bueno Monreal de paseo calle abajo camino del Palacio Arzobispal. ¿Veladores? Muy pocos y colocados entre frondosos naranjos para que usted no encuentre obstáculos. ¿Camareros? Nos han pintado alguno con camisa blanca, limpia y plucra, nada que ver con el negro imperante que disimula los lamparones. Dos niños juegan por una calzada libre (tan libre como Lopera predicaba de su Betis) mientras otro juega por la calle nada menos que en patinete, con el campo abierto de una acera limpia, llana, sin tíos en pantalón corto cenando a las siete de la tarde, sin camareros mal pagados hartos de dar barzones, sin el hombre de la carretilla transportando las cajas de agua mineral, sin la madre con el carro maniobrando para pasar por donde resulta imposible. Cabrera nos vende el piso, lo hace con una sonrisa luminosa en la cara, nos lo está colando sobre plano. ¡Vamos que si nos lo está vendiendo!, que le estamos dando la señal, pidiendo la vez en la notaría y preparando la primera cuchipanda para presumir de nuevas estancias ante los íntimos. A Cabrera le ha faltado ponerle un eslogan a esta particular venta sobre plano, con melodía relajante de la que ponen antes de que salga el AVE. “Mateos Gago, la reurbanización que usted y su familia merecen”. “Mateos Gago, donde sus hijos podrán crecer felices”. O aún más agresivo: “Mateos Gago, el lujo del que usted no puede privar a su familia”.

El Ayuntamiento nos promete el oro en Mateos Gago, la ciudad soñada, la joya de la corona de los proyectos de semipeatonalizaciones habitables, que no son peatonalizaciones ni son nada. En esta estampa con colores de primera comunión del nacional-catolicismo que nos regala Cabrera no hay ni un taxi en la parada, no se ve ningún camión de carga y descarga, ni siquiera un cofrade desocupado. Ocurre como cuando el gran Alvarito Peregil echa la cuenta en su Goleta, de Mateos Gago naturalmente, que no vemos ni un papel ni un lápiz. Yse lo consentimos. Para eso Peregil se equivoca siempre… a favor del cliente.

 

Reportaje sobre las malas condiciones del a zona del Paseo de Juan Ca

El gurú del palomar

Carlos Navarro Antolín | 8 de octubre de 2017 a las 5:00

gurú_web

EL voto está decidido antes de las campañas electorales. La gran mayoría del electorado no decide su opción durante esos quince cansinos días. Por eso conviene vivir en una campaña permanente, no confiar nada al período legal de petición de voto. Se trata de una de las principales tesis del nuevo gurú del palomar, como son conocidas las dependencias de la planta alta del Ayuntamiento donde tienen sus despachos los doce ediles del PP. El líder municipal Beltrán Pérez, que se alzó con la portavocía del grupo mayoritario del Ayuntamiento tras conquistar el poder orgánico con Virginia Pérez como cabeza de cartel, ya tiene su propio Panoramix. Beltrán Pérez rehusa en todo momento presentarse como candidato a la Alcaldía en 2019, pero no hay que ser ningún fino analista para –primero– apreciar sus movimientos como tal y –segundo– evaluar que lo tiene casi a todo a favor para serlo, salvo que se produzca un volantazo dado desde Madrid para colocar a otro candidato que ofrezca mejores garantías en las encuestas. En cualquier caso, los sondeos internos deben estar ahora mismo paralizados, pues toda la actualidad está condicionada por el desafío separatista catalán. Los partidos saben que de poco sirve ahora mismo preguntar al electorado en clave local. Cualquier opinión está fuertemente influida por los hechos que copan los informativos y tertulias.

El nuevo asesor estrella del Grupo Popular en el Ayuntamiento se llama Rafael Laza y es de Álava. Un vasco debe ser el autor de la poción mágica que debe llevar al correoso concejal Pérez a la cúspide de la candidatura a la Alcaldía, un consultor con pedigrí en el PP y con despacho en la sede nacional de la calle Génova, ya que ejerce de jefe de gabinete de Javier Maroto, el ex alcalde Vitoria (ciudad preciosa donde las haya, pero llévense el abrigo). Maroto es vicesecretario general de Acción Sectorial del PP, con muy buena relación con Javier Arenas, padrino político de Beltrán Pérez. Maroto y Arenas salen todos los lunes en los maitines junto a Rajoy y Cospedal. Laza es quien ha estado siempre junto al conocido dirigente vasco, incluso en la brillante etapa de Maroto como alcalde de Álava.

Laza se presenta como consultor español especializado en planificación estratégica, “campaña permanente y diseño de campañas municipales”. En 2012 fue distinguido con el premio Victory Adwards al consultor político revelación en España e Iberoamérica. Ha sido coordinador del comité de consultores y asesores de la Asociación de Comunicación Política de España. Y, por supuesto, ha desempeñado varios cargos en el PP siempre vinculados al dirigente vasco. Laza es de los que defienden planes de lanzamiento de políticos basados en la Estrategia 4×4, para obtener “un liderazgo de 360 grados”.

El vasco Lazo está contratado por pocos meses. Ya ha visitado el Ayuntamiento de Sevilla para conocer in situ los terrenos por donde se mueve el líder del PP municipal. Cuenta con poco menos de 4.700 seguidores en la red social Twitter, en la que su mensaje más destacado en clave de comunicación política dice así: “Olvida tu nariz. Para conocer al electorado utiliza métodos científicos: encuestas, focus groups, entrevistas, observación…”

Laza concede mucha importancia a los cien primeros días de gestión del político: “La primera impresión es la que cuenta. ¿Cómo nos perciben?”. El siguiente hito lo fija en la mitad del mandato: “Ya nos conocen. ¿Con qué imagen? ¡Ojo! Hay que construir el voto mayoritario y las estrategias a llevar a cabo”. El tercero es la precampaña: “¿Cuándo arranca? ¿Qué comunicamos? ¿Con qué estrategias?”. Y el último, obviamente, es la campaña electoral, en la que insta a analizar “el cuándo, cómo, dónde, por qué y para qué” de los objetivos.

Laza hace ya las funciones de asesor externo. Incluso se le atribuye algún logro en las guerras que los partidos emprenden en las redes sociales para erosionar a sus rivales. Estará ejerciendo al menos hasta Navidad. La estrategia más intensa sólo empezará cuando se confirme que Beltrán Pérez es el candidato. Ese papel provocará necesariamente otras decisiones, siempre en el contexto de un partido que aún sufre la fractura interna en la que ha vivido un año, pero que, eso sí, ha demostrado disciplina de voto en el último congreso de distritos, pues Virginia Pérez controla el cien por cien.

Beltrán Pérez no es el primer político del PP andaluz que contrata a un gurú. Juan Manuel Moreno Bonilla se hizo en sus inicios en la sede regional del partido con los servicios del politólogo catalán Antonio Gutiérrez-Rubí, el mismo que diseñó la imagen del socialista Alfredo Pérez Rubalcaba y que está considerado uno de los mejores expertos de la comunicación en España. Gutiérrez-Rubí es precisamente ahora una de las voces más críticas con la gestión del gobierno de Rajoy en la crisis catalana. Entre sus perlas de los últimos días destacan dos: “Rajoy pretende secuestrar la propia idea de España” y “El gran patrocinador del independentismo en Cataluña se llama Mariano Rajoy”. Los meses de colaboración del gurú catalán con Juan Manuel Moreno, por fortuna para el malagueño, no fueron muchos.

El riesgo de venir a Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 4 de octubre de 2017 a las 5:00

avión

AL bueno de Zoido le hace la agenda el enemigo. Y el enemigo siempre está dentro. En el vientre, en las entrañas, en las agallas. Dice un político andaluz de raza que todo dirigente que se precie ha de contar con tres colaboradores propios: un jefe de gabinete, un jefe de prensa y una secretaria. Nadie como la cuadrilla propia va a salir del burladero a protegerte con el capote en caso de cornada grave. Se supone. Pero a Zoido nadie de su cuadrilla, ninguna mente sesuda de Génova, ningún asesor de los que suma trienios en Interior, debió avisarle la noche del domingo que el lunes no era el día para venir a Sevilla, con Cataluña tambaleándose como una olla a presión y con los telediarios repitiendo las imágenes de policías y guardias civiles enfrentándose a la población civil, o siendo directamente agredidos por gente encolerizada y astutamente aleccionada para ganar la batalla de la imagen.

Resulta un ejercicio frustrante tratar de convencer a la opinión pública de que quien levanta la porra es el bueno, que quien frena a una masa vociferante es el que está haciendo cumplir la legalidad, y que quien pretende votar –¡oh, concepto albo e inmaculado!– y está en apariencia desarmado es el malo, quien quiere romper a las bravas el clima de convivencia. Dicho está: “Lamento tener que defender lo obvio”.

El ministro del Interior nunca debió volverse a su tierra el lunes 2-O, ni mucho menos publicar una fotografía de su vuelo a Sevilla, una frivolidad en tiempos convulsos, una ligereza fatua, una licencia impropia. El día no era para fotos en un jet, ni para colgar medallas, ni para otros postureos. Alguien debió estar pendiente, alguien debió hacer guardia en los despachos oficiales apretando la esclavina de la prudencia, para salir al quite del ministro y librarlo del avieso toro de las redes sociales, del agujero negro donde la imagen de un político corre el riesgo de perderse por el sumidero de los mensaje fáciles, de la dictadura de los 140 caracteres que dominan una política más que nunca epidérmica, lastrada por los contenidos vacuos, irreflexivos y de usar y tirar. El ministro del Interior del Reino de España tenía que estar el lunes en Madrid, en su despacho de trabajo, o en Cataluña, junto a los policías y guardias civiles que andan en una penosa búsqueda de posada sin estrella que les sirva de guía. Pero el lunes no era el día para estar en Sevilla. Muchos de sus correligionarios, mucha gente que lo estima, muchos militantes que valoran su elevado grado de conocimiento entre electorado, se quedaron ojipláticos al comprobar que Zoido efectuaba el viaje a Sevilla, se quitaba de Madrid y se dedicaba a la entrega de distinciones cuando las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado habían quedado retratadas injustamente como opresoras y –todavía peor– justo a esas horas del lunes aparecían como liebres asustadas huyendo de la presión del separatismo mostrenco, de esteladas y puños en alto.

Zoido comenzó su pontificado en Interior regresando a Sevilla a los dos minutos para asistir a una celebración religiosa ante el Gran Poder en la Catedral, cuando la Guardia Civil, precisamente esos días, estaba en jaque en Alsasua después de que varios agentes hubieran sufrido las agresiones de unos bárbaros, unos hechos por los que la Fiscalía pide 50 años de cárcel para los autores al apreciar delitos de lesiones terroristas.

Y Zoido se vino a Sevilla, en plena crisis catalana, para presidir la entrega de las medallas de la festividad de la Policía Nacional. Como lo peor está por llegar, en Sevilla le tenían preparada una suerte de emboscada, pues alguien se preocupó de comprobar las identidades de los agentes condecorados por Zoido. Entre ellos figuraban varios policías locales que habían ejercido como sus escoltas en sus cuatro años de alcalde. De nuevo nadie le advirtió que resulta llamativo que un ministro del Interior galardone a sus antiguos escoltas. Es sabido cómo cuidaba Zoido a sus agentes siendo alcalde, incluidas invitaciones a mesa y mantel. Su pasión por esa micropolítica –llamémosla así– se conocía en Sevilla, todavía se recuerda y hasta fue admirada en muchas ocasiones. Sus aficiones por las políticas de corto alcance, de proximidad con el ciudadano, fueron su gran aval para alcanzar la cúspide municipal, pero ahora están siendo sus pies de barro como ministro del Interior en la coyuntura más delicada para España tras el 23-F, según la calificación del presidente gallego, Alberto Núñez Feijoó.

O la cuadrilla de asesores de diverso plumaje no sabe imponer sus criterios ni estrategias, o este rey no tiene nadie que sea capaz de decirle que está desnudo. Por la curia llega la lepra, advierte el Papa argentino. Los escoltas, para colmo, simbolizan a la perfección ese círculo de confort donde los políticos tienden a empadronarse con grave riesgo de perder la perspectiva. Hay aviones a los que no conviene subirse. Hay fotos que no deben hacerse. Hay veces que conviene no estar en Sevilla aunque solo sea, precisamente, para mantener la silla. Cataluña ardiendo y el ministro en la capital de Andalucía entregando medallas a sus anteriores escoltas es una secuencia letal. Acebes es la cara del 11-M. Zoido lleva camino de ser el rostro de un Estado incapaz de apagar el coloso en llamas que es Cataluña. Esto no se resuelve con tuits, ni almuerzos para agradar a los escoltas, ni abrazos por doquier. Esto es política de altura. Y la altura no se consigue por mucho que uno se suba a un avión. Un ministerio no es un ayuntamiento. Ytodos comprendemos que cambiar la melva por la sobrasada no es plato de buen gusto.