La manzana podrida

Carlos Navarro Antolín | 19 de febrero de 2017 a las 5:00

SEVILLA, 13/02/2017.
HACE tiempo que no vemos las brigadas anti-veladores del concejal Antonio Muñoz cargando mesas, taburetes y sillas en la furgoneta con el motor al ralentí. El delegado de esa cosa llamada Hábitat Urbano es listo:tras varios días de batida con sus correspondientes notas de prensa ha logrado que cesen las protestas, cuando la realidad es que las terrazas siguen como estaban. Con inspectores o sin inspectores, cierto hostelero sigue siendo el rey. Muñoz ha salido bien parado en los medios de comunicación. El propio alcalde, Juan Espadas, sabe que su edil de Urbanismo goza de buena prensa. Muñoz ha venteado hábilmente el humo de la eficacia. En política se trata de hacer ver que las cosas funcionan más que de que funcionen realmente. En política vende el gerundio (estamos controlando) mucho más que el participio (está controlado). Muñoz se pasó una buena temporada cogiendo el toro por los cuernos, hasta que se ha metido de nuevo en el burladero de la Gerencia. Y el toro sigue abanto. No nos engañemos, la situación sigue igual –fíjense en la Plaza de la Campana– pero el gobierno ha conseguido, al menos, acabar con esa sensación de inactividad del ejecutivo anterior, amuermado en sus 20 concejales. Lampedusa ha funcionado en las caracolas de la Cartuja.

El mismo Muñoz –¿recuerdan?– también denunció el horror de la Avenida y los alrededores de la Catedral. Nunca un concejal había hablado tan clarito sobre las “pedradas” estéticas que sufren estos lugares. Este Varoufakis hispalense se ganó las simpatías de los medios de comunicación. Se pronunció alto y claro. Llegó la Semana Santa y persiguió los horrorosos puestos de venta ambulante, desde la Encarnación hasta la Plaza de la Contratación. Urbanismo hizo ruido, que es de lo que se trata en comunicación: hay que contar que se quitan los veladores, hay que procurar la publicación de la fotografía de las brigadas haciendo una suerte de razzia de mesas y sillas, hay que dar sensación de frenética actividad.

Por momentos nos faltaba ver a Muñoz revestido de valiente cruzado contra los hosteleros infieles a las ordenanzas. Lástima que algunos meses después, las aguas de los veladores han vuelto a su cauce de descontrol y desorden. Y, además,la galería de los horrores en que se han convertido las proximidades del principal monumento de la ciudad continúa en proceso de perfección. Urbanismo, al menos, ha dado una señal de vida al abrir ahora un expediente disciplinario a la finca del número 17 de la calle Santo Tomás, donde funciona un restaurante de comida mexicana que ha colocado una preciosísima publicidad en la fachada, de las que van cambiando de mensaje. Todo un estoconazo en el hoyo de las agujas del patrimonio de la humanidad. Anuncios de letras fluorescentes y que se mueven como los de un club de carretera frente al mismísimo Archivo de Indias. El inspector de la Gerencia de turno ha realizado un sesudo análisis de la legalidad de los anuncios con gran profusión de citas legales y perífrasis. Todo para concluir que la mamarrachada es “no legalizable” y que el titular tiene que restituir la “realidad física alterada”. Ojalá se pudieran restituir las realidades físicas alteradas en el casco histórico, lo cual no consiste en revivir sueños rancios, ni en sufrir delirios en blanco y negro, ni en bañarse en las aguas siempre parciales de la memoria idealizada. Consiste en no afear aún más lo ya afeado, en cuidar el salón de la ciudad, en mimar el sello de identidad de la urbe, en no maltratar los monumentos, sus perspectivas, su uso, sus colores. Sevilla se está poniendo cada día más fea. Y eso no hay brigadas anti-veladores que lo mitiguen, ni inspectores de 9 a 14 horas que lo arreglen con el pliego del blablablá de expedientes inútiles.

Sevilla sufre el síndrome de la manzana podrida, que ya se sabe que es la manzana que acaba pudriendo todas las sanas que hay en el cesto. Cierra un comercio elegante en la Plaza de Salvador, frente a un Bien de Interés Cultural como es el templo, y no abre otro comercio igual de elegante, ni siquiera una tienda que, al menos, tenga una decoración aséptica que respete ese aire de basílica romana que genera la fachada de la iglesia. Lo que abre es una tienducha de patatas fritas con un pedazo de monigote en el balcón del que rebosan patatas como chirriante reclamo publicitario. Cierra un banco y abre una tienda de comida rápida. Cierra una zapatería y abre una de donuts tuneados. Cierra una de ropa y abre una de venta de sobres de jamón ya cortado con luminosos de cochinos felices por la montanera. Abre una de tortas Inés Rosales, que bien merece la marca la mejor ubicación en el centro de la ciudad, pero le mete a la Plaza de San Francisco un fogonazo de azul azafata muy apropiado por las que hilan para la entrada de la antigua ruta de la seda, la calle Hernando Colón, que conduce hasta la Puerta del Perdón. El síndrome de la manzana podrida que sufre el comercio se expande por los locales vacíos, experimenta su particular metástasis, es una demostración palmaria de la degradación de la ciudad. No hay público que valore la artesanía, como no hay público que valore la buena atención en un bar, el buen producto. Nunca hubo tanta afición a lo gourmet, tanto sibaritismo de escaparate, y tan poco criterio y escaso buen gusto.

  • MrBeat

    Amén.

  • el devorador

    ¿Cuántos años lleva el rótulo de la Peña Bética de la Campana? (Viva er Beti) ¿Y el rótulo de RTVA en la otra orilla del río del Puente de la Barqueta? ¿”Contaminación lumínica”? ¿y las excesivas farolas en el cruce de la calle Feria-Bécquer-Altos Colegios-Resolana? … Y no passsa náaaaa.

  • K

    Lo que no hay es dinero…que los paladines del buen gusto abran esos locales…y les saquen rendimiento…tiesos como pértigas de semana santa…

  • Barquero

    El sevillano no es muy exigente con lo que hagan con su ciudad,es mas bien pasotilla,siempre le ha importado un bledo su ciudad,asiste con una sonrisa bobalicona a todos agravios estéticos que le hagan,lo mismo le da que derriben un palacio o que pongan un tex-mex delante de la Catedral.Una ciudad mortecina,cuya única industria es vivir de lo que hicieron sus antepasados hace tres siglos,sin industrias,sin apenas comercio,llena de funcionarios,parados subvencionados,canis ,…el buen gusto,el saber estar,la educación ciudadana,…eso hace mucho que se perdió en Sevilla.

    El concejal Muñoz sabe muy bien de la poca consistencia del sevillano,sabe de su pasotismo,sabe que el sevillano no se caracteriza por su constancia,sabe que a los tres días se olvidaran del tema,que nos gustan los fuegos fatuos que duran poco…..

  • FedeGravina

    El Centro (que gracias a que es enorme aún mantiene collaciones sin estropear, o al menos del todo) está convertido en un parque temático hortera, chabacano y cateto. Lamentable. Y por cierto sr. Navarro, no pasa nada por decir que el “cierto hostelero” que hace de su capa un sayo con los espacios del Centro es Juan Robles. Tan protegido por el Ayuntamiento como los mafiosos del taxi…

  • ana

    Toda la razon FedeGravina. En cuanto al tema del negocio elegante, es imposible de mantener, por eso las segundas o terceras generación no siguen con ellas, muchas ayudas al cine al deporte … pero a la pequeña empresa se le exprime y tampoco es que el ciudadano de a pie ayude a mantenerla, muchas voces a favor del comercio pequeño, tradicional pero poca practica he visto yo en los últimos diez años (he trabajado en ella).

  • Capitán Conan

    Amén.

  • Miguel

    De todo lo que leo, lo que me llama la atención es que los mismos que censuran la presunta pasividad del Sr. Muñoz frente a los abusos de lis hosteleros (cinco o seis citas al actual Delegado, una sola mención a los 20concejales20 que multlplicaron por 2 las licencias de veladores), esos mismos, decía, en el momento en que las camionetas de Muñoz cargan chismes sin licencia frente a la Catedral, publican a toda página las querellas que los directivos de los hosteleros amenazan con ponerles al alcalde y al concejal del ramo, mientras que en los mismos medios se jalean los autos judiciales que paralizan otras decisiones tendentes a poner pie en pared en este abuso de los hosteleros. Así siempre tienen material para zumbar a los mismos, si retiran mesas y sillas sin licencia, porque van a hundir el sector, y si se tientan la ropa por si algún juez los empapela, por ser pasivos y tolerantes. A ver si alguna vez nos enteramos de las licencias de veladores concedidas/revocadas por los 20concejales20, incluido ese hostelero cuyo nombre no osa escribir el columnista.

  • Cantalobo

    El luminoso del restaurante mexicano de Santo Tomás de noche es aún más estridente, hiere la vista. Además la torre de Abd Al Aziz (la hexagonal de la avenida de la Constitución) linda con el restaurante, lo que agrava el caso aún más.