La Ley Mordaza contra la Campana

Carlos Navarro Antolín | 30 de julio de 2017 a las 5:00

16/07/2017: pancarta en la confitería la Campana.

LA Campana es una plaza fea. En su caso cualquier tiempo pasado fue mejor porque la aleja de su actual estética de trasera de caseta. La Campana es la Alfalfa con derecho al Corte Inglés. La Alfalfa es la Campana sin Corte Inglés, sin mercadillo de pájaros (con pico) y sin El Gran Tino que perdimos (se vende). La Campana de hoy es grande como Barcelona y fea como… esa ciudad en la que está usted pensando. Sevilla es una ciudad que se adapta a la fealdad con una gran facilidad, Sevilla sublima lo feo como sólo es propio de la ciudades sin rumbo, satisfechas en su decadencia, de la gente sin criterio, la misma gente que confunde el mero con la rosada, una vajilla de Arcopal con una de la Cartuja, un brillante con una circonita y un encaje de supuesta blonda para turistas en tienducha de Santa Cruz con uno de chantilly de Antigüedades Ortega. Sevilla es feliz en su ignorancia mientras otros se ríen de ella con el desdén de la superioridad. La ciudad pacata mira hacia otro lado cuando caen las casas del XVII y XVIII que daban personalidad a su viejo casco urbano, está dormida cuando es bajado el Giraldillo original para cambiarlo por un pastiche y guarda silencio cuando algunos de sus templos barrocos son reconvertidos en hoteles NH con sacristán y horario de misas.

La ciudad vive del nombre, del cuento, de la historia que ha oído, que le han dicho, que le han vendido. Y se rasga las vestiduras porque el único comercio de La Campana con historia, el único que suma décadas para contar un siglo, el único distinto, diferente y que, por tanto, aporta valor añadido, sello propio y autenticidad a prueba de imitaciones, ha colgado una pancarta donde pide apoyos para reivindicar el derecho a instalar los veladores que siempre tuvo antes de la invasión de la vía pública perpetrada al amparo de la Ley Antitabaco de Zapatero y con la vista gorda del gobierno municipal.

Una “orden superior” –como se refleja en los papeles– ha mandado a los inspectores al centenario establecimiento por el mero hecho de exhibir una pancarta. Adelante un pastel de mordaza con nata envuelto en una servilleta que me lo voy jamando por la calle Sierpes. La confitería de la Campana es la perra apaleada (guau) en la polémica de los veladores. El gerente de Urbanismo, señor Pozuelo, le echa valor (buen chocolate) contra la pancarta que canta la verdad en una demostración palmaria de respeto a la libertad de expresión por las que hilan… el huevo hilado que venden en la Campana por Navidad. ¡Viva usted, señor Pozuelo! La pancarta de la confitería es el problema de la Campana, la pancarta es lo que afea la plaza que a fuerza de perder negocios tradicionales bien podría ser cualquier plaza de Albacete, Badajoz o Pontevedra. No la afean los luminosos del Burger King, no la afean los rótulos del Mac Donalds, no la afean las bombillas del otro burguer de la acera de enfrente. No, señor Pozuelo, nada de eso afea la Campana. El problema de la Campana, el único detectado por las finas mentes a sueldo en horario de mañana (las tardes libres, cómo no), es la pancarta de la confitería. Este despropósito evoca a la inigualable comisión de patrimonio de la Junta, que autorizaba la construcción de las setas pero impedía el simple traslado de la fuente de La Encarnita a la Plaza de la Contratación para salvaguardar la estética histórica de la plaza. ¡Toma del frasco!

Ya sabemos dónde están los pájaros del extinto mercadillo de la Alfalfa que, por cierto, anclaba sus orígenes en la Sevilla romana. Todos aquellos pájaros se fueron a la Gerencia de Urbanismo a montar la brigada político-social que ahora arremete contra una mera pancarta. Por “orden superior” de la autoridad, a lo que habría que añadir lo que dijo el que entró sin llamar en el Congreso de los Diputados: “Militar, por supuesto”. Siga así, señor Pozuelo, duro con las espigas del café en taza y blando con las multinacionales de la peste a mostaza y ruido ensordecedor de cumpleaños con padres fantásticos. A este paso manda usted los inspectores al Cabildo Catedral por la pancarta anual del Domund en la rejería de la Puerta de los Palos.

Entre todos hemos conseguido que la Campana deje de ser una plaza y sea eso: un hábitat… urbano. Y decían que el problema de la confitería era el malaje y la parsimonia de algunos camareros, timbres de gloria de la antipática pero eficaz hostelería local. Siempre podemos ir a peor. Que nos lo digan con el caso del Laredo, tanto lamentar su transformación, pero a puntito ha estado de caer en manos de la franquicia esa de nombre impronunciable donde te hablan de tú, te preguntan tu nombre de pila (del pato) y te obligan a consumir el café en vaso grande y contemplando los pies por lo alto del guiri desahogado de la mesa de al lado. En Urbanismo sólo se preocupan de la estética cuando se les dice la verdad en una pancarta, sin darse cuenta de que atropellan ese valor supremo con el que después se les llena la boca: la libertad. Esto, en el fondo, es una conjuración, un plan del avieso hostelero para que no nos quejemos de la lentitud de esos dos camareros que usted y yo sabemos, al igual que sabemos qué ciudad es más fea que incoar un acta de inspección por una pancarta. Y no por eso dejamos de ir a sus playas. Ni de entrar en la Campana. Y ahora hasta entraremos alguna vez en el Laredo para reconocer que ha ejercido de rompeolas del avance de las multinacionales. ¿Seguirán, por cierto, despachando el Manchenieto? Póngame una de ese queso, por favor, pero sólo si es por tapa. Y si es tan amable me da una servilleta para limpiarme el rocío de las gafas, que no es del cielo (amén), sino de los aspersores.

  • manumanu

    Y vuelta la burra al trigo. El suelo es de los sevillanos, el espacio también. Acabemos ya de una vez con esta farsa señores periodistas pagados con café con churros. Los peatones solo reclamamos el suelo para poder pasar, y si la confitería quiere mas mesas que las que tiene en la calle de atrás, que las ponga en la primera planta. Lleva cien años abierta y seguirá abierta por otros cien mas, pero la calle para todos los sevillanos y no para los que la puedan pagar.

  • Maria Luz

    Es difícil entender esta actitud del Ayuntamiento,cómo se puede prohibir algo tan genuino e histórico como la cafetería de la Campana y en cambio hay delante un gran kiosco que ocupa toda la acera, con sus estanterías de periódicos adelantadas mas allá de sus límites, o los tenderetes de la Plaza del Duque, donde algún puesto tenía colocados ayer unos grandes manteles (de los que venden por la arena de las playas) entre los hierros del puesto y la verja exterior de la plaza, a modo de protección contra el sol de cualquier chabola de ciudad tercermundista.

  • jose

    Para decir que se está a favor de numerosas mesas y sillas en la Campana (en la calle de atrás las sigue teniendo) pues no hace falta decir tanto y tan poco. Si quiere criticar al ayuntamiento que lo haga pero que no esconda en una enorme cantidad de problemáticas que este ayuntamiento no ha producido. Si critica a esa Sevilla pasota de su patrimonio y sin embargo reaccionaria pues le doy la razón. La Campana es una asco de plaza pero yo la conocí todavía interesante. Han derribado muchos edificios interesantes para edificar unos bodrios impresentables. Se puede comparar a La Alfalfa?, pues no…
    Se ha mejorado la amplitud del acerado para que sea más peatonal pero eso no se dice y al haber más acerado, en la época nefasta de Zoido empezaron a poner montones de mesas y sillas que molestaban. Eso es todo. No hace falta tanta floritura absurda para justificar los euros que le den por escribir una columna.

  • Juan diego calvillo sanchez

    La mesura es lo justo .porque quitar algo tradicional como la campana siempre y cuando se pueda pasar los peatones y calles como mateos gagos no tienen aceras o una Plaza de los terceros donde se colocan veladores y no hay donde pasar el peatón pasando a diario los municipales y no pidiendo la licencia de ocupación de veladores colocando carpas,sombrillas ,atriles ,carteles y todo tipo de artilugios .da que pensar .el que no tiene padrino no se casa?

  • jose

    Es verdad que el caos de los veladores en toda Sevilla se debe regular y se intenta hacer pero es difícil. Hay que hacerlo por zonas. la Campana ahora está bien, así como Betis o San Fernando o Avenida de la Constitución. Cuando no se hace nada se critica poco y cuando se empieza a hacer se critica más, lo cual es contradictorio. Zoido dio un montón de licencias absurdas y ahora muchos bares están querellándose contra el ayuntamiento, que no para de hacer multas y de llevarse sillas y mesas de más. La mayoría de los negocios apuran hasta el último segundo para hacer negocio, hasta que llega la policía, un camión y unos obreros, porque los dueños se creen que no vam a pagar los gasros que acarrea que todo esté dentro de la legalidad y se van a llevar una sorpresa. Pobre Sevilla.

  • Pelayo

    Es un publireportaje?

  • Juan Jesús García Aguilar

    Cuando no se tiene vergûenza, se justifica cualquier injusticia. Lo digo por el ayuntamiento, y los que aquí lo defienden.

  • KnopflerRCS

    Pero por favor, ¿y en la Plaza del Duque? ¿Por ahí se puede transitar con los puestos de mercadillo cutre?

  • paco

    El problema del todo vale y manga ancha creado por Zoido, ahora lo tiene que resolver Espadas…y el malo es Espadas.

  • antonio garcía de la fuente

    El mejor desprecio es no hacer aprecio.
    Sigamos defendiendo a La Campana y a sus veladores y votemos en las próximas elecciones a “favor” de este ayuntamiento que se “la coge con papel de fumar”.
    Por cierto prefiero el chocolate con churros. Es mas nutritivo.

  • ciudadano libre

    En esta Ciudad tan rancia y novelera falta DIÁLOGO,una palabra tan sencilla y que se utiliza poco o nada.Todos tenemos derechos,pero se nos olvida que también tenemos deberes y esto ocurre con mucha facilidad.Yo apelo al DIÁLOGO,porque no hay nada más bonito que hablar,porque hablando,dicen,se entiende la gente.Salud y Libertad