La sombra mínima

Carlos Navarro Antolín | 10 de septiembre de 2017 a las 5:00

macetones en la Avenida de la Constitución

LA tapita, la pincelada, el chupito. El diíta en la playa, la semanita, la escapadita. La ciudad sublima lo pequeño, le encanta arremolinarse en una taberna recoleta donde hay triple fila para pedir (Cateca, Peregil, La Fresquita, Jota, Tremendo…) y dejar vacíos amplios locales de pretendido postín, disfrutar con los diminutivos (playita, flamenquito, yintonsito, pescaíto) y con las proporciones calculadas a ojo (media tajá, media papa, una pechá de trabajar que diría el cura Chamizo). A esta ciudad que se recrea con lo pequeño, que se regocija en los espacios diminutos, que tiene un centro de devoción mariana en una capillita del Postigo donde caben la Virgen y dos devotos de perfil, le han colocado los árboles que se merece en la Avenida para generar sombra a medida de los sevillanos. Cien gramos de sombra mal despachados. Esto es lo que hay. Los sevillanos al sol, como en un lunes perpetuo en la ciudad de los parados a la que cuesta (del bacalao y de la bacalá) la misma vida rebajar la cifra de desempleados, ¿verdad mi dilecta ministra Fátima Báñez?

El alcalde nos ha despachado una racioncita de árboles en reducción, lo que aporta una pincelada de sombra. A seguir sudando por la Avenida, metáfora de la vida cotidiana que nos toca vivir en este mes del miedo y de los sudores pegajosos. Los 25 ficus en macetones que se colocaron el viernes en la Avenida son de chiste. Aceptamos el ‘ficus rubiginosa’ como especie que aporta sombra en la Avenida, aunque en realidad parezcan esos arbolitos que se ponen a la entrada de las boutiques de la calle Serrano para dar lustre al establecimiento, o en las puertas de los templos en esas bodas pretenciosas que organiza Carlos Telmo. Los arbolitos de Espadas son la sombra mímina en la ciudad de los diminutivos, en la ciudad menguante, que procura hacer de la necesidad virtud y aprovechar la amenaza terrorista para resolver el problema de una Avenida sin sombra desde hace más de una década en una ciudad con un semestre de calor asegurado. A grandes problemas, soluciones diminutas. Somos así. Somo más de trincherazo que de faena completa, de taconazo repentino que de partido jugado con un rendimiento regular, del duende de la inspiración que del trabajo programado.

Tenemos un alcalde con buena voluntad. Algo es algo, dijo el calvo cuando le salió el pelo. Por fin llegó la cosecha, hermano. Como somos la ciudad de la esperanza, la tendremos en que estos árboles crezcan. No será por falta de esperanza por lo que vayamos a hundirnos los sevillanos. Cada vez que recorremos la Avenida a pie se nos pone cara de lagartos al sol. O de lagartija. Incluso de lagartitos, por aquello del diminutivo. Juan Espadas ha sido el alcalde que dijo no a la gran mezquita, que ya es difícil, pero que sigue sin aportar sombra a la Avenida. Dice el aforismo que quien puede más lo puede lo menos, pero se ve que es más díficil lo de no tostarnos al sol que rechazar una peligrosa iniciativa que la España buenista y acomplejada de hoy se hubiera tragado en cualquier otra ciudad.

Estos ficus escuálidos son magníficos para ser usados como ceniceros gigantes o como soporte para atarse los cordones de los zapatos. Son la medida perfecta de una ciudad que no puede más, que no llega, que le cuesta un mundo cualquier empresa. Nosotros a lo bestia: plantamos setas gigantes de madera en la Encarnación y arbolitos de pin y pon junto a la Catedral. Ycon 25 arbolitos liamos un bosque. Con todos sus pájaros. Y pajaritos.

  • Jose

    Verdaderamente ridiculos… seguramente caros y difíciles de mantener y en mi opinión colocados de manera poco útil para así objetivo de proteger de ataques. Los maceteros muy vulgares para el entorno…en fin, eso, ridiculos

  • Rosa

    Y para colmo, la sombra es pequeña, pero el espacio robado a los pobrecitos peatones es grande, teniendo en cuenta, al tranvía, al carril bici, a los veladores y a sus muretes que acotan un espacio que no les pertenece y que hacen que los que quieran caminar por allí, lo tengan muy complicado.


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