Soraya socorre a Moreno

Carlos Navarro Antolín | 5 de noviembre de 2017 a las 5:00

moreno soraya

EL 20 de noviembre de 1975 se murió Franco, Zapatero anticipó su marcha y nos puso a votar el 20 de noviembre de 2011 y Soraya Sáenz de Santamaría acudirá a ponerle la mascarilla de oxígeno al presidente del PP andaluz el 20 de noviembre de 2017. Los 20 de noviembre son fechas cargadas del simbolismo propio de las despedidas. Quien ha ejercido por unas horas de pirómano del PP sevillano, el padre de familia que ha contribuido a separar a los hijos, quiere apagar su propio fuego con ayuda exterior. No debe ser nada cómodo pisar los rescoldos de las llamas que uno mismo ha encendido. Es habitual en los políticos municipales y autonómicos buscar fuera el brillo del que se carece dentro. Que sea Soraya la que acuda en socorro de Moreno Bonilla en este noviembre de crisantemos es un acto de justicia, una muestra de apoyo aprovechando la conmemoración de los 40 años de aquel histórico 4 de diciembre que llenó los balcones de banderas blancas y verdes, los 40 años de la autonomía andaluza, la gran apuesta en la que, por cierto, la derecha sociológica del Sur de España no creyó en su momento (“Andaluz, éste no es tu referéndum”), por lo que sigue pagando la factura de tamaño despropósito.

Ella, la eficaz vicepresidenta del Gobierno quiso en su momento al malagueño al frente de la estructura regional con tal de ganarle el pulso interno a María Dolores de Cospedal, la secretaria general que hasta el último minuto estuvo animando al senador y alcalde José Luis Sanz a liderar una lista alternativa a la de Moreno Bonilla. Pero Sanz mandó sus avales a la trituradora y se quedó resguardado en el burladero. Ella, la que hoy asume nada menos que las funciones de presidenta de la Generalitat convenció a Rajoy en la cuaresma de 2014 de que Moreno Bonilla era la opción válida para acabar con Susana Díaz (conecten las risas en off) y llevó al presidente Rajoy a pronunciar aquello tan revelador como distante: “Juanma, tú lo has querido”. ¿Acaso usted no lo quería, don Mariano? Ella, que de no ser militante del PP pasó a ser la mujer con más poder político durante tantos años seguidos en España, es la que ahora acude a arropar a un líder andaluz que no es capaz de asumir en público sus atrevidas reflexiones privadas (léase cuanto dijo a puerta cerrada en la sede del Grupo Popular en el Ayuntamiento) y que, cual César empequeñecido, coloca el pulgar hacia abajo y manda la ejecución política del primero que pase por la puerta, el primero que pueda ser acusado sin pruebas de haber filtrado cuanto opina el malagueño sobre los dirigentes de Génova y sobre lo malamente que gestionan en Madrid la designación de candidatos a alcaldes en las ocho capitales andaluzas. Hace bien Soraya en sacar un hueco de su más que nunca apretada agenda para venir a Sevilla y darle a agua al sediento, comida al hambriento y ánimos al que sufre el tormento. Debería traerse al tío de la mochila (Moragas) que también apretó lo suyo para que el dedo de Rajoy señalara a Moreno Bonilla como la esperanza blanca de la derecha andaluza. Soraya acude a defender su producto, a convencernos tal vez de que no es de obsolescencia programada como algunos pájaros de mal agüero cantan, ¡malditos roedores estos sevillanos!, a inyectar vitaminas a la criatura que ella misma ayudó a crecer, sabedora quizás de que en ciertos despachos está todo a punto para gestionar el tardomorenismo en el PP andaluz.

En política ningún acto es casual ni está exento de ser interpretado en clave de tacticismo, ninguna fotografía está libre de cálculos previos sobre el contexto y la oportunidad en las que se producen. Soraya vendrá el día 20 a contemplar la lenta caída de las hojas del arbolado andaluz en su larga otoñada. Para entonces sólo cabrá una pregunta, sólo la misma interrogante de siempre, la cuestión que se repite como una vuvuzela cuando la zozobra tambalea la débil nave del PP andaluz y los tripulantes buscan descaradamente el tronco de Ciudadanos al que asirse como última esperanza. ¿Dónde está Javier Arenas? Donde pueda ejercer la influencia que le permita seguir agarrando el cazo para mover el guiso de Sevilla y Andalucía. Su preocupación pública es Cataluña. La privada es Sevilla. Como Zoido. Exactamente igual. Los 20 de noviembre siempre ocurre algo. O nada, según se mire. Fíjense en 1975. No sucedió nada. Y ocurrió todo.

  • Azabache

    Aunque reconozco que Soraya es una fenómena, este Juamma va a necesitar algo más para llegar a abrirse un hueco en la política andaluza. En especial en Sevilla.
    Es que este muchacho tiene una mala follá que supera a Arenas de largo.

  • acascoporro

    Lo de Moreno Bonilla no le hubiera ocurrido ni al que asó la manteca. Y ahí andan todos descontando los días para mandarlo al olvido de la trituradora de presuntos líderes de Javieh

  • FedeGravina

    Poner a un tío sin estudios y con pinta de manijero de la JMJ a dirigir (risas en off) el PP de Andalucía es un error histórico, uno más, de la derecha que es el mejor aliado del Régimen del PSOE en esta desdichada tierra. No vale ni para ser vicepresidente de una comunidad de vecinos de playa, pero ahí lo tienen, en coche oficial y comiendo en reservados, todo a nuestra costa