El Paseo de Colón enmudece

Carlos Navarro Antolín | 7 de diciembre de 2017 a las 5:00

05/12/2017: Bares del paseo Colón cerrados.

LA Campana sin veladores, el Paseo de Colón sin gin tonics. Los hoteles rozan el lleno en estos días de bulla, luces altas, humo de castañas, frenadoles, mucho paseante de la hermandad de los mirones y mucha triple fila en los bares. En el Paseo de Colón se ha hecho la ley del silencio. Llegó la Policía y mandó callar. Se acabó la diversión. La política es el arte de lo posible, mandar es el arte de que otro haga lo que tú quieres que haga sin que se note que tú lo has querido. Juan Espadas inauguraba la exposición de los dulces de conventos y, entre bollito de Santa Inés y yema de San Leandro, precinto que te crió. A Dios rogando y el Paseo de Colón ordenando. El alcalde con cara de ángel, los dueños de los bares con rostros de demonios. Eso es mandar: que no se noten las intenciones, que sólo se vea la mano que adquiere dulces para ayudar a esos cenobios donde se reza mientras los demás precintan. En el Paseo de Colón no hay público por las aceras, no hay cables, no hay pantallas de televisión, ni repisas para descansar las copas de balón. Al Paseo de Colón le han puesto como a algunos de los vagones del AVE: el silenciador.

Dicen que los bares andan buscando las posadas de letrados ilustres, la asistencia jurídica que permita la reapertura de puertas en estos días de temporada alta en el consumo. Se dice que si abogados apadrinados por ministros, que si letrados independientes y, por lo tanto, peligrosos para el poder establecido… Malos tiempos para los bares, qué lugares. Pero nadie, nadie, enfoca el asunto desde el punto de vista de la indefensión del cliente. Un bar de copas con elementos instalados sin el amparo de una licencia y con informes que dictaminan la imposibilidad de legalización, es un establecimiento sin esperanza. Y donde no hay esperanza, sólo hay peligros. Caídas, incendios, posibles intoxicaciones y un etcétera más largo que un Pleno municipal. El seguro del bar no se haría cargo de los gastos provocados por toda esa ristra de posibles incidencias. Sería como viajar en un coche sin la ITV en regla. En Sevilla hace tiempo que ya no funciona el nunca pasa nada. Recuerden el caso de Cádiz, aquel de los 70 consumidores ingresados por una ingesta de alimento en mal estado. El derecho de indemnización se esfuma si no hay cobertura legal de la actividad. No digamos en caso de incendio si sale afectado, por ejemplo, la vivienda de arriba. Los seguros se lavan las manos. De nada de esto se habla, nada de esto se escucha, salvo en los informes de seguridad y emergencias que maneja Urbanismo sobre esta emergente milla de oro del gin tonic.
Precinto a precinto, tacita a tacita, bienmesabe a bienmesabe, este alcalde con silenciador cierra los bares, limpia la vía pública y, por si acaso, engorda la cuenta de las productividades en el presupuesto de 2018 para que no falte un policía en las procesiones y otros actos de 2018. La superioridad moral de la izquierda, bien aprovechada, es un filón para este Espadas. Política de tiquitaca, dulces y precintos, barrenderos y sinergias con Málaga. Espadas no entra en los bares. Los cierra. La noche es para dormir, el bastón de alcalde es para mandar. Sin que se note. La fiera que rugía en el Paseo de Colón amanece hoy enjaulada.

 

05/12/2017: Bares del paseo Colón cerrados.

  • SENSATO

    Me parece magnífico. Queda mucho por hacer: dos simples ejemplos, las plazas de Los Terceros o la de San Andrés, donde un niño es imposible que pueda jugar o una persona de edad sentarse en un banco…

  • silencio

    Bravo pues por quién hace cumplir la ley ¡ Basta ya ¡ Además , estos señores se ponen las botas, se hacen ricos a costa de incumplir la ley; ponen más veladores, todo tipo de trastos, incumplen toda normativa de seguridad, engañan en las cuentas para defraudar al fisco… emplean mano de obra esclava, mal pagada, peor tratada, ya está bien de ser lo esclavos de la fiesta del resto de España

  • Juanjo

    Silenciemos las calles y dejémoslas para lo que son: para que los guiris tomen el sol y consuman en comercios de capital extranjero. Cerremos bares de aquí y abramos muchos McDonalds y Starbucks. Al fin y al cabo, tampoco cumplen las ordenazas, pero no se les arruga el ombligo para pagar las multas.
    Olvídemos que en Sevilla siempre hemos vivido “en” y “de” la calle y logremos hacer realidad el sueño de Machado: “Sevilla sin sevillanos. Qué maravilla”.


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