Javier Arenas, un superviviente en peligro

Carlos Navarro Antolín | 5 de agosto de 2018 a las 5:00

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“Yo me conformo ya con sentirme cómodo cuando llegue a la sede del partido”, confesó en un encuentro celebrado solo días antes de la moción de censura repentina que echó a Rajoy de la Moncloa. Javier Arenas no es ningún anciano. Cumplirá 61 años en diciembre en una España con una esperanza de vida por encima de los 80. Su virtud, o su lastre, es que lleva cuarenta años en la actividad política, de los que treinta y cinco los ha pasado en cargos públicos. Nadie en Andalucía se ha mantenido tantos años en activo en puestos tan distintos y preferentes. En una trayectoria tan dilatada le ha dado tiempo a cosechar grandes amistades tanto como a crearse un buen ramillete de enemigos, críticos y desafectos. Porque entre sus adversarios hay grados. Ha ejercido el poder con todas sus consecuencias: ha colocado a tanta gente como frustraciones ha provocado en quienes no fueron premiados con un puesto, y ha movido a su antojo a un buen número de peones, muchos de los cuales después se han rebelado tratando de darle por un político amortizado. Arenas lo ha sido casi todo en política. Suma tanto tiempo en el machito por dos razones fundamentales: posee cualidades brillantes (oratoria, intuición, astucia, capacidad de persuasión) y sabe sufrir cuando llega la hora. En la actual coyuntura, el lince de Olvera se encuentra ante la enésima adversidad. Pablo Casado, el nuevo líder de la derecha española, decidió dejarle sin cargos añadidos. El todopoderoso Arenas condenado a ser un senador raso. Pero en cuestión de horas, Arenas logró el asidero de la portavocía adjunta en el Senado, un punto de apoyo, testimonial si cabe si se aprecia su colosal currículum, pero una agarradera en la práctica para ir saliendo del paso y ganar tiempo para, quién sabe, reinventarse otra vez, asumir un nuevo rol.

Arenas se conforma de momento con esa portavocía adjunta, un tendido de Sol en el coso de la política para un político que ha disfrutado muchas veces del alivio de la sombra acomodado en las mullidas almohadillas del poder.

Nadie lleva tantos años en activo como Arenas. Ni Felipe ni Guerra. Ni Rojas-Marcos, que lo quiso fichar en su día para las filas andalucistas. Ni Soledad Becerril, ni por supuesto Chaves, Griñán o Zarrías, tres socialistas que penan en el banquillo por el caso de los ERE.

Arenas ha sobrevivido a varias crisis. Ahora ha quedado relegado tras perder Soraya Sáenz de Santamaría la batalla por la presidencia nacional del PP. Arenas se encuentra ante el precipicio, una situación que, no obstante, no es nueva en su trayectoria.

En 1986 era un prometedor edil democristiano por la denominada Coalición Popular en el Ayuntamiento de Sevilla cuando sufrió su primer golpe. Quedó descabalgado de la portavocía del grupo municipal al escindirse la AP de Manuel Fraga del PDP de Óscar Alzaga. Fue defenestrado pese a su ya considerable tirón mediático. En 1987 se presentó como cabeza de lista a las municipales por el PDP y obtuvo menos de 5.000 votos. No sacó ni su acta de concejal tras una campaña basada en el lema ‘Es capaz’, plasmado en unos carteles donde se veía a Arenas ante una batería de micrófonos. Tras este segundo tropiezo se dedicó a sus labores de parlamentario andaluz y a las de un despacho de abogados que fundó con Javier Alés y Luis Miguel Martín Rubio en una habitación del edificio María Luisa Park. Posteriormente se unieron Carlos Rosado y Juancho Fernández Trueba. El joven Arenas, que aún no tenía los 30 años cumplidos, aquel dirigente prometedor y mediático, conoció muy pronto las hieles de la política.

En 1989 fue reclutado para las filas del nuevo PP en una reunión celebrada en casa del macareno y concejal Manuel García, en la calle San Luis. Allí estaban de testigos dos jóvenes de Nuevas Generaciones, Juan Luis Muriel y Jaime Bretón, y el diputado nacional Juan Carlos Guerra Zunzunegui, muy vinculado a importantes empresas periodísticas. Al bautismo, pues, no le faltaban padrinos de peso. Todos le reconocían una enorme capacidad de liderazgo.

Tras la caída de Antonio Hernández Mancha y el ascenso de José María Aznar a la presidencia nacional del PP en el célebre congreso celebrado en Sevilla en 1990, éste tuvo claro quién sería su hombre para sustituir a Gabino Puche en Andalucía. Aznar siempre apostó por Arenas. Lo impulsó desde el principio. Arenas fue candidato a la presidencia de la Junta dos veces en una primera etapa: 1993 y 1996. En la primera le arrebató la mayoría absoluta al PSOE (dio lugar a la conocida como legislatura de la ‘pinza’ en la que el PP se alió con la IU de Luis Carlos Rejón para bloquear al gobierno) y en la segunda se quedó con 40 diputados y Chaves ya pudo gobernar con el PA con toda comodidad. En aquel tiempo cometió un error al dejarse fotografiar mientras el betunero del Hotel Palace daba lustre a sus zapatos. Aquella imagen le costó para siempre la injusta etiqueta de señorito andaluz. A Arenas se le podrán reprochar muchas cosas, pero no la de ser un  señorito.

En cualquier caso nunca dos derrotas fueron tan rentabilizadas en política. A Aznar le valió el aumento de votos que el PP obtenía en Andalucía para llegar a la Moncloa en 1996. El objetivo principal estaba cumplido. A Arenas no se le exigía entonces ganar las elecciones andaluzas. Su esfuerzo fue premiado con un largo período de sucesivos cargos de indudable peso: varias veces ministro, secretario general y vicepresidente del Gobierno. Dejó Andalucía, donde dicen que podía haber llegado a presidente al tercer intento, para protagonizar sus ocho años de mayor brillo personal.

Los atentados del 11-M de 2004 desalojaron al PP del Gobierno contra todo pronóstico. Arenas tuvo que regresar a la aventura regional. Cesó así la etapa de Teófila Martínez como presidenta del PP andaluz, vigilada siempre por el principal vicario de Arenas, Antonio Sanz. La verdad es que Arenas nunca dejó de tutelar el partido desde sus altos despachos en la capital. En esos momentos difíciles, el lince de Olvera demostró su enorme facilidad para pasar del Falcon presidencial al monovolumen de la sede regional del PP, de pasear por los jardines de la Moncloa a patearse los pueblos más perdidos de Andalucía. Una evolución parecida a la de ahora: de vicesecretario general en Génova y secretario general del grupo popular en el Senado, a mero portavoz adjunto en la Cámara Alta. Ahora no le alumbra más que la tenue luz de una velita de promesa después de haber disfrutado de todo un cirio pascual.
En su segunda etapa andaluza fue otras dos veces candidato a la presidencia de la Junta: 2008 y 2012. 2008, además, fue un año clave en lo orgánico. Su apoyo a Mariano Rajoy en el congreso de Valencia fue fundamental para que el gallego no fuera descabalgado de la presidencia del partido. Rajoy lo premió con una vicesecretaría general, aunque nunca lo hizo ministro. Algunos creen que por cautela en caso de que el sevillano resultara imputado a cuenta de las investigaciones judiciales del caso Bárcenas, en el que Arenas declaró como testigo en 2013.

En las autonómicas de 2008 obtuvo 47 diputados, pero Chaves recuperó la mayoría absoluta. En 2012, ¡qué amarga victoria!, ganó por primera vez las elecciones, con 50 diputados, pero quedó orillado del gobierno. Ha sido el golpe más duro de toda su carrera política. Sus más allegados se empeñaron entonces en dar por concluida su carrera política. Era el cuarto intento de alcanzar la Junta, esta vez lastrado por las medidas impopulares tomadas por Rajoy desde noviembre de 2011 para salvar a España del rescate económico. Las elecciones andaluzas fueron en marzo. Arenas tuvo al peor enemigo en casa en esos cuatro primeros meses del Ejecutivo de Rajoy, donde no había viernes sin el Consejo de Ministros recortando el estado del bienestar de todos los españoles.

Arenas desde entonces se conforma con influir en la sombra, con asistir desde una segunda fila a los acontecimientos. Ganó el congreso provincial de Sevilla en 2017 impulsando decisivamente a algunos de sus ‘nietos’, Beltrán Pérez y Virginia Pérez entre ellos, contra sus antiguos ‘hijos’, caso de  Juan Ignacio Zoido, José Luis Sanz, Juan Bueno o Ricardo Tarno. Hay una escena de la novela El Abuelode Pérez Galdos,  magistralmente llevada al cine por José Luis Garci, que retrata el momento en que todos los deudos del Conde de Albrit intentan confinarlo de buenas maneras en un monasterio con la excusa de proporcionarle comodidad en sus años de ancianidad. ¡Qué derroche de tacto! Cuando el viejo noble se da cuenta del ardid, comienza a protestar, les reprocha la conducta y, uno a uno, les recuerda cuánto hizo por sacarlos adelante. Arenas podría hoy afirmar mirando a la cara de sus antiguos pelotas: “A ti te coloqué en Madrid y te ayudé a acabar Derecho”, “A ti te coloqué a tu familiar en el Ayuntamiento del pueblo”, “A ti te firmé la carta de recomendación”, “A ti te hice delegado del Gobierno”.

Uno de sus grandes amigos auguraba en las vísperas de las votaciones del último congreso en Madrid que Arenas tenía interiorizado que su etapa política concluía con la marcha de Rajoy. Pero Soraya Sáenz de Santamaría lo citó entre sus colaboradores si se alzaba con la presidencia, y es cierto que el plenario del Hotel Marriot Auditorium recibió con aplausos su nombre.

Ganó Pablo Casado, el joven vicesecretario que siempre se ha referido en privado al político andaluz como “el maestro Arenas”, con el que ha almorzado casi todos los lunes tras los ‘maitines’. Pero la aviesa Cospedal se cobró su apoyo y Arenas fue descabalgado. Cospedal se ha afanado hasta el último minuto de su secretaría general en tratar de derribar a Arenas, para lo cual ha ido reclutando en los últimos años a aquellos que en tiempos fueron dóciles peones del lince de Olvera. Aquellos que se peleaban por jugar al pádel con Arenas, reservarle mesa en el Espigón, reunirse con él en Antares, estar a su lado en los cafés en Oriza, recogerle en Santa Justa cuando regresaba de Madrid para pedirle algún favor en el trayecto del coche… Y ahora no terminan de organizar su funeral después de llevar escribiendo su obituario político desde aquella noche electoral de 2012 en la que decenas de bandejas de canapés quedaron intactas.

A Arenas quizás le quede ahora la contemplación de pequeñas satisfacciones superadas ya las ilusiones por ser presidente del Congreso o del Senado. Es presidente de honor del PP andaluz, lo que le reviste de autoridad moral para pedir ser diputado o senador. Su ilusión sería ver de alcalde de Sevilla a Beltrán Pérez, o tal vez el aumento de alcaldías del PP en la provincia… Esas cuotas de poder que le permitan sentirse recibido con calor en el partido y en las instituciones (¡cómo le gusta regresar a los salones del Ayuntamiento sevillano!) y ser requerido por una nueva hornada de dirigentes que le pidan consejo.

Es tenido por muchos como el político andaluz más inteligente en la historia de la democracia. Hay quienes lo tienen por un trilero o un consumado engatusador. En cualquier caso ha creado escuela, es imitado hasta en su discurso y en sus gestos. Es el padre de la derecha andaluza. Hasta ahora se ha levantado después de cada traspiés. Ahora el ex vicepresidente del Gobierno quiere simplemente sentirse cómodo. Su vida es la política, no el despacho de abogados. Aznar apadrinó a un hijo suyo en la Macarena. Aznar ha vuelto a pisar la sede de Génova tras la victoria de Casado. Aznar ha logrado sentirse cómodo, otra vez, en Génova. La política no tiene memoria, sólo entiende de alianzas coyunturales. Y en esos tejemanejes, Arenas ha demostrado ser todo un druida. Y lo más difícil: un druida de larga trayectoria que sabe más por viejo… que por druida. Todo el día inventando pócimas para sobrevivir y estar cómodo. Todos los que lo quieren enterrar son deudos suyos cuando Arenas no tiene ni  la edad en la que Churchill fue Primer Ministro por primera vez. Javier Arenas, un niño de 60 años, un maestro del regate corto, todavía no ha dicho su última palabra, porque lo ha sido todo, lo ha vivido todo y nada es capaz de sorprenderle. Si estuviéramos en una cultura anglosajona, este andaluz tendría la agenda cargada de conferencias bien remuneradas y daría clases en varias universidades privadas sobre la vocación perenne, la habilidad para reinventarse, la capacidad para crear un partido hegemónico (una estructura fuerte sin riesgo de guerras cainitas) que represente a la derecha andaluza. Pero en esta tierra priman la envidia y el betunero. Quizás sus dos principales defectos hayan sido rodearse de demasiados mediocres y tenerle un respeto excesivo a una ciudad como Sevilla. El druida se enfrenta ahora al enésimo reto: hallar la pócima que le salve de un nuevo precipicio.

  • fjas

    Y le falta uno de sus grandes hitos políticos, que marcan para toda una vida. Cuando salió, junto a Gallardón, en la noche electoral del 93, para denunciar un pucherazo del Psoe. Las elecciones en las que el PP iba a sacarle 10 puntos al Psoe, segun anunciaba con una sonrisa que no le cabia en la boca, Pedro J. Ramirez dos dias antes en TV, y que luego, pues no fue asi

  • Krrillo

    Va cambiando de color como el camaleón y a saber lo que sabe.

  • 1barquero

    Saldra de esta.No en Andalucia,en Madrid.En la renovacion en un partido no es bueno liquidar a toda la vieja guardia,hay que dejar un resto que represente la historia del partido y ahi entra perfectamente el sr.Arenas,siempre y cuando sea capaz de dejar atras las conjuras y maniobras contra el nuevo lider.Es simpatico,listo,de agradable trato,conoce los entresijos de su partido y de los otros partidos.Es un activo del partido,pero no para presentarse a ningun puesto electo.Tiene el sambenito de señorito andaluz,incluso en su tierra,y eso no vende electoralmente.

  • BROWN

    Este hombre ha sido lo mas nefasto que ha tenido la política española, camaleón de costumbre tanto en la UCD como en el PP y siempre ha mandado y ha hecho mucho daño junto a su monaguillo Antonio Samz. Rajoy tuvo que habérselo quitado de enmedio hace años, pero ha vivido casi cuarenta años de la política y de grandes sueldos de ella, cotizando a la seguridad Social por la base máxima a costa de todos nosotros, por lo que aunque sea licenciado en derecho, este no sabe ni donde están los juzgados de Olvera, pues solo conoce aquellos en los que ha ido de testigo y esperemos que no lo llamen por otras causas.Ojalá tenga su retirada de la política ya, ha dejado a muchos pelotas huérfanos, pero también a muchos cadáveres políticos en la cuneta, tan solo porque discrepaban con él.

  • Pepe Gürtel

    FIJAS, por cierto, hablas de Pedro J., otro del que se valieron estos para echar a Felipe González y últimamente contra Cataluña y al que cuando empezaron a llegarle las querellas lo dejaron tirado como a un Kleenex. Que vaya tomando nota el Inda, ese que andando por la calle se encuentra informes del CNI como si fuera calderilla.

  • Sergio Villar Sanz

    Sr. Navarro Antolín, ¿usted se lee a si mismo después de escribir?. “Los atentados del 11 marzo de 2004 desalojaron al PP del gobierno”. Tremendo, el mentir a sabiendas, con 192 cadáveres todavía intentando su identificación, eso no.

    Lo leo siempre, pero su sesgo ideológico le pierde.

  • JR Lara

    El Sr. Arenas no ha trabajado en su vida. No tiene trayectoria intelectual, ningún doctorado o cátedra, no ha sido empresario, ni ha trabajado por cuenta ajena o propia.
    Cuáles son sus capacidades para llevar 40 años en altos cargos en política?
    Oratoria, don de gentes, pero sobre todo: Trabajar por y para su partido.
    El mismo mérito que su hijo político, Antonio Sanz (cuya única virtud es la lealtad al Sr. Arenas, sin ninguna otra capacidad reconocida).
    Lo mejor que podría ocurrir en España es que dos estos políticos tengan que ponerse a trabajar de verdad y dejen de medrar a nuestra costa.
    No son los únicos en la alta política con escasa o nula capacidad, sin experiencia laboral y solo saben “estar” en sus partidos: Tenemos a Susana Diaz (10 años para terminar Derecho, Pablo Casado (7 años fracasados en ICADE, Pedro Sánchez o el que se inventa currículum para mostrar algo de estudios).
    Luego nos quejamos de la política en España.