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La mirada del otro

Carlos Navarro Antolín | 24 de septiembre de 2017 a las 5:00

caja negra 24

SE miraron frente a frente las dos Sevillas en la Plaza del Salvador, como se miraron dos caballos en la Feria de Sevilla, mire usted qué maravilla. Uno sintió la mirada del otro. ¿Quién era el otro? La misma pregunta se hicieron los sevillanos en aquella exposición que puso cara a cara a los dos giraldillos en el otoño de 1998: el original y la copia, el verdadero y el falso, el antiguo y el moderno. Se miraron esta semana Montañés y Muñoz. Las dos emes (sin hotel) de la Sevilla de dos polos. Muñoz y Montañés. Juan y Antonio. Antonio y Juan. El maestro del barroco y el Varoufakis hispalense. El hombre que esculpió a Dios (ay, Fernando Carrasco) y el que inventó lo del hábitat urbano para la nomenclatura de un cargo que toda la vida de Dios se llamó Urbanismo. Las dos Sevillas en el andamio. Sevilla a vista de Montañés en la plaza con veladores, bebedores de cerveza en vertical, palomas y otros pájaros. Este Muñoz, Atila de los veladores que por donde pasa no crece la hierba de la cochambre de mesas y sillas, se ha puesto a limpiar monumentos en la ciudad donde sobran las estatuas, las placas y los soldaditos de plomo, donde quieren ponerle ahora otro monumento a la duquesa de Alba. La mirada del otro es la imagen perfecta que prueba que ambas ciudades se necesitan como agujas de reloj, como el alpiste al canario, como el pico gordo a la ensaladilla, como el incienso al carbón, como la nata al palo, como la avalancha a la Madrugada, como el albero a la Alameda, como la melva a Zoido, como las mangas largas a Espadas, como las aspirinas a los Plenos municipales. Ningún alcalde puede tener un modelo único de ciudad, claro que no. En Sevilla coexisten varios modelos, conviven, se cortejan tanto como se repudian, una vida cotidiana marcada por los roces y las filias, donde nunca se sabe quién es el otro, pero donde siempre ambos se están mirando entre guiños de afecto y acusaciones de asfixia, colapso y hartazgo.

Se miraron esta semana dos visiones de la ciudad que se atraen como polos de un imán (sin mezquita): el bronce de Montañés, Inmaculada Concepción en su regazo, y las chaquetas entalladas de Muñoz, con forro interior y botonadura de diferentes colores.
Torrijos restauró el monumento a la Purísima cuando era delegado de aquella cosa bautizada como Infraestructuras para la Sostenibilidad. Muñoz nos va a dejar a Montañés de dulce. La izquierda desprecia el precioso mobiliario del Salón Colón, pero cuida los iconos de la Sevilla más tradicional. Esta progresía se pirra por la Sevilla de postal, las torrijas y las tortas de aceite. Y la derecha se harta después de invitar al rojerío a llevar cristos y vírgenes sobre sus hombros. Las dos Sevillas se necesitan. Sin ti no soy nada, parecen decirse mutuamente a lo Amaral mientras el alcalde, otra vez, se pone celosillo porque Muñoz sale de nuevo bien parado ante las cámaras.

Dicen las malas lenguas –que en Sevilla copan el padrón– que Muñoz en realidad quería quitarle la jamuga a Montañés en aplicación de la ordenanza de veladores. El hombre que esculpió a Dios, el hombre que dejó la Campana como la dehesa de Tablada. La eternidad de Montañés frente a la política efímera. El barroco frente al minimalismo. La Plaza del Salvador frente a la Alameda. Se miraron frente a frente, como se miran cada día, como dos ciclistas se vigilan en el mismo pelotón, como dos modelos reales de la misma ciudad, como dos caras de la moneda del mismo mercado. Como dos giraldillos de una sola Catedral.

El conflicto en el PP alcanza las cuentas de la campaña de 2015

Carlos Navarro Antolín | 20 de septiembre de 2017 a las 5:00

RECIBO+FOLIO

UN miembro de la ejecutiva provincial del PP pretende que un acto electoral que pagó de su bolsillo –el de cierre de campaña de Zoido en 2015– sea computado como pago de cuotas y de esa manera no ser excluido de la carrera hacia la presidencia del distrito Los Remedios. Como consecuencia de esta peculiar denuncia interna han aflorado dos hechos que han puesto en jaque a los cuadrados de mando del partido en San Fernando y hasta en Génova: el último acto de campaña de las municipales de 2015 fue pagado por un particular, y su aportación económica (3.300 euros) no figura en la contabilidad del partido, según revela el informe de tesorería al que alude el donante. La última etapa de Juan Bueno como presidente provincial –actualmente dedicado a sus tareas como diputado autonómico– sufre ahora un inesperado vaivén de consecuencias imprevisibles por efecto de esta denuncia interna.

Los rescoldos de la fractura que ha sufrido el PP de Sevilla durante todo un año se reavivan con ocasión de la próxima celebración del congreso destinado a la renovación de cargos en los distritos, fijados para este sábado. El comité organizador de este congreso ha rechazado una de las dos candidaturas presentadas para la presidencia de Los Remedios, el gran feudo de los populares en la capital. El excluido es David Antequera, actual secretario de Transparencia de la ejecutiva provincial, que no podrá concurrir a las elecciones por haber estado en situación de impago de los recibos como afiliado. El comité organizador, que preside Macarena O´Neill, persona de la máxima confianza de Javier Arenas, se ha basado en el artículo 35 de los estatutos para tumbar la candidatura de Antequera, afín al sector del partido que perdió en el pasado congreso provincial. A la presidencia del partido en Los Remedios opta como candidata única María del Mar Sánchez Estrella, portavoz adjunta del grupo municipal, ahora mismo encuadrada en la nueva corriente que controla una formación que preside Virginia Pérez desde el pasado 21 de mayo.

Antequera, que entró a formar parte del actual comité ejecutivo como secretario de Transparencia por los equilibrios pactados previamente entre los entonces oficialistas (Juan Bueno) y los críticos (Virginia Pérez), ha elevado a los comités regional y nacional de derechos y garantías una denuncia interna por la que ha aflorado que él pagó de su bolsillo el acto de fin de campaña electoral de Juan Ignacio Zoido en 2015 –celebrado en un restaurante de Los Remedios– y que su aportación económica (3.300 euros) no figura ni en la contabilidad ni en el informe de tesorería del partido, hechos que ahora analizan las estructuras nacional y regional de la formación de centro-derecha.

Antequera defiende que esa aportación debería haber sido tenida en cuenta para dar por pagados sobradamente sus recibos como afiliado, cosa que no se ha producido y por la que ha sido excluido de la carrera por la presidencia del PP de Los Remedios. El pago de los 3.300 euros se efectuó el 20 de junio de 2015, cuando el PP ya había sido desalojado del gobierno local tras cuatro años de mayoría absolutísima de Juan Ignacio Zoido. Antequera fue director del distrito Los Remedios durante gran parte del mandato de Zoido como alcalde. Se trata de un militante muy conocido en el partido, activo desde sus años universitarios y que exhibe proximidad con el hoy ministro del Interior, con el que posa en fotografías recientes en su cuenta personal de la red social de facebook.

Nadie en el PP de Sevilla puede dudar del profundo conocimiento que Antequera tiene de las estructuras del PP sevillano, ni de sus contactos con dirigentes de la sede de Génova, dados sus anteriores puestos de responsabilidad en sus años de miembro de Nuevas Generaciones. En su denuncia ante instancias regionales y nacionales del partido aporta el recibo de haber pagado los 3.300 euros, un documento que lleva el sello de la empresa que prestó el servicio: “Por si existe la más mínima duda a la veracidad de mis palabras”. Antequera pretende también tumbar la candidatura de la única pre-candidata aprobada hasta ahora en Los Remedios, la edil María del Mar Sánchez Estrella, por no estar afiliada en el distrito que pretende presidir, sino en Triana, una denuncia que, por el momento, no ha obtenido resultado. En su denuncia alega que sufre “un daño que empieza a ser irreparable” al no ser aprobada su condición de aspirante a la presidencia del PP de los Remedios.

El acto de cierre de campaña de las municipales de 2015 consistió en una alocución de Zoido ante militantes y representantes vecinales de cada uno de los distritos de la ciudad. Uno a uno fueron hablando en público los vecinos y Zoido contestó de forma personalizada a todos ellos, prometiendo finalmente “un gobierno para todos”.

El Alcázar, en el punto de mira

Carlos Navarro Antolín | 17 de septiembre de 2017 a las 5:00

catedral de sevilla  de lamadrid 6.

Otra vez Icomos actúa de rompeolas del patrimonio histórico. El Real Alcázar no se toca. El proyecto de reforma de la Puerta del León se queda en el aire porque el alcalde, reacio a las polémicas, no quiere ser noticia, busca siempre el círculo de confort del perfil plano, la comodidad del tono gris, la actuación solvente del futbolista que juega mejor sin el balón en los pies. No quiere problemas. Juan Espadas ni de lejos está dispuesto a pasar a la historia por ser el alcalde que puso en peligro la declaración de patrimonio de la humanidad de los tres principales edificios monumentales de la ciudad: la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias. Icomos amaga con que Sevilla pierde la máxima catalogación y el alcalde se pliega porque sabe que en esta sociedad lo que importa, ante todo, es la etiqueta, la marca, el eslogan. Malos tiempos para asumir riesgos en la política. Tan es así que Zoido, siendo alcalde, se fue a San Petersburgo a defender la Torre Sevilla para eso, para que Sevilla no perdiera la etiqueta de ciudad patrimonio de la humanidad. De anunciar la paralización de la torre en campaña electoral a defender su construcción. Responsabilidad institucional, dijeron unos. Oportunismo político, otros. El caso es que los hechos fueron así. Hasta se vendió el regreso de San Petersburgo como un retorno triunfal, con foto del alcalde bajando del avión, una suerte de Air Force Juan (Ignacio). Sólo faltó la banda de música.

Nada cuanto ocurre en el Alcázar es ajeno a Sevilla. Se trata de un edificio codiciado, símbolo de poder y estatus. El Alcázar –o los Alcázares mejor dicho– reúne la belleza del arte, el valor de la historia, el misterio de las leyendas y la capacidad de identificación con sultanes, emperadores, jefes de Estado, presidentes del Gobierno, alcaldes, poetas… El Alcázar lo tiene todo. Ytodos los gobernantes en algún momento quieren dejar su impronta.

Se lió cuando en la década de los años ochenta se suprimieron los parterres de las murallas, bonita decoración vegetal que todavía se recuerda. Se lió cuando el gobierno socialista de Manuel del Valle quitó a medianoche, por sorpresa y sin previo aviso, la Cruz de los Caídos que el cardenal Segura no había dejado instalar en los muros de la Catedral, ¿verdad Paco Mir?

Se lió cuando Rojas-Marcos ejercía de alcalde en  el despacho reservado para este cargo en tan  reales dependencias, al igual que cuando no se terminaba de suprimir el antiestético aparcamiento de autobuses turísticos delante de la Puerta del León. Se lió cuando el concejal Javier Landa (PP) impidió su uso a los miembros del Curso de Temas Sevillanos (¡Duro con  las espigas, suave con las espuelas, don Javier!) y hasta cuando se encendió la polémica por la intención de borrar del nomenclátor el título de la Plaza de la Alianza para dedicarla al ministro Indalecio Prieto, quien firmó la cesión del monumento a la ciudad de Sevilla, un rótulo finalmente colocado delante de la sede de Hacienda, a la vera de la Casa de la Moneda.  Se lió cuando desapareció un trozo de yesería, cuando el jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, encendió un pitillo en el Patio de la Montería, o cuando una concejal usó sus salones y patios para el reportaje de su boda.

El Alcázar es un monumento sensible, con un eco indudable. La Catedral igualmente lo es. Son dos iconos de la ciudad. La reforma de los accesos del turismo por la Puerta del León no es un proyecto cualquiera, como no lo fue la transformación de la Catedral para su puesta a punto para la Exposición Universal de 1992, una revolución liderada por el inolvidable canónigo Francisco Navarro, que sustituyó los estadillos hechos a mano por las hojas de excel, introdujo los tornos y promovió una serie de reformas que le costaron no pocos disgustos. ¿Recuerdan aquel proyecto de cafetería en la Cilla finalmente frustrado?

Si será importante el Alcázar que sus puestos en el patronato se reservan para los principales concejales, la figura del alcaide se otorga a una trayectoria de prestigio y hasta una ex alcaldesa, Soledad Becerril, llegó a dimitir  como consejera en protesta por el desvío de fondos para la conservación de la Casa Consistorial. Becerril siempre defendió que los ingresos que genera el Alcázar por la visita turística deben revertir con exclusividad en su conservación. El Alcázar tiene una contrastada capacidad de autofinanciación.

El Alcázar está hoy en el punto de mira. La seguridad, las tarifas, los macetones, las obras por ahora frustradas en la Puerta del León y hasta el rifirrafe entre políticos de diferentes partidos condenados al entendimiento para sacar adelante el presupuesto de  una gran capital. Nunca a nadie ha dejado indiferente el primer monumento civil de la ciudad. Obama se quedó sin conocerlo, Rojas-Marcos lo usó como despacho. El andalucista concebía la política como una vocación que llevaba implícito el riesgo. Hoy los tiempos son distintos. Icomos frunce el ceño y el Ayuntamiento se allana.  La prudencia máxima, el dontancredismo como norma. El león es el único que tiene asegurada la permanencia.

La sombra mínima

Carlos Navarro Antolín | 10 de septiembre de 2017 a las 5:00

macetones en la Avenida de la Constitución

LA tapita, la pincelada, el chupito. El diíta en la playa, la semanita, la escapadita. La ciudad sublima lo pequeño, le encanta arremolinarse en una taberna recoleta donde hay triple fila para pedir (Cateca, Peregil, La Fresquita, Jota, Tremendo…) y dejar vacíos amplios locales de pretendido postín, disfrutar con los diminutivos (playita, flamenquito, yintonsito, pescaíto) y con las proporciones calculadas a ojo (media tajá, media papa, una pechá de trabajar que diría el cura Chamizo). A esta ciudad que se recrea con lo pequeño, que se regocija en los espacios diminutos, que tiene un centro de devoción mariana en una capillita del Postigo donde caben la Virgen y dos devotos de perfil, le han colocado los árboles que se merece en la Avenida para generar sombra a medida de los sevillanos. Cien gramos de sombra mal despachados. Esto es lo que hay. Los sevillanos al sol, como en un lunes perpetuo en la ciudad de los parados a la que cuesta (del bacalao y de la bacalá) la misma vida rebajar la cifra de desempleados, ¿verdad mi dilecta ministra Fátima Báñez?

El alcalde nos ha despachado una racioncita de árboles en reducción, lo que aporta una pincelada de sombra. A seguir sudando por la Avenida, metáfora de la vida cotidiana que nos toca vivir en este mes del miedo y de los sudores pegajosos. Los 25 ficus en macetones que se colocaron el viernes en la Avenida son de chiste. Aceptamos el ‘ficus rubiginosa’ como especie que aporta sombra en la Avenida, aunque en realidad parezcan esos arbolitos que se ponen a la entrada de las boutiques de la calle Serrano para dar lustre al establecimiento, o en las puertas de los templos en esas bodas pretenciosas que organiza Carlos Telmo. Los arbolitos de Espadas son la sombra mímina en la ciudad de los diminutivos, en la ciudad menguante, que procura hacer de la necesidad virtud y aprovechar la amenaza terrorista para resolver el problema de una Avenida sin sombra desde hace más de una década en una ciudad con un semestre de calor asegurado. A grandes problemas, soluciones diminutas. Somos así. Somo más de trincherazo que de faena completa, de taconazo repentino que de partido jugado con un rendimiento regular, del duende de la inspiración que del trabajo programado.

Tenemos un alcalde con buena voluntad. Algo es algo, dijo el calvo cuando le salió el pelo. Por fin llegó la cosecha, hermano. Como somos la ciudad de la esperanza, la tendremos en que estos árboles crezcan. No será por falta de esperanza por lo que vayamos a hundirnos los sevillanos. Cada vez que recorremos la Avenida a pie se nos pone cara de lagartos al sol. O de lagartija. Incluso de lagartitos, por aquello del diminutivo. Juan Espadas ha sido el alcalde que dijo no a la gran mezquita, que ya es difícil, pero que sigue sin aportar sombra a la Avenida. Dice el aforismo que quien puede más lo puede lo menos, pero se ve que es más díficil lo de no tostarnos al sol que rechazar una peligrosa iniciativa que la España buenista y acomplejada de hoy se hubiera tragado en cualquier otra ciudad.

Estos ficus escuálidos son magníficos para ser usados como ceniceros gigantes o como soporte para atarse los cordones de los zapatos. Son la medida perfecta de una ciudad que no puede más, que no llega, que le cuesta un mundo cualquier empresa. Nosotros a lo bestia: plantamos setas gigantes de madera en la Encarnación y arbolitos de pin y pon junto a la Catedral. Ycon 25 arbolitos liamos un bosque. Con todos sus pájaros. Y pajaritos.

El precio de vivir la calle

Carlos Navarro Antolín | 3 de septiembre de 2017 a las 5:00

CALLE ASUNCION

Cuánto más se manifiesta la idiosincrasia de una ciudad en la calle, más difícil es blindar los espacios públicos y más complejo resulta hacerlo en las horas de máxima concentración de personas. El Ayuntamiento ha fortificado las principales calles de la ciudad en tiempo récord: macetones, vallas, mayor presencia policial, agentes del cuerpo local con chalecos antibalas… Y al mismo tiempo ha culminado la actualización del informe sobre la proliferación de acontecimientos públicos, un estudio que demuestra que las convocatorias multitudinarias se han disparado un 300% desde 2004 y, sobre todo, no dejan de aumentar en los últimos tres años. El trabajo de seguimiento incluye el recién terminado agosto. Sevilla vive la calle a tope. Con intensidad. La ciudad estaba mirando con preocupación la próxima Semana Santa, sobre todo la Madrugada, cuando los atentados de Barcelona han forzado a las autoridades a trabajar de forma inmediata con una visión global. El problema no está sólo en la Madrugada, ni siquiera solamente en las grandes fiestas. El problema se extiende ahora a todo el año y de forma muy especial a los fines de semana. El calendario de actos públicos con elevada participación ciudadana es difícilmente abarcable por los cuerpos y fuerzas de seguridad. La misma ciudad acoge en este inicio de curso, por ejemplo, un concierto de Hombres G, una coronación canónica, una feria taurina, partidos de fútbol internacionales… A la degradación de la convivencia urbana –creciente en los últimos años, y que en el caso de Sevilla ha cristalizado en la popular noche del Viernes Santo– se ha sumado la psicosis de la amenaza yihadista, una sensación de miedo que vertebra ahora las grandes urbes. El miedo es un estado de ánimo colectivo potenciado por sucesos de los que se ha sido testigo directo o por los medios de comunicación: cuando ocurrió el fuego de Doñana estaban muy recientes las imágenes del fuego en Portugal, cuando el público corría en la Madrugada tenía frescas las imágenes del camión de Niza. La ciudad de Sevilla ha vivido también episodios de tristeza colectiva, como tras los asesinatos de Alberto Jiménez Becerril y su mujer (1998) y el repentino fallecimiento del futbolista Antonio Puerta (2007).

Las autoridades, conscientes de que la seguridad es una percepción subjetiva, tratan de frenar la sensación de pánico con una estratégica exhibición de los agentes en lugares de alto tránsito peatonal. Basta un paseo por la Avenida de la Constitución para sentir que vivimos en una continua víspera de la boda de la infanta Elena (marzo de 1995), pero sin gallardetes ni iluminaciones especiales de estilo Camelot.

El pánico es una cerilla encendida en un pajar, un persianazo que es confundido con un camión enloquecido irrumpiendo en una vía urbana, un grito adolescente que inicia una algarada, una situación de perenne vulnerabilidad con la que grandes ciudades han de convivir y que han de superar a base de una suerte de educación colectiva que exige serenidad y tiempo. El miedo nos iguala, nos convierte en ciudadanos en continua guardia, en sociedades que sufren una situación de jaque permanente, en vecinos precavidos que sin motivo racional aparente evitan una calle, sortean una avenida o rechazan el acceso a unos grandes almacenes.

El macetón –icono de la seguridad del tiempo que nos ha tocado vivir– impide la irrupción de vehículos con terroristas al volante en zonas de elevada afluencia de público y el acceso directo en coche a edificios de alto valor histórico-artístico: la Catedral, el Alcázar, el Archivo de Indias. Pero los puntos sensibles de una ciudad como Sevilla no se limitan al centro histórico. Ni son fijos. Hay un sinfín de aglomeraciones itinerantes (procesiones, vía-crucis, traslados, manifestaciones, cabalgatas) y de espectáculos de alto riesgo (conciertos, partidos de fútbol, incluidos los internacionales) que en su mayoría se concentran en los días de la semana con menor número de agentes disponibles, como se refleja en el estudio. El aumento de acontecimientos masivos no se ha registrado progresivamente todos los días de la semana en los últimos tres años, sino de forma especial y pronunciada los sábados (un 14,%%) y los domingos (un 24,5%).

El Ayuntamiento insiste desde hace meses en que necesita convocar nuevas plazas de agentes de la Policía Local: entre 200 y 300 más. El cuerpo envejece, sufre las contingencias propias de cualquier colectivo y se asegura reiterdamente que no da para más. El gobierno exige que el Estado levante las restricciones impuestas en los años de crisis. Aquí aparece inevitablmente la política. O se permite la convocatoria de oposiciones, o se da el visto bueno para que la Intervención General apruebe el pago de más horas extras. Las administraciones locales se quejan de estar asfixiadas por la tasa de reposición cero. Aprovechan la actual coyuntura para apretar al ministro Montoro. En este nuevo estudio del Ayuntamiento de Sevilla, en el apartado de las conclusiones, se advierte que ya ha habido que rechazar numerosos eventos al no disponer de agentes de la Policía Local, se ha puesto en práctica un protocolo de ahorro y se ha intensificado el cobro de tasas. Aun así, el estudio concluye que el ahorro no se percibe porque las convocatorias de eventos se han disparado en los últimos años. Como curiosidad, cuando se registra un leve descenso de las procesiones se aprecia un aumento de las cruces de mayo. El estudio revela que se han reducido los actos de carácter reivindicativos (de 540 a 477). En los últimos tres años sí han aumentado los eventos calificados de cultos, romerías, traslados y vía crucis. También lo han hecho los culturales (de 423 a 634) y los deportivos (de 100 a 118).

El gobierno local clama para que el Estado le permita gastar dinero en una macroconvocatoria de plazas para la Policía Local. El discurso político asegura que el dinero está en el banco pero el Ayuntamiento está atado por las medidas de contención que entraron en vigor con la crisis. La ciudad hace cada vez más uso de la calle, los datos revelan que vive con intensidad de puertas hacia afuera. La autoridad que rechaza convocatorias por falta de agentes es la misma que promueve una Feria de formato largo para que la fiesta alcance dos fines de semana en lugar de uno. Otras voces no discuten que hacen falta más agentes, pero apuntan a la necesidad de cambiar el esquema de trabajo de los agentes, de arbitrar turnos específicos para los fines de semana o de repercutir el cobro de los servicios especiales a las entidades convocantes.

La seguridad tiene un precio económico y un coste social que se traduce en incomodidades y restricciones. Los macetones por el momento han salido gratis para las arcas municipales y no han causado un efecto antiestético en los edificios próximos. El siguiente paso será la adquisición de videocámaras, lo que conllevará nuevas negociaciones con el interventor, y continuar con la reivindicación política de más plazas policiales. Los atentados de Cataluña son la coartada perfecta, el cheque en blanco para los cambios sin necesidad de debates previos. Mientras dura la sensación de miedo, nadie alza la voz contra un macetón. Sevilla ha perdido la cultura de la bulla en el peor momento, ha dejado de confiar en sí misma cuando más fácilmente cunde el miedo. Y en los años en que precisamente sus actos multitudinarios han aumentado un 300%: de 2004 a 2017.

eventos masivos

Elogio de agosto

Carlos Navarro Antolín | 13 de agosto de 2017 a las 5:00

Fotos de turistas y hoteles para reportaje sobre ofertas y preci

AGOSTO todavía es una delicia que se sirve en plato pequeño, sin raciones ni medias raciones. Agosto es el mes donde Sevilla es más pura porque hay más silencio, menos sevillanos y los turistas caminan abatidos por el calor sin temor a ser agredidos. En Sevilla siempre se ha sabido convivir con los turistas con un pacto no escrito por el cual tienen sus zonas reservadas, sus bares y sus horarios propios. El bar Gonzalo es de turistas, como lo es el entorno de la Catedral, el barrio de Santa Cruz con sus comercios despersonalizados, lo que queda de la Carbonería con sus leyendas, las franquicias del café donde dejan quitarse los zapatos, las gitanas que venden romero y los tablaos flamencos. Y no se discute. Los sevillanos y los turistas se han organizado siempre de forma natural, como antiguamente en las bullas. Ustedes por allí con cada vez más sitio, nosotros por acá con cada vez menos. Y en algunos casos se convive directamente, como al compartir barra del Rinconcillo o la espera por un taxi de los que lleva el aire acondicionado apagado. Suficiente tienen los turistas con aguantar el ataque del mercurio alto y con soportar el malaje habitual del sector de los servicios. Agosto es una reserva de soledad monacal en plena vía pública, donde en muchos momentos se puede experimentar esa sensación que tanto le gusta a sevillanos como el doctor Yebra, siempre feliz a contramano, en sentido opuesto al del rebaño de la bulla, sin temor a la soledad, al qué dirán, a parecer que no se está integrado cuando no hay integración plena sin conocimiento, ni más amor verdadero por una ciudad que el que sienta sus raíces en el estudio de su historia y en el análisis de sus personajes. Agosto puede hasta con la muerte, silencia a los que fallecen en su regazo de sudor, música de chicharra y humedad de aspersores de terraza, deja sin eco las esquelas y pasa la pizarra anunciando el aplazamiento de los funerales hasta septiembre, que agosto no quiere crisantemos porque no conoce más flores que las varas de nardos y las moñas de jazmines vendidas en bandejas, coja usted la que más le guste por un euro.

Agosto anestesia la ciudad, deja dormidas las polémicas que marcan el cansino ritmo de la vida cotidiana y crea las suyas propias, polémicas de ratas que corren por los barrios, ramas que se desprenden, plagas que amenazan los árboles y visitantes atendidos de sopitipandos por las calores. Agosto cierra bares, echa persianas, mete a los albañiles dentro, recorta el horario de misas y convierte la televisión en una caja idiota más idiotizada que nunca. Agosto despuebla las calles y deja ver una piel desnuda de adoquines, unas fachadas más expuestas que nunca, unos comercios sedientos de mirones. Agosto mejora la ciudad porque la empequeñece como la casa vacía que parece perder metros cuadrados a la espera de vida y muebles. Agosto es una oportunidad para el reencuentro con la ciudad, para revivir los mejores momentos del año en un laberinto de calles que guardan el recuerdo de los hitos de tu existencia. Agosto tiene el silencio y la espesura que permiten la serenidad para vivir mejor, el sopor de cochero de punto que se reclina malamente para dormitar mientras pleitea con una mosca, el frío del agua de tirador que alivia los paseos largos por las plazas duras y el golpeteo de la piocha que derriba tabiques para levantar nuevo muros. En agosto un bar se convierte en otro bar, un comercio de ropa en sucursal de banca privada, una joyería en tienda de helados de yogures. En agosto se gana el otoño, en agosto se forjan las reformas, en agosto hay quienes pierden su silla por el éxodo estival. Sevilla en agosto coge hechuras de convento con pocas monjas, muchos refectorios clausurados y olor a cerrado. Agosto en Sevilla es la expresión de un hermoso vacío de tarde de domingo, de patio de la Caridad donde la soledad se cita consigo misma y corteja con la muerte con los rosales por testigos. Agosto es el precipicio del calendario por donde se despeña todo lo fatuo, todo lo irrelevante, todo lo ruidoso que amenaza la serena calma de nuestra existencia, nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda; la paciencia del agosto sevillano todo lo alcanza.

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El pedrismo más light

Carlos Navarro Antolín | 6 de agosto de 2017 a las 5:00

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EN la carrera por el poder en el PSOE de Sevilla, en ese hipódromo donde se disputa la primera plaza que da derecho al control del aparato, los pedristas hispalenses han escogido el caballo menos conocido, teóricamente con menor entidad de los posibles y con el palmarés más escuálido. Es cierto que en la política de hoy las trayectorias cuentan muy poco. Prima la obediencia ciega al líder, esa cualidad que lleva a tirarse a la piscina sin agua, esa capacidad para construir una unión temporal frente al enemigo común (que para los pedristas es Susana Díaz) y esa sumisión inmediata a las directrices de la superioridad por ridículas y temerarias que sean, como ser repelida del templo de Ferraz ante las cámaras de todos los telediarios tras entrar revestida con la estola de “máxima autoridad” (Verónica Pérez).

El pedrismo hispalense ha elegido a la ex concejal Eva Patricia Bueno para aspirar a la secretaría general del PSOE sevillano. Antes tendrá que asumir la difícil tarea de reunir el 20% de los avales, cosa que hasta los sanchistas más convencidos admiten que equivale a encontrar el Vellocino de Oro. Eva Patricia Bueno es la opción más plana de los seguidores de este Pedro que trata de edificar la nueva Iglesia socialista sobre la piedra de las primarias donde derrotó al icono del PSOE andaluz. Bueno es una opción light. Cumplirá la función de instrumento necesario, de colaboradora indispensable para dar el aldabonazo y denunciar la imposibilidad de celebrar unas primarias con dos listas por el requisito imposible de sumar tan alto porcentaje de avales. ¿Algún socialista a sueldo en la Junta, el Ayuntamiento o la Diputación estampará su firma para avalar la lista pedrista?

Eva Patricia Bueno es la secretaria general de la Agrupación Miraflores, donde Sánchez ganó en las primarias por muy poco margen. Pero ganó. Los pedristas sólo vencieron en cinco agrupaciones sevillanas: Bellavista, Nervión, Dos Hermanas, Las Cabezas y la citada de Miraflores. Esta desconocida del PSOE sevillano tiene su propia agrupación fuertemente dividida. El bando contrario en Miraflores lo encabeza en la práctica Antonio Rodríguez, con plaza laboral fija en Emasesa, donde fue una suerte de jefe de gabinete para obras menores en tiempos del virrey Marchena, pasó al ostracismo en la etapa de Zoido y ahora ha levantado el vuelo con Juan Espadas, al que debe lealtad. Eva Patricia fue en tiempos una protegida de Evangelina Naranjo, la ex concejal y ex consejera de la Junta, pero las dos se distanciaron cuando la primera apoyó a Fernández Tapias y la segunda a Madina en las primarias que venció Pedro Sánchez. A Bueno se le reconoce criterio propio en muchos asuntos, aunque también un excesivo entusiasmo a la hora de hablar de algunos de sus supuestos logros en su etapa de edil, como conseguir que el recorrido de la cabalgata se ampliara a los barrios, y la habilidad para haber salido absolutamente limpia del caso Fitonovo aun habiendo sido concejal de Parques y Jardines. Perito agrícola de profesión, su perfil es el más bajo de los posibles para emprender la carrera hacia el poder de la agrupación socialista tradicionalmente más potente de España. Nieves Hernández, ex portavoz de gobierno local, ha rechazado la contienda después de haber liderado las plataformas sanchistas en toda España. Luis Ángel Rojo tampoco ha dado el paso al frente, quizás porque ni siquiera logró que la lista de Pedro Sánchez ganara en la agrupación de la que es secretario general (Sur). Y Maribel Montaño, vista con buenos ojos por el entorno del ex alcalde Monteseirín, tampoco ha querido saber de esta empresa.

Eva Patricia Bueno comparte con Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, el gran pedrista andaluz, la cualidad propia de un núcleo muy particular del PSOE sevillano: la vocación crítica, la necesidad de estar siempre frente al aparato. Esta ex edil es el cucharón necesario para ser golpeado en la cacerola del susanismo y denunciar que las normas del “viejo PSOE” impiden una votación con dos listas, en lugar de ser aplicadas las normas del “nuevo PSOE” que a partir de 2018 rebajan el porcentaje de avales necesario hasta un 3% simbólico. Hacer ruido, evidenciar, hacerse oír. La política de hoy tiene poco de discurso racional, menos de ideología, y mucho de lucha por el poder puro y duro. Y, sobre todo, por el ajuste de cuentas personales. El caballo menos conocido para un hipódromo donde muy probablemente no habrá siquiera carrera. Una apuesta plana y sin riesgos. Los pedristas se conforman con encender la bengala para dejar clara su presencia.

Al gran estratega del sanchismo del Sur, el correoso Gómez de Celis, poco le importa que no se consiga el 20% de los avales. Sabe que la conquista del PSOE andaluz comienza por los cimientos y requiere de algo tan cotizado en política (por la dictadura del cortoplacismo) como es el tiempo. Tras hacer ruido con Eva Patricia, sólo habrá que esperar la entrada en vigor de la nueva normativa que rebaja la exigencia de avales y, después, preparar la batalla en la conformación de las listas de las municipales de 2019, donde el sanchismo querrá sus cuotas en las listas. Hoy ya la tiene en la Plaza Nueva con la edil Inmaculada Acevedo, un ariete poco conocido de Gómez de Celis en el actual gobierno local. Ahí, en el ruedo municipal, es donde Celis le hará cosquillas muy incómodas al actual alcalde, Juan Espadas, si no se las hace antes por otras vías, dadas sus más que solventes conexiones desde hace años con sectores políticos conservadores donde él y los suyos se entienden con terceros a la hora de defender intereses comunes. Porque, insistimos, sólo el enemigo común es capaz de establecer uniones con cierta solidez en la política y explicar extrañas adhesiones. Que socialistas andaluces moderados, con sentido de Estado y altura de miras, reconozcan que han votado a Pedro Sánchez sólo se explica por la animadversión a Susana Díaz, a la que el vídeo ‘robado’ tras la derrota en Madrid y la guasa del cónsul le han venido de perlas. Aparece como víctima quien tanto ha destacado durante años por su perfil más duro. Nada más conmovedor que ser la agredida, la agraviada, la odiada. Entonces el caballo va al galope.

La Ley Mordaza contra la Campana

Carlos Navarro Antolín | 30 de julio de 2017 a las 5:00

16/07/2017: pancarta en la confitería la Campana.

LA Campana es una plaza fea. En su caso cualquier tiempo pasado fue mejor porque la aleja de su actual estética de trasera de caseta. La Campana es la Alfalfa con derecho al Corte Inglés. La Alfalfa es la Campana sin Corte Inglés, sin mercadillo de pájaros (con pico) y sin El Gran Tino que perdimos (se vende). La Campana de hoy es grande como Barcelona y fea como… esa ciudad en la que está usted pensando. Sevilla es una ciudad que se adapta a la fealdad con una gran facilidad, Sevilla sublima lo feo como sólo es propio de la ciudades sin rumbo, satisfechas en su decadencia, de la gente sin criterio, la misma gente que confunde el mero con la rosada, una vajilla de Arcopal con una de la Cartuja, un brillante con una circonita y un encaje de supuesta blonda para turistas en tienducha de Santa Cruz con uno de chantilly de Antigüedades Ortega. Sevilla es feliz en su ignorancia mientras otros se ríen de ella con el desdén de la superioridad. La ciudad pacata mira hacia otro lado cuando caen las casas del XVII y XVIII que daban personalidad a su viejo casco urbano, está dormida cuando es bajado el Giraldillo original para cambiarlo por un pastiche y guarda silencio cuando algunos de sus templos barrocos son reconvertidos en hoteles NH con sacristán y horario de misas.

La ciudad vive del nombre, del cuento, de la historia que ha oído, que le han dicho, que le han vendido. Y se rasga las vestiduras porque el único comercio de La Campana con historia, el único que suma décadas para contar un siglo, el único distinto, diferente y que, por tanto, aporta valor añadido, sello propio y autenticidad a prueba de imitaciones, ha colgado una pancarta donde pide apoyos para reivindicar el derecho a instalar los veladores que siempre tuvo antes de la invasión de la vía pública perpetrada al amparo de la Ley Antitabaco de Zapatero y con la vista gorda del gobierno municipal.

Una “orden superior” –como se refleja en los papeles– ha mandado a los inspectores al centenario establecimiento por el mero hecho de exhibir una pancarta. Adelante un pastel de mordaza con nata envuelto en una servilleta que me lo voy jamando por la calle Sierpes. La confitería de la Campana es la perra apaleada (guau) en la polémica de los veladores. El gerente de Urbanismo, señor Pozuelo, le echa valor (buen chocolate) contra la pancarta que canta la verdad en una demostración palmaria de respeto a la libertad de expresión por las que hilan… el huevo hilado que venden en la Campana por Navidad. ¡Viva usted, señor Pozuelo! La pancarta de la confitería es el problema de la Campana, la pancarta es lo que afea la plaza que a fuerza de perder negocios tradicionales bien podría ser cualquier plaza de Albacete, Badajoz o Pontevedra. No la afean los luminosos del Burger King, no la afean los rótulos del Mac Donalds, no la afean las bombillas del otro burguer de la acera de enfrente. No, señor Pozuelo, nada de eso afea la Campana. El problema de la Campana, el único detectado por las finas mentes a sueldo en horario de mañana (las tardes libres, cómo no), es la pancarta de la confitería. Este despropósito evoca a la inigualable comisión de patrimonio de la Junta, que autorizaba la construcción de las setas pero impedía el simple traslado de la fuente de La Encarnita a la Plaza de la Contratación para salvaguardar la estética histórica de la plaza. ¡Toma del frasco!

Ya sabemos dónde están los pájaros del extinto mercadillo de la Alfalfa que, por cierto, anclaba sus orígenes en la Sevilla romana. Todos aquellos pájaros se fueron a la Gerencia de Urbanismo a montar la brigada político-social que ahora arremete contra una mera pancarta. Por “orden superior” de la autoridad, a lo que habría que añadir lo que dijo el que entró sin llamar en el Congreso de los Diputados: “Militar, por supuesto”. Siga así, señor Pozuelo, duro con las espigas del café en taza y blando con las multinacionales de la peste a mostaza y ruido ensordecedor de cumpleaños con padres fantásticos. A este paso manda usted los inspectores al Cabildo Catedral por la pancarta anual del Domund en la rejería de la Puerta de los Palos.

Entre todos hemos conseguido que la Campana deje de ser una plaza y sea eso: un hábitat… urbano. Y decían que el problema de la confitería era el malaje y la parsimonia de algunos camareros, timbres de gloria de la antipática pero eficaz hostelería local. Siempre podemos ir a peor. Que nos lo digan con el caso del Laredo, tanto lamentar su transformación, pero a puntito ha estado de caer en manos de la franquicia esa de nombre impronunciable donde te hablan de tú, te preguntan tu nombre de pila (del pato) y te obligan a consumir el café en vaso grande y contemplando los pies por lo alto del guiri desahogado de la mesa de al lado. En Urbanismo sólo se preocupan de la estética cuando se les dice la verdad en una pancarta, sin darse cuenta de que atropellan ese valor supremo con el que después se les llena la boca: la libertad. Esto, en el fondo, es una conjuración, un plan del avieso hostelero para que no nos quejemos de la lentitud de esos dos camareros que usted y yo sabemos, al igual que sabemos qué ciudad es más fea que incoar un acta de inspección por una pancarta. Y no por eso dejamos de ir a sus playas. Ni de entrar en la Campana. Y ahora hasta entraremos alguna vez en el Laredo para reconocer que ha ejercido de rompeolas del avance de las multinacionales. ¿Seguirán, por cierto, despachando el Manchenieto? Póngame una de ese queso, por favor, pero sólo si es por tapa. Y si es tan amable me da una servilleta para limpiarme el rocío de las gafas, que no es del cielo (amén), sino de los aspersores.

Un portavoz ante el espejo

Carlos Navarro Antolín | 23 de julio de 2017 a las 5:00

Beltrán sentado

CONSCIENTES del tiempo que se ha llevado sangrando la herida de la división interna, el PP de Sevilla se apresura en pintar la fachada, adecentar la casa y mesarse los cabellos para poner su mejor cara ante el votante. Los populares se dan prisa para alcanzar agosto con los primeros deberes hechos. El líder supremo, Javier Arenas, ha desembarco nada menos que en el Ayuntamiento para reforzar la posición del jefe de la oposición, Beltrán Pérez. Arenas no pisaba la Casa Consistorial desde la toma de posesión como alcalde de Juan Ignacio Zoido, allá por el verano de 2011. A la sesión estaban convocados todos los cargos electos de Sevilla, en presencia, por supuesto, de la presidenta provincial, Virginia Pérez. Arenas, a puerta cerrada, les pidió a todos que trasladen la voz del grupo municipal a los despachos de la Administración del Estado. Y Virginia, siempre con la aguja y el dedal para coser los jirones internos tras un año de zozobra, hizo alusión a que la familia estaba al completo pese a las heridas aún por cicatrizar: “Como veis, existen mesas lo suficientemente grandes para que podamos caber todos”. Claro, lo dijo porque en la sala había miembros destacados del bando oficialista que perdió el control del partido, algunos tan importantes como José Luis Sanz, alcalde de Tomares y senador, jaleado y proclamado el jueves en las redes sociales como “referente del municipalismo del PP”, y también estaban Alberto Díaz, hoy portavoz adjunto del grupo municipal, y los ex presidentes provinciales Ricardo Tarno, diputado nacional, y Juan Bueno, diputado autonómico. La verdad es que acudieron todos los citados salvo la concejal Lola de Pablo-Blanco y la diputada nacional Silvia Heredia, en ambos casos por razones justificadas.

Beltrán Pérez, llamado a ser el candidato en 2019 con todo el apoyo de Arenas y Virginia, tal como se pudo evidenciar el viernes, ha trazado la hoja de ruta de los próximos meses en un documento al que ha tenido acceso este periódico. Lo llamativo del guión es que el PP de Sevilla se dispone a la recuperación del voto de los electores “tradicionales de la Derecha”, escrito así: con mayúsculas. El PP es consciente de que debe remontar el auge de Ciudadanos y contrarrestar el efecto de Espadas en los sectores conservadores de la ciudad. El actual alcalde no provoca rechazo en Los Remedios, ni en el Centro, ni en Triana, ni mucho menos en Nervión, distritos tradicionalmente azules. Espadas es un socialdemócrata sin aristas de los que tanto gusta en Sevilla. Tampoco acumula mandatos como Monteseirín, por lo que aún no ha cometido irregularidades que puedan generarle escándalos mediáticos, ni tan siquiera preside un Ayuntamiento con sueldos altos. Por todo esto, Beltrán Pérez tiene que sacar su perfil más político, reinventarse como concejal correoso de la oposición. No le vale hoy su estilo de éxito anterior a 2011, cuando fue uno de los arietes más fuertes contra el cuartel de Monteseirín. Basta recordar aquella rueda de prensa en la que hizo sonar un cencerro para llamar la atención del entonces alcalde socialista. Hoy no hay facturas de comilonas, ningún cargo electo cobra por encima de los 60.000, todavía no hay primos colocados y los viajes (pocos) han dejado de ser noticia.

Beltrán Pérez se mira estos días al espejo a la búsqueda, quizás, de un nuevo perfil, de un nuevo estilo que lo diferencie a las claras de la imagen de un alcalde que le ha comido terreno al PP por los terrenos de esa derecha sociológica tan amplia en una ciudad como Sevilla. El viernes, entre los suyos y sin cámaras, pronunció un discurso de alcalde, en el que llamó a los cargos hispalenses del PP a trabajar para que Sevilla ejerza una “calidad competitiva” como capital de Andalucía y que sea una urbe que lidere el área metropolitana. En el documento insta a huir de “los liderazgos personales”, a mantener “agilidad y comunicación” con otros grupos municipales de la oposición y a que los doce concejales del PP tengan la convicción de que forman “el mejor grupo del Ayuntamiento”, entre otros detalles de funcionamiento interno. El mismo guión insta a los concejales a “tener vida propia, capacidades propias y agenda propia”. Pero la principal idea es la de la necesidad de “convencer” al votante de derecha. Tal vez por eso Arenas citó a los suyos en el Salón Santo Tomás: para que sus cachorros rebeldes (el bando oficialista) metieran el dedo en la llaga del costado del que ha sido designado como candidato ‘in pectore’ a la Alcaldía de Sevilla en 2019. Beltrán es el elegido por Arenas. De eso no hay duda. En política, un cuarto de hora es mucho tiempo. Arenas representa la eternidad, capaz de pegar un regate en una baldosa, de estar brujuleando por Génova y aparecer en pleno julio en el Ayuntamiento del que fue concejal hasta 1989. Su éxito es que se reinventa. Beltrán Pérez tiene que pasar del cencerro al perfil institucional sin descuidar el aguijón político. Y, al mismo tiempo, mirarse en el espejo y reconocerse.

El pedrismo hispalense

Carlos Navarro Antolín | 16 de julio de 2017 a las 5:00

pedristas

SON pocos y tienen el camino cuesta arriba. Se trata del futuro de la agrupación socialista más importante de España, del fortín tradicional del partido, de la provincia que se mantiene roja cada noche electoral por mucho que la piel de toro se tiña de azul. En cuanto pase el congreso regional del enrocamiento de Susana Díaz en sus cuarteles andaluces, la batalla se librará en la agrupación sevillana, dirigida hasta ahora por Verónica Pérez, que ejerce las funciones de un fiel peón de la presidenta, por la que se inmoló el día que se proclamó en Madrid como “la máxima autoridad” del partido para entrar en la sede de Ferraz, pero a la que ni siquiera dejaron pasar el bolso por el escáner de seguridad. Toda España comprobó de lo que son capaces los políticos de hoy por agradar a sus jefes. La piscina sin agua. El pozo sin agua. Elijan la metáfora que ustedes prefieran. El caso es que se lanzó. Se tiró. La evidencia fue máxima y la autoridad nula. Verónica Pérez está políticamente achicharrada de Despeñaperros para arriba, pero todo indica que seguirá al frente del aparato hispalense. Los pedristas se mueven de cara al congreso provincial. Tienen que hacerse notar, generar algo de ruido, plantear guerra. Son pocos pero se han movido mucho y con éxito para devolver a su líder a la secretaría general del PSOE. El primer escollo que tienen es la necesidad de reunir el 20% de los avales para presentar una lista y forzar las primarias, una tarea difícil cuando se trata de pedir firmas de apoyo a militantes que trabajan en el Ayuntamiento, la Diputación o en cualquier despacho de los que se requiere la publicación del nombramiento en el BOJA para ser ocupado. Ellos, por lógica, hubieran preferido un porcentaje de avales simbólico, muy reducido, de los que defiende el nuevo orden del PSOE constituido en la sede de Ferraz, pero el congreso provincial de Sevilla se regirá por el estilo antiguo, emanado del XXVIII congreso federal, celebrado en Sevilla: sin un 20%de firmas no hay candidatura.

Es sabido que el pedrismo andaluz tiene su estratega principal en el ex concejal Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y su perfil más institucional en el sempiterno alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano.

Pero los pedristas necesitan un rostro que intente el asalto a la agrupación sevillana, aunque sea de forma testimonial. Una cosa es renunciar a la contienda en el control de la ejecutiva regional (pista libre para Susana Díaz) y otra muy distinta entregar la cuchara en la lucha por el control de las estructuras provinciales. La cara más amable de pedrismo hispalense es la de Nieves Hernández, una licenciada en Derecho, trabajadora de la UGT y militante del PSOE desde 1992. Forma parte de la agrupación Centro. Ha sido presidenta de las muy activas plataformas en apoyo a Pedro Sánchez que surgieron en buen número por toda España después de la defenestración del entonces secretario general aquel sábado de octubre. Hernández no se corta un pelo cuando se refiere a Susana Díaz como una persona “ambiciosa”. Tiene buena imagen, fue durante un tiempo la portavoz de voz dulce del gobierno de Monteseirín en el Ayuntamiento. Está retirada de la política, pero aquella caída de Pedro Sánchez la hizo retornar a la actividad política. Tiene una relación de estrecha confianza con Gómez de Celis. Es una alfonsista.

La segunda opción es Maribel Montaño, carmonense de la hornada del 62, licenciada en Geografía e Historia y funcionaria municipal en su localidad natal. Formó parte de la ejecutiva provincial del PSOE de Sevilla y después de la federal como secretaria de Igualdad. Fue asesora de Monteseirín cuando era presidente de la Diputación Provincial. También fue delegada provincial de Cultura con Carmen Calvo de consejera (hoy pedrista con sillón en la ejecutiva federal) y años después formó parte del gobierno municipal como delegada de Cultura y –al igual que Nieves Hernández– como portavoz del gobierno de Monteseirín durante un período.

Y la tercera opción sería la de Luis Ángel Hierro, actual componente de la ejecutiva provincial, economista con plaza universitaria que vivió algunos días de gloria –con sus minutos de telediario– cuando intentó ser candidato a la secretaría general del PSOE en 2012, en un intento –dijo– por demostrar que la obligación de reunir previamente altos porcentajes de avales lastran el proceso. Ese mismo año dimitió como presidente del Consejo Económico y Social de Sevilla tras censurar que “todos los gobiernos” quieren controlar este organismo, tiene experiencia como diputado en el Congreso y se caracteriza por ejercer de verso libre en el PSOE sevillano. Es secretario general de la agrupación Sur (cargo que alcanzó por un estrecho margen de votos), desde la que ha promovido apoyos para Pedro Sánchez, como han hecho también los secretarios de las agrupaciones de Miraflores, Nervión y Bellavista.