El fin del cuaderno azul en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de noviembre de 2016 a las 5:00

Feria 2016
EL PP de Sevilla sigue siendo un partido en crisis, fracturado, sometido a un continuo estrés, a los vaivenes propios de un cambio de pontificado, del inicio de un nuevo ciclo, donde hay fuerzas que se resisten al cambio y agentes que tratan de irrumpir con la vitola de ser los paladines de un nuevo estilo. El PP de Sevilla es un paciente al que la estructura regional no consigue monitorizar, no logra controlar sus pasos, ni vaticinar sus querencias. El PP de Sevilla vive en continuas contracciones, a la espera de un parto que nunca llega. Funciona sufriendo. Es imposible algún augurio a largo plazo. Cualquier anuncio de futuro que no se pueda materializar en poco tiempo resulta poco creíble. Humo. Zoido se ha ido y su marcha ha desencadenado una suerte de proceso sucesorio en el grupo municipal, avanzado y retransmitido en directo por este periódico en su edición digital a mediodía del pasado jueves. Todo es interino en el PP y en el Grupo Popular. Nada es fijo. El pujante sector crítico logró el jueves una portavocía adjunta y –tal vez lo más importante– consiguió que el nuevo organigrama se acordara tras un debate de tres horas. Una sesión tan larga fue la prueba palmaria del fin del cuaderno azul, aquella libreta que simbolizaba la política digital de la era aznariana: la elección a dedo de los sucesores y delfines en un partido eminentemente presidencialista.

Hasta el mismo Arenas, consciente de que ya pasaron sus días de vino y rosas, anda remangado para lograr que los suyos sean fuertes en la plaza sevillana. Los críticos no pudieron frenar el jueves que el portavoz principal en el Ayuntamiento sea un oficialista, Alberto Díaz, ex jefe de gabinete del alcalde Zoido. Los críticos hubieran preferido, al menos de boquilla, a la concejal María del Mar Sánchez Estrella para dejar así en la reserva activa (activísima se podría decir) al verdadero aspirante a candidato a la Alcaldía en 2019: Beltrán Pérez. El pecado de Sánchez Estrella fue, tal vez, postularse en exceso para el cargo. Un pecado, en cualquier caso, perdonable en el mundo de la política tras cumplir alguna penitencia liviana.

El presidente provincial, Juan Bueno –la cara amable del aparato– jugó con los tiempos. Estuvo hábil hasta que se le vieron las cartas (marcadas). Sus prisas lo delataron. ¿Por qué había que dejar reorganizado el grupo municipal ese mismo jueves? Porque si esperaba un día más ya no dispondría de la mayoría necesaria (siete sobre doce) para sacar adelante su plan, pues la salida de Gregorio Serrano y Curro Pérez (oficialistas fichados por Zoido para Madrid) lo dejaba en cuadro de inmediato, por mucho que hubiera forzado la presencia de Jaime Ruiz, que todavía no ha jurado el cargo de concejal. Ruiz avaló el plan de Bueno sin entusiasmo: “No es mi propuesta pero la apoyo por respeto al presidente del partido”. Si Bueno esperaba la llegada de los sustitutos, la cosa se le ponía aún más fea, pues ya calientan en el andén Rafael Belmonte (vicario general de la causa beltraniana) y Carmen Ríos (crítica con el zoidismo). Bueno metió la directa, afrontó y forzó una reorganización a paso de mudá. Gregorio Serrano, que a esas horas aún ocultaba su condición de flamante director general de la DGT, pidió “respeto” para el presidente provincial. Los críticos, que comenzaban a olerse que el barco oficialista sufría vías de agua, pidieron retrasar la reunión para repetirla cuando ya se pudieran sentar en la mesa los doce concejales que, de verdad, iban a representar al PP en los dos años y medio de mandato que aún quedan. Pero Bueno quería a toda costa dejar los deberes hechos antes de que Zoido confirmara sus fichajes hispalenses, los que iban a dejar a Bueno sin garantías de éxito.

La consecuencia del inminente desembarco de Belmonte y Ríos es que el oficialista Alberto Díaz será un portavoz que dirigirá el Grupo Popular en aparente minoría, será una especie de Rajoy del palomar que tendrá que dialogar cada día, cada minuto, cada instante. No con el PSOE, sino con los suyos. Porque corre el riesgo de ser revocado en cualquier momento. Para dejarle claro que es un portavoz en situación de supuesta fragilidad, los críticos se movieron en la misma mañana del viernes. Se sintieron estafados por Bueno, que no reveló el jueves que Serrano y Pérez tenían ya un pie en el AVE para mudarse a Madrid. Hasta la Secretaría del Ayuntamiento llegaron los amagos para revertir los nombramientos. Bastaba con que cinco concejales retiraran sus firmas del acuerdo alcanzado el día anterior. Con el amago enseñaron la punta del cañón, exhibieron el músculo. Y nada más. Entre los oficialistas hay quien asegura que, en realidad, carecían de las firmas suficientes.

La estructura regional pidió paz, suplicó un período de calma tras meses de convulsión. Derrocar al nuevo portavoz era técnicamente posible, pero el escándalo estaba servido. El PP de Sevilla sería, de nuevo, un avispero a dos meses del congreso nacional. Y, sobre todo, en fechas muy próximas a la elección de los compromisarios que habrán de representar a la provincia en esa cita de febrero en Madrid.

Díaz se comerá los polvorones como portavoz mientras la regional siga frenando el empuje del ariete de los concejales críticos, auspiciados desde la Diputación por la correosa portavoz Virginia Pérez, y dirigidos desde Madrid por el lince Arenas. Díaz es un hombre de José Luis Sanz, el senador y alcalde de Tomares al que su pueblo hace tiempo que se le queda pequeño. El cariño de la regional por todo lo que huela a Sanz es más bien escaso, pero el PP andaluz no quiere más frentes abiertos. Moreno Bonilla no tiene ningún entusiasmo por Zoido, al que culpa en buena parte del rechazo que sufre en Sevilla, ni por Sanz, al que Zoido aupó a la condición de aspirante a presidente regional con un sonoro fracaso. Pero la regional prefiere a Díaz de portavoz durante un período pacífico que sufrir otra crisis como la del pasado verano. Díaz, por el momento, ha comenzado a entrevistarse cara a cara con los concejales críticos. Ha encontrado, en principio, buen talante y ganas de trabajar en armonía. El nuevo portavoz del PP es consejero de Emasesa, la joya de la corona de las empresas municipales. Parece que seguirá siéndolo. Yque respetará el puesto de María del Mar Sánchez Estrella en el patronato del Alcázar. Los cambios que haga, en las empresas municipales o en el equipo de asesores, están por ver. Ahí se percibirá si es un portavoz con las manos libres, o tutelado desde el Ministerio del Interior. De lo que no hay duda es de que conoce los errores del zoidismo.

Beltrán Pérez, hoy portavoz adjunto de su formación en el Ayuntamiento, querrá ser el portavoz principal más pronto que tarde. El caso es que no se lleva mal con Alberto Díaz. Desde la pasada Feria, como se aprecia en la imagen que ahora ve la luz, establecieron una conexión bendecida por el propio José Luis Sanz. En cuanto Sanz tuvo conocimiento del primer acto de los críticos, ocurrido el mediodía del Miércoles de Feria en la caseta Los Manijeros, sabía que el personaje clave, con el que se medirá tarde o temprano, era Beltrán Pérez. Díaz estuvo con Pérez el martes de Feria, con Rafael Belmonte como testigo. Y Sanz y su fiel Díaz acudieron a la caseta particular de Beltrán Pérez el mismo miércoles por la noche. Ambas partes siempre han tenido la interlocución abierta en los meses más duros de empuje de los críticos.

El posible salto de Sanz a la política municipal en Sevilla, opción ya apuntada en estas páginas en varias ocasiones, pasa por varios requisitos. Que se quede limpio cuanto antes de cualquier nuevo frente judicial. Que recupere el poder orgánico, por lo que tendría que ser de nuevo presidente del PP hispalense, ya lo fue en un período notable. Y que sepa convencer al electorado de que hoy se puede ser alcalde de Tomares y mañana aspirar a la Alcaldía de Sevilla. Sanz es un tipo criado en el casco antiguo y hermano muy antiguo en San Isidoro, por lo que goza del marchamo capitalino, otra cosa es que el padrinazgo de Zoido para esa aventura sea el adecuado.

El Zoido de 2016 es ministro, pero no es el Arenas del 96 al 2004. Zoido no tiene influencia en los designios del partido como la tenía el de Olvera en sus buenos tiempos. Ya se vio cuando el ex magistrado fue presidente regional interino, un período negro en una trayectoria política que alcanza ya las dos décadas. El peor favor que Zoido puede hacer a su amigo Sanz es promocionarlo para ser alcalde de Sevilla. Incluso hacer como que lo hace. Ocurre que Zoido ha aprendido de Arenas todo lo que sabe de política. Como diría Malú en su canción de éxito:“Me has enseñado tú. Tú has sido mi maestro para hacer sufrir. Si alguna vez fui mala lo aprendí de ti. No digas que no entiendes como puedo ser así…”. Zoido ha visto a Arenas hacer y deshacer en Andalucía y en Sevilla desde los despachos de Madrid. Eso le influye. Es determinante. Pero Arenas podía permitirse aquellas acciones por dos razones: había creado escuela, todos eran sus discípulos, por lo que tenía autoridad moral, y además siempre conseguía perpetuarse en alguna plaza de poder orgánico e institucional en Madrid. Zoido no ha creado escuela, más allá de tener una cuadrilla de fieles (Gregorio Serrano y Curro Pérez) y no se ha perpetuado en el poder. Más bien al contrario, los lodos de hoy del PP sevillano proceden del barro de haber perdido la Alcaldía de los 20 concejales. Cuando el poder sale por la puerta, las uniones en los partidos saltan por la ventana. A la vista está.

Mal haría Zoido en jugar a ser Arenas a la hora de ejercer de árbitro en el PP sevillano por mucho que el Ministerio del Interior sea una plaza de una indiscutible importancia. Zoido se puede salvar a sí mismo. Por su currículum, por su encanto personal para ganarse a Cospedal como se ganó en su día a Arenas, por su inteligencia de hombre de pueblo y por su pericia para hacerse el sueco. Pero no puede salvar a los demás ni erigir nuevos candidatos. Por el momento no goza de esa potestad. Tuvo una gran oportunidad de convertirse en ese político total del PP en Andalucía, creador de nuevas figuras. Pero no quiso. Rajoy aún está esperando que Zoido le diga en una conversación privada que su sucesor como máximo responsable del partido en Andalucía era Sanz. Esa petición, realizada en firme y con rotundidad, hubiera puesto a Rajoy en un serio compromiso, pues se la hubiera hecho quien ostentaba en ese momento la presidencia regional del partido y la Alcaldía que se había convertido en el estandarte del municipalismo para el PP. Zoido nunca dio ese paso, más allá de referencias en contextos mitineros.

Los nuevos tiempos en el PP no tienen ya el azul de ninguna libreta. Todo lo ocurrido en la formación hispalense en los últimos meses prueba que buena parte de los cargos y militantes han perdido ese respeto reverencial por el aparato del partido, que ahora se ve vulnerable y que es heredera de una estructura incapaz de haber conservado el poder municipal que se logró de forma tan brillante. No se equivocaron José Luis Sanz ni Alberto Díaz en abrir la interlocución con Beltrán Pérez en aquellos días de Feria. Los hechos demuestran que Díaz está condenado a entenderse con los críticos en el Grupo Popular. Y que los críticos tienen que medir su fuerza, ahora que en el Ayuntamiento la van a tener con más intensidad que antes, para no aparecer como políticos con un apetito voraz de poder. Ysi Sanz quiere bajar de Tomares a Sevilla es mejor que construya el teleférico prometido. Porque ya no hay ministro que tenga un dedo tan poderoso. Los emperadores desaparecieron como los dinosaurios. Hasta hay uno que fue vicepresidente del Gobierno que sigue enredando las madejas aparentemente menos importantes. Se toma la molestia en hacerlo. Vivaquea todo lo que le dejan. Ojo al tipo. Arenas no estaba muerto, estaba de parranda. El de siempre, el que los enseñó a todos. El maestro Yoda del PP andaluz. Sigue descendiendo al foro donde se eligen los portavoces de la oposición municipal. Quizás porque sabe que el poder se construye de abajo hacia arriba. Los cuadernos azules ya no señalan desde arriba a los que mandarán desde abajo.
Sev.

El PP se reorganiza para el tardozoidismo

Carlos Navarro Antolín | 18 de noviembre de 2016 a las 5:00

alberto díaz.jpg
Tres horas de reunión en la sala de juntas del palomar con algunos momentos de tensión. Tres horas que revelan que las cosas ya no se gestionan como antes. Los nombramientos hay que debatirlos, justificarlos y hasta confrontarlos con otras propuestas. Tres horas en las que el PP ha afrontado, por fin, el inicio del tardozoidismo, la etapa en la que, debidamente rearmado, deberá establecer una hoja de ruta para ejercer la oposición al gobierno en minoría del socialista Juan Espadas. El presidente de los populares sevillanos, Juan Bueno, citó a los once concejales y a Jaime Ruiz, que entrará en el lugar dejado vacante por el propio Zoido, para someter su propuesta de reorganización a la consideración de los presentes: Alberto Díaz como portavoz y María del Mar Sánchez Estrella y Beltrán Pérez como portavoces adjuntos. Bueno tenía prisa, quería zanjar pronto este proceso de transición interno, pero se topó con una reunión de tres horas porque los críticos, sin acritud pero con cierta firmeza, hicieron valer la opción de Sánchez Estrella como portavoz principal. Los críticos también querían retrasar los nombramientos, pues ya daban por hecha la dimisión como concejal de Gregorio Serrano, que asumirá la Dirección General de Tráfico (DGT) en el equipo de Zoido. Si Serrano se va, argumentaban, mejor esperar a tomar ciertas decisiones cuando se sepa con precisión cuál es la conformación del grupo de concejales que trabajarán en el Ayuntamiento los dos años y medio que restan de mandato. Pero Bueno tiró hacia delante y forzó su plan con éxito. Se aprobaron sus nombramientos por consenso, como él quería, y sin necesidad de votación, lo que tal vez hubiera evidenciado una fractura nada aconsejable en el seno de un partido que lleva demasiados meses en situación de estrés.

Juan Bueno coloca al frente del principal grupo de la oposición a un político curtido en los despachos del PP, conocedor de los entresijos de la sede nacional de Génova y, por supuesto, de la sede provincial de la calle Rioja. Y, además, por encima de todo, Alberto Díaz conoce de cerca las virtudes y defectos de los cuatro años del zoidismo con mayoría absoluta. Fue el jefe de gabinete del alcalde Zoido, testigo directo de cómo se gestionaban los expedientes más importantes y delicados del Ayuntamiento. Díaz maneja como nadie el who is who del período de mayor poder municipal del PP sevillano. Su principal padrino es José Luis Sanz, senador y alcalde de Tomares, una de las referencias más sólidas del PPen la provincia, un territorio donde el centro-derecha sevillano no anda precisamente sobrado de estandartes.

Díaz y Sanz se entienden con la mirada. Y ambos han cuidado sus relaciones con ciertos componentes del sector crítico por si había que alcanzar acuerdos, como finalmente ha ocurrido con Beltrán Pérez, que representa a los conocidos como manijeros en el Ayuntamiento. La otra portavocía adjunta es asumida por María del Mar Sánchez Estrella, ex delegada de Cultura, que en las últimas fechas aspiraba a lo máximo. De hecho, concurrió a las elecciones como número cuatro, mientras que Díaz lo hizo como séptima y Pérez como undécimo. Sus ansias por ser portavoz principal han sorprendido al propio aparato del partido.

Por Zoido ingresa Jaime Ruiz, hombre de disciplina absoluta en el partido que preferiría quedarse en su actual puesto en el Tribunal Económico y Administrativo, pero al que han rogado encarecidamente que tome posesión del acta de concejal para impedir que los críticos se hagan con la mayoría en el seno del grupo. Por Serrano entrará el abogado Rafael Belmonte, persona de la máxima confianza de Beltrán Pérez y, en consecuencia, alineado con la corriente crítica que aboga por un cambio radical en ciertos planteamientos de gestión en el partido. Belmonte es un profundo conocedor de la sociedad civil sevillana y fue colocado por Zoido al frente del nunca fácil Distrito Bellavista-La Palmera.

Zoido seguirá influyendo en la reorganización del PP sevillano, porque ha nombrado jefe de gabinete a Curro Pérez, al que recuperó para la política en 2006 cuando inició su etapa municipal. Sustituye a Pérez como concejal la ex delegada del Distrito Los Remedios Carmen Ríos. De momento, Juan Bueno sigue al frente del partido, como mínimo hasta el congreso provincial que tendrá lugar a final de curso previsiblemente. Será en ese congreso donde se vea el verdadero reparto de fuerzas entre el sector oficialista (amadrinado por Dolores de Cospedal) y el crítico (impulsado por Arenas), así como la capacidad de entendimiento entre un bando y otro.

El éxito de Juan Bueno ha sido sacar por unanimidad su propuesta. El de los manijeros ha sido provocar la reunión y que dure tres horas. En otros momentos, las designaciones hubieran sido digitales. Y anunciadas por teletipo.

Días intensos en el palomar del PP

Carlos Navarro Antolín | 17 de noviembre de 2016 a las 5:00

Foro Joly con Soraya Sáez de Santamaría, Portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados. Presentado por Javier Arenas
LOS movimientos internos para la reordenación del Grupo Popular en el Ayuntamiento se intensifican desde la marcha de Juan Ignacio Zoido. La edil María del Mar Sánchez Estrella se mueve para ser la nueva portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento, según confirmaron ayer fuentes oficiales del partido. Hoy mismo, de hecho, ofrece una rueda de prensa sobre asuntos de patrimonio histórico con la que alcanzará una notoriedad clave en unas jornadas especialmente sensibles en el palomar, que es como se conoce popularmente a las dependencias del partido en la Casa Consistorial.

Sánchez Estrella, amiga personal de Zoido y ex delegada de Cultura, tiene buena relación con el grupo de cinco concejales que forman parte del sector crítico, encabezados en el Ayuntamiento por Beltrán Pérez, por lo que podría ser la candidata de consenso que encajara en los planes del presidente del PP de Sevilla, Juan Bueno.

Bueno prefiere el consenso antes que someter la elección del portavoz a una votación, lo que siempre entraña riesgos, de ahí que esté consagrado estos días a cambiar impresiones con cada uno de los concejales (en un contexto de más o menos formalidad) con el objetivo de pulsar sus opiniones y preferencias. Bueno, que ostenta el cargo de presidente del grupo municipal por ser el presidente provincial del partido, no ha esperado a que se oficialicen los posibles fichajes sevillanos del ministro Zoido, unos fichajes que, sin duda, tendrían una gran repercusión en la reordenación del grupo si, por ejemplo, el ex alcalde tira de algunos de sus afines para el Ministerio de Interior, como pudieran ser los casos del actual portavoz adjunto, Gregorio Serrano, o de Alberto Díaz, hoy concejal y que fue su jefe de gabinete en los años de alcalde.

Si la opción de Sánchez Estrella saliera adelante, Bueno puede habilitar dos portavocías adjuntas con las que guardar los equilibrios entre oficialistas y críticos, como ya hizo el PSOE en la última etapa de Monteseirín. Ocurre también que la opción de Sánchez Estrella no cuenta con todos los apoyos dentro del propio sector oficialista, donde hay quien considera que se está moviendo demasiado para postularse al cargo en unos tiempos en los que, precisamente, conviene tener más “paciencia” que nunca.

El Grupo Popular ya ha pasado por situaciones de interinidad muy similares. La última vez fue cuando Raynaud dimitió en el verano de 2006 y el PP decidió que la edil Alicia Martínez asumiera la portavocía de forma interina, mientras Juan Ignacio Zoido se preparaba para sus primeras elecciones municipales. En las filas oficialistas, algunos sí ven a Sánchez Estrella como la portavoz interina idónea, pero otros del mismo sector advierten que ella no oculta que se ve para empresas mayores, por lo que alertan de la posibilidad de que, al final, la conflictividad esté garantizada a medio plazo.

Lo único confirmado ahora mismo es que el río está revuelto. El presidente provincial no disimula cierta euforia. Bueno va últimamente mucho a Madrid, donde recibe mucho cariño, como le ocurrió en la toma de posesión de Montoro como ministro. Serrano y Díaz guardan silencio. Y Sánchez Estrella se mueve.

El primer tropiezo

Carlos Navarro Antolín | 13 de noviembre de 2016 a las 5:00

09/11/16  Champions for Life Castro Haro Tebas.
LA voz se oyó con firmeza. El aviso no procedía de Houston, sino de un despacho con ventanal hacia la Plaza Nueva:“Alcalde, tenemos un problema”. La primera gran operación del mandato, tasada en más de seis millones de euros, se ha ido al traste en un plisplás. No se trataba de un anuncio, de disparar cohetería ruidosa y deslumbrante como la reforma del Puerto. No. El objetivo era muy tangible: comprar la Casa Fabiola y adquirir un tercio de la sede del gobierno amigo de la Junta en la Plaza Nueva. La primera se ha salvado por los pelos. Y la segunda, la más cara, se ha ido al traste con luz y taquígrafos, como diría el nuevo ministro que amaga ya con pasarse más tiempo en Sevilla que en Madrid. A Espadas lo han dejado solo cuando quería cerrar la compra de parte del edificio de la Consejería de Gobernación. ¡Socios de investidura, para que os quiero! Lo han dejado solo, sin fuelle, sin crédito político, con la cara entristecida como el empresario que gana unas perrillas y el banco no le fía para comprarse el local de al lado. Tantos meses preparando la operación con los técnicos de la Junta y tantos meses calculando de qué partida detraer nada menos que 6.080.000 euros para que, al final, ni Participa Sevilla, ni Izquierda Unida, ni los chicos aseados de Ciudadanos apoyen la iniciativa. “Tenemos un problema”.

–Ytanto, Faustino. Esto no lo resuelve ya ni Ignacio Pérez Royo con más hojas de Excel.
Han faltado vista y capacidad de gestión política previa. Una operación de estas características no se puede llevar a un Pleno para perder y menos aún haciéndolo en una convocatoria extraordinaria. Ni siquiera se ha camuflado el desastre en la bulla soporífera de un Pleno ordinario, cuando las ranas de los estómagos de sus señorías croan y croan a la espera de la carretilla de los montaditos.

Se ha expuesto al alcalde a una derrota, tal vez gratuitamente. Una cosa es gobernar en minoría, con todas sus dificultades, y otra forzar las situaciones de tal manera que se evidencien las flaquezas de un ejecutivo de once concejales. El alcalde aterrizó de Londres y pareció que nadie había trabajado previamente los apoyos políticos para sacar adelante las dos operaciones. La única que ha prosperado ha sido posible gracias a la abstención de los ediles del PP. El alcalde socialista ha salvado los muebles de la operación de la Casa Fabiola gracias a la denostada derecha, entretenida estos días en los movimientos sucesorios en el palomar, donde Juan Ignacio Zoido ejerce ya el control remoto. Escuela de Arenas se llama. A Espadas no lo apoyó nadie en la compra de parte de la sede de la Junta en la Plaza Nueva. En Izquierda Unida andan entretenidos con los cortes de tráfico que generan las procesiones. El portavoz, el ex monaguillo Daniel González Rojas, perdió el pasado domingo una magnífica oportunidad para quedarse callado. Con 220.000 criaturas en la calle en torno al Gran Poder, el intrépido portavoz de IU desbarró con una protesta por los cortes de tráfico. Más le valdría tirar de hemeroteca y repasar las intervenciones de aquel portavoz de izquierdas que fue Adolfo Cuéllar, o de los silencios prudentes e inteligentes que mantenía en estos asuntos Luis Pizarro.

Los de la marca blanca de Podemos tampoco apoyaron al alcalde. Nadie avisó a Espadas de que era mejor retirar el punto del orden del día para no exhibir flaquezas. Nadie debió percatarse en la junta de portavoces de que el PSOE se quedaría como el gallo de Morón tras preparar una operación de más de diez millones de euros que obligaba a dos modificaciones presupuestarias. Nadie ha sabido guardar la viña mientras el alcalde daba bandazos por la City. Gobernar en minoría obliga a una negociación constante, a cesiones y pactos continuos, a escenificaciones de apoyos que siempre son transitorios y a medir los tiempos y las acciones porque, precisamente, se trata de hinchar el pecho para parecer que se gobierna con firmeza aunque se ande escuálido de apoyos, como el que se esparce migas en la chaqueta antes de salir de casa para aparentar que ha comido.

Alguien debió avisar a este alcalde a tiempo. Que un PP sin líder le haya salvado la mitad del expediente dice mucho de la improvisación de un Espadas que no controla a la muchachada que le llevó al sillón. Con un presupuesto autonómico rácano para Sevilla y con las baterías bajas para gobernar en el Ayuntamiento, más le vale al alcalde encender pronto el alumbrado de Navidad. Esos días, al menos, se suele quedar callado el portavoz de IU. Y a los chicos de Participa se les habrá olvidado ya la inquietante propuesta de “modernización”del cementerio, una idea que es como la tercera declinación de Griego. Siempre quedará pendiente de que nos la expliquen con claridad.

El alcalde tropieza cuando no se trata de lanzar cohetes, sino de hechos tangibles. El alcalde se queda sin el pisito nuevo en la Plaza Nueva. Yencima tiene que aguantar a su rival resucitado y dando vueltas por Sevilla en el coche del parque móvil de la Delegación del Gobierno. Que Antonio Muñoz ponga ya las luces. Oh, blanca Navidad.

El gran tablao

Carlos Navarro Antolín | 6 de noviembre de 2016 a las 5:00

tablao
PASAN los presupuestos por Sevilla como pasan los camareros de batines blancos tras el banquete de postín y sólo queda en las bandejas la raspa del pescado. Del bombo sólo nos caen pedreas para el tranvía de Alcalá o para el arreglo de puertas y ventanas de los juzgados del Prado. Pasan los presupuestos por Sevilla y en la ciudad del tebeo sólo se quedan Pepe Gotera y Otilio. Silencio sobre la Ciudad de la Justicia, silencio sobre el Museo de Bellas Artes, silencio sobre el Hospital Militar. Silencio, están bailando en el corazón muerto de la ciudad. Sevilla es un gran tablao donde el taconeo ensordecedor tiene enmudecida cualquier voz crítica. Están bailando, están bailando, a la vera del Archivo están bailando. Y cuando Sevilla no baila, se sienta en el velador a contemplar el paso de los días. Silencio sobre el Museo Arqueológico, silencio sobre la red de tranvías del Aljarafe, silencio sobre la ampliación de la red de Metro. Silencio, Sevilla baila en el mismo corazón indolente de una ciudad que muy pronto cumplirá veinticinco años de la Exposición Universal, por cuyo éxito sigue pidiendo perdón y cuya factura sigue pagando entre taconeos y palmas.

Pasan los presupuestos, unos y otros, estatales y autonómicos, y siempre hay alguien que quiere acallar el mínimo llanto con una piruleta. La liturgia de los presupuestos se repite con una ortodoxia siempre marcada por el pimpampún entre los dos partidos y porel silencio de una bancada municipal donde unos están preocupados por no causar molestias en San Telmo y otros han mirado por sus objetivos felizmente logrados en la capital del reino.

Sevilla baila, se deja llevar por el ruido de la calle, se entretiene con el eco de una manifestación en favor de los veladores (se dice pronto), se refugia en la autenticidad de las grandes devociones, se consuela con que no haga mucho calor en este otoño de sol y playa y se traga cada día el espectáculo de unos presupuestos que orillan esos proyectos que pondrían a punto el motor de una ciudad demasiados años al ralentí. Sevilla baila y se acostumbra, feliz, a convivir con la cutrería cotidiana, con la fealdad convertida en norma, con el horror en las narices. Hace demasiado tiempo que Sevilla es una ciudad sin criterio en la que Halloween irrumpe sin encontrar resistencia alguna, como si fuéramos un pueblo deseoso de importar historia y costumbres por carecer de ellas. Hace demasiado tiempo que nadie se acuerda de nosotros para los grandes proyectos que generan economía productiva porque nos saben entretenidos a pie de calle con el primero que ponga la cabra en lo alto de la escalera.

Nos conformamos con poco, tragamos con una hostelería de cada vez peor calidad porque somos clientes poco exigentes, pusilánimes y acomplejados; consentimos que el casco antiguo sea tuneado con el aval de la autoridad, permitimos el uso desordenado e indiscriminado de los espacios públicos. Ni protestamos por no tener más Metro, ni casi nos damos cuenta de que la gastronomía de tapas ya no es ni la mitad de lo que fue. El plato ha sustituido a la tapa como el tranvía ha sustituido al Metro. Nos colocan gatos donde debían correr las liebres. Y ponga usted más picos.

Pasan los presupuestos, queda el machaqueo de unas castañuelas que buscan el donativo del guiri que nos alimenta. Ironías del destino, la Policía impide a tiros que un coche arrolle a decenas de viandantes en la Cartuja. Esta misma isla era hace veinticinco años el símbolo del esplendor recuperado de la vieja ciudad. Hoy es la boca del lobo cuando el sol se pone. Así está Sevilla:cuatro bailando y los demás mirando. Somos un gran tablao donde nadie se queda, todos van de paso. Somos la fuente donde se echa la moneda de cobre para pedir un deseo, pero nadie se fija en nosotros para grandes obras hidráulicas. Terminado el día, nos conformamos con rescatar las perras del fondo de las aguas quietas. Poco más. Somos de raspa, no de besugo gordote. Somos de propina de tranvía, no de red completa de metro. Somos de parcheos en ventanas y paredes, no de nueva infraestructura. Somos de museos a medio gas con los depósitos cargados de cuadros, no de proyectos de ampliaciones para crear una verdadera ruta no ya a la altura de Madrid y Barcelona, sino de Málaga. Somos, al final, como casi todos los restaurantes de la ciudad. Nuestra cocina cierra a las once. Yaceptamos media de jamón como cena y una tapa de queso como postre. Mientras haya baile. Porque, al fin, nadie nos puede quitar lo bailao.

Cospedal se refuerza en Andalucía

Carlos Navarro Antolín | 4 de noviembre de 2016 a las 5:00

Foro Joly. Con Juan Ignacio Zoido presentado por Mª Dolores de Cospedal
ZOIDO ya está en Madrid. La marca electoral de mayor tirón que ha tenido nunca el PP en Sevilla deja definitivamente la etapa municipal que arrancó en 2006 para ejercer como ministro de Interior. El sector crítico del PP sevillano, deseoso de una renovación de cargos con vistas a las elecciones municipales de 2019, anhelaba desde hace más de un año su dimisión como concejal, pero sus componentes quizás nunca previeron que sería en el puesto máximo: sentado muy cerca de Rajoy cada viernes y subiéndose después en el AVE para desembarcar en Sevilla y, por consiguiente, ejercer la influencia propia de su condición. Zoido tiene la escuela de Arenas, por lo que en el caso de Sevilla querrá ser mucho más que un ministro, tratará de jugar sus cartas en el nuevo orden del PP, que resultará de los sucesivos congresos que habrán de celebrarse después de Navidad: el nacional, el regional y el provincial.

El nuevo ministro de Interior nunca se ha entendido con su sucesor en la presidencia del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla. Han convivido sin gritarse, pero poco más. Zoido es templado, no busca los enfrentamientos directos nunca. La verdad es que Zoido frunce el ceño ante todos aquellos que han sido amamantados en las ubres del partido. Siempre mira por encima de hombro a quienes no tienen un oficio garantizado al margen de la política, los que carecen del denominado camino de vuelta. En el fondo es un tecnócrata que encaja bien en los ambientes populistas porque se trabaja bien lo de no parecer un político de derechas.

Prueba de la falta de sintonía inicial entre Zoido y Moreno es que el entonces alcalde no arropó al malagueño en sus primeros comicios autonómicos, cuando el PP cayó de los 50 escaños de Arenas a los escuálidos 33 con los que se mantiene hoy en las Cinco Llagas. Sí acudió en cambio a la sede regional en la noche de las últimas elecciones generales, cuando el PP superó al PSOE en número de votos en Andalucía. Zoido fue uno de los que aupó en hombros al presidente regional en un ambiente quizás excesivamente eufórico.

Entre Zoido y Moreno no ha habido especial química. Moreno considera que Zoido es Sevilla. Y Sevilla es esquiva para Moreno desde el principio. El PP hispalense está sumido en una fuerte crisis interna desde la pasada primavera, fracturado en dos bandos: uno liderado por Javier Arenas y otro por María Dolores de Cospedal. Moreno Bonilla asiste al enfrentamiento sin que se sepa bien cuáles son sus preferencias y sin que, por el momento, obtenga algún fruto de la división. Arenas mueve a sus leales con vistas a los congresos, sabedor de que en esos foros es donde se repartirá el poder orgánico para los próximos años. El lince del PP andaluz se ha quedado fuera del nuevo esquema de poder institucional. Era previsible. Quizás, como decíamos al principio, no lo era tanto que su antiguo ahijado, Juan Ignacio Zoido, ascendiera a tanta altura como para ser, por fuerza, una referencia sólida del PP andaluz en esos cónclaves de los que habrán de salir las nuevas ejecutivas.

Zoido como ministro obliga a Arenas a reinventarse. A hacerle frente a la criatura que él mismo creó a base de sucesivos nombramientos. Y deja a Moreno Bonilla como pasmarote de una operación en la que ni ha pinchado ni ha cortado. El ministerio de Zoido es obra de Cospedal, es cuota de la albaceteña frente a Soraya Sáenz de Santamaría y frente al propio Arenas. De hecho, si por Cospedal fuera, José Luis Sanz, senador y alcalde de Tomares, tendría que haberse presentado al congreso regional del que Moreno Bonilla salió investido como presidente regional: “Juanma, tú lo has querido”, dijo Rajoy en Fibes. Sanz era la apuesta de Zoido para el PP andaluz, una apuesta que Cospedal hizo suya. Pero Sanz no quiso aquel día enfrentarse al dedo del dios Rajoy, trituró los avales y olvidó la singladura regional a pesar de que Cospedal, de acuerdo con Zoido, lo telefoneó para animarle a liderar la lista alternativa.

Desde que se enfrentó a Arenas, Cospedal no ha dejado de trabajarse apoyos en el Sur. Hasta acude a Sevilla en sus días de ocio, como hace desde hace varios años cada Semana Santa. Se hospeda en un hotel del centro, sólo se trata con Zoido y ni siquiera pisa la sede regional para ofrecer alguna rueda de prensa en su condición de secretaria general. Cospedal ha consumado la creación de su gran tentáculo andaluz: un magistrado metido a político desde hace veinte años que sabe desde hace muchísimo tiempo que el poder judicial no es un poder. El poder está en los que tienen capacidad de firma en el BOE.

Las cuadrillas antiveladores

Carlos Navarro Antolín | 31 de octubre de 2016 a las 5:00

1-_91A1356
Antonio Muñoz está como si viviera en un continuo Viernes de Dolores: quitando veladores por las calles del centro. El gobierno se ha dado cuenta de que las batidas contra los abusos de ciertos hosteleros tienen impacto mediatizo. Yhasta hacen de sonajero que distrae al público de otros asuntos de la vida cotidiana. Muñoz saca las cuadrillas antiveladores, que dejan la camioneta al ralentí en las proximidades de la taberna de turno y en un plispás aparecen los tíos cargando mesas, taburetes, banderolas y demás utensilios que convierten la ciudad en la mayor covacha. Hala, todos los cachivaches a la camioneta y arranque usted que ya estamos soltando lastre en el almacén municipal, convertido en el cementerio de veladores. Todo hostelero que oye esos motores encendidos, sabe que no es el tío del hielo, sino los temidos hombres de Muñoz.

La cuota zascandil

Carlos Navarro Antolín | 30 de octubre de 2016 a las 5:00

participa svq.jpg
LA nueva política necesita un lifting exprés. Se arruga a gran velocidad, padece envejecimiento prematuro. Otal vez sus protagonistas pasan demasiadas horas delante del televisor. En Sevilla estábamos demasiado ajenos a las Colaus y las Carmenas, iconos municipales de este nuevo tiempo donde el edificio del sistema no termina de caer, por fortuna, pero tampoco termina de curarse de una aluminosis provocada por el tenguerengue en el que están los grandes partidos. En Sevilla nos hemos librado de la bisoñez y del tinte adolescentoide de la nueva política gracias a que el PSOE de Juan Espadas es, por lo general, bastante moderado, y también gracias a que los resultados de la marca blanca de Podemos en la capital fueron más bien escuálidos después de la alta expectación que habían generado en todo el reino.

Aquí, por ahora, no hay más mareas que las de Matalascañas, ni más marcas blancas triunfantes que las que Pepe Moya Sanabria envía a los estantes de Mercadona. Al menos sí tenemos la cuota zascandil, encarnada por la edil Cristina Honorato, de la que los ujieres de la Plaza Nueva dicen, con rima de guasa, que no termina el mandato. A esta Honorato se le ve el pelo de la dehesa en cuanto goza de la mínima oportunidad. Como la Policía Local no le dejó colar a todos los manifestantes que pretendía introducir en el Ayuntamiento, la Honorato salió por las bravas con eso tan castizo, tan facha y tan viejo como es el no sabe usted con quién está hablando:“¡Soy la autoridad política!”. Eso se llama hacer un Verónica Pérez, la de la máxima autoridad repelida por los seguratas de Ferraz, pero en versión cutre de la Plaza Nueva y sin telediario con eco nacional.

Tenemos a una presidenta del Pleno reprobada por el ídem por saltarse a la piola la Constitución Española y ahora también tenemos a una concejal que es la cuota de la nueva política zascandil. Todo nos llega tarde, debe ser el destino fatal de los pueblos del sur. Por fin tenemos en directo, en el corazón de la ciudad, una muestra de esa política de aula de instituto, de gigantes y cabezudos en manifestaciones dominicales, de pancarta republicana y el tío subido en el monorrueda.

Lo mejor no ha sido la contemplación del episodio de envalentonamiento histérico de la concejal venida arriba cual franquista en primero de octubre, sino la reacción del alcalde cuando se le preguntó por los hechos. Dice Juan Espadas que no tenía sentido que los manifestantes, unos profesores interinos, protestaran en el Ayuntamiento cuando la Administración municipal no tiene competencias en la materia. Del comportamiento despótico de la edil, ni pío, que por algo el voto de la Honorato y sus dos compañeros de filas fueron muy útiles para el día de su investidura. La explicación de Espadas ha recordado, y mucho, a la de Fraga cuando le preguntaron por la polémica nacional que se montó a cuenta del primer caso de una pareja homosexual residente en una casa cuartel de la Guardia Civil. Ante decenas de alcachofas, don Manuel se salió del asunto con su peculiar estilo de negar la mayor:“Siempre he dicho que el modelo de las casas cuartel es un modelo agotado. Ydéjenme pasar, por favor”.

Aún no tenemos pliegos de licitación de la ampliación del tranvía, pero seamos optimistas:van cayendo los veladores como los plátanos de sombra de San Telmo y ya disfrutamos de la cuota zascandil de la nueva política. La concejal que se negó a que sus acompañantes pasaran por el control de identificación, la concejal que interpretó las normas que todos cumplimos como el establecimiento de un “Estado policial”, la concejal que chuleó al agente de la Policía Local como una niñata vociferante de noche de fin de semana, no era una concejal del PP. Es de Participa Sevilla, es la misma que está procesada por la ocupación de una sucursal bancaria en la Plaza de la Campana, es la que adquiere con celeridad los vicios más antiguos de la peor política, como el conductor novel que se salta las rayas continuas y no usa los intermitentes. Es el efecto de la inmadurez (Mamá, quiero ser artista, ser protagonista, oh mamá) o de tenerla como el cemento armado. Lo de siempre. Todo más viejo que el caminar hacia delante. Echamos de menos los gigantes y cabezudos de los domingos y fiestas de precepto. Se pierden los buenos usos. Sevilla se nos va. No hay derecho.

El Despeñaperros de los veladores

Carlos Navarro Antolín | 23 de octubre de 2016 a las 5:00

2-_CHE7998
QUÉ valiente este Ayuntamiento en materia de veladores, qué forma de abrirse la chaquetilla y ofrecer el pecho a la cornamenta del avieso toro de la hostelería, dispuesto siempre a pegar una andanada en cuanto se anuncia cierta regulación del uso de la vía pública. El gobierno de Juan Espadas ha tomado la Campana como estandarte de la lucha contra la ciudad chabolizada, le ha echado coraje a dos negocios de dirección despersonalizada como son las franquicias de las hamburgueserías y a la popular confitería. Bien está, señor alcalde. Bien está, don Juan Espadas, eso de mandar al bueno de Antonio Muñoz con su tropa de inspectores a hacer razzias de mesas y sillas en la Campana, donde dicen que no quedará ni una; y en la Avenida y en la calle San Fernando, donde anuncian que se reducirán en elevados porcentajes. En materia de veladores, uno es muy de Santo Tomás, siempre con el dedito buscando la llaga.

Zoido gestionó la miseria en los años de crisis. Y Espadas tiene que aplicar medidas correctoras por la dejación de funciones de Zoido: poner orden en la Semana Santa, nombrar un jefe de la Policía Local, meterle mano al Vacie y tratar de frenar el caos con los veladores a partir del primero de enero, el día que la gente deja de fumar y, en Sevilla, dejará de sentarse en los veladores. Anoche cuando dormía, soñé, ¡bendita ilusión!, que Urbanismo limpiaba de veladores la Avenida de la Constitución.

De todo cuando ha ocurrido en los últimos días, extraña que el señor alcalde no se haya acordado de la Plaza de San Francisco en el arranque de su ambicioso plan contra la estética de covacha que marca un lugar tan noble de la ciudad, tan próximo a su propio despacho. Antonio Muñoz no dijo ni pío de la Plaza de San Francisco. Ni pío, ni mú, ni esta boca es mía. El mismo alcalde que estuvo raudo en su primer día de gobierno para sustituir el suntuoso sillón de su despacho por un funcional sillón de oficina, no se ha acordado en materia de ordenación de la vía pública de empezar por su propio entorno, donde la firma hostelera de siempre sigue como las tropas de San Fernando en vísperas de la reconquista de Sevilla: exhibiendo todo su poder a las mismas puertas del gobierno de la ciudad. Si en Nochebuena y en Nochevieja apareció la jaima de Gadafi en la Plaza de San Francisco para dar cobijo a los comensales, desprovista la ciudad de inspectores a esas horas donde la calle es Jauja con coheterío, estos días del otoño cálido aparece un puesto donde se ofrecen cachimbas. Cachimbas con vistas a la Giralda, oiga, y con el fondo plateresco del Ayuntamiento, marco incomparable donde suena el eco del con dinero o sin dinero hago siempre lo que quiero y mis veladores son la ley.

En otro lugar del centro, en la calle Luchana, hay un restaurante italiano que cada noche empotra el mostrador auxiliar de los cubiertos en la rejería del templo de San Isidoro, catalogado como Bien de Interés Cultural, que se dice BIC, cristal escribe fino. Y el BIC normal ya se sabe: escribe normal. Algunos estamos esperando la firmeza del delegado Antonio Muñoz a la hora de hacer cumplir la ordenanza bajo sus narices, en la misma Plaza de San Francisco, la que estuvo décadas libre de obstáculos y que en la última década es salón multiusos de la ciudad, aparcamiento de motos y una suerte de zona franca de cierta hostelería que organiza cócteles, planta lamparitas, veladores, mesas auxiliares, parasoles, media Ikea de quita y pon… Y ahora hasta cachimbas. ¿No refiere el gran Muñoz, con más razón que un santo, que hay que reducir las mesas por una razón estética, entre otras? Pues haga también una razzia por esta plaza, que la tiene bien cerquita de su asiento de concejal en los plenos. Cualquier día la web municipal nos ofrece la evolución de la Plaza de San Francisco en streaming, como la tortura de los plenos, pero en plan más divertido, con alguien de la familia pendiente de la pantalla para dar el aviso.

–¡Corred, corred, que han sacado la jaima y las cachimbas! Qué monas esas lámparas y esos aspersores. Qué precioso todo.

La Plaza de San Francisco es el Despeñaperros del plan anti-veladores de Juan Espadas. Aquella anécdota de la locomotora que al llegar a Atocha pegó un resoplío atronador que asustó a los viajeros que circulaban por el andén: “¡Esos cojones en Despeñaperros!”. Ahí, en esa plaza, es donde muchos queremos ver el coraje de un alcalde que confiamos en que no sea blando con las espigas del hostelero de siempre y duro con las espuelas de las franquicias que, al final, nadie sabe de quién son por que todas son iguales por el arte de la globalización.

–¡Óle! Ha rimado.
–Gracias.

En la Plaza de San Francisco es donde muchos esperamos que el alcalde la líe gorda y no haga la vista gorda. Y lo mismo se puede decir del entorno de la Catedral, de esa calle Mateos Gago que prometió reorganizar siendo líder de la oposición, y de la Cuesta del Bacalao, donde la misma firma hostelera tiene la milla de oro de la verdadera unidad del PIB local:el velador. Toda terraza de veladores de la Cuesta del Bacalao ya se sabe de quién es mientras no se demuestre lo contrario. Del tío de las cachimbas, que ya no es Torrijos, sino aquel al que todos temían y se salvó otra vez… por la Campana.

El río, el eterno maltratado

Carlos Navarro Antolín | 16 de octubre de 2016 a las 5:00

navarro.jpg
MOVIDA 1
EL río no tiene esquinas, pero un paseo matutino por las riberas es morir lentamente en ellas con la banda sonora del zumbido de las barredoras de Lipasam, trompetas que anuncian la recuperación de la higiene perdida. El Guadalquivir es a los programas electorales lo que los deportes minoritarios a la televisión:sólo interesan cada cuatro años. Consumadas las opciones de medalla en el hockey, el tiro al plato y el judo, se esfuma como humo de castañas el interés del público de sofá, se produce el apagón hasta los próximos Juegos. Sufridas las promesas de los candidatos sobre el aprovechamiento del río, nada más se sabe hasta los siguientes comicios. Con el río nos han prometido casi de todo: desde una playa hasta una piscina fluvial, desde ser convertido en la calle ancha de Sevilla con catamaranes para ir a la Feria hasta proyectos de dragado que nunca llegan.

La realidad siempre tiene el efecto del mazazo de un péndulo que se venir. La ribera del río es muchas mañanas un gran espejo de las entrañas de la ciudad indolente. El río trae el olor de la mar para los poetas y tiene el sonido de las barredoras para los viandantes, el bufido sostenido de esas sopladoras que retiran la cochambre como el que ordena apresuradamente cuatro libros y estira los cojines arrugados antes de recibir a una visita. Los sevillanos ensucian el río, los políticos lo manosean, Lipasam lo maquilla. El río es el botellódromo que Sevilla no tiene. A las ciudades se las conoce por los mercados, los cementerios, los parques y los ríos. El río al salir el sol es como la carrera oficial cuando cae la noche: un estercolero que exhibe las miserias de la ciudad.

El río es el eterno maltratado. Nunca una ciudad recibió tanto y valoró tan poco lo recibido. El río no interesa más allá del pimpampún del fuego cruzado entre políticos, más allá del interés de los rapsodas por ensalzar las espumas recamadas de sus aguas en los atriles de los ripios, más allá de los destellos de plata que iluminan las fotos nocturnas de la Semana Santa o la velá trianera. Al río le han sacado más provecho los tres clubes privados, los bares de copas y los caminantes contra el colesterol, que la administración pública con todos sus pomposos anuncios que son afluentes de humo que van a morir a la mar de los paneles de las recreaciones virtuales.

La costra matinal del chapapote de plástico, alcohol y vidrio que afea el Paseo Juan Carlos I, el Muelle de las Delicias o la glorieta de las Cigarreras, contrasta con el interés del Ayuntamiento por convertir un tramo de la margen del río en el gran pabellón de recepción de visitantes. Sevilla con los turistas es la señora que se ajusta el moño en el ascensor antes de llegar a casa de los anfitriones, pero que se ha olvidado de repasar unos zapatos con la piel levantada por los bordes y los tacones desgastados.

A los sevillanos en el río no se nos puede dejar solos. El río es para hacer fotos, para ese morir parsimonioso, para esos paseos cardiosaludables entre vómitos, cristales en punta y desechos propios de las noches altas. Por el río entraba lo mejor para la ciudad y en el río se contempla muchas mañanas una de sus peores estampas. No hay sopladoras bastantes en Lipasam para ir amontonando las vergüenzas de la ciudad en un rincón y dejarlas listas para ser recogidas por el camión de la basura. Llévense las vergüenzas a otra parte, que no quiero verlas, que no quiero verlas. Esa hilera de grandes bolsas de plástico negro con todos los desechos recogidos son una suerte de cadáveres de la noche alineados en un pabellón al aire de los que se habilitan tras una catástrofe.

El río es quizás el símbolo más preciso de la ciudad. El contraluz de su lámina aguanta todos los malos tratos. Por su río los conoceréis. Qué bonito el río de Sevilla cuando se va alejando de la propia Sevilla. El río es una calle sin esquinas en la ciudad que tiene esquinado al Guadalquivir. El río de los barbos y de los esturiones soporta a la ciudad de los pájaros de pico afilado. El río de las márgenes emborronadas como la libreta de un escolar inquieto. La ciudad primero sopla y después pasa la sopladora en un eterno tormento de Sísifo con uniforme de barrendero de Lipasam. El río a su paso por Sevilla está para ser visto de lejos, como la torre del pueblo de Juan Ramón. Pasear una mañana por las riberas del Guadalquivir más urbano es adentrarse en los meandros de una ciudad que a base de creerse la más bella no hace más que evidenciar esa indolencia mal disimulada que es propia de la soberbia.