¡Al suelo, que vienen los canónigos!

Carlos Navarro Antolín | 7 de febrero de 2016 a las 5:00

Foto a la Puerta del Perdón
EN la película de las agresiones al patrimonio de Sevilla, que se rueda en sesión continua, el enemigo siempre está dentro. En la fiesta de los toros está en las mismas entrañas, con un empresariado que dispara los precios, unos toreros que gallean por medio de apoderados que multiplican las exigencias salariales y unos ganaderos criando ese torito que sirve acaso para la muleta después de haber perdido las manos en el peto. En las cofradías, el enemigo está también dentro, con hermanos mayores perdiendo el tiempo en bagatelas de logística horaria y un Consejo de Cofradías incapaz de ir más allá del reparto de las sillas. Y en la Catedral, principal monumento de la ciudad, el enemigo descansa en asiento de coro.

Monteseirín se empeñó en hacer inhóspito el centro con una voracidad reformista en años de vacas gordas. Aplicó una política de alejamiento por la que el vecino de los Bermejales prefiere acudir antes a cualquier centro comercial de los barrios o del Aljarafe, porque lo hace desde el garaje de su casa hasta el garaje gratuito de Los Arcos, Nervión Plaza o Airesur, que acudir a unos grandes almacenes del casco antiguo, donde el aparcamiento es caro y hay que soportar atascos en las principales vías de penetración. Para una inmensa mayoría de sevillanos, el centro se ha quedado para los días de Semana Santa y el paseíto preceptivo de Navidad, donde ya no hay camellos en las setas porque estos simpáticos animales carecen del glamour cultural que el edil Antonio Muñoz pretende implantar en el mamotreto de Sacyr.

Monteseirín se obsesionó con hacer del Casco Antiguo el distrito más incómodo e inaccesible, como si volviera a levantar las antiguas murallas. Ahora el Cabildo Catedral, excelentísimo donde los haya, se empeña en afear el templo una y otra vez, en no respetar la estética de sus espacios y en destruir el conjunto de sus perspectivas. El Ayuntamiento quitó hace dos semanas la señal de tráfico estampada contra la Puerta del Perdón. Ahora es el Cabildo el que planta un mupi en esa misma puerta. Es el Cabildo el que siembra el interior de la Catedral de mupis cual Obelix plantando menhires sin orden ni concierto: “¡Están locos estos turistas!”. Dejen la Catedral libre de vallas, abran el Patio de los Naranjos, vigilen la estética de los turistas y no hagan la vista gorda ante los pantalones cortos con tal de cobrar en taquilla, si de verdad se creen sus propias normas.

Ni al prioste de una cofradía con mal gusto, que las hay, se le ocurre destrozar la preciosa perspectiva almohade de una puerta, ni romper visualmente los espacios interiores de esta gran montaña hueca. Ni los toros se pueden dejar exclusivamente en manos de ciertos taurinos, ni las cofradías en manos de la clase dirigente cofradiera embriagada en negociaciones horarias, ni la Catedral en manos de canónigos carentes de sensibilidad ante el mejor patrimonio histórico-artístico de la ciudad. Estos mupis del siglo XXI son las vallas amarillas de los años ochenta. En los seminarios ya no se enseña latín. Ni se inculca el buen gusto. Quod natura non dat…
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Catedrales con interés

Carlos Navarro Antolín | 31 de enero de 2016 a las 5:00

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AHORA se entiende el reciente interés del Ayuntamiento sevillano, siendo alcalde Juan Ignacio Zoido aunque en muchos momentos no lo pareciera, por apropiarse del salmorejo cordobés, al que incluyeron en los catálogos oficiales atrapaturistas como plato típico hispalense. El salmorejo era el sonajero, la primera nave de la armada sevillana por hacerse con el patrimonio cordobés. Anda que no. El objetivo en realidad era la mezquita, con la que están obsesionadas las plataformas laicistas que tienen tanto tiempo libre que lo pierden en las colas del Registro de la Propiedad haciendo balance de todas las propiedades inmatriculadas por la Iglesia, esa vieja enemiga. La derecha sevillana no quería el salmorejo, que es de digestión pesada y pide almax como los palios cuando se mecen pidiendo Campanilleros. La derecha quería la mezquita, la misma que controla el Cabildo Catedral más rico de España. ¿Pero cuántos saben el dinero que maneja la deseada, que no la isla que avistó Colón en su segundo viaje, sino la pedazo de Catedral cordobesa visitada por ilustres personalidades mundiales? La mezquita, a efectos de generar y facilitar información, no supera los test de transparencia a los que se someten las administraciones para luego presumir de resultados o esconderlos como pelusas debajo del aparador. Ocurre como con Abengoa, otro ejemplo de opacidad en los días que vivimos apasionadamente. Los cabildos catedrales de España, que tienen su personalidad jurídica propia, su NIF y todos sus avíos, no están obligados a entregar sus cuentas a nadie. Hasta hay casos de obispos que reciben un simple resumen, pero sin entrar en muchos detalles, sin incluir los números reales de ingresos y gastos. El Cabildo de Sevilla ha sido pionero en presentar sus cuentas.

La Catedral hispalense mueve en torno a los nueve millones de euros al año. La de Córdoba supera de largo los diez. ¿Y los intereses financieros? Aquí arrasa el Cabildo de Córdoba porque probablemente sea la entidad eclesiásticas más potente de toda España. El Cabildo cordobés puede obtener intereses financieros por encima del millón de euros en varios ejercicios, mientras que otras entidades análogas, como el Cabildo Catedral sevillano, se quedan aproximadamente en 25.000; la propia diócesis de Córdoba en unos 300.000; y la Conferencia Episcopal entre 35.000 y 85.000 euros.

Se entiende que Sevilla quisiera penetrar en Córdoba más allá de la lanzadera, ¿verdad?. En Córdoba está la pasta. Los laicistas ven más allá de la arquería bicolor, muchos más.Se pirran por la caja registradora. Quien obtiene más de un millón de euros en intereses en solo un año es que tiene, por lo menos, para comprar unas cuantas toneladas de salmorejo. Por eso proponen una gestión compartida. ¡Yo la vi primero, yo la vi primero!

En Sevilla no hay problema, vivimos al día. La Diócesis está saneada gracias a la Catedral. Los números cuadran y no hay deudas. La Iglesia hace una ingente labor de caridad (del Baratillo) y, al menos, no se depende de los bancos. Trabajo ha costado. En los últimos 25 años ha entrado dinero con las enajenaciones de patrimonio: San Telmo y la antigua Escuela Francesa. En el actual equipo hay un ejecutivo diocesano que hace las funciones de ecónomo. En 2016 se aplica la segunda subida de sueldo a los sacerdotes, que aún así, seguirán recibiendo apenas 700 euros mensuales. Si se trata de transparencia, conviene subrayar que los curas de Sevilla siguen viendo el mileurismo en nómina como un metafísico imposible.

La Catedral de Sevilla es un modelo de autofinanciación gracias al turismo. Se lleva la fama y los premios internacionales. Publica sus cuentas y explica en qué invierte cada euro que recibe de los visitantes de pantalón corto, botellita de agua y camiseta. La Catedral de Sevilla ha convencido porque publica gran parte de sus cuentas y habitualmente difunde las obras de mantenimiento. Por eso las plataformas laicistas la desprecian, hacen la vista gorda, porque saben que la cera que arde da para pocos juegos de artificio. Tan sólo se fijaron en la Giralda por lo simbólico, para ganar algún titular llamativo, cuando el alminar forma parte de la Catedral conjunta e inseparablemente, como los antiguos dominicales de prensa. No hay grandes reservas puestas a rentar, no hay salmorejo. Los grandes dineros de la Iglesia no ya andaluza, sino española, están en Córdoba. Su destino: obras sociales. No hay duda. Pero como en Abengoa: llevan años sin decir nada, sin explicar los criterios de disposición de los fondos, sin someterse a test de transparencia.

Cuando se publicó que los mil millones de pesetas que el Arzobispado recibió de la Junta de Andalucía por el palacio de San Telmo fueron destinados a un fondo de alta volatilidad (Open Found, del BBVA Privanza), se disparó el morbo por preguntarle sobre la cuestión al entonces arzobispo Amigo. Monseñor zanjó la polémica a alegar la parábola de los talentos. Fin de la cita, que decía uno que anda estos días yendo a todos los platós de televisión a los que debió acudir hace cuatro años.

No salir nunca en una foto genera desconfianza. No explicar cuánto dinero se recauda ni a qué se destina, genera deseos de fiscalidad. El día que pedimos perdón por apropiarnos del salmorejo, perdimos metas mayores. La clave estaba en la Catedral, una Catedral con mucho interés. Ni la montaña hueca sevillana, ni los obispados andaluces, ni la Conferencia Episcopal que sale en los telediarios, ni las hermandades sevillanas de relumbrón… La clave está en el salmorejo, que algunos se lo quieren jamar sin haber siquiera ayudado a majar el pan y el ajo. Si por algo le decían el tesorero de Dios a don Miguel Castillejo, aquel presidente de CajaSur que colocó a media Córdoba. Ymientras aquí, pleiteando por tener siempre un cardenal. Vanidad hispalense. La gran Catedral está a golpe de lanzadera.
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Sevilla, se alquila

Carlos Navarro Antolín | 24 de enero de 2016 a las 5:00

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La vieja dama reunió a la familia en el salón de suntuosidad ajada, dorados apagados y vitrinas con platería enlutada por el paso del tiempo. Hacía ya unos años que el marqués se llevó para siempre la llave de la despensa y que el albacea había procedido conforme a lo expresado por el causante y, también, en función de criterios avaros, que ya se sabe qué parte corresponde al que reparte. La vieja dama toma asiento en la silla isabelina, reposa los antebrazos en la caoba de la mesa con esmero para no arrugar el paño de encaje, pierde la mirada en el lienzo de un antepasado con monóculo y bigote de húsar, y comunica a la descendencia:

–Ahora mismo no hay para pagar el próximo recibo del IBI. Os recuerdo que son 18.000 euros. No hay otro remedio que tomar de una vez la decisión.

Yla vieja dama, que ausculta con precisión los tiempos y siempre ha vivido con los pies en el suelo y atenta a la actualidad, pide la venia para alquilar varias partes de la hacienda para bodas y otros actos sociales. El vestíbulo cubierto es muy amplio para los cócteles en días de lluvia, de pie caben fácilmente trescientas personas. En el apeadero pueden servirse los aperitivos de bienvenida en primavera y verano. Las caballerizas, bien arregladas, son idóneas para el gran comedor. Siempre habrá algún gracioso que refiera eso de yantar donde en otro tiempo se han alimentado las bestias, pero Sevilla es la ciudad de la guasa. La mayoría se pirra por estar junto al noble al mismo tiempo que se regodea en sus penurias. Yel almacén, con una pequeña reforma, sirve para las horas de barra libre.

Sevilla es Tara, quemada por la guerra de la crisis económica, con los cultivos arrasados y las cortinas hechas jirones. El alcalde es Scarlett O´Hara en lo alto de un velador:“A Dios no pongo por testigo porque no me deja rojo sevillano ni los chicos de Participa, pero juro que no volveré a pasar hambre”. Y Juan Espadas, dispuesto a todo para reactivar la economía local, pone las zonas nobles de la ciudad en alquiler para cócteles y banquetes. Así recaudará 900.000 euros, casi lo mismo que el millón anual por las licencias de los veladores. Con Espadas será posible dar una copa de empresa en la Puerta de Jerez, donde el catálogo municipal dice que el primer atractivo es la fuente de Híspalis, la que parece sacada de un tanatorio del Aljarafe construido en tiempos de pelotazos urbanísticos con edil de Urbanismo imputado. También se podrá presentar un modelo de coche de alta gama con pedazo de cena para diez mil comensales en la Plaza de España. ¿Prefiere presentar su nuevo perfume en los Jardines de Murillo y tener luego varias mesas altas para servir el Möet Chandon? En este caso lo recomendable es limpiar previamente las ratas allí empadronadas, las de cuatro patas quiero decir. Si lo prefiere, ese acto social que siempre había soñado puede tener su marco incomparable en la ciudad de los marcos incomparables: en los Baños de la Reina Mora, en la Plaza de América (“¡Yo lo vi primero!, dirá Mario Niebla del Toro con el turbante y sus invitados de postín) o en la Alameda de Hércules, la que Monteseirín alfombró de un amarillo más feo que un chino con fiebre, y Zoido directamente no supo qué hacer, entretenido en pensar si estaba bien sujeta la placa que conmemora que un día inauguró un bacalao en Argote de Molina. Literal: un bacalao.

Sevilla se alquila para fiestas como la hacienda de la familia noble venida a menos. Arrendamos los escenarios de la grandeza que un día habitó entre nosotros. El márketin es cruel como un niño y nos dice las verdades: somos un gran salón de celebraciones, los hosteleros de Europa. ¿No montamos un horror llamado Munarco por ser la ciudad de la Semana Santa por antonomasia? Pues vendamos Sevilla como un gran velador. Yel Ayuntamiento, como la familia que tiembla con sólo imaginarse en el BOP por no pagar el próximo IBI, ha hecho el catálogo de plazas y edificios aptos para festines. Pero, ay pena, penita, pena, se han olvidado de la Plaza de San Francisco como la joya de la tatarabuela que no se alquila. Orgullo se llama. Claro, la Plaza de San Francisco ya tiene arrendatario con jaimas y mesas altas desde hace años. Que cambien la letra de la leyenda sobre la ciudad. “Monteseirín me transformó, Zoido me cercó de veladores y mesas altas y Juan Espadas me alquiló pa banquetes y otras gracias”.

El arriolo del palomar

Carlos Navarro Antolín | 17 de enero de 2016 a las 5:00

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LA oposición desgasta más que el poder, sobre todo por la cantidad de horas libres que se tienen para tomar café en los alrededores del Ayuntamiento. Nos seguimos preguntando hoy: ¿A qué se dedicaban los 50 diputados del PP en el Parlamento Andaluz que formaban la particular armada invencible de Arenas, derrotada en la tormenta de la silla vacía del debate? Hoy contemplanos con inocente curiosidad la labor de los doce concejales del Grupo Popular, que ha menguado de veinte a doce como mengua un chaleco de mercadillo tras el primer lavado, con más pelotillas y menos asesores. Los pelotillas no faltan ni en el grupo… Ni en lo chalecos. Aquí mostramos a qué se dedica alguno de los ediles de Zoido: a trazar el camino para que el ex alcalde recupere el bastón en 2019 y ponga a punto la ciudad para 2029. ¡Zoido por fin encarga la elaboración de un modelo de ciudad! Con la de años que despotricó de la teoría del modelo, ahora ya tiene uno. El profesor Curro Pérez ya maneja un borrador con las 92 medidas –¡que son 92 oiga!– para que el zoidismo levante el vuelo. Ya sabemos la razón por la que el aparato del PPno quería a Pérez como portavoz adjunto:para que se dedicara a ejercer de arriolo del palomar, como hace Arriola, el marido de Celia Villalobos, en los despachos de Génova desde hace años, a pesar de sumar más batacazos que éxitos. Si Landa era el intelectual del zoidismo, Pérez es el arriolo, el pensador, el mariscal, el druida que tiene la poción mágica para entonar el volverán banderas victoriosas. Del cómo aprender inglés en tres semanas, al cómo volver a ser alcalde en cuatro años y estar diez más en el cargo.

Me encanta la terminología que emplea el profesor Pérez, por el que es pública mi simpatía, en el documento más valioso nunca conocido en la política municipal. Tengo debilidad por los DAFO, el área controler y, sobre todo, por las líneas verdes, rojas y azules que son la base de una política carioca. Pero no carioca por sus connotaciones brasileñas con recuerdos al cónsul socialista Blas Ballesteros, sino carioca por la de rotuladores de colores que nos va a hacer usar este Panoramix del palomar de aquí a 2029.

¿Y qué me dicen del “agosto de vacaciones”? Eso es precisión, oiga. Y el guiño a la Sevilla costumbrista entre tanto término de escuela de negocios ochentera tiene su valor añadido:“Día de la copa de la Velá de Triana”. ¿La Velá es debilidad o es fortaleza en un análisis DAFO? ¿La falta de papel higiénico en los aseos del Ayuntamiento, por ejemplo, era una debilidad del final del monteseirinato? Está previsto hasta el período de elección del candidato de 2019, pero no dice si el líder regional Moreno Bonilla interviene en el proceso, a pesar de que estos días anda mosca con las referencias de Zoido a su autonomía en la decisión de presentarse de nuevo, o de elegir a su delfín cual Aznar con libreta azul. Cuidado con el malagueño que las mata callando.

Los concejales de Participa e Izquierda Unida se dedican a darle pellizcos de monja al alcalde. Y el alcalde está contentísimo con las ganas de Zoido de seguir hasta 2029. Dicen que Espadas ha descorchado una de Dubois para brindar por la ambición a largo plazo del líder de la oposición. Yen Sevilla, por fin, ya sabemos quién es el arriolo de Zoido. Lo que falta por saber es si el área controler asume el corte del salchichón en la copa de la Velá. ¿El salchichón es fortaleza o debilidad? Me alegro de que me haga esa pregunta.

El peligroso círculo de confort

Carlos Navarro Antolín | 12 de enero de 2016 a las 5:00

Sevilla,01/12/2014.
A mayor decadencia del imperio, más grandes las estatuas. Cuanto más indiscreto es el canto de las sirenas del estómago por el hambre acumulada, más migas de pan impostadas en las solapas del abrigo. Los romanos ocultaban su decadencia. Carpanta maquillaba a duras penas sus míticas ganas de hincarle el diento al pollo asado. En la política actual hay fotografías oficiales que representan a la perfección el drama, gestos que recuerdan a la Roma de la grandeza perdida, y decisiones revestidas de fuerza que recuerdan a la frustración del infortunado personaje de Bruguera al que el plato de comida caliente, al final, siempre le resultaba esquivo.

El portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento y ex alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido, convocó a los concejales en la tarde ayer para comunicarles el nombramiento de Gregorio Serrano como su portavoz adjunto. La cosa tiene mérito. No porque Serrano, veterano de la política municipal, consiga por fin un reconocimiento político (más allá de la sobrecarga de competencias de los cuatro años de gobierno), sino porque Zoido afronta la tarea de tomar una decisión en clave interna. Y lo hace provocando una fuerte contestación que, como siempre ocurre en el PP, queda muda a la hora de la reunión. Zoido en realidad quería proclamar a Curro Pérez como portavoz adjunto a finales de la pasada semana, pero la dirección provincial desautorizó este nombramiento. No se olvide que el presidente provincial, Juan Bueno, lo es también del grupo municipal. Bueno intervino en la sesión vespertina de ayer, en presencia de doce concejales y dos asesores, para proclamar que el nombramiento de Serrano y otros cambios menores de organización interna (pedreas en el reparto de fiscalización de los distritos y otras chucherías de consolación) se había hecho de acuerdo con el partido. Revestido con la estola del aparato oficial, agitó el hisopo para bendecir al nuevo portavoz adjunto mientras el fiel José Miguel Luque sostenía el acetre. ¡Vaya sapo que se traga el bueno de Bueno para mantener prietas las filas! Por lo demás, el presidente provincial dijo unas palabritas de rigor sobre el esfuerzo que espera de todos, la dificultad de la coyuntura política actual, la incertidumbre sobre la posibilidad de unas nuevas elecciones generales y, por último, aludió a los “procesos de renovación del partido” en referencia al próximo congreso provincial.

Con razón Virginia Pérez, coordinadora general del PP sevillano, estaba que trinaba en la mañana de ayer en la Diputación. La Pérez, a la que algunos ven perfiles susanistas en clave conservadora, ya advirtió en la última junta directiva provincial que no quiere personalismos. Y la forma en que Zoido ha tramitado la designación (legítima) de su portavoz adjunto ha rayado en el cesarismo propio de la decadencia en el contexto de un momento político especialmente delicado.

Zoido desprecia los aparatos del partido y tiene escasa consideración por los políticos sin oficio propio o forjados en las filas de Nuevas Generaciones. No tuvo más remedio que respetar el veto a Curro Pérez. Pero ya no iba aceptar más tutelas. Ni tutías, que diría don Manuel. Optó por demorar la reunión hasta el lunes y tuvo que elegir a Serrano, un concejal trabajador y leal a su liderazgo, una pieza sólida de ese círculo de confort que Zoido se ha ido creando en los últimos años y que ha ido recortando los campos de acción de un político que antes no daba ni un voto, ni un tema por perdido. En la orilla deja a Alberto Díaz, número siete de la lista electoral. Y en el limbo del odio africano arrincona a Beltrán Pérez, por el que ex alcalde tiene un problema indisimulado de celos. No hay foto oficial de familia que pueda maquillar la desolación de la mayoría de los concejales del grupo, indignados ayer no tanto por la designación de Serrano, sino por las formas en las que se ha tramitado su nombramiento. Muchos preparan ya ese plato frío que no falta nunca en los fogones de la política: la venganza.

El día de ayer aún podía mejorar. Y lo hizo. Zoido anunció en la reunión a puerta cerrada que ha encargado a Curro Pérez –abróchense los cinturones– nada menos que la redacción de un plan estratégico de trabajo del grupo municipal con vistas a 2029. Se trata de preparar la ciudad para el centenario de la Exposición Iberoamericana. ¡Largo me lo fiáis, amigo Sancho! El plan tiene como objetivo prioritario recuperar el poder municipal en 2019 para afrontar después una década de trabajo que deje a Sevilla lista para la gloriosa efemérides. El humo que despide el polo químico de Huelva (va por usted el guiño, Curro Pérez) se queda corto con el venteado ayer en el palomar por el ex alcalde de la ciudad. Ahora que Zoido se marcha a Madrid (decadencia), más ambiciosos son los objetivos fijados (altas las estatuas). Las caras no estaban para chistes ni pantomimas trazadas en hojas de ruta a trece años vista.

El círculo de confort ha absorbido al líder, ha terminado por empequeñecer la figura del político, del dirigente que fue durante dos años la referencia indiscutida del centro derecha andaluz tras años de trabajo a destajo en las que se forjó un perfil de simpatía que convenció a muchos votantes de los barrios tradicionalmente de izquierdas. Pero después vinieron los incumplimientos (más de 60.000 votos perdidos en cuatro años), las frivolidades como ciertas concesiones de medallas de la ciudad, las fotos en el Hola en bodas de chisteras y en otros saraos repletos de agradaores (alejamiento del votante de barrio) y, cómo no, la nefasta aventura de la presidencia regional. Sevilla no es generosa a la hora de administrar el perdón, de ahí el batacazo de las urnas en las municipales. No toda la culpa es de Rajoy. Y presumir de victoria en número de votos es tan legítimo para el consumo interno como irrisorio en los foros públicos.

Tras el teatro de la reunión, copichuela del grupo municipal en un pub irlandés con asistencia de los tres ediles que han dimitido hasta ahora por muy distintas razones: Asunción Fley, Javier Landa y José Luis Vargas. Todos regalaron al ex alcalde un Giraldillo para que le acompañe en su nueva etapa como diputado en Madrid. Las Cortes se constituyen esta semana. Guardando la viña se queda Serrano, un apasionado de la política municipal al que muchos de los suyos no le harán la senda fácil al activar el google a la búsqueda de mochilas en su gestión, ya sea en Fitonovo o en los gastos de la Asociación para la Promoción Exterior de Sevilla.

La función continúa. Unos cultivan el jajajá en público y otros afilan la daga en privado. Carpanta nunca se come el pollo, pero disimula esparciendo migas como portavocías adjuntas en tiempos de penuria. Se nos rompió Sevilla de tanto usarla. Políticos, política.

Una señal imperdonable

Carlos Navarro Antolín | 10 de enero de 2016 a las 5:00

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LA misma ciudad que entierra los contenedores en el casco antiguo por motivos estéticos –que hay que ver la manía de cientos de alcaldes de España por meter bajo tierra los cubos de la basura como si se tratara del vellocino de oro de la gestión municipal– consiente que los alrededores de su primer monumento huelan a heces de caballo y fritanga, presenten la tonalidad multicolor de los asientos de sus bares (naranjas, amarillos, grises), sufran espacios intransitables y, como puntilla certera, coloquen señales de tráfico donde más daño se provoca a la perspectiva de una de sus particulares joyas. ¿Se puede afear aún más el entorno de la Catedral de Sevilla? ¿Es posible provocar una degradación mayor? Sin necesidad de estar revestido con camiseta ni de alzar el puño, se puede contestar con la resignación de un ejército vencido: sí se puede, claro que se puede. La señal de dirección obligatoria hacia la izquierda rompe una de las vistas más preciosas de la Catedral, la que permite recorrer la calle Hernando Colón con la Puerta del Perdón en lontananza, recreando la traza urbana del mercado de la seda que ambientaba los alrededores de la antigua mezquita al ser uno de los escasos vestigios del primitivo templo musulmán.

La normativa de rótulos reversibles, los preceptos sobre las reformas no agresivas y el blindaje de los elementos dignos de protección se quedan en papel mojado, con el mismo nivel de seguridad que ofrece la cerradura de la hucha de un crío. Los proyectos de cascos urbanos habitables y otras monsergas terminológicas perecen en el discurso de carril del político de turno, sin que nadie examine con el paso de los años qué fue de aquellas buenas intenciones que un día fueron venteadas y sacrificadas en el altar del cortoplacismo del programa electoral de un partido. Queríamos abrir la Catedral de noche, como en Córdoba, y aún no hemos sido capaces de respetar su fachada exterior, de crear una conciencia en los ciudadanos que provoque el grito de Münch ante semejantes tropelías; que genere en los empresarios de la hostelería un sentido de la responsabilidad que les mueva a cuidar la estética del edificio que, al fin, genera su clientela; que obligue a la autoridad eclesiástica a ser más exigente con los poderes públicos, como cuando en los años noventa clamaba contra los humos de los autobuses de Tussam que ennegrecían las portadas de la Avenida. Qué ironía se aprecia ahora con la nitidez del paso de los años. Mientras el Estado invertía millones en limpiar las fachadas de la mugre provocada por los tubos de escape de los autobuses urbanos, el Ayuntamiento sentaba las bases para convertir la Avenida de la Constitución en una sucesión de obstáculos y cachivaches, en un escenario despersonalizado, con una hostelería carente de carácter genuino, mimetizada con la de cualquier población de medio pelo; en un lugar inhóspito, fruto de las ansias de notoriedad de un alcalde en años de vacas gordas.

La fealdad ha hecho metástasis en los aledaños de la Catedral, con el consentimiento del poder civil, sabedor de que el cuidado del patrimonio no genera votos, y el silencio del poder eclesiástico, más preocupado en no causar el más mínimo conflicto, en no tener roces, en no dar lugar al qué dirán. Un día se cerró el Patio de los Naranjos al libre acceso del público. Nadie dijo nada, cuando era la plaza pública más hermosa de la ciudad, convertida desde entonces en lugar de relax para turistas con callos, en el final al aire libre de la visita de pago. Otro día llegaron las losas de pizarra, que se resquebrajaban a golpe de casco de caballo. Alguien se metió el dinero en el bolsillo con la venta de las losas gallegas. Nadie dijo ni mú, nadie asumió responsabilidades. Nadie sabe dónde están las losas de Tarifa. Con el paso del tiempo, cientos de veladores y decenas de freidoras y paelladores a toda potencia marcan los alrededores del principal atractivo de la ciudad. Entonces, hace muy poco tiempo aún, sí hubo un alcalde que admitió que había que abrir la mano con los bares para generar alivio en plena crisis económica, hacer la vista gorda en una suerte de dejar que la muchachada bebiese un poco más de la cuenta y se burlase de la vaquilla pues eran las fiestas del pueblo y por una vez no pasaba nada. Y prometió, horror de los horrores, que un concejal se dedicaría expresamente al cuidado del entorno de la Catedral. Se trataba del mismo concejal que estaba esos meses rehabilitando (es un decir) una casa catalogada de la calle San Fernando, interviniendo sin licencia, cargado de denuncias vecinales y con un dictamen contrario de varios arquitectos, entre ellos el prestigioso Rafael Manzano. Como si el problema de la Catedral fuera de concejales, de mesas o de comisiones. ¿Saben, por cierto, en qué estaba convirtiendo la casa? En un bar, naturalmente.

Sevilla le ha perdido el respeto a la Catedral, a la que tiene como hija desahuciada, o madre envejecida orillada. Ni se respeta ni se quiere aquello que no se conoce. Esta señal de tráfico, clavada como un rejón en la ruda piel de pizarra y que destroza la contemplación de la Puerta del Perdón, simboliza la falta de mimo de una ciudad por su acervo histórico, deja en evidencia la labor de las comisiones de patrimonio, que tan sesudamente hablan de las “contaminaciones paisajísticas” cuando se ponen serias ante el débil (traslado de la fuente de la Encarnación) y mansas ante el fuerte (mamarracho arquitectónico de la calle Santander).

Esta señal evidencia el carácter de una ciudad que superó la prueba del nueve de la indolencia la mañana en que desmontaron el Giraldillo y nadie se dio cuenta. Daba igual. Es el escupitajo chulesco que la ciudad echa desde la cubierta del barco en días de viento contrario. El salivajo se le acaba estampando en la cara como un bumerán que castiga su altanería. La ciudad cree seguir siendo la más bella, con el mejor río y los monumentos de valor más incontestables, mientras aumentan los pastiches, las ratas pueblan los paseos fluviales y los monumentos acaban caricaturizados. Sevilla es feliz en su postal, cuando en realidad es una señora venida a menos que cada día necesita más intervenciones de cirugía y más horas ante el tocador para convencerse de que está presentable.

La polución generada por los autobuses de Tussam debilitaba la piedra de la Catedral en los años noventa, hasta caerse a cascotes en un proceso de arenización alarmante. La cochambre de diversas características que hoy la rodea como un cinturón de colores chillones, la despelucha como un perro abandonado, carente del cuidado cotidiano, en un proceso de chabacanización notorio. Los canónigos que en su día cerraron el Patio de los Naranjos alegaron falta de seguridad. Tal vez hoy deba seguir cerrado. Por ignorancia de sus usuarios.

Gadafi en el Laredo

Carlos Navarro Antolín | 3 de enero de 2016 a las 5:00

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SI la calle era de Fraga, la Plaza de San Francisco es de Robles. Esta plaza es como el salón de su casa. Ríanse del Salón de Écija, que es como llaman los astigitanos a la zona cero de su vida urbana. La Plaza de San Francisco es el salón de Robles. Y en su salón hace uno lo que quiere: cambia los muebles, tira tabiques, levanta paneles, coloca estufas nuevas, pone y quita la alfombra, combina los distintos tipos de sillas. ¿O no? La arquitecta Lola Robador, que tan brillantemente contribuye a la restauración del Ayuntamiento, explicaba esta semana los valores del edificio, su historia, los detalles recuperados, su relación con el entorno. Y hubo varios oyentes que nos quedamos con las ganas de que diera detalles de la jaima de Robles, la que montó la otra noche en el antiguo Laredo, en la misma noche de Nochebuena, de una Nochebuena sin misa del gallo tras la cena pero cargada de gallitos. Si usted quería cenar en la Plaza de San Francisco a unas horas tan señañadas después de oír el mensaje del Rey en el Palacio Real, disponía de una jaima como la que Gadafi se hacía montar en La Boticaria, calentita, calentita, a mesa y mantel, con camareros y con la intimidad parcial asegurada, esa que permite ver sin ser visto.

¿No colocan los manteros de Tetuán y Velázquez un chivato en la esquina que avisa con un silbido de que llegan los señores de la Policía Nacional o los muchachos de la Policía Local? Pues Robles debe tener su silbador la mar de bien adiestrado, que avisa que ya se han ido los inspectores de Urbanismo a cenar el pavo trufado. Vamos, que llevan cenando y haciendo la vista gorda desde que Monteseirín era alcalde, pues Alfredo le aplicó a la perfección eso de al amigo todo, al enemigo nada y al indiferente la legislación vigente.

–¿Y Zoido no hizo nada, oiga?
–Era más de La Raza, aunque al final del mandato les mandó la carta de desahucio. ¡Al suelo, que vienen los nuestros!

Sevilla debe ser la única capital de España en que los inspectores de la vía pública no trabajan por las tardes ni los fines de semana.
–¿Me lo repite?

Cuando más ruido urbano se genera, del que pone de los nervios a los vecinos, es precisamente cuando no hay inspectores. Los turnos de descanso los carga el diablo. Se sortea un fin de semana en Rota entre quienes vean a un inspector de veladores pasar por el centro en hora punta, en prime time de turistas con los pies por lo alto en un asiento, pidiendo platos cargados de zanahorias ralladas con riachuelos de vinagre de Módena.

La ordenanza reguladora de las terrazas de veladores, aprobada con carácter definitivo en el Pleno de abril de 2013, cuando gobernaba la ciudad el gobierno planito del PP, establece bien claro:“En ningún tipo de instalación, ya sea enrollable a fachada o aislada de la misma, se podrá disponer de elementos verticales que puedan hacer de cortavientos en todo su perímetro”.

–Oiga, eso va por la jaima de Gadafi, que diga de Robles. Y de elementos verticales no sé, pero de elementos a secas le puedo hablar de unos pocos.

Uno se pone a buscar las disposiciones adicionales, cláusulas, excepciones o anotaciones marginales, y no termina de encontrar que Robles tenga privilegios, que los tiene, porque los tuvo con Monteseirín (cual tabernero del régimen), los tuvo con Zoido y se ve que los mantiene con Espadas. Y los 31 concejales de la corporación municipal pasando cada día por la plaza. Son todos miopes, todos.

Si Chávez es un pajarito que se aparece a Maduro, Gadafi cualquier día aparece en la jaima de Robles para recibir a Aznar, que ya se sabe el poco reparo que tuvo el ex presidente español en entrevistarse en aquel hotel alcalareño con un líder tan democrático y amigo de los consensos como el libio.

Lo más chic de la hostelería no son las placas que generan calor a bajo precio en lugar de las estufas que chupan butano, ni los cubos recogebasura de los veladores, ni que te presten con gentileza una manta para el frío como en Madrid, ni que el camarero anote la comanda en el ipad. Lo más chic es que el metre pregunte a los señores:“¿Comerán en la barra, en mesa interior o prefieren la jaima?”

No sabemos dónde está la cubierta de la final de la Davis, pero mira que si la jaima de Nochebuena fuera la de Gadafi… Y Lola Robador venga a explicar el plateresco y el renacentista, venga a dar detalles de los arcos y las decoraciones recuperados. Y ni pío de la jaima, que es el nuevo valor añadido en esta Nochebuena sin inspectores, sin Dios, y sin curas queriendo decir la misa a las doce de la noche. La Navidad de Espadas trae la jaima como nueva atracción, oiga, en todo un ejemplo de colaboración pública y privada. Qué calladito se lo tenía Antonio Muñoz, delegado de Hábitat Urbano y de Jaimas Consentidas, que en la nueva oferta de Sevilla en Navidad (tan laica, laiquísima, como Susana dijo que era roja, rojísima) se puede cenar en una jaima en plena Plaza de San Francisco en la noche más familiar para el orbe cristiano. Y en Nochevieja, por cierto, hubo reptición de la jugada.

Cuando media España pleiteaba con los cuñados, Robles colocaba otra pica en su plaza. La calle era de Fraga, menos la Plaza de San Francisco de Sevilla, que es de Robles. Tiene que estar su nombre puesto hasta en el Registro de la Propiedad. Unos alcaldes vienen y otros se van, Robles siempre está. Yo estoy por pedir mesa en la jaima estos días de Pascuas y esperar a ver si llega antes un inspector de Urbanismo o la cruz de guía de una cofradía pirata. Tanto quebrarse las autoridades municipales la cabeza para que el personal no se cuele en el tranvía, y resulta que les montan una jaima a los pies del Salón Colón, donde se sientan sus 31 señorías a tirarse pelotas de papel, y nadie dice ni mú. Estarían todos en misa. Del gallo.
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El enroque del lince

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2015 a las 5:00

JAVIER ARENAS DEFIENDE LAS RECETAS DEL PP FRENTE A LAS DE GRECIA
EL lince reduce los límites del coto. Se enroca en el Senado para proteger la pieza del rey que representa su particular futuro. En 2004 ya estaba celebrando la presidencia del Congreso de los Diputados cuando aquellos atentados del 11-M pegaron el siniestro volantazo a la Historia de España que catapultó al tío de la ceja arqueada a los salones de la Moncloa. Comenzó así, ironías del destino, el lento declive del PSOE que se ha quedado hoy con 90 diputados y frente a su particular abismo. Arenas se va de las Cinco Llagas, de su querido Parlamento Andaluz. Lo comunica la tarde plomiza de un 30 de diciembre en que hay discurso oficial de la presidenta. No hay puntada sin hilo en sus maniobras, distinto es que al final confeccione una prenda. Caracoleó cual Onésimo de la política yendo de cuatro por Almería en el último minuto. Se quedó fuera de las listas de las generales, que Moreno aprovechó para castigar a Celia Villalobos (¡Qué tarde de gritos soportó Juanma por teléfono! ¡Qué señora!) y librarse de Carlos Rojas. Y en el mullido sofá de casa dejó al onubense Matías Conde y al gaditano Aurelio Romero.

La chacha ha salido respondona. Moreno Bonilla quiere mandar. Y que se perciba su mando. Otra cosa son los resultados electorales, donde está más próximo al pésame que a la palmadita de ánimo. Al malagueño sólo se le resiste la aldea del PP sevillano, un ejército vencido, sin vocación de victoria, donde Arenas conserva la guardia pretoriana que confía en que Javié coja el AVE de los viernes como nuevo presidente del Senado y, como en los grandes años de ministro protegido por Ana Botella, convoque reuniones sabatinas para seguir mangoneando en el cortijo hispalense, para mover concejales como alfiles y militantes de base como peones.

El lince se mueve bien por el bar del Palace. Madrid y Almería siempre le han dado más afecto que la esquiva Sevilla. Cualquier arenólogo sabe que este viejo modisto de la política usa dedal de protección y sabe pegar alfilerazos a quienes considera que le han fallado. Ycomo buen lince es especie en extinción en una política de perfiles cada día más planos. Y a Javié se le puede echar la culpa de casi todo en el PP andaluz, menos de ser inocuo o blandito.

La camarlenga pone límites a Zoido

Carlos Navarro Antolín | 29 de diciembre de 2015 a las 5:00

Juan Ribero interviene en la junta directiva del PP
PIDE pista. Exhibe ambición. No disimula cierto tono de mando. La camarlenga del PP de Sevilla, Virginia Pérez, centró ayer los comentarios posteriores a la junta directiva provincial, celebrada a puerta cerrada en los salones de un hotel de Triana, sólo abierta unos minutos a los informadores profesionales con ocasión de las intervenciones del presidente provincial, Juan Bueno, el ex alcalde, Juan Ignacio Zoido y Virginia Pérez, coordinadora general, para la lectura del informe de gestión. Pérez está bautizada en los corrillos como la camarlenga porque por mucho que se le considere como secretaria general de partido en Sevilla, oficialmente ni lo es ni puede serlo aún, pues los estatutos de Génova se lo impiden al no formar parte del comité ejecutivo. Pero eso quizás sea lo de menos. Pura cuestión formal. Todo indica que en el próximo congreso provincial será, cuando menos, secretaria general con todos los galones. O incluso presidenta. Su intervención interesante de verdad, tuvo lugar en el tramo vedado a los periodistas. Fue una suerte de combinación de defensa preventiva (ante los evidentes malos resultados electorales en la circunscripción hispalense) y un intento por marcar líneas de futuro sacando pecho y mostrando hasta un punto de autoridad (donde dejó ver sus objetivos). Su intervención fue anunciada por la melodía del partido, hasta ahora reservada para los grandes mítines: “Si no fuera porque esto es una junta directiva provincial, igual me creía hasta alguien importante”, bromeó quien ayer pisó con fuerza, con mucha fuerza. Nunca se olvide que esta diputada provincial está consagrada al partido, dicen que no conoce el concepto de calidad de vida. Y eso, en la política actual, es todo un valor, pues no son muchos los decididos a imprimir un ritmo de trabajo muy elevado.

La camarlenga se congratuló por la organización de la campaña electoral y felicitó pública y personalmente a muchos de sus colaboradores. Es curioso: en el PP sevillano hay unanimidad en que la campaña de los 20.000 polvorones y las 5.000 panderetas repartidos por la capital y los pueblos ha sido buena. Yse pondera muy al alza el grado de participación de los chicos de Nuevas Generaciones, los mismos que se han quejado durante cuatro años de la poca atención recibida del gobierno de Zoido.

Virginia Pérez reveló que en octubre manejaba una encuesta en la que el PP de Sevilla sólo obtenía dos diputados, al igual que Podemos, frente a seis del PSOE. Advirtió que entonces se corría un serio riesgo de quedar relegados a tercera fuerza política en la provincia. Y aquí viene la defensa de su gestión, el momento preciso en que la Pérez aparece como una emergente Super-Virginia, pues en sus meses de trabajo (del verano hasta hoy)habría logrado consolidar al PP como segunda fuerza con, al menos, tres diputados. La revelación del sondeo electoral interno la introdujo de la siguiente forma: “Como estamos en familia, os voy a contar los datos de una encuesta de octubre, aunque alguien de la familia vaya corriendo a contárselo a un periodista curioso”. Curioso, lo que se dice curioso, fue que al agradecer el trabajo de campaña de muchos militantes, cuando se refirió a José Miguel Luque (jefe de gabinete de Zoido) y a Juan de la Rosa, vicesecretario de Organización, hizo una apostilla: “Nos hemos sobrellevado lo mejor que hemos podido”. ¿Tensiones entre el grupo municipal y el aparato provincial durante la campaña? Tal vez se halle una respuesta clara si se atiende a otra referencia del discurso de la camarlenga, sobre todo cuando dibujó el futuro deseado para su partido, un PP sevillano basado en “mucha gente, en equipos y que abandone los personalismos”. Dicho en lenguaje de redes sociales:¡Zasca a Zoido! El ex alcalde, que estaba en ese momento tomando notas en la mesa presidencial, apretó los labios en un gesto que es marca de su casa civil. Su reacción demostró que había recibido el fuego amigo. ¿Quién puede encarnar un perfil personalista en el PP de Sevilla de hoy? ¿Quién tiene marca personal sobrada en el PP de Sevilla de hoy? Sólo Zoido. La camarlenga y el ex alcalde no se llevan bien. Ya es público. Zoido se empeña en presumir de una victoria en la capital, una satisfacción que casi nadie comparte en el partido. De hecho, ninguno de los muchos intervinientes de ayer lo felicitó por una interpretación tan legítima como interesada de los resultados del 20-D en la capital. La camarlenga ya le ha puesto límites a quien fuera durante un par de años la incontestable referencia del PP en el Sur de España. No quiere personalismos, añora un PP anterior a Zoido donde no había un líder definido, ni una marca rotunda.

El presidente de Nuevas Generaciones en Sevilla, Javier Portero, planteó el interesante debate sobre cómo recuperar el voto joven que se ha ido hacia Podemos y Ciudadanos. El veterano Felipe Rodríguez Melgarejo pidió la palabra. Justo antes de empezar a hablar, el diputado Ricardo Tarno hizo una pequeña broma sobre la anticipación con la que Melgarejo había solicitado un turno de intervención, a lo que el aludido replicó rotundo: “Lo que voy a decir no es para bromas. Ni la situación de España es para bromas”. Melgarejo ve al PP de Sevilla “complaciente” y acomodado en el “aquí no ha pasado nada”. Tildó de errores del PP nacional la posición mantenida en asuntos como el aborto, Bolinaga, la cuestión catalana, etcétera. Pidió que la junta directiva provincial propusiera una reforma de la ley para que las elecciones generales tengan una segunda vuelta que asegure un gobierno estable, una petición que no se pudo formalizar al no estar en el orden del día.

De las restantes intervenciones llamó la atención la de un militante que se remontó al siglo XVIII para hablar de las izquierdas (que agitan con los sentimientos) y las derechas (que se basan en la razón), pidiendo más “democracia interna”; la del secretario general del Distrito Norte, que agradeció la labor de las Nuevas Generaciones, y la del edil Ignacio Flores, que valoró el trabajo de los distritos.

Destacó una cifra:el PP sevillano tuvo 300 interventores menos en las pasadas elecciones. Y dos presencias:Ignacio Díaz Bernal, sentado en primera fila, y Paloma Hoyos, al final, de pie. Ambos son del círculo íntimo del líder regional Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”). Entre las ausencias destacadas, el senador electo José Luis Sanz, alcalde de Tomares, y Javier Arenas, quien ayer, por cierto, cumplía años.

El valor añadido de nuestras ratas

Carlos Navarro Antolín | 27 de diciembre de 2015 a las 5:00

ratas
SEVILLA tiene tal vocación en perpetuar lo efímero, en detener el tiempo para convertir el aire en piedra, y en hacer de lo prosaico una genial poesía de ocurrencia, que sólo aquí, y sólo aquí, ocurre que una rata sale de un bar ante la clientela asustada y el dueño, mientras pasa la bayeta por la barra con toda naturalidad, proclama: “¡No se alarmen por favor, que la tengo dada de alta!” Las ratas en Sevilla cotizan. Y los ratas se pasean con sus agendas bajo el brazo, de Tetuán a Velázquez y de Velázquez a Tetuán con toda tranquilidad. Bueno, con toda la tranquilidad que permiten los niños cazafirmas. Las ratas posan para el fotógrafo como meninas, con toda calma, sabedoras de que nada, ni nadie, las va a echar de un paraíso ganado a pulso. Ratas impunes, trepadoras cada una en su orden, sin madriguera fija. Están en el Paseo Juan Carlos I cada tarde de este invierno sin abrigos ni bufandas, de estos días que invitan más a la cerveza que al oloroso. Están como toros en la dehesa, dueñas de su jurisdicción, como tertulianas peleonas, presumiendo de territorio conquistado con el estandarte clavado de sus inmundicias. Las ratas son las muñidoras de la cochambre. El buitre carroñero aguarda con paciencia la muerte del mamífero. Y la asamblea de ratas anuncia la presencia de desperdicios, suciedad, agua estanca, lugar perdido por la civilización. No huyen ante la presencia de las cámaras, se quedan clavadas al terreno con la dignidad de un presidente abofeteado. Estas ratas han perdido el respeto a las personas. O será que están dadas de alta. No habitan callejones, sino la ribera del río. Y si antes salían disparadas, fugaces, asustadas ante la mera luz del día, ahora se han vuelto fijas, de plantilla, gracias a esa capacidad que tiene la ciudad de convertir el olor de la caca de caballo en fragancia asociada al gótico de la Catedral, patrimonio inmaterial lo llaman. Estas ratas son parte de un paisaje ligado a la caída de la tarde de la ciudad indolente, de belleza en retirada y casco histórico franquiciado. Unos tienen puestas de sol o cambios de guardia, norias gigantes o plazas mayores de ensueño, grandes almacenes de lujo o teatros de ópera de Sisí Emperatriz, nosotros tenemos ratas que se dejan fotografiar en la ciudad que tiene eje con Málaga, pero ningún hermanamiento a la vista con Hamelín. A falta de linces, tenemos ratas en horario laborable. Que para eso tienen hasta convenio colectivo.

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Las vacantes de Espadas
El alcalde tranquilo, el profesional moderado, el político plano y que no genera ruido. Juan Espadas mantiene vacante la perla del organigrama de las empresas municipales: la gerencia de Emasesa. La compañía metropolitana tira por ahora sin problemas gracias a Antonio Díaz, un profesional de la casa de reconocida solvencia y estilo exquisito al que se le han ampliado competencias para hacerle más cómoda la toma de decisiones. Pero no hay nadie que quiera ser gerente por 60.000 euros anuales, el tope fijado por error por el propio Espadas. También está vacante la gerencia del Instituto del Taxi. Y se encuentran pendientes de renovación los cargos de Defensor de la Ciudadanía, donde José Barranca sigue de forma interina al servicio de la ciudad, y el de director gerente de la Fundación Jiménez Becerril, donde Jesús de la Lama sigue acumulando trienios desde los tiempos de Monteseirín. Por cierto, en la web de la fundación sigue como presidente Juan Ignacio Zoido como alcalde de Sevilla.

En el Restaurante Abades Sevilla. Acto de presentación de la candidatura del PP de Sevilla a las elecciones generales, en el que participan el presidente del PP andaluz, Juanma Moreno; el candidato número uno, Juan Ignacio Zoido, y el presidente del PP de
Sevilla, siempre falla Sevilla
El veterano militante cordobés Ricardo Rojas se levantó en el comité ejecutivo regional del lunes y puso el dedo en la llaga. El PSOE ha sacado al PP una ventaja de 120.000 votos en las elecciones generales, de los que 95.000 son de la circunscripción de Sevilla. El 80% de la diferencia que el PSOE saca al PP en la región se debe a la provincia de Sevilla, agujero negro del centro-derecha andaluz. Virginia Pérez, camarlenga del PP hispalense, le replicó que en Sevilla se ha crecido un 13% y en Málaga, por ejemplo, los apoyos al partido de la gaviota han bajado un 20%. ¿Será Moreno Bonilla el que va difundiendo por ahí que Sevilla siempre falla? Los datos objetivos le dan la razón. Y a todo esto, Zoido presumiendo de ser el ganador en la capital. Hey, no vayas presumiendo por ahí… Rojas detuvo el picú de la fiesta zoidiana.