Las setas y yo

Carlos Navarro Antolín | 10 de enero de 2015 a las 5:00

setas
A Monteseirín no le gusta que Sevilla, tan desmemoriada siempre, olvide en el breve tiempo de un trayecto de tranvía quién hizo posible su transformación urbana. El ex alcalde tiene interiorizado que sus grandes logros han sido capitalizados por la derecha inmovilista, rancia y consagrada a las fiestas mayores que a sus ojos representa el PP de Zoido. Ayer se reunió en un almuerzo con quienes considera artífices de la construcción de las setas de la Plaza de la Encarnación. Acudieron el ex concejal de Urbanismo Alfonso Rodríguez Gómez de Celis; el ex gerente de Urbanismo, Manuel Marchena; el secretario municipal, Luis Enrique Flores, y dos directivos de Sacyr con los que mantuvo la interlocución durante la polémica obra: Mariano Peláez y Antonio Belmonte. Sólo falto el profesor universitario Manuel Rey, último delegado de Urbanismo de Monteseirín, aquel edil que trasladó su despacho de la Cartuja a la misma Encarnación para el seguimiento diario de las obras.

Monteseirín está cada día más orgulloso de las setas. Sus setas. Zoido no las ha intentado derribar nunca, como quizás hubiera querido el ex alcalde para confrontar su modelo de modernidad frente al modelo de ciudad anclada del PP. A Monteseirín le revuelve las entrañas que el Ayuntamiento de hoy publicite el Metropol en vídeos destinados a la captación de turistas y que hasta Zoido haya posado en sus alturas para alguna entrevista periodística.

Quizás falta poco para que Monteseirín escriba Las setas y yo, sus memorias reivindicativas sobre un gobierno con una duración propia de un pontificado. Tal vez ocurra simplemente que el pueblo, siempre novelero, ha hecho suyas las setas, como las coplas cuando triunfan. Aunque haya coplas que dejan jirones en el alma de imposible costura.

La lámpara maravillosa de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 8 de enero de 2015 a las 13:55

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Quien da lo que tiene no está obligado a más. El sobre cerrado de la caridad de la Soledad de San Lorenzo reza desde 1961: si no puedes nada, nada; si puedes poco, poco; si puedes mucho, mucho. En tiempos de miseria, los gobiernos venden las altas de autónomos como creación de empleo de calidad, las fotos con banqueros como impulsos certeros para la reactivación económica y la reposición de un bacalao en la fachada de una calle como recuperación de un símbolo identitario. El gobierno de Sevilla pregonó en verano por los cuatro mil bares y diez mil veladores que la lámpara central del teatro Lope de Vega iba a ser restaurada. Y algunos meses después anuncia que la lámpara ha sido elevada de nuevo a las alturas. Asistimos a la explotación de los hitos de la vida cotidiana, lo natural convertido en noticia, lo usual destacado en negro sobre blanco. Tras la borrachera de años de desenfreno, volvemos a ensalzar que la gente cobra a fin de mes, que los autobuses funcionan y que los barrenderos retiran la basura. Todo un pregón de la normalidad recuperada y valorada, o puesta en valor, como cacarean todos los políticos ahora, que lo de la puesta suena a primer tubo de la portada de Feria, y el valor suena a torero o a chocolate a la taza.

Los comunicados de hoy revelan esa miseria de la que hay que ser conscientes. En los ayuntamientos vivimos de las sobras del frigorífico conservadas en papel de plata, del final de la pasta de diente a base de apretar y enrollar el tubo, y de apurar la caja de polvorones hasta convertir los de limón y coco en un manjar redescubierto. Las notas de prensa de hoy revelan el verdadero estado de la ciudad. El Ayuntamiento anunciará cualquier día próximo que están colocados todos los rollos de papel higiénico en los urinarios de los despachos municipales, que no falta el cartucho de tóner a ninguna impresora, que funcionan todos los aparatos de refrigeración y que el reloj de la Plaza Nueva marca la horas precisas que quedan para el 24 de mayo. Quizás la micropolítica no sea otra cosa que aceptar los tiempos que a uno le ha tocado vivir, renunciar a ese “hacer cosas” que volvió loco a Monteseirín desfasando presupuestos y desviando fondos, entender que no son mandatos para las grandes obras, sino para pregonar que se desayuna, almuerza y cena, que no es poco. Al bacalao de Argote de Molina se suman los veladores, y a los veladores se suma la lámpara. Para que luego digan que no hay balance material en casi cuatro años de gestión más allá del mapping. Si puedes poco, poco. Al fin y al cabo uno no sabe lo carísima que es una lámpara hasta que amuebla su primer piso. Zoido es el Aladino de la política local, el genio capaz de conseguir titulares con una lámpara o un bacalao (mejor si es sobre un lecho de salmorejo).

El verdadero genio es aquel capaz de interpretar con precisión el tiempo que le ha tocado en suerte. Y no son años para engañar a bobos con puentes decorados con lunares, piscinas sobre el río, transporte fluvial para acudir a la Feria y otros verdaderos bacalaos hediondos que nos hemos tragado religiosamente. Alegrémonos pues (gaudemus igitur) que aún quedan polvorones de limón.

Las doce uvas de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2014 a las 5:00

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Primera uva. El 24 de mayo, domingo de Pentecostés, Sevilla eligirá una nueva corporación municipal, pero en esta ocasión de sólo 31 concejales en lugar de 33. La revisión anual del padrón ha dejado la ciudad por debajo de los 700.000 habitantes, aquel listón psicológico por el que Rojas-Marcos luchó hasta el punto de hacer de este objetivo uno de los estandartes de su gestión, además de la reforma urbanística de la Buhaira, la horripilante losa de pizarra del entorno de la Catedral y el megalómano estadio de la Cartuja. Pese a la leve bajada en el número de vecinos (el padrón queda fijado en 696.676 habitantes), la ciudad no perderá ni un euro de transferencias del Estado, que es la gran ubre para la cuentas del Ayuntamiento junto con los ingresos directos por el IBI. Para que menguaran los fondos del Estado, Sevilla tendría que bajar de los 75.000 habitantes. Y eso no se ha producido ni en los tiempos de epidemias con salidas extraordinarias del Cristo de San Agustín.

Segunda uva. Juan Espadas se mueve entre la necesidad de ser fiel a su perfil de gestor y hombre serio, y la conveniencia de torpedear la imagen de un alcalde sin mácula que le recuerda la herencia recibida cada vez que los socialistas se crecen un mínimo. Espadas sigue haciendo una oposición palmariamente blanda, de guante limpio, sin denuncias aceradas. Cuando golpea al gobierno lo hace como en una pelea entre hermanos adolescentes. Los puyazos son siempre puntazos, nunca hacen sangre. Basten dos ejemplos. Dice que no culpa al gobierno de la bajada de los habitantes, “sólo” de no haber hecho nada por paliarla. Y si el Grupo Socialista denuncia que el marido de la edil de Asuntos Sociales es colocado como gerente en la fundación privada del Banco de Alimentos, comienza por conceder dos semanas al gobierno para que se explique con la justificación de que se apuesta por una “oposición responsable”. El último “ataque” de Espadas ha sido reiterar que el alcalde es “plano” y que su gestión es “plana”. La verdad es que lo es casi tanto como el estilo de la oposición. La proyección de Zoido en la calle arrolla a la de Espadas, sólo resta saber si lo suficiente como para que el PP obtenga los 16 concejales que darán la mayoría absoluta en 2015.

Tercera uva. Los cinco meses que quedan son terreno de fácil abono para el alcalde. Tras el éxito callejero de la Navidad, Zoido tendrá la cuaresma, la Semana Santa y la Feria para desplegar la cola de pavo real. No hay grandes cintas que cortar ni primeras piedras que colocar. Más vale que no anuncie grandes proyectos en lo que queda de mandato, porque el último, el Paseo del Arte en la Avenida Juan Carlos I, se ha ido ya tres veces al traste después de quedarse descafeinado al perder el atractivo de las piscinas sobre la lámina del río. Estamos ante el final del mandato de la miseria, aunque alguno ha habido en el gobierno que ha intentado “hacer cosas”, creyendo todavía que los políticos están obligados a dejar huella, marca o impronta, cuando la actual coyuntura sólo requiere de poner orden, pagar facturas y garantizar los servicios esenciales.

Cuarta uva. Los símbolos materiales del mandato que acaba son los bares y los veladores, multiplicados en una parábola perfecta; y la Navidad como gran atractivo callejero, descubierta por Zoido para Sevilla como una gran toma de las calles del centro bajo un alumbrado laico. Una deuda por encima de los 700 millones hace inviable que el actual alcalde pueda presumir como hasta hace pocos años lo hacía Monteseirín de obras faraónicas (las setas o el tranvía) o grandes reformas (peatonalización de la Avenida o pasos subterráneos). Zoido a duras penas puede vender el retorno del acceso de los autobuses a la Encarnación o la eliminación de las catenarias del Archivo y la calle San Fernando. El símbolo inmaterial, por otro lado, es el saneamiento de las cuentas por obra y gracia de la delegada de Hacienda, Asunción Fley, que ha conseguido que los bancos vuelvan a sentarse a negociar con el Ayuntamiento y sean claves para liberar a Sevilla del Plan de Ajuste de Montoro, suscrito para pagar a la larga lista de proveedores acumulada desde los primeros años de Monteseirín. El electorado deberá valorar si esa gestión inmaterial, que es la que de verdad da fuste al gobierno, es merecedora de una nueva confianza por cuatro años más.

Quinta uva. Las talas de árboles en Almirante Lobo o la calle Virgen de la Sierra, junto al Prado de San Sebastián, han puesto en jaque la micropolítica de Zoido, basada en la atención cotidiana de las pequeñas necesidades que, sumadas en el día a día, hacen posible el funcionamiento de la ciudad. La paz social reina en Tussam, que en 2015 necesitará dos millones menos en transferencias municipales. El alcalde salió reforzado de la huelga de nueve días de Lipasam en el inicio de 2013. Emvisesa es un páramo a la que se mantiene al ralentí, terminando promociones del mandato anterior y sin ninguna nueva en el horizonte. Y Emasesa buscará en 2015 financiación extra mediante la emisión de bonos sin que por el momento nadie se atreva a afrontar una privatización de la considerada joya de la corona de las empresas municipales.

Sexta uva. Los próximos meses son de revuelo en el seno de los partidos. Después de las fiestas comenzará la guerra interna por la confección de las listas electorales. Hay menos actas a repartir (sólo 31) y, además, la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local contempla que haya concejales sin sueldo. En el caso de Sevilla, la ley permitirá la dedicación exclusiva a 22 (al ser una ciudad con población entre 501.000 y 701.000 habitantes), por lo que nueve ediles no tendrán retribución salarial en el Ayuntamiento. Las tensiones se presumen máximas. Juan Ignacio Zoido tiene especial aversión a los períodos de formación de las listas. Odia los cambios tanto como dar malas noticias o tener que decir que no. Su figura es indiscutible en el PP por el momento, por lo que el aparato le dará un margen amplio para hacer un equipo en el que serán muchos los que repitan y muy pocos los cambios. Entre las bajas, se da por segura la de Javier Landa, como adelantó este periódico el 23 de marzo. En el PSOE es poco probable que Juan Espadas goce de tanto margen de maniobra como disfrutó en 2011, cuando apostó por unos independientes (Eugenio Suárez Palomares y Mercedes de Pablos) que acabaron por abandonar el barco tras el peor resultado de los socialistas (sólo 11 concejales) en el otrora fortín sevillano. Las once agrupaciones del PSOE sevillano reclamarán sus cuotas. De lo contrario habrá otra vez brazos caídos. El portavoz adjunto, Antonio Muñoz, se da como fijo en la lista. Está por ver el futuro del otro portavoz adjunto, Alberto Moriña, y de concejales polémicas como Adela Castaño. El susanista Joaquín Díaz dejará la corporación por razón de edad.

El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Sevilla, Juan Espadas, analiza el plan de ajuste municipal.
Séptima uva. Como era previsible, el alcalde ha comenzado a recuperar viejos hábitos en cuanto intuye el intrigante sonido del tam-tam electoral. Perdido ya en la papelera de reciclaje su título de presidente del PP andaluz, Zoido concede de nuevo parcelas de influencia a sus hombres más vehementes y aficionados a las estrategias, como es el caso del portavoz del gobierno y delegado del distrito Triana, Curro Pérez, que en 2007 fue el jefe oficial de la campaña en la que el PP logró 15 concejales. Pérez acepta con resignación que está considerado un hombre de trincheras (oposición) más que de gestión de los tiempos de paz (gobierno). Ahora viene su período litúrgico preferido y, por lo tanto, le tocará revestirse para las mil y una celebraciones próximas. Si Zoido repite en la Alcaldía, Pérez querrá la parcela de urbanismo, aquella en la que se forjó como eficaz opositor entre 2007 y 2011 y que, al final, acabó recayendo en Maximiliano Vílchez (hombre de paz y no de mítines) cuando se alcanzó el gobierno.

Octava uva. ¿Yquién será el número dos de la lista de Zoido en 2015? El concejal más afín al alcalde sigue siendo Gregorio Serrano, aunque ahora ande inteligentemente tapado. Darle ese puesto a Serrano sería un acto de reconocimiento para un mandato en el que está saturado de competencias (Empleo, Economía, Turismo y Fiestas Mayores) por efecto de la aplicación de un organigrama de gobierno de grandes áreas inspirado en el que puso en marcha Ruiz Gallardón en Madrid. A Serrano le ha sobrado el área de Empleo, se ha tragado los sapos de disolver Sevilla Global y la Televisión Local, y ha tenido que bailar con la más fea, Mercasevilla, lo que le ha costado amenazas personales en la fachada de su casa. Si el PP repite en el gobierno, todo indica que Serrano se ha merecido un mandato algo más amable. Distinto es el baile de números, la obligada paridad y lo que apriete el partido. Recuérdese que Serrano no es hombre de partido. En eso es como el alcalde. Son dos ejemplos de políticos concebidos y nacidos para la gestión municipal.

Novena uva. ¿Y Fley? Si Zoido es alcalde cuatro años más, la todopoderosa concejal Asunción Fley habrá demostrado que con la Hacienda local se hace política; que la austeridad, la montaña rusa de subidas y bajadas estratégicas en los impuestos y el saneamiento de las arcas tienen réditos electorales, justo lo contrario de lo que pregonan los halcones y los vivaqueadores de lunes a viernes en las sedes de los partidos. Su influencia será todavía más incontestable de lo que hoy ya lo es. Nunca se olvide que a su cargo tiene a una directora general que cobra por encima de los 100.000 euros por asumir una nueva parcela de gestión (recursos humanos) a la mitad del mandato. Esta directora general es conocida en el PP como la “bien pagá”. Con lo escrupuloso que es Zoido para los asuntos del pecunio público, nadie osó contestarle a Fley su teoría por la que quien asume mas competencias, debe estar más remunerado, pese a que media España está trabajando más y cobrando menos en el mejor de los casos. La teoría de Fley es de una lógica aplastante, pero difícilmente digerible con el campo poblado de vacas flacas y con muchas gargantas conformándose con las gotas que dejan caer las cañerías de unos grifos cerrados.

Décima uva. El otro gran hombre de Zoido es el delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, que recibió la parcela tradicionalmente más codiciada por los partidos políticos, pero en el peor momento. Es el primer delegado de Urbanismo del PP desde la instauración de la democracia. Y también es el más tieso por encontrarse una Gerencia de Urbanismo sumida en números rojos y desangrándose por el bajonazo en los ingresos por licencias, la inexistencia de convenios urbanísticos y la carencia de intereses financieros. A Vílchez le ha tocado pasar de una Gerencia navegando en la opulencia a una Gerencia en la que se exige que las fotocopias se hagan por las dos caras para ahorrar papel. Al igual que Fley, no es un político al uso. Revalidar el gobierno supondría el aval más sólido a su labor.

Undécima uva. El miedo está en la armería electoral del PP. Nadie duda de que Zoido venteará los riesgos de un Ayuntamiento en manos de un PSOE debilitado y tutelado por fuerzas políticas con programas electorales inciertos. Ya lo hizo en 2011, cuando repitió machaconamente que votar el PSOE era hacerlo al líder de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, hoy fuera del Ayuntamiento y con la baja en el partido por los frentes judiciales que acumula. Falta un cuarto de hora para que el PP trate de vincular la figura de Espadas a la de Podemos o Ganemos. Zoido venderá que Sevilla sólo tiene dos salidas: o ser Grecia, o ser Roma. O un conjunto de fuerzas de convivencia incierta, o una única fuerza sólida.

Duodécima uva. Izquierda Unida está concentrada en su particular debate: ser galgo o podenco, seguir siendo IU o mutar hacia otra fórmula de nuevo cuño. El partido cierra el año con dos plenos consecutivos en los que la estampa de su bancada ha sido desoladora: la concejal Josefa Medrano asumiendo en soledad las mociones por la dimisión del segundo portavoz en lo que va de mandato. Con el paso del tiempo, a Zoido le salió bien su estrategia de erosionar directamente al partido que hacía las veces de muleta del PSOE en el poder. Su reto actual es demostrar que ha conseguido ese voto de la inercia por el cual en Sevilla se perpetúan en el sillón algunos decanos de colegios profesionales, algunos presidentes de colectivos profesionales y hasta algunos hermanos mayores. Si aquel voto prestado de 2011 evoluciona a un voto de inercia, la marca Zoido gozará de buena salud.

El riesgo de cerrar bares

Carlos Navarro Antolín | 29 de diciembre de 2014 a las 20:30

Zona de movida del Arenal. Calle Arfe y aleda¿as  Fotos de bares y gente bebiendo en la calle y tal
HACE bien el alcalde en relajar la presión sobre los bares de la milla de oro del gin tónic, que es la calle Arfe y sus aledaños. Hace bien porque a ver dónde van a ir algunos concejales del gobierno a destensionarse tras los muy insorportables y soporíferos plenos municipales, que la ONU está estudiando la retransmisión en diferido de los plenos del Ayuntamiento de Sevilla como forma encubierta de tortura. Hace años que a alguien se le amenazaba con amarrarlo a una silla a ver nueve veces seguidas la película Acapulco, de Raphael. Hoy bastaría con tragarse cualquiera de los plenos en los que sus señorías defienden mociones, se tiran bolas de papel en forma de reproches sobre temas de actualidad nacional que nada tienen que ver con Sevilla o se echan los trapos sucios de los dictámenes del Consejo Económico y Social, un organismo perfectamente inútil, prescindible y del que la ciudadanía no tiene ni pajolera idea de su existencia. Precintar ciertos bares de Arfe sería para algunos concejales del gobierno como echar el cierre a la bodeguita Romero con sus reconstituyentes montaditos piripis tras las siete, ocho o nueve horas de Pleno. Sería un acto despiadado. ¿Qué culpa tienen los bares que siempre acaban pagando el pato? A Monteseirín le pasaba lo mismo con la hostelería. Cuando le dijeron que se fuera buscando trabajo antes de final de mandato y le comentaron que Rosamar Prieto-Castro podía ser su sustituta interina, dicen que el alcalde le recomendó a la delegada de Fiestas Mayores que no se dejara ver tanto por los bares. Tiene gracia que en la ciudad de los bares no se pudiera ser alcaldesa por ir a los bares. Huelga comentar la respuesta de Rosamar, que mandó a Monteseirín a un lugar donde por ahora no llegan los autobuses de Tussam. Ni siquiera el C2, que ya es difícil que el C2 no llegue allí donde fue mandado Monteseirín.
Estos concejales de ahora, famélicos porque no tienen presupuesto para comidas, se van a quedar también sin lugares en Arfe donde relajarse después de tanta moción, de tanta riña de Landa y de tanto golpear la mesa para celebrar las intervenciones del jefe. La política de hoy no sólo está muy mal pagada, sino que lleva aparejadas penalidades como el cierre de los principales abrevaderos. A este paso nos quedamos sin melva. Y Sevilla sin melva sería una ciudad sumida en la tristeza, sólo equiparable a una calle Arfe sin concejales del gobierno después de un Pleno municipal. Anda que no.

El teléfono móvil fomenta el barroco

Carlos Navarro Antolín | 26 de diciembre de 2014 a las 12:59

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Como un cuadro de composición barroca, de líneas que se cruzan en una estética desordenada. Como figuras de un belén recogidas en un portal improvisado. Sentados en la piedra en lugar del sofá. Como una bulla perfecta controlada por un Gran Hermano de pantalla táctil. Nunca se habló menos y estuvimos menos comunicados que en la sociedad de las telecomunicaciones, que prima el narrar sobre el vivir. La otra noche, antes de la bajada de la Virgen de la Esperanza de su camarín al altar de besamanos, el secretario de la Macarena, Antonio García, dio las instrucciones al escaso y privilegiado público asistente: “A partir de este momento quedan prohibidos los teléfonos móviles y cualquier soporte en el que se puedan registrar sonidos o imágenes. Esto es para vivirlo, no para contarlo. Esto es para dejarlo grabado en el alma, no en un teléfono móvil”.

-Ole, Antonio. Pero corren malos tiempos para el alma.

No se jugaba en la calle porque había crecido la inseguridad, decían. No se jugaba en la calle porque la televisión era el flautista de Hamelín, que matenía a los niños quietos, congelados, en un continuo estado de embobamiento. No se jugaba en la calle porque el tráfico hacía imposible una práctica habitual hasta hace pocos años, decían. No se jugaba en la calle porque los padres habían hecho de las casas el lugar idóneo, el paraíso en muchas ocasiones, para que sus hijos se quedaran el máximo tiempo dentro y poder así vigilar a sus vástagos, decían. Y así fuimos sumando decires hasta que llegaron los teléfonos móviles que permitieron el retorno a la calle. A la calle y a cualquier sitio con wifi. Y en los pendulazos que nos caracterizan, ya tenemos vagones de tren libres de teléfonos móviles como había restaurantes libres de tabaco antes de que ZP lo prohibiera en dos tiempos, un primer tiempo para que los empresarios se gastaran dinero en habilitar zonas libres de humos, contratando cuadrillas de albañiles y cristaleros, y un segundo tiempo para que los empresarios se dieran cuenta de que se habían gastado el dinero inúltimente porque al final el tabaco se acabó prohibiendo en todos los espacios, sin distinción de zonas.

Los niños de antes llamaban a los porteros electrónicos para fastidiar a los vecinos, se sentaban en los portales a pelar la pava o a matar el tiempo en charlas sobre OVNIS. Hoy están absortos ante los teléfonos inteligentes, que son tan inteligentes que se han convertido en santos sin peana. Gracias a los teléfonos móviles se dan estampas que son auténticos retablos barrocos que ni soñados por Montañés o Roldán. Y se metían con la televisión, cuando hasta la televisión es hoy orillada por los teléfonos. Para algunos el alma suena a fármaco para calmar los ácidos después de las comidas de Navidad. En breve veremos bares con zonas libres de teléfonos móviles y veremos talleres en los distritos para enseñar a grabar en el alma lo que un teléfono jamás puede registrar.

Esos señores del Prado

Carlos Navarro Antolín | 19 de diciembre de 2014 a las 11:37

Caja Negra Prado
Hay en Sevilla una nueva modalidad de puestos a los que no se acerca nadie. Escrito está que ningún satélite ha captado a un comprador en los puestos de turrón de la Feria, ni a un incauto comprando tajadas de coco humedecido por chorritos de agua fresca. Son establecimientos que aparentemente no soportarían un sesudo estudio de sostenibilidad, pero ahí están cada año marcando el camino a la Feria desde el Prado y por las avenidas que conducen a la portada, luego tienen que tener unos mínimos índices de rentabilidad. El éxito de los ambulantes lo capitalizan los puestos de calentitos con chocolate, con la música del zumbido del radiador, los manteles de hule, las mesas plegables y las nuevas ofertas de churros rellenos de crema y otros inventos. Sin salirnos del sitio, en el Prado de San Sebastián llevan meses atracados tres silenciosos ciudadanos a modo de mupis con tres carteles con preguntas y lemas misteriosos. Siempre en el mismo sitio, siempre en silencio, como ambulantes de ruán. La cosa huele a secta, con cé, no con equis de canal de televisión. La verdad es que jamás molestan al viandante como los pelmazos del eje Tetuán-Velázquez que van al acoso y derribo con la garrocha de un portafolios. “¿Tiene un minutito, caballero?” En España ya hay ayuntamientos que se han salido del buenismo imperante y han impuesto normas anti-pelmazos. Estos ciudadanos silenciosos y clavados en su posición son como el alguacil de la plaza de toros de la Real Maestranza que, oreja en mano, espera a que sea el matador quien se acerque a por el trofeo. Te sueltan el rollo recibiendo, no yendo al encuentro. “¿Existe un creador?”, “¿Qué enseña exactamente la Biblia?” Y hasta hay días que las preguntas tratan sobre las enfermedades mentales. Menos crecepelo, ofrecen las verdades sobre casi todo. Siempre están solos, cada uno junto a su carrito con libros. El público pasa apurando el semáforo en verde, sin apenas mirarles. Hay quien mantiene la esperanza en que ofrezcan respuestas para preguntas y planteamientos que nunca llegan. “Cómo tener fe en que el PP gobierne en Andalucía”. “Moreno Bonilla, el mesías con zapatos abotinados de ante”. “No sabéis cuándo ni cómo, pero Susana dormirá en la Moncloa”. Ese día no habrá caballeros para tantos minutitos, tajadas de coco para tanto incrédulo y turrón para tanto feriante.

La gestión de la miseria

Carlos Navarro Antolín | 17 de diciembre de 2014 a las 5:00

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Igual que se ha abierto la veda para meter políticos en la cárcel, se cerró hace unos años el tiempo de la política de los grandes proyectos, de la necesidad de apostar por transformaciones materiales, de vender esas grandes recreaciones virtuales que dividen a la ciudadanía o que enfrentan a las administraciones. No son tiempos para megalomanías, como no lo son para los patrocinios y las obras faraónicas. Son años para administrar con imaginación. A Zoido se le podrán criticar muchas cosas con razonamientos sólidos, pero seguro que nadie le achacará que no haya sacado adelante grandes obras urbanísticas. ¿Para qué se mete entonces en el berenjenal de proyectos que son devueltos una y otra vez a los corrales de la Gerencia de Urbanismo?

La interpretación precisa de los tiempos que a uno le han tocado en suerte es clave. En el PP de Sevilla hay quien sostiene que este mandato es sencilla y directamente el de la gestión de la miseria. Y que bastaba con haber sabido moverse en ese contexto marcado por la pobreza desde el día de la toma de posesión. El problema es que esa necesidad de vender proyectos de transformación (esa política de la manida puesta en valor)ha tenido al cabo el efecto de un tiro en el pie. ¿Qué necesidad había de anunciar un centro de promoción de las tradiciones de Sevilla? ¿Y los párkings del Prado y de San Martín de Porres? ¿Y el paradisíaco Paseo del Arte que ha terminado descafeinado y, como las iniciativas ya citadas, también orillado por la falta de solvencia del empresariado?

Son tiempos de política municipal de infantería, para no alimentar la letanía de quereres y no poderes. A Zoido le va mal cuando quiere volar por encima de las nubes de la micropolítica. Yle va bien cuando vende la gestión inmaterial del orden en las cuentas y de la paz social en empresas de servicios fundamentales como Tussam, que en 2015 necesitará dos millones menos de transferencias directas, un dato inimaginable en los años de Monteseirín.

De 2011 a 2015 sólo cabe la gestión de la miseria y recorrer el desierto con el alivio del agua de la cantimplora que de vez en cuando ofrece la edil de Hacienda con sus balances. Y refrescarse una vez al año en el oasis del mapping.

Moreno Bonilla es ya un ‘miarma’

Carlos Navarro Antolín | 12 de diciembre de 2014 a las 12:59

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Las salas de espera de los oculistas, dentistas y otros profesionales de la Medicina son de interés público social, porque permiten estar al día de la crónica social, aunque sea en diferido, que diría la Cospedal. No hay nada más antiguo que un periódico de ayer. O sí: el papel couché con trimestres acumulados con que los médicos alivian la espera de sus pacientes. “La Pantoja prepara su ingreso en prisión”, se lee en la cola del oftalmólogo cuando la tonadillera lleva ya semanas entre rejas. Cuando el conde de Salvatierra ya está subido al jaco, leemos en la sala de espera del urólogo: “Un hijo de la Duquesa de Alba es operado en el Hospital Infanta Isabel de Sevilla”, que ni es hospital ni hay en Sevilla un centro sanitario dedicado a La Chata como no lo hay en honor de Isabel Alfonsa, biografiada de monseñor Camilo Olivares.

Y de pronto, zas, entre la pila de revistas arrugadas, desgrapadas y con la página de la receta de cocina arrancada, aparece la publicación de un colegio profesional, ese tipo de revista aburrida en la que el mejor pasatiempo es contar cuántas veces sale el decano, al igual que hay periódicos en los que el personal busca las veces que sale el dueño. O su mujer. Anda que no…

Pues hojeando esa revista en la sala de espera nos topamos con una fotografía que supera en su valor testimonial a la de la tortilla de Manuel del Valle con la cámara de Pablo Juliá. En esta foto de hoy aparece nada menos que el líder del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonillla, perfectamente trajeado junto al presidente de la Cámara de Comercio de Sevilla, Francisco Herrero. Bonilla figura luciendo pañuelito asomado en la chaqueta cual Petronio de la derecha andaluza, cual gerente de Urbanismo de Sevilla, Alberto de Leopoldo, que no tiene guita para poner en la Avenida toldos, valga el pareado (del Aljarafe y sin piscina); cual Josemi Rodríguez Siero contándole a Carlos Herrera su último veraneo en las termas gallegas. Gracias a la visita al médico, sabemos por fin que el programa reformista de Moreno Bonilla incluye guiños a la derecha sevillana casposa y retrógrada como el pañuelo en el traje, que no es cuestión de orillar a los que siempre han creído en tus siglas. El pañuelo de Moreno Bonilla es el terno de pana de Alfonso Guerra de la Transición, el pisacorbatas de don Manuel Fraga, el trapo de la barbacoa de Sánchez Gordillo o la cazadora mitinera de Javié Arenas para el total de 30 segundos en el telediario del domingo.

Moreno Bonilla está listo para la cena de la noche del alumbrao en la caseta del Aero o para una función principal de instituto en la Magdalena. ¡Se nos ha vuelto un miarma en toda regla! Gracias a la sanidad privada, uno lleva en diferido la vida de los famosos y la agenda oculta de este árbitro de la elegancia, que poco a poco va conquistando a la muy malaje ciudad de Sevilla, que le tiene una manía injustificada y que rechaza sus reformas. Pañuelito a pañuelito se gana Andalucía. Sólo falta la voz de Lauren Postigo: “Andaluz, este es tu pañuelo”.

Salvemos a Maximiliano

Carlos Navarro Antolín | 11 de diciembre de 2014 a las 5:00

Rueda de prensa de Maximiliano Vílchez.
LOS presupuestos cantan. Zoido acude al rescate de la Gerencia de Urbanismo en sus últimas cuentas del mandato. En las famélicas arcas del organismo autónomo entrarán 54,2 millones de euros, lo que supone un aumento de 15,4 millones más respecto al año que expira. Si se comparan estos números con la deuda que arrastra el Ayuntamiento desde hace lustros con la propia Gerencia, reconocida por el alcalde en una reciente reunión con los enlaces sindicales y cifrada en 290 millones de euros, no es que las cuentas de 2015 vayan a sacar de los números rojos a la que siempre fue la delegación más deseada por todos los partidos políticos, pero sí es un hecho objetivo dónde se hace el principal esfuerzo en cuestión de transferencias.

Conste en acta, por ejemplo, el ridículo capítulo de inversiones de Emvisesa, reducido a 15.000 euros en 2015, una verdadera miseria. A Emvisesa se la desconecta poco a poco del respirador artificial de las transferencias mientras a la Gerencia se le mantiene la mascarilla en un contexto de elecciones y cuando está pendiente de aprobación el nuevo convenio colectivo que afecta a 500 trabajadores. Maximiliano Vílchez, delegado de Urbanismo, no tiene dinero para poner toldos en la Avenida de la Constitución cuando aún se están recogiendo los vidrios rotos de la gran borrachera de aquellos años de convenios urbanísticos que reportaban dinero a espuertas, de constructores enganchando en la Feria y del carbónico francés volando en cestas de Navidad.

Salvemos a Maximiliano, proclaman los grandes gurús del presupuesto. Salvemos al delegado de Urbanismo más tieso de la historia. Ganemos (Podemos) tiempo hasta mayo, reza la letra pequeña. En las caracolas de la Cartuja saben perfectamente que los anuncios de transferencias suelen ser papel mojado. La Gerencia ha sido siempre el amigo rico, el pagafantas de la vida municipal. Pero ahora no hay ni para toldos. Maximiliano no puede vender ni la sombra. Y sin toldos no hay paraíso.

Presentado el presupuesto de 2015, con esas obras que son como los moros de Queipo, siempre las mismas, sólo faltan ya los camellos por la Alameda de Hércules para rematar diciembre. Esperemos que este año ninguno muerda. Nos referimos a los camellos, claro. Los otros se pegarán dentelladas, máxime (de Maximiliano) cuando los puestos de salida se cotizarán aún más caros al reducirse la corporación a 31 concejales.

La izquierda cuando besa

Carlos Navarro Antolín | 28 de noviembre de 2014 a las 19:55

El portavoz de IU en el Ayuntamiento de Sevilla, Antonio Rodrigo Torrijos, ha anunciado este viernes su dimisión a IU tras su imputación en dos causas judiciales
Estos camaradas son como costaleros de cofradías de capa, que al arriar el paso en el templo, salen pringosos y sudorosos y, hala, se ponen a pegarse besos de abuela, con mucho aparato sonoro, mucho lagrimeo de emoción incontenida y mucho tatuaje en el brazo regordío. Estos concejales de IU se besan como ciudadanos de la antigua Yugoslavia para diferenciarse de la derecha opresora y capitalista, que es más adicta a los abrazos. “¡Un abrazo, un abrazo!”, dice Luis Miguel Martín Rubio cuando va hablando por el móvil y quiere saludar a alguien sin pararse a la misma vez que sube la barbilla. Abrazos da Zoido cuando envía recuerdos por casa a los vecinos. Arenas es el rey de los abrazos de la ceja levantada, que lo del arqueo de la ceja lo inventó Arenas mucho ante que ZP, pero como la derecha nunca sabe sacarle partido a sus propios logros, pues llegaron los señores del márketing de ZP y crearon toda una seña de identidad del zapaterismo.
La izquierda envuelve sus dimisones con el celofán de los besos. Dimitió Torrijos hace justo un año y se besó con Pepi Medrano. Ha dimitido José Manuel García y se ha besado con Pepi Medrano. La Medrano es como los cofrades del Valle cuando están apenados en la Anunciación sin salir por la lluvia y se hartan de recibir en su casa los pasos empapados de otras cofradías buscando refugio. A Pepi le pasa lo mismo: sin moverse de su sillón de concejal va a ver pasar media lista electoral de IU a su lado. A la mujer la mandaron el otro día al Pleno más sola que la Soleá de Rodríguez Buzón camino del Ayuntamiento ni por sus camaradas acompañá. Y lo pasaría tan mal que no se lo perdona a José Manuel García, al que ha largado con un beso. García es el político que toma la palabra en el Pleno y es toda una reivindicación de la antigua Carta de Ajuste de TVE, aquella que perdimos. Sigue pendiente que alguien funde una asociación de amigos de la Carta de Ajuste para que el Gobierno la reponga a determinadas horas. Lo bien que se dormía con la Carta de Ajuste puesta en el televisor, con sus colorines y con su generosidad de darte gratis la hora. Lo bien que se podía aprovechar el turno de palabra de García para bajar a tomar café en los Plenos. A García lo perdemos a golpe de beso de la Medrano como perdimos la Carta de Ajuste. Una pena honda nos carcome, una angustia interior nos oprime el pecho, una hemorragia de tristeza nos consume.
Viendo las fotos del besuqueo de los camaradas, Pepi Medrano también recuerda al socialista Bernardo Bueno. En las crisis del PSOE sevillano de los últimos años, cuando alguien preguntaba en qué bando había que colocarse, la brújula perfecta era la de Bernardo Bueno, ese señor que siempre tiene cara de Transición, de haber salido de un capítulo con voz de Victoria Prego. La corriente en la que estuviera Bernardo Bueno era la que ganaba. No fallaba. “Tú ponte donde Bernardo”, le dijeron a uno. Pues a Pepi le pasa lo mismo con sus besos. Cuando Pepi besa a un camarada, ya se sabe lo que pasa: que ponen la Carta de Ajuste. Y después viene Espinete con los abrazos.
José Manuel García, concejal de IU