La felicidad de dejar el Parlamento

Carlos Navarro Antolín | 23 de octubre de 2014 a las 20:40

la foto
El Parlamento luce lo que luce y fuera de Sevilla apenas tiene relevancia, palabra de Moreno Bonilla.
-Amén (Todos)
Los señores diputados del PP que eran alcaldes están encantados de abandonar el Parlamento, esa cueva oscura y huérfana de notoriedad, ese monumento a la opacidad, ese atril sin luz más allá de Sevilla, ese potro de tortura para los que buscan el lucimiento y se topan una y otra vez con la indolencia ciudadana que no invierte un minuto de sus vidas en escuchar a los Cánovas y los Castelares de hoy, ese cuarto negro y de castigo, ese desierto sin agua y sin el más mínimo oasis donde sus señorías puedan resarcirse del oprobio que supone ser diputado andaluz en un sitio sin apenas relevancia… más allá de Sevilla.
Moreno Bonilla lo ha clavado. Por eso los que se van del Parlamento se alegran, irradian la felicidad del preso liberado, la del enfermo sanado y la del excluido integrado. Los diputados del PP se fueron anoche de copitas (25 euros per cápita en Los Corales de Pedro Sánchez Cuerda) para despedir a los diputados que dejan su acta para seguir siendo alcaldes. Se trata de hombres y mujeres afortunados que ven la luz, para los que se acaba el suplicio de estar en las Cinco Llagas, donde lucían lo que lucían, donde penaban por los plenos, los patios y las galerías con una gran bola atada al pie como aquellos personajes de los tebeos de Mortadelo y Filemón. Todos estaban condenados al apagón, recluidos en una suerte de abadía cisterciense, sumidos en la pena de no brillar y de no ser escuchados, víctimas del ostracismo mediático. ¡Pero la sentencia del TC los ha liberado y Moreno Bonilla bendecido! Que suene Raphael que esta sí que ha sido la gran noche para algunos. ¡Cuánta felicidad exhibe la secretaria general del PP andaluz! El Parlamento me la tenía presa de la melancolía.
Y en la despedida más feliz que se recuerda en los anales de la política estuvieron Arenas, Zoido, Nieto, Patricia del Pozo, Los Rafaeles (Carmona y Salas), Miguel Ángel Arauz, Perico Rodríguez… Casi todos. Faltó Esperanza Oña, que se encontró con la sorpresa de un autobús fletado desde Fuengirola, cargado de vecinos que querían darle una despedida por sorpresa. Anda que a uno que yo me sé le van a mandar un autobús el día que se vaya…
Por cierto, ¡qué será de nosotros ahora sin el alcalde de Huelva todo el día por Sevilla! Anda que no le lucía ni ná a Perico eso de estar un día sí y el otro también por estos lares, quitado de en medio de la presión onubense, que no se sabía si era alcalde de Huelva o de Sevilla, que hay quien cree que era alcalde de la A-49.
Y en esta copa de despedida de los diputados alcaldes que por fin ven la luz se entregaron los carnés del club gastronómico de los diputados del PP. Son 50 diputados y entre ellos se llevan estupendamente. Aunque no les luce…más allá de Sevilla. Lo que luce de verdad es estar en el despacho de la calle San Fernando, don Juanma, reunido con el catalán experto en la fabricación de líderes. Pero no haga caso de lo que dicen por Sevilla de lo suyo, que eso es la caspa hispalense, que la tiene tomada contra usted y no acepta su programa “reformista”, como va diciendo por ahí uno que preside cierta Diputación. Que tiene usted toda la razón, que la oposición de verdad se hace sin el Parlamento, que el Parlamento es el engañabobos, el opio de la política, el sonajero para despitar a la oposición. Como decía el cochero de Terry: “¡Usted sí que sabe, Moreno Bonilla!” Que suene Raphael, que miren cómo se viene arriba la fiesta. Qué gran noche… Arenas aplaude. Y el líder extraparlamentario se cruza de brazos.

El traje talismán de Benito Navarrete

Carlos Navarro Antolín | 20 de octubre de 2014 a las 14:09

reportaje
Calladito se lo tenía la derecha local. Como un secreto de Fátima no revelado, como la receta de los 20 concejales que sólo se la sabe el druida Martínez-Vares, como el manual de instrucciones de dar marcha atrás en tantos proyectos anunciados y devueltos al corral al tercer silbido de los vecinos. Nadie dice nada, pero nos hemos dado cuenta de la gran baza de Zoido para seguir en el machito. ¿La encuesta que le da cinco concejales a Juan Espadas? No, hombre, no. ¿La encuesta que colocaría al cura Chamizo de alcalde con apoyo de los concejales del PSOE que van a caber en un taxi? Tampoco. Los de Podemos, Ganemos y Cobremos aún no se han dado cuenta de que Chamizo sigue siendo cura, que lleva dentro un pedazo de sacerdote de los que ponen de los nervios a la actual curia de frío y clergyman. Chamizo no huele a oveja del Pastor argentino, huele a Podemos de Pablo Iglesias que espanta. Y ojo al cura de la barba -que nunca besaría Soledad Becerril- porque es más largo que un viaje a Almería por carretera, que cuando Podemos sólo era un lema para ganar la Eurocopa, ya estaba largando en el Parlamento aquello de la gente está de todos ustedes, señores diputados, hasta donde pone Toledo.
El secreto mejor guardado de Zoido es su talismán: el traje de raya diplomática de Benito Navarrete, el principal asesor de temas culturales de este gobierno. Cuando arrecian las críticas a la gestión plana, de balance inmaterial, sin proyectos estrella y sin imaginación para suplir las carencias de presupuesto, Zoido tira del freno de emergencia de la locomotora que conduce directamente a la oposición, para el tren y, hala, a presentar una de esas exposiciones de brillo que dan un poquito de lustre a este gobierno. Porque al margen de las cuentas saneadas gracias a Doña Fley, ya me dirán ustedes cuál es el principal estandarte de la gestión de Zoido. Pues está clarísimo: el traje de Benito Navarrete, con sus rayas bien separadas a lo Dick Tracy, rayas como filas de nazarenos de ruán trazadas con tiralíneas, rayas que son el símbolo del éxito. ¿No tenía Del Valle sus baches, Soledad su escoba de oro, Alfredo sus viajes y Torrijos sus mariscos? Pues Zoido tiene los trajes de Navarrete, que con el don en el nombre de pila es provincia de Badajoz. Buenos días, señor Navarrete le paso una llamada del alcalde.
-¿Benito? Saca el traje y vamos a inaugurar algo, hijo mío, que me están dando la del tigre.
Y Benito monta la muestra de aquellos vestidos pomposos de Zurbarán para que el alcalde presuma ante las ministras, organiza el simposium de los cuadros de Velázquez para que el Salón Colón descanse un poco de los “¡Virsheee!” de Pepa Medrano arreando estopa al delegado de Urbanismo, restaura cuadros de propiedad municipal eclipsados por la negrura del paso del tiempo y hasta da la idea de hacer el mapping navideño. Navarrete, que parece sacado de un vaciado del San Bruno de Montañés, es de los pocos que da alegrías al jefe. Y hasta adelanta dinero de su bolsillo para asegurar que las obras de arte que ha pedido prestadas sean expuestas en perfectas condiciones de mantenimiento, lo hace sin titubeos, hartito de esperar la lenta burocracia municipal por la que hay que rellenar siete cuartillas para conseguir un paquete de folios. Ya verán ustedes cómo el alcalde saca a Benito muchas veces de aquí a mayo. Y nos vamos a hartar de ver el traje talismán con sus rayas perfectas, que no las mejora ni la gubia de Montañés.

El ejemplo de Livia

Carlos Navarro Antolín | 16 de octubre de 2014 a las 18:13

livia caro
Las personas que verdaderamente valen son las que teniendo minusvalías alcanzan los mismos objetivos, o incluso los superan, que aquellas que carecen de impedimentos de cualquier índole. Lejos de autocompadecerse, de refugiarse en la coartada perfecta o de instalarse en una queja perenne que se hace acreedora a todas los perdones, disculpas y misericordias, hay personas que tiran para adelante abrazadas a su particular cruz y que afrontan la vida siempre de frente. Esta semana se han cumplido seis años de un atropello ocurrido en la Plaza de la Encarnación que dejó a Livia Caro sin una pierna. Tenía 30 años y quedó mutilada a las 07:45 horas del 15 de octubre de 2008, cuando cruzaba por un paso de cebra y un camión se la llevó por delante en el desbarajuste de tráfico provocado por la obra de construcción del Parasol. Cada 15 de octubre sale de su casa con el ánimo alto para celebrar su cumpleaños. Livia dice que tiene seis años porque aquel día volvió a nacer y que su abogado, Joaquín Moeckel, un torrente de fuerza y humanidad de tal calibre que genera recelos en la ciudad de las mediocridades y las tibiezas, le ha dado instrucciones claras sobre la necesidad de salir a celebrar cada aniversario del accidente. A Livia se la pueden encontrar cualquier mañana del brazo de su madre por las calles del centro. Livia lleva su particular velocidad a base de chicotás de superación personal, con una sonrisa en la cara que manda al garete cualquier problema que otro lleve en su cabeza y con un forjado espíritu crítico con los problemas de la sociedad de hoy. Siempre en movimiento, en la piscina haciendo sus ejercicios, en casa asumiendo tareas para que su cuerpo nunca se amilane. Ni un lamento, ni un recuerdo avinagrado, ni un atisbo de dolor, ni un deseo de ajuste de cuentas ni con Dios ni con aquel desgraciado camionero al que prefirió no conocer cuando acudió al hospital. “No le deseo ningún mal”. Lo que tenga que despachar en su fuero interno ya lo hace en sus paseos a la Basílica de la Esperanza, la Esperanza de su padre, de su madre y de sus hermanas.

Hace pocos días conoció a una señora mayor en la piscina que se interesó por su evolución, cuyo resultado premió con grandes elogios. Pero cuando la señora se dio la vuelta, Livia oyó un comentario en voz baja: “Pobrecita, con lo joven que es…” Su madre le instó a que no replicara, a que guardara silencio y a que disculpara el comentario. Pero al día siguiente no se pudo reprimir: “Buenos días, señora. Sepa usted por encima de todo que yo no soy ninguna pobrecita. Soy una persona con mucha fuerza y con mucha esperanza”.

Pide Muñoz Molina a los periodistas en el tramo final de uno de sus últimos libros que difundamos en los medios de comunicación la labor de personas que hagan cosas “realmente sustanciales”. Y Livia es un claro ejemplo de ciudadana que sirve de modelo para sus vecinos. Teniendo una importante minusvalía irradia mucha más felicidad que muchos de los que disfrutan de toda su integridad física. Todas las mañanas la veo caminar, alegre y orgullosa, agarrada del brazo de su madre. Nos besamos, hablamos, damos un repaso a la familia y a la actualidad y siempre me despido con el convencimiento de que es ella quien realmente sostiene a su madre y, al fin y al cabo, quien nos obliga a todos nosotros a tratar de ser como ella.

Tapas a un euro: volver a ser lo que fuimos

Carlos Navarro Antolín | 15 de octubre de 2014 a las 12:03

tapa un euro
Hubo un tiempo en que se despachaban tapas de ensaladilla a 25 pesetas en un bar de Los Remedios que se llamaba Tendido 5, en la calle con nombre de monja que tenía ambiente de pequeño infierno las noches de los sábados. La orza donde se guardaba aquella masa compacta de patata con abundante mayonesa y alguna lámina de atún extraviada recordaba necesariamente a los pollos de Simago. Por cinco duros de los antiguos se obtenía derecho a un cucharón bien despachado de aquella vianda, rebosante en el platillo y con escolta de dos picos gordos. Con un poco de suerte no había que arrascarse al día siguiente ni los antebrazos ni las corvas. Todo había sido digerido con éxito, prueba superada y hasta el siguiente fin de semana. Pasaron los años, llegó el euro y entró la locura. Quién no ha visto y aún sigue viendo tapas a cinco euros porque sí. Porque lo valen, sabe usted. Y se han pagado. Hay gente capaz de pagar cuatro o cinco euros por una tapa como hay gente capaz de comer esos rulos de queso frito, que luego pasa lo que pasa y los rulos siempre cantan en los análisis de sangre.
-Usted ha ingerido un excesivo número de rulos de queso frito y tiene que dejarlo inmediatamente. Son malísimos.
La consumación de la locura llegó a los menús de Navidad, donde lo normal era gastarse hasta 60 euros, diez mil pesetas del ala. Y algunas veladas hasta con actuaciones incluidas. Quien no aceptara semejante dispendio era tenido directamente como de la UGT, por lo del puño cerrado, que por lo demás no es buen ejemplo de austeridad, precisamente. Aún se recuerda el cruce de jamones como regalos personales en algunas cenas de instituciones que hoy están sufriendo para pagar el recibo de la luz. Los regalos también pasaron a ser bonos de viajes, sesiones de masajes y demás chirimbolos al alcance de cualquiera con un simple tarjetazo. No renuncie, usted puede permitírselo. Todo valía antes que sentirse señalado por no aceptar la nueva liturgia. Hasta hubo un caso de un padre que, cautivo de los delirios de grandeza de aquellos maravillosos años, propuso un fin de semana en una casa rural como regalo colectivo de fin de curso para la profesora. Todo se infló hasta dejar el billete de 20 euros en un papel mojado. El rulo de queso era el símbolo del esnobista que mejor resumía esos hábitos, la seña de identidad de quien despreciaba los usos de siempre, la orillada moderación, la denostada mesura.
Hoy se topa uno con mojones que son un aldabonazo, mojones urbanos que indican lo efímero de algunos hábitos, pizarras abatibles que cantan el retorno a los precios que perdimos. Hoy volvemos al cucharón y paso atrás. Tapas a un euro. El mojón informa de la corta distancia que hay entre lo sublime y lo ridículo, entre aquellos excesos de tapas a cinco euros y el reajuste obligado que vuelve a convertir en publicidad el despacho de tapas por solo uno. Sólo queda por saber si a la mañana siguiente hay o no que arrascarse. Pero ahí radica, en parte, la emoción que nunca debió perderse. Ni mucho menos despreciarse. Y nunca orillarse. En la ciudad de los cuatro mil bares, demasiados se emborracharon en la primera taberna.

Los nuevos veladores

Carlos Navarro Antolín | 10 de octubre de 2014 a las 5:00

veladores Arzobispado

CON los veladores pasa como con la luz. Decía Romero Murube que hay una luz para la mañana de Corpus, como la había para la Semana Santa o para la tarde del Día de los Difuntos. Pues hay unos veladores de Pin y Pón, más pensados para cuerpos de niños que para adultos; como los hay que embisten contra edificios catalogados, caso de los colocados contra los muros del Palacio Arzobispal; como los hay de los que cuelga un cubito a modo de papelera, que son los veladores sambernardinos, que también los hay en modalidad papelera patera, bien con la pata de la mesa dentro del cubo, bien con la papelera junto a la pata; como los hay para quitar el miedo al puyazo, que son las mesas altas con taburetes, en las que siempre parece que a uno no le cobran más por sentarse, porque al final está medio de pie, medio sentado. Los peores quizás son los microveladores, los de Pin y Pón, de casita de muñecas. Se han puesto muy de moda en las cafeterías de nuevo cuño. Tanto se repitió que en Sevilla no quedaban apenas cafés desde que cerró el del Loco de la Colina que no paran de aparecer cafeterías de las que entran ganas de merendar, con colores amarillos y verdes, con dulces de obrador casero idóneos para meriendas pijas y, cómo no, con mesas y sillas recoletas, menudas, para cuerpos minimalistas. Se sienta uno en esas sillas tan monísimas como inútiles y se siente el mismo efecto que sentarte en lo alto de un bolardo. Parece uno el canario obeso del chiste, que siempre parecía que se iba a caer del palo. ¿Y esas mesitas de miniaturas de coleccionable? Si parece que las han robado de un aula infantil. Y para colmo, todas estas micromesas siempre muy pegadas unas a otras, en perfecta disposición para seguir la conversación del vecino, como si fuera montado en un autobús de Tussam pero en versión fresita. A un paso estamos en Sevilla de compartir mesa con extraños, un hábito de lo más normal en muchas ciudades. Sólo faltan farmacias con veladores para tomarte la presión arterial o las pastillas del día.
El velador sambernardino en realidad es una cochinada. Se traga usted los desperdicios que ha dejado el anterior, es como si comiera en su casa junto al cubo de basura abierto, porque en ningún sitio se limpia el cubo tras marcharse el cliente. Allí se quedan el trozo de San Jacobo duro, las servilletas sucias y el bote del potito. Recoger, lo que se dice recoger con celeridad, sólo se recogen los vasos y los platos en cuantito el cliente ha terminado, pero no por limpieza, sino para que el cliente se sienta obligado a pedir de nuevo. Una suerte de mobbing hostelero, una costumbre cada vez más asentada a la que los dueños de los bares llaman “levantar”. Hay que levantar la mesa cuando se percibe que el consumo decae. ¿Y cómo? Dejando al cliente como al torero que pierde los trastos: desnudo. O pide una segunda ronda, o puerta.

 

veladores san bernardinos

Los mejores embestidas de veladores se ven en la calle Placentines, donde se han hecho con la acera a un lado y a otro. Las mesas están pegadas al Palacio, incrustadas como celulitis a la piedra. Aquí no hay impacto visual que valga contra un Bien de Interés Cultural. ¿Dónde está la comisión de patrimonio para dictaminar sobre la contaminación paisajística de tanto velador en edificios con valores histórico-artísticos? Igual que se está muriendo gente que nunca se moría, están apareciendo veladores donde uno jamás lo hubiera pensado. Estos veladores que embisten contra los muros palaciegos tienen derecho al aroma de pipí de caballo procedente de la parada que hay a la misma verita, una fragancia puramente sevillana, perfectamente declarable patrimonio de la humanidad, lo que un cursi definiría como un valor añadido. Se sienta usted en ellos y disfruta de la Giralda mientras se fastidian sus cervicales y se abre el tarro de las esencias más urbanas, un cúmulo de sensaciones de lo más chic. La calle Placentines a determinadas horas es un laberinto de meandros de orines equinos que van a morir a la acera del Palacio de Arzobispal, donde los guiris se acomodan en los veladores como si pasara el Jordán por debajo de sus pies. Las dos Sevillas en un radio de menos de cien metros. En una acera del Palacio, la de Don Remondo, se guarda siempre ese frío de enero con olor a pólvora asesina de atentado. Y en la otra se contempla cada día que, al final, somos los camareros de Europa, como denunciaba siempre aquella alcaldesa llamada Soledad Becerril. Sólo sabemos poner mesas y sillas, más mesas y muchas más sillas. Hemos pasado de leer ‘Sevilla en los labios’, con los diferentes tipos de luz, a ser una Sevilla sentada, con los diferentes tipos de veladores. El caso es sentarse. Aunque huela a pipí.

microveladores

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Una desautorización de consumo interno

Carlos Navarro Antolín | 9 de octubre de 2014 a las 5:00

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, Juan Ignacio Zoido inaugura el curso "Temas Sevillanos"
A los muy veteranos alumnos del Curso de Temas Sevillanos que dirige Antonio Bustos los dejaron sin el Alcázar para su reunión mensual. Llevaban veinte años teniendo una sesión al mes en tan privilegiada sede gracias al permiso de gobiernos de distintas ideologías. La labor de divulgación cultural que realiza el Curso de Temas Sevillanos es digna de reconocimiento y cuenta con el apoyo desinteresado y reiterado de innumerables expertos que acuden a esta tribuna para ilustrar a los alumnos en las materias de su especialidad. Hasta en agosto continúan las sesiones en la sede de verano, Chipiona. En el Curso de Temas Sevillanos concurren valores cada vez más difíciles de apreciar en la sociedad de hoy: la inquietud por el saber, la atención a las personas mayores, el bajo coste de la iniciativa, la perseverancia demostrada a lo largo de más de dos décadas y una iniciativa particular que fomenta la transmisión de conocimientos a decenas de personas que prefieren ilustrarse sobre su ciudad antes que pasar las horas ante el televisor.
El concejal del Alcázar, Javier Landa, negó al Curso de Temas Sevillanos la cesión mensual de los salones. Lo que no hicieron ni anteriores delegados del PP ni del PSOE. Una ‘landada’ en toda regla a los que nos tiene acostumbrados el catedrático que Arenas le impuso a Zoido como número dos en la lista electoral de 2011. Una decisión gratuita que ofendió de tal forma a Antonio Bustos y sus alumnos que decidieron declarar a Javier Landa persona non grata para el Curso de Temas Sevillanos, que ya hay que ser torpe para recibir semejante distinción de una de las entidades de la ciudad que encajarían perfectamente en eso que hoy se llaman marcas blancas, por las que se pirran los políticos. Landa cree que el Alcázar está para otras cosas o, como mínimo, para no ser usado con tanta frecuencia por una entidad que sólo ha merecido cierto desdén por su parte.
Conocedor de la metedura de pata de su concejal con un colectivo amable y sin aristas, el alcalde no ha tardado en poner el parche. Si Landa negó el Alcázar, don Zoido ha acogido a los veteranos alumnos nada menos que en la dependencia más noble del Ayuntamiento: el Salón Colón. Y el propio alcalde ha inaugurado el curso y aplaudido la labor de Antonio Bustos. La fotografía no deja lugar a dudas. El alcalde ha dejado fuera de juego a su número dos. Podría decirse que estamos ante una desautorización de consumo interno, sólo apreciable por quienes están en el agujero de la tormenta cotidiana municipal. Landa, como casi siempre, ha creado un problema donde no lo había. Y eso pone de los nervios al alcalde que organiza galas para los que cumplen 65 años y mima a la Tercera Edad. Y que se sepa, los alumnos del Curso de Temas Sevillanos guardaron un comportamiento sin mácula en el Salón Colón. Ni agujerearon los asientos, ni rasgaron las cortinas, ni se llevaron los cuadros, ni pintaron en las paredes.
El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, Juan Ignacio Zoido inaugura el curso "Temas Sevillanos"

El silencio elocuente del concejal

Carlos Navarro Antolín | 7 de octubre de 2014 a las 5:00

Funeral del abogado Luis Olivencia, hijo del D. Manuel Olivencia
TIENE el tacto de no decirlo en público, pero se toma la arriesgada licencia de hacerlo en privado. Al concejal delegado del Real Alcázar no le gusta el rodaje de Juego de Tronos en las dependencias del principal monumento civil de la ciudad, como tampoco le han hecho gracia las cifras oficiales que se han difundido sobre el supuesto gran impacto económico en la ciudad. El catedrático, decano que fue de la Facultad de Económicas, pone muy en duda los números. Que no le haga chiste el cierre parcial del Alcázar en una semana clave para el turismo de octubre guarda armonía con las dificultades que ha puesto a varias entidades para la cesión de uso de los antiguos palacios. De hecho es persona non grata del Curso de Temas Sevillanos, al que negó el permiso para celebrar un acto al mes en sus salones, cuando llevaban casi veinticinco años teniendo esta costumbre. Hasta que llegó el comandante Landa y mandó callar. Pero esta vez es él quien guarda silencio. Cualquiera amagaba con quitarle al alcalde su principal piruleta en el tramo final de un mandato de balance intangible, donde sólo hay destellos de brillo en elsaneamiento de las cuentas y en la ausencia de grandes escándalos.
Landa se hizo fuerte ante ante los débiles, comoel entrañable alumnado de los Cursos de Temas Sevillanos, oante el Defensor de la Ciudadanía, un señor que cobra una dieta de 221 euros al mes, al censurarle parte de la última memoria anual. Pero aún no ha dicho alto y claro lo que piensa del cierre parcial del Alcázar y del tinglado con el que el alcalde está henchido de orgullo. Landa se ha tragado el sapo. La política consiste en eso más veces de las deseadas. Ocurre que el silencio no suele llevar aparejado ningún premio, se da por hecho por la pleitesía debida al jefe. Pero cortarle el turno de palabra al alcalde en el último Pleno y avalar con toda legitimidad los criterios del PSOE son de las que no se olvidan. Yel Alcázar tiene muchos pretendientes. Ypretendientas.

El desayuno, ese lujo tan barato

Carlos Navarro Antolín | 1 de octubre de 2014 a las 18:59

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La crisis ha despoblado los reservados de los restaurantes y ha llenado las cafeterías. Ahora se harta uno de desayunar, que es más económico y más rápido. El desayuno ha destronado al almuerzo. Hay hasta segundos desayunos como en tiempos había recenas en las bodas de postín. Ejemplo práctico: Arenas ya no invita a comer, sino a desayunar en el Oriza. Hay desayunos con derecho a tostadas como los hay carentes de empapante. Qué vocablo perdido el del empapante… Con la caída del Laredo auténtico se perdió ese vocabulario de camarero malaje, serio y distante que tras preguntar al cliente cómo quería el cafe, soltaba la pregunta al aire: “Y los señores… ¿tomarán algo de empapante?” El desayuno es el lujo más barato que existe en la sociedad actual. Así lo defiende con todo acierto Pedro Molina de los Santos, el director del Distrito Norte del Ayuntamiento, que ya tiene mérito eso de defender la gestión de Zoido en un territorio que es la Siberia de la derecha. Ser director del distrito de Los Remedios es como ser cura en Roma, pero donde uno tiene que fajarse es en el Norte, donde se ganan las medallas de guerra. Cómo ha evolucionado el Distrito Norte que ha pasado de no tener un solo hotel a tener un Hilton.
Pues Molina, que tiene encomendada la tarea de que Zoido no pierda el Norte (no va con segundas), tiene toda la razón con los desayunos. Hágase usted todos los días el café en casa, caliente la leche, saque el tostador y el aceite de oliva virgen extra del Mercadona, exprima las naranjas del zumo, friegue después todos los utensilios, recoja las migas y las servilletas sucias y déjelo todo como estaba. Un horror evitable por menos de dos euros en cientos de bares en los que se puede disfrutar de un desayuno como un marqués, con café y media (de la parte de abajo y calentita, por favor) y con suerte hasta con derecho a periódico. Un lujo que ha llegado hasta el AVE. El AVE no fue de verdad sevillano hasta que en Madrid se dieron cuenta de que había que ofrecer desayunos cardiosaludables y no esas chapatas con cinta de lomo y pimientos grasientos con estética de bodegón de la calle del infierno. A ver si algunos toman nota y ponen pan con aceite en los desayunos profesionales y no esa cantidad de platos con pastelitos que regresan íntegros a los corrales de la cocina. Venga nata y vengan calorías para empezar la jornada. Los pastelitos de cortesía de esos desayunos donde se presenta cualquier iniciativa a los medios de comunicación merecen una defensa, una oda, alguien que impida el desprecio que sufren continuamente en detrimento del café y el zumo de naranja de tetabrik, que sí gozan de enorme aceptación. El personal se bebe el zumo y el café, pero nadie da su sitio a los pastelitos. Fíjense al término de cualquier sermón matinal cómo se quedan las bandejas: enteritas. No falta ni un pastel. Qué poca misericordia. ¿Qué será de ellos? ¿Dónde acabarán tantos pasteles inutilizados? ¿En qué contenedor soterrado? ¿No saldría más barato, más modélico y más ejemplar ofrecer pan y aceite? Un reconocido hostelero de la ciudad daba en la clave el otro día:
–Fíjate la de gente que hay en Las Lapas media hora antes de cada desayuno de trabajo en el Alfonso XIII. Todos metiéndose la tostá entre pecho y espalda para llegar ya desayunados.
La crisis nos ha librado del peñazo de las comidas profesionales. Pero ha disparado el número de pastelitos desterrados. Lo peor es la de gente que hasta antier se inventaba una coartada para no comer en casa. Hubo un concejal de tráfico que todas las mañanas se sentaba en el trono, llamaba a su asesor de prensa para saber los titulares y siempre remataba con la misma cantinela: “¿Y hoy con quién comemos?” Qué mal lo hubiera pasado este hombre en estos tiempos de zumo, café y pastelitos con tantos trienios que a veces hasta tosen. La gente cree que son psicofonías, pero son los pasteles que dan señales de vida. Hemos acabado de los pastelitos más hartos que del canapé de Juliá que llevaba una puntita de anchoa con medio microtomate en lo alto. No hay lujo más barato que la media tostá y el café. Lo dice Molina y los frailes de Regina.

Política de corral

Carlos Navarro Antolín | 27 de septiembre de 2014 a las 5:00

Ayuntamiento.
El Salón Colón es una lonja con el pescado ya vendido. Una suntuosa estancia de yeserías, oros y cortinas gordas que sus huéspedes profanan con un lenguaje de trazo grueso y una marrullería de partido de fútbol de colegio. Cuando falta algo más de un semestre para las elecciones, hay políticos que parecen voceadores de sandías ilegales. Con la boca escupen descalificaciones mientras los ojos están fijados en la calles por la que puede aparecer la Policía. Por fortuna no se televisan los plenos. Es un alivio para la democracia que los sevillanos no contemplen estos festejos rocosos y por momentos broncos. Los políticos se acusan continuamente de mentir. Los unos a los otros. Se nota, se sienten, las elecciones están presentes. Los indios tienen ya las pinturas de guerra en el rostro. Los acuerdos que se toman es lo de menos. Se trata de escenificar. Salvo el conejillo que sacó el alcalde de la chistera con el concurso de ideas para los terrenos de Altadis, todo lo demás fueron pedreas, coartadas perfectas para que la tropa haga méritos de cara a la listas electorales. Unos meten el codo dándole a la lengua larga en las intervenciones o dando porrazos en la mesa al cierre de la intervención del líder. Y otros meten el codo interrumpiendo, provocando al de enfrente con comentarios a media voz. El presidente del Pleno soporta los tirones de sotana. Quieren que se moje. Y se moja. Se rompe el orden, pierde el gobierno.
Ayuntamiento.
Todos los plenos tendrán hasta mayo el descarado ambiente propio de la amalgama de jugadores que aguardan en el área el saque del córner. Mientras llega el balón, todo vale. Los muchachos de Zoido mascan chicle. El portavoz de IU se lía con el tú y el usted, con los singulares y con los plurales, los pasa por un mortero y hace una curiosa mezcla.
El alcalde pareció cansado para defender el convenio de Altadis. La noche previa estuvo en la gala del baile en la Plaza de España con los mayores. Fue un éxito. Aunque una señora le espetó problemas de logística: “¡Zoido, esto está muy mal, pero que muy mal! Se ha acabado la cerveza!” Y el alcalde fue incapaz de multiplicar panes y peces.
Espadas se vino arriba con Altadis. Estuvo incisivo. Zoido le bajó los humos al recordarle que el suyo ha sido el peor resultado del PSOE en Sevilla. Por los corrillos se venteó una supuesta encuesta encargada por los socialistas que les da sólo siete concejales. El reverendo Vílchez, delegado de Urbanismo, se suelta cada vez más. Empezó el mandato tímido y lo va a terminar sin corbata, como ayer. Vílchez no le aguanta ni una a la oposición, a pesar de que fuera de las refriegas políticas se lleva la mar de bien con Antonio Muñoz, portavoz adjunto del PSOE, lo que provoca algunos celillos en las filas del partido en la que manda la “roja y decente”.
La concejal más solvente del gobierno, Asunción Fley, mandó literalmente a callar a la socialista Encarnación Martínez, que se sintió especialmente ofendida. Tanto que recordó sus estudios en un colegio público como prueba de su buena educación. Fley es la tecnócrata del gobierno, la que mejor gestiona, pero también la que menos paciencia tiene para aguantar las embestidas de una política en la que no mandan los números, ni las cuentas cuadradas, ni las hojas de cálculo, sino el marrulleo y los argumentarios prefabricados. Se ve que la crítica fácil y sin conocimiento de la materia le saca de sus casillas, como cuando le reprocharon que en Málaga no hizo falta un plan de ajuste. Ella se empeñó en recordar que la deuda del ayuntamiento de la capital costasoleña era infinitamente menor que la del sevillano. Cuando Fley razonaba, Martínez no paraba de cuchichear. Fley se hartó. Elevó la voz. Mucho y con contundencia (con prepotencia, según la dolida edil socialista): “¿Se quiere usted callar?” En el Corral del Conde hubo pelea… ¡Bulla, bulla!
Ayuntamiento.
La oposición se echó encima de Zoido cuando el alcalde aprovechó un punto del orden del día sobre un reconocimiento de crédito para presumir de la cancelación del Plan de Ajuste y felicitar a la delegada de Hacienda y a todos los funcionarios. El presidente del Pleno tuvo que suspender la sesión y convocar a la junta de portavoces. Una cuestión formal provocó otra pelea de corral. El presidente del Pleno, que antes de la paralización había rogado al alcalde que se ciñera al orden del día, mantuvo el criterio en la repentina junta de portavoces, lo que mereció el posterior y público elogio envenenado del portavoz del PSOE.
La mañana estuvo trufada, además, por las interrupciones que provoca cada protesta de los trabajadores, tradicionales ya en el Salón Colón. Un sindicalista de la policía local de chaqué para reclamar pagos pendientes, los de Mercasevilla, los jubilados…. Mientras son desalojados de la sala, los expulsados siguen protestando y recuerdan aquellos días de vino y rosas en los que Zoido se presentó como el alcalde del empleo. Otros la toman en sus gritos contra Gregorio Serrano. El alcalde afea a los concejales de la oposición las sonrisitas que esbozan mientras los policías hacen su trabajo y les recuerda que en el mandato anterior también ocurrían estas protestas.
Salón de oros para un debate político metido en chatarra. Ellos se pelean en el interior. En el exterior, la ciudad sobrelleva los últimos bochornos de septiembre, ajena al meritorio pueril de las listas electorales y a las intrigas de baja estofa. Otros bochornos durarán hasta mayo.
Ayuntamiento.

Los cicerones sevillanos de Moreno Bonilla

Carlos Navarro Antolín | 24 de septiembre de 2014 a las 11:43

Restaurante Nantara Puerto.
EL aparato regional del PP ha confeccionado una agenda de tres días cargada de actos con el objetivo de que el presidente del partido, el malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla, tome contacto con sectores muy diversos de la sociedad sevillana. La provincia de Sevilla sigue siendo el principal lastre en los resultados del centro-derecha andaluz, de ahí que la mejora de los resultados en esta circunscripción sean todo un reto para el actual líder regional. Se trata de actos sin la presencia de medios de comunicación, en los que se espera que Moreno Bonilla pueda recibir opiniones y análisis de la situación de la ciudad y la provincia sin cortapisas. Sevilla es un reto para Moreno Bonilla no sólo por los resultados electorales, sino desde el punto de vista orgánico, pues el PP sevillano ha pasado de copar la cúpula regional del partido, con Juan Ignacio Zoido y José Luis Sanz como presidente y secretario general, a perder prácticamente todo el peso específico. Sevilla ha quedado desdibujada en el organigrama regional del PP, como quedó de manifiesto en el frío primer encuentro que Moreno Bonilla tuvo con los afiliados sevillanos en el salón de actos de un hotel del Porvenir.
La organización de estos encuentros se ha encomendado personalmente a cargos públicos, bien del Ayuntamiento o del Parlamento, quienes se hacen “responsables” de su éxito, pues como “responsables” aparecen denominados en la agenda interna del PP andaluz. En este desembarco hispalense del líder regional del PP se usa el innegable poder de convocatoria de los miembros del gobierno local para dar a conocer la figura de un político que sigue siendo muy desconocido por las capas populares. Hay que ponderar que sólo lleva seis meses en el cargo y que el PP andaluz sigue indisolublemente ligado a la figura de Javier Arenas, padre político de la inmensa mayoría de los dirigentes de esta formación política.
De la puesta de largo hispalense de Moreno Bonilla, llama la atención que hasta en ocho ocasiones aparece anunciada la presencia del alcalde de Sevilla en sólo tres días. Tan es así que Juan Ignacio Zoido desayunó, almorzó y cenó ayer con el líder del PP andaluz, además de compartir otro acto a media tarde.
Esta estrategia basada en tres o cuatro jornadas cargadas de citas en una sola provincia ya la ha puesto en práctica Moreno Bonilla en otras capitales andaluzas. En el caso de Sevilla se han cuidado desde los sectores más tradicionales, como las hermandades y cofradías, hasta nuevos colectivos emergentes como los de los blogueros y tuiteros.
El alcalde dedicó ayer la gran mayoría de la jornada a hacer de cicerone del líder regional de su partido. Primero lo acompañó al desayuno off the record con profesionales de la información y poco después al almuerzo con una veintena de miembros del Consejo General de Hermandades y Cofradías. A media tarde estaba anunciada su participación en el encuentro con ONG dedicadas a la protección de los derechos de los niños y a situaciones de pobreza infantil y, ya por la noche, a una cena muy reducida en un restaurante de la calle San Fernando con los rectores de la Universidad de Sevilla y la Pablo de Olavide.
¿Quiénes se hicieron cargo de que no faltaran todos los que no debían faltar en esta primera jornada? En el caso del encuentro con las hermandades, el “responsable” del acto fue el concejal de Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, citado en la agenda interna del PP por su cargo institucional. Los “responsables” del encuentro con las ONG infantiles fueron la concejal de Asuntos Sociales y Familia, Dolores de Pablo-Blanco, y la diputada autonómica, Carolina González Vigo. Yel “responsable” de organizar la cena con los rectores de las dos universidades públicas fue Juan Bueno, presidente del PP de Sevilla.
La agenda de hoy miércoles, segunda jornada del tour hispalense de Moreno Bonilla, comienza con un encuentro con el sector del aceite y la aceituna de mesa en Estepa. El “responsable” de este acto es el diputado autonómico Rafael Salas. Moreno Bonilla acudirá arropado por el presidente provincial, Juan Bueno, y por la presidenta local y primera teniente de alcalde de Estepa, Remedios Olmedo.
El mediodía de hoy está dedicado a una comida-aperitivo con blogueros y tuiteros en una cafetería del Muelle de las Delicias, un acto encomendado al concejal de Participación Ciudadana, Beltrán Pérez, uno de los pocos ediles que tiene relación personal con Moreno Bonilla antes de que fuera designado por Mariano Rajoy para llevar las riendas del partido.
La tarde está dedicada al tejido empresarial de la provincia en una reunión que tendrá lugar en Alcalá de Guadaíra, donde el PP tiene expectativas de crecimiento en las próximas elecciones locales. Los “responsables” de esta cita con una treintena de empresarios son Jaime Raynaud, diputado autonómico, y María Eugenia Romero, diputada nacional. A ella están convocados comerciantes de Dos Hermanas, Alcalá de Guadaíra, La Rinconada, Carmona, Mairena del Alcor y El Viso del Alcor. A la reunión acudirán los alcaldes de Carmona y de Mairena del Alcor. La noche está dedicada a una cena con representantes de las casas regionales.
La tercera y última jornada comienza con un desayuno con los colegios profesionales, un encuentro encomendado a la diputada autonómica Alicia Martínez. A media mañana está prevista una reunión con los los agricultores del Bajo Guadalquivir, organizada por Miguel Ángel Arauz, diputado autonómico. Yel mediodía se reserva para la última de todas las citas: un almuerzo de trabajo con la Cámara de Comercio y representantes del empresariado, organizado por Juan Bueno.