Ni bolsillo, ni estómago

Carlos Navarro Antolín | 7 de mayo de 2017 a las 5:00

SEVILLA, 05/05/2017.

NO es que los sevillanos no soporten una Feria de seis días ampliada a siete. Es que el concepto que el sevillano tiene hoy de la Feria dista mucho del que se tenía en los años ochenta, cuando existía una clara división entre el mediodía y la noche. Esa separación –de hasta dos y tres horas– para ir a los toros o simplemente para descansar en casa, hacía mucho más soportable los días de una fiesta que, no se olvide, muchos recuerdan cuando comenzaba el jueves. La forma de vivir la Feria hoy es llegar y apurar el día hasta que el cuerpo aguante. Y, claro, el cuerpo exprimido no puede estar rindiendo igual no ya durante seis días, sino durante siete. Y siete días de gasto no hay póliza de crédito que los soporte. Esta Feria alargada para captar madrileños es literalmente insostenible. No hay cuerpo ni bolsillo que la aguante. Necesita de mucho omeprazol y almax, de cuadrillas de relevos entre los camareros, que el jueves estaban ya extenuados en muchos casos. Necesitaría, cómo no, de esa tradicional división entre mediodía y noche que antaño hacia llevadera una fiesta en la que a las seis de la tarde se aprovechaba para limpiar la caseta, reordenar las mesas y recibir de nuevo a unos socios aseados y vestidos de oscuro. Ese corte, esa separación, evitaba muchas borracheras y muchos individuos vivaqueando sin rumbo y con la lengua gorda. Pero el consumo se impone hoy a la vivencia en todos los órdenes (fíjense en la Semana Santa sin ir más lejos) y se trata de eso: de consumir, apurar, exprimir, aprovechar el día de Feria como si fuera el único cartucho.

Ese concepto de Feria en sesión continua soporta ya difícilmente el tercer día consecutivo. El jueves, hasta ahora el día más elegante, se podía coger mesa en primer fila en muchas casetas pasadas las dos y media de la tarde. El viernes ya no había ni plato del día en muchas cocinas. ¿Para qué? Si no había demanda. Y el paseo de caballos, despoblado, era lo más parecido a los vídeos en blanco y negro de la Feria del Prado, pero sin la alta velocidad del cine en blanco y negro.

La apertura de una caseta para turistas es una suerte de engañabobos. Vale como servicio, acudidero para visitantes perdidos, pero no garantiza que se viva la verdadera Feria, fiesta eminentemente particular, que no excluyente, lo cual se debe afirmar sin ningún complejo. Vivir la Feria de verdad –no nos engañemos– exige estar integrado. Y para eso se necesita algo de tiempo, cosa de la que la industria turística no dispone, pues se trata de vender paquetes, experiencias exprés y otras gaitas. La caseta para turistas es un bar en el real con estética de eso: de caseta. Aceptamos caseta para turistas como medio para captar el verdadero sentido de la fiesta porque, al fin, de lo que se trata es de hacer caja. Aceptamos media hora de taconeo, dos raciones de calamares con textura de neumáticos y autobús en la puerta como espectáculo genuinamente flamenco. La caseta para turistas recuerda a aquel centro de la interpretación de la Semana Santa que Monteseirín quiso construir y que, por fortuna (y ducados), la crisis se llevó por delante. Aquel engendro contemplaba en su oferta un simulador de bullas para que el turista se hiciera una idea de la pericia del sevillano a la hora de moverse en las aglomeraciones. Si aquello hubiera prosperado tendrían que haberle incorporado el servicio premium del simulador de las estampidas.

Malos tiempos para lo políticamente incorrecto, malos tiempos para decir que la Feria de Sevilla es una fiesta privada, para los sevillanos y que si se quiere vivir de verdad ha de ser de la mano de uno de ellos. Malos tiempos para explicar que caseta viene de casa y que en casa de cada uno entra quien desea el dueño. La Feria es víctima del pensamiento lanar, del buenismo, de la teoría de la participación por la participación como valor supremo.

Que le pregunten al vasco afincado en Sevilla que osó acercarse a tocar las andas de la Virgen del Rocío sin cumplir la norma no escrita de pedir la venia a un almonteño. Sufrió literalmente un mordisco. Montar una caseta cuesta un dinero que miles de sevillanos pagan en cuotas a lo largo del año con su esfuerzo y sus ahorros. Son los sevillanos con su esmero personal los que montan la fiesta, nada hay de lo que avergonzarse por ello. Y son los sevillanos los que han integrado siempre a miles de visitantes sin imposiciones pseudodemocratizantes.

Esta Feria alargada ha generado 1.700 asistencias sanitarias sin ninguna tragedia, lo cual nos lleva también a una conclusión: la Feria es una organización perfecta, un ejemplo de convivencia en el que, pese a las horas de ingesta de alcohol y a la combinación de públicos muy diversos, no hay que lamentar ningún suceso. ¿Por qué sí ocurre, en cambio, en la Semana Santa? Porque en la Feria nadie se ve excluido, ni siquiera la legión de gente carente de educación, que se refugia en el alcohol en un espacio limitado (el real) y ultravigilado. Y en la Semana Santa hay demasiado público que deambula sin importarle nada de cuanto ocurre en una fiesta religiosa que no ofrece atractivos alternativos para pasar tantas horas en la calle. Preocúpese el gobierno de analizar, mimar y blindar la Madrugada, y deje la Feria como estaba hasta el año pasado, que ya de por sí era larga por el concepto de sesión continúa con el que se vive hoy. Nadie aguanta siete días de Feria seguidos ni dos subidas al ratón vacilón.

Los viejos tiempos de la Holiday

Carlos Navarro Antolín | 4 de mayo de 2017 a las 5:00

Sev.

LA Holiday no es ya la discoteca a la que Aznar acudía a relajarse tras los mítines en el Parque de los Príncipes de aquellos años noventa donde las gradas estaban pobladas por clientas rubiancas de la extinta Nova Roma y fogosos estudiantes de Derecho. El PP tampoco es ya el de aquellos años. Mucho han cambiado la discoteca y el partido. Todo ha cambiado. O casi todo. Salvo el incombustible Javié (Arenas), de aquellas noches de la Holiday no queda nada. Ni casi nadie en la escena pública. Pero los símbolos tienen su fuerza. Tal vez por eso los críticos del PP quisieron brindar por la victoria en el mismo local de la Holiday, que aún mantiene el nombre, sólo el nombre, pero nada más, como ocurre con la Óptica Rodríguez del Valle, qué detalle. Brindaron como en los grandes años de Felipe Rodríguez Melgarejo, dueño del histórico negocio que hoy está arrendado a otros hosteleros. Veinticuatro votos, sólo veinticuatro votos de diferencia. Veinticuatro caballeros le bastaron a San Fernando para conquistar Sevilla. Y hasta hoy. Veinticuatro nazarenos con cirio verde llevan los tramos del Cristo de la Vera-Cruz en su recuerdo. Veinticuatro es un número con fuerza en la historia de Sevilla. Con San Fernando debió entrar ya Arenas al frente del PP, además de José Joaquín Gallardo en el Colegio de Abogados, Paco Vélez en el Consejo y Cañete en Aprocom.

Arenas no fue a la Holiday con su fiel muchachada. Él es más de mediodía. Por eso citó a los leales al día siguiente. Había que zamparse un arroz. El arroz de la victoria. El almuerzo fue en la discreta planta alta de Antares, el club donde antaño jugaba al pádel con Zoido y compañía. Zoido está hoy de ministro del Interior, estrenado de nuevo condición de abuelo y pendiente de las votaciones para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado. Arenas pagó el café o la copa, según la elección de cada comensal. Pero el arroz se pagó a escote: 25 euros del ala. Presidió la mesa el gran anfitrión, el lince de la derecha andaluza, el ciprés de la sombra alargada, el que ha logrado ganar por enésima vez una batalla interna, que es su gran especialidad, el plato estrella de la casa. Y a la vera del maestro se fueron sentando Virginia Pérez, Beltrán Pérez, Rafael Belmonte, Rafael Salas, Patricia del Pozo, Macarena O´Neill, la concejal Evelia Rincón, el concejal José Luis García, Luis Panigua, María Eugenio Moreno (Huévar), Isabel Díaz (Olivares) y Eloy Tarno, esposo de Virginia Pérez.

La presidenta electa del PP se dio ayer un baño de masas por el real de la Feria, escoltada por Beltrán Pérez. El comité de derechos y garantías tiene que resolver aún una denuncia firmada por José Miguel Luque a cuenta del recuento en una mesa de Dos Hermanas. Pero con las felicitaciones públicas de Zoido y Maíllo a los ganadores, pocas ganas habrá en Génova de seguir avivando el fuego. La Pérez tiene que coser un partido donde hay poco hilo, casi ningún dedal y muchas agujas. Tendrá que controlar su propia fuerza, saber pasar de la condición de ariete a la de balanza del equilibrio. Transformarse, como ha hecho la Holiday, para no morir de éxito. Los abrazos en la Feria son gratis. Como los tuits de enhorabuena. El arroz se paga. Javié solo da café.

Peatonalización de Betis: el miedo en el cuerpo

Carlos Navarro Antolín | 1 de mayo de 2017 a las 5:00

Carmen Castreño, presidenta del Puerto de Sevilla..

El martes nos quedamos con el miedo metido en el cuerpo, con la jindama serpenteándonos las carnes como si la Canina hubiera arriado los zancos justo delante de nosotros, martillazo en la zambrana y ahí queó. Doña Carmen Castreño, delegada del distrito Triana, nos dejó temblando al anunciar una nueva peatonalización:“Queremos recuperar Betis para el peatón”. Dios santo, todavía estábamos corriendo como gamos de la Madrugada (así, en mayúsculas, para que se entienda) cuando salimos otra vez en estampida ante una nueva peatonalización. Van a reformar la calle Betis, dice esta señora. Ya estoy viendo Betis convertida en una gran terraza de veladores, con sus bicis, sus turistas con los pies por lo alto, sus camareros cruzando de un sitio a otro y todo eso que llaman dar vida o ambientar una calle, que ya lo está, pero que lo estará aún con más metros libres por delante. Qué manía con recuperar las calles para el peatón cuando, en realidad, es para ofrecerlas en sacrificio en el altar de los hosteleros, hoteleros y otros agentes del sector servicios, verdaderos poderes fácticos de la ciudad que cambian la fecha de la Feria a su antojo. Hace tiempo que las cofradías, decadentes ellas, dejaron de ser una fuerza viva. Quien manda ahora es esa clase empresarial que se pasa las ordenanzas por donde dijimos y que tiene influencia hasta para abrir casetas especiales pervirtiendo el sentido original de la fiesta. No me vendan peatonalizaciones que no so tales. El peatón como coartada, el negocio como objetivo final cueste lo que cueste, aunque sea a costa de prostituir espacios como la Avenida de la Constitución. A la calle Betis la van a dejar convertida en una covacha, otra más en esta ciudad consagrada al sector servicios de calidad media tirando a baja, que éste es otro debate. Puestos a servir, que es lo que sabemos hacer, podríamos ser mejores, más esmerados y bien preparados. Pero aquí hubo unos que quisieron abrir una escuela de hostelería con buen criterio que otros abortaron pidiendo maletines a cambio. A la zapata de toda la vida de la calle Betis le pusieron malecón en tiempos del PP. A la Betis de ahora a ver cómo la dejan los del PSOE. Salvemos al peatón. Cuidado con los salvadores de patrias y calles. Qué miedo, la Canina.

Mamarrachada en el Salvador

Carlos Navarro Antolín | 30 de abril de 2017 a las 5:00

SALVADOR

COMO champiñones aparecieron, justo antes de Semana Santa, cuando el cofraderío está despistado y el personal sólo busca pasos, pasos y más pasos, importándole poco si se está diciendo misa en el altar mayor, si se celebran los oficios, o si está la reserva del Santísimo, velote rojo encendido que demanda una genuflexión que cada vez se aprecia menos. Como champiñones florecidos de mala manera: cuatro palos con cadenas alrededor de la fuente del Patio de los Naranjos del Salvador. Los curas han cercado la fuente de mármol del siglo XVIII, una mamarrachada en toda regla de la que nadie sabe nada. Nadie dice nada. Silencio, se encadena. Aparecieron los cuatro palos como cuatro champiñones. Prohibido el paso, no se acerquen, se está catetizando un rincón bonito, con su encanto y todos sus valores catalogados. O eso dicen. Han afeado el patio de los naranjos como han hecho con el Salón Colón del Ayuntamiento, donde el gobierno de Espadas quitó los muebles de elegante caoba para poner mesas de pisos de estudiantes. ¿Estaba la caoba apolillada quizás? ¿Provocaba alguna alergia desconocida en algún munícipe? A gastar dinero, se dijo, y a orillar unos muebles de alta calidad.

Parece que no hay un canónigo en toda la diócesis que tenga buen gusto y asesore con cierto criterio en materia de patrimonio histórico. El Salvador depende del Cabildo Catedral desde que terminó la celebrada rehabilitación hace ahora diez años. El edificio se parece desde entonces más a un museo con hermandades –con tienda abierta hacia la plaza, cómo no– que a un templo propiamente dicho. Si se fijan en la última obra de reforma que se ha hecho en las dependencias de la Parroquia del Sagrario de la Catedral (sí, de la Catedral), el resultado es el de unas dependencias más propias de un Hotel NHde cuatro estrellas que de un templo barroco. Aquello tiene una estética blanca, de tanatorio nuevo y reluciente, que lo mismo vale para Albacete, Lugo o Almería. Todo funcional, por supuesto. Todo muy útil, muy limpio, muy de salón de celebraciones de postín a la salida del pueblo.

Quien desde luego no tiene la culpa de este nuevo despropósito es el arzobispo. Don Juan José es un amante del arte, del buen arte eclesiástico. Sólo hay que ver sus esfuerzos por enseñar la colección de cuadros del Palacio Arzobispal, por abrirla al público, por explicar las diferentes dependencias: el despacho oficial, los aposentos del nuncio, el comedor de gala, etcétera. Tiene claro que el arte tiene una función, hay que hacer pedagogía con el arte, aprovecharlo y, sobre todo, preservar el sentido para el que las obras fueron creadas. Nos consta que le dolieron los tablones de pladur que se colocaron en la sacristía de la Magdalena, como seguro que le escocerá esta estética de cadenas y palos más apropiada para reservar una plaza de aparcamiento en superficie del piso de la playa que de un bien de interés cultural donde se han gastado millones de euros de todos los contribuyentes. Don Juan José va a tener que promover unas clases de Historia del Arte para sus canónigos, al igual que se imparten clases de liturgia a los periodistas para que sepamos las partes de la misa, el sentido de la liturgia y no confundamos el ofertorio con la consagración, ni la oración de los fieles con el salmo responsorial.

En qué privilegiada cabeza cabe semejante mamarrachada. Ni el catálogo del IAPH, ni los planes de protección, ni la comisión de patrimonio que te crió. ¿No se enseña en los seminarios a cuidar el patrimonio histórico? ¿Ohan orillado el arte poco a poco –que no se mueva un varal– como han desterrado los latines?¿Tan difícil es encontrar un canónigo con cierto criterio, prudencia y tacto? La verdad es que se entienden muchas cosas si se ven las casullas de Ikea que se gastan algunos teniendo la vasta colección que posee el Cabildo. Dejen el Salvador como está, que ya está bastante frío y encorsetado, no lo hagan más inhóspito, más incómodo, más frío y más vulgarizado. Dejen de acotar espacios, que el Salvador va a parecer la versión adelantada de la próxima Semana Santa.

Rajoy fuerza un mal acuerdo en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 27 de abril de 2017 a las 5:00

RAJOY CLAUSURA EN SEVILLA ACTO XXV ANIVERSARIO ALTA VELOCIDAD EN ESPAÑA

UN mal acuerdo antes que una votación reglada por los estatutos vigentes. Un acuerdo que convierte los estatutos en papel mojado. Un acuerdo forzado por el propio presidente nacional, según la confesión del actual presidente provincial en un foro de íntimos. Los dos aspirantes a la presidencia del PP de Sevilla firmaron ayer un documento de cinco puntos que deja orillada la normativa interna del partido. ¿El objetivo? Cumplir las órdenes de Rajoy para que al congreso provincial del 21 de mayo se llegue con un solo candidato a la presidencia tras un año de tensiones que tienen absolutamente fracturada una formación tras la traumática pérdida de la Alcaldía de Sevilla. ¿El precio? A priori muy caro, pues se condena a convivir en la futura ejecutiva a dos bandos que llevan un año en guerra en un partido donde hay caracteres manifiestamente incompatibles y hasta algunos odios africanos. Todo sea por la foto forzada del día 21, todo sea por la gloria efímera del titular periodístico que venteará el humo de la supuesta unidad y la integración de las diferentes sensibilidades. Prueba de ello es que ha habido que aplazar hasta mañana las votaciones previstas para hoy por el enésimo enfrentamiento entre críticos (Virginia Pérez) y oficialistas (Juan Bueno). Los críticos denunciaron la falta de papeletas y de otras medidas para garantizar un proceso en el que está prevista la participación de más de 8.000 votantes, una cifra insólita en el PP sevillano. Las impugnaciones, las afiliaciones masivas de última hora, la falta de papeletas y otras causas terminaron por forzar el aplazamiento de las votaciones (hubo gritos en la sede provincial), dejando en el ambiente una sensación de chapuza incontrolable hasta desde los despachos de la sede nacional. No se fían unos de otros, pero Rajoy pretende que convivan en una ejecutiva. Pocos minutos después de firmar la supuesta paz, un nuevo despropósito se hacía evidente con el aplazamiento de las votaciones. La paz era frágil. No aguantan una hora juntos y Rajoy quiere que compartan piso durante cuatro años.

El documento firmado ayer en la sede regional por Juan Bueno, actual presidente provincial, y Virginia Pérez, portavoz del PP en la Diputación, consta de cinco puntos. Las horas de negociación estuvieron marcadas por una fuerte tensión. Se pidió en algún momento a los participantes que entraran en la reunión sin teléfonos móviles para evitar filtraciones. El punto inicial del acuerdo consiste en que el candidato que obtenga un voto menos acepta retirarse voluntariamente de la carrera presidencial, pese a que los estatutos fijan que el perdedor sólo debería abandonar la contienda en primera instancia si obtiene 15 puntos menos de apoyo que su rival. Es decir, el perdedor por menos de 15 puntos podría seguir aspirando a la presidencia en el congreso y darle un vuelco al resultado, pero se anula esa posibilidad. La segunda condición es que si no existe una diferencia de un 40% o más entre ambos aspirantes en la votación, el ganador se compromete a elegir a su secretario general de entre una terna que confeccionará el bando perdedor, pese a que los estatutos otorgan plena libertad al presidente para nombrar a su número dos, una figura clave en el gobierno del partido, pues se dedica, sobre todo, al control del más de centenar de pueblos de la provincia. En tercer lugar, se establecen unos cómputos en función del resultado de la doble votación (elección de presidente y de compromisarios) para garantizar los equilibrios en la composición de la futura ejecutiva. En cuarto lugar, se fija en diez el número de vicesecretarios. Y, por último, ambos aspirantes se comprometen a elegir por consenso al presidente del comité electoral, así como cada bando elegirá a cinco miembros de este órgano que confecciona las listas electorales.

El mismo Juan Bueno, actual presidente provincial, reconoció ayer en un foro privado la intervención del propio Mariano Rajoy: “Hace unos minutos he firmado un acuerdo por una razón muy simple: el bien del partido. Había una decisión en la mesa por la que si no firmábamos el acuerdo, había que posponer la votación a la semana que viene. Incluso el propio presidente nacional quiere que no se llegue al congreso sin un acuerdo”. Bueno, seguidamente, se refiere al sector crítico en su alocución privada como “los que nos quieren quitar de en medio”. Yarenga a sus incondicionales:”Más que nunca la victoria será nuestra mañana. ¡Vamos a apretarnos los machos, que sé que os los estáis apretando a muerte! Mañana vamos a ganar!”. A esas horas aún se desconocía que las votaciones no se iban a celebrar hoy jueves.

En política, como en todo, cada cual debe torear con su cuadrilla. YJuan Bueno y Virginia Pérez firmaron ayer un documento en el que ambos –si ganan– renuncian a torear con sus respectivas cuadrillas. Es decir, renuncian a trabajar con personal de su estricta confianza. Rajoy manda. Todos obedecen.

Cerveza y bicicletas

Carlos Navarro Antolín | 23 de abril de 2017 a las 5:00

SEVILLA BIKE CENTER

SIN tirador no hay paraíso. Sin cerveza nada es lo mismo. Cerveza bebe el Papa emérito, cerveza se ofrece a los ciclistas del denominado centro integral de la bicicleta, el que está en los Jardines de Murillo, del que nos dijeron en los planos que tendría una zona de cafetería y bebidas como complemento. ¡Y tanto que es integral este servicio! Si parece más extensa la zona de bar, llamemos a las cosas por su nombre, que la dedicada a las bicis. La adjudicataria del servicio ha hecho la mar de bien en poner un bar grande, con sus mesas y sillas, y con sus tiradores de birra. Pan y circo, cerveza y bicicletas. A pedalear, a pedalear que la Cruzcampo se va acabar. No conviene perder muchos líquidos tras darle a la bici. Si no teníamos bares en Sevilla, otro más a cuenta de un nuevo servicio… público. Lo dijo aquel al que recriminaron que tras hacer deporte se hincara una tostada untada con roquefort: “Peor, mucho peor, sería zampármela sin haber corrido antes”.

Los proyectos sin bar no prosperan, como los actos culturales sin copa de vino español no atraen al gran público. Que se lo digan a Gregorio Serrano, hoy director general de Tráfico, que siendo concejal de Turismo no pudo asignar un uso al edificio monumental del Costurero de la Reina porque a ningún empresario le parecía atractivo explotar el inmueble como centro de atención a los cruceristas. De los 46.000 euros del primer concurso se pasó a 25.000 (una rebaja del 45% en números redondos) y con la posibilidad de habilitar una cafetería en la planta baja, pero ni así se generó el interés de alguna empresa. Hasta tres veces se quedó desierto el concurso de adjudicación. Un conocido empresario de la noche telefoneó a Serrano y le explicó que estaba dispuesto a hacerse cargo del Costurero si le permitían abrir en horario nocturno y servir copas largas. Por fortuna, el gobierno de entonces se negó a pervertir el uso del edificio.

Aquella propuesta tuvo cierto efecto de mazazo. ¿Nada se puede abrir en Sevilla, nada puede funcionar, si no es poniendo una barra por delante? Milano cerró en la Plaza de la Magdalena tras décadas de venta de trajes para caballero, unos ternos funcionales y económicos. “Te han salido sarpullidos en el cuello, ¿te has puesto algún traje de Milano?”, preguntaba alguno con guasa. Pues al persianazo de Milano le siguió un negocio llamado, naturalmente, Milano Copas. Es como el negocio de muebles Matamoros, frente a la portada de la Feria, una referencia inequívoca para muchas generaciones, pero no para comprar muebles, sino para citarse para entrar juntos en el real, ¿o no?. Ahora Matamoros es un bar. El bar Matamoros, cómo no. A puntito estuvimos de tener el Costurero Copas. Sevilla es una ciudad donde se restauró mucho antes la cervecería de la Moneda que la Casa de la Moneda. La cerveza es el opio del pueblo. Carril Cruzcampo ya.

SEVILLA BIKE CENTER

Gobernar es apostar y tener criterio

El sueño de la razón genera monstruos. La aplicación taxativa de la igualdad puede provocar efectos perversos. Se aprecia con el asunto de los veladores. Esta sociedad propensa a los pendulazos asiste ojiplática a la supresión absoluta de las mesas y sillas de la Plaza de la Campana, una medida desproporcionada que trata por igual a un negocio centenario, que contribuye a que la ciudad tenga un sello propio, con unas multinacionales de quita y pon, hijas de la globalización, que generan una ciudad despersonalizada. No es cuestión de costumbrismos, ni de perspectivas nostálgicas, ni de evocaciones de la Sevilla en sepia, ni de otras monsergas argumentales propias de inadaptados sociales. El propio Ayuntamiento, de hecho, no cobra lo mismo por un velador en la calle del centro que por uno en una calle de barriada alejada de la Plaza Nueva. Es decir, no considera por igual a todas las calles desde el punto de vista fiscal. El propio Antonio Muñoz, siendo portavoz de la oposición, visitó el Bazar Victoria para apoyar un negocio que, por cierto, agoniza ahora en Francos. En breve se sumará a la lista de los caídos por la Ley de Arrendamientos Urbanos. El PSOE pidió entonces una protección especial para los negocios con historia, lo que el gobierno de Zoido no hizo. Ahora que han segado los veladores de la confitería La Campana, el PP pide una consideración especial para este negocio, lo que equivale a reformar la propia ordenanza de veladores que promovió el alcalde de los 20 concejales. Ni el PSOE ha hecho lo que prometió (catalogar los establecimientos señeros) ni el PP acertó con su normativa (dejó que Sevilla fuera una selva de mesas y sillas). Muñoz ha querido aplicar mano dura ante una lacra que chabacaniza la ciudad, como es la invasión de veladores, pero se ha pasado con las dosis de aceite de ricino y ha contradicho sus propios criterios cuando estaba en la oposición. La confitería La Campana debería tener, al menos, cuatro o cinco mesas próximas a su fachada. El gobierno ha querido aplicar una medida ejemplarizante. Gobernar es tomar decisiones, apostar y tener criterio. En este caso, el criterio no ha sido el idóneo por desproprorcionado.

El quite de Romero a Espadas

Carlos Navarro Antolín | 18 de abril de 2017 a las 5:00

Alcázar.

El alcalde es un tipo con suerte. Este Juan Espadas ha caído de pie en el Ayuntamiento y no hay estampida que lo zarandee. Con sólo once concejales, con la Sevilla cofradiera encantada, tocando las fechas de la Feria como le da la gana para contentar a madrileños y hoteleros, y sin oposición política que le rechiste. Espadas descafeinó el premio taurino del Ayuntamiento para no molestar a sus socios de la izquierda, los muchachos de Participa Sevilla e Izquierda Unida. El premio ya no depende sólo del Ayuntamiento, como ocurría en tiempos de Zoido, sino de la Fundación Europea del Toro y su Cultura. Se trataba de que el galardón perdiera su dependencia directa del gobierno y se centrara más en los aspectos culturales de la Fiesta Nacional. ¡Ahí va, la cultura y yo con estos pelos!

El 28 de marzo de 2016 se publicó la concesión del premio al pintor Miguel Barceló. Ya ha llovido y ya hemos corrido en la Madrugada. Y el lunes 17 de abril de 2017 han tenido que venir a recogerlo en nombre del pintor, porque el pintor, el artista, que es un artista, pedazo de artista, no ha tenido tiempo de venir a Sevilla a recogerlo de manos del alcalde. Para algo inventaron los romanos la representación.

¿A quién ha mandado Barceló a recoger el premio que lleva el nombre de la ciudad? ¿A su abogado? Frío, frío. ¿Al proveedor de sus lienzos y pinceles? Frío, frío. ¿A su fisioterapeuta? Más frío, mucho frío, pero más frío que el cuerpo que se nos quedó la noche del Viernes Santo. El premio despreciado por Barceló lo ha tenido que recoger nada menos que Curro Romero más de un año después de su concesión. El mismísimo Curro le ha hecho el quite providencial a este alcalde suertudo. Curro le ha salvado el expediente a un gobierno que sí tuvo lo que hay que tener para poner vallas en las calles en Semana Santa, pero no lo ha tenido para darle el premio taurino a un torero, a un ganadero, a un rejoneador o a un novillero. Ni los 175 años del hierro de Miura han valido, oiga.

Como se trataba de buscar el aspecto cultural de la fiesta, tururú, se lo dieron a un tipo que no ha tenido la consideración de coger un AVE, pasar una noche en el Alfonso XIII y recoger el galardón. Barceló ha pasado de la ciudad, del premio y del alcalde como de eso que está usted pensando y es de color marrón. Tan aficionado era Romero a esos quites del perdón en las ferias de los años noventa que ha vuelto a hacer uno, pero no para que lo perdonen a él, sino para que Espadas se libre de los almohadillazos que merece su buenismo, su afición a lo políticamente correcto en estos asuntos de la tauromaquia, su objetivo de no molestar a sus socios minoritarios. Romero solía hacer el quite del perdón al toro que cerraba plaza la tarde que clausuraba su particular feria. Tres lances de capa y una media con las manos bajas bastaban para consolar a una afición que se había tragado todos sus macheteos desde el Domingo de Resurrección. A Romero, a este paso y a sus años, le van a dar el premio doctor Vila al quite providencial. Si no es por Curro, Espadas se queda sin acto de entrega de su descafeinado premio taurino, que ya de taurino le queda lo mismo que al hotel Colón, el de la suntuosidad sacrificada. ¿Tenía, por cierto, necesidad el Faraón de meterse en esta faena? La que han liado Espadas y sus muchachos para no tener que dar el premio a un torero ha sido como las que liaba Juliá con esos canapés tan raros que se inventaba para no tener que poner jamón. Y, al final, han tenido que tirar de Curro, un torero. Y Curro, papeles cambiados, le ha puesto el escudo al alcalde del buenismo taurino y al pintor que ha despreciado a Sevilla. Como los escudos que le ponían a él cuando cabizbajo abandonaba el ruedo camino del callejón de Iris.

Madrugada: la hora del cheque en blanco

Carlos Navarro Antolín | 16 de abril de 2017 a las 5:00

EL SILENCIO

SI la Hermandad de los Gitanos hubiera suspendido su estación de penitencia en plena calle, tal como planteó su hermano mayor en una consulta elevada sobre la marcha, habríamos asistido a la derrota final, se habría proyectado la imagen de un ejército en vergonzosa retirada, el Titanic de la Semana Santa hundiéndose mientras la orquesta de rapsodas seguía jugando con las casitas de muñecas de los ripios. Pero las seis cofradías, por fortuna, cumplieron con sus recorridos. Pagaron un precio muy caro, el más gravoso hasta ahora, pero hicieron sus estaciones. Cuanto ha ocurrido en la noche del Viernes Santo tiene sólo una ventaja: ningún alcalde ni ningún presidente del Consejo de Cofradías han gozado de tan amplio margen de libertad para emprender a partir de ahora todas las reformas que necesita esta Semana Santa herida, que lleva casi dos décadas en jaque y que refleja con toda claridad la crisis de valores que lastra la sociedad actual.

La Madrugada no puede seguir más años como está, víctima de la crisis de autoridad (política y de las propias cofradías como instituciones), de la falta de educación, de la pérdida de ciertos valores universales que están arrastrados por un suelo manchado de vómitos, de una cultura de cámping playa que chabacaniza las salidas y entradas de las cofradías, del vocerío faltusco, de jóvenes y adultos convertidos en vándalos en esa peligrosa franja horaria de las tres a la seis de la noche y, sobre todo y por encima de todo, de una Semana Santa donde el consumismo ha sustituido a la emoción, la participación light a la vivencia asentada en la fe y la silla estática al movimiento responsable. La Madrugada es un fracaso absoluto. El fracaso de todos. El gran fracaso de la ciudad.

Es justo reconocer que las medidas preventivas tomadas por el Cecop en coordinación con los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado han servido para paliar los efectos. Estremece especular qué hubiera podido ocurrir en la calle Cuna o en otras muchas vías urbanas y plazas en caso de no estar aforadas, con bares cerrados y veladores y obstáculos retirados. La labor del Cecop permitió, al menos, que muchas calles funcionaran como vías de evacuación para nazarenos, menores y público en general. Pero está claro que no fue suficiente. Hemos ido a peor. Y tal vez lo más grave es que nos lo temíamos. La solución a largo plazo es casi utópica porque señala a la mala educación como causa inicial. El abuso del alcohol atenta directamente contra la principal noche de la ciudad, como reconocen en privado varios representantes municipales. Ese abuso es consecuencia de esa mala educación. Y esos abusos se producen por la crisis de autoridad ya referida. Se trata, en definitiva, de lo mismo de todos los días y de todas las noches de fines de semana, amplificado por el tremendo eco que tiene todo cuanto ocurre en la Madrugada. No hay más, no busquen más. Padres débiles, políticos débiles, profesores debilitados al igual que, por cierto, lo están los médicos. Alcohol, noche y bulla. El cóctel es dolorosamente perfecto.

Hace tiempo que cayeron los mitos de la Sevilla que sabe estar, que se maneja con maestría en las bullas y que tiene veneración por las sagradas imágenes y un respeto escrupuloso por los nazarenos. Basta un paseo por las calles del centro a la caída del Jueves Santo para comprobar cómo la ciudad pareciera que muda de piel, cómo el público se encanalla por momentos, cómo no se facilita el desplazamiento ni siquiera de los nazarenos que se dirigen a sus templos. La convivencia se torna en imposible. Sillitas, piernas estiradas, miradas agresivas ante cualquier petición amable de paso, reacciones violentas a la mínima discrepancia… Todas estas deficiencias (llamémoslas así) no las arregla el Cecop, que sólo puede arbitrar medidas preventivas. El Cecop no educa. La Policía tampoco. Educan los padres (debilitados), los mismos que prefieren estar del lado de los hijos antes que reforzar el papel de los profesores.

Este cuarto rejonazo a la Madrugada es un cheque en blanco en manos del alcalde y del presidente del Consejo de Cofradías. En 2018 tendrán que blindar el centro, establecer accesos limitados con arcos de seguridad, exigir una mayor colaboración a los hosteleros, triplicar el número de vallas, reducir el número de sillas, sobre todo en el avispero de Sierpes y, si es necesario, cambiar cofradías de día. ¿Por qué no?

Todo es susceptible de modificación tras el balance aciago de la pasada Madrugada. Mejor no recordar el espectáculo de las negociaciones de hace un año, en las que las seis cofradías no se pusieron de acuerdo en horarios e itinerarios, unos meses que mermaron la autoridad de las cofradías y del anterior Consejo como instituciones válidas para asumir los grandes retos que ahora se precisan. Aquello fue un ridículo revelador, un bochorno sonrojante para muchos.

La ciudad que roza la tragedia en su principal noche no puede permanecer indolente, con esquemas anticuados o negándose a la apertura de ciertos debates por estar anclada en perspectivas simplistas. ¿Cuántos avisos más se necesitan para blindar el centro en la Madrugada? ¿Cuántas algaradas más se precisan para reducir drásticamente el número de sillas de la calle Sierpes, un auténtico avispero que ningún técnico de la Gerencia de Urbanismo debería autorizar con su firma?. Importa muy poco que con la previsible reducción de asientos disminuyan las subvenciones cuando hay tanto en juego. Se exige altura de miras, que cada cual vea más allá de su loseta: el cofrade que protesta airadamente por un puesto de venta ambulante o que se niega a llevar agentes de Protección Civil porque los chalecos reflectantes afean el cortejo, el hostelero que despacha macetas de cerveza por una ventana directamente a la calle y comete abusos con los veladores, y hasta el vecino que se niega a usar los pases o que abusa de ellos, que de todo hay.
Con las reformas que se precisan, den por hecho que tendremos una Semana Santa más encorsetada y gélida, pero es el tiempo que nos ha tocado vivir, son los problemas que hay que gestionar. A otros, entre finales de los años ochenta y noventa de la pasada centuria, les tocó vallar la Avenida y soportar todas las protestas que se generaron; blindar la Gavidia al paso del Gran Poder, polémica incluida, y obtener la planimetría al detalle de una carrera oficial de la que se desconocía absolutamente todo porque estaba controlada por cuatro silleros que hacían y deshacían a su antojo.

Queda mucho por hacer. Muchísimo. El balance de detenidos, heridos, ataques de nervios, niños conmocionados y adultos afectados por el pánico es –repetimos– un cheque en blanco para el alcalde y el presidente del Consejo. La Madrugada es la Semana Santa. Todo lo que afecta a la Madrugada afecta a la Semana Santa. Para ganar en seguridad habrá que renunciar a cierto grado de libertad. La ciudad ya vivió varios días con espacios representativos del centro histórico acotados durante muchas horas a lo largo de una semana. Fue con ocasión del rodaje de la película Noche y día, protagonizada por Tom Cruise y Cameron Díaz. El acceso quedó restringido a los residentes. Basta declarar cuales son las zonas de acceso restringido (la carrera oficial y el primer anillo del entorno, por ejemplo) y establecer los lugares de acceso mediante arcos de seguridad, como si se tratara de la Isla de la Cartuja en los meses de la Exposición Universal. Habrá con toda seguridad más cámaras de videovigilancia, un sistema de megafonía como el de los estadios, se pedirá la colaboración de entidades privadas para costear el nuevo dispositivo; se prohibirán las capuchas y el uso de pañuelos para taparse el rostro, habrá que someter a ciertas hermandades a la disciplina que marcan los criterios de seguridad, y los nazarenos recibirán normas por escrito, junto a las papeletas de sitio, sobre cómo reaccionar en momentos de histeria, cosa que algunos ya hacen motu proprio. Las cofradías tendrán que ser más humildes, pues habrán de reconocer que esto se ha ido de las manos, que la Madrugada está pasada de rosca. El poder político tendrá que comprometerse más. En menos de una semana debe haber una declaración de intenciones firme por parte del Consejo, una hoja de ruta que marque el camino hacia 2018. Lo peor sería dejar pasar los días y que la Feria duerma el debate.

Que no tengamos que pedir perdón a las generaciones siguientes por dejarles una Madrugada peor que la que recibimos. La Semana Santa está en la UVI, huele a alcohol y gofre. Suena a ripio. Es una bella dama en coma.

SEMANA SANTA, MONTESIÓN.

Rajoy hace un ‘ya si eso’

Carlos Navarro Antolín | 9 de abril de 2017 a las 5:00

 

EL tío de la mochila dice que Rajoy no viene el día 20 de abril a la conmemoración del XXV aniversario de la Expo’92.El tío de la mochila es Jorge Moragas, ese señor del pelazo que siempre va detrás del presidente cuando el gallego sale del pleno del Congreso de los Diputados para montarse con rapidez en el coche blindado que aguarda al ralentí en la calle Floridablanca. Moragas es el hombre que habla en nombre de Rajoy, el mismo que, por cierto, usa su enorme influencia para colocar en la ejecutiva del PP andaluz a su gran protegida, Tita Astolfi. Moragas anuncia por carta que Rajoy acepta formar parte del comité de honor de los actos de las bodas de plata de la Muestra Universal, pero que la “complicada agenda institucional y política” del presidente del gobierno le impedirán estar en Sevilla el día 20. En realidad dice que Rajoy aún no puede comprometerse. No dice que no, tampoco dice que sí. Rajoy, a través de su vicario, hace un ya si eso. Todos sabemos que cuando se acepta formar parte de un comité de honor es porque no se va a poner un pie en el sitio adecuado en la hora y el día indicados. Rajoy pasa de estar en Sevilla el día 20 para recordar la gran obra de Felipe González en Sevilla, una ciudad que sigue pagando en los presupuestos estatales (y autonómicos) la gran inversión que recibió con motivo de aquellos fastos. Pareciera que los sevillanos tenemos que seguir pidiendo perdón por el 92, cosa que no ocurre en Barcelona. Pareciera que a nuestras provincias vecinas hay que seguir compensándolas por el “privilegio” del que disfrutamos hace 25 años, no justificado por el peso de la Historia, sino por el dedo de un presidente sevillano que, menos mal, nos dio el AVE los primeros, porque de lo contrario, viendo nuestro potencial y nuestras capacidades de reivindicación, estaríamos aún como los gallegos y vascos: sin oler la alta velocidad.

Ya si eso vendrá Rajoy. O no. El presidente, ya si eso, irá mejor a Barcelona cuando toque recordar los Juegos Olímpicos –“Los mejores de la era moderna”, que dijo Samaranch– o como fue el otro día a anunciar los millones en inversiones que soltará el Estado en 2017 para asegurar la unidad nacional. Ola cohesión. O el equilibrio. O como se diga en el código políticamente correcto de turno. Moragas juega al equilibrio epistolar. Nos suelta un me alegro de verte bueno y a ver si un día nos vemos, al estilo Arenas (Javié), al estilo de Zoido, al estilo andaluz (Este no es tu referéndum). Primero pone el algodón de reconocer la importancia que tuvo la Expo, “que marcó un antes y un después en la ciudad y en la proyección internacional de España”.

–¿Eso lo ha escrito Moragas él solito?
–Han debido ayudarle.

Y después nos coloca la aguja del ya si eso. Ya si eso lo llamaremos si podemos “acompañarle”. Ve yendo tú que ya veré quiénes van y cómo está el PSOE andaluz para entonces. Los reyes eméritos estarán el día 20 en el monasterio de Santa María de las Cuevas para abrir con solemnidad los actos conmemorativos. Pero Rajoy recula. Moragas felicita al alcalde al final de la carta por la celebración de la efeméride. Eso sí que es sevillano. Me recuerda al que felicitó a un pintor en voz alta por la calle Cuna por el “pedazo de cartel” que había hecho, a pesar de que la obra de arte no se había presentado aún. Ojana se llama. Las frases hechas las carga el maligno. A Moragas se le ha olvidado escribir que el Gobierno de España está seguro de que el ministro Zoido sí que se pasará por el acto. Para eso está Zoido, ¿o no? Para presentar libros en el Colegio de Abogados o planes de seguridad del pequeño comercio, o para asistir a inauguraciones de rascacielos y pregones de Semana Santa. Por eso dicen ya con guasa (que no falte) que el de Fregenal de la Sierra es el “ministro laborista” del ejecutivo del PP. Porque se dedica a sus labores. A sus labores en Sevilla.

La verdad es que mejor que contar con Rajoy el 20 de abril en la Cartuja, mucho mejor sería contar con los millones necesarios en el Presupuesto de 2017 para la construcción, por fin, de los túneles que requiere la SE-40 en el Aljarafe. Opara la gran reforma pendiente del Museo de Bellas Artes. O para la red ferroviaria de Cercanías. O para esas comisarías de las que se habla desde los tiempos del socialista Monteseirín como alcalde. Pero decir estas cosas un Domingo de Ramos en Sevilla es como colocarle el silenciador al discurso. Qué más da. Todos esos proyectos vitales para la ciudad bien merecen un ya si eso. Al estilo Moragas. En la Expo al final hizo mucho calor. Quizás podría venir Moragas al acto como director del gabinete del presidente y organizar esa noche un cotarro flamenco, como hizo con ocasión del congreso pepero que hubo en Fibes no hace muchos años. Qué noche aquella, Jorge. Ya si eso la contamos otro día que el coche espera hoy al ralentí y no conviene emitir más gases en Floridablanca.

El precio de Madrid

Carlos Navarro Antolín | 2 de abril de 2017 a las 5:00

COMITÉ DE SEGURIDAD VIAL

EL recurso a la caricatura es la forma de mantener vivo en periodismo un tema que se ha desinflado. Meterse con la Iglesia Católica, manipular las imágenes sagradas o pintarrajear los muros de un templo, es la forma fácil de provocar al público de masas. Cuando los argumentos se han caído hay que buscar nuevos pabilos para mantener el fuego encendido. Madrid no es Sevilla, eso lo está comprobando (sufriendo) el director general de Tráfico, Gregorio Serrano, a cuenta de la polémica del piso de la Guardia Civil que supuestamente le estaban preparando como residencia tras una reforma de 50.000 euros. Cierta prensa capitalina cree, está convencida, de que ha mordido un jugoso muslo y no está dispuesta a sacar los colmillos. Serrano, un sevillano de perfil tradicional, de costumbres arraigadas y que nunca ha sido un político convencional, está siendo literalmente acribillado estos días por una cuestión que no se sostiene. Está siendo vilipendiado de una forma clamorosamente cruel. Serrano no ha dejado de pagar impuestos, no se le ha sorprendido en una gasolinera con material políticamente inflamable, no ha participado en ninguna organización criminal, ni tiene una colección de visones para su mujer con cargo al erario público, ni se ha llevado a familiares a viajes de Estado. Tampoco ha efectuado declaraciones políticamente incorrectas, ni se ha metido a contramano contra la todopoderosa ideología de género, ni le han hecho una fotografía sentado en el sillón del betunero de Palace.

Sevilla no es Madrid, estará maldiciéndose el concejal estos días. Serrano no estuvo afortunado en algunas decisiones o comentarios en su dilatada trayectoria municipal –ejemplos hay de las unas y de los otros– pero la prensa de estos lares terminaba tratándole con condescendencia porque, al final, en esta ciudad de cuatro gatos (en la barriga) sabíamos que se trataba de uno de los concejales que más trabajaban y controlaban los temas. Fue feroz en los años que ejerció en la oposición, es cierto. Tuvo en ocasiones poca misericordia con el socialista Monteseirín en su tramo final como alcalde. Junto a otros compañeros de partido hizo las veces de doberman y erosionó con fuerza aquel último ejecutivo formado por el PSOE e IU. Pero trabajaba mucho. Y en política no es habitual ese ritmo de trabajo. En el gobierno disfrutó algo (poco) y sufrió mucho: le amenazaron de muerte con una pintada en la fachada de su casa (Mercasevilla), le tocó cerrar la televisión local y fue el delegado de Fiestas Mayores que menos pudo agasajar al público en la Caseta Municipal de la Feria por el complejo de austeridad que marcó al PP de aquellos años en toda España.

Serrano está ya viviendo en el piso del edificio propiedad de la DGT que tiene ocupada la jefatura central de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. El precio de residir en este inmueble se detrae de su nómina en función de los metros cuadrados de la finca y el valor catastral, como ocurre con todos los altos cargos del Estado. No hay más. No hubo más mientras no se demuestre lo contrario. El tiempo que ha transcurrido mientras se ha preparado la vivienda tradicionalmente asignada al director de Trafico ha residido en los hoteles que le ha asignado la agencia de viajes que trabaja para el Estado, sabedora de que el tope de la dieta fijada es de 102 euros al día por hospedaje. Unos días le ha tocado alojarse en un cuatro estrellas y otros en un tres estrellas.
Es cierto que el general de la Guardia Civil de Tráfico le pidió el polémico piso para disponer del edificio al completo, como consta en la documentación oficial. Es cierto también que Serrano dijo que sí, accedió a la petición, pero pidió a cambio la cesión de unas instalaciones similares equivalentes, una operación que nunca se produjo, una permuta que no llegó a materializarse. La denuncia de los hechos se ha caído, por eso cierta prensa de Madrid recurre a la caricatura, como hace con la presidenta andaluza. Abundan las fotos con la portada de Feria de fondo, la repetición de las imágenes en las que el concejal reconoce en una comisión de investigación municipal haber hecho un favor a la Guardia Civil al procurarle la construcción de un parquecito infantil. Y estarán al caer las imágenes de una entevista de 2011 en la que anunció que si no se lograba el gobierno de la ciudad, dejaría la política porque ya no podría seguir viviendo con el sueldo de edil de la oposición, de apenas 1.800 euros al mes.

Que el equipo de Zoido tiene un punto cañí es innegable. Que ese rasgo ha sido cultivado por ellos mismos durante años, incluyendo mensajes en las redes sociales bastante frívolos en ocasiones, también. Y que Serrano, el político más próximo en lo personal a Zoido, es quien más trabaja de todo ese equipo lo saben (sabemos) bien en Sevilla. Los puntos débiles del ministro del Interior no están precisamente en Serrano, un tipo madrugador, metódico, buen lector, aficionado a la Historia y que se ha pasado los primeros meses en Madrid tratando de coger las riendas de la DGT y lamentando la pérdida de tiempo que le han supuesto los actos que son compromisos del partido, meros chau-chaus para una foto o para que el líder de turno tenga sus 30 segundos en el telediario dominical.

Han corneado en Madrid a un político sevillano que responde al estereotipo del andaluz que gusta azuzar en la capital. Bajito, de derechas, bien trajeado, sin alopecia, con el acento marcado, de una fisonomía parecida a la del ministro y que, entre cuyas aficiones, están los barcos. Su error ha sido, tal vez, no medir a quienes tenía enfrente, no saber que la Carrera de San Jerónimo no es la Plaza Nueva, que Lhardy o Casa Manolo no son Trifón o Casa Moreno. Que hay que evitar ciertas singladuras en Elcano si se sabe que el jefe podía llegar a ministro. Y que lo que impera, como en todo, es la política defensiva, como imperan la justicia defensiva, la medicina defensiva y, por supuesto, el periodismo defensivo. Mientras Zoido aguante y el gallego siga en silencio, Serrano seguirá en Madrid y viniendo a Sevilla algunos fines de semana. Mientras los naranjitos de Ciudadanos no se pongan estupendos, como en Murcia, Serrano seguirá usando los AVE con frecuencia. La diferencia entre Sevilla y Madrid es que Sevilla te mata con el desprecio y Madrid se ceba con la mordida. Por si acaso, Zoido y sus chicos podrían ir rebajando el punto cañí. Por puro márquetin. Por pura imagen. Qué fea es Imagen, la calle.