El fin de las perífrasis

Carlos Navarro Antolín | 23 de noviembre de 2013 a las 5:36

Nunca tuvo Izquierda Unida tanta cuota de poder municipal en la historia de la democracia que con este político perifrástico y aficionado convulso a la verborrea como cabeza de lista. Antonio Rodrigo Torrijos (Sevilla, 1950) ha sido una suerte de mesías del tardocomunismo en la Plaza Nueva. Después de un mandato de concejal como delegado de Empleo y del Distrito Sur, alcanzó el número uno en las elecciones de 2007 y besó el santo del gobierno, de la mayor cuota de gobierno que ha tenido nunca la coalición de izquierdas, que pudo vender aún más caro de lo que ya lo venía haciendo su apoyo al PSOE. Con Torrijos al frente, Izquierda Unida entró en las caracolas de la Gerencia de Urbanismo de la Isla de la Cartuja en los años de imperio de ladrillo, de la multiplicación del pan y los peces de las licencias de obras y de los grandes proyectos faraónicos que eran posibles tanto por los pingües beneficios que obtenía el organismo autónomo por efecto del boom inmobiliario como por los patrocinios y los créditos que caían del cielo un día sí y el otro también. Torrijos ha vivido en el trono de la carroza del poder los años de vacas gordas del Ayuntamiento de Sevilla, esos años sin retorno como el vuelo de las oscuras golondrinas. En torno a su figura se ha creado la leyenda del demonio con hoz y martillo. No es tan fiero el león visto de cerca, pero ciertamente ha tenido y tiene zarpas. Su vida política concluye por el ahogamiento provocado por los frentes judiciales abiertos en su contra. Su cartel electoral está agotado no sólo porque las normas internas de su formación política impidan un cuarto mandato en la misma institución, sino porque todos los partidos recurren siempre a la amputación cuando la gangrena de la corrupción puede afectar al conjunto, a las siglas, a la marca. Y todo indica que IU no está dispuesta a la peligrosa sinécdoque por la que un Torrijos cercado por los jueces sea tomado como la referencia del todo. En política mandan los aparatos de los partidos. Y los partidos son estructuras para alcanzar el poder con vocación de perpetuidad. La marca electoral de Torrijos se ha ido desgastando por un discurso tan hábil como trasnochado, por la difusión reiterada de la fotografía de la mariscada convertida en la síntesis perfecta de los excesos de una etapa en la que la prima de riesgo era jerga exclusiva de los economistas y por un cerco judicial que ya le ha dejado mella (una sentencia por acoso laboral) y que tiene el sonido del cascabeleo previo a la estocada de una nueva condena.

En su haber político no sólo está el haber conseguido nada menos que una estructura paralela de vicegerente con una cuadrilla de asesores propios en la golosa Gerencia de Urbanismo, sino una amplia cuota de influencia en los gobiernos de coalición con el PSOE. Sánchez Monteseirín se llevó siempre mejor con los concejales de IU (“Son gente especial, pero con la que uno se puede entender”) que con los del PA con los que gobernó y se peleó de 1999 a 2003. Y ese buen entendimiento se notó en muchos proyectos. Torrijos tiene tanto protagonismo en la construcción del carril bici o en la instauración del bonobús solidario como mérito a la hora de colocarse la servilleta XXL ante la fuente de marisco con los mayoristas de Mercasevilla.

Su vida política se interrumpe y se va al traste cuando soñaba con un retiro en alguna de las consejerías de la Junta que ahora detenta su partido, sobre todo si era cerca de su gran amigo José Antonio Salido. Pero se le ha acabado el crédito en una formación dominada por los jóvenes más radicales y que guarda ya muy poca relación con aquel Partido Comunista que Torrijos conoció hace décadas, cuando en sus filas cabían figuras como el recordado Adolfo Cuéllar, Rosa Bendala o incluso el entonces líder estudiantil Luis Pizarro, hoy como adjunto en la Oficina del Defensor del Pueblo.

Con Torrijos se cierra una etapa en el Ayuntamiento cuyos principales símbolos son la pipa, la barba, las perífrasis y la riqueza de adjetivos calificativos al referirse a la derecha. Y el principal efecto ha sido el ejercicio de una política fuertemente ideologizada. Ya nadie hablará en privado de los “exiguos sueldos” de los asesores de su grupo político, ni en público de lo “poco que hacen honor” los concejales del PP a la inversión que hicieron sus padres en educación privada, de los “oscuros intereses particulares que hay detrás los proyectos” de un alcalde que es la “marioneta del capitalismo”, de las “aspiraciones bonapartistas” de Zoido ni de la derecha “reaccionaria, tramontana, sierva del capitalismo y de sus poderosos brazos mediáticos”. Por supuesto, se echarán en falta sus comentarios sobre las luces de Navidad (“El solsticio de invierno”) o sus audiencias con el cardenal Amigo en la planta alta del Palacio Arzobispal.

Detrás de ese cartel de hombre de otro siglo, con un discurso más propio de ser pronunciado en lo alto de un tanque en los años duros de la Guerra Fría, se esconde un sevillano del barrio de Santa Cruz que en su vida privada ha llegado entablar relaciones más que fluidas con personajes de esa derecha local a la que tanto ha atacado como caricaturizado, que ha salido de nazareno en Santa Cruz y Los Negritos, que ha sido voluntario en sus años de juventud en el comedor social de Regina Mundi y que, también es cierto, dedicó partidas de dinero público a la restauración de monumentos religiosos siendo delegado para aquella perifrástica Delegación de Infraestructuras para la Sostenibilidad, de cuyo recuerdo sólo quedan las horquillas para aparcar las bicicletas.

Los primeros que han dejado a Torrijos en la dura soledad, como siempre ocurre en política, han sido sus propios camaradas. Ayer lo arroparon en el anuncio de su despedida, pero no lo hicieron el lunes en su nuevo paseíllo judicial como imputado. La indisposición sufrida en el último Pleno, que ha derivado en numerosas revisiones médicas, y ese vacío al llegar a los juzgados (los apóstoles de su partido estaban dormidos) han sido la combinación letal para anunciar el final inminente de la política de las perífrasis. Los concejales en España no gozan de aforamiento. Y no hay Senado donde dar refugio a este enfermero de profesión, curtido en las Comisiones Obreras de los años de la Transición y que a partir de ahora verá la vida pasar desde la umbría estrechez de la calle donde vive.

Trilogía de novelería sevillana

Carlos Navarro Antolín | 17 de noviembre de 2013 a las 5:00

BARES EN EL MERCADO DE TRIANA
En Sevilla nos da por una cantinela y no paramos hasta que nos aburrimos de la música y tiramos la corneta por el retrete, vocablo en desuso donde los haya. Cuanto mayor es la crisis, mayor es la afición por los productos gourmet. Cuanto más intensa era la decadencia del Imperio, más altas las estatuas de los romanos. Será por eso que Sevilla tiene mucha Roma dentro. En el mercado de Triana hay ya tal oferta de productos gourmet, con gintonería incluida, que no ha hecho ninguna falta que se abra el mercado pijo de la Lonja del Barranco, del que Zoido espera un canon anual de 230.000 euros del ala, que no es lo mismo el ala que la chistera cuando se habla de tocados. Puesto a puesto, Triana tiene ya su mercado gourmet con todos sus avíos, que parece aquello el de San Miguel de Madrid en el que inspiró Monteseirín en uno de sus viajes a la capital. La espera para coger mesa un sábado a mediodía en el mercado del arrabal es de órdago. Triana ha inventado el gourmet popular, sin cánones que apoquinar, sin pliegos de condiciones, sin maniobras forzadas para cambiar los usos urbanísticos de la parcela, sin pronunciamiento de la Comisión Provincial de Patrimonio.
El mercado gourmet de Triana ha nacido y nadie sabe cómo ha sido. O sí. Ha sido espontáneamente, como espontáneamente monta la gente su carrera oficial con las sillas de los chinos en Semana Santa en Tetuán, en Velázquez y en la Plaza Nueva. Pues igual. Y venga a comer el personal raciones de sushi y ostras a la vera del Pasmo. La novelería es la mano negra de Adam Smith que mueve las modas en Sevilla, está claro. A los productos del gourmet le han seguido las alfombritas de césped artificial en las entradas de bares y restaurantes. No hay establecimiento que se precie que no tenga sus veladores (inclinación reverencial de cabeza) sobre un entarimado verde como si de un campo de golf se tratara, ya sea en comercios del Hotel Inglaterra, en Muñoz y Pabón, en Candilejo, en Adriano, en Álvarez Quintero… La marea verde de las alfombritas se expande a la velocidad a la que un día lo hicieron los adosados del Aljarafe, en silencio, como mancha de aceite virgen extra, sin ruido. En la ciudad de las sequías y los canales almohades para transportar el agua, colocamos lonas y más lonas de césped artificial encima de los adoquines, del granito y de las losas de Tarifa, como si Sevilla fuera una ciudad de lluvia norteña, de verdes cántabros con paisajes de vacas tudancas y sabor a anchoas de Santoña. Un verde que enseguida se llena de porquería, colillas y otras suciedades, pero que cumple el objetivo de dar lustre al local si se mira de lejos. Será por aquello de que a ciertas alturas las pisadas de bueyes parecen molduras. Mantengamos la esperanza de que un día florezcan los árboles para dar sombra de verdad en la Avenida y en la calle San Fernando.
Y la tercera moda son las tiendas que venden cigarrillos de vapor para dejar el fumeque. Las tienen ya en las calles Velázquez, donde estaba el originario Palacio del Fumador, sublime contradicción o ironía del destino; en Alcaicería y en Puente y Pekín, perdón Puente y Pellón queríamos decir. En los años ochenta florecían las boutiques promovidas por señoras de buena sociedad, señoras de tardes en la Nova Roma del té que perdimos para hacer de aquel símbolo hostelero del barrio de Los Remedios un negocio franquiciado de botellines. Y con el siglo ya entrado lo que se abren son muchos chinos, muchos bares y muchos comercios de cigarrillos de vapor con las indemnizaciones de los despidos. Hasta hay chinos de complementos para el móvil que también ofrecen el falso cigarro para espantar la ansiedad. Lo del vapor sí que tiene tirón en Sevilla, la ciudad donde los mil y un proyectos que un día nos vendieron se evaporaron en el horizonte azulado como el globo perdido de un niño en la tarde del 5 de enero. Pero sin ilusión.
CESPED EN LA ENTREDA DE BARES

La rebelión pendiente en el PP

Carlos Navarro Antolín | 6 de noviembre de 2013 a las 19:00

JUAN BUENO PRESIDE REUNION DE ALCALDES DEL PP
En la vida se topa uno con organismos que son verdaderos cantos a la importancia de las minorías, gente con personalidad suficiente para no sentirse menos por ser de un colectivo cuyos miembros caben en un taxi. Hay partidos políticos, hermandades, peñas, asociaciones, entidades y fundaciones sostenidos en su vida cotidiana por tres que pasaban por allí, entraron a tomar una cruzcampo y se quedaron para toda la vida. La hermandad de la Antigua o la de las ánimas de San Onofre son dos ejemplos de minorías de gran belleza y valor en la historia de las asociaciones religiosas sevillanas. En política hay un partido, el Partido Humanista, que es todo un clásico que siempre se presenta a las elecciones y del que hay que coger muchas papeletas en el colegio electoral para escribir por detrás durante todo el año. La función social y de protección del medio ambiente de esas papeletas es poco conocida. Cuantísimas libretas escolares o para apuntar números de teléfono se ahorran durante todo un año gracias a los mangazos de papeletas en los colegios electorales. Le echa usted una grapa a cincuenta o sesenta papeletas del Partido Humanista y, hala, a apuntar números de teléfonos a vuelapluma o los datos de la cita del médico. Otro colectivo muy selecto de cuya existencia supimos esta semana es el consejo de alcaldes del PP de la provincia de Sevilla.

-Oiga, ahí tiene que haber menos gente que en la nómina del Santo Entierro.

La verdad es que dicho así, sin anestesia, se queda uno algo perplejo, porque hasta hace bien poco los alcaldes de la provincia del PP podían ir hasta la sede regional en un cuadriciclo de los que se alquilan en el Parque de María Luisa y podían correr por los pasillos del aseo de la tabernita goletera de Peregil. La derecha siempre tuvo pendiente la conocida como rebelión de los catetos. El presidente del PP sevillano convocó al rimbombante consejo de alcaldes del PP nada menos que en la sede regional de la calle San Fernando, donde está la piedra llorosa de Javier Arenas (Aquí perdí Andalucía) y donde el salón de actos es muchísimo mayor que el de la sede provincial. Qué derroche de metros cuadrados, que servicios más lustrosos, qué agua más fresquita sale del bidón. Juan Bueno es como un Juan sin miedo, sin miedo a que se oyera el eco de su discurso en el salón donde citó a esos pocos alcaldes que tiene el PP en esas comarcas perdidas, héroes de la resistencia que ahora reciben la encomienda de bajar o congelar los impuestos, porque en materia fiscal siempre hay congelaciones al igual que las sequías siempre fueron pertinaces, los fumadores son empedernidos y los premios de lotería están muy repartidos. ¿Para cuándo una marca de frigoríficos va a patrocinar las ruedas de prensa de presentación de ordenanzas y campañas fiscales?

Por mucho que José Luis Sanz lograra duplicar las Alcaldías del PP en municipios sevillanos en 2011, que lo consiguió tras pasar de 224.580 a 333.136 votos, la cosa no está para salones muy amplios, para tanto dispendio de infraestructuras, mucho menos sin biombos que disimulen tanta loseta libre. El PP sevillano aún tiene que tapar los huecos y darle a los asientos de sus alcaldes más separación que a los nazarenos del Plantinar a la salida para que la música del primer paso no se mezcle con la del segundo. Viendo el consejo de alcaldes del PP en 2013 se evidencia que aún está pendiente aquella rebelión a la que se aludía en el partido en los años noventa. Escrito está que la Transición en Sevilla no estará cerrada hasta que el PP gobierne en Dos Hermanas o Pepe Lugo sea concejal en la capital, que es como el Marino Lejarreta de la política local, porque lo colocan al final de la lista y se va acercando poco a poco al acta de concejal con las dimisiones y huidas a Madrid, pero no termina de colgarse la medalla de edil. Al PP de Sevilla más le valdría usar los biombos. Y pisar el acelerador antes de que el efecto Susana (¿Cómo se llamaba el otro efecto? ¿Efecto Zoido?) los devuelva a organizar la copa de Navidad en la taberna de Peregil.

El águila roja de la Encarnación

Carlos Navarro Antolín | 5 de noviembre de 2013 a las 18:22

Sevilla da para una retransmisión de la vida cotidiana con la voz de Félix Rodríguez de la Fuente. Ahora que tenemos rapaces en la Encarnación por gentileza de Sacyr, fíjense cómo el animalito hace su trabajo entre árboles y balcones, cómo sobrevuela al autobús de Tussam que recuperamos en su máxima penetración hasta el Duque gracias a Zoido y cómo, finalmente, se posa en el balcón de Comisiones Obreras, donde presume orgulloso de pico y plumaje… Y ni se atreve a entrar pese a estar los balcones abiertos.

El águila se siente a gusto en las grandes centrales sindicales, desde donde contempla el mamotreto de madera que le ha tocado defender del corrosivo palomerío. Será por eso que es un águila roja, como el de la televisión. Águila que no hiere la mano que le da de comer, a la que siempre regresa. Águila que trabaja al alba. Decía Monteseirín que la plaza era un terreno de fango, suciedad y charcos con ranas antes del Metropol Parasol. Ahora es toda una Plaza de la Cetrería, dicho sea por recuperar aquellos antiguos rótulos de oficios y gremios al borde de la extinción. En la ciudad de los vencejos, el águila es el rey. Águila roja, de las comisiones cetreras.

Rapaces en la Encarnación

Carlos Navarro Antolín | 1 de noviembre de 2013 a las 12:43

la foto
Un águila vigila cada mañana que la madera de las setas de la Encarnación no sufra el efecto corrosivo de las defecaciones de paloma. El símbolo de la paz en la pintura por antonomasia es al mismo tiempo el peor enemigo de los materiales de la construcción, como hace veinte años que ya estudió al detalle el arquitecto Fernando Mendoza, que luego restauró el templo del Salvador. Las heces de paloma tienen ácido. Y el ácido corroe. Así de sencillo. La cetrería es un arte que de lunes a viernes puede contemplarse en el piso alto del Metropol Parasol antes de que se abra al público la plaza. Sacyr tiene contratada la intervención del ave rapaz, que va desayunando de la mano del cetrero entre vuelo y vuelo fugaz por balcones escogidos. Hay espectadores que son ya habituales en la cita, en una interpretación perfecta de esa España pura del unos trabajando (el cetrero y el pájaro) y los demás mirando. Los niños que acuden apresurados a los colegios de la zona se quedan extasiados con el vuelo del águila, que el curso pasado era halcón. Tal vez con los recortes el águila sea más baratita que el halcón, porque ya se sabe que el apellido Halcón cotiza mucho en Sevilla, sea con hache y sin hache. En política exterior norteamericana se distingue entre halcones y palomas. Atención preguntas:¿Zoido sería para los americanos un halcón o una paloma? ¿Un ave rapaz come melva o pasaría de ella sin olerla siquiera? ¿Ha pasado Susana de halcón a paloma?
–¿Qué Susana?
–Susana no hay más que una.
Cuestiones ambas que merecen un sesudo estudio financiado por el Observatorio de las Rapaces Andaluzas. En la Plaza de la Encarnación hemos visto en el último año ovejas, burros, camellos, halcones y ahora un águila. Es el nuevo zoo en la ciudad de la avifauna. Porque en Sevilla hay pájaros, pajaritas y pajarracos. ¿O no? El águila de Sacyr es inofensiva, se limita de dejarse ver y ahuyenta a los enemigos alados de la madera. Su labor es disuasoria, dicho en el lenguaje de un subdelegado del Gobierno el día de manifestación mientras saca a la calle los camiones de la Policía Nacional.
Tal vez habría que aprender de Sacyr y contratar varios águilas y halcones de lunes a viernes para exhibirlos tanto en las antiguas puertas de Sevilla como en los nuevos accesos a la ciudad. A un catedrático de Universidad casi lo toman por loco en los años ochenta cuando planteó el uso de aves rapaces para ahuyentar a las palomitas (pitas, pitas) de las cubiertas de la Catedral. Catedral que tiene su Cabildo, ahora que hablamos de rapaces…
La imaginería de Mercadante de la Catedral ha sufrido durante años la polución de los autobuses de Tussam, la arenización de los vientos y el ácido corrosivo de las palomitas. Fue la coartada perfecta para conventir la Avenida en un lugar inhóspito donde ya se montan hasta puestos de flores ambulantes al estilo de la Rambla catalana, solo que por la Rambla se puede pasear y por la Avenida hay que ir sorteando obstáculos bajo el sol.
Quizás haya ya cetreros soltando las aves rapaces en esos accesos a Sevilla, porque algunos de los inversores anunciados para la ciudad no terminan de llegar. Tal vez haya un halcón en el Puente de Triana, porque en la Lonja del Barranco hay menos movimiento que en un puesto de turrón de la Feria. ¿Usted ha visto a alguien comprando una tajadita de coco alguna vez en esos puestos? Todo lo más, gente mirando cómo funciona el sistema de chorritos para que no pierdan frescura. Dijeron que iba a correr el caviar en ese nuevo mercado, al estilo del mercado de San Miguel capitalino, y lo que se ha llenado es de mendigos a la búsqueda de techo nocturno. Un cetrero parece que tiene contratado alguno en la puerta de su caseta de la Feria para evitar al pájaro gorrón, arte disuasorio que pocos controlan con destreza suficiente, porque las rapaces que a veces se usan para ahuyentar al fresco de turno sí pueden resultar agresivas y dejar heridas para toda la vida. Al calvo nunca le digan calvo, ni al gorrón le digan gorrón.
Lo que no hay es cetrero que acabe con la muchedumbre de las procesiones extraordinarias, con efecto corrosivo para muchos cofrades saturados que hace tiempo que dejaron de disfrutar de los pasos fuera de temporada. Y eso que en el cofraderío hay verdaderos buitres croqueteros que si no jaman de válvula se ponen cetrinos.
Tanto largar de la setas y de sus desfases económicos y resulta que Sacyr cuida las setas con tal mimo que hasta invierte en ahuyentar a las palomas. Parece que Monteseirín hubiera querido colocar las águilas como en la casa palaciega que da nombre a la calle, como símbolo de los doce años de poder, como el remate perfecto a la obra que recordará su gestión. El rapaz es el sello perfecto para no olvidar nunca el dinero esquilmado de los sistemas generales urbanísticos: 86 millones de euros que volaron en la antesala de una crisis que parece como aquella campaña que nos quería privar del Metro: un túnel sin salida.
La Real Maestranza pierde ya la exclusividad de quienes la elogian con la grandilocuencia al afirmar que es el único ejemplo de institución privada que sabe cuidar de un edificio monumental como es la Plaza de Toros. Sacyr también lo hace echando las rapaces por delante. Claro que para buitres, buitres, lo que se dice buitres, los que revolotean por la Puerta del Príncipe en días de abono, donde además el pajarerío es de pluma más variada que el pelaje de un encierro de Prieto de la Cal.
Haga como Sacyr, ponga un ave rapaz en su vida. Basta con media horita al día para evitar palomas, palomos y palomitas.

La guerra de los barriles

Carlos Navarro Antolín | 29 de octubre de 2013 a las 5:00

13.07.00 CERVEZA FOTO JAIME MARTINEZ
Las esquelas dan marchamo a noviembre, mes de los difuntos que salen con los pies por delante y de los difuntos de persianas echadas por el cierre; de dolientes con corona y de dolientes sin licencia de apertura. En el Cerro del Águila está cerrado todo un símbolo de la hostelería, el bar Los Balcones. Dicen que no ha habido acuerdo en el precio del arrendamiento del local, situado justo enfrente del corazón del barrio: la Parroquia de los Dolores. Noviembre tiene la fama del luto y la miel del Cristo sin más capirotes que los cipreses. Noviembre es también el mes que este año cambia la tarifa de venta industrial de la cerveza, uno de los grandes indicadores del estado del bienestar local. Pan y circo, botellines y procesiones extraordinarias. Todo está inventado, sólo cambia la modalidad. Quiten las procesiones y pongan el mapping. Quiten el mapping y pongan la pista de patinaje. Quiten los patines y pongan el fútbol. Pero nunca quiten el botellín. Se trata de ir cambiando el color de la casulla según el tiempo litúrgico. El 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, sube el precio industrial del barril de 50 litros de la cerveza más capillita del mundo. De 110,24 euros pasa a 114,42 euros, según el documento al que ha tenido acceso este periódico. ¡Toma frase!
–Olé, eso sí que es una filtración de la que presumir a lo largo de toda su carrera profesional.
–Gracias.
Los mercados están expectantes para analizar la repercusión de esa subida en el precio de la cerveza servida en la barra de los diez mil bares de Sevilla y sus cuatro mil veladores legales (más los ilegales que pone el tío de las gafas verdes). ¿Pasará como con aquellas subidas que Rajoy se sacó de la manga a las primeras de cambio, dejando ver el pelito de la dehesa y que dejaron a Arenas como el eterno doliente andaluz? Unas subidas asumidas por los hosteleros.
El precio de los barriles de cerveza está provocando una guerra sorda en el gremio de la hostelería en una ciudad tan encantada de tener la espuma en los labios. Sevilla es mucho de la espuma, ya se sabe; eso de estar arrimado con el que sube y dejarlo tirado en cuantito baja. Será por eso que una cerveza sin espuma es como un bote de análisis de orina a puntito de entrar en el laboratorio del Virgen del Rocío. La guerra de los barriles se está librando a base de bien, oiga. Granada aprieta con su principal y muy monumental marca cervecera y se ha logrado colar en verdaderos santuarios de la hostelería hispalense. Sevilla ha colado su cerveza por antonomasia en referentes hoteleros de Cataluña a cambio de bajar muchísimo el precio del barril a esos establecimientos que esa misma cadena tiene en el Sur de España. Otra marca cervecera con nombre de cofradía del Domingo de Ramos está que lo tira con tal de meter cabeza. Las marcas que se han asociado directamente a ofertas de low cost temen ya la explosión de la burbuja del cubo y el hielo picado. Dicen que el cacareo ha sido demasiado para tan pocas nueces. El innovador punto azul ha logrado paliar la mordida en el mercado del botellín anodino procedente de Madrid, donde la cerveza se tira con ayuda de una palita. Ojú. Mala espuma aquella que ha de alisarse como la arena de playa.
La crisis ha disparado el consumo de cerveza, ha fortalecido un hábito ya de por sí implantado en la sociedad. No fue casualidad que Cruzcampo confirmara que la pasada Feria vendió un 11% más de barriles. De las barricadas a la barriladas. Los hosteleros saben más que nunca que es la hora de exigir rebajas en la tarifas oficiales, porque en la puerta hay cola de marcas; pero también son conscientes de que la traición a Gambrinus puede ser más peligrosa para el negocio que el uso de la palita. Llena ahí.
Bar Los Balcones (Cerro del Águila), frente a la parroquia. Está cerrado. .

La exaltación de lo obvio

Carlos Navarro Antolín | 23 de octubre de 2013 a las 11:33

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Cuatro colaboradores clave para año y medio de mandato, para pisar el acelerador y no perder impulso político. El alcalde, que ha perdido ya ese barniz de tensión una vez que se ha liberado de la aventura regional, se apoya más que nunca en cuatro de sus colaboradores más próximos. Se trata de una especie de gabinete oficioso que trata de sacar adelante proyectos e iniciativas. Este particular staff de Zoido está formado por Alberto Díaz, su jefe de gabinete, persona que en la práctica hace las funciones del concejal de Presidencia incluido en el programa electoral y que nunca fue designado por un alcalde que jamás oficializa un número dos;  Maximiliano Vílchez, delegado de Urbanismo y Vía Pública, al que parece que se le ha pasado la racha de querer dimitir los días impares y los pares; Asunción Fley, delegada de Hacienda y Administración Pública, la más regular en el gobierno, que no consiente intromisiones de otros asesores y que logra siempre que Zoido le conceda todos sus caprichos, ora un director general anarquista, ora la fusión de dos direcciones generales con una subida de sueldo que ha dado munición al PSOE para la crítica política; y Jesús Maza, vicepresidente de las empresas municipales, el hombre del dinero en un Ayuntamiento sin dinero y que conecta (sin k) con la escuálida clase económica andaluza. Dos concejales y dos técnicos para dar impulso al gobierno en temas clave, para reducir al máximo los tiempos de gestión.

Ocurre  que en el PP hay quienes se plantean si este gabinete oficioso tiene asumido que en año y medio ninguno de los grandes proyectos de la ciudad entrará siquiera en fase embrionaria. Todo lo que se diga desde tribunas oficiales sobre la Ciudad de la Justicia, la SE-35 o futuras líneas de Metro no son más que balas de fogueo en el blablablá de la política. Ya sería un éxito si se logra inaugurar antes de las elecciones el mercado gourmet de la Lonja del Barranco, antes de que pase a la lista de proyectos bajo el título ¿Qué pasó con..? Ahí entrarían las piscinas junto al río (el llamado Paseo del Arte), los aparcamientos o la recuperación del mercado de la Puerta de la Carne o de las antiguas naves de Renfe en San Jerómimo.

Por eso hay quienes consideran que este nuevo núcleo duro del alcalde no debe más que esforzarse en la gestión y defensa de lo obvio, en la venta de lo cotidiano, jugando la carta de que el electorado es plenamente consciente de la situación y que bastaría con que Zoido no meta la pata: ni una foto en el betunero, ni colocaciones de afines en los distritos. Será por eso que se multiplican los anuncios de podas de árboles en los barrios, hasta tal punto que las tijeras podadoras son un símbolo ya del zoidato; se repiten las notas oficiales con los servicios de refuerzo de Tussam (¿Acaso no es natural que en una ciudad de 700.000 habitantes se prevea una subida en la demanda del transporte?), se reparten collares de flores cada vez que llega un crucero, se lanzan las campanas al vuelo cuando se contrata una cuadrilla de peones de limpieza en los colegios, se dan a conocer las estadísticas mensuales de los turistas en la solemnidad palaciega de los salones altos del Ayuntamiento o se publicita la mera concesión de la licencia urbanística de un proyecto. Zoido no puede hacer más, ni se va a encontrar todos los días con que la Junta le eche un flotador para salvar un proyecto como el acuario que lleva ya tres lustros pendiente y que, ironías del destino, traerá a la ciudad de los pájaros (y pájaras) el primer tanque de tiburones. A falta de tanque de tormentas, buenos son los tanques de escualos.

La venta de lo obvio, de la política de infantería, tiene un complemento que es marca de la casa: la exaltación de la normalidad recuperada, el vellocino de oro de una vida municipal sin sobresaltos. Una normalidad que al primero que beneficia es al propio alcalde, gracias a la cual, por ejemplo, los viajes de sus colaboradores no son ya motivo de polémica. Jesús Maza acaba de estar en China invitado por una multinacional con cuya implantación en la capital andaluza se sueña, y Gregorio Serrano ha estado en Argentina para participar en un foro de ciudades magallánicas, que Magallanes es algo más que un bar de copas de la calle Arfe. Ahora se ve normal lo que antes provocaba escándalo y se tildaba directamente de mangazo. Será un efecto más de la pax zoidiana, tiempo litúrgico que anestesia el más mínimo atisbo de polémica.

Aunque nadie lo reconozca oficialmente, Zoido tiene bien elegidos a sus cuatro magníficos para el tramo final de mandato. Es lo que tiene el poder, que la foto real de las fuerzas e influencias nunca coincide con la oficial. Aquí los únicos fijos son los tiburones. Los demás son discontinuos.

El garaje de Juan Bueno, API de la política

Carlos Navarro Antolín | 14 de octubre de 2013 a las 20:11

PRESENTACION DE LA CONSTRUCCION DE NUEVA ZONA DE TIRO EN LA COMISARIA
Si Juan Bueno convoca a la prensa para enseñarle un garaje que en el futuro se convertirá en galería de tiro, no es que estemos ante política ficción, ante un nuevo caso de venta de humo o ante la fabricación de castillos en el aire a los que son tan aficionados los arquitectos de una política cortoplacista que convierte en titular la intención, la licitación, la adjudicación y la inauguración del cualquier proyecto. Lo de Juan Bueno es política de API, de los API que en los años de boyantía se paseaban con las corbatas verdes y te enseñaban un piso vacío, con azulejos desconchados y con los tubos de suministro del cuarto de baño al aire, que por algo se dice que hay pacientes en la UVI que tienen más tubos que un cuarto de baño sin alicatar. Esos comerciales de inmobiliaria de los tiempos del cuerno de la abundancia te enseñaban el trastero y te convencían de que podías ampliar la cocina comiéndote el trastero si te veían aficionado a las cocinas grandes. Te enseñaban la chimenea y te convencían de que podías convertirla en biblioteca si te veían hacer comentarios sobre la falta de espacio para trabajar con libros. Y no digamos si se trataba de echar muros abajo y te veían aficionado a las últimas modalidades en vivienda.

-Estos muros que ve se pueden tirar y sale un loft la mar de estupendo.

Lo que no fallaba en aquellas búsquedas de pisos era la barra americana, auténtica varita mágica que todo lo arreglaba. Cualquier problema encontraba solución en la barra americana. Toda cocina debía ser desplomada para hacer una barra americana. La falta de espacio de esos pisos sin ni siquiera una pequeña entradita se resolvía siempre con la barra americana. Pues Juan Bueno se colocó el otro día la corbata verde de API de los años anteriores al derrumbe, cuando todo era sólido a lo Muñoz Molina, y citó a la prensa por medio de una convocatoria oficial para enseñarle un garaje. Literalmente fue así: para enseñar el garaje de la Jefatura de la Policía Local en La Ranilla. Si de la chimenea sale una biblioteca y de la cocina tirada sale un loft, del garaje de Juan Bueno sale una galería de tiro. Así lo explicó, como si tuviera puesto el corbatón verdolaga y la agenda bajo el brazo, como si estuviera sonando música de inicio de Ben-Hur.

-Lo que ustedes ven en esta oscuridad de columnas y muros altos será algún día una galería de tiro.

Juan Bueno está dispuesto a echar muros abajo y sacar un loft para que los municipales ensayen pegando tiros. Nos ha vendido el garaje como salón de tiro, como el API de Tecnocasa nos metía la barra americana por los ojos. Y el que no lo vea que se lo haga mirar en el oftalmólogo. Si Juan Bueno enseña el garaje sin esperar a que ni siquiera esté acondicionado como galería de tiro, es porque en esta ciudad, cuando se quiere, se hace todo rápidamente. Un poner: ¿No compraba usted trajes en el Milano de la Plaza de la Magdalena hasta hace cuatro días? Pues ahora Milano sigue siendo Milano, pero en un plisplás se ha convertido en bar de copas y ya no venden trajes que pican, o eso decían las malas lenguas. Bar de copas Milano, así de sencillo. ¿A que no se ha dado cuenta? Donde cortaban trajes, ahora sirven gin tonics. Donde hoy se aparca, mañana se pegan tiros. Eso es así, Juan, di que sí. Deseandito estamos de ver el próximo garaje de esta política de API.

Los chinos también cierran

Carlos Navarro Antolín | 11 de octubre de 2013 a las 5:00

Antigua Casa Cobo
Que el hombre muerda al perro en cuestión de noticias de hostelería es que un chino eche el cerrojazo y en ese mismo local se abra una cervecería con el tirador de rubia de toda la vida. Eso está a punto de ocurrir en la Puerta de la Carne, por donde la ciudad se abastecía de filetes en tiempos pretéritos y donde ahora se organiza cada mañana el desayunódromo de muchos funcionarios de la Diputación Provincial. Da gusto ver a esos funcionarios a media mañana caminando a una velocidad muy cardiosaludable (por las que hilan) para ir a desayunar, con liturgia de velador y media tostada pasadita. Una cosa es desayunar y otra sentarse a desayunar. En los alrededores de la Diputación hay grandes sentadas de media hora y hasta de tres cuartos de hora para tomarse la media con aceite y el descafeinado.
–¿Sabe lo que es pedir un pringao?
–Ni idea.
–Un descafeinado con leche desnatada y sacarina. Eso es un pringao.
Hay gente que tarda en desayunar una hora como los hay que tardan media en sacar dinero de un cajero. ¿Se han fijado en el tiempo que emplean algunos en sacar dinero, que parece que están negociando una hipoteca o confesándose con la máquina?
Pues en la Puerta de la Carne, donde se despliega ese desayunódromo perfecto en bares con pizarras de colores que a mediodía huelen a rulos de queso, el hombre ha mordido al perro en asuntos del tabernerío. El gran chino de la esquina ha cerrado, un chino que se hizo con el local del legendario Casa Cobo. Muchos sevillanos recordarán el mítico bar Casa Cobo, donde los taxis tenían una parada apócrifa, donde se podían ver los partidos de fútbol y donde se concentraban carteristas, cucarachas y otras señas de identidad que ningún revisionista serio de la historia de los bares podrá negar ahora. Vuelve un bar al local de Casa Cobo y cierra un chino. En Casa Cobo tal vez comience la reconquista de los bares locales a lo Don Pelayo, pero con tirador de Cruzcampo por delante, tras años certificando la defunción de negocios de toda la vida en conversaciones a pie de calle.
–¿Qué han puesto en el Malbery de la calle Cerrajería?
–Un chino.
–¿Y en Las Siete Puertas?
-Un chino.
–¿Y enfrente de los capirotes de Alcaicería?
–Un chino.
–¿Y al lado de los capirotes de Alcaicería?
–Otro chino. Alcaicería ya no es la calle de la loza, sino Alcaicería de los Chinos. Que cambie ya Zoido el rótulo y se deje de colgar bacalaos.
Pues ahora ha cerrado un chino, se comprende si se tiene en cuenta que la renta del alquiler del local era de seis mil euros, un arrendamiento que aseguran que ahora se ha quedado en la mitad. Donde estuvo Casa Cobo, volverá a correr la cerveza. ¿Y las cucarachas? Esperemos que sean como las golondrinas del poema. O como esos funcionarios de la Diputación Provincial que cuando van a desayunar, tardan y tardan en volver.

Golpes de maza

Carlos Navarro Antolín | 10 de octubre de 2013 a las 5:00

* Oído en la Plaza Nueva. “José Antonio García Cebrián está subiendo su cotización dentro de IU, tiene buena imagen por su labor eficaz en la Consejería de Fomento y Vivienda desde su puesto de número dos, volcado en el plan para llevar los carriles bici a todas las áreas metropolitanas de Andalucía. En el post-torrijismo que necesariamente se avecina, puede tener un papel destacado. Recuerda que no era un figura del agrado de Antonio. Y Antonio cuenta ya los telediarios y se ha comprado la tarjeta de Tussam para que le salgan más baratos los viajes en tranvía hasta los juzgados del Prado”.

* Confirmadísimo en la Gerencia de Urbanismo. Las mesas altas que Robles Laredo colocó para un privilegiado cóctail en plena Plaza de San Francisco no contaban con ninguna licencia municipal. La cuestión es si existe algún tipo de bula, porque de otra forma no se entiende que cada dos por tres se combinen lámparas, mesas bajas, mesas altas y otras estructuras en la vía pública sin que nadie intervenga para hacer cumplir las ordenanzas, cuando a muchos bares de los barrios los traen fritos si colocan sin licencia una televisión para dar los partidos de fútbol.
Local cerrado en Avenida
* Movimientos en el comercio. Hard-Rock Café se interesó ante Urbanismo por el local de la Avenida del edificio Santa Lucía, de lo cual hay documentación oficial, pero está apurando las opciones de hacerse con uno, ya reformado, en la misma zona, que abarataría la operación. El Caballo deja la calle Antonia Díaz y se muda a Adriano, al local que acogió Jara y Sedal. Un importante empresario, emergente y con muy buenas relaciones con el alcalde, ha comprado la casa de Antonia Díaz donde ha estado El Caballo todos estos años.

* Movimientos en la hostelería. La Azotea abrirá negocio en Mateos Gago, donde la saturación de veladores es incorregible. Y en la Avenida, milla de oro del café y los helados, ya hay un primer caído. El establecimiento Ferreti, que ha estado cuatro años nada menos que en la privilegiada esquina con Santo Tomás, ha echado el cierre. Vean la foto y compruébenlo.

* Ocurrido hace una semana en el establecimiento hostelero de la planta alta de las setas de la Encarnación. En la reunión estaban un ex altísimo cargo de la Junta de Andalucía, un ex alto cargo municipal con escaño en el Parlamento y el presidente de una importante federación deportiva. La conversación no tardó en derivar en la figura de la presidenta de la Junta de Andalucía, a la que si no le hicieron un traje faltaron pocas costuras. Cuentan que ese presidente tuvo que pedir moderación en unas opiniones que, por otra parte, sus contertulios nunca han ocultado en cuantos foros y tribunas públicas han frecuentado. ¿Tendrán ya constancia en San Telmo de esa aviesa charla? ¿Quién se ha ido la lengua? ¿Quizás para ganar un match-ball ante La Que Manda?