Arenas es el lince protegido por la Junta

Carlos Navarro Antolín | 12 de febrero de 2014 a las 13:01

SEV11. JAVIER ARENAS SALE DEL ALMUERZO DEL PP AL QUE ASISTIO AYER Diario de Sevila/MANUEL GOMEZ
En política todos se pelean por la herencia y nadie le reza al muerto. Será por eso que los parientes políticos son los que siempre la lían a última hora en las notarías. Nada hay más antiguo que un periódico de ayer ni que un político defenestrado. A la hora de realizar la mudanza de las adhesiones inquebrantables, la política iguala a todos: a los que han tardado diez años en ser licenciados, a los que ganaron la oposición que les daría la estabilidad soñada en sus vidas, a los que se criaron en los pechos de los aparatos y a los que irrumpieron de pronto en el circo político procedentes de la empresa privada. No hay distinciones porque todos quieren mantenerse en el machito: el abogado, el juez, el registrador, el que nunca tuvo una nómina que no fuera de la Administración pública y el que no ha hecho otra cosa que, como los canguros, saltar de un despacho a otro de las instituciones y sociedades del gran mastodonte del Estado. Ni un juicio crítico en quienes han sido humillados, ni una palabra más alta que otra. La política para ellos no consiste en servir al ciudadano, sino en perpetuarse en sus cargos. Por eso, en el fondo, todos admiran a Javier Arenas. Lo critican porque querrían ser como él, la mejor interpretación del ave fénix en clave andaluza al que los suyos llevan meses redactando la esquela de su carrera política en todos los corrillos de los últimos meses: la noche del Domingo de Pasión que se quedó orillado del gobierno andaluz (“Javié no sale de ésta, ésta es la definitiva, mírale la cara, no se le reconoce, parece que está ido”), a los pocos meses de la amarga victoria (“No se le ve. ¿Qué sabes de Javié? Debe estar fatal, ya sólo sale para ir al podólogo y darle al botón en el Parlamento”), en su cargo de vicesecretario general del PP con despacho en Madrid (“Ya nadie lo llama, salvo Antonio Sanz, me dicen que hasta se cuela en actos sociales a los que no está invitado en la capital, chico qué cosas se ven, qué dura debe estar siendo la caída), en actos eminentemente privados (¿Oíste a Raúl del Pozo cuando dijo en la radio que Javié prácticamente se coló en la boda del hijo de Zoido?) y, por supuesto en congresos y convenciones (“Rajoy no sabe cómo quitárselo de encima para hablar en privado con Zoido sobre el futuro de Andalucía, nos hemos dado cuenta todos. ¡Con lo que era Javié!”).
Todos iban matando al padre, preparando la corona floral de los que no te olvidan y hablando de su figura con la compasión que inspira el que sólo tiene ya la mirada para implorar la compasión de sus hijos. Olvidaron que el toro malherido sigue teniendo pitones y se levanta con violencia, olvidaron que Javié los enseñó a todos ellos a caminar, a correr, a regatear y hasta a respirar en política. Todos son de la escuela de Javié. No conocen otra. Y está claro que Javié los escogió porque ninguno era capaz de hacerle sombra, como ha quedado demostrado. Javié ha ganado otra vez. Siempre ha ganado en el partido todo lo que se le reprochaba que no ganaba en las urnas. El PP andaluz está hecho a su medida, porque él ha sido el sastre de su propio traje. Los demás se han dedicado a barrer los hilos en el suelo de la indignidad, a callar como las beatas de la primera fila cuando el párroco manda silencio desde el púlpito, a coger kilos en la trabajadera del bochorno, a cuchichear contra el jefe en el atrio del cigarrito y la voz baja y a procurar conciliar el sueño porque, cuando truene el despertador y salga el sol, cuando todos ellos despierten a un nuevo día con las babas tragadas, se encontrarán con que Arenas seguía allí, como el dinosaurio. Se peleaban por la herencia cuando el muerto se ha levantado y los ha corrido a gorrazos. Arenas no vuelve a mandar en el PP, porque en realidad nunca ha dejado de hacerlo. ¿Y Andalucía? En Andalucía el lince está protegido. Y el PSOE protege muy bien al único lince del PP andaluz.
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Botellines de luto en San Jacinto

Carlos Navarro Antolín | 10 de febrero de 2014 a las 19:39

Foto de La Sureña en calle San Jacinto que ha echado el cierre. Puede que no tenga ya ni rótulos. Es el local que está junto a la confitería Filella.
El low cost es un recurso y una forma de novelería al fin. El low cost tiene sus precursores como tiene quienes han ido soplando su burbuja hasta romperla. Un día se puso de moda entre los aspirantes a señoritos lucir las chaquetas con los botones dorados, bien dorados, pero con algún agujero en el codo, así como quien no quería la cosa, en plan huy alguien me habrá tirado la ceniza en lo alto y se me ha quedado un agujerito la mar de chic. Estaba bien vista una suerte de desaliño en quienes eran tenidos como potentados en el banco. Ese descuido vestía tanto o más que las iniciales en las camisas, que se han visto en el pecho y se han visto en los puños. Aquellas chaquetas con brillo en las hombreras y en las mangas de tanto usarlas se siguen apreciando hoy en los miembros de algunas instituciones de rancio abolengo, donde no se ve bien llevar el terno en perfecto estado de revista, sino ejercer una especie de ostentación de la austeridad, que existir existe como existe el folklore de ruán en la Semana Santa. Asiste uno a un entierro a la Santa Caridad y corre el riesgo de marcharse por la calle Temprado con un ojo saltado por algunos de esos botones de americanas que se agarran como pueden al ojal por el efecto de vientres emergentes. Es sorprendente cómo luce esa estrechez de americana en quien mantiene el terno de varias temporadas aun teniendo posibles para las nuevas medidas, una estrechez auténtica, sacada de manual, y no esa estrechez de diseño de las prendas de Álvaro Moreno, que se empeña en ponernos a todos entallados como si fuéramos Beltrán Pérez en un Pleno del Ayuntamiento, como rehileteros a punto de salir al encuentro del burel. Parece que alguien toca el cornetín y ordena que hay que ir apretados en tiempos de apreturas, como hay que escribir con ampulosidad en tiempos de cuaresma. Y en los bares, también las apreturas, para que todo vaya en perfecta armonía. Sevilla se ha trufado de establecimientos low cost y del estilo del low cost. Las firmas hosterelas de toda la vida sacan ofertas para comer a mesa y mantel por 24 euros, como ha hecho Enrique Becerra este último fin de semana de galernas, rebautizadas como ciclogénesis explosivas. Pero todo se acaba, como se acaban hasta los Plenos del Ayuntamiento aunque parezcan una tortura interminable. Y ya ha caído la primera Sureña, ya ha estallado el primer símbolo de esa burbuja hostelera en la que cualquiera podía montar un bar, con lo peor del estilo de las hamburgueserías, atendiendo al cliente delante de un teclado y cobrando por adelantado, como si de la carrera oficial de Semana Santa se tratara, y muy poco bueno aprendido de los que saben de verdad el noble oficio de la hostelería. La Sureña de la calle San Jacinto no ha durado ni un semestre de IBI, dicen que porque la clientela de Triana ha rechazado la principal característica de este tipo de negocio: el despersonalizado cubo de botellines. A lo mejor no han gustado en el arrabal esos uniformes de gondoleros con tirantes… El caso es que abrió en agosto y ha caído en la primera subida del puerto de montaña de un enero de estrecheces. También dicen que la estrategia consiste en echar el cerrojazo a las primeras de cambio si no se cumplen las expectativas. El low cost de diseño pincha en Triana, donde en cambio se llenan los bares de toda la vida, algunos no precisamente baratos. Quien le dio un año de vida a la burbuja hostelera comienza a entonar el yo ya lo avisé, que es el himno de los enteraos. La Sureña de San Jacinto se acabó como se acabó Ecovol. Unos vienen y otros van, los pajaritos fritos de Ruperto siempre están. En Sevilla sólo triunfan los pájaros.

El tío del bigote, la barba y el PP andaluz

Carlos Navarro Antolín | 5 de febrero de 2014 a las 12:21

ZOIDO Y SANZ EN EL PARLAMENTO ANDALUZ
El Estado tiene una finca en Toledo que se llama Quintos de Mora. A ella le cogió gusto el tío del bigote en sus tiempos de presidente. El tío del bigote no es el del muy rancio Linimento Sloan, que olía bastante mejor que el Reflex, sino el inspector de Hacienda que enseñó el verdadero pelo de la dehesa megalómana con la boda de su hija en El Escorial. Cuentan que en esa finca se reunía algunos fines de semana con sus leales para resolver el mundo. En uno de esos cónclaves regados con cerveza de la Cruzcampo expresó su deseo de que Luisa Fernanda Rudi fuera la presidenta del Congreso de los Diputados. La política aragonesa era entonces alcaldesa de Zaragoza, una circunstancia que alguien osó advertir al tío del bigote.

-Presidente, podemos perder esa Alcaldía. El riesgo es muy alto.

Se hizo el silencio, al menos eso dicen, como se hacía cada vez que el jefe se ponía a meditar en plan trascendente. Y aquel señor de mirada gélida al que la mayoría absoluta volvió como poseído (y aún lo sigue), soltó una perla que a ninguno de los presentes se le olvidará el resto de los días.

-Y a mi que me importa la Alcaldía de Zaragoza.

La historia no se repite, la historia es la misma. En la Moncloa debe importar la sucesión del PP andaluz (por no decir Andalucía misma) lo mismo que a Aznar le importaba aquella Alcaldía que, efectivamente, cayó después en manos del PSOE. Los socialistas conquistaron aquel ayuntamiento con un ex ministro socialista como Belloch. Y el PP no rasca poder municipal en esa capital desde aquella machada. No se explica de otra forma el proceso que el PP nacional está siguiendo en el caso de Andalucía, donde todo se ha hecho mal desde el principio. Porque las cosas se pueden hacer bien, mal o al estilo del PP andaluz. Zoido era todo un símbolo del municipalismo para el PP, aupado por Rajoy hasta la presidencia de la FEMP, un cargo que a nadie extrañó en su momento, que le venía como hecho a la medida por su sastre preferido. Tenía la Alcaldía más cotizada de Andalucía, un escaño en las Cinco Llagas y una plataforma nacional como la FEMP, la tripleta perfecta para gobernar y crecer políticamente.
Pero alguna mente preclara del partido de las que anidan a sueldo en la sede de Génova lo ha querido achicharrar en la contienda andaluza, donde el alcalde se ha tensionado, nada bueno ha sacado y aún está por ver el verdadero saldo negativo de una aventura a la que fue conducido a contraestilo. Hay veces que parece que en el PP nacional se tiene de Andalucía la misma idea que en Marte. Y la soberbia capitalina debe impedir la consulta a quienes conocen las reglas básicas del tablero andaluz. Lección primera, el alcalde de Sevilla no puede ser el líder regional. Nunca. La paloma del centro derecha andaluz apenas puede volar hoy por el peso del barro de aquellos lodos.
Al protocandidato José Luis Sanz, de perfil serio en el mejor sentido, se le está sometiendo a una espera que roza ya el bochorno y dice muy poco bueno de la cúpula nacional de un partido que alarga un proceso que acaso sólo encontraría una explicación, si la hay, en la investigación judicial que tiene a tres concejales imputados del ayuntamiento que Sanz gobierna. Es un secreto a voces que la candidata verdaderamente deseada por Rajoy es Fátima Báñez, que se resiste al tener su vida más que encarrilada en Madrid. Y mientras, Andalucía sigue pareciendo una región de escasa consideración en la calle Génova, tal que a veces hay quienes oyen una suerte de psicofonía la mar de ajustada a la actualidad. Con barba en vez de bigote, porque no es lo mismo la barba que el bigote, aunque se trate de pelo, del pelo de la dehesa de la soberbia del poder que a todos iguala.

-Y a mi qué me importa Andalucía ni la presidencia de la Junta de Andalucía.

El comercio cangrejea

Carlos Navarro Antolín | 4 de febrero de 2014 a las 5:00

SEVILLA, 03/02/2014.
Hay calles malditas con locales malditos en los que el rosario de negocios caídos está en la memoria colectiva. Hay calles traseras, con aspecto de traseras, olor y hedor a traseras y estética de contenedores destapados y gatos rabiosos en las que nadie sabe cómo hay bares y tiendas que triunfan. Estos negocios llevan años abiertos y con una demanda de clientes considerable a pesar de estar ubicados en calles donde todas las puertas parece que son la de atrás. Hay grandes avenidas por las que pasan miles de peatones a la hora, pero donde no se vende un bollo por más pizarras abatibles que el dueño coloque en la vía pública como mojones en una carretera comarcal. En años de crisis y en cuestiones de comercio se cumple el aserto de que los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Madrid y Barcelona arrasan. Y en particular, las principales calles de Madrid y Barcelona son las que engullen las posiciones de privilegio del ránking nacional. Entre las dos grandes urbes se llevan los ocho primeros puestos. Para Valencia queda el noveno con la calle Colón. Y Sevilla ha estado a punto de abandonar el top ten por primera vez, donde se agarra al asidero del puesto décimo con Tetuán. Hemos cangrejeado como vulgares capillitas ¿La causa? Las grandes firmas se vuelven muy conservadoras, no asumen riesgos y prefieren apostarlo todo a las principales calles de los grandes núcleos de población. Son inversiones infinitamente más caras (entre 240 y 160 euros el metro cuadrado en alquiler) pero con una garantía mayor a la hora de asegurarse un retorno de la inversión. ¿Se entiende ahora que otras calles no levanten el vuelo? En Sevilla lo único que ha abierto en plena Plaza Nueva desde que estalló la crisis es un bar de montaditos y la adoración perpetua de San Onofre, donde monseñor Asenjo confiesa todos los lunes a primera hora. Con la desaparición de las paradas de Tussam se acabó el bombeo de clientes. En la mayoría de locales hay telarañas empadronadas. Mientras tanto todos los bajos de ese eje privilegiado de Tetuán, Velázquez y O’Donnell están ocupados, nutridos por el efecto llamada de los grandes almacenes, de las paradas de Tussam del Duque y de la recuperación hace ya dos años de la máxima penetración de autobuses urbanos hasta la Campana. Los atractivos turísticos permanentes también se apuntan como vitales para fortalecer el comercio, así como una oferta internacional de moda, lo que ayuda a la captación de las grandes firmas. Sevilla lo tuvo al alcance de la mano hasta pocos años, con una Plaza Nueva convertida en la gran milla de oro de esas primeras marcas de pasarela. Ahora sólo queda la firma tradicional de caballeros del también caballero O´Kean, que se acerca ya a los 60 años de apertura. Lejos, muy lejos, ha quedado Sevilla de tener alguna calle como el actual modelo barcelonés del Paseo de Gracia, donde rusos y japoneses navegan en el cuerno de la abundancia, libando carbónicos y jamando productos de gourmet.
El último informe de la consultora catalana de Jordá deja claro que cuanto mayor es la crisis, más notable es la fuerza de un número cada vez más reducido de calles. Ni el estar entre las 50 calles principales de España le sirve a la de Sierpes (puesto 37 con un alquiler de 70 euros al mes por metro cuadrado) para tener todos sus locales ocupados. La única alternativa es tener esa capacidad para oler el negocio en un local de calle trasera por mucho que los sesudos informes digan lo contrario. Que se lo digan al del adobo de Blanco Cerrillo. O a Javier Sobrino, donde el personal no tiene reparos en meterse en un pasaje y en bajar y subir escaleras para comprarse ropa aun habiendo establecimientos a pie de calle. Valor añadido, le llaman. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, por no alejarnos del espíritu de San Onofre. Mientras tanto los irlandeses de Primark siguen buscando posada en un centro comercial. Ni accesibilidad, ni fenómenos de concentración, ni lanzaderas, ni peatonalizaciones. El olor a adobo atrae mucho más que el selecto carbónico servido en altos vidrios. Y no provoca gases, si acaso acidez. Pero eso es ya otra historia.
SEVILLA, 03/02/2014.

El imperio de la pizarra abatible

Carlos Navarro Antolín | 3 de febrero de 2014 a las 9:46

jovellanos
DICEN los expertos que a la Catedral de Sevilla le falta un gran espacio abierto que permita la contemplación de la fachada principal, que es la de la Asunción, por donde entran los nuevos obispos con cara de susto y por donde salen con los pies por delante y con peor cara aún. La Catedral de Sevilla no tiene esa gran plaza, explanada o espacio abierto que permita disfrutar con perspectiva de la monumentalidad de esa gran montaña hueca. Con el impacto hermoso de la Catedral se topa uno procedente de la Plaza de la Contratación, como un gigante que irrumpe siempre en el paseo del turista novato y del nativo que conserva la capacidad de sorpresa. Pero la fachada principal no tiene metros cuadrados por delante que canten su poderío. Si la enormidad interior de la Catedral se lo come todo por dentro, dejando a veces ridículo cualquier exorno floral, altar o estructura que no esté debidamente presentado, por el exterior pierde todo el impacto por el ahogo que ejerce la inhóspita Avenida, una Avenida que es a la Catedral lo que la calle Imagen a la trama urbana del centro histórico: un horror del tamaño de la campana de San Cristóbal. El caso es que como no hay forma de tener esa visión global, a la Catedral hay que mirarla por partes, buscando los rincones y las perspectivas, casi como la mayoría de pequeños templos de la ciudad.
Si la Catedral está condicionada por el diseño urbano tanto como está afeada por el rosario de bares chillones, tenderetes de camisetas y olores de fritanga, hay también capillas con todo su encanto que sufren el mismo problema, templos recoletos con portadas barrocas ahogadas por la cartelería abatible de una hostelería que saca sus propias tropas a la calle: los camareros a la búsqueda de los clientes, como laceros de Puerto Banús exportados a Sevilla, y las pizarras con el menú del día y el pida la exquisita pringá que no se arrepentirá. La infantería del sector terciario no entiende de perspectivas de catedrales ni de la calle Jovellanos, donde hasta hace poco uno se deleitaba con la estética de portalón y hornacinas con imaginería de Duque Cornejo. Los gamberros la tomaron hace pocos años con la capillita de San José atacando las imágenes de frailes de su portada. Y ahora la agresión es de otro tipo, practicada al amparo de la regla suprema de todo por el consumo, con el aval de la misma autoridad que puebla de veladores la Plaza de San Francisco o que hace la vista gorda en tantas y tantas calles convertidas en un Benidorm de pizarras, calefactores y camareros vestidos a lo Baremboin. Las ciudades se miden y mucho por cómo cuidan su patrimonio. A nadie se le ocurre colocar un anuncio de macarrones y pizzas delante de la fachada de San Andrea del Quirinal en Roma, por poner un ejemplo similar al de esta capillita mancillada por los tentáculos de la fiebre hostelera, víctima del imperio de la pizarra abatible. ¿Dónde está el gerente de Urbanismo para mandar a sus inspectores y cuidar la imagen de la ciudad ante los turistas? Aquí venga a presumir de la macrogestión para traer aviones de Estambul y venga a sacar campañas con lemas en inglés como la del We love people, que hay que ver lo bien que pronuncia el alcalde el lema del We love people, con lo malamente que lo pasaba el hombre en los días señalaítos de campaña con aquella promesa del Open government, mucho más difícil de pronunciar y que me lo traía por la calle de la Amargura (dos pasos). Jesús, otra vez el Open Government, pensaba Zoido cada vez que el asesor le mandaba tirar de tecnicismos extranjeros para ronear en los barrios de batas y rulos. Parecía un vendedor de lavadoras, pero de los buenos, de los que al final vende la lavadora y la clienta se va la mar de satisfecha y cuchicheando con el marido desconfiado.
–Este hombre tiene cara de buena persona, so malpensado.
Al alcalde le pasa con el inglés lo que a todos los presidentes del Gobierno de España. Ni pajolera. Hay un sevillano que recuerda con toda precisión una charla a pie de calle con Zoido, de las mil que tiene al día cuando no está perdiendo el tiempo en convenciones del partido (pero bien partido, partido en Vox) en Valladolid.
–¿Y tu padre? ¿Y tu madre? El otro día vi a tu hermana con su marido, que bien iban los dos con la niña camino del mapping. Por cierto, tu cuñado me ha mandado su último libro.
–Ah, estupendo… ¿No?
–[Cara de póker de Zoido]
–¿Qué problema hay, alcalde? ¿No te lo ha dedicado?
–Es que está en inglés…
Ni el We love people para atraer a los turistas ni el Open Goverment para vender la lavadora. ¿Alguien de Urbanismo va a practicar esa micropolítica de Zoido y va a barrer las calles del centro? Pero no con escoba de Lipasam del gerente Paco Pepe, sino con bolígrafo de inspector de la Gerencia y camioneta para cargar tanta cochambre. Uno de los grandes misterios de la ciudad es a qué se dedica el gerente de Urbanismo si ya no hay constructores con los que comer, ni dinero de los convenios que fumarse. Son como los 50 diputados del PP en el Parlamento, el ejército más poblado y desorientado que se haya visto en política. Si es que hay días que parece que no hay veladores en Sevilla para sentar a tanto diputado del PP como se ve vivaqueando por los bares de los alrededores del Parlamento. En las definiciones de calidad de vida ya figura el ejemplo de diputado del PP del tardoarenismo. Política cardiosaludable. Usted evite las grasas, tome dieta rica en verdura y pasee como un diputado del PP andaluz que haya ganado las elecciones.
Mientras no haya micropolítica de la buena que salvaguarde el patrimonio, tal vez lo mejor sea que la Catedral no tenga esa gran explanada que muchos envidian de Santiago de Compostela, Ávila, Salamanca o Vitoria para admirar la arquitectura con todo realce. En Sevilla nos dan metros cuadrados por delante y los plagamos de pizarras abatibles. Mejor la estrechez de la Avenida, para que no se note la poquísima gente que hay para recibir a algunos obispos.

Como un Mercadante más

Carlos Navarro Antolín | 27 de enero de 2014 a las 18:48

mercadante
Siéntate en la Avenida y verás pasar a quien la libró de autobuses, pero la entregó de rodillas, como un Boabdil de la sostenibilidad, a nuestros nuevos señores y amos: los ciclistas y veladores. El virrey de las peatonalizaciones camina por la acera (¿izquierda?) de la Avenida, por el único tramo que sigue inalterado durante quinientos años. Pisa fuerte por las losas de Tarifa, que resisten ahora y siempre a los promotores trincones que acudieron como mercaderes del templo al olor del negocio de las losas de pizarra. Monteseirín camina por terreno aforado, protegido por las cadenas de la Catedral que en el XVI concedían derecho de asilo en el templo a los perseguidos por la Justicia ordinaria. Qué ironías reserva el destino, que semiótica encierra la plasticidad de un momento preciso de la vida cotidiana, de un instante, de una coincidencia. Avanza el ex alcalde bajo la mirada de las estatuas de Lorenzo Mercadante de Bretaña, que también cuentan su presencia en la Avenida por siglos. Y surge la estampa que representa con toda carga simbólica la contradicción entre lo permanente y lo efímero, el paso de los siglos frente a la volatilidad de doce años de gobierno, una lección de filosofía escondida entre piedras y egos. Pasa Monteseirín bajo las estatuas de barro cocido que han visto el tránsito de generaciones y generaciones de sevillanos, reyes de carrozas y monarcas modernos, presidentes del Gobierno, jefes de Estado, dictadores, arzobispos beatos y prelados soberbios, cardenales recibidos con glorias y purpurados despedidos con los pies por delante, canónigos por oposición y canónigos digitales, pobres pedigüeños y fieles potentados, señoritos en sepia y aristócratas del ladrillo a todo color, beatas de abanico y turistas de pantalón corto, cofradías de medio pelo y hermandades de tronío, alcaldes bajo mazas suntuosas y ediles de saldo… Todo pasa y ellas permanecen, escoltadas por el granito de las columnas de Itálica, tan sólo acariciadas por la brisa del tiempo y cortejadas por el piar de algunos vencejos. Todo pasa, ellas permanecen. Doce años para ellas es un soplo, apenas una línea en el tratado de la urbe cotidiana de la que son testigos, una insignificante moldura en la arquitectura del retablo de la historia que conforman regímenes políticos, revueltas, períodos de sosiego y turbamultas. Sólo hay que sentarse en la Avenida para comprobar el teatro que encierra cualquier pasaje de la vida cotidiana. In ictu oculi. Sin séquito de aduladores, sin la tensión de las faenas de gobierno, sin nadie ya que lo pare ni le pida una prebenda, como un Mercadante itinerante más del templo de la ciudad de las mil fachadas, Monteseirín recorre la Avenida que recibió con hedor de tufos negros, banda sonora de motores de autobuses urbanos y sucursales de bancos y que dejó convertida en una gran terraza de mesas y sillas, puestos ambulantes, cafeterías por doquier y abundante trufa de bicicletas. Siéntate en la Avenida, donde las piedras hablan, y verás pasar a los hombres que parecían eternos. Y la eternidad si acaso sólo está en las piedras, aurigas del paso del tiempo que susurran a todos los viandantes la gran verdad de aquellos que algún día se creen dioses por el número de concejales: “Recuerda que eres mortal”. Un día pasó con tiros largos y bajo mazas, hoy es uno más en la felicidad de la tensión perdida en una ciudad en crisis que se desangra y se deja la vida barbeando en las tablas del desempleo. El alcalde que abrió en canal la Avenida camina por el único tramo que no pudo cambiar. Y las estatuas de Mercadante lo miran con indulgencia. Plenaria, de Pleno.

O Sanz, o derrota

Carlos Navarro Antolín | 19 de enero de 2014 a las 5:00

En el Ayuntamiento. Zoido habla del Metro
El PP andaluz ha sido siempre fuerte en Madrid gracias a la figura de Arenas, porque Madrid ha visto siempre en el político de Olvera a un interlocutor sólido. La referencia andaluza del PP nacional ha sido Arenas. Tan es así que Montoro y Báñez son ministros de la cuota andaluza (de Arenas). En Andalucía no se nombraban delegados ni subdelegados del Gobierno que no tuvieran la bendición de Arenas, su otrora poderoso nihil obstat. Si el PP gobernaba España, para Andalucía se activaba de inmediato una especie de concordato entre la Moncloa y Arenas. Arenas antes mandaba. Llegaba los viernes en el AVE, cenaba en El Espigón con Curro Romero y dedicaba el fin de semana a mover las fichas del tablero andaluz con la correspondiente entrevista periodística dominical a doble y hasta a triple página. Y ahora manda menos, pero enreda, que también puede ser una forma de mandar. Esa interlocución, esa línea de consulta clara y eficaz, está en horas bajas. Porque la figura del andaluz del PP fuerte en Madrid se ha perdido.
Desde julio de 2012 en que fue elegido presidente regional, Juan Ignacio Zoido se ha cuidado mucho de evitar la confusión de este cargo con el del alcalde de Sevilla. Cuestión de tacto y hasta de buen gusto. Cada vez que ha comparecido en el Ayuntamiento ha declinado amablemente cualquier pregunta relacionada con la política andaluza. Por una mera cuestión de “respeto”, decía. Las lindes debían estar claras. La distancia es la seguridad, como en el tráfico. El alcalde esperaba que los reyes magos le hubieran traído el oro y la mirra de un nuevo presidente del PP andaluz con motivo del comité ejecutivo nacional del 8 de enero, un cónclave en el que tenía puesta la esperanza de librarse de una vez del yugo regional. Pero se encontró con carbón. Y al día siguiente, por primera vez, sí respondió en el Ayuntamiento a una pregunta ajena a los asuntos municipales, cuando todos esperaban que sacara el capote con la enésima coartada sobre la distinción necesaria y saludable de los cargos. Juegos de equilibrios y corsés fuera. Zoido, que últimamente anda mucho más suelto en las comparecencias ante la prensa, reconoció que el asunto del relevo andaluz ni siquiera se trató en la sede de la calle Génova y, acto seguido, admitió que es una cuestión que ya le “afecta” como alcalde de Sevilla. Y tanto que le afecta. Le perjudica. Escrito está hace tiempo que lo peor del regalo envenenado de la presidencia del PP andaluz no estaba en la entrada (con calzador de la marca Cospedal), ni en el transcurso (su relación con provincias como Málaga y la compaginación de tantas responsabilidades), sino en la salida. Para Zoido es importante que esa salida sea sin un solo jirón en el traje y sin rozaduras en sus relaciones con la alta cúpula, porque ya que nada bueno le ha aportado el cargo, se impone que el saldo negativo de la experiencia sea mínimo. Y aquí está la cuestión: si José Luis Sanz no es el elegido para la sucesión, el gran perdedor es Zoido, que se lo sigue jugando todo a la carta del alcalde de Tomares. Será el perdedor porque no habría sido capaz de hacer valer su opción, ni siquiera como contraprestación natural por haber aceptado el engorro de asumir la presidencia regional contra todo pronóstico y podría decirse que incluso contra el criterio lógico de evitar la concentración de cargos regionales en Sevilla. Mucho más será el perdedor si finalmente Sanz no es el elegido como consecuencia de la investigación judicial que afecta al Ayuntamiento de Tomares, porque pese a su condición de magistrado y pese a llevar ya un buen puñado de años en política, no habría sabido anticiparse en la valoración del alcance de unas pesquisas (cuya gravedad aún está por ver) por las que ya hay tres imputados. Zoido se la ha jugado con fuerza. Cada día que pasa sin que su elegido sea investido queda en evidencia su falta de interlocución con Madrid, donde es notorio que hay una resistencia palmaria a seguir la hoja de ruta del alcalde sevillano.
La política suele tener poca memoria. El verano de 2012 queda ya demasiado lejos, cuando Zoido desconectó aposta el teléfono aquel domingo de calor y se fue al Corpus de Triana sabiendo que lo buscaban para endosarle la presidencia regional. Arenas mandó aquel día a uno de sus escoltas a buscarlo con urgencia. Madrid tiene mala memoria y no devuelve favores. El ayer no existe en política, el futuro no condiciona más que a cortísimo plazo y el hoy se impone con crueldad. El móvil del alcalde pierde cobertura con Madrid. Pero ahora no es él quien lo ha apagado. Ahora no tiene línea con la capital. O Sanz, o derrota.

La barrila de las elecciones al Ateneo

Carlos Navarro Antolín | 16 de enero de 2014 a las 11:36

Ateneo
Hicieron todo lo posible para que entrara en la agenda de temas entre Rajoy y Obama. Y casi lo consiguieron. Vamos, que yo creo que Rajoy no es que haya presumido de que nadie le ha preguntado en la Casa Blanca por Cataluña, es que lo que verdaderamente ha dicho es lo que sigue: “Nadie me ha preguntado por las elecciones del Ateneo de Sevilla”. Porque hay que ver la vara (del rey) que están dando con las elecciones del Ateneo de Sevilla. En Sevilla está la Anselma, a la que la derecha le ha cerrado el tablao dejando desorientados a los madrileños y a los guiris de rebujito en vaso de tubo, y está también Anselmo, que quiere ser presidente del Ateneo desde aquellos sucesos oscuros de melchores caídos del trono, que ya se sabe que todo español tiene derecho a la presunción de inocencia excepto si es elegido para ser rey Melchor del Ateneo de Sevilla. Anselmo está metiéndole presión al actual presidente, que tiene nombre de centurión romano de Astérix y Obélix: Alberto Máximo. Y entre los dos tienen a media Sevilla buscando ateneístas por debajo de las piedras, de los veladores y hasta por debajo de la nueva cruz del Baratillo.

Que no quiero verla, que no quiero verla… La cruz del Baratillo que no quiero verla

El censo del Ateneo tiene poco más de mil votantes. Se vota el día 29. Las peticiones y recomendaciones se han disparado y han alcanzado el disparate en algunos casos. Algunas no son ya de primer o segundo grado, sino del yerno que no es ateneísta que pide el voto para su suegro que va en la lista en el puesto noveno. Esto debe ser culpa de las cofradías, como casi todo en la ciudad. El cofraderío de las tardes libres con sus estrategias electorales ha llegado al Ateneo como el tapicero a su ciudad, señora. ¡Y cómo se dan leña los pretendientes de la Docta Casa! Lo curioso es que para votar hay que estar al día en el pago de las cuotas. Y ya hay una relación de ilustres nombres de la ciudad con una deuda que si la pilla la delegada de Hacienda del Ayuntamiento, Asunción Fley, te mete un embargo preventivo que te deja mirando… a la cruz del Baratillo.

-Qué cosa.

Hay un personaje muy conocido en las fotografías del colorín local que debe 19 mensualidades. Y otro que mandó muchísimo en la ciudad que no paga desde hace más de dos años. La presión para pedir los votos está provocando que salgan morosidades sonrojantes. Y, cómo no, todo tipo de teorías sobre las verdaderas motivaciones de ambas candidaturas. Tenga usted claro que si nadie le ha pedido todavía el voto para las elecciones del Ateneo y no le han ventilado al oído ningún marrón de cualquiera de ambas listas, es que no es usted absolutamente nadie en Sevilla. Dese por perdido o hágaselo mirar en la consulta del terapeuta. Porque el acoso es ya de tal intensidad que algunos deberíamos lucir en la solapa una chapa: “No soy del Ateneo”. Y espantar a los agentes electorales de ambas listas que dan más la barrila que los testigos aquellos que iban por parejas tocando los timbres de las casas a mediodía. Más pesados que los quesos de rulo en las listas de tapa. Qué aliviado se quedó Rajoy. O no.

A Anselma la buscan en el BOP

Carlos Navarro Antolín | 14 de enero de 2014 a las 13:10

anselma
Hubo un alcalde socialista de Sevilla al que no le podían notificar los tributos municipales impagados y mandaron localizarle a través de las páginas del Boletín Oficial de la Provincia. Por ahí nos enteramos de que su nombre de pila era compuesto: Alfredo Luis. Hubo también un secretario general del PP al que no lo localizaban para reclamarle los sellos impagados de una antigua moto y hubo que localizarle a través del BOP. Por ahí nos enteramos de que Javié había sido un chico con moto en sus tiempos de político prometedor. La lectura del BOP es altamente recomendable en una ciudad como Sevilla que lleva a gala lo de la presencia o ausencia según conveniencia. Es tremenda la de gente que hay en Sevilla a la que no es posible hacerle llegar una mera notificación. Gente que está todo el día de viaje, como todo el día reunido. Gente que que sólo acude a su casa a pernoctar, gente ocupadísima, gente ilocalizable hasta por el teléfono móvil. Gente que maneja con toda soltura el código que dicta cuál es la llamada a la que hay que responder, cuál es el recibí que no hay que firmar y a quien no se debe abrir la puerta bajo ningún concepto. Gente como el que aparcaba el coche en lo alto de la acera y respondió con desahogo a la advertencia del amigo: “Ya la grúa lo recoge y me lo aparca”. Pues esto igual, ya el BOP me avisará. Mucho más glamour que estar imputado es ya estar requerido en el BOP, donde hay media Avenida de la Palmera debiendo el IBI, lo cual se entiende por lo carísimo que tiene ser la contribución urbana en la Palmera, oiga. Gente desahogada como el famoso egipcio de la calle Mateos Gago que negó el otro día la entrada de los inspectores de Urbanismo para revisar las obras de la finca colindante. Ahora sabemos por el BOP, esa fuente de información tan indiscreta como aquellas célebres porteras de Alfonso Guerra, que el Ayuntamiento no localiza a Anselma para notificarle la orden de clausura de su conocido establecimiento de la calle Pagés del Corro, número 49 (ver página 17 del BOP de 9 de enero de 2014). Pues claro, si no lo localizaban en su día ni a Alfredo Luis ni a Javié, a pesar de que estaban todos los días en los periódicos y en las televisiones, ¿a cuento de qué iba a trincar ahora la todopoderosa maquinaria municipal a la mismísima Anselma para darle carta en mano, multazo de mil euros y cerrojazo en la puerta? ¿Acaso Anselma es menos importante que aquellos dos barandas? Pues ahora le cierran el bar por carecer de licencia para tener actuaciones. Dicen que todo viene a cuento de un cruce de denuncias por competencia desleal entre bares y tablaos. A Zoido no le se le pone flamenca ni Anselma. A ver dónde metemos ahora a tanto guiri de autobús deseando consumir Triana por un tubo. A ver a dónde llevamos a los ministros para el ‘typical’ Sevilla. Porque en el BOP ya hay demasiada gente. ¿En Anselma ponían melva?
Fotos de Casa Anselma, cerrado por orden del Ayto. c/ Pagés del Corro, 49.

UGT copia la estética del PP

Carlos Navarro Antolín | 10 de enero de 2014 a las 18:31

CARMEN CASTILLA, ELEGIDA SECRETARIA GENERAL DE UGT-ANDALUCÍA
Será el fin de las ideologías, será el mundo al revés, será una mera ironía del destino, será la teoría de los polos que se tocan, será la mala uva (o buena) del fotoperiodismo o será simplemente la democratización de las mechas rubias, como diría el perifrástico Torrijos. El caso es que uno se desayuna con la fotografía de la nueva secretaria general de UGT de Andalucía en pleno ad calorem tributado por sus compañeras y resulta que con tanta melena rubia y tanta mecha de peluquería no se sabe si realmente se trata de los parabienes de rigor tras el cónclave del sindicato filosocialista del puño cerrado o de una de esas fotos de cualquier edición del Rastrillo en el puesto de Las Canasteras de la duquesa de Alba. Prueben a enseñarle la fotografía a cualquiera de los que militan en esa legión de ciudadanos ajenos al día a día de la actualidad, hagan la pregunta como la hace el psicoanalista cuando exhibe esas figuras geométricas tan raras para sacar sus peregrinas conclusiones sobre lo bien o lo mal amueblada que tiene el paciente la cabeza.
–¿Usted qué ve en esta foto?
–Cuatro señoronas del PP.
¿Del PP? Sí, pero del PP de los años de Aznar y sus mítines con Norma Duval. Oh, lá, lá. Que no, que en UGT no le han copiado las formas al PSOE de Susana Díaz, en adelante La Que Manda, sino que han mimetizado directamente las de aquel PP de los noventa, el de las amargas victorias que reunía a las clientas de Nova Roma en los mítines del Parque de los Príncipes. Igual que te encuentras casi a diario a célebres socialistas en el puesto de Loewe del Corte Inglés del Duque, a Rajoy en el Cerro del Águila (¿O eso ya es el pasado?) o a Cayetano Martínez de Irujo de patrulla con Sánchez Gordillo, ahora toca pasar de las barbas y los kilos de más a las melenas rubias en el sindicato de la Puerta Real. ¿No hay cofradías de barrio que llevan en sus cortejos servidores con levitas propias de añejas cofradías del centro? La globalización todo lo marca. Hasta que salen las marcas blancas, aparentemente blancas. Y alguien dice que esa estética es magnífica porque sirve para centrar la imagen del sindicato, porque el éxito radica en no parecer lo que se es y en dar la imagen contraria al estereotipo. Entonces es que UGT ha fichado a Arriola. Ya salió otra vez el PP. Oh, lá, lá.