El retorno a lo sólido

Carlos Navarro Antolín | 11 de julio de 2017 a las 19:10

Foto Magdalena

POR la calle San Fernando ya no pasan cigarreras y en la Avenida al paso que vamos no van a pasar empleados de banca con cara de cabreo porque usted quiere hacer una transferencia en ventanilla. Ni van a quedar bancos para sentarse, que no hay desgraciado que se siente bajo el sol que cae a plomo en la Avenida, ni de los que dan créditos y tratan de colocarle a usted un televisor, un teléfono inteligente, una vajilla y un seguro médico, cosas que o ya tiene o no le hacen ninguna falta. En la Avenida, además de las cafeterías desubicadoras que ya hay, habrá un hotel de cuatro estrellas donde en un principio iba una pensión de lujo, lo que se conoce como ‘hostel’ pero que en las licencias urbanísticas viene inmejorablemente definido: pensión a secas. Porque lo de pensión de lujo es como lo de la jet de Almería. O se es de la jet, o se es de Almería, pero lo de en misa y repicando ya se sabe que es imposible, a no ser que uno sea Juan Espadas, ora con don Juan José abriendo el Palacio Arzobispal a la visita, ora con la muchachada de la izquierda radical que le hacen la pirula. En Sevilla los hoteles se reproducen como los veladores, como las cofradías de víspera, como los políticos aludiendo a la puesta en valor. La crisis debe haber acabado ya, pero es como la primavera cuando llega, que nadie sabe como ha sido.

Oído a lo que se anuncia: un hotel nuevo en la Avenida, un hotel de cinco estrellas proyectado en la Magdalena, un hotel que dicen que irá en Vilima, el hotel América que va a ser ampliamente reformado… Hasta había dos proyectos para abrir un hotel en el edificio de la Gavidia, uno de ellos nada menos que de Barceló. La burbuja hotelera crece. No llegamos a las dos pernoctaciones de media, los turistas sólo nos quieren para un noche, pero los analistas siguen viendo mercado para hoteles nuevos en Sevilla, pese al auge de los apartamentos turísticos: los legales y los piratas. En el nuevo hotel de la Avenida van a invertir la friolera de ocho millones de euros. En la reforma del América, medio millón. En el edificio de la Gavidia tendrán que dejarse el manso para rehabilitar un inmueble en desuso desde 2003 y tasado entonces en 14 millones de euros. El Ayuntamiento, por cierto, ha disparado la partida de cooperación internacional. Ha anunciado esta semana que de 200.000 euros pasa a más de un millón. El Consejo ha multiplicado las subvenciones. Cabify aumenta las cifras de negocio en Sevilla, pese a que el coste medio de sus viajes es superior al del taxi ordinario, lo que demuestra que hay un público que paga por la calidad del servicio, por el esmero. Y antes de ayer estábamos con la caseta municipal cerrada por respeto a los sevillanos que lo estaban pasando mal. Los sevillanos han debido dejar de pasarlo mal.

El retorno a lo sólido, a todo aquello que se derribó con la crisis. La memoria discrimina, olvida pronto los padecimientos, los días de economistas hasta en la sopa, aquellos meses marcados por la prima de riesgo. Todo irá retornando. Habrá que preguntar si el Hotel América reabrirá la cafetería amarilla. Parecía tan sólida, con sus grandes ventanales, su betunero y ese color estridente del que nunca se quejó ningún conservacionista de guardia.

La ministra voluntaria en el fuego de Doñana

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2017 a las 20:23

Incendio de Moguer y Mazagón

El nuevo símbolo del poder no es el coche oficial, sino el chalequillo de múltiples bolsillos que reparte Protección Civil en los casos de tragedia. Puede usted tener la agenda cargada de actos y los ternos más lucidos de Madrid que si nunca le han dado un chalequillo estilo Coronel Tapioca es que usted nunca ha estado en la zona cero de ninguna tragedia. No es nadie. Se vio el domingo y el lunes en el denominado Puesto de Mando Avanzado, desde donde se seguía la evolución del incendio que, por fortuna, se ha saldado sin ni siquiera un solo herido, lo que nos permite fijarnos ya en algunos detalles aparentemente secundarios de los días en que vivimos peligrosamente y respiramos con dificultad. Los señores del PP esta vez reaccionaron con celeridad, no como con el incendio de Riotinto que afectó a casi 35.000 hectáreas de monte de Sevilla y Huelva en 2004. Aquel fuego provocó una lluvia de cenizas en el centro de Sevilla que aún se recuerda. Los entonces barandas del PP andaluz tardaron en acudir al lugar de los hechos. Pero esta vez no, esta vez hubo dos ministros que en Madrid se subieron al avión el mismo domingo por la mañana. A falta de uno fueron dos. Don Zoido acudió al tener las competencias de Protección Civil, que para eso dependen del organigrama de Interior. Estaba en Madrid el domingo porque quiso vigilar in situ el dispositivo de la marcha del Orgullo Gay, que ya es difícil pillar al ministro sevillano en la capital del reino un fin de semana. Pero al avión se subió también la ministra de Empleo, Fátima Báñez, nacida en San Juan del Puerto. Dicen que le oyeron decir: “Es mi tierra, me duele, tengo que estar allí”. Y no la pudieron parar. Rompió la agenda, donde figuraba nada menos que la cena del 40 aniversario de la CEOE bajo la presidencia del Rey. A la fiesta de la patronal tuvo que acudir el jerezano Alfonso Dastis, ministro de Asuntos Exteriores. El Estado, nunca se olvide, no quería quedarse atrás frente a la todopoderosa Junta de Andalucía en un suceso que a esas horas tenía ya todos los indicios de ser el incendio del año, máxime si se tenía en cuenta el caso tan reciente de Portugal. A Báñez la telefoneaban el presidente Rajoy y la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría para interesarse por el fuego. Se nota que es la veterana del consejo de ministros, la que más tiempo lleva en el mismo sillón. La vicepresidenta, por cierto, se conoce el terreno por sus estancias en la costa onubense los meses de agosto. Y también la telefoneó el ministro de Energía, Álvaro Nadal, que se encontraba en Luxemburgo.

Cuentan que la ministra onubense se organizó su despacho aparte en el puesto de control y que se entendió la mar de bien con Rosa Aguilar, la consejera de Justicia y Gobierno Interior, con la que se trata desde sus tiempos de diputadas en el Congreso. A pocos pasó desapercibida la presencia de esta ministra que, sobre el papel, no tenía competencias directas en la extinción de un fuego. Ninguna. Sus razones para estar en el sitio eran emocionales. Allí estuvo dos días reforzando la presencia del Estado y, también, su particular perfil andaluz. O quizás ejerciendo de ministra de Huelva como Zoido lo hace en Sevilla, porque había que ver cómo la saludaban los trabajadores del Parador de Mazagón, que visitó junto a la presidenta de la red de establecimientos del Estado, o los del Supermercado El Jamón, cadena fundada en Lepe. El momento de mayor apuro ocurrió la tarde del domingo, cuando las llamas se aproximaban a Matalascañas. Eso provocó que los dos ministros se quedaran también el lunes con los chalequillos puestos. Parecían fotógrafos en pleno safari. Chalequillo para Antonio Sanz, delegado del Gobierno; para los ministros Báñez y Zoido, para los consejeros Fiscal y Aguilar, para el director de Gobierno Interior de la Junta, Demetrio Pérez. Política de proximidad, política de Coronel Tapioca. En la CEOE se quedaron esperando con los manteles gordos. La ministra tenía que apagar un fuego, nunca mejor dicho. Cambió la gala por el chalequillo. La tierra quemada tarda 50 años en recuperarse. La política vive al minuto. Los perfiles deben ser cuidados. Una ausencia no se perdona. Una presencia se recuerda para siempre.

Saturno en el PP

Carlos Navarro Antolín | 25 de junio de 2017 a las 5:00

caja negra versión OK

MIENTRAS declaraba como testigo de la Gürtel en Madrid, la nueva cúpula del partido en Sevilla ejecutaba con mano dura y guante de seda la enésima maniobra por la que Javier Arenas se hace omnipresente en el PP sevillano: la sustitución de Alberto Díaz como portavoz del grupo municipal por Beltrán Pérez. El sillón de jefe de la oposición es el alba con la que se cubre al llamado a ser revestido con la estola de candidato a la Alcaldía. Arenas autorizaba desde Madrid un golpe de mano que, nunca se olvide, ha estado ejecutado e impulsado en Sevilla por Virginia Pérez, la figura incontrolable que ha tambaleado hasta convertir en virutas las frágiles patas de la mesa camilla en la que se han cocido las decisiones del partido en los últimos quince años: Juan Ignacio Zoido, Juan Bueno, Ricardo Tarno y José Luis Sanz. Arenas los ha vencido a todos a base de comérselos, como un Saturno que devora a sus hijos por temor a perder el trono. Se ha hecho con la influencia máxima en el aparato local gracias a unos discípulos leales que reconocen su magisterio, con algunas incorporaciones de nuevo cuño como la de la propia Virginia Pérez. Si algo ha sabido en la vida este Saturno disfrazado de lince andaluz es interpretar los cambios políticos cinco minutos antes que los demás. Por eso sobrevivió a Óscar Alzaga, Fraga y Aznar. Apostó por Rajoy en 2004 cuando todos parecían dejarle tirado en el congreso de Valencia. Y acertó. Siempre ha acertado en las guerras internas, lo que escuece hasta la pataleta a sus propios hijos políticos.

Sobrevivió también a la creación de sus propias figuras políticas de cierta proyección (Luis Miguel Martín Rubio) y de incontestable trayectoria (Juan Ignacio Zoido) y también a las que no controlaba directamente pero operaban con fuerza en sus dominios (Soledad Becerril, Teófila Martínez). A la sagacidad y capacidad de análisis de Arenas hay que sumar su pequeña cuota de riesgo: en algunas ocasiones se la ha jugado, como en la citada de Valencia en 2004. En política hay que arriesgar en alguna ocasión para alcanzar alguna meta. Que se lo digan al socialista Gómez de Celis, que la primera vez que ha apostado en serio por un objetivo –al margen del carril acomodaticio del partido– ha salido triunfante. Sólo las especies que se adaptan sobreviven en la selva de la política actual.

Saturno devoró a sus hijos para cumplir la condición impuesta por su hermano Titán si quería reinar en su lugar. Arenas alcanza ya el grado de deidad en este PP en minoría en España, ansioso en Andalucía y tratando de despertar del coma tras la pérdida de la Alcaldía en Sevilla. Sobrevive a todos los líderes nacionales, regionales y locales. Cierra el Espigón, Arenas sigue. Cambia de dueño Antares, Arenas sigue. Cambian los hermanos mayores de la Macarena, Arenas sigue. Controla a buena parte de sus hijos políticos y tiene ya hasta nietos que aprenden de su estilo. Es un mito al que han querido derribar varias veces, pero aún no ha salido el Júpiter que acabe con su influencia. Porque lo que se juega Arenas a estas alturas del partido no es ya ser ministro o alcalde, sino influir en quien desde Andalucía pretenda pintar algo en cualquier orden del PP. Arenas no está para presidir consejos de Emasesa, ni soportar encierros eventuales de despedidos de Lipasam, tras haber volado en el Falcon de los vicepresidentes del Gobierno, haber pasado fines de semana en las fincas del Estado de Doñana o Quintos de Mora, o haber sido recibido por el Papa en el Vaticano. Uno de los problemas de Arenas es que le tiene miedo reverencial a Sevilla: siempre de su casa al AVE sin pasar por la calle Sierpes.

En Andalucía tiene a Antonio Sanz, delegado del Gobierno. En Sevilla, el doble tentáculo de los Pérez: Virginia y Beltrán. Declarando en la Gürtel cambió al jefe de la oposición: quitó a un hombre al que conoce sobradamente, Alberto Díaz, del bando perdedor en el congreso provincial, para colocar a Beltrán Pérez, del bando ganador. Sustituyó nada menos que al que fue jefe de gabinete de Zoido en la Alcaldía, todo un símbolo. Díaz, por cierto, no ha podido sufrir una coyuntura más adversa como portavoz y, al menos, ha salido del entuerto con una elegancia unánimemente elogiada.

Mientras Rajoy siga en Madrid y Moreno Bonilla no crezca políticamente, Arenas seguirá siendo fuerte en Génova, con crédito entre algunos de los periodistas más influyentes de la corte, y continuará ostentando la marca andaluza del PP en la capital de España. A los hijos rebeldes del líder natural de la derecha andaluza sólo les queda –otra vez– esperar confinados en sus respectivos destinos tras haber intentado su derribo. No sería extraño que trate de recuperar a alguno de sus cachorros rebeldes –ya talluditos– cual Maquiavelo que quiera provocar divisiones incluso en el bando derrotado.

Saturno se comió a los hijos cuando ya tenía las sienes encanecidas. El pasado domingo denunció en estas páginas el veterano Juan Manuel Albendea que “está de moda meterse con Arenas”. No, don Juan Manuel, lo que ocurre es que es Arenas quien no deja de estar de moda. Y es Arenas el que no perdona lo que entiende como deslealtades: que algunos no recuerden que han sido lo que han sido por su dedo. Arenas va a durar más que Villar en la Federación Española de Fútbol, Gallardo en el Colegio de Abogados o Cañete en Aprocom. Es la fuerza del mito. Un Saturno de perseverancia voraz.

Maitines en Génova, sabatinas en Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 19 de junio de 2017 a las 5:00

foto comité

LA nueva era en el PP sevillano estará marcada por las sabatinas de Virginia Pérez. ¿No se celebran en la pomposa sede de Génova los maitines dichosos donde siempre vemos a Arenas cuchichear con la Cospedal como si se llevaran la mar de bien aunque luego se tiren los dardos en la diana del PP sevillano?

–¿Y al final quién de los dos ha ganado a los dardos?

–Arenas. Cuando son guerras de partido siempre gana Arenas. Nunca lo dude usted.

Pues si Génova tiene sus maitines, decíamos, la camarlenga Virginia Pérez se ha inventado las sabatinas. “Trabajaremos los sábados”, proclamó en el congreso en el que se alzó con la presidencia. Anda que si lo llega a decir antes de aquellas primarias en las que Juan Bueno acabó junto a la piedra llorosa la iban a votar… en su pueblo. Pues la Pérez estrenó las sabatinas el pasado fin de semana. A las diez de la mañana en el hotel NH Convenciones, donde mismito fue el congreso de su victoria. Las diez de la mañana es la mejor hora, porque las cabezas están fresquitas, no hace todavía el calor tórrido de este junio y se evitan las largas sobremesas que carga el diablo. O la diabla.

El primer comité ejecutivo del nuevo PP de Sevilla estuvo marcado por un ambiente de tranquilidad, abrazos y saludos cordiales no exento de algunos detalles para el análisis. La fotografía del estrado ha cambiado. Como dirían los cursis: se nota el nuevo escenario. Qué barrila con los escenarios. Todo es un escenario en la política de hoy.

La presidenta saludó con especial afecto a Arenas: “Javier, bienvenido a tu casa”. Y tanto que es su casa, como que dicen que usa el despacho de la presidencia provincial cuando se queda en Sevilla. Hemos pasado del Javié de Zoido al Javier de Virginia Pérez, que usa toda las erres y todas las eses con una estudiada pulcritud. Con semejante pronunciación la vemos cualquier día de protagonista en esos desayunos de Madrid donde se quedan siempre las pastas y la bollería en los platitos.

En lugar destacado del estrado estaban Juan de la Rosa, Beltrán Pérez, Patricia del Pozo, Toni Martín y Alberto Díaz. Las mayorías han cambiado. En la primera fila del público estuvieron Felisa Panadero (bienvenida a las encuestas sobre los alcaldables) y los ex presidentes provinciales Jaime Bretón y Juan Luis Muriel. Paco Lucena y Melgarejo junior se encargaron del protocolo para que cada cuál estuviera en su sitio. En asientos destacados colocaron a los alcaldes de Carmona, Villanueva del Ariscal y Pilas. “Llamarnos más, que estamos disponibles”, dijo el regidor Antonio Enamorado, de Lora del Río, que debe estar encantado con el nuevo sistema de sabatinas que se avecina.

Arenas presidió el cónclave. Cómo no. Con el sumo sacerdote en lugar destacado del presbiterio está asegurada la paz de cualquier celebración. Su presencia recuerda a cuando cierto hermano mayor organizaba los cabildos espinosos en el templo y no en la casa de hermandad. Nadie se atrevía a decir nada que tensionara el ambiente delante de las imágenes sagradas. Arenas habló. Actuó. Alternó los pases relajados y los trincherazos con los naturales largos. Pero sin especiales análisis, ni discursos sesudos. Se recreó. Era su desfile de la victoria frente a Cospedal, Zoido y los cachorros de la denominada mesa de camilla que ha gobernado el PP en la última década. Era su día.

Las ausencias fueron sonadas. No estuvieron ni Zoido, ni varios diputados y senadores nacionales o autonómicos. Debe ser que el sábado les pilló a contraquerencia. El primero en hablar fue Pedro González, vicesecretario nacional de Nuevas Generaciones, que hizo un llamamiento a la unidad y destacó las numerosas nuevas incorporaciones que está consiguiendo la organización juvenil: “El PP está volviendo a ilusionar”. A alguno se le puso cara de emoticono ojiplático. Otros musitaron: “Dios oiga a este muchacho”.

Por fin le tocó el turno a Juan de la Rosa, secretario general designado por el bando perdedor. En su discurso hizo de “relator” de la “intensa” actividad de la presidenta y de su equipo durante estas primeras semanas: visitas a los pueblos, reuniones con cargos públicos, encuentros sectoriales, etcétera. Tanta intensidad imprimió a su balance que tuvo un lapsus que generó las risas sanas de los presentes: “Han sido 26 años intensos”, en vez de los 26 días que han transcurrido desde el tensísimo congreso provincial. Arenas sonrió. Por el momento no parece que la convivencia entre la presidenta y el secretario general que le han impuesto sea como para convertir los días en años. De momento.

Juan de la Rosa anunció una remodelación en la sede de la calle Rioja durante el inminente verano: “Hay que adaptar espacios”. ¡Vienen la piqueta y el pladur, oiga!. La camarlenga arranca mandato con albañiles. A tirar tabiques y quién sabe si algo más. El PSOE cose. El PP usa escayola para las roturas y pintura para enlucir las paredes. El verano es tiempo de obras. Se debatió sobre políticas rurales, temas que generaron varias intervenciones. Alberto Sanromán, nuevo vicesecretario de Empleo, trazó estrategias de apoyo a las comarcas. Se recordó que pronto es el aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, por lo que hay que cuidar los actos conmemorativos.

Habló la presidenta desde la mesa, permanentemente al lado de Arenas, al que rogó silencio cuando Javié cuchicheaba con Juanito (de la Rosa). La camarlenga mandó callar a Arenas como Letizia al príncipe el día de la pedida de mano. ¿Recuerdan?

Virginia Pérez dio las gracias por la actitud de muchos de los que han sido sus adversarios. Y para “algunos que todavía no lo tienen claro” , tendió la mano en público para “trabajar todos en la misma dirección, que a partir de ahora es la de derrotar al PSOE”. Anunció las próximas citas electorales: “Las autonómicas nos las tomaremos como unas municipales, Juanma tiene que ser presidente para que los municipios de Sevilla ganen”. Y añadió: “Somos el único partido que defiende ya la unidad de España frente al desafío soberanista”. El PP sevillano trabaja con la fecha de marzo de 2019 para las autonómicas.

La presidenta sometió un único acuerdo a la aprobación del comité ejecutivo: la ratificación de su iniciativa de crear un consejo de ex presidentes, tal como anunció en su discurso de investidura. Será un órgano asesor integrado por quienes tuvieron la oportunidad de dirigir el partido en Sevilla: Juan Luis Muriel, Jaime Bretón, José María Pareja Soledad Becerrill, Amalia Gómez, Ricardo Tarno, José Luis Sanz y Juan Bueno. A ellos se supone que pedirá consejo y opinión alguna vez. Arenas fue el que preguntó a los presentes si se apoyaba la iniciativa: “¿Estamos de acuerdo?” Y nadie le dijo que no a Javier, como siempre ocurre en el PP.

Se levantó la sesión, algunos corrieron hacia el atasco de la playa, otros a rendir pleitesía al nuevo orden. Javié se fue con sus particulares Santas Justa y Rufina (Patricia del Pozo y Macarena O’Neill) a comentar las jugadas de la sesión. El verano es tiempo de obras, pintura y pladur. Por ahora reina la paz. Las sabatinas son para la oración. Ya llegarán los tiempos de penitencia.

ARENAS SE REÚNE CON EL ALCALDE DE CARMONA, JUAN ÁVILA

La soledad rentable

Carlos Navarro Antolín | 18 de junio de 2017 a las 5:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el consejero delegado de Emasesa, Jaime Palop, presentan iniciativas para la ampliación del número de fuentes de agua potable en la ciudad de Sevilla

LA alegría en fútbol dura una semana. La felicidad en política dura un cuarto de hora. Y la estabilidad en la vida se rompe en un minuto. A Juan Espadas se le ha acabado el Möet Chandon de los amiguetes de la izquierda radical de tanto descorcharlo. Hace dos años sacó rédito de ese odio a la derecha que figura en la heráldica de Participa Sevilla e Izquierda Unida. Lo votaron a él para echar a Zoido. Le concedieron el sillón de alcalde para quitárselo a Zoido. El planteamiento era sencillo: no deseaban al PSOE de Espadas, querían derribar al PP de Zoido. IU y Participa Sevilla reproducen los esquemas de Madrid: el primer objetivo es que no gobierne el PP, sobre todo si se trata de la lista más votada. Todo lo demás es secundario. El segundo objetivo es inalcanzable por el momento en una plaza como Sevilla: fagocitar al PSOE. Espadas, como la España de Aznar, va bien. Incluso le puede venir bien quedarse sin las amistades peligrosas que lo convirtieron en un alcalde con sólo once concejales. Es un alcalde que se ha quedado solo a la izquierda porque esas amistades peligrosas han terminado por aguar la fiesta de la estabilidad con una algarada más propia de una función de fin de curso. Han enseñado la patita de su carácter zascandil, han mostrado el verdadero pelo de la dehesa dejando ver sus intenciones bochincheras. Los encierros de trabajadores alentados por ellos mismos son una coartada de diseño, un pretexto fabricado, una caída exagerada para simular un penalti.

El alcalde ha perdido en quince días la estabilidad municipal y también se han esfumado sus anhelos autonómicos: ser el sucesor de Susana Díaz, para lo cual se estaba trabajando un perfil andaluz con la velocidad pausada de los inteligentes a base de fomentar los ejes con Málaga, Córdoba y Granada. Esa soledad puede hasta ser rentable para sus intereses. Acaso le ha podido sorprender que la bestia adolescentoide de esa izquierda radical haya despertado a los dos años de mandato. Esperaba el zarpazo de la fiera más adelante, quizás en el cuarto año, cuando todos los socios de gobierno o de investidura se desmarcan del pelotón del gobierno con vistas a las elecciones.

La soledad será rentable para Espadas, un tipo gris, de equilibrios medidos, de pies siempre metidos en el plato, al que se le vincula muy poco con protestas airadas, estéticas desaliñadas calculadamente medidas, discursos huecos y alarmistas y mociones ideologizadas donde se saca partido de enemigos externos que poco interesan a la gestión municipal. La soledad podrá ser rentable, pocos lo dudan, pero la convivencia será difícil. La aprobación de los presupuestos requerirá de una negociación viciada de origen. Esta izquierda radical se ha dado cuenta a los dos años de que el alcalde está creciendo electoralmente porque el PPno existe y porque ellos, precisamente ellos, la muchachada de Participa Sevilla e IU, se lo estaban poniendo demasiado fácil. Tan fácil que, al final, los tres concejales de Participa Sevilla y los dos de IU pasan bastante desapercibidos para el público. Rozan la irrelevancia. Con el espacio institucional perdido –o nunca ganado– no quedaba otra que provocar la tangana dentro del mismo Ayuntamiento, hacer ruido, practicar una política de cacerola y silbato, provocar la intervención de la Policía Local para presentarse como víctimas reprimidas por las fuerzas del orden, irrumpir por las ventanas en lugar de llamar a la puerta.

Esta izquierda zascandil necesita el río revuelto para pescar en las espumas sucias del desorden y el pitote, del desaliño de márquetin y la chancla que enseña uñas como garras. Tras echar a Zoido del poder, los amigos del bochinche necesitan crecer, sonar, existir. Yeso solo se consigue a costa de este PSOE en minoría, al que harán la vida imposible en los próximos dos años. Niegan que exista un pulso cuando lo hay en toda regla. Ellos, los de Participa e IU, necesitan ese pulso como necesitan el enfrentamiento, el pleito y los forcejeos porque son su terreno natural, son las aguas preferidas donde navega el bote que sus hermanos mayores han construido en los astilleros del odio y en la concepción de una política que sólo prima el poder por el poder en sí mismo.

El grupo municipal de Ciudadanos, tan melifluo en las negociaciones del presupuesto, también apretará. Tendrá que hacerlo. Es ley de vida. Tendrá que tomar distancia para saltar del pelotón y crecer. IU y Participa se han echado al monte. Espadas sufre la cuña de la misma madera. El PP está adormecido, fiel retrato de una Sevilla a más de 40 grados. La izquierda se devora a sí misma. La casa del PP de Sevilla está metida en albañiles, con los muros sin alicatar y los tubos del cuarto de baño al aire. Espadas tiene a su delegado Juan Carlos Cabrera con demasiados frentes abiertos:los polémicos desalojos del Ayuntamiento, la mafia del taxi, la falta de seguridad en la Madrugada… Al de Urbanismo, Antonio Muñoz, lo tiene consagrado a la misión imposible de convertir la Gerencia en un motor de la ciudad. Y los restantes concejales están entretenidos en quehaceres que ofrecen, en apariencia, poca rentabilidad política. El gobierno es reducido y muy gris. Expira la primera mitad del mandato. Tan dulce y sin curvas como carente de grandes logros. Sólo faltó la foto con Obama. Comienza la segunda mitad. La soledad es una moneda de dos caras: la de la rentabilidad de librarse de amigos poco recomendables, y la de la complejidad de trabajar con presupuestos prorrogados, amenazas de algaradas, un debate político tensionado y un PP que necesariamente tendrá que despertar.

Los amigos de la izquierda han acabado subiéndose al sofá, desparramando las palomitas por el suelo, rompiendo algún vaso y provocando las quejas razonables de los vecinos. Espadas ha pasado de soñar con los asuntos exteriores de la Junta a tener que lidiar con los asuntos internos de unos socios que prefieren hacer la política en la calle. Se metió a vivir (gobernar) en un piso de estudiantes.

Los picudos rojos pudren las palmeras sanas. Los estudios universitarios avalan el exterminio de las cotorras. Los vencejos atraen el turismo. Sevilla, ciudad en la que los pájaros se llevan los titulares.

El portaaviones Colón

Carlos Navarro Antolín | 11 de junio de 2017 a las 5:00

portaaviones colon digital

SEVILLA no tiene playa por mucho que Alejandro Rojas-Marcos se empeñara. Aquí las olas son de calor, las oleadas son de robos en los comercios de Regina y los oleajes, fuertes oleajes, son en la Madrugada que perdimos. Sevilla cada vez tiene la Feria más larga y la sombra más corta. Sevilla no tiene un urbanismo suave pese a que la ciudad se somete a su particular travesía del desierto durante seis meses, somos peregrinos bajo un sol despiadado en la ciudad donde se fundó Quitasol, sublime contradicción. La sombra vendo, la sombra nos arrebatan. No hay Leopoldo que nos eche el toldo. Somos el sol, vivimos con el sol, nuestra cultura es de sol, de aire libre. Nuestro modo de vivir es en la calle, nuestro concepto de uso de los espacios públicos forma parte de la identidad colectiva. La ciudad, sus hábitos, van en un sentido mientras los responsables de diseñar las calles y plazas recorren justo el opuesto. Choque frontal entre el sentido común y el disparate. La Gerencia de Urbanismo y la ciudad parecen vivir en un divorcio perpetuo. El urbanismo de Manuel del Valle nos dejó una ciudad endurecida que Soledad Becerril trató de reparar con los jardines del Prado. El de Zoido nos ha legado un Paseo de Colón árido, una suerte de segundo capítulo de la barbaridad de la Avenida de la Constitución que perpetró el equipo de Monteseirín. Este Paseo de Colón es un perfecto portaaviones con pista expedita para el despegue de turistas con la piel enrojecida, salmonetes de mochila, chanclas y botella de agua. Los técnicos de la Gerencia de Urbanismo son fieles seguidores del mininalismo de estilo NH, de la arquitectura tipo tanque de tormenta y, por supuesto, de extensiones de terreno sin un palmo de sombra, todo lo cual rematado con un sonriente autorretrato que se guarda en los archivos del organismo autónomo cuando la fotografía debería estar en la galería de los horrores. ¿Para cuándo la medalla de oro de Sevilla a la Gerencia de Urbanismo por recrear el primer portaaviones netamente hispalense? Dicen que Sevilla es un estandarte de la industria aeronáutica, pues también lo es de la naval en pleno casco antiguo. Aquí seguimos teniendo los astilleros bien cerquita del río, hemos fabricado un insufrible portaaviones junto a la Torre del Oro, Arenal de Sevilla, como se fabricaban los barcos en las antiguas Atarazanas.

En este portaaviones sólo se echa en falta algún material de hierro chorreado tan de moda en los arquitectos de la post-Expo. El hierro chorreado vale para una casa de hermandad (Candelaria), un restaurante (la visera del Abades), una parroquia (San Vicente) o cualquier plaza dura (bajos del puente del cachorro , junto a la estación de autobuses Plaza). El hierro chorreado es la maldición del tiempo que nos ha tocado vivir, como lo son el cemento sin ninguna muestra de misericordia en forma de agua y sombra. Alejandro soñó la playa, Zoido inventó una Navidad con camellos y sólo le faltó prometer que acabaría con el calor.
Sevilla es una ciudad sin oasis donde el trazado urbanístico de la Judería nos enseñó hace un puñado de siglos cómo ganarle sombra a la ciudad del sol. Pero preferimos no aprender del pasado e inventar nuevos errores y perseverar en ellos. Yhasta jactarnos con un autorretrato que –ya que está la plaza de toros tan cerquita– es todo un pase de la firma que sólo merece una lluvia de almohadillas procedentes del graderío, del graderío del sol, naturalmente. Porque de la sombra, ni mú. Silencio. No existe. Ni se le espera.

Zoido fue un visionario. A falta de sombra trajo camellos. Fue el que tuvo claro que buena parte de Sevilla se había convertido en un desierto gracias a la gestión de gobiernos de diferentes colores. Y decían que no tenía modelo de ciudad. El portaaviones Colón es el mejor símbolo de la gestión de los espacios urbanos de los últimos 25 años. Quiten a San Isidoro y San Leandro del escudo de la ciudad como pretende la izquierda rancia, y pongan cemento y un camello. Hay que jorobarse.

 

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Los padres son meros guardadores

Carlos Navarro Antolín | 7 de junio de 2017 a las 5:00

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LOS padres ya no existen. Los padres son guardadores de sus hijos. La patria potestad queda recortada. Reducida. Depreciada. Hay una reducción al Pedro Ximénez como hay una reducción del padre al guardador. O guardadora. Los padres son eso: guardadores. O, mejor dicho, persona guardadora primera y persona guardadora segunda. Ya ni siquiera son padre y madre, ni titulares de la custodia, ni progenitores A o B, ni tutores… Meros guardadores. Hay guardadores de fincas urbanas, que eran los antiguos porteros que fueron orillados por los telefonillos, interfonos o fonoportas, como hay guardadores de hijos, que suena a canguros, cuidadoras o monitoras que entretienen a los nenes mientras los padres salen a cenar, al cine o de escapada. Pues eso son los padres: meros guardadores. Así consta en los pliegos de solicitud de matrícula que se publican en la web de la Consejería de Educación de la imparable Junta de Andalucía. Tantos papeles desempeñan los padres de hoy que han terminado perdiendo eso: el papel. Qué desastre. Ya sabemos que el divorcio deja al padre (varón) como cajero automático y, en el mejor de los casos, como custodio de los hijos en fines de semanas alternos. Los padres de hoy son de todo menos padres. Son transportistas enfurecidos en un atasco cotidiano, proveedores de ocio los fines de semana, monitores de cumpleaños en ruidosas hamburgueserías, administradores de la agenda de deberes y gestores de la agenda social de los churumbeles, animadores socio-culturales, hinchas indecorosos en la grada del colegio cuando hay partidos de fútbol de la muchachada, camareros y otras múltiples funciones de servicio (servilismo) a los vástagos. Con tal de no estar en casa, hay padres con la lengua fuera por las tardes para llevar a los niños a esas actividades extraescolares que se amplían incluso a los fines de semana. Qué horror.
Estar en casa no mola. El aburrimiento no cotiza. El hábito de estudio debe ser eso: una prenda. Todos a la calle, a mover la noria, de aquí para allá. La familia que se desplaza unida permanece unida. Al menos hay que agradecerle a la Junta que siga considerando que los padres son personas. Persona guardadora primera y persona guardadora segunda. Es todo un detalle. Las vueltas que dan algunos para no poner jamón en una cena y las que dan otros para no llamar a las cosas por su nombre e ir laminando del vocabulario todo lo que tenga que ver con el concepto retrógrado, fascista y rancio de familia. Tururú.

Padres reducidos a guardadores son, sobre el papel, padres con menos funciones y con menos competencias en la libre elección del modelo educativo de los hijos. Ustedes limítense a guardar al hijo como el que guarda los abrigos en un cotillón, que para educar ya está la Junta. Ya teníamos a los profesores con pies de barro, desautorizados por la Administración en cuanto un alumno se pone gallo (pastas), y poco a poco iremos teniendo a los padres también con el pedestal de la autoridad no agrietado, sino devastado. Primero orillaron las humanidades y nadie dijo nada. Después quisieron quitar los deberes y todos callaron en favor de una visión hedonista, carente de obligaciones y donde se sublima el disfrute. Seguidamente colocaron a los padres y a los alumnos en situación de poder frente a unos profesores arrodillados a la fuerza y nadie protestó. Ahora los padres quedan instrumentalizados por los nuevos roles impuestos por la sociedad de consumo y por la propia Administración en su lenguaje premonitorio. Y tampoco nadie dice nada. El alumno es el nuevo emperador subido a la cuadriga que arrastran los corceles de un poder político cortoplacista y del complejo de unos padres debilitados. Silencio, se educa. Los cuervos de hoy –tengamos esperanza– pagarán mañana unas buenas pensiones a sus guardadores.

El hábito de estudio, el esfuerzo y el cultivo de la memoria seguirán sacrificados en el altar de una educación edulcorada, de engañabobos, donde el aprendizaje se maquilla con técnicas supuestamente divertidas y donde el padre no es padre sino persona guardadora. Un canguro, un tato. O una cangura, una tata, para que no se ofendan los de la ideología de género, menudo género. Anoten un nuevo motivo de discusión en el matrimonio, sociedad, pareja, colectivo, UTE o como quieran llamar a la unión: quién se coloca de persona guardadora primera y quién de segunda. Ahí hay lío. Playa o montaña. Semana Santa o Feria. En tu casa o en la mía. ¿Y por qué no hay persona guardadora tercera, cuarta y quinta? España va camino de la plurinacionalidad. Y la familia hacia dónde va: hacia lo que rima con badajo. Yque circula cuesta abajo.

Espadas sin complejos

Carlos Navarro Antolín | 5 de junio de 2017 a las 5:57

JUAN ESPADAS VISITA EN MERCADO DE LOS REMEDIOS PARA ANUNCIAR PEATONALIZACIONES

Justo ahora que el PP inicia un incierto proceso de transformación, el alcalde Juan Espadas anuncia a bombo platillo un programa de inversiones en Los Remedios, el distrito azul de la ciudad por antonomasia, donde el PP saca el mayor porcentaje de votos de toda España, por encima del que obtiene en el barrio de Salamanca de Madrid. Espadas se mete en terreno teóricamente hostil, sabedor de que los sectores conservadores de la ciudad están encantados con su talante moderado, su asistencia a las citas tradicionales, su buen entendimiento con las cofradías y su capacidad para hacer como el que gobierna sin los apoyos de la izquierda radical. Sabe mejor que nadie que los votantes del PP castigan la indolencia de su partido, entretenido en las refriegas internas del tardozoidismo. La de Espadas es la misma estrategia inteligente que usó Zoido entre 2007 y 2011, cuando se metía un día sí y el otro también en los barrios obreros, en las chabolas del Vacie, en las cocinas estrechas de los pisos de los polígonos: “Señora, buenas tardes, soy Juan Ignacio Zoido y he cocinado este bizcocho para usted”. Espadas se ha venido arriba a base de no tener quien le lleve la contraria en la Plaza Nueva, más allá de algún pellizco de monja. Tiene que aprovechar que el PP está con la guardia baja y que las encuestas le darán buenos augurios cuanto más tiempo se mantengan las circunstancias actuales. Zoido jugó la carta de no parecer del PP. Y Espadas juega la de parecer del PP.

El retorno de la dama al balcón

Carlos Navarro Antolín | 4 de junio de 2017 a las 5:00

Soledad Becerril

EL profesor Márquez Villanueva evocaba su infancia sevillana desde su despacho universitario en los Estados Unidos con una frase que tenía el efecto de un aldabonazo: “Nací en una casa de la calle Oriente que ya no existe”. Es difícil que tan pocas palabras encierren tanto desgarro. El imposible retorno al lugar donde se tomó conciencia primera de las cosas es una cruz particular que muchos llevan en su interior. Casas que ya no existen, colegios derribados, calles transformadas hasta ser irreconocibles, con la piel mudada, los comercios clausurados de los que acaso queda el pastiche de una fachada y los rótulos viejos sobre una pared descascarillada… El pasado es una mano que de vez en cuando aparece tendida y nos invita a entrar en un mundo que puede resultar explosivo para los sentidos.

Hay quien tiene la suerte de poder hacer ese viaje fugaz al pasado, de reencontrarse con la casa en la que nació, el colegió donde estudió, el templo donde se casó, el hotel donde se hospedó y el despacho donde trabajó. En definitiva, hay afortunados que tienen la opción de conservar los escenarios de su vida, de tenerlos como acudideros en momentos de zozobra o, incluso existiendo, de mantenerse firmes en su intención de no volver nunca a ellos, una especie de desprecio al pasado o de franciscana perspectiva alegre de futuro.

La ex alcaldesa Soledad Becerril estuvo el otro día en el Ayuntamiento por un asunto relacionado con la Fundación Jiménez Becerril. Hace dieciocho años que dejó el cargo de alcaldesa. Aquel verano de 1999 consideró cerrada su etapa municipal. Cuando acabó la entrevista formal con el actual alcalde, Juan Espadas, la ex alcaldesa miró hacia el balcón del despacho, sintió que la mano del pasado la invitaba a entrar en el túnel del tiempo y pidió salir a esa preciosa balconada de la que disfrutan los alcaldes de la ciudad. Quiso experimentar de nuevo la sensación de ser alcaldesa por unos minutos, cuando ella miraba por ese balcón en sus últimos meses en el cargo: la Avenida estaba abierta al tráfico, los autobuses eran naranjas, el tranvía no existía y ya sentía el doloroso vacío de Alberto Jiménez Becerril y su mujer. Las dos damas se miraron una a otra. Sevilla y Soledad. Soledad y Sevilla. Soledad echaría de menos los árboles, ay sus árboles, en aquellos años en que se convocaba a los concejales con un pitido en el busca y no por teléfono móvil, en esos tiempos en los que Filella era una confitería, la Avenida un rosario de bancos, zapaterías y cafeterías, la Catedral se ennegrecía por efecto de la polución del tráfico, el Metro no existía y la tesorería del Ayuntamiento sufría la depresión de los años posteriores a la Exposición Universal.

Soledad miró a Sevilla desde uno de sus balcones con mayor lustre. Quiso volver, veinte años no son nada. Se atrevió quizás a evocar los días en que apagaba las luces de los despachos para no engordar la factura de la luz de la Casa Consistorial y cumplía con las tediosas visitas matinales a las hermandades (“¿Qué estrenáis, qué estrenáis?) con esas frases repetidas aposta, un recurso de oratoria que ella empleó mucho antes que Arenas (Javié).

No temió la dama mirar al pasado como nunca temió seguir paseando por Sevilla después de ser alcaldesa. Pudo seguir siendo alcaldesa, pero no estuvo dispuesta a pagar determinados precios. Otros sí pusieron tierra de por medio durante un tiempo, otros sí guardaron una suerte de luto para volver a volver, que diría la canción. Ella miró al pasado porque, al final, la memoria selectiva va limando las aristas y va peinando los flecos enredados de los sucesos más agrios para, al final, indultar los episodios más entrañables y enriquecedores.

Hay toreros que se sacuden las zapatillas y no vuelven a una plaza, alumnos que jamás pisan el aula donde fueron suspendidos y fieles que nunca retornan al templo donde soportaron el aguacero de una mala boda. Soledad volvió a su despacho y quiso que le abrieran ese balcón donde hay una vista privilegiada que se reserva a los alcaldes y sus invitados. Quien no teme mirar cara a cara al pasado es porque tiene la conciencia tranquila. Sólo los honrados pueden hacer esos viajes interiores de ida y vuelta. Y colocar en el epitafio de una etapa el mensaje rotundo que lo dice todo: “Hice lo que pude”.

Ella podrá afirmar algún día: “Trabajé en un despacho como alcaldesa con un balcón que sigue existiendo”. El balcón está intacto. La ciudad es como un hijo, que según crece van cambiando los problemas que genera. Los autobuses naranjas se volvieron rojos. La Catedral está más blanca gracias a la limpieza. Apareció el tranvía con su muñidor. Se fueron los bancos y llegaron las cafeterías franquiciadas de veladores estrechos para clientes escuálidos. “¿Y los árboles?”, preguntaría quizás como el que se interesa por un familiar. Y alguien, después de unos cruces de mirada y de un espeso silencio, le diría a la ex alcaldesa con la mirada baja: “Los árboles murieron”. Y entonces se agrietó la bella porcelana del pasado.

A Moragas le llaman al orden por fumar en el Alcázar

Carlos Navarro Antolín | 31 de mayo de 2017 a las 5:00

MORAGAS PRESENTA CAMPAÑA ELECTORAL PP

Ocurrió en la recepción oficial a los participantes en el foro foro hispano-británico celebrado en Sevilla para analizar el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Los altos representantes admiraban el Patio de la Montería, guiados por el alcalde de la ciudad, Juan Espadas, cuando alguien del séquito municipal advirtió que un señor trajeado encendió un pitillo sin ningún tipo de reparo. En las estancias de los Reales Alcázares, que no olvidemos que son patrimonio de la humanidad, está terminantemente prohibido fumar. Se cuidan tanto los detalles de uso del monumento que hasta hay hora tope para las celebraciones. Aún así, alguien hizo la consulta a la conservadora –allí presente– para cerciorarse de la normativa aplicable. La respuesta fue tajante: no se admite fumar ni siquiera en los espacios abiertos. De hecho, no existen ceniceros en ningún rincón, ni en ningún despacho. El fumador era nada menos que el diputado Jorge Moragas, director del gabinete del presidente Mariano Rajoy y hombre fuerte desde hace años en el área de relaciones internacionales del PP. Se le llamó la atención con discreción, el hombre se quedó algo absorto y preguntó qué hacer con el cigarro. “Lo apaga y se lo mete en el bolsillo”, le dijeron. Moragas se quedó sin fumar. Por un Alcázar cardiosaludable.