El desayuno es algo muy serio

Carlos Navarro Antolín | 15 de noviembre de 2010 a las 15:05

suceso1La sociedad debe estar enferma cuando el personal es capaz de seguir desayunando a pesar de que a su misma vera alguien esté comprando la papeleta de sitio para el último tramo del paso de la Canina. Ha ocurrido esta misma mañana en un bar del centro de la ciudad. Poco antes de las 11: 45 horas se desploma en la barra de una cafetería un cliente de poco más de 70 años. Los camareros, descompuestos, localizan a un médico a voces. Acuden también un sanitario de una consulta cercana, el mismo director del Cecop en persona y, algunos minutos después, dos ambulancias del 061 con el correspondiente corrillo habitual de curiosos, viandantes y morbosos que acuden al sonido de las sirenas. Los cuerpos cortados, los camareros con los rostros pálidos, el sube y baja de las manos del masaje cardíaco golpeando las entrañas de los testigos… Una escena que supone un mazazo para la conciencia. ‘No sabéis cuándo ni cómo’. La botella bocabajo del suero, los monitores improvisados junto al frigorífico de los helados, la pastilla de urgencia debajo de la lengua, más masajes cardiacos, el bar convertido en una suerte de UVI … Y un señor que no perdona el rito de su café y su tostada, que echa una mirada a su alrededor, paga su desayuno y se marcha sorteando los botiquines y la bombona de oxígeno que estaban el suelo, todo lo cual sin el más mínimo interés por cuanto acontece. Llega la Policía Local, desaloja el establecimiento y le llama la atención a un hombre que se asoma por la ventana para interesarse por la evolución del paciente. “Oiga, ¿no le parece que ya está bien?” Curiosamente, la agente acaba de reñir al primer médico que lo atendió. El médico se marcha cabizbajo, no entiende nada. Localizan a la hija del hombre caído: “Su padre está en parada. Sí, sí… Está en parada”. A las 12:20 se produce un gran alivio: “¡Recupera pulso, recupera pulso!” Ocurrió en el centro. Hoy mismo. Hace un rato. Uno se jugaba la vida, mientras otro se tomaba su tostada sentado en un taburete. La sociedad debe estar enferma. Que llamen a un médico, pero que no le riñan, por favor.

Las medallas de Juan Palomo

Carlos Navarro Antolín | 12 de noviembre de 2010 a las 11:44

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Están Las Medallas de Argüeso, caldo sanluqueño que baña las ferias. Están las medallas olímpicas, melodías de triunfo cuatrianuales frente al televisor. Están las medallas rancias, que huelen a naftalina de chaqués estrechos en el Corpus. Están las medallas modelo lamparón, que el cebralín termina siempre por aumentar con regalo de cerco incluido. Y están las medallas de Juan Palomo, como la que la Delegación de Convivencia y Seguridad (antes Seguridad Ciudadana) dará este mismo año a dos de los miembros del gobierno actual. Sin reparo alguno. La concesión de la cruz blanca de la Policía Local a tres de los ex delegado del ramo estárá más o menos justificada, según los casos y opiniones, pero Curro Rodríguez (PSOE), Manuel García (PP) y José Gallardo (PSOE) hace muchos años, más de veinte en el primer caso, que dejaron la dirección y coordinación política de este cuerpo de seguridad local. Pero Francisco Fernández es el actual delegado de Movilidad y portavoz adjunto del PSOE. Y Nieves Hernández está al frente de Hacienda, Comunicación y ejerce nada menos que como portavoz del gobierno cada semana ante los medios de comunicación. Cuando menos, no está bonito eso de que el gobierno imponga condecoraciones a dos de sus miembros. Llena ahí, pero que sea de Las Medallas (de Argüeso).

Ruedas peligrosas

Carlos Navarro Antolín | 8 de noviembre de 2010 a las 19:00

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Las ruedas de prensa son cada vez más largas y tediosas. En la Facultad de Periodismo enseñaban que la duración idónea son diez minutos. Más tiempo supone jugar en el área chica de los bostezos con alto riesgo de penati. Los políticos no aplican la suprema regla del más es menos. Se abonan al bla, bla, bla. Y en el Ayuntamiento no anida actualmente precisamente el mejor espíritu del parlamentarismo español. Castelar se ha quedado en la esquina con la Plaza de Molviedro. Lo de menos es que el político trate de darte el titular. El tiempo de las sugerencias y la sutileza ha muerto. Del fast food a los titulares ya congelados, entregados en mano y que necesitan sólo dos minutos de cocción. Pero lo peor, lo más triste y verdaderamente humillante, es que una rueda de prensa sea convocada por un dirigente político para arremeter machaconamente contra un medio de comunicación y su representante en la sala. Ocurrió el otro día en el edificio del antiguo Laredo (lo de ahora ni es Laredo ni ná) con la comparecencia de urgencia del portavoz de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, un político que nos merece todo el respeto y que resulta verdaderamente cordial en el terreno corto. Ese día se disculpó por la foto de la mariscada y acto seguido se hartó de repartir mandobles una y otra vez contra un profesional de la información y su empresa. Dedicó el ochenta por ciento de su intervención a ese objetivo. Eso es sencillamente inadmisible, además de poco inteligente. La inercia es peligrosa: ruedas largas, tediosas y con los cuchillos afilados. ¡Y eso que el socialista Manuel del Valle demandaba en una entrevista el perfil humano que hace tiempo perdió una política cada vez más crispada y previsible! Y aún quedan siete meses para las elecciones.

Celis regresa a las ‘setas’

Carlos Navarro Antolín | 8 de noviembre de 2010 a las 14:43

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La vida municipal tiene durezas extremas. Es una política de trinchera. Los políticos en Sevilla se quejan mucho de que la presión mediática en esta ciudad es excepcional, un caso inusual que no se produce en otras urbes en las que, dicen ellos, “todos los medios contribuyen a hacer ciudad”. Sea como fuere, quienes han experimentado la vida cotidiana en la Plaza Nueva terminan enganchados. Es el caso del socialista Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, que ahora disfruta de un despacho con vistas a la Avenida de Teatinos del Tiro de Línea, pero que tiene el corazón puesto aún en el Ayuntamiento. Celis sigue controlando la vida cotidiana en el Ayuntamiento. Su teléfono sigue sonando porque sigue recibiendo muchas consultas. Celis está en la reserva activa, con la cabeza en la Consejería de Obras Públicas y con el corazón bajo mazas. Celis echa de menos la trinchera, el ring y esa obligación de defender a diario los polémicos números de la obra de la Encarnación. Se ha visto ya varias veces con el candidato socialista a la Alcaldía, Juan Espadas. La última de ellas en el restaurante Cabo Roche de la avenida Ramón y Cajal. Y esta semana visitó (¡menuda visita con morbo!) las setas de la Encarnación guiado por su sucesor en la Gerencia de Urbanismo, Manuel Rey. Celis no se retira. Se resiste a retirarse. La reserva activa tiene esas cosas.