Sevilla exporta la micropolítica

Carlos Navarro Antolín | 21 de septiembre de 2011 a las 20:58

El que arregalaba los bancos, baches y farolas se sentará en el sillón de la Federación Española de Municipios y Provincias, perfecta plataforma de lanzamiento, pero cuya utilidad real está pendiente de una tesis doctoral. A ver, por diez puntos y un fin de semana gratis en Rota, ¿usted sabe para qué sirve la FEMP? Pues ya verá cómo ahora tendrá usted FEMP hasta en la sopa. A Rajoy le ha gustado la micropolítica y quiere sacarle rédito de cara al 20-N, ya que Arenas (Javier) no podrá hacerlo poniendo al de Fregenal de la Sierra en la cabeza de lista por Sevilla al Parlamento, como era su deseo. A Zoido se le acumula el trabajo y cada vez tendrá menos tiempo para la melva, canutera por supuesto. El alcalde de Sevilla se consagra como la principal referencia municipalista de un PP venido arriba. La verdad es que Rajoy ya quiso contar con él para uno de sus principales cargos (¿Tal vez el principal después del presidente?) en las vísperas de aquel congreso de Valencia que defenestró a Acebes y entronizó a la Cospedal (cuidado con la tijera que corta). El sábado será definitivamente investido como presidente de la FEMP. Por cierto, ya nos imaginamos a Zoido pronunciando lo de la FEMP con la misma habilidad fonética que cuando hablaba en campaña del open government. ¿Habrá cajita de pasteles y jamón extremeño como en los días de vino y rosas del Ministerio de Justicia cuando se aprobaba una ley de peso? Tiempos de miel para el alcalde de los cien días. El tic-tac de los relojes del Ayuntamiento (pero de los que funcionan) dirá si la dulce eme es sustituida por la agria hache…Meterse en política es subirse en una noria. Y Zoido está ahora arriba. Tras haber estado abajo.

Facebook, el muro de las lamentaciones socialistas

Carlos Navarro Antolín | 15 de septiembre de 2011 a las 17:39

Está visto que no sirven para mucho las campañas para fomentar la discreción en las redes sociales y advertir de los peligros de retransmitir tu vida al minuto. Ciertos socialistas han picado, han sido débiles ante la tentación y han mordido la manzana del feisbú. Basta visitar para comprobarlo el muro de la ex concejal Cristina Galán, aquella que dicen que ni siquiera votó la lista de Juan Espadas al Ayuntamiento el día que tocaba ratificarlas en votaciones celebradas en cada una de las once agrupaciones capitalinas. El último debate abierto por la militante San Jerónimo comienza con el siguiente lamento: “En la asamblea de mi agrupación, gran éxito de convocatoria. Menos de 20 personas. Reflexionemos…” El gran Pepe Marín, aquel secretario del Distrito Macarena que acabó como acabó, responde lo siguiente: “Parece ser que en otras agrupaciones tampoco ha sido alta la participación. Reflexionemos…” Javier Barrionuevo aporta el siguiente dato: “Mi asamblea no estuvo tampoco muy concurrida, Cristina… Poco más de 30 personas”. Pepa Cabezón añade: “Al final han sido dos o tres más, pero no ha asistido ni el comité completo. De pena, vamos…” Y Manuel Curtido añade acto seguido: “Creo que las bases están un poco aburridas por múltiples cuestiones. De esta manera es muy difícil llegar a unas elecciones generales con éxito. Veremos qué pasa en las autonómicas…” Cristina Galán sale de nuevo a escena y explica que la suya es la Agrupación José Galán Merino de San Jerónimo. Y dice: “Si el compañero Merino estuviera entrre nosotros, se echaría las manos a la cabeza”. Dámaso Lombardo informa de su agrupación: “En Bellavista, una docena. No hace falta reflexionar, Cristina”. Y la ex concejal Galán vuelve a la carga con una alusión a la zona donde la espalda pierde su castísimo nombre: “Pues no estaría mal que salváramos al partido, porque todavía queda mucho que jugar y algunos podrán perder hasta sus partes traseras más nobles si emplean su tiempo en esa salvación y no en salvar nuestros más que centenarios ideales”. El feisbú los confunde. O el partido. O los dos. Lo dicho: esto con Caballos no pasaba.

La reaparición de Torrijos

Carlos Navarro Antolín | 14 de septiembre de 2011 a las 12:41

Por fin hemos vuelto a disfrutar de una comparacencia del inefable portavoz de IU. Hemos estado huérfanos de su verbo fácil, de su rico lenguaje figurado y de sus andanadas contra el coco de la derecha que asusta a los niños durante demasiado tiempo. En la sala de prensa, por cierto, se ha producido casualmente una verdadera conjunción planetaria al coincidir por unos minutos el presidente de Pineda con el líder municipal de Izquierda Unida. Pero vayamos con el personaje. Porque a los cien días reapareció. El motivo, el balance que de los tres primeros meses de gobierno de Zoido ha relizado su grupo político, formado por dos concejales y, por lo tanto, con legitimidad para llamarse grupo de acuerdo con el DRAE. Lo mejor ha sido la denuncia que apunta a que el gobierno habría vendido en los medios de comunicación la reducción de los sueldos de los gerentes y el personal de confianza sin tener en cuenta la bajada del 15% impuesta por el decreto de lucha contra el déficit público en mayo de 2010. Torrijos esbozó la posible trampa. Lo más divertido, cuando ha tildado a Zoido como la “reencarnación de Don Limpio, pero con pelo”, con lo que ha tratado de ridiculizar al alcalde por su afición a los zafarranchos de limpieza. Lo peor, cuando ha generalizado al afirmar que el gobierno se ha mostrado en estos cien días carente de ideas y falto de impulso, así como que se ha caracterizado por la inacción. Hombre, Antonio, ni con tanto pelo como Zoido, ni tan calvo como Don Limpio… Y lo más reveledor, sus cada vez más directos ataques al gabinete de comunicación del alcalde, sabedor de que ahí ha radicado buena parte del éxito electoral. Torrijos no yerra el tiro nunca y mucho menos en esta ocasión.

Por cierto, los cien días se cumplen el próximo domingo, razón por la que Torrijos ha justificado el adelanto de su balance político. El domingo es día precepto. Y las fiestas, como el pelo, hay que guardarlo todo lo que se pueda. Los domingos son para ir a misa. Y a Pineda. No para balances.

Una dama deja la política

Carlos Navarro Antolín | 9 de septiembre de 2011 a las 14:07

A Soledad Becerril se le ha criticado y se le podrá criticar por muchas cosas, pero nunca le podrán sacar facturas de comilonas a costa de las arcas públicas, ni fotos sonrojantes delante de cigalas y gambas tamaño XXL. El suyo es un estilo de hacer política rayando en lo espartano, de tal forma que siendo alcaldesa ponía a más de uno y de dos de sus colaboradores al borde de un ataque de nervios. La alcaldesa misma iba por los pasillos del Ayuntamiento apagando las luces, machacando por teléfono a los delegados para salvar un arbolito, ordenando que se retirara una moto indebidamente aparcada sobre una acera o dejándoles claro que el Ayuntamiento no tenía por qué correr con ciertos gastos. Soledad es política de Bollullos, que cada uno se paga lo suyo. Practicó eso que ahora se llama la micropolítica. Nunca necesitó la pléyade de directores generales y jefes de departamento de estos últimos años, ni los chiringuitos revestidos de fundaciones ni otras agencias de colocación propias de las administraciones socialistas en los años de boyantía en los presupuestos. Se queda en el patronato del Alcázar, donde inicia una segunda etapa como consejera tras haber dimitido cuando este organismo asumió el mantenimiento de las Casas Consistoriales por decisión del gobierno de PSOE e IU, que promovió una reforma de los estatutos sin debate previo. No le gustó que el dinero del Alcázar se desviara a otros fines.

Cuando los hay que se aferran a las listas con más años de vida política que un bosque, la decisión de Soledad Becerril de poner punto final a su carrera pública es digna de tener en cuenta. Sobre todo porque su partido está a punto de lograr el hat trick jamás soñado: Moncloa, San Telmo y la Plaza Nueva. No se olviden de tres claves: se va porque quiere, tiene donde irse y nunca le hizo falta la política para vivir. Eso debería ser lo normal, pero desgracadiamente no lo es. Qué horror, qué horror…

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Los sillones de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 8 de septiembre de 2011 a las 18:21

Ha debido llegar el tapicero a su localidad, señora, al mismísimo Ayuntamiento hispalense, porque se han llevado los sillones de Zoido. Esos de tan elegantes como rancias telas rojas y verdes, a juego con las vestimentas de los maceros municipales y provinciales. Con el martilleo de megafonía de las sillas, sillones, tresillos y las nunca bien ponderadas descalzadoras han desaparecido los asientos que aliviaban la espera de los administrados cuando tocaba preguntarle a Monteseirín (“Llamadme simplemente Alfredo”) qué hay de lo mío. En el vestíbulo de la Alcaldía de Zoido ya no hay sillones. Se han terminado como la política en los reservados. A comer a casa y a sentarse al cine. ¿Pero por qué esta derecha despiadada nos hace esperar de pie cuando tiene la vitola de la educación y las buenas maneras al igual que la izquierda luce orgullosa la de la protección del lince? Dicen que el vacío de asientos tiene el efecto de espantapájaros, porque el personal se ha aprendido el truco para acceder a la Alcaldía en la búsqueda cotidiana de la prebenda. Por lo oído llegan a la puerta de control y preguntan por la secretaria del alcalde, María del Mar, con esa seguridad del que se cuela en la caseta de postín sin mirar al portero alzando al mismo tiempo la mano para hacer como que saluda de lejos a un tal Luis. Una vez pasado el control, la clave está en aguantar de pie todo lo que se pueda (hora, hora y media, dos horas…tic-tac, tic-tac…) hasta que el alcalde sale y se produce un abordaje múltiple. Aquello se ha convertido en una suerte de salón de los pasos perdidos. El invento funciona, aunque haya quienes aguantan más allá de lo digno. Sevilla, ciudad de aves donde no falta el espantapájaros. Ha llegado el tapicero a su localidad, señora…

Bicicletas contra la globalización

Carlos Navarro Antolín | 7 de septiembre de 2011 a las 13:14

 

Pide usted un café en uno de esos establecimientos desubicadores de la Avenida de la Constitución y tiene un alto riesgo de que le pongan el mismo azucarillo que si lo pide en la romana Vía della Conziliatione o en la Quinta Avenida de Nueva York. A eso se llama vivir en mundo globalizado. Ocurre con los azucarillos y también con los hoteles; con los comercios de jabones que florecen como hongos y con los de bisutería barata; con los de ropa low cost y con las tiendas de sandwichs cargados de malditas nueces y untados con esas cremas de queso magníficas para sus triglicéridos. Hasta los Paradores de Turismo, última reserva espiritual de la exaltación y aprovechamiento de los valores locales, tienden a eneachizarse. Hay paradores que ya se parecen a un hotel NH que algunos de los templos que ha restaurado la Junta de Andalucía. Entra usted en San Vicente y parece que está en la mismita recepción del Plaza de Armas con esas maderas y esos metales. Cuando sale el ministro de turno inaugurando en el último minuto del telediario de mediodía la obra de remodelación de un Parador, échense a temblar porque habremos perdido esos uniformes de camarareas inspirados en los trajes regionales, esos muebles y tapices que eran marca de la casa en pasillos y rellanos, esos platos de cocina redondos y abudantísimos, esa carta con los entremeses que ofrecían un muestrario de la gastronomía de la provincia… Todo se homogeneiza y se iguala. El minimalismo ha desembarcado en los Paradores con su muestrario de lámparas jirafas y sus colores oscuros para dismular la suciedad (como los mandiles de los camareros de los emergentes gastrobares). Da igual que usted entre en el Parador de Puebla de Sanabria o en el de Villafranca del Bierzo. A los Paradores les pasa cada día más como los azucarillos. Más de lo mismo. Y eran justo lo contrario. Todos distintos.

Por eso es muy saludable que las bicicletas que el Ayuntamiento ofrece en alquiler se hayan sevillanizado gracias a la Cruzcampo. En lugar de una convencional cestilla delantera como transportín, a las bicicletas de alquiler les han colocado un cajón de botellines de la industria cervecera que bien podría formar parte de la heráldica de la ciudad. ¿Habrá un símbolo más de aquí que ese cajón colorado con sus huecos preparados para llevar los botellines? Marchando una lección de publicidad como instrumento ubicador, de arraigo y vertebrador de lo local, que diría uno que usted y yo sabemos al que le encanta la bicicleta aunque siga con el coche oficial como Mateo con su guitarra. La Cruzcampo se toma la molestia de hacer anuncios en clave local, como se ve en los ejemplos de la Feria (con esos decálogos cargados de humor) o en el Rocío (ese par de botellines con ese lema ‘juntos hacemos el camino’). Estas bicicletas de marca francesa son ya nuestras bicicletas gracias a la Cruzcampo, que tiene por norma “pensar en clave global y actuar en clave local”. Ahora nuestras bicicletas son más que nunca un símbolo de la lucha contra la globalización (¿O ahora además de por las pobres ballenas sólo luchamos por los bancos de la Alameda?) Hay que comunicar urgentemente con Julio Cuesta para que se premie con una merecidísima petalada al tío de la publicidad de la Cruzcampo. ¡Oooooooole! Y a los señores de la Facua anotarles un pinchazo en hueso y remitirles los estudios científicos que ensalzan los beneficios de un consumo moderado de cerveza. O que la tomen sin alcohol. Estas bicicletas empiezan a ser ya como las barquitas de la ría de la Plaza de España. Mú de aquí. Que aprendan los Paradores y rompan los platos cuadrados de sus comedores. Llena ahí…Y pedalea.

¿Quién queda por hacer huelga?

Carlos Navarro Antolín | 17 de agosto de 2011 a las 18:08

Los farmaceúticos de Castilla la Mancha se ponen de huelga. Chatarreros de toda España se manifiestan por las calles de Madrid. Los futbolistas confirman que irán al paro en el arranque de la liga. El alcalde de Sevilla dice que el estado del Ayuntamiento es ruinoso. El anticlericalismo paleto vive sus horas de gloria. Qué preocupados están algunos, lobos con piel de cordero, no por la visita del Papa, según precisan melifluamente tomándonos por lelos, sino por su financiación. Quien no os conozca que os compre. Qué repentina preocupación por el dinero público, que espíritu de interventores les ha florecido a algunos. Los flamencos se manifiestan delante del chiringuito que montó en su día la Junta para gestionar el cante jondo, llámese agencia, que a ver cuando nos prometen la Agencia contra el Calor. Todo esto ocurre en un agosto con cada vez más gente en las capitales. La crisis ha consolidado la costumbre de los diítas, pues sólo se pasan uno diítas en la playa, o unos diítas en la parcelita o unos diítas en el pueblo. No hay para más. ¿Con qué manifestaciones nos encontraremos en septiembre? A ver si se ponen de huelga los fabricantes de cera y acabamos con tanta procesión fuera de calendario, los artesanos de las navajas albaceteñas, los fabricantes de imanes para las puertas del frigorífico y los tíos que hacen las estupidas camisetas que contaminan el paisaje del barrio de Santa Cruz. Entre las huelgas y los mensajes de angustia de la clase dirigente vamos a forrar a los psiquiatras. Mientras unos lloran, otros venden pañuelos. ¿Se pondrán de huelga los fabricantes de celulosa? ¿Y los psiquiatras?

Zoido renuncia a usar el coche de Monteseirín

Carlos Navarro Antolín | 16 de agosto de 2011 a las 19:10

Se acabó eso de ver al alcalde de Sevilla montado en el Renault Vel Satis, de gran confortabilidad y amplitud interior, con esos remates en madera, esa potencia, esos cristales ahumados como anchoas de Trifón… Zoido se ha negado definitivamente a usar el vehículo en el que Monteseirín se desplazó hasta por las calles de Barcelona en aquellos días de fútbol y rosas con motivo de la final de la Copa del Rey que jugó el Sevilla contra el Atlético de Madrid. Zoido no quiere el Vel Satis de Alfredo. Ha mandado que le echen el freno de mano en las cocheras de la Jefatura de Tráfico, en la Isla de la Cartuja. El alcalde ya ha confirmado a sus escoltas que se queda con el coche que usó en sus años de líder de la oposición, el Renault Laguna de color azul. El Vel Satis fue una cesión de la casa Renault al alcalde como deferencia por el contrato de renting que mantiene esta firma automovilística con el Ayuntamiento sevillano desde 2001. El Consistorio tiene gracias a este contrato 171 vehículos, casi el 30% de la flota actual. Zoido nos dijo que se había acabado la política en los reservados, lo que crispó a Enrique y Jesús Becerra. Lógico. Pero no dijo nada del adiós al Vel Satis, todo un símbolo de los años de feliz coalición entre PSOE e IU. La política del marketing no respeta ciertos símbolos. Qué falta de piedad. Si se mantiene al gerente de la televisión local, ¿a qué viene pasarle la guadaña al coche de Alfredo? Son ganas de seguir bajando la ventanilla a golpe de manivela, porque el Laguna de Zoido es de los tiempos de Pepe Gotera y Otilio. No tiene elevalunas eléctrico. Menos mal que para eso siempre está dispuesto el nunca bien ponderado jefe de gabinete: “¡Alberto, Alberto! Que bajes ya el cristal, hombre…Esta calor no la hace en Fregenal”. Con lo fácil que era darle al botoncito en el Vel Satis. Esta derecha crecida con los 20 concejales rehuye la modernidad. Menudos rancios. Hemos vuelto al Leopoldo, échame el toldo. Porça miseria.

Giralda TV: la clave está en el finiquito

Carlos Navarro Antolín | 8 de agosto de 2011 a las 19:00

Los taxis se los debe pagar cada uno de su bolsillo. Y los finiquitos deben ser abonados tal como establece la ley. El ex director general de Giralda TV cargó a las arcas de la emisora un taxi que no debió pagar nunca la televisión. Se dirigía a Cáceres para participar en la asamblea general de Caja de Extremadura como representante del Ayuntamiento de Sevilla. La entidad financiera establece el pago de 520 euros en concepto de dietas. Además, Silva acudió a esa asamblea cuando llevaba cuarenta y ocho horas cesado como director general. No se justifica, por motivos varios, que Giralda TV abonara los gastos de desplazamiento. Pero en política nada es por casualidad. La factura del taxi de Antonio Silva trasciende desde el momento en que el ex director general reclama el pago del finiquito que le corresponde de acuerdo con la legislación vigente: 20.800 euros. La falta de un acuerdo sobre el procedimiento de pago, los ajustes de cuentas por el pasado y otras causas explicarían el enfrentamiento entre ambas partes: entre el ex director y su antigua empresa. De fondo, una emisora que arrastra una deuda que espanta, de cerca de 10 millones de euros pese a su corta vida. La televisión local y Tussam han tenido en jaque los últimos presupuestos municipales, lastrados por los respectivos agujeros económicos. Estas dos empresas son las ovejas más negras de un rebaño municipal con cada vez menos merinas blancas. Giralda TV está al borde de un concurso de acreedores. A nadie escapa su deplorable situación económica, con unas arcas por las que ya asoman las arañas, con una cola de acreedores enfurecidos y, por lo tanto, con un futuro incierto. Unos problemas mucho más graves que el taxi de Antonio Silva, que por supuesto debe devolver su importe a la mayor brevedad. Como también la emisora debe cumplir con la ley cuanto antes y abonar el finiquito a su antiguo director, tal como ha hecho con celeridad y sin mayores dilaciones con anteriores directivos.

Una sentencia vergonzante

Carlos Navarro Antolín | 5 de agosto de 2011 a las 14:23

Al que discrepaba o se negaba a acatar las órdenes del señorito, se le arrinconaba, quedaba orillado y, en el mejor de los casos, se le practicaba una modificación sustancial de las condiciones de trabajo de tal forma que cobrara lo mismo, pero con los brazos caídos, castigado a estar sin funciones, dejándole tiempo suficiente para mortificarse con el tic-tac del paso del tiempo. Ahí te quedas, en la cuneta, para no entorpecer el tráfico. Porque el tráfico era vital. Más aún si se trataba de bicicletas. El Juzgado de lo Social número 6 ha dictado una sentencia que deja temblando ciertos principios, que deja en evidencia a quien cree en los sindictados, en unas condiciones laborales dignas, en un concepto del trabajo como fuente de bienestar. La sentencia que da la razón a la ex directora de las Oficina de la Bicicleta debe provocar el sonrojo en un político como Antonio Rodrigo Torrijos (IU), de marcado perfil sindicalista. Esta vez no hay derecha involucionista a la que echarle la culpa. A no ser que los jueces sean fachas, retrógrados y miembros del tea-party. Claro, en tal caso todo cambia. Ya se sabe que todo es según el cristal con que se mira. Incluidas las sentencias. Faltaría más.