Archivos para el tag ‘agosto’

Elogio de agosto

Carlos Navarro Antolín | 13 de agosto de 2017 a las 5:00

Fotos de turistas y hoteles para reportaje sobre ofertas y preci

AGOSTO todavía es una delicia que se sirve en plato pequeño, sin raciones ni medias raciones. Agosto es el mes donde Sevilla es más pura porque hay más silencio, menos sevillanos y los turistas caminan abatidos por el calor sin temor a ser agredidos. En Sevilla siempre se ha sabido convivir con los turistas con un pacto no escrito por el cual tienen sus zonas reservadas, sus bares y sus horarios propios. El bar Gonzalo es de turistas, como lo es el entorno de la Catedral, el barrio de Santa Cruz con sus comercios despersonalizados, lo que queda de la Carbonería con sus leyendas, las franquicias del café donde dejan quitarse los zapatos, las gitanas que venden romero y los tablaos flamencos. Y no se discute. Los sevillanos y los turistas se han organizado siempre de forma natural, como antiguamente en las bullas. Ustedes por allí con cada vez más sitio, nosotros por acá con cada vez menos. Y en algunos casos se convive directamente, como al compartir barra del Rinconcillo o la espera por un taxi de los que lleva el aire acondicionado apagado. Suficiente tienen los turistas con aguantar el ataque del mercurio alto y con soportar el malaje habitual del sector de los servicios. Agosto es una reserva de soledad monacal en plena vía pública, donde en muchos momentos se puede experimentar esa sensación que tanto le gusta a sevillanos como el doctor Yebra, siempre feliz a contramano, en sentido opuesto al del rebaño de la bulla, sin temor a la soledad, al qué dirán, a parecer que no se está integrado cuando no hay integración plena sin conocimiento, ni más amor verdadero por una ciudad que el que sienta sus raíces en el estudio de su historia y en el análisis de sus personajes. Agosto puede hasta con la muerte, silencia a los que fallecen en su regazo de sudor, música de chicharra y humedad de aspersores de terraza, deja sin eco las esquelas y pasa la pizarra anunciando el aplazamiento de los funerales hasta septiembre, que agosto no quiere crisantemos porque no conoce más flores que las varas de nardos y las moñas de jazmines vendidas en bandejas, coja usted la que más le guste por un euro.

Agosto anestesia la ciudad, deja dormidas las polémicas que marcan el cansino ritmo de la vida cotidiana y crea las suyas propias, polémicas de ratas que corren por los barrios, ramas que se desprenden, plagas que amenazan los árboles y visitantes atendidos de sopitipandos por las calores. Agosto cierra bares, echa persianas, mete a los albañiles dentro, recorta el horario de misas y convierte la televisión en una caja idiota más idiotizada que nunca. Agosto despuebla las calles y deja ver una piel desnuda de adoquines, unas fachadas más expuestas que nunca, unos comercios sedientos de mirones. Agosto mejora la ciudad porque la empequeñece como la casa vacía que parece perder metros cuadrados a la espera de vida y muebles. Agosto es una oportunidad para el reencuentro con la ciudad, para revivir los mejores momentos del año en un laberinto de calles que guardan el recuerdo de los hitos de tu existencia. Agosto tiene el silencio y la espesura que permiten la serenidad para vivir mejor, el sopor de cochero de punto que se reclina malamente para dormitar mientras pleitea con una mosca, el frío del agua de tirador que alivia los paseos largos por las plazas duras y el golpeteo de la piocha que derriba tabiques para levantar nuevo muros. En agosto un bar se convierte en otro bar, un comercio de ropa en sucursal de banca privada, una joyería en tienda de helados de yogures. En agosto se gana el otoño, en agosto se forjan las reformas, en agosto hay quienes pierden su silla por el éxodo estival. Sevilla en agosto coge hechuras de convento con pocas monjas, muchos refectorios clausurados y olor a cerrado. Agosto en Sevilla es la expresión de un hermoso vacío de tarde de domingo, de patio de la Caridad donde la soledad se cita consigo misma y corteja con la muerte con los rosales por testigos. Agosto es el precipicio del calendario por donde se despeña todo lo fatuo, todo lo irrelevante, todo lo ruidoso que amenaza la serena calma de nuestra existencia, nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda; la paciencia del agosto sevillano todo lo alcanza.

Etiquetas: , ,

¡Tierra a la vista!

Carlos Navarro Antolín | 17 de agosto de 2014 a las 5:00

VISITA ALFONSO  XII.jpg
MIENTRAS el líder de la oposición, Juan Espadas, ha pululado por Rota sin transmitir mucho entusiasmo sobre su futuro político en algunas charlas informales, hay que reconocer que el alcalde del PP ha hecho su agosto. Vamos, que lo está haciendo como un vendedor de sandías pese a alguna foto en Sotogrande (Digan Soto sin más, si quieren darse importancia) que no ha gustado nada entre algunos de sus 20 concejales por considerarse una instantánea de alto riesgo a diez meses de las elecciones. Los halcones del equipo electoral lo pasan fatal cada vez que Zoido sale emperifollado entre señoras ultramaquilladas, de nombres tan diminituvos como ridículos y de pieles notoriamente apergaminadas. Un disgusto, se llevan un disgusto.
Agosto es importante para los políticos, sobre todo el último agosto antes de las urnas. Las oposiciones se ganan en agosto, cuando todos dormitan, cuando las tardes se hacen cuesta arriba y hay que resistir a los cantos de sirena de un exterior que invita a la navegación por los mares del ocio y el relax. El que resiste en agosto y hasta le saca partido, tiene ante sí el sueño de la tierra prometida. Bien lo sabe este magistrado.
Sí, es cierto que los socialistas han sacado estos días sus temas sobres centros de salud, falta de agentes en la plantilla de la Policía Local y hasta se han permitido con toda legitimidad una incursión en la calle Mateos Gago, en ese distrito Centro que dicen que es patrimonio del PP, pero que ya quisiera el PP, porque en realidad es de nuestros nuevos amos y señores que son los hosteleros y los turistas. Mateos Gago huele a pizza, sabe a zanahoria rayada y tiene la horripilante estética de las tizas de colores que anuncia el camembert frito entre las tapas sevillanas.
El alcalde se ha recorrido las obras del centro y de los barrios, metiendo los sebago entre la polvareda de la maquinaria, en las calicatas y saltando las vallas. Hasta se ha hecho una foto original con las monjas de San Leandro a las que la Federación Española de Baloncesto ha obsequiado con unos balones y unas canastas en las vísperas del Mundial. Sólo hay que poner un pero a esa visita: Zoido agradeció el “esfuerzo” de José Luis Sáez, presidente de la FEB, con la orden religiosa. ¿Esfuerzo? El esfuerzo sería si los señores del baloncesto patrio sueltan la morterá para la rehabilitación del monasterio donde se hacen las yemas con cada vez menos huevos de lo caros que están. San Leandro se cae ante la indolencia de los sevillanos y ante extraños comportamientos en los despachos de la curia. También se ha ido el alcalde otra vez a Amate, donde de nuevo ha salido retratado con el tío de la coleta, que es para pensar ya que el tío de la coleta de Amate trabaja por horas para el PP.
La procesión de la Virgen demostró que aquella zoidomanía de 2011 está más que diluida en el agua del paso de los días. Cuatro años desgastan a cualquiera. Pero su triunfo es que la marca personal está intacta. De la euforia novelera de vitorear a un alcalde recién llegado al cargo en aquel Jueves de Corpus se ha pasado a una normalidad que conviene a todo político en el poder. El nivel de expectación fue tan alto tras el resultado de los veinte concejales que no hubiera extrañado alguna reacción airada entre el público. Nada de eso ha ocurrido, incluso hay varias fotografías de niños besados por el alcalde durante el recorrido. En el PSOE ya hay quien piensa que el mayor éxito de Zoido es que forma parte del paisaje urbano de la ciudad. “¿Y cómo se lucha contra eso si no hay escándalos?” Ningún caso de corrupción ha salpicado el azul de esos trajes del alcalde que hasta Espadas reconoce en privado que le quedan perfectos. Salvada la marca personal y con un Gobierno de Rajoy que no se desgasta mucho en las encuestas del CIS a pesar de la situación del país, Zoido gozará incluso de un flotador en caso de que pase apuros para mantenerse a flote: la reforma legal que sentará en el sillón de alcalde al candidato más votado. El PP no quiere más casos como aquel de las elecciones de 2007, cuando Zoido fue el ganador orillado por el pacto de PSOE e IU.
Consciente de que es su marca personal la que se la juega y la única que puede revalidar la Alcaldía y sabedor de que la gestión de ningún concejal en particular le va a solucionar nada (en parte por la configuración de un gobierno ultrapresidencialista) y de que sin Alcaldía todo estaría consumado en su carrera política, Zoido se emplea en una reinvención de su propio personaje, una multiplicación del perfil de alcalde blanco e inmaculado en las trincheras de las obras de Emasesa que ve la tierra prometida de una repetición en el cargo en el mar plato de la política municipal. Hasta el socorrista Rajoy tiene a mano el salvavidas en caso de que Zoido trague agua. Y el tío de la coleta es ya de la familia. Sólo hay que evitar ciertos pergaminos. Y que Espadas siga lamentándose por Rota…

La doble soledad de los muertos de agosto

Carlos Navarro Antolín | 18 de agosto de 2012 a las 18:34

Qué solos se quedan los muertos de Bécquer. Y que doblemente solos se quedan los muertos de agosto, el mes de las calles hermosamente vacías, donde las pisadas son el tañido del verano, la chicharra urbana. El verano en la capital huele a jazmín, pero tiene melodía de zumbido de aire acondicionado y eco de caminante solitario. Morirse en agosto es hacerlo dos veces, pues se muere de nuevo en septiembre, cuando los deudos repiten el funeral por deferencia a los que dejaron las calles solas. Agosto es el mes de los golletazos en el BOE, de los nardos, de las calles sin padrón y de los obituarios de quienes se han ido barbeando las tablas de la vida para no ser vistos. Vienen las tintas de los periódicos cargadas de muertos. Noviembre tiene la fama, pero agosto carda la lana de la guadaña. Estos finados de hoy serán las esquelas de septiembre, como en una moviola del crisantemo. Qué solos se quedan los muertos de agosto, doblemente solos, huérfanos de lágrimas oficiales, pero con corona de obituario en los escuálidos periódicos. Nunca falla: llega agosto y la Canina pasa lista y forma el tramo. Y los que se quedan tañen con sus pisadas la soledad de las calles a plena luz del día.