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Beltrán clava la sombrilla

Carlos Navarro Antolín | 3 de diciembre de 2017 a las 5:00

Beltrán clava la sombrilla 2

EL portavoz del PP se reivindica. Beltrán Pérez está descaradamente en campaña. No se corta. Esta semana se ha retratado con un par de ministros en Sevilla (el de Justicia y la de Empleo), ha hecho de vocero oficial de Fomento al anunciar inversiones para la conexión ferroviaria entre Santa Justa y el aeropuerto, ha amagado con llevar a Juan Espadas a los tribunales si no entrega un informe sobre el arbolado (la judicialización de la vida política evoca los años más tronantes de Zoido en su etapa municipal) y ha logrado sacar adelante una moción para que los autobuses urbanos tengan wifi gratuito. Ha estado hábil para echar en el tapete un naipe contra el que no hay baraja que compita. El uso de las tecnologías entra en ese ramillete de temas sin aristas que el código políticamente correcto aprueba con notoria facilidad. Da igual que el wifi nos vuelva tontos en un autobús, nos prive de la conversación, de la lectura o de la contemplación del paisaje urbano. Nadie osará decir que el uso abusivo del teléfono móvil fomenta la cultura de la distracción. Contra el wifi no se puede ir en la sociedad actual. Y este Pérez, que tiene carnet de becerrista, le ha sacado una tanda de pases aseados al torito de su moción. Por unanimidad. Todo, absolutamente todo, está encaminado a clavar bien fuerte la sombrilla de su candidatura en la playa de un PP donde Arenas empuja a favor del objetivo, pero donde el ministro Zoido sigue mirando a Sevilla por el retrovisor del coche oficial del parque móvil de Interior. ¿Para qué si no se mete Zoido a valorar el acuerdo entre los hermanos mayores de la Madrugada? ¿A cuenta de qué desciende el ministro a un asunto local? Para hacerse presente en la vida de la ciudad por enésima vez. Huelva tiene su ministra, nuestra dilecta Fátima Báñez, que es llamada así por sus colaboradores en las redes sociales: “La ministra de Huelva”. Pero Zoido, en cambio, no se atreve a decir que es el ministro de Sevilla, aunque es palmario que no quiere olvidarse de Sevilla como destino político por mucho que comente en privado que su vida municipal está finita. Por eso Beltrán Pérez juega con toda la habilidad de la que es capaz desde su puesto de jefe de la oposición, con una evidente obsesión por fijar su posición como candidato. En las filas socialistas vaticinan de forma interesada que el correoso concejal del PP no será el candidato, que el centro-derecha sevillano apostará al final por un independiente si es preciso, por alguien que tenga más edad y una posición más consolidada en la sociedad civil. Claro que también propagaban en 2011 que el PP nunca sacaría mayoría absoluta en Sevilla y terminó obteniendo 20 concejales.

Por si acaso, Beltrán Pérez se codea con el rector, el arzobispo, las cofradías y toda la ristra de ministros sonrientes a los que es capaz de tener acceso con la ayuda de su padrino político, al mismo tiempo que presume sin complejos de su afición taurina o se retrata en círculos sociales de la ciudad de contrastada frivolidad. Combina la moqueta y los saraos. Ocupa todos los nichos que puede con prisas, con la premura propia del velocista que sabe que tiene pocos metros por delante y varios rivales (fuertes) en la carrera. Nunca olviden al senador José Luis Sanz, ex presidente provincial y alcalde de Tomares. Beltrán Pérez sabe que los tiempos tienen luces y sombras. Cuanto más tarde el PP en designar candidato, más se abrirá el debate sobre la idoneidad del hoy portavoz municipal y emergerán las dudas, pero también tendrá más días para elevar su grado de conocimiento en esas encuestas que el partido usará para imponerle la beca de alcaldable, o para mandarle a la papelera de reciclaje. Su gran ventaja es que está dentro del edificio, se encuentra ya en el interior del castillo que pretende controlar: el Ayuntamiento. Ha rebajado la tensión con la presidenta provincial tras haber tomado decisiones peliagudas que no fueron respaldadas por la jefa. A Virginia Pérez le dedicó públicamente su conferencia en el club Antares, una suerte de bálsamo en una ceremonia oficiosa de proclamación de candidatura con testigos de excepción: Javier Arenas (¡cómo no!) y el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz.

Beltrán Pérez hinca el palo de la sombrilla con toda la intensidad que puede, cava el hoyo para asegurarse la mayor profundidad, y se afana en la tarea con la ilusión de un dominguero que calcula los movimientos de la marea para garantizarse la misma ubicación durante toda la jornada. Pero que, en el fondo, sabe que la política genera olas impredecibles capaces de arrasar los castillos de la ilusión por muchas conchas y caracolas que hayan sido colocados como fortaleza, doblar los más fuertes palos de sombrillas y dejarte con el cubo y el rastrillo en las manos para lo que resta de domingo. La sombrilla clavada genera el derecho de conquista para este político que primero tiene que sortear los monstruos internos (el PP tiene una colección digna de la cafetería de la Guerra de las Galaxias) si quiere enfrentarse al segundo gran enemigo: un alcalde sin aristas al que su partido no le discute la ubicación de su sombrilla, porque la playa socialista, al menos la sevillana, está en calma y con la bandera verde al viento. Si Moreno Bonilla, líder regional del PP, pasa a la historia por algo en Sevilla será por su precisa definición de Juan Espadas: un político triangular. Conecta con todos los estamentos de la ciudad. Espadas goza del frescor efímero de una sombrilla bien clavada, pero sufrirá cada día más una doble oposición: la que ejerce Beltrán Pérez, con una experiencia de catorce años en el Ayuntamiento, y la del ministro de Interior, que prefiere el cortinaje, el ascua de luz de las arañas y los lienzos nobles del Salón Colón, antes que la contemplación del retrato del desgraciado Eduardo Dato que preside la sala de reuniones de su palacete del Paseo de la Castellana. Hay palacios que aburren. Cualquier sombrilla genera más sombra que un arbolito de la Avenida.

Un portavoz ante el espejo

Carlos Navarro Antolín | 23 de julio de 2017 a las 5:00

Beltrán sentado

CONSCIENTES del tiempo que se ha llevado sangrando la herida de la división interna, el PP de Sevilla se apresura en pintar la fachada, adecentar la casa y mesarse los cabellos para poner su mejor cara ante el votante. Los populares se dan prisa para alcanzar agosto con los primeros deberes hechos. El líder supremo, Javier Arenas, ha desembarco nada menos que en el Ayuntamiento para reforzar la posición del jefe de la oposición, Beltrán Pérez. Arenas no pisaba la Casa Consistorial desde la toma de posesión como alcalde de Juan Ignacio Zoido, allá por el verano de 2011. A la sesión estaban convocados todos los cargos electos de Sevilla, en presencia, por supuesto, de la presidenta provincial, Virginia Pérez. Arenas, a puerta cerrada, les pidió a todos que trasladen la voz del grupo municipal a los despachos de la Administración del Estado. Y Virginia, siempre con la aguja y el dedal para coser los jirones internos tras un año de zozobra, hizo alusión a que la familia estaba al completo pese a las heridas aún por cicatrizar: “Como veis, existen mesas lo suficientemente grandes para que podamos caber todos”. Claro, lo dijo porque en la sala había miembros destacados del bando oficialista que perdió el control del partido, algunos tan importantes como José Luis Sanz, alcalde de Tomares y senador, jaleado y proclamado el jueves en las redes sociales como “referente del municipalismo del PP”, y también estaban Alberto Díaz, hoy portavoz adjunto del grupo municipal, y los ex presidentes provinciales Ricardo Tarno, diputado nacional, y Juan Bueno, diputado autonómico. La verdad es que acudieron todos los citados salvo la concejal Lola de Pablo-Blanco y la diputada nacional Silvia Heredia, en ambos casos por razones justificadas.

Beltrán Pérez, llamado a ser el candidato en 2019 con todo el apoyo de Arenas y Virginia, tal como se pudo evidenciar el viernes, ha trazado la hoja de ruta de los próximos meses en un documento al que ha tenido acceso este periódico. Lo llamativo del guión es que el PP de Sevilla se dispone a la recuperación del voto de los electores “tradicionales de la Derecha”, escrito así: con mayúsculas. El PP es consciente de que debe remontar el auge de Ciudadanos y contrarrestar el efecto de Espadas en los sectores conservadores de la ciudad. El actual alcalde no provoca rechazo en Los Remedios, ni en el Centro, ni en Triana, ni mucho menos en Nervión, distritos tradicionalmente azules. Espadas es un socialdemócrata sin aristas de los que tanto gusta en Sevilla. Tampoco acumula mandatos como Monteseirín, por lo que aún no ha cometido irregularidades que puedan generarle escándalos mediáticos, ni tan siquiera preside un Ayuntamiento con sueldos altos. Por todo esto, Beltrán Pérez tiene que sacar su perfil más político, reinventarse como concejal correoso de la oposición. No le vale hoy su estilo de éxito anterior a 2011, cuando fue uno de los arietes más fuertes contra el cuartel de Monteseirín. Basta recordar aquella rueda de prensa en la que hizo sonar un cencerro para llamar la atención del entonces alcalde socialista. Hoy no hay facturas de comilonas, ningún cargo electo cobra por encima de los 60.000, todavía no hay primos colocados y los viajes (pocos) han dejado de ser noticia.

Beltrán Pérez se mira estos días al espejo a la búsqueda, quizás, de un nuevo perfil, de un nuevo estilo que lo diferencie a las claras de la imagen de un alcalde que le ha comido terreno al PP por los terrenos de esa derecha sociológica tan amplia en una ciudad como Sevilla. El viernes, entre los suyos y sin cámaras, pronunció un discurso de alcalde, en el que llamó a los cargos hispalenses del PP a trabajar para que Sevilla ejerza una “calidad competitiva” como capital de Andalucía y que sea una urbe que lidere el área metropolitana. En el documento insta a huir de “los liderazgos personales”, a mantener “agilidad y comunicación” con otros grupos municipales de la oposición y a que los doce concejales del PP tengan la convicción de que forman “el mejor grupo del Ayuntamiento”, entre otros detalles de funcionamiento interno. El mismo guión insta a los concejales a “tener vida propia, capacidades propias y agenda propia”. Pero la principal idea es la de la necesidad de “convencer” al votante de derecha. Tal vez por eso Arenas citó a los suyos en el Salón Santo Tomás: para que sus cachorros rebeldes (el bando oficialista) metieran el dedo en la llaga del costado del que ha sido designado como candidato ‘in pectore’ a la Alcaldía de Sevilla en 2019. Beltrán es el elegido por Arenas. De eso no hay duda. En política, un cuarto de hora es mucho tiempo. Arenas representa la eternidad, capaz de pegar un regate en una baldosa, de estar brujuleando por Génova y aparecer en pleno julio en el Ayuntamiento del que fue concejal hasta 1989. Su éxito es que se reinventa. Beltrán Pérez tiene que pasar del cencerro al perfil institucional sin descuidar el aguijón político. Y, al mismo tiempo, mirarse en el espejo y reconocerse.

El fin del cuaderno azul en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de noviembre de 2016 a las 5:00

Feria 2016
EL PP de Sevilla sigue siendo un partido en crisis, fracturado, sometido a un continuo estrés, a los vaivenes propios de un cambio de pontificado, del inicio de un nuevo ciclo, donde hay fuerzas que se resisten al cambio y agentes que tratan de irrumpir con la vitola de ser los paladines de un nuevo estilo. El PP de Sevilla es un paciente al que la estructura regional no consigue monitorizar, no logra controlar sus pasos, ni vaticinar sus querencias. El PP de Sevilla vive en continuas contracciones, a la espera de un parto que nunca llega. Funciona sufriendo. Es imposible algún augurio a largo plazo. Cualquier anuncio de futuro que no se pueda materializar en poco tiempo resulta poco creíble. Humo. Zoido se ha ido y su marcha ha desencadenado una suerte de proceso sucesorio en el grupo municipal, avanzado y retransmitido en directo por este periódico en su edición digital a mediodía del pasado jueves. Todo es interino en el PP y en el Grupo Popular. Nada es fijo. El pujante sector crítico logró el jueves una portavocía adjunta y –tal vez lo más importante– consiguió que el nuevo organigrama se acordara tras un debate de tres horas. Una sesión tan larga fue la prueba palmaria del fin del cuaderno azul, aquella libreta que simbolizaba la política digital de la era aznariana: la elección a dedo de los sucesores y delfines en un partido eminentemente presidencialista.

Hasta el mismo Arenas, consciente de que ya pasaron sus días de vino y rosas, anda remangado para lograr que los suyos sean fuertes en la plaza sevillana. Los críticos no pudieron frenar el jueves que el portavoz principal en el Ayuntamiento sea un oficialista, Alberto Díaz, ex jefe de gabinete del alcalde Zoido. Los críticos hubieran preferido, al menos de boquilla, a la concejal María del Mar Sánchez Estrella para dejar así en la reserva activa (activísima se podría decir) al verdadero aspirante a candidato a la Alcaldía en 2019: Beltrán Pérez. El pecado de Sánchez Estrella fue, tal vez, postularse en exceso para el cargo. Un pecado, en cualquier caso, perdonable en el mundo de la política tras cumplir alguna penitencia liviana.

El presidente provincial, Juan Bueno –la cara amable del aparato– jugó con los tiempos. Estuvo hábil hasta que se le vieron las cartas (marcadas). Sus prisas lo delataron. ¿Por qué había que dejar reorganizado el grupo municipal ese mismo jueves? Porque si esperaba un día más ya no dispondría de la mayoría necesaria (siete sobre doce) para sacar adelante su plan, pues la salida de Gregorio Serrano y Curro Pérez (oficialistas fichados por Zoido para Madrid) lo dejaba en cuadro de inmediato, por mucho que hubiera forzado la presencia de Jaime Ruiz, que todavía no ha jurado el cargo de concejal. Ruiz avaló el plan de Bueno sin entusiasmo: “No es mi propuesta pero la apoyo por respeto al presidente del partido”. Si Bueno esperaba la llegada de los sustitutos, la cosa se le ponía aún más fea, pues ya calientan en el andén Rafael Belmonte (vicario general de la causa beltraniana) y Carmen Ríos (crítica con el zoidismo). Bueno metió la directa, afrontó y forzó una reorganización a paso de mudá. Gregorio Serrano, que a esas horas aún ocultaba su condición de flamante director general de la DGT, pidió “respeto” para el presidente provincial. Los críticos, que comenzaban a olerse que el barco oficialista sufría vías de agua, pidieron retrasar la reunión para repetirla cuando ya se pudieran sentar en la mesa los doce concejales que, de verdad, iban a representar al PP en los dos años y medio de mandato que aún quedan. Pero Bueno quería a toda costa dejar los deberes hechos antes de que Zoido confirmara sus fichajes hispalenses, los que iban a dejar a Bueno sin garantías de éxito.

La consecuencia del inminente desembarco de Belmonte y Ríos es que el oficialista Alberto Díaz será un portavoz que dirigirá el Grupo Popular en aparente minoría, será una especie de Rajoy del palomar que tendrá que dialogar cada día, cada minuto, cada instante. No con el PSOE, sino con los suyos. Porque corre el riesgo de ser revocado en cualquier momento. Para dejarle claro que es un portavoz en situación de supuesta fragilidad, los críticos se movieron en la misma mañana del viernes. Se sintieron estafados por Bueno, que no reveló el jueves que Serrano y Pérez tenían ya un pie en el AVE para mudarse a Madrid. Hasta la Secretaría del Ayuntamiento llegaron los amagos para revertir los nombramientos. Bastaba con que cinco concejales retiraran sus firmas del acuerdo alcanzado el día anterior. Con el amago enseñaron la punta del cañón, exhibieron el músculo. Y nada más. Entre los oficialistas hay quien asegura que, en realidad, carecían de las firmas suficientes.

La estructura regional pidió paz, suplicó un período de calma tras meses de convulsión. Derrocar al nuevo portavoz era técnicamente posible, pero el escándalo estaba servido. El PP de Sevilla sería, de nuevo, un avispero a dos meses del congreso nacional. Y, sobre todo, en fechas muy próximas a la elección de los compromisarios que habrán de representar a la provincia en esa cita de febrero en Madrid.

Díaz se comerá los polvorones como portavoz mientras la regional siga frenando el empuje del ariete de los concejales críticos, auspiciados desde la Diputación por la correosa portavoz Virginia Pérez, y dirigidos desde Madrid por el lince Arenas. Díaz es un hombre de José Luis Sanz, el senador y alcalde de Tomares al que su pueblo hace tiempo que se le queda pequeño. El cariño de la regional por todo lo que huela a Sanz es más bien escaso, pero el PP andaluz no quiere más frentes abiertos. Moreno Bonilla no tiene ningún entusiasmo por Zoido, al que culpa en buena parte del rechazo que sufre en Sevilla, ni por Sanz, al que Zoido aupó a la condición de aspirante a presidente regional con un sonoro fracaso. Pero la regional prefiere a Díaz de portavoz durante un período pacífico que sufrir otra crisis como la del pasado verano. Díaz, por el momento, ha comenzado a entrevistarse cara a cara con los concejales críticos. Ha encontrado, en principio, buen talante y ganas de trabajar en armonía. El nuevo portavoz del PP es consejero de Emasesa, la joya de la corona de las empresas municipales. Parece que seguirá siéndolo. Yque respetará el puesto de María del Mar Sánchez Estrella en el patronato del Alcázar. Los cambios que haga, en las empresas municipales o en el equipo de asesores, están por ver. Ahí se percibirá si es un portavoz con las manos libres, o tutelado desde el Ministerio del Interior. De lo que no hay duda es de que conoce los errores del zoidismo.

Beltrán Pérez, hoy portavoz adjunto de su formación en el Ayuntamiento, querrá ser el portavoz principal más pronto que tarde. El caso es que no se lleva mal con Alberto Díaz. Desde la pasada Feria, como se aprecia en la imagen que ahora ve la luz, establecieron una conexión bendecida por el propio José Luis Sanz. En cuanto Sanz tuvo conocimiento del primer acto de los críticos, ocurrido el mediodía del Miércoles de Feria en la caseta Los Manijeros, sabía que el personaje clave, con el que se medirá tarde o temprano, era Beltrán Pérez. Díaz estuvo con Pérez el martes de Feria, con Rafael Belmonte como testigo. Y Sanz y su fiel Díaz acudieron a la caseta particular de Beltrán Pérez el mismo miércoles por la noche. Ambas partes siempre han tenido la interlocución abierta en los meses más duros de empuje de los críticos.

El posible salto de Sanz a la política municipal en Sevilla, opción ya apuntada en estas páginas en varias ocasiones, pasa por varios requisitos. Que se quede limpio cuanto antes de cualquier nuevo frente judicial. Que recupere el poder orgánico, por lo que tendría que ser de nuevo presidente del PP hispalense, ya lo fue en un período notable. Y que sepa convencer al electorado de que hoy se puede ser alcalde de Tomares y mañana aspirar a la Alcaldía de Sevilla. Sanz es un tipo criado en el casco antiguo y hermano muy antiguo en San Isidoro, por lo que goza del marchamo capitalino, otra cosa es que el padrinazgo de Zoido para esa aventura sea el adecuado.

El Zoido de 2016 es ministro, pero no es el Arenas del 96 al 2004. Zoido no tiene influencia en los designios del partido como la tenía el de Olvera en sus buenos tiempos. Ya se vio cuando el ex magistrado fue presidente regional interino, un período negro en una trayectoria política que alcanza ya las dos décadas. El peor favor que Zoido puede hacer a su amigo Sanz es promocionarlo para ser alcalde de Sevilla. Incluso hacer como que lo hace. Ocurre que Zoido ha aprendido de Arenas todo lo que sabe de política. Como diría Malú en su canción de éxito:“Me has enseñado tú. Tú has sido mi maestro para hacer sufrir. Si alguna vez fui mala lo aprendí de ti. No digas que no entiendes como puedo ser así…”. Zoido ha visto a Arenas hacer y deshacer en Andalucía y en Sevilla desde los despachos de Madrid. Eso le influye. Es determinante. Pero Arenas podía permitirse aquellas acciones por dos razones: había creado escuela, todos eran sus discípulos, por lo que tenía autoridad moral, y además siempre conseguía perpetuarse en alguna plaza de poder orgánico e institucional en Madrid. Zoido no ha creado escuela, más allá de tener una cuadrilla de fieles (Gregorio Serrano y Curro Pérez) y no se ha perpetuado en el poder. Más bien al contrario, los lodos de hoy del PP sevillano proceden del barro de haber perdido la Alcaldía de los 20 concejales. Cuando el poder sale por la puerta, las uniones en los partidos saltan por la ventana. A la vista está.

Mal haría Zoido en jugar a ser Arenas a la hora de ejercer de árbitro en el PP sevillano por mucho que el Ministerio del Interior sea una plaza de una indiscutible importancia. Zoido se puede salvar a sí mismo. Por su currículum, por su encanto personal para ganarse a Cospedal como se ganó en su día a Arenas, por su inteligencia de hombre de pueblo y por su pericia para hacerse el sueco. Pero no puede salvar a los demás ni erigir nuevos candidatos. Por el momento no goza de esa potestad. Tuvo una gran oportunidad de convertirse en ese político total del PP en Andalucía, creador de nuevas figuras. Pero no quiso. Rajoy aún está esperando que Zoido le diga en una conversación privada que su sucesor como máximo responsable del partido en Andalucía era Sanz. Esa petición, realizada en firme y con rotundidad, hubiera puesto a Rajoy en un serio compromiso, pues se la hubiera hecho quien ostentaba en ese momento la presidencia regional del partido y la Alcaldía que se había convertido en el estandarte del municipalismo para el PP. Zoido nunca dio ese paso, más allá de referencias en contextos mitineros.

Los nuevos tiempos en el PP no tienen ya el azul de ninguna libreta. Todo lo ocurrido en la formación hispalense en los últimos meses prueba que buena parte de los cargos y militantes han perdido ese respeto reverencial por el aparato del partido, que ahora se ve vulnerable y que es heredera de una estructura incapaz de haber conservado el poder municipal que se logró de forma tan brillante. No se equivocaron José Luis Sanz ni Alberto Díaz en abrir la interlocución con Beltrán Pérez en aquellos días de Feria. Los hechos demuestran que Díaz está condenado a entenderse con los críticos en el Grupo Popular. Y que los críticos tienen que medir su fuerza, ahora que en el Ayuntamiento la van a tener con más intensidad que antes, para no aparecer como políticos con un apetito voraz de poder. Ysi Sanz quiere bajar de Tomares a Sevilla es mejor que construya el teleférico prometido. Porque ya no hay ministro que tenga un dedo tan poderoso. Los emperadores desaparecieron como los dinosaurios. Hasta hay uno que fue vicepresidente del Gobierno que sigue enredando las madejas aparentemente menos importantes. Se toma la molestia en hacerlo. Vivaquea todo lo que le dejan. Ojo al tipo. Arenas no estaba muerto, estaba de parranda. El de siempre, el que los enseñó a todos. El maestro Yoda del PP andaluz. Sigue descendiendo al foro donde se eligen los portavoces de la oposición municipal. Quizás porque sabe que el poder se construye de abajo hacia arriba. Los cuadernos azules ya no señalan desde arriba a los que mandarán desde abajo.
Sev.

La soledad de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 23 de marzo de 2015 a las 0:05

Fotos de Zoido votando a las en el IES Murillo.
Es inevitable el análisis en clave local. El recuerdo de voto será muy elevado dentro de dos meses. Las grandes siglas pierden apoyos en Sevilla, pero hay una, el PP, que se desangra, y otra, el PSOE, que amortigua la caída. En esta política de nuevos invitados a la mesa, parece claro que sólo las marcas personales logran resistir en las urnas el empuje mediático y callejero de Podemos y Ciudadanos. La marca de Susana es un éxito en una política intensamente marquetiniana. Y también resulta palmario que el PP andaluz es una marca herida, una especie de perro flaco cargado de pulgas que acusa con virulencia los golpes propios que recibe del amo de Madrid. No hay debates que sirvan para lamer las heridas, ni visitas de Rajoy que tengan la virtud de fortalecer el perfil de un candidato procedente del despacho de un ministerio. La pérdida de 17 diputados ni siquiera invita a pensar que a Moreno Bonilla le ha faltado tiempo. Este hombre, que ha hecho una campaña meritoria, es una víctima más del habitual desdén con el que se trata todo lo andaluz en la calle Génova, donde la referencia sigue siendo Arenas, cuatro veces candidato a la Presidencia de la Junta, la prueba de que se ha taponado durante años el ascenso de nuevas caras.

El alcalde tiene dos meses para hacer valer su marca personal frente a unas siglas políticas debilitadas hasta en Almería, donde el PP tenía hasta ahora su particular distrito de Los Remedios. Ahora no hay ola que ayude a alcanzar veinte concejales, como en 2011, cuando al tenaz trabajo de cinco años se sumó el calamitoso final del zapaterismo. La corrupción es un asunto amortizado por los votantes. De poco le servirá a Zoido ventilar expedientes de gobiernos locales del pasado:ya han pasado cuatro años y enfrente hay otras caras nuevas. Rajoy está mal visto en el Sur. Andalucía es una región de izquierdas que permite alcaldes del PP cuando se trata de personajes próximos no asimilables a unas siglas a las que parece pesar la maldición de aquella UCD que no creyó en la autonomía.

Ni debates, ni Rajoy, ni las siglas… El único patrimonio de este alcalde es como el de los periodistas: su firma. Y su balance político es inmaterial: la honradez y el orden en las cuentas. Zoido, hábilmente de perfil en la campaña andaluza, está sólo con su marca. Y el miércoles estará en Roma con el Papa.

La lección de Europa: los tres distritos claves para Zoido

Carlos Navarro Antolín | 26 de mayo de 2014 a las 0:57

Instituto Murillo Zoido acude a votar
La noche del 25 de mayo de 2011, el PP ganó en nada menos que nueve de los once distritos electorales. Pulverizó todas las marcas, absolutamente todas, y rompió los mitos largamente cosechados sobre las escasas posibilidades del centro-derecha en las barriadas obreras y sobre la poca afición de los sevillanos a conceder mayorías absolutas. La provincia seguía quedando muy lejos, pero la capital se entregó al PP como no lo había hecho ni en los grandes años del rodillo socialista. El PP perdió ayer las elecciones en Sevilla capital. Los socialistas volvieron a ser la lista más votada con 5.707 votos de ventaja sobre el partido de la gaviota, de nuevo relegado a la segunda posición como en las europeas de 2009. Al PP le queda el consuelo de haber ganado en seis de los once distritos, pero (como en las municipales de 2007) no le sirve para ser la lista más votada, pues el PSOE recupera terreno en los distritos más poblados (Cerro-Amate y Este-Alcosa-Torreblanca) pese a sufrir retrocesos notables en el número de apoyos electorales. Los grandes partidos estaban preparados para echar balones fuera con la escasa participación, pero uno de los grandes titulares de la jornada es que han votado más españoles que hace cinco años. Y el titular en Sevilla es que el PP tendrá que emplearse para recuperar terreno en tres distritos que fueron claves para la victoria en 2011: San Pablo-Santa Justa, donde ganó en 2011 y el PSOE sacó anoche 6 puntos de ventaja; Macarena, donde la diferencia a favor de los socialistas es de 15 puntos, y Cerro-Amate, donde los populares ni siquiera intuyen la matrícula de un PSOE que gana con registros de los años ochenta: 33 puntos de diferencia. En esos tres distritos están buena parte de los votos que Zoido necesita para aspirar al concejal 17 dentro de un año. Los dos grandes partidos han caído en toda España, pero el PSOE ha sabido agarrarse mejor a los barrotes de los pisos bajos en su caída en Sevilla. Zoido tiene un año para recuperar impulso. Si repite en la Alcaldía se convertirá en el referente más sólido de un partido que parece incapaz de levantar cabeza en la provincia de Sevilla y para el que la Junta de Andalucía suena a música celestial. Tiene un año para volver a sacar el máximo partido de su marca personal, para no parecer del PP, el gran mastodonte herido en tiempos de boyantía para la política minimalista.

Todos a llevar huevos al torno de la Alcaldía

Carlos Navarro Antolín | 21 de abril de 2014 a las 21:41

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Un político no controla cuándo llueve. Ni cuándo deja de llover. Si Juan Ignacio Zoido pudiera, tengan por seguro que prometería acabar con el calor de los veranos de Sevilla. Pero no puede. O sí… Pues ha habido alcaldes que nos han prometido una playa y aún estamos con la cara de tontos esperando dónde clavar la sombrilla. En esa rentabilización de la gestión cotidiana, esa política de infantería que es el estandarte del actual mandato, el alcalde convierte la Semana Santa de 2014 en su éxito político. La gran clave ha radicado en que las nubes han sido indulgentes todos los días, por lo que han salido todas las cofradías y, por lo tanto, ha habido más público y, por consiguiente, el consumo también ha subido. No hay más. Y no es poco. Los servicios municipales han funcionado, es cierto. Pero la obligación de los servicios municipales es hacer lo que casi siempre hacen en Semana Santa: funcionar. Ojalá pudieran reeducar a la mayoría de guarros que han dejado las calles como una covacha. ¿Cuál ha sido la habilidad del alcalde en cuanto se ha encerrado el último paso? Capitalizar nuevamente el éxito de la micropolítica: los barrenderos han barrido, los autobuses han circulado, los bares han vendido más cervezas y, por supuesto, las cofradías han salido… Y el rostro de esa gran gestión es el de un alcalde risueño. ¿Alguien recuerda al socialista Monteseirín presentando los balances de sus doce Semanas Santas? Nadie. Zoido sabe perfectamente las medidas de la ciudad. Le resbalan las críticas sobre su afición como alcalde a las fiestas mayores. Dame cofradías… y dime tonto. Tiene clara la escasa o nula importancia que la ciudadanía concede a los acuerdos del consejo de gobierno de la Gerencia de Urbanismo, a la reforma del PGOU, a los informes del interventor sobre el grado de cumplimiento del Plan de Ajuste, a la incidencia de la reforma local, a la ejecución del presupuesto municipal y a los debates en los plenos municipales… Para presentar el balance de la Semana Santa, el alcalde ha comparecido con tres concejales del gobierno, dos gerentes de empresas municipales y cuatro altos cargos municipales. Una parafernalia que confirma la estrategia que tratará de aquí a a las elecciones de resaltar la importancia de lo cotidiano a falta de grandes proyectos. Los promotores de la Pax Zoidiana tienen claro el fomento del circo (fiestas de primavera), mientras no puedan dar el pan (empleo). El urbanismo morado que regaba a las cofradías de miles y miles de euros a cambio de varas en lugares destacados lo inventó Monteseirín. Pero la Semana Santa sin lluvia parece que la ha inventado Zoido, un alcalde vitaminado como el bombón helado por el médico recomendado, un alcalde a la medida, como las camisas de Javier Sobrino. El alcalde se puede encontrar la próxima cuaresma con una cola de cofrades llevándole huevos a su despacho como novias desesperadas de la primavera para que no llueva en Semana Santa. Quien quiera cofradías, que deje huevos en el torno de la Alcaldía, como las casamenteras en Santa Clara. Pero para que acabe con los veladores ilegales… Para eso hacen falta muchos, muchísimos huevos.

El ‘hoy por hoy’ como medida temporal en política

Carlos Navarro Antolín | 21 de diciembre de 2012 a las 17:21


Dicen que el poder iguala a las personas. Incluso a las más diferentes. O aparentemente diferentes. En el año 2005, siendo alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín (marchando cuarto y mitad de gerundio de lápida), el presidente del PP andaluz, Javier Arenas, comenzó a confirmar a Jaime Raynaud como candidato a la Alcaldía en las municipales de 2007. Arenas convocaba a los concejales los sábados por la mañana en el Hotel Inglaterra y les soltaba la correspondiente arenga. Por supuesto, siempre reforzaba a Raynaud ante el grupo municipal y ante los medios en el teletipo posterior. “Hoy por hoy Jaime Raynaud es nuestro referente en el Ayuntamiento”. “Hoy poy hoy no nos planteamos otra opción”. “Hoy por hoy es la mejor alternativa al gobierno de PSOE e IU”… Y Javié iba dándole salida al surtido variado del hoy por hoy en sus diferentes modalidades, sin olvidar la que incluía el escenario, que es una de mis favoritas: “Hoy por hoy no contemplo otro escenario para la candidatura”. Algunos decían que tanto repetir el hoy por hoy era una técnica subliminal del lince de Olvera para congraciarse con el Grupo Prisa. Cuando llegó la tarde del Corpus de 2006, se acabó el hoy por hoy… de tanto usarlo. Un teletipo anónimo tumbó las aspiraciones de Raynaud, un político serio, solvente y riguroso, pero que no terminaba de despegar en las encuestas. Le aplicaron el hoy por hoy de los presidentes de fútbol cuando quieren mandar al entrenador al frío de la calle. “Hoy por hoy fulanito es el entrenador”. Cierto presidente sevillista tal como soltaba su ración de hoy por hoy y dejaba la sala de prensa, estaba dándole instrucciones a Recursos Humanos para confeccionar el finiquito del míster.
El pasado lunes se celebró el denominado Consejo de Coordinación de la capital del PSOE de Sevilla, donde estuvieron los barandas del partido y cuyo objetivo, se supone, es aupar al líder de la oposición en el Ayuntamiento, Juan Espadas, al que esta vez colocaron perfectamente en la foto. Nada de sentarlo en una escalera, que eso es malo para la columna. Las lenguas viperinas dicen que este consejillo en realidad es el Observatorio de Juan Espadas que ha montado La Que Manda en el PSOE para ver su evolución en el palomar y someterlo a examen. El caso es que Susana Díaz intervino en la sesión, cómo no, y se hartó de referirse a Juan Espadas como futuro candidato a la Alcaldía en 2015 con el hoy por hoy como estribillo principal. Ojú. El presidente provincial del partido, Fernando Rodríguez Villalobos, también le dio hilo a la cometa del hoy por hoy. Así que ya saben ustedes. El hoy por hoy es, en fin, una medida de tiempo perfecta. ¿Cuánto dura un hoy por hoy? Ya lo dijo aquel: lo mismo que un salivajo en una tabla de planchar.

Los sillones de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 8 de septiembre de 2011 a las 18:21

Ha debido llegar el tapicero a su localidad, señora, al mismísimo Ayuntamiento hispalense, porque se han llevado los sillones de Zoido. Esos de tan elegantes como rancias telas rojas y verdes, a juego con las vestimentas de los maceros municipales y provinciales. Con el martilleo de megafonía de las sillas, sillones, tresillos y las nunca bien ponderadas descalzadoras han desaparecido los asientos que aliviaban la espera de los administrados cuando tocaba preguntarle a Monteseirín (“Llamadme simplemente Alfredo”) qué hay de lo mío. En el vestíbulo de la Alcaldía de Zoido ya no hay sillones. Se han terminado como la política en los reservados. A comer a casa y a sentarse al cine. ¿Pero por qué esta derecha despiadada nos hace esperar de pie cuando tiene la vitola de la educación y las buenas maneras al igual que la izquierda luce orgullosa la de la protección del lince? Dicen que el vacío de asientos tiene el efecto de espantapájaros, porque el personal se ha aprendido el truco para acceder a la Alcaldía en la búsqueda cotidiana de la prebenda. Por lo oído llegan a la puerta de control y preguntan por la secretaria del alcalde, María del Mar, con esa seguridad del que se cuela en la caseta de postín sin mirar al portero alzando al mismo tiempo la mano para hacer como que saluda de lejos a un tal Luis. Una vez pasado el control, la clave está en aguantar de pie todo lo que se pueda (hora, hora y media, dos horas…tic-tac, tic-tac…) hasta que el alcalde sale y se produce un abordaje múltiple. Aquello se ha convertido en una suerte de salón de los pasos perdidos. El invento funciona, aunque haya quienes aguantan más allá de lo digno. Sevilla, ciudad de aves donde no falta el espantapájaros. Ha llegado el tapicero a su localidad, señora…

La fuga de talentos

Carlos Navarro Antolín | 3 de diciembre de 2010 a las 12:19

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Zoido se encerró ayer con alumnos de Económicas y Empresariales en un foro promovido por los cachorros de Nuevas Generaciones, luego el viento soplaba a favor de querencia, aunque el público resultó muy variopinto como se pudo deducir de diversas intervenciones (y de la ausencia casi total de pelo engominado). Más de dos horas dieron para mucho. Hubo debate de verdad, del que se suele celebrar cuando ya no hay periodistas en la sala. O el personal cree que no lo hay. Los jóvenes se expresaron sin tapujos, lamentando que han sido engañados en cierta forma porque en sus casas les instaron a hacer una carrera universitaria y ahora resulta que la carrera no garantiza ningún porvenir. Sólo uno levantó la mano cuando la mesa preguntó cuántos de los presentes estarían dispuestos a fundar su propia empresa al terminar la carrera. ¡Y eso que era la facultad que era!

La fuga de talentos, marca de la casa hispalense, continúa a una gran velocidad como pudo comprobar el aspirante del PP a la Alcaldía, especialmente cuando un joven recién salido de las aulas realizó todo un relato de su vida con el siguiente eje: “Soy ingeniero industrial, hablo dos idiomas perfectamente y en breve me voy a tener que ir de Sevilla. ¿Sabe usted lo peor? Lo peor no es vivir fuera, que ya lo hice un año en Inglaterra, lo peor es que sé que ya no volveré salvo en Navidad”. Otros se quejaron del paro creciente que hay en el gremio de los odontólogos, aprovechando la presencia del presidente del colegio profesional, Luis Cáceres, quien no se anduvo por las ramas en su exposición al denunciar que el Estado no regula la profesión en función de la verdadera demanda de plazas, así como que los miles de odontólogos sin empleo están condenados en el mejor de los casos a trabajar como asalariados, pues montar por su cuenta una consulta supone un desembolso entre 150.000 y 200.000 euros en el supuesto más económico. “Nos gastamos un dineral en universidades para formar odontólogos que luego no van a poder trabajar como tales”.

Terminó el acto después de un sesudo debate sobre el papel de los bancos, la inutilidad del ICO y la impotencia de las cámaras de comercio por ayudar a todos los jóvenes emprendedores. Uno de los recién licenciados se acercó ya en privado al candidato: “Me he criado en una casa de izquierdas, de lo cual estoy muy orgulloso, pero sepa que yo a usted le votaré antes de irme definitivamente de Sevilla”.