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La guerra del PP en la capital

Carlos Navarro Antolín | 23 de mayo de 2017 a las 5:00

VIRGINIA PÉREZ, NUEVA PRESIDENTA DEL PP DE SEVILLA CON EL 61 % DE LOS VOTOS

LA clave para que el PP se coma alguna vez el rosco gordo en Andalucía está en buena medida en la provincia de Sevilla. Arenas dmostró tenerlo muy claro cuando la noche de noviembre de las generales de 2011 todos celebraban el éxito de Rajoy en el balcón de la calle San Fernando, pero él tenía el rostro cariacontecido. No se fiaba un pelo. Sabía desde el principio que con esos resultados no alcanzaba meses después a los 55 diputados en las autonómicas. Y no erró. Lo que ocurrió desde aquellos comicios generales de noviembre a los regionales de marzo fue que Arenas apostó por una campaña plana y se pegó un tiro en el pie al dejar vacío el sillón del debate de Canal Sur. El mejor orador de la política andaluza renunció a la parcela que más controla. Juan Manuel Moreno Bonilla proclamó el domingo pasado que Sevilla es clave para su llegada a San Telmo. Asumió el discurso de Arenas de aquel 2011 en el que la Armada Invencible del PP se fue al traste por el temporal de errores propios. Moreno Bonilla sólo tiene una ventaja respecto a Arenas: la posibilidad de un acuerdo con Ciudadanos. En todo lo demás, el malagueño lo tiene peor que el lince de Olvera. Ni tiene su currículum, ni su proyección, ni su oratoria, ni la capacidad de culebrear que Arenas ha demostrado, otra vez, manejando los hilos en el conflicto interno del PP sevillano. Moreno Bonilla, en cuya heráldica debía estar representada la tibieza con su silueta de perfil, se encuentra ahora con un partido hecho unos zorros y donde los que han ganado saben que no le deben, precisamente, ningún favor al líder regional. “Ná te debo, ná te pido”, le van a cantar los sevillanos manijeros al presidente regional cuando les pida apoyos. El propio Moreno Bonilla aludió en su discurso a la de veces que han discutido su secretaria general, Loles López, con la nueva presidenta provincial, Virginia Pérez.

El PP de Sevilla tendrá que recomponerse en el Ayuntamiento. Por el momento seguirá Alberto Díaz de portavoz mientras no genere problemas de convivencia. El Juan XXIII del palomar podría hacer un papel parecido al del socialista Antonio Hernando cuando la gestora decidió dejarlo como portavoz del grupo en el Congreso contra todo pronóstico. Obviamente esta decisión no es recibida con botes de alegría por Beltrán Pérez, portavoz adjunto en el Ayuntamiento y uno de los principales activistas de la revuelta manijera, quien por el momento podría dedicarse a sus funciones de presidente de la rescatada Junta Local de Sevilla, una estructura recuperada ahora gracias a las mociones presentadas por Rafael Belmonte (sector crítico) y David Antequera (sector oficialista). Ocurre que los oficialistas pretendían armar este organismo de abajo a arriba –desde los distritos a la cúpula– calculando que así podrían controlar sus riendas. Pero una de las primeras decisiones de Virginia Pérez el pasado domingo fue delegar sus funciones directoras en esta junta en Beltrán Pérez (de arriba a abajo), lo que convierte al concejal en el número tres del partido y lo coloca al frente de un organismo que será fundamental en la propuesta del candidato a la Alcaldía en las próximas elecciones municipales.

Virginia Pérez tiene que restablecer contactos en el seno del partido, tender puentes y cerrar algunas heridas. Todo gobierno necesita la paz. “Tenéis que coser, ¿eh?”, le dijo el ministro del Interior a un grupo de militantes cuando se marchaba del plenario del congreso. Los manijeros celebraron la victoria en el bautizado como Kiosko Felisa, ubicado tras el hotel donde se celebró el congreso, un bar donde tuvo lugar el homenaje a Felisa Panadero cuando fue destituida por Zoido como subdelegada del Gobierno. Allí volvieron los críticos (casi todos) a brindar por la victoria a diez euros per cápita. Los principales oficialistas enjugaron las lágrimas de la derrota en La Espumosa de Nervión.

La batalla estará ahora en la capital. La provincia es el particular frente ruso del PP. En la provincia está casi todo por hacer. Moreno Bonilla necesita recuperar la Alcaldía y un gran avance en los pueblos. La marca electoral más fuerte del partido en Sevilla sigue siendo hoy Juan Ignacio Zoido. Si el ejecutivo de Rajoy se mantiene vivo, no hay que descartar que alguien en el PP plantee el retorno del magistrado a la carrera municipal. Pero de aquí a un año pueden ocurrir muchas cosas. La nueva presidenta ha reiterado varias veces que no desea un partido marcado los personalismos. Eso vapor Zoido. La legislatura puede cortarse de repente el próximo otoño tras el resultado de las primarias del PSOE, por lo que la figura de Zoido se quedaría un tiempo en el aire. Si no es Zoido, la opción que más empuja es la de Beltrán Pérez, que sumará dieciséis años de concejal al final del presente mandato, por lo que cuenta con una dilatada trayectoria que o bien corona subiendo hasta la cima de liderar una candidatura, o bien da por zanjada y apuesta por el comienzo de una nueva etapa. La tercera opción es la de José Luis Sanz, senador y alcalde de Tomares, que mantiene en el grupo municipal a Alberto Díaz, persona de su máxima confianza, y que cuenta con un grupo de leales. No hay de momento muchos más nombres, salvo que Arenas saque un conejo de la chistera y, por supuesto, quiera jugar sus cartas en la partida, que las jugará de una u otra forma. La propia Virginia Pérez, conseguida la presidencia del partido y logrado el imprescindible poder orgánico, tendrá también que revelar en algún momento cuál es su objetivo en política por mucho que ahora se pase unos meses consagrada a los asuntos internos propios de un partido fracturado.

Acabado el congreso cesan, al menos, las miradas de tensión, nos libramos de oir a esos militantes que –como gallinas– pronuncian machaconamente eso tan terrible del “coc”, acrónimo del Comité Organizador del Congreso, y dejamos de soportar a los que dicen “catorce congreso” en lugar del ordinal decimocuarto.

Los críticos son ahora oficialistas. Los antiguos oficialistas tendrán que demostrar capacidad de reorganización o diluirse poco a poco. Se acabaron la peinetas que unos (muy conocidos) han dedicados a otros (también conocidos). La feria más larga no va a ser la de Sevilla en 2018, sino la de este PP sevillano que pone rumbo incierto hacia un nuevo orden donde el lince, las gallinas, el tibio y los tíos de la peineta cogerán posiciones en el tío vivo.

Quién cose al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 12 de marzo de 2017 a las 5:00

Quién cose al PP de Sevilla

EL PP de Sevilla está roto. Fracturado. Exhibe cada día con más nitidez las entrañas de un desgarro provocado por la traumática pérdida de la Alcaldía en mayo de 2015. Los recientes comicios internos para la elección de compromisarios para el congreso regional que se celebra el próximo fin de semana en Málaga revelan que Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente regional, afronta la cita con la formación hecha unos zorros en la capital, con dos bandos que, a tenor de los resultados, están condenados a entenderse, pero donde nadie hace el menor intento de buscar el consenso, de coger hilo y dedal y ponerse a coser, dicho sea en los términos que empleó Susana Díaz para aludir a la necesidad de recomponer el PSOE, ahora dirigido por una gestora. El PP de Sevilla, por el momento, no tiene quien lo cosa. La tensión que ha marcado estas últimas elecciones internas no augura unas vísperas tranquilas de cara al decisivo congreso provincial que habrá de celebrarse tras las fiestas mayores.

Según pasan las fechas, el conflicto interno es cada vez más explícito, con su correspondiente efecto en la vida interna del partido, con episodios agrios entre militantes, y con el tono plano que mantiene el Grupo Popular en el Ayuntamiento, donde Alberto Díaz parece guardar aposta un perfil exclusivamente institucional a la espera de acontecimientos. Hasta la celebración del congreso provincial no se sabrá con certeza si su etapa de portavoz es duradera o, por el contrario, queda relegada a una interinidad operativa. Por el momento, Alberto Díaz parece el respetuoso inquilino de un piso en alquiler de corta duración, que aún no se atreve a taladrar las paredes, pero que tiene los cuadros y los espiches preparados. Mientras tanto, el gran beneficiario de esta situación es el socialista Juan Espadas, que se pasea por la verde pradera de la Plaza Nueva a lomos del corcel de la estabilidad, disfrutando de la carencia de una verdadera oposición y de la compañía poco molesta de una todavía bisoña izquierda radical.

Tanto el bando oficialista (Cospedal, Zoido, Juan Bueno, Alberto Díaz y José Luis Sanz) como el crítico o renovador (Arenas, Amalia Gómez, Patricia del Pozo, Virginia Pérez, Beltrán Pérez y Juan Ávila) han inflado el censo de nuevos militantes para ganar apoyos en la elección de los compromisarios. Aquí han votado por las dos facciones madres, hermanos, primos, allegados de todo vínculo, etcétera.

Los oficialistas se han impuesto en la capital en número de compromisarios, pero con el aliento crítico pegado a la nuca pues los chicos de Arenas presumen de haber ganado en número de votos. Los críticos sí han ganado en la provincia en número de compromisarios, pero saben de la importancia que hubiera tenido para sus intereses haber controlado totalmente las cocinas capitalinas, donde han obtenido importantes avances respecto a la anterior elección de compromisarios para el congreso nacional, pero sin que puedan descorchar ninguna botella por el momento. El resultado de estas últimas elecciones a compromisarios revela que ninguna corriente tiene la hegemonía en el PP de Sevilla. Ni siquiera el propio Juan Manuel Moreno Bonilla controla casi nada en la sede provincial sevillana, de ahí que su tibieza sea manifiesta desde que se evidenció el conflicto el último Miércoles de Feria con la fotografía de los críticos en la caseta ‘El Manijero’, que dio nombre al grupo que quiere controlar el supuesto pos-zoidismo en el partido. Es más, el líder regional ha salido pellizcado de estos comicios internos, pues los militantes tenían dos urnas para votar: una para elegir a los compromisarios del congreso regional y otra para respaldar al único candidato a presidente regional. Votaron 472 militantes en la capital, de los que sólo 375 dieron su apoyo a la continuidad de Moreno Bonilla. Queda claro que el malagueño sigue generando silencios entre la militancia sevillana. Sevilla no es sólo una plaza que se le resiste, sino que le provoca sufrimientos porque unos (los oficialistas) no lo quieren en el cargo de presidente regional, y los otros (los críticos) no terminan de sacarlo del burladero de la tibieza para que se alinee con sus intereses.

De la capital, el primer dato a destacar es que nadie discute la victoria de los oficialistas en la elección de los compromisarios. Incluso han ganado, aunque haya sido por sólo cinco votos, en el distrito Sur, donde votan el mismísimo Javier Arenas y Amalia Gómez. Las discusiones se centran en determinados compromisarios, como ocurre en Los Remedios, donde ambos bandos se atribuyen a la concejal Carmen Ríos. La caída de los críticos ha sido notable en San Pablo-Santa Justa, donde han perdido las cuatro actas de compromisarios de los que gozaron la vez anterior.

El segundo dato destacable es que el líder municipal de los críticos, el concejal Beltrán Pérez, ha vencido en su distrito de Palmera-Bellavista, después de haberse quedado fuera del congreso nacional, al que no pudo acudir como compromisario por falta de votos. Pérez se puso esta vez las pilas y ha salvado su marca personal al lograr los tres compromisarios de su distrito para la causa denominada renovadora. De 88 votantes, 57 apoyaron a Beltrán Pérez.

La victoria oficialista ha sido evidente (aunque con corto margen de votos en algunos casos) en distritos como Triana, pese al avance de los críticos; y en Nervión, Casco Antiguo, Sur o San Pablo-Santa Justa.

En la provincia, la victoria de los críticos no hay quien la discuta, con más de veinte representantes de diferencia, lo que alienta a los leales a Arenas a tener esperanzas fundadas en una victoria en el congreso provincial, cuya elección previa de compromisarios se disputará a cara de perro ante la previsible presentación de dos listas. Los críticos presumen especialmente de victoria en Gines y de tener de su lado a un ramillete de alcaldes entre los que figura el de Carmona. La provincia no ha sido nunca el fuerte del aparato capitalino del PP, una circunstancia que los críticos quieren seguir explotando de cara al congreso provincial.
En los días previos a la elección de compromisarios regionales se han vivido todo tipo de conflictos, desde conversaciones telefónicas grabadas donde se pone a caldo a dos destacados críticos, a los habituales retrasos en la entrega de los listados para dificultar la captación de los votantes, pasando por las denuncias sobre la ausencia de cabinas que garantizaran el derecho al voto.

El actual presidente provincial, Juan Bueno, se está tragando con una meritoria buena cara todos los conflictos que lastran el partido desde hace casi un año. El desgaste para su figura es innegable, pues no se recuerda un enconamiento igual y tan prolongado en el tiempo en la historia del partido en Sevilla. Bueno ya se desgastó en las maniobras de verano para prescindir de Virginia Pérez como secretaria general, unas operaciones que dejaron al partido al borde de la gestora. Pocos son los que confían en que Bueno siga como presidente a partir del próximo congreso provincial, salvo que una improbable coincidencia de circunstancias así lo aconsejaran. Es diputado autonómico y hombre que guarda la disciplina debida hacia los aparatos. Sabe sufrir, como ha demostrado en distintas etapas y tal como le ha reconocido Arenas en alguna ocasión. Su futuro en el partido no se discute. Su papel como presidente provincial parece ya caducado.

¿Quién será el próximo presidente del PP sevillano? ¿Existen opciones de fusionar ambas corrientes en una sola lista para evitar una explosión que dejaría un buen número de heridos?

Los críticos mantienen que su candidata a la presidencia provincial es Virginia Pérez, la correosa portavoz del PP en la Diputación Provincial, cuyo estilo especialmente directo pone de los nervios al oficialismo del partido. Si gana la opción crítica, la referencia municipal será Beltrán Pérez, que lleva catorce años como concejal y vivió su mejor momento en el acoso y derribo del gobierno de Monteseirín, una habilidad que necesitará en breve el PP si quiere recuperar la Alcaldía. Arenas, que nunca se olvide auspicia la lista crítica, querrá colocar en buen sitio de la ejecutiva a una de sus grandes protegidas: Patricia del Pozo. La otra es Macarena O’Neill.

Los oficialistas tienen a José Luis Sanz como su principal referencia para la presidencia. El alcalde y senador de Tomares ya fue presidente en la etapa de mayor éxito electoral para el PP en la provincia. Tomares es una plaza consolidada electoralmente para el centro-derecha. Sanz podría intentar ser candidato a la Alcaldía de Sevilla, para lo que necesita tres requisitos: lograr el poder orgánico en el partido, quedar absolutamente limpio de posibles nuevos frentes judiciales, y convencer al electorado de que se puede pasar de alcalde de un municipio del Aljarafe a serlo de la capital. Monteseirín ya pasó de concejal de pueblo y presidente de la Diputación a alcalde de la capital durante doce años. Los requisitos que tendría que cubrir Sanz no son difíciles de superar, pero tampoco hay que descartar el posible regreso de Zoido a Sevilla en caso de que la legislatura sea corta, se produzca una eventual victoria de Pedro Sánchez en el congreso del PSOE y el hoy ministro del Interior quiera retornar como la marca más sólida del centro-derecha hispalense.

Si Sanz gana, su referencia inmediata en la Plaza Nueva será Alberto Díaz –hoy portavoz– aún con más fuerza. La probabilidad de entendimiento entre José Luis Sanz y Virginia Pérez es nula. Entre Sanz y Beltrán Pérez pudiera existir algún tímido brote verde. Muy tímido. Los días que pasen entre la elección de compromisarios para el congreso provincial y la celebración del mismo congreso serán decisivos para conocer la probabilidad de formación de una lista de consenso en función del número de compromisarios que cada bando crea tener asegurado. Si no hay entendimiento, habrá que ir a votaciones precedidas de discursos cargados de emotividad para captar los votos de última hora. Habrá una lista ganadora, otra perdedora y un cartel que seguirá reclamando la presencia de aguja, dedal y muchas horas de paciencia. La unidad de todo partido no pasa por el discurso o los ideales, sino por asegurar la supervivencia de los actores de la gran obra de teatro que es la política. Nunca se olvide que Pepe Caballos, otrora factótum del PSOE andaluz, expulsó en 2004 a una tal Susana Díaz del Ayuntamiento para orillarla en el Congreso de los Diputados. Se la quitó de Andalucía asegurándole esa supervivencia. Y en esa etapa de exilio nació la estrella de la política andaluza que hoy prepara el asalto a la calle Ferraz. Hay patadas para arriba que son el preludio del nacimiento de una gran figura. Hay convulsiones, períodos de costura, de las que puede surgir la candidatura más inesperada.

Fiesta en San Fernando

Carlos Navarro Antolín | 3 de julio de 2016 a las 5:00

Zoido
SIEMPRE se dice para enriquecer la manida teoría de la Sevilla dual que esta ciudad tiene dos cementerios. El de San Fernando, donde reina la paz custodiada por los cipreses, y la sede regional del PP andaluz en San Fernando, donde pasan los años sin alegrías y la sombra del ciprés (Arenas)es alargada. San Fernando es Villabajo en las noches electorales, a excepción de las municipales de 2011. El otro día, 26-J, todo apuntaba a que otra vez tocaban las caras de lápidas de camposanto político. El líder regional se presentó tempranito. Juan Manuel Moreno Bonilla se encontró con el presidente del PP sevillano, Juan Bueno, que estaba con cara de Viernes Santo por la mañana tras consultar las israelitas de las ocho de la tarde: dos diputados por Sevilla y el escaño del senador Sanz como la letra de Enrique Iglesias: Bailando. El escrutinio fue suavizando los rostros, los cuerpos comenzaron a encajar en las camisas façonnable y la cúpula del grupo municipal desembarcó por fin en la sede para compartir la noche electoral con los chicos de la regional. En habitaciones separados pero bajo el mismo techo. Era la primera vez que ambas estructuras cohabitaban en una noche de escrutinio. En las elecciones de diciembre se evidenció una separación poco recomendable. Los hombres de la provincial volvieron a dejar solo al líder malagueño, como ya hicieron en marzo en la durísima noche de aquellas autonómicas adelantadas en las que el PP regional se acuarteló en el Meliá, donde sólo había cuatro concejales sevillanos mal contados. Casi nadie quería que le salpicara el más que previsible bajonazo electoral tras los 50 escaños de Arenas.

El líder malagueño comprobó el pasado domingo cuán grande puede ser la ojana hispalense, qué estrecho es el margen entre ser mirado por encima del hombro y ser aupado y saludado con los ramos y olivos de un resultado parcial que se interpreta como victoria electoral global. Qué poco tiempo hay entre ser “el malagueño” a ser Juanma, como le pasó a aquel obispo rechazado por su grey que era “el tal Blázquez” y pasó a ser “nuestro Blázquez”. La cúpula del PP de Sevilla –que perdió las elecciones del 26-J aun logrando un meritorio empate a diputados con el PSOE en la circunscripción socialista por antonomasia– se apoderó de la sede regional el pasado domingo a base de ruido y jarana. Se presentaron y arramplaron con las viandas al estilo de Los Plómez. Capitalizaron el triunfo ajeno, que era el de Moreno Bonilla. Los sevillanos montaron un fiestorro justo donde se han pasado casi dos años sin aparecer. De dejar sólo al líder regional a sacarlo en hombros. La foto de la política en estado puro. Del tal Juanma a nuestro Juanma.

Cuando el recuento confirmó el cuarto diputado se improvisó una barra y el hijo de un conocido militante histórico comenzó a pinchar las canciones de moda. Zoido bailó música disco en la zona elevada del vestíbulo central. El ex alcalde, ayudado por otros militantes sevillanos, llegó a aupar al malagueño. Todo un hito en las relaciones gélidas entre el PP sevillano y el andaluz. Mientras, en la sede de Génova, el ciprés alargado recibía puntual información de esta suerte de cotillón improvisado.

El cátering tuvo que traer viandas de refuerzo. Las cajas de comida y bebida fueron recibidas con vítores por algunos concejales de la capital. Alguno de ellos, arrastrado por el fervor de la victoria (regional, se entiende) llegó a lanzar cortes de mangas al aire. “Debe ser contra el PSOE, no lo sé”, acertó a decir un testigo. Otro concejal cantó Susanita tiene un ratón. La noche avanzaba y hubo quienes no daban crédito a la sevillanización del triunfo malagueño. El acta de senador de José Luis Sanz estaba garantizada. El alcalde de Tomares, junto a su amigo Ricardo Tarno, prefirió seguir el recuento en la Delegación del Gobierno.

Moreno Bonilla estaba feliz. Entraba en directo en el programa de Carlos Herrera, en la Cope. Andalucía era noticia nacional. La música disco era ensordecedora. Un miembro de la regional enviaba un mensaje:“Se han vuelto locos. Pero hay procesos que serán irreversibles”, en alusión a la renovación del PP sevillano en cuanto e celebren los congresos y Cospedal sea apartada de la secretaría general.

Los Plómez de Sevilla alargaron la noche en un intento nostálgico por revivir la gloria de mayo de 2011, la de los 20 concejales que terminó con el manteo de Zoido en una discoteca de la calle Betis. De ser manteado a jercer de millonario del líder regional. Un militante advierte a los de Nuevas Generaciones:“No os equivoquéis, Zoido se irá y éste será el que tome las decisiones”, dice señalando a Curro Pérez, el arriolo del zoidismo, el experto en zonas cálidas y frías de votos, el gurú de la Sevilla de 2029.

En Génova se recibe una llamada. “¡No te vas a creer lo que se está montando aquí!”. Y tras un breve silencio y un arqueo de cejas, el interlocutor, con una displicencia feliz, responde: “No me digas nada, ya tengo hasta fotos. Qué bien lleva Juanito en hombros a Juanma… Ja, ja, ja. El lunes no porque son las juntas, pero el martes nos vemos antes o después de votar en el Cachorro”. Del frío del Meliá a la jarana exagerada de San Fernando. Soledad y ocaso. Se lo avisó Rajoy: “Juanma, tú lo has querido”. Nuestro Juanma.
Moreno

La Sevilla de Juanma

Carlos Navarro Antolín | 29 de mayo de 2016 a las 5:00

MORENO BONILLA ACUDE A LA CAJA DE LA SEMANA SANTA
SUEÑA la margarita con ser romero y Moreno Bonilla con entrar en Sevilla, valga el pareado que rima con adosado. El que ha sido visto en la ciudad como el invasor malagueño suma poco a poco los apoyos de ciertos militantes sevillanos que ya son conocidos como los afrancesados del PP. Se trata de concejales y militantes de base que huelen el cambio, el final de la etapa de Juan Bueno como presidente, y que desean estar bien colocados en caso de que el malagueño, por fin, tenga una estructura amiga en el PP hispalense. Moreno Bonilla necesita tiempo para sí y para hacerse con el partido en Sevilla. Su objetivo particular es consolidarse en una presidencia que ni mucho menos tiene asegurada. La buena suerte no le ha acompañado desde que alcanzó el cargo (“Tú lo has querido, Juanma”, le dijo Rajoy en aquel congreso) ni con el calendario electoral (sufrió el adelanto electoral cuando aún estaba decorando el despacho) ni con determinados sobresaltos, como el desastre en Granada, o la sucesión de feos que ha sufrido entre su propia militancia, cuando, por ejemplo, la cúpula del partido en Sevilla (ay, siempre Sevilla) no lo acompañó en la dura noche electoral de las autonómicas.

Moreno Bonilla se parece a Rajoy a la hora de afrontar los problemas. Prefiere ganar a los puntos que con golpes de mano sobre la mesa. Si Susana Díaz se marcha a Madrid, sus posibilidades de afianzamiento se consolidan. La Que Manda en el PSOE es hoy prácticamente imbatible en Andalucía. Y respecto a Sevilla, su hoja de ruta pasa por colocar en la presidencia a Virginia Pérez, la que fue número tres de la regional al inicio de su mandato –como pretendida referencia de la entonces escuálida representación sevillana en San Fernando– y que ahora hace las veces de secretaria general del PP de Sevilla. El hombre que está llamado a impulsar la renovación en el grupo municipal es el concejal Beltrán Pérez, que debe coordinarse cada día más con la futura presidenta. Ambos Pérez lideran el grupo de afrancesados que, por el momento, conectan con un presidente regional que parte de la base de que no se pueden forzar las situaciones, que lo idóneo es esperar a que las inercias vayan despejando el camino. ¿Cuáles son esas inercias? La más importante es que más pronto que tarde, Zoido debe dejar el Ayuntamiento y, por lo tanto, permitir el proceso de renovación que el partido pide a gritos, un partido que empieza a temer el riesgo de convertirse en tercera fuerza política en la circunscripción.

Si Virginia Pérez asume la presidencia y Beltrán Pérez la portavocía, sólo quedaría buscar un secretario general, un puesto que en el PP de Sevilla se suele consagrar a la atención de los pueblos.
Los afrancesados crecen de forma paulatina porque ambos Pérez cuentan con un predicamento considerable en las filas del partido. Beltrán Pérez no debe tener problemas internos en el propio grupo municipal para hacerse con el timón, carece de aristas y, además, tiene la vitola de haber estado orillado durante el mandato de Zoido. ¿Por qué? Tal vez porque el propio Zoido lo veía y ve como su sucesor natural. Beltrán no es que sea amigo de Moreno Bonilla, pero se conocen de los tiempos de Nuevas Generaciones. La Sevilla de Juanma pasa por este concejal. Ambos tienen el objetivo común de abrir una nueva etapa en un PP de Sevilla anestesiado y cuyo grupo municipal tiene perdido el pulso y está acomodado en un cada vez más reducido círculo de confort, lo que se evidencia en denuncias públicas poco trabajadas en las que aparece el mismo vecino de siempre como única referencia de crédito.

Moreno Bonilla necesita todo un hat-trick: que el PP siga en el poder a partir del 26-J, que Susana Díaz se vaya a Madrid y que la renovación del partido en Sevilla vaya por la hoja de ruta de los Pérez.

El futuro del PP sevillano

Carlos Navarro Antolín | 8 de mayo de 2016 a las 5:00

Sede regional del PP. Juanma Moreno preside el Consejo de Alcald
EL líder oficial del centro-derecha andaluz se debió quedar ojiplático en el desayuno celebrado el miércoles en Antares. Por momentos pareció encoger en el traje de raya diplomática. Pareció apretarle la corbata de Jueves Santo. ¡Con qué virulencia habían planteado ciertas preguntas algunos de los asistentes a la hora de escrutar el futuro del PP de Sevilla! Moreno Bonilla estaba en el club Antares, no vayan a creer algunos que se trataba de una asamblea de los astilleros en días de intifada de carreteras cortadas y neumáticos como teas. El público era de farolillos, de gente que trae puesto el desayuno y el traje azul, que eso de tomar pastas o bollería industrial dispara el colesterol. Un auditorio nada subversivo y con esa crueldad que es marca de la casa sevillana, sin el menor detalle de piedad para con el pato cojo, animal al que no se debe disparar porque está en retirada. ¡Cómo disparó el público contra esa suerte de pato cojo que es ahora el PP de Sevilla!

El moderador, Javier Caraballo, tuvo que resumir una serie de preguntas que cuestionaban cuándo desaparecerían las “camisas viejas” del PP hispalense. Cáspita, la derecha pidiendo la revolución en sus propias filas. En otras preguntas apretaron puyas mucho más afiladas. Ese mismo día todos los periódicos difundían una afirmación del presidente de la patronal sevillana, Miguel Rus:“En diez meses me he reunido más con Juan Espadas que con el alcalde anterior en cuatro años”. Conviene aclarar que Rus no procede de las bases del Sindicato de Obreros del Campo, ni es compañero de Cañamero en la pandilla de los fines de semana.

Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma, por favor”) tuvo que echar mano del capote, sobre todo porque el presidente provincial, Juan Bueno, y el ex alcalde, Juan Ignacio Zoido, estaban en el acto. Percibió en directo cómo se las gasta su propio electorado, cómo es esa Sevilla que a él mismo no le permite moverse a sus anchas en la estructura de su propio partido en la capital. Granada se le cae cuando no termina de controlar Sevilla, donde el partido sigue a la espera de la marcha de Zoido para rearmarse en la oposición y buscar un candidato con solvencia para 2019.

La virulencia de las preguntas, con los indirectamente aludidos allí presentes, fue todo un aldabonazo en las puertas de cuartel regional del malagueño, que sabe que sin apoyos en la plaza de Sevilla jamás podrá aspirar a un resultado que le permita siquiera soñar con el Palacio de San Telmo. El PP de Sevilla ha sido no hace mucho tiempo la tercera fuerza en la provincia, una posición que sólo ha mantenido en el País Vasco y en los años más duros para los partidos constitucionalistas. Los populares sevillanos llevan cinco años en caída y nadie es capaz de abrir un debate serio sobre la necesidad de exhibir “camisas nuevas” o, simplemente, menos gastadas, más allá de mensajes en las redes sociales que pudieran ser los brotes verdes, tímidos, de un tiempo nuevo. La única novedad en la estructura inmóvil del PP sevillano en el último año ha sido el ingreso de Virginia Pérez como coordinadora general.

El futuro del PP sevillano depende de la fecha de la dimisión de Zoido como edil para dedicarse al Congreso, de los objetivos que se haya marcado la coordinadora general para su propia trayectoria política, del grado de oposición a los cambios que ejerzan los rostros tradicionales del partido (Bueno, Sanz y Tarno) y, por supuesto, de la capacidad de tejemaneje de Arenas, siempre con un ojo en Génova, otro en Sevilla y cada vez menos en Almería. Por falta de ojos, que no de vista.

El electorado sigue dando avisos. El PP sevillano sestea confiado ahora en que Rajoy permanezca en la Moncloa y salve los muebles, una perspectiva conformista para un partido con vocación de gobierno. El líder malagueño comprobó en Antares cómo pasa Sevilla de agitar las palmas y olivos a buscar la cruz y los clavos. Aznar se dio cuenta en 2000 que se podía llegar a la Moncloa con mayoría absoluta y sin Andalucía. Pero no se puede alcanzar San Telmo sin la cruel Sevilla. Habrá que cambiar las camisas, lavarlas o zurcirlas.

El milagro del PP

Carlos Navarro Antolín | 13 de abril de 2016 a las 22:40

Torres Hurtado 1 - Ester Medina.jpg
Después de la foto del agente tocándole la cara a Rato para ahormarle la entrada en el patrullero, algunos pensamos que el PP quedaba definitivamente tocado en las urnas, malherido en la cuneta de no saber explicar las medidas contra la crisis, varapaleado en la altiva convicción de que el pueblo sabría valorar que Rajoy ha sido quien nos ha librado del rescate en el tiempo de descuento, y ahogado en un tufo de corrupción donde por momentos parecía que ningún dirigente de Génova salía con respiración. Hemos visto al alcalde de Granada acostarse tras una noche feriante en Sevilla y despertarse detenido en su ciudad por un asunto urbanístico… El urbanismo de los años de las vacas gordas sigue generando investigados, antes imputados. Torres Hurtado, que fue delegado del Gobierno andaluz, ha sido para el PP una suerte de Celia Villalobos en versión masculina por aquello del exceso de campechanía, un carácter pasado de rosca. En la política secuestrada por el márquetin y condicionada por las estrategias para caer simpático y resultar cercano, el riesgo de meter el pinrel se dispara si el político en cuestión hace gala de un perfil en el que parece de todo menos un político. No se puede ser gracioso y ocurrente todos los días. O se es un gestor y se parece un gestor, o no, que diría Rajoy. Aquí caen los perfiles sesudos (Rato), los simpaticones (Torres Hurado) y los duros (Bárcenas). No se libran ni algunos ministros (Soria) en apuros por los papeles de Panamá. En este panorama resulta un milagro que el PP siga dando cerca de 130 diputados en las encuestas de cara a la repetición de las generales. Claro que la cosa cambia si se trata del PP andaluz, necesitado de una refundación desde el enésimo batacazo de Arenas. Tal vez ocurra que la corrupción está amortizada y convertida en espectáculo. Estamos demasiado acostumbrados a los amaneceres de registros policiales en los despachos de las instituciones. Ocurre con el PSOE en Andalucía. Y con el PP en España. Los pasados de rosca somos quizás los electores, con la capacidad de sorpresa agotada y las pinzas siempre dispuestas para apretarnos la nariz el día de las votaciones. La culpa es de las vacas. Que eran muy gordas. El sobrepeso se acaba pagando. Siempre. Lo dice la sevillana: “Por una mala partía, los jueces me condenaron”. Y para estar condenado hoy basta la mano que empuja al político a entrar en el coche policial, el registro de la sede o el paseíllo por el juzgado. Y te siguen votando aquí y allí.

El ausente

Carlos Navarro Antolín | 8 de noviembre de 2015 a las 5:00

Encuentro provincial del PP en Tarifa
CON el silenciador de un viernes por la tarde. Al padre natural lo han dejado fuera de la fiesta. No tiene silla asignada en el reservado de los ocho cabezas de lista. La dirección estaba equivocada y el tarjetón se extravió. En la última fiesta, tras la esquina esperó el momento, que diría Mecano, y se coló en las autonómicas por la puertas trasera del cuarto puesto por Almería. Se subió al carruaje en marcha apoyando un pie en el pescante, se alzó apresurado al peldaño trasero del camión cuando el silbido para reanudar la marcha ya había sonado, se presentó por sorpresa como el cuñado fatiga que marca las conversaciones de la cena y obliga a retranquear las posiciones y a sortear de nuevo a quien le toca la pata de la mesa.

Es el padre natural de la derecha andaluza. Y lo han dejado fuera de la listas de las elecciones generales. Javier Arenas no se presenta a los comicios del 20-D. O no lo presentan. Ni siquiera por Almería, dorada A-92. En Oriente siempre le han lamido las heridas provocadas por la crueldad del centralismo de la Sevilla Eterna. Esta vez no le han hecho hueco al Congreso de los Diputados –con derecho a consomé de Lhardy y a dedito de destilado en el Palace– donde se cuecen las habas de la política nacional. El presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, puede presumir de un hat-trick inesperado. Ha sacado de las listas andaluzas a Arenas y al ministro Montoro, y ha orillado a Celia Villalobos al segundo puesto por Málaga, lo que supone un castigo para la orgullosa y siempre polémica ex-alcaldesa, cuyo principal blindaje procede ya del por ser vos quien sois:la mujer del druida a sueldo de Génova, Pedro Arriola.

El PP de Sevilla sin Arenas (o con Arenas mal colocado, por mucho que sea vicesecretario general) parece estar en manos de una troika formada por Juan Bueno, presidente provincial y diputado autonómico; Ricardo Tarno, uno de los discípulos predilectos de Arenas y ex-alcalde Mairena del Aljarafe, y José Luis Sanz, senador, alcalde de Tomares y principal víctima de la enemistad de Arenas y Dolores de Cospedal, pues pagó los platos rotos de esa mala relación cuando quedó descabalgado de la carrera por la presidencia del PP andaluz. Tomares parece una suerte de aldea de los galos que resiste a la malagueñización de la sede regional del partido. El tiempo dirá si hay Panoramix con receta de poción mágica contra los locos romanos de la Costa del Sol que nos quitan los turistas con un aeropuerto mucho más potente.

Moreno Bonilla (llamadme Juanma, por favor) sonríe estos días, orgulloso por haber conseguido el efecto de quien da un golpe en la mesa. Decimos el efecto, porque es cierto que la fuerza de las circunstancias le han acompañado, algunos vientos soplaban a favor de la querencia de librarse, al menos en parte, de la alargada sombra del ciprés de Olvera. Arenas da mal en las encuestas electorales. No es que haya dado bien nunca, salvo en las autonómicas de 2012, cuando la Armada Invencible de la derecha andaluza, sin debate y con mensajes planos por el arriolamiento imperante, acabó como el gallo de Morón. El caso es que aseguran que Arenas da cada vez peor en los sondeos. Pero eso también le ocurre a varios ministros y veteranos de la política. No es patrimonio exclusivo de Javié. El factótum del PP andaluz viaja en la actualidad en un avión con uno de los motores despidiendo un inquietante humo con olor a Gurtel, sin que aún se pueda descartar la necesidad a medio plazo de ejecutar maniobras de aterrizaje brusco. En política primero se suelta lastre o se orilla la mercancía sospechosa, y después se acuerda decir que se ha alcanzado un acuerdo para un mejor destino o que se va a aguardar para abrir los paquetes. Así funciona un teatro donde Arenas es un viejo conocido. Casi podría decirse que él inventó el teatro en el caso del PP andaluz, como cuando una tarde de Corpus despachó la carrera municipal de Jaime Raynaud, uno de sus soldados más fieles y de mayor solvencia política y técnica, por medio de un teletipo que citaba fuentes del PP, esas fuentes anónimas a las que sigue siempre un comentario de cierto lector:

–Las cosas del Arenas…

Parece que quien las da una tarde cansina de Jueves de Corpus, las recibe una tarde de viernes con liturgia de luz baja de noviembre.

El gran hacedor de listas y equilibrios en tardes de café en el Alfonso XIII o en la barra de Antares, el gran maestro directo, o indirecto por efecto de la admiración generada, de todos y cada uno de los que hoy pululan por la sede del PP de Sevilla; el gran habilidoso al ganarse el favor de Ana Botella en los tiempos monclovitas, el árbitro de la sucesión del Tío del Bigote (Linimento Aznar), el padrino de tantos bautizos políticos y de tantas alternativas políticas de andaluces en Madrid, el mejor vendedor de influencias de Despeñaperros hacia abajo, reales o ficticias (“ayer, precisamente, cuando me llamó Mariano…”), el gran controlador de las listas de los concejales de los pueblos de Sevilla y de media Andalucía, el que se sabe los nombres de los conserjes de todas las sedes y sabe obsequiar afectos con apretones de mejilla, el brillante orador de mítines en poblaciones perdidas de la sierra y en esos totales de cazadora y veinte segundos de telediario dominical… Lo han dejado fuera de las listas de las elecciones más apasionantes quizás (por inciertas) desde la Transición. Es el gran ausente del 20-D en Andalucía.

Arenas se conforma, dice, con seguir como senador autonómico. ¡Pequeña presa para tan probado lince! ¿Quién compra hoy esa carne de membrillo en el Puente Genil del PP? La Cámara Alta es poca pista para tanto artista, máxime cuando el pujante Albert está dispuesto a dinamitarla para que deje de ser el cementerio de paquidermos, el burladero de políticos amenazados por el pitón de la justicia, el acudidero de portavoces de la oposición municipal necesitados de sueldos.

El PP sevillano estaba haciendo frívolas quinielas sobre si Tita Astolfi estará en puestos de salida al Congreso de los Diputados, lo que se asegura que sólo será posible si llegara una orden directa de Rajoy, cuando se encontró con que Arenas perdía la silla. Presume el partido de una renovación de los cabezas de lista superior al 60% en España. ¿Es renovación quitar a Montoro y poner a Zoido? ¿Acaso colocar a Cospedal de número uno por Toledo?

La segunda fase del intento de Moreno Bonilla por parecer que manda será en el congreso nacional de marzo, después de las elecciones. Los idus se presumen de interés. Si prospera su propuesta de establecer la prohibición de acumular cargos institucionales, ya esbozada en una de esas conferencias políticas donde todos sonríen y siempre se quedan completos los platillos de caramelos, estará obligando a Arenas a elegir entre el Senado o las Cinco Llagas, como estará forzando a Zoido a elegir entre ser diputado o portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento. En la práctica, los estará obligando a quedarse en Madrid. Como a otros políticos andaluces que hoy respiran aliviados por haber cogido plaza en el AVE de la lista electoral (“¿Café o infusiones?”). Si el PP vive una feliz Epifanía y logra formar gobierno, todos los pájaros comerán trigo, las bolas de ministerios, secretarías de Estado y direcciones generales estarán en el bombo, los sillones de las empresas públicas estarán disponibles, y tal vez el destino aguarde para el gran ausente el lugar de relumbrón, al menos en el protocolo del Estado, que hoy ocupa Pío García Escudero, siempre y cuando no vuelva a roncar el motor del avión donde viaja este viejo conocido de la vida pública andaluza. Pero las cábalas casan mal con una política en la que la renovación para no morir consiste –ironías del destino– en agarrar el acta que da oxígeno cada cuatro años. Arenas sólo la tiene hoy como número cuatro por Almería en el Parlamento Andaluz. Y su condición de senador autonómico está en manos del muchacho de Málaga que, según Rajoy, se empeñó en querer pilotar el partido en Andalucía. Moreno Bonilla fue útil entonces para prestar el servicio de orillar a Zoido y Sanz, que osaron limar el arenismo de la estructura regional. Pero el servicio ha salido respondón. O hace como que responde. Que en política lo importante es parecer, que el avión no pierda altura y poder contar que ayer me llamó Mariano. Sin Arenas ni Albendea en la lista, España se rompe. La culpa es de los viernes por la tarde. Culebreo, luego existo.
JAVIER MAROTO SE HA CASADO ESTA MAÑANA EN EL AYUNTAMIENTO DE VITORIA

¡Cómo cuida Javié a los de Almería!

Carlos Navarro Antolín | 18 de octubre de 2015 a las 5:00

arenas
Mientras el PSOE se dispersa con el fichaje de Irene Lozano, en el PP están pendientes del reparto de bollos, vienas y otros mendrugos. ¿Quién será el número uno por Sevilla? ¿Zoido? Depende de lo que haga Javié. ¿Quién será el número uno por Almería? ¿Hernando? Depende de lo que haga Javié. ¿Quién será el dos por Sevilla y por Almería? Depende de lo que haga Javié. Preguntar en el PP andaluz por las listas en ciertas circunscripciones es que como intentar sacarle conversación a la máquina de tabaco, que aunque la menees porque se ha quedado con un euro, siempre responde amable: “Su tabaco, gracias”. Pues eso: “Depende de lo que haga Javié”. ¿Y qué hace Javié? Volver a ganar la plaza de catedrático del Culebreo, volver a venderle a todos que Mariano lo acaba de llamar, impartir el Máster sobre cómo sobrevivir a todas las derrotas, relegar a Moreno Bonilla a la condición de pequeño saltamontes del centro-derecha andaluz, tener a todos con el corazón en vilo hasta la foto finish de la composición de la lista y, sobre todo, despedir la legislatura con los diputados y senadores por Almería. ¡Cómo cuida Javié a los de Almería por lo que pueda pasar! Ahí lo tienen días atrás de almuerzo, fraternal por supuesto, con Rosario Soto, Rafael Hernando, Luis Rogelio Rodríguez Comendador (con tirantes), Juan José Matarí, Eugenio González, Mar Agüero y Carmen Navaro. Este Javié siempre tiene un pie el atrio (macareno) y otro en el desierto almeriense; un pie en el AVE y otro en la A-92. Que si se queda de senador autonómico para ser presidente del Senado en la próxima legislatura, que si Moreno Bonilla dice que Javié no manda en Andalucía (risas en off) y a los tres días dice que es un político de prestigio, brillante y de trayectoria inigualable que irá en la lista que quiera (de lo cual no nos cabe duda), que si Javié está metiéndole el dedo en el ojo a Zoido haciéndole esperar más que el dentista de la Seguridad Social… Y resulta que Javié lo que estaba es compartiendo mesa, mantel y tinto con su gente de Almería. Almería es a Javié lo que Sevilla al Rey Sabio: nunca lo ha dejado. Y todo político es como un perrillo de ojos tiernos: siempre acude al sitio donde más caricias recibe en el lomo. Llena ahí, Luis Rogelio, y pide media de queso para acabar el tinto.

Dos alcaldes abofetean juntos

Carlos Navarro Antolín | 16 de septiembre de 2015 a las 5:00

Mercantil.
Los sujetos cambian, los roles permanecen. Los personajes permanecen, los actores cambian. En Sevilla siempre tiene que haber quien consigue hacerse fotografías con famosos de más allá de la Puerta Jerez e incluso del otro lado del océano. Todo el mundo recuerda a aquel bético junto a personajes de escaparate universal, incluido un Papa. Y todo el mundo (hispalense) se ha pasado horas este fin de semana largando de las placas que se ha hecho Luis Miguel Martín Rubio (Luismi para sus amigos y para la legión de envidiosos) en su periplo a Estados Unidos. Con Sara Jessica Parker, con Vargas Llosa, con el viudo de la Duquesa de Alba, con Cayetano Rivera Ordóñez… El personal está que trina con la nueva galería gráfica de quien ya se retrató con Bill Clinton en la Catedral de Sevilla. Es curioso: largan, pero no producen. En realidad son víctima de una triple celotipia. En primer lugar se mueren de envidia por no haber estado en Nueva York. En segundo lugar, por no haber accedido a esa fiesta anual de Porcelanosa. Y en tercer lugar, por no tener contacto directo y el desparpajo necesario para entablar conversación con esos personajes. No se ve a Gregorio Conejo, pero se ve a Luismi. Los roles permanecen.

Otro rol que ha cambiado de protagonista es el del alcalde andaluz del PP con ganas de darse paseos por Sevilla. Cuánto se echa de menos a Perico Rodríguez, que se pasaba el día en la A-49 dando barzones de Huelva a Sevilla y de Sevilla a Huelva. Rodri era más habitual de Antares que Paco Herrero. Con la coartada de ser diputado autonómico, Rodri era el verdadero vicealcalde que la Sevilla de Zoido nunca tuvo. Ay, la mayoría absoluta son los cielos que perdimos con tantísimas espadañas rotas.

-Siempre nos quedará Tomares.

La Ley de Grandes Ciudades dejó a Rodri fuera del Parlamento. Y las elecciones, sin Alcaldía. A Rodri lo ha sustituido de forma ejemplar el alcalde Málaga, don Francisco de la Torre, Paco para Espadas. Perdón, para sus amigos. De la Torre ya se ha visto con el alcalde (socialista) de Sevilla cuatro veces en menos de cien días. Una fue en la Feria de Málaga y en tres ocasiones se han visto en Sevilla, con el trabajito que le costaba venir a la Plaza Nueva cuando Zoido era el factótum del PP en el Sur de España. Pues ya ha venido al Ayuntamiento por la puerta grande, al Lope de Vega para el inicio de curso de la Loyola y al Círculo Mercantil de la calle Sierpes, donde inauguraron exposición sobre Herrera, el cardenal, no el comunicador. Son ganas de meter el dedo en el palomar, donde anida la oposición del PP municipal, desarmada de los 20 concejales. A este paso veremos a De la Torre metido en los verdes de Pineda que tanto le gustan a Zoido, invitado por el Nono García de Tejada para entregar un premio hípico, y lo veremos hasta presidiendo procesiones, que también le gustan una jartá a Zoido. ¡Al suelo que viene Paco de la Torre! El PP sevillano se lame las heridas de lo que pudo ser y no fue. Y Espadas venga a echarle petaladas al malagueño, del que dice en público que está “empeñado” en trabajar juntos, dejar de lado diferencias y el blablablá habitual de buenas intenciones con el que los dos alcaldes andaluces reparten bofetadas para Zoido, para un PP sevillano que aguarda la composición de las listas electorales con el objetivo de abrir por fin una nueva etapa, o permanecer con el barco encallado. Y las espadañas rotas.
Mercantil.

La utilidad de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 5 de julio de 2015 a las 5:00

08/05/2015: Explanada del Campo del Betis el vacino Lenin Castro hace
Estará en el puesto donde sea útil para Sevilla. Zoido ha trazado su propia hoja de ruta deliberadamente difusa, estratégicamente indeterminada e interesadamente opaca. Lo lleva haciendo varios meses. Envuelto en la bandera carmesí, ha dejado todas las puertas abiertas con una declaración vaga que tiene muy poco que ver con el Zoido de 2010, cuando con toda rotundidad dijo que si después de las elecciones de mayo de 2011 no era alcalde, dejaría la vida municipal. Lanzó la moneda sin ningún miedo y salió la cara de la Alcaldía. Vaya si salió. Ahora es distinto. ¿Quién, cómo y cuándo se decide la utilidad de Zoido para con Sevilla? La teoría de la utilidad del ex alcalde recuerda al cofrade de reconocido prestigio al que se le preguntaba cada año por pura cortesía en qué puesto de la cofradía quería salir. Y el cofrade, viejo en cuaresmas y zorro en política cofradiera, respondía como Zoido cuando le meten la alcachofa y no se atreve a decir que aguantará en el Ayuntamiento hasta 2019.

–Donde sea útil a la cofradía.

Y siempre le daban un puesto de relumbrón en el cortejo en reconocimiento a sus años de servicio. La junta de gobierno nunca tenía dudas sobre el concepto de utilidad que tenía aquel destacado cofrade. Pero cambiaron las juntas de gobierno, llegaron los jóvenes y un año le dieron una vara en un tramo perdido. Y ahí, en ese lugar donde no se otea el paso de Cristo, ni se oye la música del pasopalio, aquel hombre curtido en horas y oropeles se autodeclaró inútil para la cofradía. ¡Vaya por Dios! Para sentarse en una grada de sol, siempre había tiempo, debió pensar para sus adentros. Ya no era útil, qué desgracia. Ay, pena, penita mía…

Zoido está esperando un puesto, digamos las cosas claras porque el público no acepta milongas. Y el PP se lo dará, como se lo dio a Soledad Becerril en 2000, aunque la ex alcaldesa gozaba entonces de línea directa con Aznar, que logró ese año una mayoría absoluta trabajada después de cuatro años en minoría y posteriormente enterrada con la boda megalómana y pretenciosa de la hija en el Monasterio del Escorial. Zoido está a la espera de destino, como tantos otros dirigentes del PP, en la cola de Génova aguardando turno con el qué hay de lo mío con la de cosas que yo he hecho por este partido. La condición de líder de la oposición municipal es su única liana mientras se le hace hueco en la lista del Congreso de los Diputados o en la del Senado. Será Javier Arenas quien decida sobre la utilidad de Zoido, porque a Zoido sólo le cabe aguantar en el palomar, o salir de la Plaza Nueva para no volver. En todas las demás opciones, no es dueño de su destino. La teoría de la utilidad es la coartada, el argumentario para aguantar, la arquitectura teórica para sostener una situación a todas luces incómoda. Monteseirín aguantó en su día y no le dieron nada. Pero la alta cúpula del PP sí tiene claro que Zoido será repescado, para lo cual tendrá que reconciliarse con Arenas por la vía exprés. No se olvide que en política se tarda un minuto en formar una UTE cuando hay un interés o un enemigo común. Cospedal está a la baja, por lo que el puente para sortear a Arenas ha quedado dinamitado, más aún tras aquella nefasta aventura de la presidencia regional (“Estoy negro”, dijo Zoido entonces al comité ejecutivo). Los presidentes nacionales del PP pasan, pero en el corral de Andalucía sólo hay un gallo, que no está en Morón, sino cacareando en el AVE va y el Ave viene.

Arenas querrá ser número uno por Sevilla siempre que Hernando lo sea por Almería. Zoido tiene tres opciones: ir en esa lista a la Carrera de San Jerónimo junto a su antiguo amigo, aspirar a ser senador por Sevilla, entrando en un irónico conflicto con José Luis Sanz; o esperar a ser senador autonómico cuando Arenas deje libre una plaza. Fuera de estas combinaciones, siempre quedan puestos institucionales de menor rango en caso de que el PP revalide el gobierno de la nación. Pero tal vez para esos puestos Zoido ya no se sienta útil. Y entonces prefiera ver la cofradía desde los palcos.