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Beltrán clava la sombrilla

Carlos Navarro Antolín | 3 de diciembre de 2017 a las 5:00

Beltrán clava la sombrilla 2

EL portavoz del PP se reivindica. Beltrán Pérez está descaradamente en campaña. No se corta. Esta semana se ha retratado con un par de ministros en Sevilla (el de Justicia y la de Empleo), ha hecho de vocero oficial de Fomento al anunciar inversiones para la conexión ferroviaria entre Santa Justa y el aeropuerto, ha amagado con llevar a Juan Espadas a los tribunales si no entrega un informe sobre el arbolado (la judicialización de la vida política evoca los años más tronantes de Zoido en su etapa municipal) y ha logrado sacar adelante una moción para que los autobuses urbanos tengan wifi gratuito. Ha estado hábil para echar en el tapete un naipe contra el que no hay baraja que compita. El uso de las tecnologías entra en ese ramillete de temas sin aristas que el código políticamente correcto aprueba con notoria facilidad. Da igual que el wifi nos vuelva tontos en un autobús, nos prive de la conversación, de la lectura o de la contemplación del paisaje urbano. Nadie osará decir que el uso abusivo del teléfono móvil fomenta la cultura de la distracción. Contra el wifi no se puede ir en la sociedad actual. Y este Pérez, que tiene carnet de becerrista, le ha sacado una tanda de pases aseados al torito de su moción. Por unanimidad. Todo, absolutamente todo, está encaminado a clavar bien fuerte la sombrilla de su candidatura en la playa de un PP donde Arenas empuja a favor del objetivo, pero donde el ministro Zoido sigue mirando a Sevilla por el retrovisor del coche oficial del parque móvil de Interior. ¿Para qué si no se mete Zoido a valorar el acuerdo entre los hermanos mayores de la Madrugada? ¿A cuenta de qué desciende el ministro a un asunto local? Para hacerse presente en la vida de la ciudad por enésima vez. Huelva tiene su ministra, nuestra dilecta Fátima Báñez, que es llamada así por sus colaboradores en las redes sociales: “La ministra de Huelva”. Pero Zoido, en cambio, no se atreve a decir que es el ministro de Sevilla, aunque es palmario que no quiere olvidarse de Sevilla como destino político por mucho que comente en privado que su vida municipal está finita. Por eso Beltrán Pérez juega con toda la habilidad de la que es capaz desde su puesto de jefe de la oposición, con una evidente obsesión por fijar su posición como candidato. En las filas socialistas vaticinan de forma interesada que el correoso concejal del PP no será el candidato, que el centro-derecha sevillano apostará al final por un independiente si es preciso, por alguien que tenga más edad y una posición más consolidada en la sociedad civil. Claro que también propagaban en 2011 que el PP nunca sacaría mayoría absoluta en Sevilla y terminó obteniendo 20 concejales.

Por si acaso, Beltrán Pérez se codea con el rector, el arzobispo, las cofradías y toda la ristra de ministros sonrientes a los que es capaz de tener acceso con la ayuda de su padrino político, al mismo tiempo que presume sin complejos de su afición taurina o se retrata en círculos sociales de la ciudad de contrastada frivolidad. Combina la moqueta y los saraos. Ocupa todos los nichos que puede con prisas, con la premura propia del velocista que sabe que tiene pocos metros por delante y varios rivales (fuertes) en la carrera. Nunca olviden al senador José Luis Sanz, ex presidente provincial y alcalde de Tomares. Beltrán Pérez sabe que los tiempos tienen luces y sombras. Cuanto más tarde el PP en designar candidato, más se abrirá el debate sobre la idoneidad del hoy portavoz municipal y emergerán las dudas, pero también tendrá más días para elevar su grado de conocimiento en esas encuestas que el partido usará para imponerle la beca de alcaldable, o para mandarle a la papelera de reciclaje. Su gran ventaja es que está dentro del edificio, se encuentra ya en el interior del castillo que pretende controlar: el Ayuntamiento. Ha rebajado la tensión con la presidenta provincial tras haber tomado decisiones peliagudas que no fueron respaldadas por la jefa. A Virginia Pérez le dedicó públicamente su conferencia en el club Antares, una suerte de bálsamo en una ceremonia oficiosa de proclamación de candidatura con testigos de excepción: Javier Arenas (¡cómo no!) y el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz.

Beltrán Pérez hinca el palo de la sombrilla con toda la intensidad que puede, cava el hoyo para asegurarse la mayor profundidad, y se afana en la tarea con la ilusión de un dominguero que calcula los movimientos de la marea para garantizarse la misma ubicación durante toda la jornada. Pero que, en el fondo, sabe que la política genera olas impredecibles capaces de arrasar los castillos de la ilusión por muchas conchas y caracolas que hayan sido colocados como fortaleza, doblar los más fuertes palos de sombrillas y dejarte con el cubo y el rastrillo en las manos para lo que resta de domingo. La sombrilla clavada genera el derecho de conquista para este político que primero tiene que sortear los monstruos internos (el PP tiene una colección digna de la cafetería de la Guerra de las Galaxias) si quiere enfrentarse al segundo gran enemigo: un alcalde sin aristas al que su partido no le discute la ubicación de su sombrilla, porque la playa socialista, al menos la sevillana, está en calma y con la bandera verde al viento. Si Moreno Bonilla, líder regional del PP, pasa a la historia por algo en Sevilla será por su precisa definición de Juan Espadas: un político triangular. Conecta con todos los estamentos de la ciudad. Espadas goza del frescor efímero de una sombrilla bien clavada, pero sufrirá cada día más una doble oposición: la que ejerce Beltrán Pérez, con una experiencia de catorce años en el Ayuntamiento, y la del ministro de Interior, que prefiere el cortinaje, el ascua de luz de las arañas y los lienzos nobles del Salón Colón, antes que la contemplación del retrato del desgraciado Eduardo Dato que preside la sala de reuniones de su palacete del Paseo de la Castellana. Hay palacios que aburren. Cualquier sombrilla genera más sombra que un arbolito de la Avenida.

Operación Manijero

Carlos Navarro Antolín | 21 de abril de 2016 a las 5:00

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EL evangelio apócrifo de la derecha andaluza dice que donde se reúnan dos o más arenistas, allí estará Arenas entre ellos. Ocurrió el Miércoles de Feria en la caseta El Manijero, en una de las escasas calles del real que gozan de la sombra de los plataneros. En un partido donde no se mueve una brisa de rebeldía, donde el motor del tiovivo de los caballitos siempre lo maneja el mismo, donde nunca hay cambio de baraja sino meros cambios de estampas y donde cambian los collares sin que haya ladridos, resultó llamativo que un grupo de conocidos militantes de la formación se reunieran en ambiente festivo lanzando proclamas sobre el futuro, la únión y la ilusión a través de las vuvuzelas de las redes sociales.

Algo se mueve en el PP de Sevilla, pensamos algunos. Pero la fotografía es escrupulosamente fiel a la cita del evangelio apócrifo , que como tal no es de San Mateo, ni mucho menos de Mateo (Risqué), el jefe de prensa de Arenas. La fotografía está tomada en la caseta de Jaime Raynaud, un veterano del PP que hizo de anfitrión, que asumió las funciones del icono de prestigio y, nunca se olvide, que es un clásico del arenismo sevillano por mucho que Javié no haya estado alguna vez a la altura de su fidelidad.

Sigamos con la foto en la que no está Arenas en cuerpo, pero sí en alma. Está Felisa Panadero, subdelegada del Gobierno, íntima amiga de la hermana de Arenas. Están Patricia del Pozo y Macarena O´Neill, santas justas y rufina del arenismo. Del Pozo acompañó a Arenas a declarar ante el juez Ruz en la Audiencia Nacional a cuenta de la supuesta financiación irregular del PP. Raynaud, O´Neill, Del Pozo y Rafa Salas (que no está en la foto y que hoy ocupa sitio en la Cámara de Cuentas) son el cuarteto más fiel de Arenas de los últimos años en Sevilla. Del Ayuntamiento aparecen los ediles Evelia Rincón, embajadora de Arenas en el palomar, y Beltrán Pérez, único de los actuales concejales que puede aspirar a la portavocía del grupo político en condiciones normales, tan leal a Arenas como José Luis Martínez, alias Pepelu, al que Javié impuso en puesto de salida en la lista triunfante de 2011, y Rafael Belmonte, enlace de Virginia y Beltrán Pérez con diversos estamentos de la sociedad civil. Si Raynaud prestigia la foto, la camarlenga Virginia Pérez, coordinadora del PP de Sevilla, concede de facto la bendición del aparato, y el alcalde de Carmona, Julián Ávila, otorga el barniz de poder de la provincia. Horas después de la fotografía,el mismísimo delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, acudió a compartir la fiesta, como se aprecia en la segunda ilustración del miércoles.

La foto del jueves a mediodía fue una réplica de los que se quedaron fuera: el propio Zoido, el presidente provincial Juan Bueno, José Luis Sanz y Ricardo Tarno. Aunque la noche de ese jueves, Sanz y Beltrán Pérez –ya con menos público– compartieron velada junto al concejal Alberto Díaz… Juego de tronos, juego de casetas. Si alguien externo al actual grupo municipal tiene opciones de probar bocado fuerte en la capital por trayectoria, tradición orgánica y poder territorial (Tomares) es el senador Sanz, al que la Alcaldía de su municipio se le queda pequeña. La caballería tomareña relincha en el Aljarafe a la espera de bajar algún día (al trote, sin teleférico) hasta la capital cuando el zoidismo quede sellado.

Arenas no estaba pero se reunieron en su nombre. Arenas es el manijero. Como la caseta. Siempre a la sombra… del platanero.
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Sanz no pierde sus orígenes

Carlos Navarro Antolín | 29 de junio de 2012 a las 5:00

De Tomares (sin teleférico) al resto de Andalucía (con el volvo del partido). De Casa Esteban a los menús de las estaciones de servicio de la A-92. Sin perder la referencia, sin olvidar el origen. José Luis Sanz seguirá como alcalde. Su más que previsible ascenso a la secretaría general del PP andaluz dentro de dos semanas no le hará dejar el puesto que verdaderamente ha contribuido a consolidar su imagen como político, un cargo ganado y revalidado en el frente de las urnas y no por efecto del dedo de Arenas. Una alcaldía que le permite contar desde hace cinco años con una parcela de poder propia, desarrollar labores de gestión más allá de los despachos de una sede regional en la que durante mucho tiempo se corría el riesgo de quedar anestesiado por el cómodo sofá de la oposición. Tomares no se pierde. Los vecinos no entenderían de tejemanejes de partido. Castigarían una espantá. Y el PP podría poner en peligro una de las pocas plazas fuertes que tiene en la provincia, un ayuntamiento consolidado con una mayoría absoluta en 2011 tras un primer mandato apuntalado por un solitario edil del PA, una reválida que tendrá que hacer Zoido en la capital en 2015 si quiere pensar en nuevas empresas.
El PP cuenta para la gestión diaria de Tomares con 14 concejales de los que trece residen en el propio municipio. Sólo uno –Eloy Carmona– no vive en el pueblo. No debe haber problemas de intendencia para la compaginación de los cargos. Aunque la política no entiende de lógicas, si Zoido insiste en que puede seguir de alcalde de Sevilla, que tiene más de 700.000 habitantes, Sanz debe seguir al frente de Tomares, que tiene 22.000 habitantes.
También seguirá de senador. Muchos de los presidentes provinciales tienen escaño en la cámara alta, que se convertirá en un lugar idóneo para tratar asuntos del partido. Sanz sí dejará la presidencia del PP sevillano, al que ha llevado a convertirse en la segunda fuerza política en la provincia tras años sonrojantes en que era la tercera por detrás de Izquierda Unida, una posición que el PP sólo suele obtener en circunscripciones de Cataluña y el País Vasco. En su debe quedará no haber logrado la primera victoria del PP en Sevilla ni en las generales ni en las autonómicas, una plaza que sigue teñida de rojo en el actual mapa azul.
Claro que en el partido todo el mundo coloca estos días la apostilla de que Sanz se perfila como próximo secretario general siempre y cuando los equilibrios territoriales no lo impidan. El único recelo tiene el olor del rico espeto de sardina. De Málaga también vino la única crítica pública cuando Zoido también se perfilaba para la presidencia. Francisco de la Torre aludió a la acumulación de cargos del alcalde, respirando por la herida de la FEMP que el alcalde malagueño anhela para sí dejando ver sus ambiciones, cosa que algunos entienden como torpeza impropia de un político de largo recorrido. Aunque en Málaga también hay quienes prefieren al sevillano Sanz antes que a otros malagueños…
Sanz se hizo alcalde de Tomares prometiendo un teléferico para conectar el pueblo con la capital. Tras aquellas elecciones dijo una frase antológica: “Lo del teleférico iba en serio”. Yeso que este sevillano de centro, ex alumno de Portaceli y nazareno de ruán no suele gastar en alharacas, aunque sí destila comentarios con cargas de profundidad. Es de San Isidoro, como Zoido. Pero Sanz es mucho más antiguo en la nómina de la cofradía de la Costanilla. Y ha cultivado un trato fluido con el hoy alcalde de Sevilla, quien le ha dado su sitio como presidente del partido pasándole a consulta previamente algunos discursos claves. Los de Zoido y Sanz son caracteres tan distintos como complementarios, de perfiles que congenian. Dos productos de la Factoría Arenas. Dos alcaldes. Dos alumnos de colegios religiosos. Ninguno de los dos ha tenido especialmente buena relación con Antonio Sanz. Ya se sabe que no hay algo que una más que el enemigo común. Lo dicho: una misma cofradía.