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Mamarrachada en el Salvador

Carlos Navarro Antolín | 30 de abril de 2017 a las 5:00

SALVADOR

COMO champiñones aparecieron, justo antes de Semana Santa, cuando el cofraderío está despistado y el personal sólo busca pasos, pasos y más pasos, importándole poco si se está diciendo misa en el altar mayor, si se celebran los oficios, o si está la reserva del Santísimo, velote rojo encendido que demanda una genuflexión que cada vez se aprecia menos. Como champiñones florecidos de mala manera: cuatro palos con cadenas alrededor de la fuente del Patio de los Naranjos del Salvador. Los curas han cercado la fuente de mármol del siglo XVIII, una mamarrachada en toda regla de la que nadie sabe nada. Nadie dice nada. Silencio, se encadena. Aparecieron los cuatro palos como cuatro champiñones. Prohibido el paso, no se acerquen, se está catetizando un rincón bonito, con su encanto y todos sus valores catalogados. O eso dicen. Han afeado el patio de los naranjos como han hecho con el Salón Colón del Ayuntamiento, donde el gobierno de Espadas quitó los muebles de elegante caoba para poner mesas de pisos de estudiantes. ¿Estaba la caoba apolillada quizás? ¿Provocaba alguna alergia desconocida en algún munícipe? A gastar dinero, se dijo, y a orillar unos muebles de alta calidad.

Parece que no hay un canónigo en toda la diócesis que tenga buen gusto y asesore con cierto criterio en materia de patrimonio histórico. El Salvador depende del Cabildo Catedral desde que terminó la celebrada rehabilitación hace ahora diez años. El edificio se parece desde entonces más a un museo con hermandades –con tienda abierta hacia la plaza, cómo no– que a un templo propiamente dicho. Si se fijan en la última obra de reforma que se ha hecho en las dependencias de la Parroquia del Sagrario de la Catedral (sí, de la Catedral), el resultado es el de unas dependencias más propias de un Hotel NHde cuatro estrellas que de un templo barroco. Aquello tiene una estética blanca, de tanatorio nuevo y reluciente, que lo mismo vale para Albacete, Lugo o Almería. Todo funcional, por supuesto. Todo muy útil, muy limpio, muy de salón de celebraciones de postín a la salida del pueblo.

Quien desde luego no tiene la culpa de este nuevo despropósito es el arzobispo. Don Juan José es un amante del arte, del buen arte eclesiástico. Sólo hay que ver sus esfuerzos por enseñar la colección de cuadros del Palacio Arzobispal, por abrirla al público, por explicar las diferentes dependencias: el despacho oficial, los aposentos del nuncio, el comedor de gala, etcétera. Tiene claro que el arte tiene una función, hay que hacer pedagogía con el arte, aprovecharlo y, sobre todo, preservar el sentido para el que las obras fueron creadas. Nos consta que le dolieron los tablones de pladur que se colocaron en la sacristía de la Magdalena, como seguro que le escocerá esta estética de cadenas y palos más apropiada para reservar una plaza de aparcamiento en superficie del piso de la playa que de un bien de interés cultural donde se han gastado millones de euros de todos los contribuyentes. Don Juan José va a tener que promover unas clases de Historia del Arte para sus canónigos, al igual que se imparten clases de liturgia a los periodistas para que sepamos las partes de la misa, el sentido de la liturgia y no confundamos el ofertorio con la consagración, ni la oración de los fieles con el salmo responsorial.

En qué privilegiada cabeza cabe semejante mamarrachada. Ni el catálogo del IAPH, ni los planes de protección, ni la comisión de patrimonio que te crió. ¿No se enseña en los seminarios a cuidar el patrimonio histórico? ¿Ohan orillado el arte poco a poco –que no se mueva un varal– como han desterrado los latines?¿Tan difícil es encontrar un canónigo con cierto criterio, prudencia y tacto? La verdad es que se entienden muchas cosas si se ven las casullas de Ikea que se gastan algunos teniendo la vasta colección que posee el Cabildo. Dejen el Salvador como está, que ya está bastante frío y encorsetado, no lo hagan más inhóspito, más incómodo, más frío y más vulgarizado. Dejen de acotar espacios, que el Salvador va a parecer la versión adelantada de la próxima Semana Santa.

Zoido acaba con la subdelegada del Gobierno

Carlos Navarro Antolín | 27 de diciembre de 2016 a las 5:00

La delegada del Gobierno en Andalucía, Carmen Crespo, preside el acto de presentación de la nueva subdelegada del Gobierno en Sevilla, Felisa Panadero.
DEL bombo grande del sorteo de Navidad de la Lotería Nacional iban cayendo los números en un escenario donde se combinaban de mala forma la suntuosidad del Teatro Real de Madrid y el barniz hortera del público habitual de estas citas. También en la capital del reino, en los despachos del Ministerio del Interior, se ejercían todas las influencias posibles a esas horas para dejar huella en el nuevo organigrama de subdelegados del Gobierno, antiguamente denominados gobernadores civiles hasta que Aznar suprimió tal denominación y algunas condiciones para contentar a Cataluña. En simultáneo, en el Salón Colón del Ayuntamiento de Sevilla se celebraba el último Pleno del año. Mientras unos se distraían con el sonajero del cambio del mobiliario de una estancia en otros tiempos suntuosa y ahora degradada, algunos (muy pocos) estaban atentos al plato frío que se estaba preparando en las cocinas del PP. Toda una venganza. Estaba en juego el puesto de la subdelegada del Gobierno en Sevilla, Felisa Panadero, cuya gestión está marcada por el éxito, especialmente en el último año. Cantaban los niños de San Ildefonso y la subdelegada tenía a esas horas el puesto asegurado. Pero sólo en esos momentos. Interior apretaba desde Madrid para derribarla. Y la cúpula del partido, leal al ministro Zoido, empujaba desde Sevilla con el mismo objetivo de tumbar a Panadero: “Ha hecho mucho daño al partido, muchísimo”. Daba igual el éxito de seguridad de la Semana Santa de 2016, una fiesta en la que el gobierno de Zoido cometió una imperdonable bajada de guardia en 2015 con el agravante, además, de tratar de ocultar los graves sucesos ocurridos. Importaba poco que Panadero se haya entendido a la perfección con el gobierno socialista de Juan Espadas en operativos tan delicados como la salida extraordinaria del Gran Poder, las cientos de manifestaciones o la cabalgata del Orgullo Gay. “Ha hecho mucho daño al partido”, se insistía desde Sevilla. El aparato del PP hispalense, en el fondo, no le perdona a esta secretaria judicial que haya asistido a dos reuniones de los críticos con sus correspondientes fotografías: una el Miércoles de Feria y otra el 30 de mayo. Felisa debía caer por alinearse con Javier Arenas, debía ser cesada de manera ejemplarizante como serio aviso del futuro que puede esperar a los críticos del PP sevillano, amparados por Arenas, padre natural del centro derecho andaluz.

Los subdelegados del Gobierno dependen en la actualidad de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que para eso es también ministra para las Administraciones Territoriales. El Pleno, soporífero, continuaba en Sevilla. El secretario, Luis Enrique Flores, daba lectura a un nuevo punto del orden del día mientras en la calle todo era jarana y de fondo se oía una banda sonora de cantes de lengua gorda: “Un pasito palante, María, un, dos, tres, un pasito patrás”. Panadero cayó por la tarde . Las presiones de Zoido y sus chicos desde Sevilla surtieron efecto. Antonio Sanz, ahijado político de Arenas, sería respetado por ahora como delegado del Gobierno en Andalucía, pero Panadero debía ser relevada. Es el precio de la rebeldía. El precio de enfrentarse al aparato del partido. El precio, también, de ser amiga íntima de la hermana de Javier Arenas. Remover a Sanz hubiera sido tocarle un hijo político a Javié. Remover a Felisa es advertir a la parroquia del cambio de roles. Antes era Arenas el que influía para que Zoido fuera delegado del Gobierno en Castilla la Mancha, primero, y en Andalucía después. Hoy es al revés. Annuntio vobis.

Zoido jamás lo reconocerá. Hoy pondrá la sonrisa de rigor en la ceremonia de jura del nuevo subdelegado. Son días de pascua. Zoido metió la bola negra en el bombo grande y los subalternos la hicieron caer cuando del chico salió el nombre de Felisa Panadero. ¡Premio! Hasta el arzobispo Asenjo pidió que Felisa continuara en el cargo como premio a su eficacia, ¿verdad Juan Ignacio? Fue al término de la misa oficiada en la Catedral ante el Gran Poder. Nada menos que un prelado y en presencia del Señor de Sevilla se interesó por el futuro de una profesional leal. Zoido dijo que sí –¡Cómo no!– y anunció que no habría problemas. Hasta los socialistas Juan Espadas y Juan Carlos Cabrera defendieron su permanencia en el cargo por la colaboración eficaz y leal entre ambas partes. “La seguridad no tiene color político”. ¿Cuándo ha ocurrido que un gobierno de la ciudad, de color socialista, elogie a la Delegación y a la Subdelegación del Gobierno en manos del PP? En Sevilla lleva casi dos años ocurriendo en beneficio de los ciudadanos. Pero Panadero cae porque es de Arenas. Y porque ayudó a que la Semana Santa fuera un éxito, la Semana Santa que se le fue de las manos a Zoido cuando su gobierno sesteaba por enésima vez y aún no se había recuperado del paso por la primera taberna de los 20 concejales. Así es la política. Las caras de algunos concejales tanto del PSOE como del PP en la tarde del último Pleno eran literalmente un poema. Hablando de poemas, alguien escribió en su teléfono móvil que a Zoido habría que tomarle juramento como al rey Alfonso en los versos del Mío Cid: “En la Plaza de España, donde juran los subdelegados, allí toma juramento Arenas a su antiguo cortesano. Las juras eran tan recias que a Zoido ponen de espanto. Melva no pruebes jamás, ni de Calvo ni de Usisa, si no dices la verdad de lo que te es preguntado: si fuiste o consentiste en el cese de Felisa”.

Y a don Juan José ya se lo explicarán. Los siglos de la Iglesia todo lo resisten. Como el poema del Mío Cid.

Sonrisas y lágrimas

Carlos Navarro Antolín | 27 de noviembre de 2016 a las 5:00

sonrisasylagrimas
EL coche del ministro del Interior llegó esta semana hasta la sede de la Conferencia Episcopal Española en Madrid. Del vehículo se bajó el arzobispo de Sevilla. Zoido y el prelado hispalense se habían encontrado en Atocha. Se llevan muy bien desde que ambos coincidieron en Toledo: uno como delegado del Gobierno en Castilla la Mancha y el otro como obispo auxiliar. El ministro insistió en acercar a monseñor Asenjo, que viajó a la capital para participar en la asamblea plenaria de los obispos españoles bajo la presidencia extraordinaria de los reyes de España y la asistencia de Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno. El ministro estuvo el miércoles posterior en Sevilla, recibido a las puertas del Consulado de Portugal por José Pérez, consejero delegado de Ernst&Young, para presidir la entrega anual del premio que convoca la consultoría. Zoido se dio un baño de abrazos y cumplimenteos en un ambiente a favor de querencia. César llegó, vio y venció. Zoido vino, cenó y se marchó por la mañana con la corona de laureles de decenas de palmadas en la espalda y guiños públicos en los discursos. Sevilla, que en mayo de 2015 se convirtió en un tormento tras la pérdida de la Alcaldía, vuelve a tener para Zoido ese color que es como la tapa de lomo de Casa Ruperto: especiá. Ruperto, ese paraíso de los pájaros. Fritos.

Esta misma semana, el alcalde socialista Juan Espadas sufría de nuevo el frío de la mañana de San Clemente en la Catedral –lobera y pendón– y el de gobernar en minoría: le han tumbado la compra de la sede de la Junta en la Plaza Nueva y sus planes para los sesenta solares de la ciudad, donde pretendía obligar a construir en unos y permitir, en cambio, que los del conjunto histórico siguieran como están. Ningún grupo lo ha apoyado: ni los socios de investidura, ni los chicos del PPque ahora están capitaneados por Alberto Díaz.

Zoido viene a Sevilla como el madrileño que se baja del AVE la noche del alumbrao. Espadas sufre los efectos de la noria del Muelle de las Delicias en proceso de desmontaje, un fracaso más en las apuestas por reforzar la oferta turística. Zoido asiste a los pontificales de la Catedral y visita la Macarena. Espadas sufre otro pulso de la constructora del centro de recepción de visitantes junto al río. La empresa alega que no queda ya dinero para terminar la obra.

Sonrisas y lágrimas. La política sí que es una noria. Aquel líder de la oposición que vivaqueaba en el palomar aguardando la llamada del presidente Rajoy, es hoy el que regresa a Sevilla a cruzar una y otra vez bajo el Arco del Triunfo de los abrazos, besos y parabienes de una ciudad encantada de tenerle como ministro. Ni un español sin pan, ni un sevillano sin su foto con Zoido. Y Espadas sufriendo en el potro de tortura de la Alcaldía. Hasta tiene que arrear con el entierro de la segunda tienda de Ikea, la que Zoido iba a arreglar en 15 días. ¿Se acuerdan?. Si la Alcaldía fue un potro con 20 concejales, ¿verdad Juan Ignacio?, cómo no será para quien tiene sólo once y ha de entenderse con ediles que casi no llegan a la talla de delegados de la ESO.

El ascenso de Zoido al Ministerio del Interior, gracias a un dedazo –como no podía ser de otra forma– ha coincidido con la previsible cuesta arriba de un mandato que, en breve, comenzará a experimentar los efectos de curvas pronunciadas. Lo dijo Pepote: la alegría en fútbol puede durar hasta una semana, pero en política nunca más de un cuarto de hora. La política es una noria que un día se monta con comisiones a 60.000 euros y otro día se desmonta. Un día estás en un palomar, otro día con un séquito de policías nacionales de paisano y el tableteo de un helicóptero, banda sonora del poder. Nadie en Sevilla te recuerda que eres mortal. Aquí el único que mantendrá su condición hasta el final es don Juan José. Otros actúan como si los hubieran ordenado en lugar de designado. Efímero tableteo. Suba que yo le acerco. Y Espadas se quedó en Sevilla. Y Sevilla se quedó sin noria.

La muerte globalizada

Carlos Navarro Antolín | 21 de septiembre de 2015 a las 18:20

17/2/2001 tanatorio foto manuel gomez
El tanatorio es la muerte franquiciada. Un lugar desubicador, frío, funcional, carente de calidez, como esas cafeterías que son las mismas en Roma que en Bilbao, en Madrid que en Lisboa, en Sevilla que en Vitoria. El uso del tanatorio se impone, como también lo hace el de las cafeterías despersonalizadas a falta de negocios singulares. El tanatorio es como las listas de boda, un uso social impuesto que todos damos por bueno, una inercia contra la que no cabe rebeldía. El tanatorio es cómodo, operativo y perfecto para una sociedad que prima lo instantáneo frente a lo elaborado y lo material frente a lo romántico. Por ponerle sólo un pero, al tanatorio de la SE-30 sólo le falta una parada de taxi. Se llega bien en taxi, pero es difícil salir en otro. Tal vez el problema de verdad sea cuando se llega al tanatorio, pero no se vuelve. O entonces ya ni eso sea un problema. A este mismo tanatorio comienzan a sobrarle cuadros de hermandades para no parecer Casa Ricardo. Las cofradías compiten en donar el cuadro más grande y con el marco dorado más recargado. Y ni así consiguen darle un punto de ternura a un lugar anónimo.

El Arzobispado de Sevilla quiere revitalizar las parroquias al disponer que los funerales de cuerpo presente se celebren en los templos. Menos tanatorio y más parroquia. Menos liturgia de Ikea y más calor parroquial. La ciudad sin cafeterías singulares tiene decenas de parroquias que no se utilizan para despedir a los seres queridos, porque el tanatorio es la vía exprés, el camino rápido y despersonalizado, el todo incluido de la muerte, la pulserita que da derecho a un sinfín de prestaciones sin que usted tenga que preguntar por nada. La muerte es el negocio que nunca quiebra. El filón está garantizado. Sevilla fue de las últimas grandes capitales en tener tanatorio. En quince años ha tenido dos, con el correspondiente despoblamiento de las parroquias en los adioses a sus feligreses.
Los párrocos y sus gélidos sacristanes tendrán que ser también más receptivos para que se logre el empeño del Arzobispado por recuperar la parroquia como lugar para las exequias. Los curas y sus empleados tendrán que dar facilidades, ser flexibles en la organización de los funerales, contribuir de verdad al acercamiento a la parroquia. No pocas veces hay trabas para hacer cursillos matrimoniales, inscribir a un niño en catequesis o pedir una simple fe bautismal.

Las funerarias tendrán que contar con más personal si la demanda de traslados a las parroquias crece con esta nueva medida. En los tanatorios sólo se podrán rezar responsos. Todo indica que a más de uno y de dos lo pasaportarán al paraíso con el mero responso de tanatorio. Y eso tiene el sabor de un café de franquicia, la frialdad tasadora de un regalo de lista de boda. El tiempo dirá si la medida devuelve la actividad a las parroquias. O si es demasiado tarde, pues ya pocos valoran la creatividad y el tiempo invertido en el obsequio que se busca con interés y afecto para aquel al que verdaderamente se conoce, como parece que no se aprecia el funeral celebrado ante las imágenes a las que se acompañó cada Semana Santa (no ante cuadros), o en la parroquia a la que se sirvió en vida (no en salones multiusos). El tanatorio es la globalización de la muerte, el todo a cien.

Un adefesio en la Magdalena

Carlos Navarro Antolín | 23 de enero de 2015 a las 5:00

SEVILLA,22/01/2015.
HAY iglesias donde es difícil encontrar a Dios como hay templos restaurados por la Junta donde al párroco dan ganas de pedirle una habitación doble por el tufo que echa el edificio a hotel minimalista y funcional de la cadena NH. Hay iglesias frías y bunkerizadas, como hay iglesias eclécticas que mezclan el barroco con el estilo posconciliar de paint-ball, cartulina, tijera y pegamento. Y hay iglesias que no tienen ninguna culpa de que el párroco se meta donde no le llaman. La lista de mamarrachás de la ciudad sigue creciendo, que no sólo se cometen desmanes en el caserío civil o en el puente de San Bernardo, que no quiero verlo, que no quiero verlo desde que le han colocado al edificio de los Bomberos esa plancha metálica propia de la trasera de una caseta de Feria.

Incluyan una nueva mamarrachá, mamarrachá modalidad urbi et orbi, en la Parroquia de la Magdalena de Sevilla, templo catalogadísimo como Bien de Interés Cultural, monumento cuya riqueza histórico-artística no se limita a las zonas de culto sobradamente conocidas, sino a la soberbia sacristía con arquitectura, escultura y pinturas fechadas entre el XVII y el XVIII, que hay sacristías que valen tanto o más que los propios templos, como ocurre en la Catedral de Sevilla, con la Sacristía Mayor y la Sacristía de los Cálices; en el antiguo Hospital de los Venerables, en el templo del Salvador, antes parroquia y ahora museo con la portada principal reconvertida en tienda abierta todo el día; en el Monasterio de Guadalupe (Cáceres) o en San Juan de Letrán (Roma).

Hay sacristías a las que se entra con timidez a pedir una misa por un difunto, como hay sacristías a las que casi se puede ir con el sobre de la Agencia Tributaria para que te hagan la renta. ¿O no han convertido la preciosa sacristía de la Magdalena en una oficina panelada del Ministerio de Hacienda? Horror en el ultramarinos, pavor en la sacristía. ¿Qué criatura ha tenido el tacto de meter el pladur entre las pinturas murales del XVIII, las esculturas del XVII, las yeserías de Herrera el Viejo y la Virgen del Rosario pintada por Pacheco?

Hay parroquianos de la Magdalena al borde del telele. Dicen que se trata de habilitar un despacho para el vicario parroquial, nombrado el pasado junio. Hay coadjutores con derecho a sucesión, como hay coadjutores con derecho a despacho. Qué barbaridad, debe ser que el índice de natalidad en la collación se ha disparado tanto que hacen falta dos curas en la Magdalena para administrar los sacramentos en horas y a deshoras. Y, además, el vicario parroquial necesita un despacho como si fuera el subdirector de un Ministerio o un viceconsejero recién llegado al Word Trade Center. ¿Pero no estaba la diócesis carente de vocaciones y faltita de sacerdotes en las grandes áreas de población? ¿Por qué los concentramos en el centro histórico y les ponemos un despacho de pladur atentando contra la estética centenaria de unas de las sacristías preciosas de la ciudad?

En ocasiones se ponen verdaderas joyas artísticas en manos de curas insensibles. Mucha comisión diocesana de patrimonio, pero nadie ha detenido aún este despropósito, esta aberración de la que la Junta de Andalucía no tenía constancia hasta ayer mismo, cuando anunció una inspección urgente para levantar acta de la reforma que se está practicando sin conocimiento previo ni aprobación del organismo que tutela la conservación de los bienes catalogados.

Se adulteran los espacios, se destrozan las perspectivas, se falta el respeto a la configuración original de una arquitectura, se ocultan o eclipsan obras de arte. La sacristía de la Magdalena queda colmatada como una covacha, apretada como un piso de playa en agosto, convertida en un adefesio sin que nadie detenga la mamarrachada. A ver si don Juan José Asenjo, experto en cuestiones artísticas, pone orden en la Magdalena antes de que lo haga la Junta. Que no todo consiste en que los curas vistan de curas, sino en que los curas no se carguen el patrimonio de centurias para colocarse despachos como si fueran concejalillos de playa venidos arriba. Ah, en su defensa dicen que el pladur irá revestido de madera. ¡Qué detalle, óptica Rodríguez del Valle! Bienaventurados los que dan trabajo a las carpinterías…

Y evocar ahora los nombres de algunos señores párrocos que han dirigido este templo… Alguno de ellos también vicarios generales que sabían escoger las capas pluviales sin el cateteo imperante de hoy. Está visto que en los seminarios no es que no se enseñe Latín, es que no se forma el buen gusto. Yestos tíos son los que luego se reúnen para sacar unas sesudísimas normas que impiden organizar un concierto en una iglesia porque “el programa de piezas escogidas no es de contenido estrictamente sacro y supone una falta de respeto a un lugar para la oración, un mensaje equívoco para los fieles, un contenido cultural que no ayuda al espíritu de recogimiento de un templo”. Lo que ayuda tela son las sacristías-despacho, los habitáculos panelados, el pladur del XXI sobre el arte del XVII. ¡Tequiyá con el tinglado comercial montado en la mismísima portada del Salvador! ¡Tequiyá con la mamarrachá de la Magdalena! Pero qué bonito me lucen todos el clériman. Qué bien van.
SEVILLA,22/01/2015.

Rebelión en la Costanilla y la ‘doctrina Fley’

Carlos Navarro Antolín | 21 de febrero de 2014 a las 5:00

pancarta contra ek Botellón en San Isidoro
Los vecinos del entorno de la Parroquia de San Isidoro están hasta las trancas. Pero no del párroco, no piensen malamente que se les ve venir, que don Geraldino es hombre de la Casa Asenjo hasta los tuétanos y ha recuperado la meditación que antaño hacía de pórtico a los cultos del Cautivo de San Ildefonso, donde don Geraldino también manda, pues sus tentáculos son largos, no saben ustedes lo larguísimos que dicen los feligreses que son… Estos vecinos están en modalidad de vecinos indignados por mucho que han quitado las farolas-ducha por unas farolas sacadas de la salmantina Casa Lys. Y estos vecinos no son precisamente anti-sistemas, de rastas, pañuelo en la cara y barricada. Son más bien vecinos de ruán, de precepto, de escritos de denuncia ante la administración (in)competente, de pedir reuniones con Amidea Navarro, la delegada del Distrito Casco Antiguo que quitó de su despacho al Ché Guevara y puso al Señor de Pasión; de perder una mañana en la ventanilla de la Gerencia de Urbanismo para repasar el número de licencias de veladores en la Alfalfa, que es una ZAS, que algunos no interpretan como Zona Acústicamente Saturada, sino como esa marca de margarina que dispara el colesterol como se multiplican los veladores sin licencia en el milagro del pan y los peces de la Iglesia Zoidiana. Dice uno de estos peligrosísimos vecinos de intifada y que tiene interiorizado que el PP es un partido al servicio del capital que se vale de las fuerzas opresoras del Estado: “Tras examinar lo que hay en Urbanismo sobre los veladores de toda la zona de la Alfalfa, hay casos verdaderamente escandalosos”.
Y estos vecinos, a los que el alcalde conoce personalmente en muchos casos por compartir devociones cofradieras y hasta hábito en la estación de penitencia, tienen el defecto –terrible defecto– de tener hasta curriculum: ¡Qué desfachatez! Están hartos de los ruidos nocturnos de los fines de semana y hastiados de la botellona que no sólo puebla la Alfalfa cuando la Policía Local limpia el Salvador, sino la Cuesta del Rosario, la Pescadería y la mismísima Costanilla, cuyas escaleras de acceso al templo huelen a pizza hasta las doce y a destilados de marca blanca a deshoras.
La Alfalfa no es el Gamonal hispalense, tampoco es Bellavista levantada en protesta por el simple cambio de un rótulo del callejero, pero a Zoido le han crecido las pancartas en territorio amigo. Fíjense en la literalidad de la denuncia:“Lo que no deja de causarnos asombro es la absoluta pasividad del Ayuntamiento tanto para actuar de oficio como a instancia de las numerosas quejas y denuncias presentadas. Esta pasividad municipal es la que nos lleva a la acción”. Silencio, se rueda.
pancarta contra ek Botellón en San Isidoro
Gobernar es pisar callos y estar en permanente actitud de priorizar unos objetivos respecto a otros, enfundarse el traje de bombero cotidiano para apagar el fuego de cada mañana. No ha calmado Zoido las llamas de Bellavista, con la ayuda de la pusilanimidad palaciega, cuando se le revoluciona la Costanilla al mismo tiempo que en su gobierno se evidencia una división de criterios (¿O algo más?)entre dos pesos pesados a cuenta de la ITE. Resulta cuando menos llamativo que el reverendo Vílchez, delegado de Urbanismo, sea quien ponga el dedo en la llaga para acabar con un privilegio que no se entiende por mucho que se presenten sesudos informes que exoneran a los edificios municipales de pasar la inspeccióncomo cualquier hijo de vecino. Hemos acabado con los reservados de los restaurantes, pero no con ciertos privilegios de difícil digestión. El mismo Ayuntamiento que reclama con toda razón a la Junta de Andalucía (no diga Junta, diga PSOE) un total de 8,5 millones de euros en impuestos impagados, practica la política de Juan Palomo para librarse de apoquinar la ITE de sus 400 edificios, una ITE regulada por ordenanza municipal, no se olvide. La Hacienda local, implacable con la ley en la mano en el cobro de multas y en la imposición de recargos e intereses, no quiere dar ejemplo y se niega a cumplir con el engorroso trámite de pasar la inspección de sus sedes, alegando que tiene su propio servicio de protección de edificios. Tomen nota los bancos, las compañías de seguros y las grandes industrias que tienen un equipo de mantenimiento con señores de batas azules, cajas de herramienta y lápiz en la oreja: se pueden librar de pasar la ITE de acuerdo con la Doctrina Fley, ahora que tanto se habla de otras doctrinas. La dama de hierro del gobierno local, que gozaba del perfil más serio y respetable del ejecutivo, parece que tiene ya alguna fisura, aunque para algunos ya se agrietó al subirle el sueldo a su principal colaboradora por el hecho de asumir más funciones en una España en la que –con suerte– se trabaja más que en 2007 y se cobra menos que en 2013. Aunque sólo fuera por una mera cuestión de imagen, la Hacienda local podría haber dado ejemplo cumpliendo su propia ordenanza. Resulta pobre recurrir a un argumento de carril, basado en que el PSOE e IU tampoco sometían los edificios municipales a la ITE. Y en la propia estrategia de defensa está la trampa: la igualación con un estilo de gobierno que –se supone– había que sustituir por el de la luz y los taquígrafos. Se ve que la luz está muy cara y conviene ahorrar. Y los vecinos de la Alfalfa deben ser de ultraizquierda.

Los motores del poder

Carlos Navarro Antolín | 9 de enero de 2014 a las 5:00

coches1
El éxito de un acto en Sevilla se mide por el número de gente que se queda fuera y por el número de coches oficiales aparcados en la puerta. Estas dos varas de medir nunca fallan. Si el Pregón de Semana Santa fuera en la Catedral en lugar del teatro se acababa el morbo del Pregón. Por eso el cofraderío de baranda y palco prefiere seguir yendo al teatro la mañana de tostada y del posterior tostonazo. El morbo siempre se escribe en latín: numerus clausus. Alguien tiene que arañarse para que otros puedan presumir. Cuanta más gente culebree en busca de una invitación, mayor cuota de éxito. El éxito del bar de José Yebra, entre otras causas, era que sólo tenía 24 vasos duralex, lo que obligaba al personal a esperar en segunda y tercera fila. Incluso a marcharse y vuelva usted más tarde. No hay nada menos morboso que la democratización de una convocatoria. Para triunfar hay que amputar. Y un acto que se precie tiene que tener mucho coche oficial reluciente en la puerta y mucho tío con pinganillo.
El desayuno informativo de Susana Díaz convocado ayer en la Fundación Cajasol fue un éxito rotundo. Pero no porque le haya tendido la mano a Zoido para futuros acuerdos de concertación social, que eso a Zoido (el pato cojo de la presidencia del PP andaluz, dicho en clave norteamericana) debe sonarle ya a lo que dijimos que hacía la monja cuando le restaba poco tiempo de convento. El éxito estaba simbolizado en los veinticuatro coches oficiales aparcados en la mismísima Plaza de San Francisco con sus correspondientes cuadrillas de conductores y tíos del pinganillo. Aparcados con una naturalidad pasmosa, con la misma naturalidad que el tío que todos sabemos coloca cuantos veladores considera oportuno cuando lo estima oportuno. Ya lo dijo el tango: con veladores o sin veladores, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley. Ya se sabe que la Plaza de San Francisco, a la vera de la fachada plateresca del Ayuntamiento, es una zona de aparcamiento que los sevillanos usan a diario por las que hilan.
La verdad es que tal como está el PSOE en la actualidad, sin rascar poder territorial en España, no hay ningún otro de sus dirigentes que pueda presumir de tener a la puerta veinticuatro coches oficiales de consejeros y alcaldes de la provincia. Ni el mismo Rubalcaba, que cada día tiene más cara de portar un farol de mano en la Mortaja, ni por supuesto el único socialista que más allá de Andalucía preside un consejo de gobierno regional, que es el compañero asturiano conocido en su casa a esa hora tan popular del mediodía. Veinticuatro coches oficiales como veinticuatro caballeros que, según se dice, entraron en Sevilla acompañando a San Fernando en el culmen de la Reconquista. Y aparcados todos en la zona noble de la ciudad, en plena Plaza de San Francisco, donde no aparcan coches desde los tiempos de postales del colorín sesentero en que los alcaldes se elegían en el Aeroclub. Y como la derecha sigue llorando su particular cuaresma, recordada como el Waterloo de Arenas, el gobierno de Zoido mandó a los policías locales a multar a ese parque móvil oficial, donde fundamentalmente, por cierto, había marcas de alta gama como Audis y Mercedes. Pero ningún cuatro latas, porque el Papa Francisco no estaba, pese a que este Papa seguro que hubiera desayunado encantado con la presidenta que se pasa siete horas (sin Mario) de tertulia con monseñor Asenjo.
–¿Y no había ningún Clio?
–Clio es la musa de la Historia. Y la historia nunca se repite, siempre es la misma… En Andalucía.
Algunos conductores se marcharon buscando posada donde aparcar junto al Hotel Colón. Otros se quedaron en el sitio, aguantando la mirada del morlaco de la multa segura. La Junta debe al Ayuntamiento de Sevilla 14.000 euros por infracciones de tráfico, una minucia si se compara con los mastodónticos presupuestos de la Administración Autonómica, una vergüenza si se tienen en cuenta cuántas sanciones de tráfico hay que tener impagadas para deber 14.000 euros del ala. Lo importante es que el baranderío socialista llegó, desayunó, cumplió con La que Manda y se marchó en sus coches. Los hubo que se quedaron fuera. Y ninguno de los asistentes aprovechó el tranvía de Monteseirín. Ni la bicicleta de Torrijos. De los camellos de Zoido pegando mordiscos en la Alameda a los coches oficiales del susanismo imperante. Se trata de enseñar músculo. Y echarle jorobas.
Los Municipales multan a los coches oficiales mal aparcados en la Plaza San Francisco

La diócesis tiene a su Karanka

Carlos Navarro Antolín | 23 de julio de 2013 a las 18:33


El cardenal Amigo nunca quiso tener obispos auxiliares pese a que la diócesis sevillana estaba acostumbrada a la figura de estos prelados asistentes del titular. La grey le cogió cariño a alguno de ellos de tal forma que hasta hubo uno, monseñor Cirarda, que fue pregonero de la Semana Santa. Monseñor Amigo prefirió un esquema de delegación de poder basado en vicarías territoriales. Y así estuvo 28 años. No había un número dos de la diócesis, dicho sea en la terminología de los aparatos políticos. El cardenal, además, estaba omnipresente en la agenda de actos de la ciudad, difundiendo una imagen de hiperactividad y ausencia de fatiga que ríanse ustedes de la voracidad de fotos del hoy alcalde. Don Carlos presidía el mismo día una ceremonia de confirmación de cientos de jóvenes en la Parroquia del Cerro, asistía después a una celebración privada a mediodía y al humo de las velas cogía el coche para presidir una misa en Écija. Todo un cardenal vitaminado. Monseñor Asenjo tardó muy poco en nombrar a un obispo auxiliar, el simpatiquísimo Santiago Gómez Sierra, que rápidamente se ha convertido en el Karanka del Arzobispado, como el entrenador madridista que salía del burladero para dar las ruedas de prensa cuando Mouriño no quería darle la cara al toro. Gómez Sierra se traga todos los actos a los que el titular de la diócesis no puede o considera que no es conveniente ir para evitar una sobreexposición. Cuestión de criterio. La misma noche del domingo, cuando el Arzobispado informó oficialmente del fallecimiento de Francisco Navarro, el comunicado anunciaba que el funeral de hoy martes sería presidido por Gómez Sierra. Monseñor Asenjo se reserva para la misa del lunes próximo en la Parroquia de los Remedios, donde Navarro ha ejercido de párroco en los últimos años. Al final, el cardenal Amigo vino a Sevilla a presidir el funeral de cuerpo presente de quien ha sido una figura destacada en la transformación de una diócesis como la de Sevilla a lo largo de los últimos 30 años. Era lógica la presencia de don Carlos en la despedida de quien fue uno de sus grandes colaboradores. A Gómez Sierra le ha tocado hacer de Karanka y disculpar públicamente la ausencia del titular de la diócesis, que según el Arzobispado atiende estos días unos compromisos adquiridos en su tierra natal. A esta ciudad le pirra sentir muy próximos a dos figuras claves en la vida cotidiana de la urbe como son el alcalde y el arzobispo, como si quisiera revivir la importancia histórica del cabildo municipal y el eclesiástico. Tal vez por eso el cardenal y el hoy alcalde han terminado triunfando, por estar a pie de calle un día sí y el otro también. Hay que estar el 6 de enero con el Gran Poder en el Día de la Epifanía aunque sea un día para vivirlo en familia, hay que estar en la novena de la Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla y su Archidiócesis, aunque sean días oficiales de asueto; hay que estar en el funeral de quien hizo posible que la Iglesia de Sevilla tuviera en la Catedral una gran fuente de ingresos con la que se restauran templos y se edifican otros nuevos en los barrios emergentes de la ciudad. El ministerio pastoral, como el periodismo, requiere de estar en la calle.

Del aprobado de Galadí al zurriagazo de Rus

Carlos Navarro Antolín | 26 de septiembre de 2012 a las 21:59


Quienes siguen la actualidad compartirán la apreciación de que el presidente de la patronal sevillana, Miguel Rus, no es ningún provocador ni se caracteriza por endurecer el mensaje para que sus titulares ganen cuerpo. No es precisamente como ese impagable número dos de la patronal española que se ha especializado en asistir a todo tipo de debates, incluidos algunos de los que consumen más casquería que análisis del Ibex 35. Rus pegó ayer un aldabonazo que dejó al gobierno camino del otorrino, dio mucho más que un tirón de orejas a una gestión que aún no ha cumplido ni año y medio y sólo indultó la cabeza del turismo del titiriteo municipal. Un repaso que tuvo que impresionar a la mismísima oposición. (Por cierto, ¿sabe usted por dónde anda Juan Espadas?) Por la cara que puso el alcalde cuando se le preguntó por semejante lectura de cartilla, Zoido no se esperaba una nueva descarga de fuego amigo. En menos de una semana le ha caído lluvia ácida desde Gaesco y desde la CES, que no son los Astilleros ni proceden de la Corrala Utopía. La expectación por Zoido era elevadísima y el contexto socioeconómico es cada vez más zaino. Tan negro que la clase política no tiene apenas margen de error. Y a Zoido, que es político, se le perdona aún menos por lo aplastante que fue su victoria y el gran eco que logró dar a todas sus promesas. En política se opera con tarjeta Visa: las alegrías se pagan a partir del mes siguiente. Lo peor de todo es que semejantes descargas de trueno en la Plaza Nueva pueden obligar a gobernar con prisas, de forma aventurada y buscando el titular favorable con más nerviosera de la que ya de por sí caracteriza la mentalidad cortoplacista de cualquier ejecutivo. Es muy lógico que se le empiecen a exigir los primeros resultados a este gobierno, pero no deja de llamar la atención que los golpes más duros procedan del empresariado. Y eso que los comienzos fueron esperanzadores, porque Antonio Galadí, siendo aún presidente de la patronal sevillana en septiembre de 2011, concedió un “aprobado alto” al arranque del gobierno de Zoido en una comparecencia que tuvo lugar en el mismo club Antares donde Miguel Rus representó ayer una suerte de retirada de embajadores. De septiembre a septiembre. Rajoy sufre a Mas. Zoido padece a Rus. La maldición del monosílado cae sobre el PP. En el partido de la gaviota ya están temiendo que les pregunten por la gestión del Ayuntamiento a la Real Maestranza o al arzobispo Asenjo…

La Navidad de Zoido, del ‘mapping’ del Ayuntamiento al ‘luminaring’ de la Giralda

Carlos Navarro Antolín | 20 de diciembre de 2011 a las 19:37

A esta Navidad como Dios manda de Zoido le falta tan sólo un remate en condiciones. Y está previsto. La tarde del 5 de enero, nada menos que la Giralda quedará teñida de azul inmaculado desde las seis y media hasta la medianoche. Del mapping de la fachada renacentista del Ayuntamiento al luminaring de la Giralda, sin ministriles pero con despliegue de cañones de luz para que el alminar almohade luzca estética novelera durante cuatro horas y por sus cuatro caras. Esta suerte de luminarias en época de crisis, a base de luz y sin fuegos de artificio, resultan una iniciativa original y revive la tradición de ligar la principal torre de la ciudad con los grandes acontecimientos. El horario es de prime time en las calles del centro. La cabalgata, la novelería de la ciudad y el gratis total del espectáculo son una combinación perfecta. Ciertos asesores se saben bien el truco. Los dos mil euritos que cuesta iluminar la Giralda los apoquinan los comerciantes de la asociación Al Centro. Así que este Zoido recuerda al negrito de la playa que hartito de patearse la orilla te acaba colocando el reloj con el bueno, bonito y barato. Por cierto, la autoridad eclesiástica sugirió como propietaria de la torre el uso del color blanco en los cañones de luz por ser el de la Epifanía, pero el Ayuntamiento ha logrado convencer al Cabildo Catedral de que el tono albo no tendría el efecto deseado sobre la torre. Visto que este alcalde tiene tanta ascendencia sobre los señores de la Catedral y se lleva de dulce con monseñor Asenjo, conviene que una vez pasadas las pascuas sea el propio Ayuntamiento el que inste a reabrir el Patio de los Naranjos como la plaza de uso público que fue para la ciudad. Para entonces sí que habría que organizar un luminaring.