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Moreno Bonilla, a tumba abierta

Carlos Navarro Antolín | 17 de octubre de 2017 a las 5:00

El presidente del PP-A

UNA arenga en toda regla con críticas incluidas a la dirección nacional. El líder regional del PP acudió al Ayuntamiento para pedirle a los concejales del Grupo Popular que eleven el tono de sus denuncias políticas para erosionar al socialista Juan Espadas, que destapen con su trabajo a un alcalde que juega a ser amable con todos los públicos y, además, que sean pacientes para contar con un candidato oficial a la Alcaldía. Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) se ve obligado a aplazar hasta principios de 2018 la designación del cabeza de lista a las próximas municipales. La designación como tal del portavoz Beltrán Pérez se hace de rogar, como era previsible según la liturgia del PP de las últimas décadas. Moreno Bonilla no se ahorró críticas al calendario impuesto por Génova con respecto a la elección de alcaldables: “Esto no tiene sentido”. Se confesó en cierta manera ante los doce concejales de la capital en una reunión a puerta cerrada en la que también participaron el secretario general del PP de Sevilla, Juan de la Rosa, la incombustible Patricia del Pozo (donde ella esté, está Arenas) e incluso el flamante senador autonómico, “el amigo Toni”, en alusión a Antonio Martín Iglesias, hombre de confianza de Moreno Bonilla en el PP sevillano.

El líder regional se mostró muy preocupado con la lentitud del calendario de designación de candidatos. Habló del grupo político de Huelva como un “grupo machacado”, no ocultó que en Málaga puede haber un fracaso si no se elige pronto a un buen candidato: “Nos podemos meter una hostia”. Y en Granada dijo que “el melón está abierto”. Moreno Bonilla se expresó a tumba abierta en un acto que al Grupo Popular que pilota Beltrán Pérez le sirvió para dar –de nuevo– la imagen aperturista hacia todas las estructuras y cargos del partido.

El presidente regional tomó la palabra durante algo más de un cuarto de hora. “Agradezco la hospitalidad que siempre me dispensáis, la he sentido siempre en estos tres años y varios meses ya que llevo en Sevilla”. Y rápidamente fijó el contexto político, siguiendo las técnicas de oratoria de Arenas: “Estamos ya en situación electoral. Los acontecimientos que se están produciendo nos llevan a un tiempo electoral en Cataluña e incluso a nivel nacional, lo que condiciona a su vez todos los escenarios. Las elecciones municipales serán el último domingo de mayo. Y las autonómicas, en teoría, el último domingo de marzo, lo que implica que sólo habrá ocho semanas de diferencia. Si se descuenta la Semana Santa y la Feria son sólo seis. Si nos va mal en las autonómicas nos irá mal en las municipales por cuestión de dinámicas ascendentes y descendentes”. Abundó en la importancia de las autonómicas, donde él mismo se juega su futuro político, consciente de que será su segunda y última oportunidad para el asalto de San Telmo: “La sociología electoral nos habla de dinámicas caprichosas, nos dice que si son ascendentes te suben y entramos en una dinámica de optimismo, pero si no lo son… Vamos a tener con las autonómicas una primera vuelta, que será clave para generar una dinámica ascendente. Las autonómicas nos la tenemos que tomar como algo muy nuestro, porque de ellas va a depender la probabilidad real de gobernar Sevilla”.

Se hizo una pregunta: “¿Tenemos posibilidades reales de gobernar Sevilla? Evidentemente que sí. Tenemos posibilidades reales. Y no lo digo yo, sino la demoscopia sociológica. Tenemos posibilidades. Sevilla no es Andalucía, donde ganamos una vez y no pudimos gobernar desgraciadamente. En Sevilla hemos gobernado con Soledad Becerril y con la mayoría histórica de Juan Ignacio Zoido. Aquí hay mucha gente que ya ha cogido una vez la papeleta del PP y, como la ha cogido, son susceptibles de que la cojan otra vez. Es verdad que Juan Espadas es un hombre moderado, una persona agradable, el típico hombre que se esfuerza por agradar a todos. A mi me ve y desde la otra punta me dice: ‘Presidente, ¿cómo estás?’. Juega a eso. A ser centrado, moderado, agradable y sin aristas porque juega a ser triangular. Tiene una estrategia clarísima de triangulación electoral. Va formando mayorías en función de las necesidades y del momento, pero es que además es un tío que ya de por sí tiene la marca PSOE, que le da apoyos importantes, y después va cogiendo de Ciudadanos, de nosotros, de las abstenciones… y va haciendo sus mayorías. Esto le ha funcionando en la primera etapa de la legislatura, pero en la segunda no le está funcionando”.

Moreno Bonilla reivindicó su experiencia directa como vecino de Sevilla a la hora de palpar la realidad social: “Yo vivo aquí desde hace más de tres años, salgo por aquí, salgo a cenar por aquí, como por aquí, viene gente y te dice cosas. Y noto ya una frustración y cierta decepción en sectores próximos al socialismo y al alcalde, en sectores económicos e intelectuales”. Y pasó a la crítica directa al alcalde: “Sevilla no tiene proyecto de ciudad. Ya hay quien lo dice claramente. Se están perdiendo años. Incluso se habla de decadencia del gobierno. Y si bajas dos peldaños, hay barrios y distritos que no están arropados. Espadas, el hombre, es muy amable, pero la gente se pregunta en qué le ha beneficiado. ¿Qué ventajas me aporta este señor? La gente se ha dado cuenta de cómo ha quedado desnudado el personaje. El personaje venía nuevo, por así decirlo, pero ya le va a ir mal. Tenéis que pasar a una actitud de mayor confrontación, y de mayor coordinación con el grupo parlamentario y del propio PP autonómico. En Sevilla tenemos que volcarnos todos. Hay que hacer un esfuerzo brutal y titánico. Sevilla es un símbolo, Sevilla es prioritaria. Yo no puedo plantearme un gobierno con Ciudadanos si aquí no ocurren una serie de cosas. La primera es que ganemos en la capital, evidentemente. Y tenemos que ganar en el Aljarafe y mantener el tipo en localidades como Dos Hermanas y Alcalá de Guadaíra. Sevilla es fundamental. Sin Sevilla no podemos hacer nada, el peso de la capital es evidente. En Sevilla nos jugamos el tipo. Vamos a organizar un calendario de actividades muy potente”.

Repartió estopa a la Junta: “La primera víctima de la política miope y centralista de la Junta es Sevilla. La primera. No hay ciudad más castigada, quitemos esa palabra, digamos orillada, que Sevilla. Si la Junta provincializara los datos de los presupuestos, una de las grandes damnificadas se vería que es Sevilla. Tenéis que coger este discurso con fuerza y garra”.
Fue crítico con Génova en cuanto al calendario de designación de candidatos, sabedor de que en Sevilla aprieta fuerte Beltrán Pérez (impulsado por Arenas): “Soy partidario de cerrar cuanto antes los candidatos a las capitales. Lo reconozco. No me parece sensato ni razonable que tengamos melones abiertos en las ocho capitales de provincia. Sabéis que donde tenemos responsabilidades, en municipios de menos de 20.000 habitantes, estamos cerrando candidaturas. Hay paradojas absurdas, como que pueda cerrar el candidato de Jerez pero no el de Cádiz. La decisión sobre las capitales se comparte con la dirección nacional, que entiendo que tiene capitales complejas por cerrar como Madrid y Valencia… Que tengáis clara mi posición, esto no debe retrasarse más allá de enero. Desgraciadamente mi posición choca con la de la dirección nacional. Todo lo de Cataluña nos ha perjudicado. Se había hecho un plan de acción municipal muy bueno, donde Javier estaba trabajando muchísimo, pero todo esto de Cataluña nos está perjudicando mucho”. Y abordó el asunto en el contexto andaluz, donde dejó algunas perlas y hasta una referencia a su fracaso electoral: “Mi sensación es que esto se retrasa y no tiene ningún sentido. No lo digo por Sevilla solamente. En Huelva tenemos un grupo machacado. Pienso también en Granada, donde tenemos posibilidades reales de volver a gobernar, una ciudad conservadora donde tenemos el melón abierto. Pienso en la propia Málaga donde hay una circunstancia ahí, que qué hacemos o no hacemos… que al final nos puede llevar a que nos metamos una hostia. Al final, coño, cuanto antes tengamos a la gente trabajando con certidumbre, mucho mejor”. Al valorar la influencia del desafío separatista catalán en la vida del partido, estuvo muy claro: “Si sale bien, el PP saldrá reforzado como marca. Si esto sale mal, al PP como marca lo cogen por los tobillos y nos tiran para abajo. Yo lo he vivido en 2015 y te hace perder muchas posibilidades. Yo confío en el presidente, las cosas las está haciendo con equilibrio y mesura. Las cosas pueden salir bien. Todos estamos bajo el paraguas de la marca”.
Admitió que los candidatos, incluido el de Sevilla, no estarán designado antes de Navidad: “En las designaciones que tengamos responsabilidad compartida, opinaremos. Esperemos a que se atienda el sentido común. Es verdad que si nosotros nos negamos a algo, es difícil que la dirección nacional nos obligue a lo contrario. Buscaremos la mejor opción. Yo puedo tener un amigo íntimo o un primo hermano, pero si no saca los resultados, no nos vale. Se buscarán los mejores candidatos posibles, y eso se hará con fórmulas tradicionales, como las encuestas nuestras y las que haga la dirección nacional, y también habrá opiniones políticas, porque a lo mejor un buen candidato te puede desunir un grupo. Queremos cerrarlo lo antes posible, a principios de 2018, pero no depende de nosotros. Y lo haremos de forma inteligente, ecuánime y pensando en el interés general”.

A los doce concejales del Grupo Popular les puso una tarea muy específica: “Seguid en la línea de hacerle pupa a Espadas. De Espadas digo que es el decimocuarto consejero de la Junta. Se comporta más cono un consejero que un alcalde. Creo que el camino que estáis recorriendo lo estáis haciendo muy bien. Hay un grupo municipal con enorme calidad política y experiencia. Estoy convencido, yo apostaría por cosas importantes, a que vamos a gobernar Sevilla. Es verdad que con un pacto con Ciudadanos. Con un concejal más podemos gobernar. No es difícil gobernar en Sevilla. Ciudadanos no va a bajar. Mucha gente nuestra estaba cabreada con Rajoy, con los impuestos, que si dijo… los rollos. Pero podemos volver a rescatar esos apoyos, podemos conseguirlo, lo tenemos al alcance de la mano. Tenemos que decidir el candidato a alcalde lo antes posible. Yo no lo demoraría mucho más. Este grupo se está comportando de manera responsable y sensata. Y el portavoz está teniendo mucha mano izquierda”.

La realidad y el deseo

Carlos Navarro Antolín | 15 de octubre de 2017 a las 5:00

mateos gago

HAY una Sevilla real y otra soñada, una que sudamos a diario por calles que traicionan la trama urbana de la judería y otra que le venden a los incautos turistas en sus tierras de origen para convencerlos de que vengan a vernos en agosto. Y el caso es llegan ya casi en la misma cantidad que vienen en la temporada alta de las fiestas de primavera. Hay turistas como para completar el aforo del agosto sevillano. Y lo completan. Hay una Sevilla oficial de rictus serio que de vez en cuando ventea el humo de proyectos imposibles y una real de todos los días, a la que se quiere como al hijo feo, se tapa como al hijo travieso y se castiga como al hijo que se quiere. Hay una Sevilla sin alumbrado público en Torneo cuando se regresa de un concierto en el Auditorio Rocío Jurado de la Cartuja (Qué no daría yo por… encender la luz) con alto riesgo de darse de bruces contra el suelo al tropezar con alguna de las decenas de losetas levantadas para que el gracioso de guardia proclame: “¡Árbitro, penalti!”. Han pasado 25 años ya de la clausura de la Exposición Universal y el paseo de Torneo, cinturón urbano de la Cartuja, evoca el paisaje de una ciudad bombardeada. El adjetivo habitable, con el que se les llena la boca a los políticos, suena grosero al recorrer su firme hecho trizas.

El bueno de Juan Carlos Cabrera, delegado de Tráfico, ha presentado esta semana la reurbanización de la calle Mateos Gago, nos ha enseñado una recreación virtual que recuerda al que te quiere endiñar un piso en una venta sobre plano. Te enseña un dibujito con la piscina –inevitable piscina social–, las pistas de pádel donde usted jugará uno o dos domingos con el chandal que le servirá para marcar ese vientre curvo modelo Seiscientos, el salón de juegos de mesa donde dos ancianos ven pasar la vida bañados por la luz que entra por un ventanal, y un parque infantil donde tres mocosos sonríen en un tobogán. El tío, para apretarte los riñones, asegura que sólo le quedan ya dos pisos: uno con cocina con ventana al exterior y otro con cocina interior.

Pues Cabrera nos aprieta prometiéndonos una calle Mateos Gago paradisíaca, de diseño, dibujada como de otro tiempo, tal que parece que sólo falta Bueno Monreal de paseo calle abajo camino del Palacio Arzobispal. ¿Veladores? Muy pocos y colocados entre frondosos naranjos para que usted no encuentre obstáculos. ¿Camareros? Nos han pintado alguno con camisa blanca, limpia y plucra, nada que ver con el negro imperante que disimula los lamparones. Dos niños juegan por una calzada libre (tan libre como Lopera predicaba de su Betis) mientras otro juega por la calle nada menos que en patinete, con el campo abierto de una acera limpia, llana, sin tíos en pantalón corto cenando a las siete de la tarde, sin camareros mal pagados hartos de dar barzones, sin el hombre de la carretilla transportando las cajas de agua mineral, sin la madre con el carro maniobrando para pasar por donde resulta imposible. Cabrera nos vende el piso, lo hace con una sonrisa luminosa en la cara, nos lo está colando sobre plano. ¡Vamos que si nos lo está vendiendo!, que le estamos dando la señal, pidiendo la vez en la notaría y preparando la primera cuchipanda para presumir de nuevas estancias ante los íntimos. A Cabrera le ha faltado ponerle un eslogan a esta particular venta sobre plano, con melodía relajante de la que ponen antes de que salga el AVE. “Mateos Gago, la reurbanización que usted y su familia merecen”. “Mateos Gago, donde sus hijos podrán crecer felices”. O aún más agresivo: “Mateos Gago, el lujo del que usted no puede privar a su familia”.

El Ayuntamiento nos promete el oro en Mateos Gago, la ciudad soñada, la joya de la corona de los proyectos de semipeatonalizaciones habitables, que no son peatonalizaciones ni son nada. En esta estampa con colores de primera comunión del nacional-catolicismo que nos regala Cabrera no hay ni un taxi en la parada, no se ve ningún camión de carga y descarga, ni siquiera un cofrade desocupado. Ocurre como cuando el gran Alvarito Peregil echa la cuenta en su Goleta, de Mateos Gago naturalmente, que no vemos ni un papel ni un lápiz. Yse lo consentimos. Para eso Peregil se equivoca siempre… a favor del cliente.

 

Reportaje sobre las malas condiciones del a zona del Paseo de Juan Ca

El gurú del palomar

Carlos Navarro Antolín | 8 de octubre de 2017 a las 5:00

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EL voto está decidido antes de las campañas electorales. La gran mayoría del electorado no decide su opción durante esos quince cansinos días. Por eso conviene vivir en una campaña permanente, no confiar nada al período legal de petición de voto. Se trata de una de las principales tesis del nuevo gurú del palomar, como son conocidas las dependencias de la planta alta del Ayuntamiento donde tienen sus despachos los doce ediles del PP. El líder municipal Beltrán Pérez, que se alzó con la portavocía del grupo mayoritario del Ayuntamiento tras conquistar el poder orgánico con Virginia Pérez como cabeza de cartel, ya tiene su propio Panoramix. Beltrán Pérez rehusa en todo momento presentarse como candidato a la Alcaldía en 2019, pero no hay que ser ningún fino analista para –primero– apreciar sus movimientos como tal y –segundo– evaluar que lo tiene casi a todo a favor para serlo, salvo que se produzca un volantazo dado desde Madrid para colocar a otro candidato que ofrezca mejores garantías en las encuestas. En cualquier caso, los sondeos internos deben estar ahora mismo paralizados, pues toda la actualidad está condicionada por el desafío separatista catalán. Los partidos saben que de poco sirve ahora mismo preguntar al electorado en clave local. Cualquier opinión está fuertemente influida por los hechos que copan los informativos y tertulias.

El nuevo asesor estrella del Grupo Popular en el Ayuntamiento se llama Rafael Laza y es de Álava. Un vasco debe ser el autor de la poción mágica que debe llevar al correoso concejal Pérez a la cúspide de la candidatura a la Alcaldía, un consultor con pedigrí en el PP y con despacho en la sede nacional de la calle Génova, ya que ejerce de jefe de gabinete de Javier Maroto, el ex alcalde Vitoria (ciudad preciosa donde las haya, pero llévense el abrigo). Maroto es vicesecretario general de Acción Sectorial del PP, con muy buena relación con Javier Arenas, padrino político de Beltrán Pérez. Maroto y Arenas salen todos los lunes en los maitines junto a Rajoy y Cospedal. Laza es quien ha estado siempre junto al conocido dirigente vasco, incluso en la brillante etapa de Maroto como alcalde de Álava.

Laza se presenta como consultor español especializado en planificación estratégica, “campaña permanente y diseño de campañas municipales”. En 2012 fue distinguido con el premio Victory Adwards al consultor político revelación en España e Iberoamérica. Ha sido coordinador del comité de consultores y asesores de la Asociación de Comunicación Política de España. Y, por supuesto, ha desempeñado varios cargos en el PP siempre vinculados al dirigente vasco. Laza es de los que defienden planes de lanzamiento de políticos basados en la Estrategia 4×4, para obtener “un liderazgo de 360 grados”.

El vasco Lazo está contratado por pocos meses. Ya ha visitado el Ayuntamiento de Sevilla para conocer in situ los terrenos por donde se mueve el líder del PP municipal. Cuenta con poco menos de 4.700 seguidores en la red social Twitter, en la que su mensaje más destacado en clave de comunicación política dice así: “Olvida tu nariz. Para conocer al electorado utiliza métodos científicos: encuestas, focus groups, entrevistas, observación…”

Laza concede mucha importancia a los cien primeros días de gestión del político: “La primera impresión es la que cuenta. ¿Cómo nos perciben?”. El siguiente hito lo fija en la mitad del mandato: “Ya nos conocen. ¿Con qué imagen? ¡Ojo! Hay que construir el voto mayoritario y las estrategias a llevar a cabo”. El tercero es la precampaña: “¿Cuándo arranca? ¿Qué comunicamos? ¿Con qué estrategias?”. Y el último, obviamente, es la campaña electoral, en la que insta a analizar “el cuándo, cómo, dónde, por qué y para qué” de los objetivos.

Laza hace ya las funciones de asesor externo. Incluso se le atribuye algún logro en las guerras que los partidos emprenden en las redes sociales para erosionar a sus rivales. Estará ejerciendo al menos hasta Navidad. La estrategia más intensa sólo empezará cuando se confirme que Beltrán Pérez es el candidato. Ese papel provocará necesariamente otras decisiones, siempre en el contexto de un partido que aún sufre la fractura interna en la que ha vivido un año, pero que, eso sí, ha demostrado disciplina de voto en el último congreso de distritos, pues Virginia Pérez controla el cien por cien.

Beltrán Pérez no es el primer político del PP andaluz que contrata a un gurú. Juan Manuel Moreno Bonilla se hizo en sus inicios en la sede regional del partido con los servicios del politólogo catalán Antonio Gutiérrez-Rubí, el mismo que diseñó la imagen del socialista Alfredo Pérez Rubalcaba y que está considerado uno de los mejores expertos de la comunicación en España. Gutiérrez-Rubí es precisamente ahora una de las voces más críticas con la gestión del gobierno de Rajoy en la crisis catalana. Entre sus perlas de los últimos días destacan dos: “Rajoy pretende secuestrar la propia idea de España” y “El gran patrocinador del independentismo en Cataluña se llama Mariano Rajoy”. Los meses de colaboración del gurú catalán con Juan Manuel Moreno, por fortuna para el malagueño, no fueron muchos.

El precio de vivir la calle

Carlos Navarro Antolín | 3 de septiembre de 2017 a las 5:00

CALLE ASUNCION

Cuánto más se manifiesta la idiosincrasia de una ciudad en la calle, más difícil es blindar los espacios públicos y más complejo resulta hacerlo en las horas de máxima concentración de personas. El Ayuntamiento ha fortificado las principales calles de la ciudad en tiempo récord: macetones, vallas, mayor presencia policial, agentes del cuerpo local con chalecos antibalas… Y al mismo tiempo ha culminado la actualización del informe sobre la proliferación de acontecimientos públicos, un estudio que demuestra que las convocatorias multitudinarias se han disparado un 300% desde 2004 y, sobre todo, no dejan de aumentar en los últimos tres años. El trabajo de seguimiento incluye el recién terminado agosto. Sevilla vive la calle a tope. Con intensidad. La ciudad estaba mirando con preocupación la próxima Semana Santa, sobre todo la Madrugada, cuando los atentados de Barcelona han forzado a las autoridades a trabajar de forma inmediata con una visión global. El problema no está sólo en la Madrugada, ni siquiera solamente en las grandes fiestas. El problema se extiende ahora a todo el año y de forma muy especial a los fines de semana. El calendario de actos públicos con elevada participación ciudadana es difícilmente abarcable por los cuerpos y fuerzas de seguridad. La misma ciudad acoge en este inicio de curso, por ejemplo, un concierto de Hombres G, una coronación canónica, una feria taurina, partidos de fútbol internacionales… A la degradación de la convivencia urbana –creciente en los últimos años, y que en el caso de Sevilla ha cristalizado en la popular noche del Viernes Santo– se ha sumado la psicosis de la amenaza yihadista, una sensación de miedo que vertebra ahora las grandes urbes. El miedo es un estado de ánimo colectivo potenciado por sucesos de los que se ha sido testigo directo o por los medios de comunicación: cuando ocurrió el fuego de Doñana estaban muy recientes las imágenes del fuego en Portugal, cuando el público corría en la Madrugada tenía frescas las imágenes del camión de Niza. La ciudad de Sevilla ha vivido también episodios de tristeza colectiva, como tras los asesinatos de Alberto Jiménez Becerril y su mujer (1998) y el repentino fallecimiento del futbolista Antonio Puerta (2007).

Las autoridades, conscientes de que la seguridad es una percepción subjetiva, tratan de frenar la sensación de pánico con una estratégica exhibición de los agentes en lugares de alto tránsito peatonal. Basta un paseo por la Avenida de la Constitución para sentir que vivimos en una continua víspera de la boda de la infanta Elena (marzo de 1995), pero sin gallardetes ni iluminaciones especiales de estilo Camelot.

El pánico es una cerilla encendida en un pajar, un persianazo que es confundido con un camión enloquecido irrumpiendo en una vía urbana, un grito adolescente que inicia una algarada, una situación de perenne vulnerabilidad con la que grandes ciudades han de convivir y que han de superar a base de una suerte de educación colectiva que exige serenidad y tiempo. El miedo nos iguala, nos convierte en ciudadanos en continua guardia, en sociedades que sufren una situación de jaque permanente, en vecinos precavidos que sin motivo racional aparente evitan una calle, sortean una avenida o rechazan el acceso a unos grandes almacenes.

El macetón –icono de la seguridad del tiempo que nos ha tocado vivir– impide la irrupción de vehículos con terroristas al volante en zonas de elevada afluencia de público y el acceso directo en coche a edificios de alto valor histórico-artístico: la Catedral, el Alcázar, el Archivo de Indias. Pero los puntos sensibles de una ciudad como Sevilla no se limitan al centro histórico. Ni son fijos. Hay un sinfín de aglomeraciones itinerantes (procesiones, vía-crucis, traslados, manifestaciones, cabalgatas) y de espectáculos de alto riesgo (conciertos, partidos de fútbol, incluidos los internacionales) que en su mayoría se concentran en los días de la semana con menor número de agentes disponibles, como se refleja en el estudio. El aumento de acontecimientos masivos no se ha registrado progresivamente todos los días de la semana en los últimos tres años, sino de forma especial y pronunciada los sábados (un 14,%%) y los domingos (un 24,5%).

El Ayuntamiento insiste desde hace meses en que necesita convocar nuevas plazas de agentes de la Policía Local: entre 200 y 300 más. El cuerpo envejece, sufre las contingencias propias de cualquier colectivo y se asegura reiterdamente que no da para más. El gobierno exige que el Estado levante las restricciones impuestas en los años de crisis. Aquí aparece inevitablmente la política. O se permite la convocatoria de oposiciones, o se da el visto bueno para que la Intervención General apruebe el pago de más horas extras. Las administraciones locales se quejan de estar asfixiadas por la tasa de reposición cero. Aprovechan la actual coyuntura para apretar al ministro Montoro. En este nuevo estudio del Ayuntamiento de Sevilla, en el apartado de las conclusiones, se advierte que ya ha habido que rechazar numerosos eventos al no disponer de agentes de la Policía Local, se ha puesto en práctica un protocolo de ahorro y se ha intensificado el cobro de tasas. Aun así, el estudio concluye que el ahorro no se percibe porque las convocatorias de eventos se han disparado en los últimos años. Como curiosidad, cuando se registra un leve descenso de las procesiones se aprecia un aumento de las cruces de mayo. El estudio revela que se han reducido los actos de carácter reivindicativos (de 540 a 477). En los últimos tres años sí han aumentado los eventos calificados de cultos, romerías, traslados y vía crucis. También lo han hecho los culturales (de 423 a 634) y los deportivos (de 100 a 118).

El gobierno local clama para que el Estado le permita gastar dinero en una macroconvocatoria de plazas para la Policía Local. El discurso político asegura que el dinero está en el banco pero el Ayuntamiento está atado por las medidas de contención que entraron en vigor con la crisis. La ciudad hace cada vez más uso de la calle, los datos revelan que vive con intensidad de puertas hacia afuera. La autoridad que rechaza convocatorias por falta de agentes es la misma que promueve una Feria de formato largo para que la fiesta alcance dos fines de semana en lugar de uno. Otras voces no discuten que hacen falta más agentes, pero apuntan a la necesidad de cambiar el esquema de trabajo de los agentes, de arbitrar turnos específicos para los fines de semana o de repercutir el cobro de los servicios especiales a las entidades convocantes.

La seguridad tiene un precio económico y un coste social que se traduce en incomodidades y restricciones. Los macetones por el momento han salido gratis para las arcas municipales y no han causado un efecto antiestético en los edificios próximos. El siguiente paso será la adquisición de videocámaras, lo que conllevará nuevas negociaciones con el interventor, y continuar con la reivindicación política de más plazas policiales. Los atentados de Cataluña son la coartada perfecta, el cheque en blanco para los cambios sin necesidad de debates previos. Mientras dura la sensación de miedo, nadie alza la voz contra un macetón. Sevilla ha perdido la cultura de la bulla en el peor momento, ha dejado de confiar en sí misma cuando más fácilmente cunde el miedo. Y en los años en que precisamente sus actos multitudinarios han aumentado un 300%: de 2004 a 2017.

eventos masivos

Un portavoz ante el espejo

Carlos Navarro Antolín | 23 de julio de 2017 a las 5:00

Beltrán sentado

CONSCIENTES del tiempo que se ha llevado sangrando la herida de la división interna, el PP de Sevilla se apresura en pintar la fachada, adecentar la casa y mesarse los cabellos para poner su mejor cara ante el votante. Los populares se dan prisa para alcanzar agosto con los primeros deberes hechos. El líder supremo, Javier Arenas, ha desembarco nada menos que en el Ayuntamiento para reforzar la posición del jefe de la oposición, Beltrán Pérez. Arenas no pisaba la Casa Consistorial desde la toma de posesión como alcalde de Juan Ignacio Zoido, allá por el verano de 2011. A la sesión estaban convocados todos los cargos electos de Sevilla, en presencia, por supuesto, de la presidenta provincial, Virginia Pérez. Arenas, a puerta cerrada, les pidió a todos que trasladen la voz del grupo municipal a los despachos de la Administración del Estado. Y Virginia, siempre con la aguja y el dedal para coser los jirones internos tras un año de zozobra, hizo alusión a que la familia estaba al completo pese a las heridas aún por cicatrizar: “Como veis, existen mesas lo suficientemente grandes para que podamos caber todos”. Claro, lo dijo porque en la sala había miembros destacados del bando oficialista que perdió el control del partido, algunos tan importantes como José Luis Sanz, alcalde de Tomares y senador, jaleado y proclamado el jueves en las redes sociales como “referente del municipalismo del PP”, y también estaban Alberto Díaz, hoy portavoz adjunto del grupo municipal, y los ex presidentes provinciales Ricardo Tarno, diputado nacional, y Juan Bueno, diputado autonómico. La verdad es que acudieron todos los citados salvo la concejal Lola de Pablo-Blanco y la diputada nacional Silvia Heredia, en ambos casos por razones justificadas.

Beltrán Pérez, llamado a ser el candidato en 2019 con todo el apoyo de Arenas y Virginia, tal como se pudo evidenciar el viernes, ha trazado la hoja de ruta de los próximos meses en un documento al que ha tenido acceso este periódico. Lo llamativo del guión es que el PP de Sevilla se dispone a la recuperación del voto de los electores “tradicionales de la Derecha”, escrito así: con mayúsculas. El PP es consciente de que debe remontar el auge de Ciudadanos y contrarrestar el efecto de Espadas en los sectores conservadores de la ciudad. El actual alcalde no provoca rechazo en Los Remedios, ni en el Centro, ni en Triana, ni mucho menos en Nervión, distritos tradicionalmente azules. Espadas es un socialdemócrata sin aristas de los que tanto gusta en Sevilla. Tampoco acumula mandatos como Monteseirín, por lo que aún no ha cometido irregularidades que puedan generarle escándalos mediáticos, ni tan siquiera preside un Ayuntamiento con sueldos altos. Por todo esto, Beltrán Pérez tiene que sacar su perfil más político, reinventarse como concejal correoso de la oposición. No le vale hoy su estilo de éxito anterior a 2011, cuando fue uno de los arietes más fuertes contra el cuartel de Monteseirín. Basta recordar aquella rueda de prensa en la que hizo sonar un cencerro para llamar la atención del entonces alcalde socialista. Hoy no hay facturas de comilonas, ningún cargo electo cobra por encima de los 60.000, todavía no hay primos colocados y los viajes (pocos) han dejado de ser noticia.

Beltrán Pérez se mira estos días al espejo a la búsqueda, quizás, de un nuevo perfil, de un nuevo estilo que lo diferencie a las claras de la imagen de un alcalde que le ha comido terreno al PP por los terrenos de esa derecha sociológica tan amplia en una ciudad como Sevilla. El viernes, entre los suyos y sin cámaras, pronunció un discurso de alcalde, en el que llamó a los cargos hispalenses del PP a trabajar para que Sevilla ejerza una “calidad competitiva” como capital de Andalucía y que sea una urbe que lidere el área metropolitana. En el documento insta a huir de “los liderazgos personales”, a mantener “agilidad y comunicación” con otros grupos municipales de la oposición y a que los doce concejales del PP tengan la convicción de que forman “el mejor grupo del Ayuntamiento”, entre otros detalles de funcionamiento interno. El mismo guión insta a los concejales a “tener vida propia, capacidades propias y agenda propia”. Pero la principal idea es la de la necesidad de “convencer” al votante de derecha. Tal vez por eso Arenas citó a los suyos en el Salón Santo Tomás: para que sus cachorros rebeldes (el bando oficialista) metieran el dedo en la llaga del costado del que ha sido designado como candidato ‘in pectore’ a la Alcaldía de Sevilla en 2019. Beltrán es el elegido por Arenas. De eso no hay duda. En política, un cuarto de hora es mucho tiempo. Arenas representa la eternidad, capaz de pegar un regate en una baldosa, de estar brujuleando por Génova y aparecer en pleno julio en el Ayuntamiento del que fue concejal hasta 1989. Su éxito es que se reinventa. Beltrán Pérez tiene que pasar del cencerro al perfil institucional sin descuidar el aguijón político. Y, al mismo tiempo, mirarse en el espejo y reconocerse.

La soledad rentable

Carlos Navarro Antolín | 18 de junio de 2017 a las 5:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el consejero delegado de Emasesa, Jaime Palop, presentan iniciativas para la ampliación del número de fuentes de agua potable en la ciudad de Sevilla

LA alegría en fútbol dura una semana. La felicidad en política dura un cuarto de hora. Y la estabilidad en la vida se rompe en un minuto. A Juan Espadas se le ha acabado el Möet Chandon de los amiguetes de la izquierda radical de tanto descorcharlo. Hace dos años sacó rédito de ese odio a la derecha que figura en la heráldica de Participa Sevilla e Izquierda Unida. Lo votaron a él para echar a Zoido. Le concedieron el sillón de alcalde para quitárselo a Zoido. El planteamiento era sencillo: no deseaban al PSOE de Espadas, querían derribar al PP de Zoido. IU y Participa Sevilla reproducen los esquemas de Madrid: el primer objetivo es que no gobierne el PP, sobre todo si se trata de la lista más votada. Todo lo demás es secundario. El segundo objetivo es inalcanzable por el momento en una plaza como Sevilla: fagocitar al PSOE. Espadas, como la España de Aznar, va bien. Incluso le puede venir bien quedarse sin las amistades peligrosas que lo convirtieron en un alcalde con sólo once concejales. Es un alcalde que se ha quedado solo a la izquierda porque esas amistades peligrosas han terminado por aguar la fiesta de la estabilidad con una algarada más propia de una función de fin de curso. Han enseñado la patita de su carácter zascandil, han mostrado el verdadero pelo de la dehesa dejando ver sus intenciones bochincheras. Los encierros de trabajadores alentados por ellos mismos son una coartada de diseño, un pretexto fabricado, una caída exagerada para simular un penalti.

El alcalde ha perdido en quince días la estabilidad municipal y también se han esfumado sus anhelos autonómicos: ser el sucesor de Susana Díaz, para lo cual se estaba trabajando un perfil andaluz con la velocidad pausada de los inteligentes a base de fomentar los ejes con Málaga, Córdoba y Granada. Esa soledad puede hasta ser rentable para sus intereses. Acaso le ha podido sorprender que la bestia adolescentoide de esa izquierda radical haya despertado a los dos años de mandato. Esperaba el zarpazo de la fiera más adelante, quizás en el cuarto año, cuando todos los socios de gobierno o de investidura se desmarcan del pelotón del gobierno con vistas a las elecciones.

La soledad será rentable para Espadas, un tipo gris, de equilibrios medidos, de pies siempre metidos en el plato, al que se le vincula muy poco con protestas airadas, estéticas desaliñadas calculadamente medidas, discursos huecos y alarmistas y mociones ideologizadas donde se saca partido de enemigos externos que poco interesan a la gestión municipal. La soledad podrá ser rentable, pocos lo dudan, pero la convivencia será difícil. La aprobación de los presupuestos requerirá de una negociación viciada de origen. Esta izquierda radical se ha dado cuenta a los dos años de que el alcalde está creciendo electoralmente porque el PPno existe y porque ellos, precisamente ellos, la muchachada de Participa Sevilla e IU, se lo estaban poniendo demasiado fácil. Tan fácil que, al final, los tres concejales de Participa Sevilla y los dos de IU pasan bastante desapercibidos para el público. Rozan la irrelevancia. Con el espacio institucional perdido –o nunca ganado– no quedaba otra que provocar la tangana dentro del mismo Ayuntamiento, hacer ruido, practicar una política de cacerola y silbato, provocar la intervención de la Policía Local para presentarse como víctimas reprimidas por las fuerzas del orden, irrumpir por las ventanas en lugar de llamar a la puerta.

Esta izquierda zascandil necesita el río revuelto para pescar en las espumas sucias del desorden y el pitote, del desaliño de márquetin y la chancla que enseña uñas como garras. Tras echar a Zoido del poder, los amigos del bochinche necesitan crecer, sonar, existir. Yeso solo se consigue a costa de este PSOE en minoría, al que harán la vida imposible en los próximos dos años. Niegan que exista un pulso cuando lo hay en toda regla. Ellos, los de Participa e IU, necesitan ese pulso como necesitan el enfrentamiento, el pleito y los forcejeos porque son su terreno natural, son las aguas preferidas donde navega el bote que sus hermanos mayores han construido en los astilleros del odio y en la concepción de una política que sólo prima el poder por el poder en sí mismo.

El grupo municipal de Ciudadanos, tan melifluo en las negociaciones del presupuesto, también apretará. Tendrá que hacerlo. Es ley de vida. Tendrá que tomar distancia para saltar del pelotón y crecer. IU y Participa se han echado al monte. Espadas sufre la cuña de la misma madera. El PP está adormecido, fiel retrato de una Sevilla a más de 40 grados. La izquierda se devora a sí misma. La casa del PP de Sevilla está metida en albañiles, con los muros sin alicatar y los tubos del cuarto de baño al aire. Espadas tiene a su delegado Juan Carlos Cabrera con demasiados frentes abiertos:los polémicos desalojos del Ayuntamiento, la mafia del taxi, la falta de seguridad en la Madrugada… Al de Urbanismo, Antonio Muñoz, lo tiene consagrado a la misión imposible de convertir la Gerencia en un motor de la ciudad. Y los restantes concejales están entretenidos en quehaceres que ofrecen, en apariencia, poca rentabilidad política. El gobierno es reducido y muy gris. Expira la primera mitad del mandato. Tan dulce y sin curvas como carente de grandes logros. Sólo faltó la foto con Obama. Comienza la segunda mitad. La soledad es una moneda de dos caras: la de la rentabilidad de librarse de amigos poco recomendables, y la de la complejidad de trabajar con presupuestos prorrogados, amenazas de algaradas, un debate político tensionado y un PP que necesariamente tendrá que despertar.

Los amigos de la izquierda han acabado subiéndose al sofá, desparramando las palomitas por el suelo, rompiendo algún vaso y provocando las quejas razonables de los vecinos. Espadas ha pasado de soñar con los asuntos exteriores de la Junta a tener que lidiar con los asuntos internos de unos socios que prefieren hacer la política en la calle. Se metió a vivir (gobernar) en un piso de estudiantes.

Los picudos rojos pudren las palmeras sanas. Los estudios universitarios avalan el exterminio de las cotorras. Los vencejos atraen el turismo. Sevilla, ciudad en la que los pájaros se llevan los titulares.

Cultura retorna al estilo de los años setenta

Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2017 a las 4:59

carteles

La Delegación de Cultura del Ayuntamiento nos ha sorprendido con un cartel de su oferta primaveral que es todo un revival. Está colocado en los mupis de la ciudad, por lo que no se extrañe si le recuerda gratamente a los carteles de las fiestas mayores de 1969 y 1970, de Justo Girón y Daniel Puch, respectivamente. El estilo para anunciar las fiestas de primavera de los últimos ayuntamientos del antiguo régimen vuelve a ser empleado para pregonar la programación cultural de 2017. Se trata de una estética pop, heredera de las vanguardias introducidas por Juan Miguel Sánchez a principios del pasado siglo, donde se usan las tintas planas y se emplea un lenguaje de formas simplificadas. Está claro que en el Arte siempre se encuentran referencias a trabajos anteriores, aunque sea en un mínimo porcentaje. En 1970 no había Delegación de Hábitat Urbano, ¿verdad Antonio Muñoz?

Hábleme, señor alcalde

Carlos Navarro Antolín | 15 de mayo de 2017 a las 5:00

Ayuntamiento de Sevilla. El alcalde Juan Espadas, presenta las l

Hábleme de la ampliación del tranvía, señor alcalde. Hábleme, mejor aún, de las futuras líneas de Metro que hay que reclamar ante una Junta despistada que mira al tendido de las primarias del PSOE sin advertir el avieso pitón de la falta de gestión. Hábleme de medidas contundentes para poner orden en la mafia del taxi, que la Feria del taxi ha sido peor que la noche del tío del tambor, no les llevo porque busco turistas. Hábleme de cuándo iremos los sevillanos en tren del aeropuerto a Santa Justa, o de cuándo tendremos sombra en la Avenida de la Constitución o, por poner un ejemplo nuevo y mucho más próximo en el calendario, cuándo la tendremos en el paseo de Marqués del Contadero, que más que un centro de recepción al visitante parece un solarium para turistas que quieren ponerse como salmonetes. Hábleme de las rondas de circunvalación pendientes, de los anillos de cercanías que –paradojas– están cada vez más lejos. Hábleme de la reorganización de la Gerencia de Urbanismo que usted quería que fuera un motor de la ciudad. Hábleme de cuándo habrá inspectores disponibles por las tardes de lunes a viernes y las noches de los fines de semana para luchar contra el ruido. Hábleme de la plantación de árboles, de la colocación de fuentes y del cuidado del entorno de la Catedral. Hábleme de los proyectos para seguir acabando con los espacios duros, con ese urbanismo heredado que pesa como una losa, nunca mejor dicho. Hábleme de la protección de negocios que contribuyen a que la ciudad tenga sello propio frente a la invasión de las franquicias de quita y pon. Hábleme de todos estos asuntos. Y no me hable tanto de la Feria, que usted solito crea el charco con la consulta, se mete en él, no quiere que los demás nos metamos, se enfada si nos metemos y al final nos acaba riñendo. Y todos salpicados.

Peatonalización de Betis: el miedo en el cuerpo

Carlos Navarro Antolín | 1 de mayo de 2017 a las 5:00

Carmen Castreño, presidenta del Puerto de Sevilla..

El martes nos quedamos con el miedo metido en el cuerpo, con la jindama serpenteándonos las carnes como si la Canina hubiera arriado los zancos justo delante de nosotros, martillazo en la zambrana y ahí queó. Doña Carmen Castreño, delegada del distrito Triana, nos dejó temblando al anunciar una nueva peatonalización:“Queremos recuperar Betis para el peatón”. Dios santo, todavía estábamos corriendo como gamos de la Madrugada (así, en mayúsculas, para que se entienda) cuando salimos otra vez en estampida ante una nueva peatonalización. Van a reformar la calle Betis, dice esta señora. Ya estoy viendo Betis convertida en una gran terraza de veladores, con sus bicis, sus turistas con los pies por lo alto, sus camareros cruzando de un sitio a otro y todo eso que llaman dar vida o ambientar una calle, que ya lo está, pero que lo estará aún con más metros libres por delante. Qué manía con recuperar las calles para el peatón cuando, en realidad, es para ofrecerlas en sacrificio en el altar de los hosteleros, hoteleros y otros agentes del sector servicios, verdaderos poderes fácticos de la ciudad que cambian la fecha de la Feria a su antojo. Hace tiempo que las cofradías, decadentes ellas, dejaron de ser una fuerza viva. Quien manda ahora es esa clase empresarial que se pasa las ordenanzas por donde dijimos y que tiene influencia hasta para abrir casetas especiales pervirtiendo el sentido original de la fiesta. No me vendan peatonalizaciones que no so tales. El peatón como coartada, el negocio como objetivo final cueste lo que cueste, aunque sea a costa de prostituir espacios como la Avenida de la Constitución. A la calle Betis la van a dejar convertida en una covacha, otra más en esta ciudad consagrada al sector servicios de calidad media tirando a baja, que éste es otro debate. Puestos a servir, que es lo que sabemos hacer, podríamos ser mejores, más esmerados y bien preparados. Pero aquí hubo unos que quisieron abrir una escuela de hostelería con buen criterio que otros abortaron pidiendo maletines a cambio. A la zapata de toda la vida de la calle Betis le pusieron malecón en tiempos del PP. A la Betis de ahora a ver cómo la dejan los del PSOE. Salvemos al peatón. Cuidado con los salvadores de patrias y calles. Qué miedo, la Canina.

Cerveza y bicicletas

Carlos Navarro Antolín | 23 de abril de 2017 a las 5:00

SEVILLA BIKE CENTER

SIN tirador no hay paraíso. Sin cerveza nada es lo mismo. Cerveza bebe el Papa emérito, cerveza se ofrece a los ciclistas del denominado centro integral de la bicicleta, el que está en los Jardines de Murillo, del que nos dijeron en los planos que tendría una zona de cafetería y bebidas como complemento. ¡Y tanto que es integral este servicio! Si parece más extensa la zona de bar, llamemos a las cosas por su nombre, que la dedicada a las bicis. La adjudicataria del servicio ha hecho la mar de bien en poner un bar grande, con sus mesas y sillas, y con sus tiradores de birra. Pan y circo, cerveza y bicicletas. A pedalear, a pedalear que la Cruzcampo se va acabar. No conviene perder muchos líquidos tras darle a la bici. Si no teníamos bares en Sevilla, otro más a cuenta de un nuevo servicio… público. Lo dijo aquel al que recriminaron que tras hacer deporte se hincara una tostada untada con roquefort: “Peor, mucho peor, sería zampármela sin haber corrido antes”.

Los proyectos sin bar no prosperan, como los actos culturales sin copa de vino español no atraen al gran público. Que se lo digan a Gregorio Serrano, hoy director general de Tráfico, que siendo concejal de Turismo no pudo asignar un uso al edificio monumental del Costurero de la Reina porque a ningún empresario le parecía atractivo explotar el inmueble como centro de atención a los cruceristas. De los 46.000 euros del primer concurso se pasó a 25.000 (una rebaja del 45% en números redondos) y con la posibilidad de habilitar una cafetería en la planta baja, pero ni así se generó el interés de alguna empresa. Hasta tres veces se quedó desierto el concurso de adjudicación. Un conocido empresario de la noche telefoneó a Serrano y le explicó que estaba dispuesto a hacerse cargo del Costurero si le permitían abrir en horario nocturno y servir copas largas. Por fortuna, el gobierno de entonces se negó a pervertir el uso del edificio.

Aquella propuesta tuvo cierto efecto de mazazo. ¿Nada se puede abrir en Sevilla, nada puede funcionar, si no es poniendo una barra por delante? Milano cerró en la Plaza de la Magdalena tras décadas de venta de trajes para caballero, unos ternos funcionales y económicos. “Te han salido sarpullidos en el cuello, ¿te has puesto algún traje de Milano?”, preguntaba alguno con guasa. Pues al persianazo de Milano le siguió un negocio llamado, naturalmente, Milano Copas. Es como el negocio de muebles Matamoros, frente a la portada de la Feria, una referencia inequívoca para muchas generaciones, pero no para comprar muebles, sino para citarse para entrar juntos en el real, ¿o no?. Ahora Matamoros es un bar. El bar Matamoros, cómo no. A puntito estuvimos de tener el Costurero Copas. Sevilla es una ciudad donde se restauró mucho antes la cervecería de la Moneda que la Casa de la Moneda. La cerveza es el opio del pueblo. Carril Cruzcampo ya.

SEVILLA BIKE CENTER

Gobernar es apostar y tener criterio

El sueño de la razón genera monstruos. La aplicación taxativa de la igualdad puede provocar efectos perversos. Se aprecia con el asunto de los veladores. Esta sociedad propensa a los pendulazos asiste ojiplática a la supresión absoluta de las mesas y sillas de la Plaza de la Campana, una medida desproporcionada que trata por igual a un negocio centenario, que contribuye a que la ciudad tenga un sello propio, con unas multinacionales de quita y pon, hijas de la globalización, que generan una ciudad despersonalizada. No es cuestión de costumbrismos, ni de perspectivas nostálgicas, ni de evocaciones de la Sevilla en sepia, ni de otras monsergas argumentales propias de inadaptados sociales. El propio Ayuntamiento, de hecho, no cobra lo mismo por un velador en la calle del centro que por uno en una calle de barriada alejada de la Plaza Nueva. Es decir, no considera por igual a todas las calles desde el punto de vista fiscal. El propio Antonio Muñoz, siendo portavoz de la oposición, visitó el Bazar Victoria para apoyar un negocio que, por cierto, agoniza ahora en Francos. En breve se sumará a la lista de los caídos por la Ley de Arrendamientos Urbanos. El PSOE pidió entonces una protección especial para los negocios con historia, lo que el gobierno de Zoido no hizo. Ahora que han segado los veladores de la confitería La Campana, el PP pide una consideración especial para este negocio, lo que equivale a reformar la propia ordenanza de veladores que promovió el alcalde de los 20 concejales. Ni el PSOE ha hecho lo que prometió (catalogar los establecimientos señeros) ni el PP acertó con su normativa (dejó que Sevilla fuera una selva de mesas y sillas). Muñoz ha querido aplicar mano dura ante una lacra que chabacaniza la ciudad, como es la invasión de veladores, pero se ha pasado con las dosis de aceite de ricino y ha contradicho sus propios criterios cuando estaba en la oposición. La confitería La Campana debería tener, al menos, cuatro o cinco mesas próximas a su fachada. El gobierno ha querido aplicar una medida ejemplarizante. Gobernar es tomar decisiones, apostar y tener criterio. En este caso, el criterio no ha sido el idóneo por desproprorcionado.