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La soledad rentable

Carlos Navarro Antolín | 18 de junio de 2017 a las 5:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el consejero delegado de Emasesa, Jaime Palop, presentan iniciativas para la ampliación del número de fuentes de agua potable en la ciudad de Sevilla

LA alegría en fútbol dura una semana. La felicidad en política dura un cuarto de hora. Y la estabilidad en la vida se rompe en un minuto. A Juan Espadas se le ha acabado el Möet Chandon de los amiguetes de la izquierda radical de tanto descorcharlo. Hace dos años sacó rédito de ese odio a la derecha que figura en la heráldica de Participa Sevilla e Izquierda Unida. Lo votaron a él para echar a Zoido. Le concedieron el sillón de alcalde para quitárselo a Zoido. El planteamiento era sencillo: no deseaban al PSOE de Espadas, querían derribar al PP de Zoido. IU y Participa Sevilla reproducen los esquemas de Madrid: el primer objetivo es que no gobierne el PP, sobre todo si se trata de la lista más votada. Todo lo demás es secundario. El segundo objetivo es inalcanzable por el momento en una plaza como Sevilla: fagocitar al PSOE. Espadas, como la España de Aznar, va bien. Incluso le puede venir bien quedarse sin las amistades peligrosas que lo convirtieron en un alcalde con sólo once concejales. Es un alcalde que se ha quedado solo a la izquierda porque esas amistades peligrosas han terminado por aguar la fiesta de la estabilidad con una algarada más propia de una función de fin de curso. Han enseñado la patita de su carácter zascandil, han mostrado el verdadero pelo de la dehesa dejando ver sus intenciones bochincheras. Los encierros de trabajadores alentados por ellos mismos son una coartada de diseño, un pretexto fabricado, una caída exagerada para simular un penalti.

El alcalde ha perdido en quince días la estabilidad municipal y también se han esfumado sus anhelos autonómicos: ser el sucesor de Susana Díaz, para lo cual se estaba trabajando un perfil andaluz con la velocidad pausada de los inteligentes a base de fomentar los ejes con Málaga, Córdoba y Granada. Esa soledad puede hasta ser rentable para sus intereses. Acaso le ha podido sorprender que la bestia adolescentoide de esa izquierda radical haya despertado a los dos años de mandato. Esperaba el zarpazo de la fiera más adelante, quizás en el cuarto año, cuando todos los socios de gobierno o de investidura se desmarcan del pelotón del gobierno con vistas a las elecciones.

La soledad será rentable para Espadas, un tipo gris, de equilibrios medidos, de pies siempre metidos en el plato, al que se le vincula muy poco con protestas airadas, estéticas desaliñadas calculadamente medidas, discursos huecos y alarmistas y mociones ideologizadas donde se saca partido de enemigos externos que poco interesan a la gestión municipal. La soledad podrá ser rentable, pocos lo dudan, pero la convivencia será difícil. La aprobación de los presupuestos requerirá de una negociación viciada de origen. Esta izquierda radical se ha dado cuenta a los dos años de que el alcalde está creciendo electoralmente porque el PPno existe y porque ellos, precisamente ellos, la muchachada de Participa Sevilla e IU, se lo estaban poniendo demasiado fácil. Tan fácil que, al final, los tres concejales de Participa Sevilla y los dos de IU pasan bastante desapercibidos para el público. Rozan la irrelevancia. Con el espacio institucional perdido –o nunca ganado– no quedaba otra que provocar la tangana dentro del mismo Ayuntamiento, hacer ruido, practicar una política de cacerola y silbato, provocar la intervención de la Policía Local para presentarse como víctimas reprimidas por las fuerzas del orden, irrumpir por las ventanas en lugar de llamar a la puerta.

Esta izquierda zascandil necesita el río revuelto para pescar en las espumas sucias del desorden y el pitote, del desaliño de márquetin y la chancla que enseña uñas como garras. Tras echar a Zoido del poder, los amigos del bochinche necesitan crecer, sonar, existir. Yeso solo se consigue a costa de este PSOE en minoría, al que harán la vida imposible en los próximos dos años. Niegan que exista un pulso cuando lo hay en toda regla. Ellos, los de Participa e IU, necesitan ese pulso como necesitan el enfrentamiento, el pleito y los forcejeos porque son su terreno natural, son las aguas preferidas donde navega el bote que sus hermanos mayores han construido en los astilleros del odio y en la concepción de una política que sólo prima el poder por el poder en sí mismo.

El grupo municipal de Ciudadanos, tan melifluo en las negociaciones del presupuesto, también apretará. Tendrá que hacerlo. Es ley de vida. Tendrá que tomar distancia para saltar del pelotón y crecer. IU y Participa se han echado al monte. Espadas sufre la cuña de la misma madera. El PP está adormecido, fiel retrato de una Sevilla a más de 40 grados. La izquierda se devora a sí misma. La casa del PP de Sevilla está metida en albañiles, con los muros sin alicatar y los tubos del cuarto de baño al aire. Espadas tiene a su delegado Juan Carlos Cabrera con demasiados frentes abiertos:los polémicos desalojos del Ayuntamiento, la mafia del taxi, la falta de seguridad en la Madrugada… Al de Urbanismo, Antonio Muñoz, lo tiene consagrado a la misión imposible de convertir la Gerencia en un motor de la ciudad. Y los restantes concejales están entretenidos en quehaceres que ofrecen, en apariencia, poca rentabilidad política. El gobierno es reducido y muy gris. Expira la primera mitad del mandato. Tan dulce y sin curvas como carente de grandes logros. Sólo faltó la foto con Obama. Comienza la segunda mitad. La soledad es una moneda de dos caras: la de la rentabilidad de librarse de amigos poco recomendables, y la de la complejidad de trabajar con presupuestos prorrogados, amenazas de algaradas, un debate político tensionado y un PP que necesariamente tendrá que despertar.

Los amigos de la izquierda han acabado subiéndose al sofá, desparramando las palomitas por el suelo, rompiendo algún vaso y provocando las quejas razonables de los vecinos. Espadas ha pasado de soñar con los asuntos exteriores de la Junta a tener que lidiar con los asuntos internos de unos socios que prefieren hacer la política en la calle. Se metió a vivir (gobernar) en un piso de estudiantes.

Los picudos rojos pudren las palmeras sanas. Los estudios universitarios avalan el exterminio de las cotorras. Los vencejos atraen el turismo. Sevilla, ciudad en la que los pájaros se llevan los titulares.

Cultura retorna al estilo de los años setenta

Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2017 a las 4:59

carteles

La Delegación de Cultura del Ayuntamiento nos ha sorprendido con un cartel de su oferta primaveral que es todo un revival. Está colocado en los mupis de la ciudad, por lo que no se extrañe si le recuerda gratamente a los carteles de las fiestas mayores de 1969 y 1970, de Justo Girón y Daniel Puch, respectivamente. El estilo para anunciar las fiestas de primavera de los últimos ayuntamientos del antiguo régimen vuelve a ser empleado para pregonar la programación cultural de 2017. Se trata de una estética pop, heredera de las vanguardias introducidas por Juan Miguel Sánchez a principios del pasado siglo, donde se usan las tintas planas y se emplea un lenguaje de formas simplificadas. Está claro que en el Arte siempre se encuentran referencias a trabajos anteriores, aunque sea en un mínimo porcentaje. En 1970 no había Delegación de Hábitat Urbano, ¿verdad Antonio Muñoz?

Hábleme, señor alcalde

Carlos Navarro Antolín | 15 de mayo de 2017 a las 5:00

Ayuntamiento de Sevilla. El alcalde Juan Espadas, presenta las l

Hábleme de la ampliación del tranvía, señor alcalde. Hábleme, mejor aún, de las futuras líneas de Metro que hay que reclamar ante una Junta despistada que mira al tendido de las primarias del PSOE sin advertir el avieso pitón de la falta de gestión. Hábleme de medidas contundentes para poner orden en la mafia del taxi, que la Feria del taxi ha sido peor que la noche del tío del tambor, no les llevo porque busco turistas. Hábleme de cuándo iremos los sevillanos en tren del aeropuerto a Santa Justa, o de cuándo tendremos sombra en la Avenida de la Constitución o, por poner un ejemplo nuevo y mucho más próximo en el calendario, cuándo la tendremos en el paseo de Marqués del Contadero, que más que un centro de recepción al visitante parece un solarium para turistas que quieren ponerse como salmonetes. Hábleme de las rondas de circunvalación pendientes, de los anillos de cercanías que –paradojas– están cada vez más lejos. Hábleme de la reorganización de la Gerencia de Urbanismo que usted quería que fuera un motor de la ciudad. Hábleme de cuándo habrá inspectores disponibles por las tardes de lunes a viernes y las noches de los fines de semana para luchar contra el ruido. Hábleme de la plantación de árboles, de la colocación de fuentes y del cuidado del entorno de la Catedral. Hábleme de los proyectos para seguir acabando con los espacios duros, con ese urbanismo heredado que pesa como una losa, nunca mejor dicho. Hábleme de la protección de negocios que contribuyen a que la ciudad tenga sello propio frente a la invasión de las franquicias de quita y pon. Hábleme de todos estos asuntos. Y no me hable tanto de la Feria, que usted solito crea el charco con la consulta, se mete en él, no quiere que los demás nos metamos, se enfada si nos metemos y al final nos acaba riñendo. Y todos salpicados.

Peatonalización de Betis: el miedo en el cuerpo

Carlos Navarro Antolín | 1 de mayo de 2017 a las 5:00

Carmen Castreño, presidenta del Puerto de Sevilla..

El martes nos quedamos con el miedo metido en el cuerpo, con la jindama serpenteándonos las carnes como si la Canina hubiera arriado los zancos justo delante de nosotros, martillazo en la zambrana y ahí queó. Doña Carmen Castreño, delegada del distrito Triana, nos dejó temblando al anunciar una nueva peatonalización:“Queremos recuperar Betis para el peatón”. Dios santo, todavía estábamos corriendo como gamos de la Madrugada (así, en mayúsculas, para que se entienda) cuando salimos otra vez en estampida ante una nueva peatonalización. Van a reformar la calle Betis, dice esta señora. Ya estoy viendo Betis convertida en una gran terraza de veladores, con sus bicis, sus turistas con los pies por lo alto, sus camareros cruzando de un sitio a otro y todo eso que llaman dar vida o ambientar una calle, que ya lo está, pero que lo estará aún con más metros libres por delante. Qué manía con recuperar las calles para el peatón cuando, en realidad, es para ofrecerlas en sacrificio en el altar de los hosteleros, hoteleros y otros agentes del sector servicios, verdaderos poderes fácticos de la ciudad que cambian la fecha de la Feria a su antojo. Hace tiempo que las cofradías, decadentes ellas, dejaron de ser una fuerza viva. Quien manda ahora es esa clase empresarial que se pasa las ordenanzas por donde dijimos y que tiene influencia hasta para abrir casetas especiales pervirtiendo el sentido original de la fiesta. No me vendan peatonalizaciones que no so tales. El peatón como coartada, el negocio como objetivo final cueste lo que cueste, aunque sea a costa de prostituir espacios como la Avenida de la Constitución. A la calle Betis la van a dejar convertida en una covacha, otra más en esta ciudad consagrada al sector servicios de calidad media tirando a baja, que éste es otro debate. Puestos a servir, que es lo que sabemos hacer, podríamos ser mejores, más esmerados y bien preparados. Pero aquí hubo unos que quisieron abrir una escuela de hostelería con buen criterio que otros abortaron pidiendo maletines a cambio. A la zapata de toda la vida de la calle Betis le pusieron malecón en tiempos del PP. A la Betis de ahora a ver cómo la dejan los del PSOE. Salvemos al peatón. Cuidado con los salvadores de patrias y calles. Qué miedo, la Canina.

Cerveza y bicicletas

Carlos Navarro Antolín | 23 de abril de 2017 a las 5:00

SEVILLA BIKE CENTER

SIN tirador no hay paraíso. Sin cerveza nada es lo mismo. Cerveza bebe el Papa emérito, cerveza se ofrece a los ciclistas del denominado centro integral de la bicicleta, el que está en los Jardines de Murillo, del que nos dijeron en los planos que tendría una zona de cafetería y bebidas como complemento. ¡Y tanto que es integral este servicio! Si parece más extensa la zona de bar, llamemos a las cosas por su nombre, que la dedicada a las bicis. La adjudicataria del servicio ha hecho la mar de bien en poner un bar grande, con sus mesas y sillas, y con sus tiradores de birra. Pan y circo, cerveza y bicicletas. A pedalear, a pedalear que la Cruzcampo se va acabar. No conviene perder muchos líquidos tras darle a la bici. Si no teníamos bares en Sevilla, otro más a cuenta de un nuevo servicio… público. Lo dijo aquel al que recriminaron que tras hacer deporte se hincara una tostada untada con roquefort: “Peor, mucho peor, sería zampármela sin haber corrido antes”.

Los proyectos sin bar no prosperan, como los actos culturales sin copa de vino español no atraen al gran público. Que se lo digan a Gregorio Serrano, hoy director general de Tráfico, que siendo concejal de Turismo no pudo asignar un uso al edificio monumental del Costurero de la Reina porque a ningún empresario le parecía atractivo explotar el inmueble como centro de atención a los cruceristas. De los 46.000 euros del primer concurso se pasó a 25.000 (una rebaja del 45% en números redondos) y con la posibilidad de habilitar una cafetería en la planta baja, pero ni así se generó el interés de alguna empresa. Hasta tres veces se quedó desierto el concurso de adjudicación. Un conocido empresario de la noche telefoneó a Serrano y le explicó que estaba dispuesto a hacerse cargo del Costurero si le permitían abrir en horario nocturno y servir copas largas. Por fortuna, el gobierno de entonces se negó a pervertir el uso del edificio.

Aquella propuesta tuvo cierto efecto de mazazo. ¿Nada se puede abrir en Sevilla, nada puede funcionar, si no es poniendo una barra por delante? Milano cerró en la Plaza de la Magdalena tras décadas de venta de trajes para caballero, unos ternos funcionales y económicos. “Te han salido sarpullidos en el cuello, ¿te has puesto algún traje de Milano?”, preguntaba alguno con guasa. Pues al persianazo de Milano le siguió un negocio llamado, naturalmente, Milano Copas. Es como el negocio de muebles Matamoros, frente a la portada de la Feria, una referencia inequívoca para muchas generaciones, pero no para comprar muebles, sino para citarse para entrar juntos en el real, ¿o no?. Ahora Matamoros es un bar. El bar Matamoros, cómo no. A puntito estuvimos de tener el Costurero Copas. Sevilla es una ciudad donde se restauró mucho antes la cervecería de la Moneda que la Casa de la Moneda. La cerveza es el opio del pueblo. Carril Cruzcampo ya.

SEVILLA BIKE CENTER

Gobernar es apostar y tener criterio

El sueño de la razón genera monstruos. La aplicación taxativa de la igualdad puede provocar efectos perversos. Se aprecia con el asunto de los veladores. Esta sociedad propensa a los pendulazos asiste ojiplática a la supresión absoluta de las mesas y sillas de la Plaza de la Campana, una medida desproporcionada que trata por igual a un negocio centenario, que contribuye a que la ciudad tenga un sello propio, con unas multinacionales de quita y pon, hijas de la globalización, que generan una ciudad despersonalizada. No es cuestión de costumbrismos, ni de perspectivas nostálgicas, ni de evocaciones de la Sevilla en sepia, ni de otras monsergas argumentales propias de inadaptados sociales. El propio Ayuntamiento, de hecho, no cobra lo mismo por un velador en la calle del centro que por uno en una calle de barriada alejada de la Plaza Nueva. Es decir, no considera por igual a todas las calles desde el punto de vista fiscal. El propio Antonio Muñoz, siendo portavoz de la oposición, visitó el Bazar Victoria para apoyar un negocio que, por cierto, agoniza ahora en Francos. En breve se sumará a la lista de los caídos por la Ley de Arrendamientos Urbanos. El PSOE pidió entonces una protección especial para los negocios con historia, lo que el gobierno de Zoido no hizo. Ahora que han segado los veladores de la confitería La Campana, el PP pide una consideración especial para este negocio, lo que equivale a reformar la propia ordenanza de veladores que promovió el alcalde de los 20 concejales. Ni el PSOE ha hecho lo que prometió (catalogar los establecimientos señeros) ni el PP acertó con su normativa (dejó que Sevilla fuera una selva de mesas y sillas). Muñoz ha querido aplicar mano dura ante una lacra que chabacaniza la ciudad, como es la invasión de veladores, pero se ha pasado con las dosis de aceite de ricino y ha contradicho sus propios criterios cuando estaba en la oposición. La confitería La Campana debería tener, al menos, cuatro o cinco mesas próximas a su fachada. El gobierno ha querido aplicar una medida ejemplarizante. Gobernar es tomar decisiones, apostar y tener criterio. En este caso, el criterio no ha sido el idóneo por desproprorcionado.

El quite de Romero a Espadas

Carlos Navarro Antolín | 18 de abril de 2017 a las 5:00

Alcázar.

El alcalde es un tipo con suerte. Este Juan Espadas ha caído de pie en el Ayuntamiento y no hay estampida que lo zarandee. Con sólo once concejales, con la Sevilla cofradiera encantada, tocando las fechas de la Feria como le da la gana para contentar a madrileños y hoteleros, y sin oposición política que le rechiste. Espadas descafeinó el premio taurino del Ayuntamiento para no molestar a sus socios de la izquierda, los muchachos de Participa Sevilla e Izquierda Unida. El premio ya no depende sólo del Ayuntamiento, como ocurría en tiempos de Zoido, sino de la Fundación Europea del Toro y su Cultura. Se trataba de que el galardón perdiera su dependencia directa del gobierno y se centrara más en los aspectos culturales de la Fiesta Nacional. ¡Ahí va, la cultura y yo con estos pelos!

El 28 de marzo de 2016 se publicó la concesión del premio al pintor Miguel Barceló. Ya ha llovido y ya hemos corrido en la Madrugada. Y el lunes 17 de abril de 2017 han tenido que venir a recogerlo en nombre del pintor, porque el pintor, el artista, que es un artista, pedazo de artista, no ha tenido tiempo de venir a Sevilla a recogerlo de manos del alcalde. Para algo inventaron los romanos la representación.

¿A quién ha mandado Barceló a recoger el premio que lleva el nombre de la ciudad? ¿A su abogado? Frío, frío. ¿Al proveedor de sus lienzos y pinceles? Frío, frío. ¿A su fisioterapeuta? Más frío, mucho frío, pero más frío que el cuerpo que se nos quedó la noche del Viernes Santo. El premio despreciado por Barceló lo ha tenido que recoger nada menos que Curro Romero más de un año después de su concesión. El mismísimo Curro le ha hecho el quite providencial a este alcalde suertudo. Curro le ha salvado el expediente a un gobierno que sí tuvo lo que hay que tener para poner vallas en las calles en Semana Santa, pero no lo ha tenido para darle el premio taurino a un torero, a un ganadero, a un rejoneador o a un novillero. Ni los 175 años del hierro de Miura han valido, oiga.

Como se trataba de buscar el aspecto cultural de la fiesta, tururú, se lo dieron a un tipo que no ha tenido la consideración de coger un AVE, pasar una noche en el Alfonso XIII y recoger el galardón. Barceló ha pasado de la ciudad, del premio y del alcalde como de eso que está usted pensando y es de color marrón. Tan aficionado era Romero a esos quites del perdón en las ferias de los años noventa que ha vuelto a hacer uno, pero no para que lo perdonen a él, sino para que Espadas se libre de los almohadillazos que merece su buenismo, su afición a lo políticamente correcto en estos asuntos de la tauromaquia, su objetivo de no molestar a sus socios minoritarios. Romero solía hacer el quite del perdón al toro que cerraba plaza la tarde que clausuraba su particular feria. Tres lances de capa y una media con las manos bajas bastaban para consolar a una afición que se había tragado todos sus macheteos desde el Domingo de Resurrección. A Romero, a este paso y a sus años, le van a dar el premio doctor Vila al quite providencial. Si no es por Curro, Espadas se queda sin acto de entrega de su descafeinado premio taurino, que ya de taurino le queda lo mismo que al hotel Colón, el de la suntuosidad sacrificada. ¿Tenía, por cierto, necesidad el Faraón de meterse en esta faena? La que han liado Espadas y sus muchachos para no tener que dar el premio a un torero ha sido como las que liaba Juliá con esos canapés tan raros que se inventaba para no tener que poner jamón. Y, al final, han tenido que tirar de Curro, un torero. Y Curro, papeles cambiados, le ha puesto el escudo al alcalde del buenismo taurino y al pintor que ha despreciado a Sevilla. Como los escudos que le ponían a él cuando cabizbajo abandonaba el ruedo camino del callejón de Iris.

Quién cose al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 12 de marzo de 2017 a las 5:00

Quién cose al PP de Sevilla

EL PP de Sevilla está roto. Fracturado. Exhibe cada día con más nitidez las entrañas de un desgarro provocado por la traumática pérdida de la Alcaldía en mayo de 2015. Los recientes comicios internos para la elección de compromisarios para el congreso regional que se celebra el próximo fin de semana en Málaga revelan que Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente regional, afronta la cita con la formación hecha unos zorros en la capital, con dos bandos que, a tenor de los resultados, están condenados a entenderse, pero donde nadie hace el menor intento de buscar el consenso, de coger hilo y dedal y ponerse a coser, dicho sea en los términos que empleó Susana Díaz para aludir a la necesidad de recomponer el PSOE, ahora dirigido por una gestora. El PP de Sevilla, por el momento, no tiene quien lo cosa. La tensión que ha marcado estas últimas elecciones internas no augura unas vísperas tranquilas de cara al decisivo congreso provincial que habrá de celebrarse tras las fiestas mayores.

Según pasan las fechas, el conflicto interno es cada vez más explícito, con su correspondiente efecto en la vida interna del partido, con episodios agrios entre militantes, y con el tono plano que mantiene el Grupo Popular en el Ayuntamiento, donde Alberto Díaz parece guardar aposta un perfil exclusivamente institucional a la espera de acontecimientos. Hasta la celebración del congreso provincial no se sabrá con certeza si su etapa de portavoz es duradera o, por el contrario, queda relegada a una interinidad operativa. Por el momento, Alberto Díaz parece el respetuoso inquilino de un piso en alquiler de corta duración, que aún no se atreve a taladrar las paredes, pero que tiene los cuadros y los espiches preparados. Mientras tanto, el gran beneficiario de esta situación es el socialista Juan Espadas, que se pasea por la verde pradera de la Plaza Nueva a lomos del corcel de la estabilidad, disfrutando de la carencia de una verdadera oposición y de la compañía poco molesta de una todavía bisoña izquierda radical.

Tanto el bando oficialista (Cospedal, Zoido, Juan Bueno, Alberto Díaz y José Luis Sanz) como el crítico o renovador (Arenas, Amalia Gómez, Patricia del Pozo, Virginia Pérez, Beltrán Pérez y Juan Ávila) han inflado el censo de nuevos militantes para ganar apoyos en la elección de los compromisarios. Aquí han votado por las dos facciones madres, hermanos, primos, allegados de todo vínculo, etcétera.

Los oficialistas se han impuesto en la capital en número de compromisarios, pero con el aliento crítico pegado a la nuca pues los chicos de Arenas presumen de haber ganado en número de votos. Los críticos sí han ganado en la provincia en número de compromisarios, pero saben de la importancia que hubiera tenido para sus intereses haber controlado totalmente las cocinas capitalinas, donde han obtenido importantes avances respecto a la anterior elección de compromisarios para el congreso nacional, pero sin que puedan descorchar ninguna botella por el momento. El resultado de estas últimas elecciones a compromisarios revela que ninguna corriente tiene la hegemonía en el PP de Sevilla. Ni siquiera el propio Juan Manuel Moreno Bonilla controla casi nada en la sede provincial sevillana, de ahí que su tibieza sea manifiesta desde que se evidenció el conflicto el último Miércoles de Feria con la fotografía de los críticos en la caseta ‘El Manijero’, que dio nombre al grupo que quiere controlar el supuesto pos-zoidismo en el partido. Es más, el líder regional ha salido pellizcado de estos comicios internos, pues los militantes tenían dos urnas para votar: una para elegir a los compromisarios del congreso regional y otra para respaldar al único candidato a presidente regional. Votaron 472 militantes en la capital, de los que sólo 375 dieron su apoyo a la continuidad de Moreno Bonilla. Queda claro que el malagueño sigue generando silencios entre la militancia sevillana. Sevilla no es sólo una plaza que se le resiste, sino que le provoca sufrimientos porque unos (los oficialistas) no lo quieren en el cargo de presidente regional, y los otros (los críticos) no terminan de sacarlo del burladero de la tibieza para que se alinee con sus intereses.

De la capital, el primer dato a destacar es que nadie discute la victoria de los oficialistas en la elección de los compromisarios. Incluso han ganado, aunque haya sido por sólo cinco votos, en el distrito Sur, donde votan el mismísimo Javier Arenas y Amalia Gómez. Las discusiones se centran en determinados compromisarios, como ocurre en Los Remedios, donde ambos bandos se atribuyen a la concejal Carmen Ríos. La caída de los críticos ha sido notable en San Pablo-Santa Justa, donde han perdido las cuatro actas de compromisarios de los que gozaron la vez anterior.

El segundo dato destacable es que el líder municipal de los críticos, el concejal Beltrán Pérez, ha vencido en su distrito de Palmera-Bellavista, después de haberse quedado fuera del congreso nacional, al que no pudo acudir como compromisario por falta de votos. Pérez se puso esta vez las pilas y ha salvado su marca personal al lograr los tres compromisarios de su distrito para la causa denominada renovadora. De 88 votantes, 57 apoyaron a Beltrán Pérez.

La victoria oficialista ha sido evidente (aunque con corto margen de votos en algunos casos) en distritos como Triana, pese al avance de los críticos; y en Nervión, Casco Antiguo, Sur o San Pablo-Santa Justa.

En la provincia, la victoria de los críticos no hay quien la discuta, con más de veinte representantes de diferencia, lo que alienta a los leales a Arenas a tener esperanzas fundadas en una victoria en el congreso provincial, cuya elección previa de compromisarios se disputará a cara de perro ante la previsible presentación de dos listas. Los críticos presumen especialmente de victoria en Gines y de tener de su lado a un ramillete de alcaldes entre los que figura el de Carmona. La provincia no ha sido nunca el fuerte del aparato capitalino del PP, una circunstancia que los críticos quieren seguir explotando de cara al congreso provincial.
En los días previos a la elección de compromisarios regionales se han vivido todo tipo de conflictos, desde conversaciones telefónicas grabadas donde se pone a caldo a dos destacados críticos, a los habituales retrasos en la entrega de los listados para dificultar la captación de los votantes, pasando por las denuncias sobre la ausencia de cabinas que garantizaran el derecho al voto.

El actual presidente provincial, Juan Bueno, se está tragando con una meritoria buena cara todos los conflictos que lastran el partido desde hace casi un año. El desgaste para su figura es innegable, pues no se recuerda un enconamiento igual y tan prolongado en el tiempo en la historia del partido en Sevilla. Bueno ya se desgastó en las maniobras de verano para prescindir de Virginia Pérez como secretaria general, unas operaciones que dejaron al partido al borde de la gestora. Pocos son los que confían en que Bueno siga como presidente a partir del próximo congreso provincial, salvo que una improbable coincidencia de circunstancias así lo aconsejaran. Es diputado autonómico y hombre que guarda la disciplina debida hacia los aparatos. Sabe sufrir, como ha demostrado en distintas etapas y tal como le ha reconocido Arenas en alguna ocasión. Su futuro en el partido no se discute. Su papel como presidente provincial parece ya caducado.

¿Quién será el próximo presidente del PP sevillano? ¿Existen opciones de fusionar ambas corrientes en una sola lista para evitar una explosión que dejaría un buen número de heridos?

Los críticos mantienen que su candidata a la presidencia provincial es Virginia Pérez, la correosa portavoz del PP en la Diputación Provincial, cuyo estilo especialmente directo pone de los nervios al oficialismo del partido. Si gana la opción crítica, la referencia municipal será Beltrán Pérez, que lleva catorce años como concejal y vivió su mejor momento en el acoso y derribo del gobierno de Monteseirín, una habilidad que necesitará en breve el PP si quiere recuperar la Alcaldía. Arenas, que nunca se olvide auspicia la lista crítica, querrá colocar en buen sitio de la ejecutiva a una de sus grandes protegidas: Patricia del Pozo. La otra es Macarena O’Neill.

Los oficialistas tienen a José Luis Sanz como su principal referencia para la presidencia. El alcalde y senador de Tomares ya fue presidente en la etapa de mayor éxito electoral para el PP en la provincia. Tomares es una plaza consolidada electoralmente para el centro-derecha. Sanz podría intentar ser candidato a la Alcaldía de Sevilla, para lo que necesita tres requisitos: lograr el poder orgánico en el partido, quedar absolutamente limpio de posibles nuevos frentes judiciales, y convencer al electorado de que se puede pasar de alcalde de un municipio del Aljarafe a serlo de la capital. Monteseirín ya pasó de concejal de pueblo y presidente de la Diputación a alcalde de la capital durante doce años. Los requisitos que tendría que cubrir Sanz no son difíciles de superar, pero tampoco hay que descartar el posible regreso de Zoido a Sevilla en caso de que la legislatura sea corta, se produzca una eventual victoria de Pedro Sánchez en el congreso del PSOE y el hoy ministro del Interior quiera retornar como la marca más sólida del centro-derecha hispalense.

Si Sanz gana, su referencia inmediata en la Plaza Nueva será Alberto Díaz –hoy portavoz– aún con más fuerza. La probabilidad de entendimiento entre José Luis Sanz y Virginia Pérez es nula. Entre Sanz y Beltrán Pérez pudiera existir algún tímido brote verde. Muy tímido. Los días que pasen entre la elección de compromisarios para el congreso provincial y la celebración del mismo congreso serán decisivos para conocer la probabilidad de formación de una lista de consenso en función del número de compromisarios que cada bando crea tener asegurado. Si no hay entendimiento, habrá que ir a votaciones precedidas de discursos cargados de emotividad para captar los votos de última hora. Habrá una lista ganadora, otra perdedora y un cartel que seguirá reclamando la presencia de aguja, dedal y muchas horas de paciencia. La unidad de todo partido no pasa por el discurso o los ideales, sino por asegurar la supervivencia de los actores de la gran obra de teatro que es la política. Nunca se olvide que Pepe Caballos, otrora factótum del PSOE andaluz, expulsó en 2004 a una tal Susana Díaz del Ayuntamiento para orillarla en el Congreso de los Diputados. Se la quitó de Andalucía asegurándole esa supervivencia. Y en esa etapa de exilio nació la estrella de la política andaluza que hoy prepara el asalto a la calle Ferraz. Hay patadas para arriba que son el preludio del nacimiento de una gran figura. Hay convulsiones, períodos de costura, de las que puede surgir la candidatura más inesperada.

Qué solos se quedan los muebles viejos

Carlos Navarro Antolín | 23 de enero de 2017 a las 5:00

muebles viejos
Orillados, arrumbados, olvidados. Así están los preciosos muebles que usaron los señores concejales del franquismo (municipio, familia y sindicato), los de los años de la transición y los del período de la democracia vigente hasta que el gobierno local de Espadas aplicó el plan renove. Qué solos se quedan los muebles viejos del Ayuntamiento. Pintan menos que un ex alcalde de líder de la oposición, o que un alcalde socialista en una taberna. Ni Valle, ni Monteseirín, ni Espadas se han caracterizado por dejarse ver en bares, qué lugares. Espadas llegó, vio el sillón de alcalde de su despacho demasiado ostentoso y lo cambió por uno blandito con plástico, de los que se exponen en los escaparates de mobiliario de oficina. Aséptico, anodino, sin personalidad. Nos referimos al sillón nuevo que escogió. Después cambió también el sillón de alcalde de los plenos por un asiento igual al de los restantes concejales. Igualando por abajo, en vez de haberle puesto uno como el suyo a los otros 30 concejales. Ypor último mandó quitar el precioso mobiliario antiguo de todos los capitulares, con esos pupitres de caoba, tan elegantones y con tanto sabor. Y ahí están, en una estancia alta, como las ruinas de Itálica a la espera de su Rodrigo Caro sin sevillanos que los visiten. Qué solos se quedan los muebles viejos en Sevilla. Dios quiera que no acaben troceados en las oficinas de los distritos, convertidos en mesas donde cumplimentar formularios. Veo esos muebles y recuerdo discursos solemnes, refriegas políticas de baja estofa, bostezos pronunciados, elogios con segundas intenciones y hasta algún insulto reprobado, cacahuetes escondidos bajo el tablero del pupitre, cercos de vasos de agua portados por ordenanzas soñolientos… Veo esos muebles y pienso:de la caoba al plástico, de soñar con un Metro a conformarnos con un tranvía. Hay muebles cuyo significado los carga el diablo.

Amalia irrumpe en la crisis del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 13 de enero de 2017 a las 5:00

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LA tarde del miércoles será difícil de olvidar por la militancia del PP de Sevilla. La formación de la gaviota es una olla exprés a toda potencia donde todos temen el último chuchú, la explosición que provoque los nuevos efectos del enfrentamiento sordo entre Javier Arenas y Juan Ignacio Zoido, que es lo mismo que decir entre los críticos y los oficialistas. La actualidad del partido se concentró la otra tarde en tres frentes. En primer lugar, en la sala de juntas del Grupo Popular del Ayuntamiento, donde los representantes de una y otra facción discutieron sobre los criterios para cubrir una plaza vacante de asesor a 49.000 euros anuales. Unos y otros quieren colocar a un allegado. La sesión vivió momentos de verdadera tensión por el desagradable rifirrafe entre dos concejales. A media tarde, ya en la sede regional, se celebró la reunión de los compromisarios que representarán a Sevilla en el próximo congreso nacional, previsto para febrero en Madrid. Los críticos, encabezados en esa sesión por Virginia Pérez, portavoz del PP en la Diputación Provincial, intentaron difundir un manifiesto sobre las reformas que el sector exige para que haya mayor democracia interna en el partido. Destacados miembros oficialistas recriminaron a la mesa que se estuviera debatiendo sobre un manifiesto entregado por militantes particulares y no sobre los asuntos de debate del congreso nacional. La sorpresa previa para los oficialistas es que el mismísimo Javier Arenas, consagrado a la lucha por el control del partido en Sevilla, se había presentado en la sede regional para presidir esa reunión como vicesecretario general del PP nacional. Y fue el propio Arenas quien zanjó el tema, dejando claro que mientras él ostentara la presidencia, todos los militantes presentes podrían hablar con libertad de cualquier asunto. Arenas, de facto, estaba corrigiendo a sus propios cachorros, algunos de los cuales no soportan ni un minuto más las tutelas del lince de Olvera.

Por la noche, la atención del partido se centró en el homenaje organizado por los críticos a la ex subdelegada del Gobierno, Felisa Panadero, secretaria judicial de profesión, defenestrada del cargo el pasado diciembre por haber tomado partido en la fractura interna del partido, un cese en el que tuvo un peso determinante el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido.

El homenaje se celebró bajo la carpa de un bar-quiosco de Nervión. Aseguran que acudieron 112 militantes, lo que generó bromas al coincidir la cifra con la del número de Emergencias. La sorpresa no sólo fue que acudió el propio Arenas, que por fin se retrata con el sector de los críticos nueve meses después de que éstos hayan comenzado sus andanzas, sino que asistió Amalia Gómez, todo un icono del PP andaluz, ex secretaria de Estado de Asuntos Sociales, ex presidenta del PP de Sevilla y actual presidenta de la Cruz Roja sevillana. Se trataba de exhibir músculo frente al aparato oficialista que lidera Zoido con el aval de María Dolores de Cospedal.

Arenas, que acudió junto a su esposa, Macarena Olivencia, no habló en el homenaje a Panadero, pero sí lo hicieron Amalia Gómez, la propia homenajeada y Virginia Pérez. Gómez fue rotunda e hizo continuos guiños a Arenas sin olvidar algún aguijón por la destitución de Panadero: “Estoy aquí porque quiero a Felisa y quiero a Javier, donde esté Javier estaré yo. Felisa ha hecho una labor magnífica y no es justo”. Virginia Pérez fue directa: “Has sido una subdelegada ejemplar con la que se ha cometido una tremenda injusticia”. Ensalzó la presencia de Amalia Gómez en el acto. “La injusticia de Felisa ha hecho que se unan el presente y el futuro del PP de Sevilla. Y que contemos también con los cimientos del partido”.

El alcalde de Carmona, Juan Ávila, elogió a la ex subdelegada del Gobierno en Sevilla en una reunión marcada por un clima almibarado:“Siempre me ha atendido, siempre ha ayudado a todos los pueblos. Me siento orgulloso de ti”. Y habló, cómo no, la propia homenajeada: “Llevo décadas afiliada al Partido Popular. Soy secretaria judicial. Vuelvo a mi puesto. En mi responsabilidad de gestión he tenido que trabajar con Administraciones de todos los Partidos. A todos he intentado servir y ayudar. A eso me enseñó el Partido Popular en el que creo. Son normales los relevos en las Administraciones, pero no son normales otras cosas. Por vosotros ha merecido la pena. Vuelvo a mi puesto de trabajo, pero voy seguir comprometida con un partido en Sevilla que no sea de cuatro personas, sino de los militantes y en donde la gente no tenga miedo”.

Cada uno de los asistentes abonó diez euros para participar en una muestra más de fuerza de los arenistas. Croquetas, calamaritos y cazuelitas de arroz regados con botellines de cerveza o copas de tinto. No hubo melva, símbolo del gobierno de los 20 concejales de Zoido. Felisa sonrió al recibir un regalo de recuerdo: un reloj. Entre los asistentes, además de los ya citados, acudieron el alcalde de Lora, la alcaldesa de Palomares, cinco diputados provinciales, dos diputados autonómicos (Jaime Raynaud y Patricia del Pozo), cinco concejales de la capital, militantes de diversos distritos de la ciudad y de localidades como Gelves y Morón, ex cargos del Ayuntamiento de Sevilla como Francisco Ibáñez, que fue director general de Medio Ambiente, o Pedro Molina de los Santos, que fue director del Distrito Norte.

El calor añadido lo pusieron las estufas de media altura. Los fumadores se tuvieron que salir del salón. Entre caladas a la intemperie hubo comentarios sobre la tensión de la sesión previa de los compromisarios. Algunos abstemios destacaban que los diez euros no incluían el agua con gas. Acudió también la arquitecta Sol Cruz. Arenas no se fue sin saludar uno a uno a los presentes, escoltado por Macarena O´Neill. Arenas en estado puro. Arenas en versión Javié. Alguien dice por teléfono: “Todo esto se arreglaría con una charla de no más de quince minutos entre Javié y Juan Ignacio, pero…”.
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Las doce uvas de Espadas

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2016 a las 5:00

ESPADAS CAJA
Primera uva. Año y medio en el cargo y ni una palabra más alta que otra, ni una cinta cortada, ni tampoco ningún gran escándalo. Juan Espadas es un político plano. Pasa desapercibido hasta en sus muchos paseos por la calle. Su fuerte no es la notoriedad. Tampoco es su objetivo. Es un alcalde de ruan, pasajero del vagón en silencio del tren de la política, sin concesiones en sus discursos, sin excesos ni brillos. Se siente cómodo en las zonas templadas. Un alcalde sin alharaca, exento de frivolidades. Un carácter que se refleja en su gestión: sin grandes logros materiales por el momento, con algún proyecto sonado a medio plazo (caso de la ampliación del tranvía) de los que está por ver su resultado, y con la certeza quizás de que las grandes soluciones, si existen, nunca deben provocar ruido. Basten dos ejemplos: el nombramiento de un jefe de la Policía Local en una toma de posesión a puerta cerrada, cosa inaudita, y la apuesta por la supresión de chabolas del Vacie, sin cámaras de televisión ni fotógrafos de por medio, con la tesis de que en el asentamiento se debe trabajar con la mayor discreción.

Segunda uva. Espadas es absolutamente dócil ante Susana Díaz. Como cualquier dirigente socialista andaluz, el alcalde de Sevilla está eclipsado por la larga sombra de la presidenta andaluza, consagrada ahora más que nunca a la carrera por la secretaría general del PSOE. En cierta forma, Espadas tiene que moverse entre el hiperliderazgo de Susana Díaz y la omnipresencia costumbrista de Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior y ex alcalde de la ciudad. Dos potentes sombras que no deben ser nada cómodas para un alcalde que hace virtud de su escaso índice de popularidad. Si Susana Díaz abandonase algún día San Telmo, tal vez Espadas tendría la oportunidad de hacer carrera propia. En política nada es gratuito. Quizás por eso ha dedicado muchos esfuerzos durante 2016 a trabajar las líneas de entendimiento y colaboración con Granada, Málaga y Córdoba. En ocasiones lo ha hecho con peticiones tan llamativas como un tren que conecte el aeropuerto de Málaga con la estación ferroviaria de la capital costasoleña, cuando Sevilla carece clamorosamente de esta infraestructura. Espadas es hoy un ejemplo de político muy moderado dentro del PSOE. No controla un partido constituido por agrupaciones de muy diverso peso. Jamás se olvide que ha conseguido la Alcaldía con los peores resultados obtenidos por el PSOE en una capital que en los tiempos de pana y previos al 92 era un fortín para los socialistas.

Tercera uva. Un alcalde plano preside un gobierno plano. Y la gestión, como ya se ha apuntado, es consecuentemente plana. Hay leves excepciones. Como alcalde es una continuación de su estilo al frente de la oposición. Ni frío de enero ni calor de julio Hay que admitir que la falta de chispa de la que adoleció en la oposición es quizás una cualidad que puede ser rentable cuando se está en el gobierno. El equipo de Zoido, por ejemplo, no supo cambiar de registro cuando alcanzó el gobierno. No supo entender que la guerra había terminado. La única concejal del gobierno que le ha puesto en un aprieto ha sido Carmen Castreño, reprobada por el Pleno tras la sentencia del TSJA que dictó que como presidenta del Pleno había contravenido nada menos que la Constitución Española al impedir el debate de las propuestas de la oposición sobre los presupuestos de la ciudad. Espadas se tragó el sapo. Quien por el momento no le ha generado problemas es la delegada de Participación Ciudadana, Adela Castaño, que guarda un perfil discreto tras algunas polémicas sonadas en los años de oposición.

Cuarta uva. A Espadas se le perdonan algunos gestos, llamémoslos así, por los que a su antecesor le hubieran arreciado las críticas. No son muchos, pero sí reveladores. Romper una guitarra en la inauguración de un restaurante americano en la calle San Fernando, subirse en el coche insignia de la vuelta ciclista a España a su paso por Sevilla, convocar una consulta ciudadana sobre la fecha de comienzo de la Feria, o sencillamente aceptar encarnar al rey Baltasar en la cabalgata del Ateneo, cosa que Zoido rechazó dos veces por el tradicional complejo de la derecha. Espadas juega a dos bandas: contenta a la Sevilla tradicional portando crucificados en los vía crucis, y a los socios de investidura de la izquierda radical colocando una iluminación navideña exenta de simbología religiosa.

Quinta uva. El de 2017 será un año donde necesariamente se habrá de ver algún fruto de logro mandato que consumirá su primera mitad. El gobierno amigo de la Junta no se nota por el momento. La inversión en infraestructura se la ha llevado el tranvía de Alcalá de Guadaíra. Tanto la Junta como el Estado siguen relegando a Sevilla en los presupuestos públicos. Tiene razón el PP cuando señala que la gran inversión que necesita Sevilla es el Metro, que no veremos crecer en los próximos cuatro años. Todo indica que Espadas tratará de contentar a la ciudad con la ampliación del Metrocentro de Monteseirín, un costoso y complejo placebo para hacer olvidar el verdadero objetivo de una gran ciudad: las líneas 2, 3 y 4 del suburbano. De este alcalde jamás cabrá esperar una postura firme y exigente ante la Junta para demandar la infraestructura más necesaria en una urbe de cerca de 700.000 habitantes y con una alta densidad de población en la corona metropolitana. En la Junta nadie da la cara por Sevilla por miedo al discurso de los agravios entre provincias hermanas. Las alusiones a la capitalidad de Sevilla son políticamente incorrectas (Espadas) o tachadas de populismo de bajo coste (Zoido). Al final, la gran perjudicada es la ciudad.

Sexta uva. Con Espadas se talan árboles igual que con Zoido. Unos 600 han caído este año, algunos en lugares tan señalados como la acera del Palacio de San Telmo. Este alcalde, al menos, se ha propuesto luchar contra dos lacras de la ciudad: las plazas duras heredadas de finales de los 80 y principios de los 90, y el tormento de Sísifo de los veladores, un tsunami de mesas y sillas que invade las principales calles del centro y muchas de los barrios. La Plaza de Armas ha estrenado un diseño más amable gracias a Adif y Mercadona. La Plaza de Juan Antonio Cavestany, muy cerca de Santa Justa, será reurbanizada con una configuración más apropiada para una ciudad con seis meses de calor que para el clima moscovita que presenta ahora. El concejal Antonio Muñoz, que dirige la cursimente denominada Delegación de Hábitat Urbano, ha sacado las brigadas anti-veladores a las calles con la intención de difundir que el aparato coercitivo del Ayuntamiento existe, que las mesas y sillas ilegales se requisan y que las sanciones se imponen. Las batidas han sido habituales. El primero de enero se debe notar la nueva normativa, muy restrictitiva, impuesta en la Campana, la Avenida y San Fernando.
Zoido y Alberto Díaz

Séptima uva. Espadas sabe como nadie cuánto cuesta movilizar la burocracia de una estructura mastodóntica como el Ayuntamiento, donde el miedo a las imputaciones de los funcionarios y el férreo control de la Intervención municipal, lastran los anhelos de velocidad de cualquier político por lograr con urgencia un proyecto que sea el símbolo de su mandato. Este alcalde no cortará la cinta de la segunda gran tienda de Ikea, para la que la Junta no ha dado facilidades y el Estado, al menos, ha vendido que ha hecho los deberes que le correspondían. El centro de recepción de visitantes –la horripilante obra a la vera del río en Marqués de Contadero– se eterniza y se encarece porque fue adjudicada con una baja temeraria. Altadis es un proyecto varado, un cementerio fabril en pleno casco urbano. Al final, todo lo bueno y lo malo que ocurre en la ciudad se identifica con la figura de su alcalde. El alcalde es el pararrayos donde impactan las quejas que a veces corresponden a las administraciones autonómica y estatal.

Octava uva. A Espadas le encanta hablar de la reformas estructurales en el Ayuntamiento. Ha depositado en funcionarios municipales de corte progresista su apuesta por la gestión cotidiana. Es cierto que se trata de una fórmula clave para el éxito que le ha proporcionado paz interna. Aún así, no tiene fuerza para luchar contra algunos de los frenos de la ciudad: las inercias de una Gerencia de Urbanismo con más jefaturas que indios, sin inspectores por las tardes ni los fines de semana y con un alto coste salarial, las excesivas trabas que en no pocas ocasiones pone el viceinterventor que sacaba de quicio al PP y ahora al PSOE, los cambios disparatados de criterio de las Comisiones de Patrimonio, etcétera. Aquí es donde muchas veces se encuentran las claves del verdadero bloqueo de la ciudad.

Novena uva. El alcalde no puede quejarse de sufrir una oposición implacable. El Pleno le tumbó la operación de compra parcial de la sede de la Junta en la Plaza Nueva, lo que reveló un fallo de negociación previa de los apoyos en la junta de portavoces. Un error impropio del perfil de gestor de que hace gala Espadas. Pero en ningún momento está sufriendo una fiscalización dura de la gestión. Con Ciudadanos mantiene una relación de absoluta armonía, perfecta traducción local del acuerdo autonómico que sostiene al ejecutivo de Susana Díaz. A Espadas le encantaría que Ciudadanos entrara en el gobierno local. El grupo más poblado de la oposición, el PP, se ha pasado año y medio penando la resaca de la pérdida de la Alcaldía de los 20 concejales y preparando el relevo de Zoido, todo lo cual aderezado con un enfrentamiento interno que mantiene en vilo al PP hispalense. Cuanto más tarde el PP en rearmarse, mejor para este alcalde laborioso y con dedicación, pero sin brillo ni grandes resultados palmarios. Participa Sevilla e Izquierda Unida dan pocos dolores de cabeza al alcalde. Los chicos de Participa siguen sin ser reconocidos como hijos legítimos de Pablo Iglesias. Y los ediles de IU, pese a tener un portavoz con momentos de brillantez en los plenos, tienen bastante con buscar un palo al que agarrarse en el hundimiento de la coalición en toda España. Nunca un gobierno en minoría gozó de tanta tranquilidad. Que le pregunten a Manuel del Valle sobre sus cuatro años sin mayoría absoluta, o que se lo digan a Soledad Becerril en sus cuatro años de alcaldesa apoyada (es un decir) por los andalucistas de Rojas-Marcos.

Décima uva. El gran éxito hasta ahora ha sido la gestión de la Semana Santa, en colaboración con la Delegación del Gobierno en Andalucía. Las vallas, los refuerzos policiales y una buena coordinación fueron determinantes para recuperar la sensación de seguridad en una fiesta herida. Un éxito que continuó en la salida extraordinaria del Gran Poder. La Feria, sin problemas de seguridad y con la caseta municipal reabierta. Tan sólo hubo un patinazo en la concesión del diseño de la portada a un militante socialista de Bellavista. Pero el balance de una gestión no se puede ni se debe basar en las fiestas mayores, lo que precisamente se le achacaba a Zoido desde las filas socialistas en el anterior mandato. Al menos Espadas ha estado hábil para bloquear la construcción de una gran mezquita en Sevilla Este mediante argucias administrativas absolutamente legítimas.

Undécima uva. El taxi vuelve a ser un gremio conflictivo cuyos problemas erosionan la imagen de la ciudad. El gobierno no quiere aplicar la sentencia del TSJA de 2001 que impone el turno rotatorio en la polémica parada del aeropuerto, donde los abusos y las irregularidades –sobre todo con pasajeros extranjeros– son una constante. El principal problema de esta parada no es el intrusismo, como se nos quiere hacer ver, sino el mal trato que se ofrece a muchos viajeros a los que se intenta cobrar de más cuando existe un cuadro de tarifas fijas. El reto del taxi en 2017 es el del esmero, como fórmula para competir con las nuevas modalidades de transporte que se ofrecen con éxito por aplicaciones digitales sin riesgos de sobrecostes. La Policía Local perderá 200 agentes en cuatro años si no se aplican soluciones. Sevilla sufre un déficit de policías nacionales y está a punto de sufrirlo también en el cuerpo de seguridad local. La apuesta por un guardia civil al frente de la Policía Local revela el deseo del alcalde de introducir un mando único y una mayor disciplina en un colectivo que ha dado quebraderos de cabeza a todos los alcaldes por la vía del polémico sindicato mayoritario. La Policía Local sigue sin reglamento interno y sin una Relación de Puestos de Trabajo (RPT). En cualquier caso, la paz social se consigue aumentando las partidas presupuestarias para productividades. Ningún alcalde se atreve ni con la Policía Local, ni con los taxistas del aeropuerto. Ni siquiera el que gozó de 20 concejales. Malos tiempos para el ejercicio de la autoridad.

Duodécima uva. A Espadas se le satura el centro de franquicias. Sevilla se despersonaliza en sus principales calles, se iguala a cualquier urbe de corta historia, se muestra impotente para mantener un comercio propio, con sello particular, que la haga diferente y única, que son los valores que, junto a las conexiones del transporte, los monumentos y el sector terciario, convierten a una ciudad en un potente destino turístico. El mismo delegado de Turismo ha mostrado su preocupación por los atentados estéticos en la Avenida y por la caída paulatina de negocios antiguos y únicos. La Campana ha sido tomada por las multinacionales de la hamburguesa y las franquicias del donut. El aeropuerto de San Pablo se obrará en 2017 para ponerlo al día tras 25 años en los que se ha quedado pequeño. Sevilla aspira a captar visitantes de la Costa del Sol tanto como del mercado chino. Y, por supuesto, el objetivo es que Fibes acoja más congresos de entre dos mil y cinco mil visitantes. Todos esos objetivos deben ser combinados con el impulso y cuidado del negocio tradicional, que hacen distinta a una ciudad de otra. Los turistas no vienen a Sevilla a comer hamburguesas ni donuts tuneados. Y el propio PSOE, estando en la oposición, reconoció el problema.