Archivos para el tag ‘balance’

Las doce uvas de Espadas

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2017 a las 5:00

Imagen alcalde espadas

1. Fin de la tranquilidad. Los campanadas del reloj marcarán simbólicamente el final de un período de calma para el alcalde de Sevilla. Por condicionamientos electorales, Juan Espadas dejará de disfrutar del ambiente de relajación, al menos exento de polémicas, del que ha gozado desde que alcanzó la Alcaldía con sólo once concejales. Por ahora ha tenido escasos problemas de convivencia con quienes le prestan apoyos políticos, unas fuerzas tan distintas y tan distantes como Ciudadanos y el bloque de Participa e IU. Las fracturas se han evidenciado en muy contadas ocasiones. Ya hubiese querido Manuel del Valle, cuando era alcalde socialista en minoría, haber tenido un arranque de mandato como el del PSOE de este tiempo. Espadas, además, ha contado con la ventaja, enorme ventaja, de tener sumido al grupo mayoritario, el PP, en una crisis interna de larga duración. Esta primera uva tiene cierto aire de despedida de un período que, probablemente, y pese a las dificultades que entraña toda tarea de gobierno, echará de menos en las primeras curvas que, con toda seguridad, le tiene deparado el destino en el primer trimestre.

2. El rearme. El PP tendrá candidato a la Alcaldía esta primavera tras más de un año de una fuerte división interna que provocó un vuelco en el organigrama de poder del partido. Beltrán Pérez, actual jefe de la oposición, se perfila como principal aspirante al sillón de alcalde. En el momento en que sea proclamado como candidato, todos dan por hecho que el tono de la oposición se endurecerá. De hecho, en el último Pleno, celebrado esta semana, el alcalde ya le ha reprochado a Pérez cierta “chulería” en los debates políticos. El PP se rearmará en cuanto tenga un candidato oficial. Tendrá prisas por hacerlo porque el contexto nacional no es boyante tras las elecciones de Cataluña, a lo cual se suma que el partido viene de dos años desperdiciados tras la pérdida cruel de la Alcaldía (60.000 votos menos en cuatro años) y la marcha a Madrid de Zoido como ministro del Interior. El rearme pasará necesariamente por tratar de dejar en evidencia las debilidades de un alcalde en minoría y, por supuesto, en la difusión de cualquier aspecto gris de su gestión. Pérez no es candidato y ya ha amagado con llevar al gobierno ante la Justicia si no facilita determinada información municipal . Conviene recordar que el hoy líder de la oposición fue el látigo de los gobiernos de PSOE e IU. Está más que curtido en estas batallas.

3. El gobierno socialista parece más preocupado por el efecto que tenga en Sevilla el auge nacional de Ciudadanos y por ese previsible rearme del PP, que por la inestabilidad que pueda provocarle en lo que queda de mandato la denominada izquierda radical (Participa Sevilla e IU). El equipo de Espadas no concede mucha capacidad de crecimiento electoral a la marca blanca de Podemos (Participa) y considera que IU tiene su techo en dos concejales, incluso puede acabar fuera del Ayuntamiento. Espadas se entiende a la perfección con Javier Millán, portavoz de Ciudadanos, al que fagocita en muchas ocasiones, en actos en los que comparecen conjuntamente. Queda la duda de si Ciudadanos peca de ingenuidad política, o si simplemente sigue la estela colaboracionista sin complejos que marca Juan Marín en Andalucía al ser la muleta del gobierno de Susana Díaz. Está por ver, por cierto, si Ciudadanos mantiene a ambos dirigentes en la lucha electoral o si, llegado el caso, apuesta por candidatos con perfiles más duros para tratar de rentabilizar tanto en Andalucía como en Sevilla el gran aldabonazo que ha dado el partido naranja en el 21-D catalán.

4. El alcalde se tendrá que defender con mayor frecuencia en 2018 del principal reproche que le hace la oposición: su sumisión al gobierno de Susana Díaz, secretaria general del PSOE andaluz. Tendrá que negociar su tercer presupuesto, el último de un año completo como alcalde. Contará, al menos, con la ventaja de no ser discutido en su propio partido. No es previsible que alguien quiera disputarle la condición de aspirante a la reelección por mucho que los sanchistas hayan conseguido controlar algunas agrupaciones del PSOE sevillano y tener cuota de representación en otras. El PSOE suele respetar a los alcaldes en ejercicio, salvo el caso de Monteseirín, que sumaba ya tres mandatos (lo nunca visto) cuando tuvo que renunciar a la carrera municipal para no acabar como Perico Rodríguez en Huelva. Cada día que pasa, Monteseirín gana en prestigio y se olvidan las aristas de sus años como alcalde, aunque las setas de la Encarnación nos mantengan frescos los peores recuerdos.

5. La principal virtud. Espadas cae bien. Sigue sin generar rechazo. Los sectores conservadores de la ciudad lo elogian ya abiertamente. Se entiende a la perfección con las cofradías, la autoridad eclesiástica y la clase dirigente empresarial. Es hombre reservado y de costumbres sencillas al que difícilmente se le ve en un bar y que proyecta una imagen amable, próxima y de aparente eficacia. Salvo algunas excentricidades, como cuando cumplió el rito de partir una guitarra en la inauguración del Hard Rock Café, o apuestas tal vez desacertadas como la ampliación de la Feria con una consulta ciudadana previa, el alcalde pisa los menos charcos posibles, es poco amigo de polémicas y evita el cuerpo a cuerpo con los adversarios políticos. El PP, precisamente, logró sacarlo de sus casillas en el último Pleno. Tal vez aquello fue un avance de la tensión creciente que marcará el curso político del nuevo año.

Beltrán Pérez informa sobre el presupuesto de 2018

6. Logros materiales. La sexta uva que se tomará el alcalde debe ser la referida a la necesaria agenda de inauguraciones. Una uva que no se le debe atragantar si quiere, al menos, encabezar la lista más votada en 2019. No debe permitirse el lujo de seguir viviendo de las rentas, unas rentas que en este caso vienen del elevado nivel de expectación que generó su antecesor, Juan IgnacioZoido. A Espadas le comenzarán a exigir logros, un mínimo balance material, más allá de la sombra mínima en la Avenida, del más que discutible formato de Feria alargada, de la habilidad con la que rechazó la polémica mezquita de Sevilla Este (una estrategia bien trazada por el alcalde), de mantener el ambiente navideño en las calles incluso sin mapping (con el enfoque religioso, eso sí, más que orillado) y de procurar que la Semana Santa, sobre todo la Madrugada, transcurra sin incidentes

7. Espadas debe afrontar la mafia del taxi. Sobre todo porque él mismo ha reconocido que los sucesos que se repiten en la parada del aeropuerto lastran la imagen de la ciudad. El alcalde no debe permitir por más tiempo situaciones de tensión y violencia de este servicio público en un aeródromo que supera ya los cinco millones de pasajeros al año. ¡Todo cambiaría si Sevilla tuviera un tren entre Santa Justa y San Pablo! Pero carecemos de una infraestructura básica y habitual en grandes ciudades. Incluso Jerez la tiene. Mientras tanto, el Ayuntamiento no puede quedar en evidencia, dar una imagen de impotencia, de no poder hacer más, o simplemente denunciar públicamente (con razón) el déficit de policías nacionales en Sevilla. La actual Delegación de Seguridad, que ha demostrado firmeza, determinación e ideas ante fenómenos tan inmovilistas como la Semana Santa, está obligada a buscar soluciones a un problema que ensucia la imagen de la ciudad desde hace más de veinte años.

8. Otros proyectos. La antigua estación de Cádiz, el mercado de la Puerta de la Carne, la antigua comisaría de la Gavidia, San Hermenegildo, las Naves de Renfe en San Jerónimo, la apuesta anunciada por los terrenos del Puerto… La lista de inmuebles todavía sin uso, o sin ni siquiera expectativa de uso, es considerable. Al alcalde le favorecería cortar alguna cinta antes de mayo de 2019. La coartada de la crisis ya no es válida.

9. Urbanismo y Medio Ambiente siguen siendo motores oxidados de la ciudad. La imposibilidad de los alcaldes por reformar servicios fundamentales del Ayuntamiento se ha suplido en este caso con la determinación del delegado Antonio Muñoz por hacer ver que se toman decisiones firmes, incluso drásticas, como la supresión del cien por cien de los veladores en la Campana. El vacío de mesas y sillas en un lugar tan representativo del centro comercial es la expresión de que el Ayuntamiento existe, aun a costa de tratar por igual a comercios centenarios y franquicias de quita y pon. El gobierno, al menos, se esfuerza en poner freno al tsunami de mesas y sillas, promover el comercio tradicional frente a la invasión de franquicias y luchar contra el afeamiento del entorno de monumentos como la Catedral. Otra cosa es que los resultados sean dispares. Lo mismo ocurre con la cruzada de Espadas contra los espacios duros. El alcalde presume de ser un defensor del medio ambiente y de promover espacios de sombra y albero con fuentes de agua. Tiene asesores de prestigio en la materia, como el catedrático Enrique Figueroa. Ha logrado suavizar la Plaza de Armas gracias al proyecto privado de Mercadona y a su apuesta por una vegetación más abundante. Pero aún le queda mucho por hacer en zonas áridas del centro y de barriadas alejadas. Todavía se puede suavizar más el entorno de Santa Justa y en Bami aún hay espacios más propios de Moscú que de una capital con seis meses de calor al año. La inhóspita Avenida sigue siendo la herencia incorregible de los años de Monteseirín, la factura de calor que hay que seguir pagando por la obra del tranvía diez años después. Urge cuidar más el centro en todos los aspectos (urbanismo, comercios, transporte, estética…) sobre todo cuando la alarma por el exceso de turismo se ha cobrado ya episodios desagradables en grandes ciudades como Barcelona. En el caso de Sevilla, el número de apartamentos turísticos fuera de ordenación no deja de crecer y de generar nuevos problemas.

10. Los guiños del alcalde a la izquierda radical han sido, por el momento, escasos. De cara a la galería. El decreto de reducción de concejales en los actos religiosos, la transformación del premio taurino del Ayuntamiento en una versión light que reconoce a pintores antes que a matadores, algunos ajustes presupuestarios de escasa relevancia, etcétera. No se ha amilanado al sacar adelante el primer escudo oficial de la ciudad con San Fernando, San Isidoro, San Leandro y el título oficial de mariana. Hay que reconocer que Emasesa ha estado rotunda cuando ha denunciado los abusos de consumo que cometen quienes, precisamente, gozan de condiciones ventajosas por su acreditada situación de pobreza.

Ayuntamiento. El alcalde, Juan Espadas, y el portavoz municipal
11. Empresas municipales. Monteseirín sufrió con Tussam. Zoido soportó una huelga general de Lipasam con impacto en los telediarios nacionales. Espadas goza, por el momento, de una paz social en las principales compañías del Ayuntamiento, donde (recuérdese) ningún sueldo de cargo eventual supera los 60.000 euros, el tope ridículo que se impuso a principios de mandato. Emvisesa se ha reactivado, lo cual no era muy difícil tras la inactividad del mandato anterior. Distinto es el caso del ICAS, donde la oposición barrunta problemas por las cuentas, una polémica que arreciará a lo largo de 2018. La gestión de los dos principales concejales del gobierno, Antonio Muñoz y Juan Carlos Cabrera, estará en el punto de diana de la oposición en cuanto se aproximen las elecciones. Y, sobre todo, en cuanto el PP tenga candidato formal y necesite imperiosamente adquirir relevancia y levantar el vuelo.

12. Espadas entra en un tiempo decisivo como alcalde. La recuperación de algún edificio sin uso y el inicio de la obra de ampliación del tranvía (de San Bernardo a Santa Justa) serán dos objetivos principales en una ciudad que funciona como destino turístico, vende con habilidad su imagen exterior y tiene capacidad para captar congresos de importancia. No será ya la hora de promover difusos ejes de colaboración con Málaga, Córdoba y Granada, sino de los hechos, de convencer a los ciudadanos de que su gestión ha mejorado su calidad de vida. Los sevillanos deben recuperar su confianza en la calle en las grandes concentraciones. El cuerpo de la Policía Local debe ser digno de la cuarta ciudad de España y tratar con respeto a los ciudadanos al mismo tiempo que se hace respetar. Los taxistas deben alcanzar niveles de esmero que los hagan preferibles a otras ofertas privadas. Se debería ir a pie desde la Pasarela a la Plaza Nueva por un itinerario de sombra, los rótulos estridentes deben dejar de contaminar los principales monumentos, Mateos Gago ha de ser una calle cómoda para los viandantes y el alcalde, sobre todo, tiene que ser capaz de reivindicar elMetro ante la Junta de Andalucía. De la Ciudad de la Justicia ya ni se habla, ha quedado claro que cualquier anuncio al respecto es puro humo venteado. Y en cuanto a las rondas de circunvalación y otras infraestructuras o recursos necesarios, la ciudad parece conformarse por ahora con los anuncios a cuenta gotas de los ministros de turno. Doce uvas que despiden un año, un tiempo de calma que el alcalde probablemente no se esperaba ni en su mejor previsión. Espadas reconoce ya que ocho años serían el tope idóneo en el cargo. El desgaste de la política municipal es elevado. Cuatro años más son muchas más uvas. Con sus pepitas dentro.

Las doce uvas de Espadas

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2016 a las 5:00

ESPADAS CAJA
Primera uva. Año y medio en el cargo y ni una palabra más alta que otra, ni una cinta cortada, ni tampoco ningún gran escándalo. Juan Espadas es un político plano. Pasa desapercibido hasta en sus muchos paseos por la calle. Su fuerte no es la notoriedad. Tampoco es su objetivo. Es un alcalde de ruan, pasajero del vagón en silencio del tren de la política, sin concesiones en sus discursos, sin excesos ni brillos. Se siente cómodo en las zonas templadas. Un alcalde sin alharaca, exento de frivolidades. Un carácter que se refleja en su gestión: sin grandes logros materiales por el momento, con algún proyecto sonado a medio plazo (caso de la ampliación del tranvía) de los que está por ver su resultado, y con la certeza quizás de que las grandes soluciones, si existen, nunca deben provocar ruido. Basten dos ejemplos: el nombramiento de un jefe de la Policía Local en una toma de posesión a puerta cerrada, cosa inaudita, y la apuesta por la supresión de chabolas del Vacie, sin cámaras de televisión ni fotógrafos de por medio, con la tesis de que en el asentamiento se debe trabajar con la mayor discreción.

Segunda uva. Espadas es absolutamente dócil ante Susana Díaz. Como cualquier dirigente socialista andaluz, el alcalde de Sevilla está eclipsado por la larga sombra de la presidenta andaluza, consagrada ahora más que nunca a la carrera por la secretaría general del PSOE. En cierta forma, Espadas tiene que moverse entre el hiperliderazgo de Susana Díaz y la omnipresencia costumbrista de Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior y ex alcalde de la ciudad. Dos potentes sombras que no deben ser nada cómodas para un alcalde que hace virtud de su escaso índice de popularidad. Si Susana Díaz abandonase algún día San Telmo, tal vez Espadas tendría la oportunidad de hacer carrera propia. En política nada es gratuito. Quizás por eso ha dedicado muchos esfuerzos durante 2016 a trabajar las líneas de entendimiento y colaboración con Granada, Málaga y Córdoba. En ocasiones lo ha hecho con peticiones tan llamativas como un tren que conecte el aeropuerto de Málaga con la estación ferroviaria de la capital costasoleña, cuando Sevilla carece clamorosamente de esta infraestructura. Espadas es hoy un ejemplo de político muy moderado dentro del PSOE. No controla un partido constituido por agrupaciones de muy diverso peso. Jamás se olvide que ha conseguido la Alcaldía con los peores resultados obtenidos por el PSOE en una capital que en los tiempos de pana y previos al 92 era un fortín para los socialistas.

Tercera uva. Un alcalde plano preside un gobierno plano. Y la gestión, como ya se ha apuntado, es consecuentemente plana. Hay leves excepciones. Como alcalde es una continuación de su estilo al frente de la oposición. Ni frío de enero ni calor de julio Hay que admitir que la falta de chispa de la que adoleció en la oposición es quizás una cualidad que puede ser rentable cuando se está en el gobierno. El equipo de Zoido, por ejemplo, no supo cambiar de registro cuando alcanzó el gobierno. No supo entender que la guerra había terminado. La única concejal del gobierno que le ha puesto en un aprieto ha sido Carmen Castreño, reprobada por el Pleno tras la sentencia del TSJA que dictó que como presidenta del Pleno había contravenido nada menos que la Constitución Española al impedir el debate de las propuestas de la oposición sobre los presupuestos de la ciudad. Espadas se tragó el sapo. Quien por el momento no le ha generado problemas es la delegada de Participación Ciudadana, Adela Castaño, que guarda un perfil discreto tras algunas polémicas sonadas en los años de oposición.

Cuarta uva. A Espadas se le perdonan algunos gestos, llamémoslos así, por los que a su antecesor le hubieran arreciado las críticas. No son muchos, pero sí reveladores. Romper una guitarra en la inauguración de un restaurante americano en la calle San Fernando, subirse en el coche insignia de la vuelta ciclista a España a su paso por Sevilla, convocar una consulta ciudadana sobre la fecha de comienzo de la Feria, o sencillamente aceptar encarnar al rey Baltasar en la cabalgata del Ateneo, cosa que Zoido rechazó dos veces por el tradicional complejo de la derecha. Espadas juega a dos bandas: contenta a la Sevilla tradicional portando crucificados en los vía crucis, y a los socios de investidura de la izquierda radical colocando una iluminación navideña exenta de simbología religiosa.

Quinta uva. El de 2017 será un año donde necesariamente se habrá de ver algún fruto de logro mandato que consumirá su primera mitad. El gobierno amigo de la Junta no se nota por el momento. La inversión en infraestructura se la ha llevado el tranvía de Alcalá de Guadaíra. Tanto la Junta como el Estado siguen relegando a Sevilla en los presupuestos públicos. Tiene razón el PP cuando señala que la gran inversión que necesita Sevilla es el Metro, que no veremos crecer en los próximos cuatro años. Todo indica que Espadas tratará de contentar a la ciudad con la ampliación del Metrocentro de Monteseirín, un costoso y complejo placebo para hacer olvidar el verdadero objetivo de una gran ciudad: las líneas 2, 3 y 4 del suburbano. De este alcalde jamás cabrá esperar una postura firme y exigente ante la Junta para demandar la infraestructura más necesaria en una urbe de cerca de 700.000 habitantes y con una alta densidad de población en la corona metropolitana. En la Junta nadie da la cara por Sevilla por miedo al discurso de los agravios entre provincias hermanas. Las alusiones a la capitalidad de Sevilla son políticamente incorrectas (Espadas) o tachadas de populismo de bajo coste (Zoido). Al final, la gran perjudicada es la ciudad.

Sexta uva. Con Espadas se talan árboles igual que con Zoido. Unos 600 han caído este año, algunos en lugares tan señalados como la acera del Palacio de San Telmo. Este alcalde, al menos, se ha propuesto luchar contra dos lacras de la ciudad: las plazas duras heredadas de finales de los 80 y principios de los 90, y el tormento de Sísifo de los veladores, un tsunami de mesas y sillas que invade las principales calles del centro y muchas de los barrios. La Plaza de Armas ha estrenado un diseño más amable gracias a Adif y Mercadona. La Plaza de Juan Antonio Cavestany, muy cerca de Santa Justa, será reurbanizada con una configuración más apropiada para una ciudad con seis meses de calor que para el clima moscovita que presenta ahora. El concejal Antonio Muñoz, que dirige la cursimente denominada Delegación de Hábitat Urbano, ha sacado las brigadas anti-veladores a las calles con la intención de difundir que el aparato coercitivo del Ayuntamiento existe, que las mesas y sillas ilegales se requisan y que las sanciones se imponen. Las batidas han sido habituales. El primero de enero se debe notar la nueva normativa, muy restrictitiva, impuesta en la Campana, la Avenida y San Fernando.
Zoido y Alberto Díaz

Séptima uva. Espadas sabe como nadie cuánto cuesta movilizar la burocracia de una estructura mastodóntica como el Ayuntamiento, donde el miedo a las imputaciones de los funcionarios y el férreo control de la Intervención municipal, lastran los anhelos de velocidad de cualquier político por lograr con urgencia un proyecto que sea el símbolo de su mandato. Este alcalde no cortará la cinta de la segunda gran tienda de Ikea, para la que la Junta no ha dado facilidades y el Estado, al menos, ha vendido que ha hecho los deberes que le correspondían. El centro de recepción de visitantes –la horripilante obra a la vera del río en Marqués de Contadero– se eterniza y se encarece porque fue adjudicada con una baja temeraria. Altadis es un proyecto varado, un cementerio fabril en pleno casco urbano. Al final, todo lo bueno y lo malo que ocurre en la ciudad se identifica con la figura de su alcalde. El alcalde es el pararrayos donde impactan las quejas que a veces corresponden a las administraciones autonómica y estatal.

Octava uva. A Espadas le encanta hablar de la reformas estructurales en el Ayuntamiento. Ha depositado en funcionarios municipales de corte progresista su apuesta por la gestión cotidiana. Es cierto que se trata de una fórmula clave para el éxito que le ha proporcionado paz interna. Aún así, no tiene fuerza para luchar contra algunos de los frenos de la ciudad: las inercias de una Gerencia de Urbanismo con más jefaturas que indios, sin inspectores por las tardes ni los fines de semana y con un alto coste salarial, las excesivas trabas que en no pocas ocasiones pone el viceinterventor que sacaba de quicio al PP y ahora al PSOE, los cambios disparatados de criterio de las Comisiones de Patrimonio, etcétera. Aquí es donde muchas veces se encuentran las claves del verdadero bloqueo de la ciudad.

Novena uva. El alcalde no puede quejarse de sufrir una oposición implacable. El Pleno le tumbó la operación de compra parcial de la sede de la Junta en la Plaza Nueva, lo que reveló un fallo de negociación previa de los apoyos en la junta de portavoces. Un error impropio del perfil de gestor de que hace gala Espadas. Pero en ningún momento está sufriendo una fiscalización dura de la gestión. Con Ciudadanos mantiene una relación de absoluta armonía, perfecta traducción local del acuerdo autonómico que sostiene al ejecutivo de Susana Díaz. A Espadas le encantaría que Ciudadanos entrara en el gobierno local. El grupo más poblado de la oposición, el PP, se ha pasado año y medio penando la resaca de la pérdida de la Alcaldía de los 20 concejales y preparando el relevo de Zoido, todo lo cual aderezado con un enfrentamiento interno que mantiene en vilo al PP hispalense. Cuanto más tarde el PP en rearmarse, mejor para este alcalde laborioso y con dedicación, pero sin brillo ni grandes resultados palmarios. Participa Sevilla e Izquierda Unida dan pocos dolores de cabeza al alcalde. Los chicos de Participa siguen sin ser reconocidos como hijos legítimos de Pablo Iglesias. Y los ediles de IU, pese a tener un portavoz con momentos de brillantez en los plenos, tienen bastante con buscar un palo al que agarrarse en el hundimiento de la coalición en toda España. Nunca un gobierno en minoría gozó de tanta tranquilidad. Que le pregunten a Manuel del Valle sobre sus cuatro años sin mayoría absoluta, o que se lo digan a Soledad Becerril en sus cuatro años de alcaldesa apoyada (es un decir) por los andalucistas de Rojas-Marcos.

Décima uva. El gran éxito hasta ahora ha sido la gestión de la Semana Santa, en colaboración con la Delegación del Gobierno en Andalucía. Las vallas, los refuerzos policiales y una buena coordinación fueron determinantes para recuperar la sensación de seguridad en una fiesta herida. Un éxito que continuó en la salida extraordinaria del Gran Poder. La Feria, sin problemas de seguridad y con la caseta municipal reabierta. Tan sólo hubo un patinazo en la concesión del diseño de la portada a un militante socialista de Bellavista. Pero el balance de una gestión no se puede ni se debe basar en las fiestas mayores, lo que precisamente se le achacaba a Zoido desde las filas socialistas en el anterior mandato. Al menos Espadas ha estado hábil para bloquear la construcción de una gran mezquita en Sevilla Este mediante argucias administrativas absolutamente legítimas.

Undécima uva. El taxi vuelve a ser un gremio conflictivo cuyos problemas erosionan la imagen de la ciudad. El gobierno no quiere aplicar la sentencia del TSJA de 2001 que impone el turno rotatorio en la polémica parada del aeropuerto, donde los abusos y las irregularidades –sobre todo con pasajeros extranjeros– son una constante. El principal problema de esta parada no es el intrusismo, como se nos quiere hacer ver, sino el mal trato que se ofrece a muchos viajeros a los que se intenta cobrar de más cuando existe un cuadro de tarifas fijas. El reto del taxi en 2017 es el del esmero, como fórmula para competir con las nuevas modalidades de transporte que se ofrecen con éxito por aplicaciones digitales sin riesgos de sobrecostes. La Policía Local perderá 200 agentes en cuatro años si no se aplican soluciones. Sevilla sufre un déficit de policías nacionales y está a punto de sufrirlo también en el cuerpo de seguridad local. La apuesta por un guardia civil al frente de la Policía Local revela el deseo del alcalde de introducir un mando único y una mayor disciplina en un colectivo que ha dado quebraderos de cabeza a todos los alcaldes por la vía del polémico sindicato mayoritario. La Policía Local sigue sin reglamento interno y sin una Relación de Puestos de Trabajo (RPT). En cualquier caso, la paz social se consigue aumentando las partidas presupuestarias para productividades. Ningún alcalde se atreve ni con la Policía Local, ni con los taxistas del aeropuerto. Ni siquiera el que gozó de 20 concejales. Malos tiempos para el ejercicio de la autoridad.

Duodécima uva. A Espadas se le satura el centro de franquicias. Sevilla se despersonaliza en sus principales calles, se iguala a cualquier urbe de corta historia, se muestra impotente para mantener un comercio propio, con sello particular, que la haga diferente y única, que son los valores que, junto a las conexiones del transporte, los monumentos y el sector terciario, convierten a una ciudad en un potente destino turístico. El mismo delegado de Turismo ha mostrado su preocupación por los atentados estéticos en la Avenida y por la caída paulatina de negocios antiguos y únicos. La Campana ha sido tomada por las multinacionales de la hamburguesa y las franquicias del donut. El aeropuerto de San Pablo se obrará en 2017 para ponerlo al día tras 25 años en los que se ha quedado pequeño. Sevilla aspira a captar visitantes de la Costa del Sol tanto como del mercado chino. Y, por supuesto, el objetivo es que Fibes acoja más congresos de entre dos mil y cinco mil visitantes. Todos esos objetivos deben ser combinados con el impulso y cuidado del negocio tradicional, que hacen distinta a una ciudad de otra. Los turistas no vienen a Sevilla a comer hamburguesas ni donuts tuneados. Y el propio PSOE, estando en la oposición, reconoció el problema.

El bochornoso informe de Loles

Carlos Navarro Antolín | 25 de marzo de 2015 a las 0:00

MORENO CUESTIONA SI DÍAZ "NO SE ATREVE" A HABLAR DE DECENCIA "EN PLURAL"
EN cuestiones del PP andaluz, todos coinciden en que lo peor está siempre por llegar. Las personas se dividen en tres: las que se enteran, las que no se enteran y las que no se van a enterar en la vida, al igual que las cosas se pueden hacer mal, muy mal o al estilo del PP andaluz. Estos asertos nunca fallan. Decíamos ayer, va por Fray Luis de León, que la intervención en la junta directiva regional de la señora Villalobos, doña Celia, puso al personal a hacer pajaritas de papel, a buscar el antiácido en el bolsillo o a consultar en las tabletas digitales los resultados andaluces de la Alianza Popular de Gabino Puche. Se oyó algún cuchicheo de consumo interno.

–No tenemos que preocuparnos tanto, joé… He encontrado un año en que sacamos 29. Mira, mira… ¡Estamos aún cuatro por arriba!

Pues peor, pero mucho peor que los resultados de don Gabino, fue la intervención de Loles López, secretaria general del PP andaluz. Algunos se aliviaron pensando que la cosa era a puerta cerrada. ¿Qué puede decir una secretaria general después de perder 17 diputados y medio millón de votos? Pónganse los cinturones que esto despega, que redoblen los tambores porque van a asistir a un salto de trampolín con triple tirabuzón, apaguen sus teléfonos móviles, no vale el modo avión, y prepárense para acceder al túnel de la risa, María Luisa.

La secretaria general alaba en su discurso que la candidatura de Juan Manuel Moreno Bonilla, la del batacazo de los 33 diputados, ha sido un éxito. Primero: la candidatura ha conseguido ser trending topic en varias ocasiones. Segundo, el candidato ha logrado ser entrevistado por Ana Rosa Quintana. Tercero, el candidato hizo un papel magnífico en el programa Un tiempo nuevo de Sandra Barneda, donde Susana Díaz fue invitada y no se atrevió a asistir. Cuarto, los selfies que se ha hecho el candidato por toda Andalucía han sido innumerables. Quinto, los speakers corners del candidato han sido una experiencia extraordinaria, se palpaba el éxito cada vez que Moreno Bonilla se paraba en una esquina a charlar con los andaluces al estilo de Zoido en 2007, pero perdiendo después en las urnas. Y sexto, no se vayan todavía porque hay más, la candidatura del PSOE ha caído en votos. Activen los emoticonos ojipláticos.

Esto es lo que se llama un balance al peso. Sí señora. Esto es tomarle el pulso a la calle, tener claro que la autocrítica es la mejor forma de salir reforzado de una crisis. Esto es exhibir una idea de Andalucía ajustada a la realidad, lo que ahora se llama una visión global con una perspectiva de futuro basada en datos técnicos y científicos. Ahora me explico por qué hubo señores que no aplaudieron al terminar la lectura de un informe de una altura política que no se recuerda en la derecha española desde los tiempos de Cánovas del Castillo, don Antonio. ¡Estaban deslumbrados por tamaña capacidad de análisis! Las universidades andaluzas ya le han ofrecido a Moreno Bonilla que les ceda a la secretaria general para un curso de verano bajo el título Los análisis post-electorales del PP andaluz, lumen gentium.

Si los selfies fueron miles, sólo hay que pedir pista. ¡Que va la artista! Pongan a funcionar el hastag #imparableloles. Tranquilidad en las masas, que no se mueva un varal en el PP andaluz, que todo ha ido de dulce, que aún están cuatro por arriba de Puche, don Gabino. La de speakers corners que se va a hartar de hacer Moreno Bonilla en la Semana Santa andaluza. Si le dejan las sillitas de los chinos, claro.

Todos a llevar huevos al torno de la Alcaldía

Carlos Navarro Antolín | 21 de abril de 2014 a las 21:41

_MG_6854.JPG
Un político no controla cuándo llueve. Ni cuándo deja de llover. Si Juan Ignacio Zoido pudiera, tengan por seguro que prometería acabar con el calor de los veranos de Sevilla. Pero no puede. O sí… Pues ha habido alcaldes que nos han prometido una playa y aún estamos con la cara de tontos esperando dónde clavar la sombrilla. En esa rentabilización de la gestión cotidiana, esa política de infantería que es el estandarte del actual mandato, el alcalde convierte la Semana Santa de 2014 en su éxito político. La gran clave ha radicado en que las nubes han sido indulgentes todos los días, por lo que han salido todas las cofradías y, por lo tanto, ha habido más público y, por consiguiente, el consumo también ha subido. No hay más. Y no es poco. Los servicios municipales han funcionado, es cierto. Pero la obligación de los servicios municipales es hacer lo que casi siempre hacen en Semana Santa: funcionar. Ojalá pudieran reeducar a la mayoría de guarros que han dejado las calles como una covacha. ¿Cuál ha sido la habilidad del alcalde en cuanto se ha encerrado el último paso? Capitalizar nuevamente el éxito de la micropolítica: los barrenderos han barrido, los autobuses han circulado, los bares han vendido más cervezas y, por supuesto, las cofradías han salido… Y el rostro de esa gran gestión es el de un alcalde risueño. ¿Alguien recuerda al socialista Monteseirín presentando los balances de sus doce Semanas Santas? Nadie. Zoido sabe perfectamente las medidas de la ciudad. Le resbalan las críticas sobre su afición como alcalde a las fiestas mayores. Dame cofradías… y dime tonto. Tiene clara la escasa o nula importancia que la ciudadanía concede a los acuerdos del consejo de gobierno de la Gerencia de Urbanismo, a la reforma del PGOU, a los informes del interventor sobre el grado de cumplimiento del Plan de Ajuste, a la incidencia de la reforma local, a la ejecución del presupuesto municipal y a los debates en los plenos municipales… Para presentar el balance de la Semana Santa, el alcalde ha comparecido con tres concejales del gobierno, dos gerentes de empresas municipales y cuatro altos cargos municipales. Una parafernalia que confirma la estrategia que tratará de aquí a a las elecciones de resaltar la importancia de lo cotidiano a falta de grandes proyectos. Los promotores de la Pax Zoidiana tienen claro el fomento del circo (fiestas de primavera), mientras no puedan dar el pan (empleo). El urbanismo morado que regaba a las cofradías de miles y miles de euros a cambio de varas en lugares destacados lo inventó Monteseirín. Pero la Semana Santa sin lluvia parece que la ha inventado Zoido, un alcalde vitaminado como el bombón helado por el médico recomendado, un alcalde a la medida, como las camisas de Javier Sobrino. El alcalde se puede encontrar la próxima cuaresma con una cola de cofrades llevándole huevos a su despacho como novias desesperadas de la primavera para que no llueva en Semana Santa. Quien quiera cofradías, que deje huevos en el torno de la Alcaldía, como las casamenteras en Santa Clara. Pero para que acabe con los veladores ilegales… Para eso hacen falta muchos, muchísimos huevos.

Zoido al Comité Ejecutivo del PP: “Estoy negro”

Carlos Navarro Antolín | 30 de mayo de 2013 a las 5:00


Ocurrió el lunes en la sede regional del PP, en la calle San Fernando. La cita del comité ejecutivo provincial estaba marcada a las 17:30 con todas las intervenciones previstas a puerta cerrada, sin profesionales de los medios de comunicación en ningún momento. La agenda de estos comités se suele compaginar con la del alcalde y presidente regional del partido, pero la realidad es que en pocas ocasiones se cuenta con la presencia de Juan Ignacio Zoido, quien sólo acude en fechas políticamente destacadas. Lo hizo en el comité de enero, en las vísperas de la huelga de Lipasam, antes de aquellos días en que Sevilla aparecía patas arriba en los telediarios y de los que la figura del alcalde salió bastante reforzada. O como hizo el pasado lunes, en un contexto de balance de dos años de mandato y de otros hechos a los que el alcalde ha querido replicar en el foro que considera idóneo: la cocina del partido. Zoido siempre se jacta de no airear cuitas internas ni de hablar en las barras de los bares.
Y así fue. Zoido llegó, habló y se marchó. No se quedó a toda la sesión. Se le concedió la palabra, obviamente. Y desarrolló un discurso de reivindicación de sus logros, de respuesta a las “presiones” y hasta de cierto lamento. Para trazar este discurso usó la percha que le brindaba el calendario: ese día, 27 de mayo, se cumplían precisamente seis años de sus primeras elecciones municipales, aquellas en las que lideró la lista más votada, pero en las que quedó orillado del poder por unos insuficientes 15 concejales que permitieron la reedición del pacto entre el PSOE e IU. El alcalde se presentó ante sus compañeros de partido con documentación bajo el brazo. Exhibió las portadas de algunos periódicos del día posterior a aquellas elecciones. En una de ellas aparecían triunfantes Alfredo Sánchez Monteseirín con tres dedos alzados en señal de sus tres mandatos consecutivos; José Antonio Viera, entonces secretario general del PSOE sevillano, y Rosamar Prieto-Castro, que concurrió como número dos por la lista socialista. “¿Dónde están ahora Monteseirín, Viera y Rosamar?”, preguntó un Zoido ante la indisimulada extrañeza de un comité ejecutivo que registraba menos de media entrada, pues la ausencia de muchos de los dirigentes de la provincia era notable. Y presumió de dónde está él siete años después: con 20 concejales.
Los asistentes se dieron cuenta pronto de que el alcalde estaba reivindicándose como político, tal vez en respuesta a algunas críticas a su gestión en el Ayuntamiento. Pero sólo se puede apuntar como probabilidad, pues el alcalde no fue más preciso. “Estamos gobernando, defendiendo los intereses de la ciudad”. Ytambién esos asistentes percibieron que exigía más que nunca respeto a los “tiempos” del partido a la hora de decidir su futuro como presidente regional del PP, el ya manido debate sobre si será o no candidato a la Junta, una cuestión que parece evidente que escuece al alcalde desde el principio. Al alcalde le molestan especialmente las “presiones” de quienes consideran desde distintas instancias que debe abandonar ya la aventura regional y dedicarse con exclusividad al Ayuntamiento, tanto como las de quienes echan en falta más dedicación a sus funciones como líder regional. Estas “presiones” y la suma de otros factores le llevaron a emplear una expresión tan coloquial como contundente, confirmada a este periódico por cuatro fuentes consultadas: “Estoy negro”. ¿Por qué está negro el alcalde? Quienes bien lo conocen lo explicaron ayer a este periódico: “Está preocupado y lo expresa donde tiene que expresarlo”. No termina de encajar que las entrevistas periodísticas sobre sus dos años de mandato municipal se centren más en el PP regional que en el Ayuntamiento.
El propio Zoido refirió en su intervención una reciente visita suya a Sierra de Yeguas dentro sus obligaciones como presidente regional del PP. Aludió de forma distendida –siempre dentro del formato del comité ejecutivo– que él mismo se planteaba su presencia en aquel lugar pero que cumplía las obligaciones encomendadas. Y trufó toda su intervención de respuesta a esas “presiones” que desde diversos frentes (medios de comunicación incluidos) considera que son inaceptables: “Este partido no tiene hipotecas, ni acepta presiones”. Refirió, sin mayores precisiones, que si hay hipotecas de algún tipo, serán “personales”.
El caso es que entre los asistentes –todos le aplaudieron al final, como es de rigor– hubo quien no se terminó de explicar una intervención de estas características, pues si en algún sitio no es cuestionado Zoido es en el comité ejecutivo del PP de Sevilla, donde disfruta de un estado de paz que ya quisieran otros partidos políticos. Incluso en los corrillos posteriores se refirió una supuesta encuesta que le concedería de nuevo el bastón de mando en el Ayuntamiento, aunque se apreciaría una pérdida importante de votos en la provincia.
A Sevilla vendrá el domingo la secretaria general del PP de Sevilla, María Dolores de Cospedal. El acto, que se celebrará en el restaurante La Raza, será un espaldarazo a la gestión del alcalde en todos los sentidos. Los militantes ya han recibido la convocatoria: a las 11: 30.

Un alcalde y 20 fieles ejecutores

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2012 a las 5:00

UN alcalde sin sombra. Una curia sin cardenales. Todo por Zoido. El primer año de gobierno se salda prácticamente sin incidentes en la convivencia entre los veintiún concejales del gobierno. Nadie discute al jefe, que ha formado un ejecutivo local donde no hay ningún número dos, nadie que oficialmente se aproxime a la categoría de vicealcalde con la que Monteseirín llegó a investir a Emilio Carrillo amparándose en la Ley de Grandes Ciudades. Zoido no tiene vicealcaldes ni delfines, pese que su programa electoral recogía el nombramiento de un edil de Presidencia. Todo lo más, un círculo estrechísimo en el que sólo cabe como fijo el concejal Gregorio Serrano y algún otro de forma esporádica. El nombre de esa sala noble que está en la planta baja del Ayuntamiento, junto al Arquillo, reproduce fielmente el espíritu de un gobierno donde, por el momento, nadie tose ni cuestiona al alcalde: los concejales de gobierno son los fieles ejecutores. La fidelidad es el efecto lógico de ese período de estabilidad que otorga a todo partido una mayoría absoluta tan abultada y también obedece a que el alcalde no sólo no está cuestionado en su partido sino que no ha hecho más que coger peso específico en las filas del PP. La paz, por ahora, reina en el PP de Sevilla. En el andaluz es otro el debate.

El gobierno local ha vivido casi un año en continuo ritmo electoral, un calendario marcado por la necesidad del PP de explotar (con resultado desigual) la figura del alcalde en las elecciones generales y en las autonómicas. El pronóstico dice que a partir de este segundo año deberán entrar más en juego otros concejales de gobierno (de algunos no se conoce ni la voz).

Un gobierno sin fisuras, pero con un reparto de poder muy distinto. Serrano acapara cuatro áreas y las empresas municipales de peso. Es el superconcejal del gobierno, quien recibe encargos directos y personales del alcalde, el de la agenda más apretada y con quien Zoido comparte muchos de sus momentos de distensión. En general, los concejales de perfil gestor han sustituido a los de perfil político. La delegada de Hacienda, la independiente Asunción Fley, se ha hecho respetar y valer. Tan es así que Arenas se llegó a fijar en ella. Pero la Junta de Andalucía tendrá que esperar. En los Plenos le falta tono político. Maximiliano Vílchez es ya sin duda el delegado de Urbanismo más discreto de la democracia, parece calcado para una etapa de crisis en la que el urbanismo ha perdido fuelle. Ya su gerente se le conoce en las caracolas como “el del pañuelito” por su afición a lucirlos en el bolsillo del pecho de la chaqueta. Es precisamente lo que quería Zoido y así lo expresaba en sus años de oposición: la discreción absoluta en una delegación marcada demasiadas veces por las polémicas y los escándalos.

Pero quien más carece de tono político es, sin duda, el número dos de la lista electoral, el catedrático Javier Landa, que ha metido al alcalde en más de un aprieto por su estilo personal, ajeno a una política encorsetada. Landa usó su potestad como presidente del Pleno para expulsar a dos fotógrafos del Salón Colón, lo que puso a los tres grupos políticos en su contra, que ya es difícil. Anteriormente justificó sin tino que no se izara en el Ayuntamiento la bandera del Día del Orgullo Gay, pero sí la del pueblo gitano. Arguyó que una enseña era institucional y la otra no. Landa ha ido adquiriendo un perfil más discreto y algo menos árido en los últimos meses, consciente tal vez de que las cátedras tienen un peso muy relativo en el mundillo de la política. Por no decir que tienen un peso nulo.

Los concejales más políticos, Curro Pérez y Beltrán Pérez, otrora látigos del gobierno de PSOE e IU, desarrollan ahora papeles más discretos. Curro Pérez está desaprovechado: es portavoz oficial de un gobierno muy presidencialista y su parcela de gestión se reduce al distrito de Triana. Recuérdese que el grupo popular tiene también su propio portavoz, Juan Bueno, con un destacado peso orgánico. Curro Pérez tendrá en pocos meses una competencia para sacar a la luz sus cualidades: la construcción del aparcamiento en San Martín de Porres, que tendrá dos meses levantada esta plaza.

Y Beltrán Pérez parece estar dedicado (y a gusto por el momento) en esa tarea poco lucida de coordinar y potenciar los distritos. La previsión lógica es que Los Pérez recuperen más protagonismo en cuanto se acerquen las elecciones. Son los más políticos.

Zoido sólo ha tenido que desautorizar expresamente en una ocasión a un miembro de su gobierno, precisamente al único que eligió a dedo: Demetrio Cabello. El delegado de Movilidad, comisario del Cuerpo Nacional de Policía de profesión, admitió en público que el Ayuntamiento no puede hacer nada para que la empresa Equipark devuelva a los vecinos las fianzas entregadas porque «no es una obligación impuesta» ni en la normativa contractual ni en los pliegos administrativos de la concesión, por lo que se trataría de una cuestión civil entre una empresa y un particular «y en este ámbito ha de dilucidarse». Cabello dinamitó así una de las principales promesas de Zoido, que en las elecciones experimentó una fuerte subida de votos en el distrito San Pablo-Santa Justa, donde son muchísimos los vecinos defraudados por este asunto. Ni veinticuatro horas tardó el alcalde en pegar su primer tirón de orejas al edil independiente. Zoido calificó de “insatisfactoria” la explicación del concejal de Movilidad y ganó tiempo pidiendo nuevos informes.

El segundo tropiezo resultaron ser los familiares enchufados en los distritos, donde adquirió un protagonismo negativo el más joven de la corporación municipal, José Luis García, delegado del Distrito Sur. Los parientes tuvieron que renunciar a los contratos para que el gobierno no persistiera por más tiempo en los mismos errores que se hartó de denunciar cuando estaba en la oposición y gobernaba Monteseirín con el sostén de IU. A Zoido le escoció especialmente que tales prácticas las hubiera realizado precisamente el más joven del grupo político. José Luis García, Pepelu en las filas del PP, tiene el aval del propio Javier Arenas. Pero ahora está estrecha y discretamente marcado para que no vuelva a protagonizar escándalos que concedan munición al PSOE, que en este asunto fue donde realizó su mejor rodaje como oposición.

Tan sólo se ha producido una baja en el gobierno, la de la delegada de Nervión, María Eugenia Romero, que ahora es diputada en las Cortes. Entró como concejal el siguiente en la lista electoral, Rafael Belmonte. Zoido aprovechó para asignar a Pía Halcón al amable distrito de Nervión y enviar a Belmonte, de perfil mucho más político y un buen ejemplo de fiel ejecutor, a bregar con los problemas de Bellavista, un distrito más duro donde el PSOE tiene a sus dirigentes más beligerantes. Incluso el propio Juan Espadas tuvo sus más y sus menos con sus compañeros de partido en Bellavista en plena campaña electoral. El cambio de Halcón ha sido el único producido respecto al organigrama inicial del gobierno.

El albacea de la herencia recibida

Carlos Navarro Antolín | 17 de mayo de 2012 a las 5:00

UN dossier de 62 folios sacado de la termomix del gabinete de asesores de comunicación ofrece bien mascadito el año de gestión de cada una de las áreas de gobierno del Ayuntamiento. Todo aparece desmenuzado, listo para que sea servido en una papilla de fácil digestión para el comensal, de rápida absorción. Tan veloz que se corre el riesgo de que produzca insatisfacción. Del balance oficial de gestión y de la lectura del resumen de las acciones de gobierno se deduce que hay una auténtica exaltación de la micropolítica. Este gobierno no tiene complejos en hablar en un formato de solemnidad calculada –liturgia de sala capitular del Ayuntamiento– de la poda de los árboles y de la frecuencia de baldeos por las calles, de los baches en la aceras y de la limpieza de los colegios. A favor de este planteamiento juega que no hay dinero para las grandes empresas y que los ciudadanos están con la mente en otros frentes y, además, hastiados de una política que arrastra demasiados años de fuegos de artificio disparados en titulares periodísticos que han emplazado a inauguraciones imposibles a cuatro, cinco o siete años vistos. Es evidente que ya no son creíbles los planes sobre las siguientes líneas de Metro, como no lo es la Ciudad de la Justicia. No es el momento para los grandes proyectos. Aquello se acabó. La crisis económica es la coartada perfecta para esta política de alcance, una gestión de infantería que tiene a los policías y barrenderos como principales ejecutores y a los delegados de distrito convertidos en alcaldes de barrio con la misión de que el vecino sienta el aliento del Ayuntamiento. Zoido ha hecho de la necesidad virtud en una maniobra de habilidad que es marca de la casa. Pero corre el riesgo de que la papilla no sacie.
En contra de esta forma de concebir la gestión juega la imagen a veces chocante que puede ofrecer un gobierno que destaca los pañales de los caballos como un verdadero logro, el desencanto que pueden generar determinadas desaplicaciones (dicho en el lenguaje de Cantatore) en un electorado que tiene unas expectativas altísimas en este gobierno y que con suma facilidad acaba metiendo en el mismo saco a los de antes con los de ahora.
Zoido ha moderado aún más, si cabe, su discurso político al cumplir el primer año de gobierno con el riesgo que tiene la navegación en un mar plato: una singladura plana. Hasta tres veces ha pronunciado una frase: “No se puede cambiar todo de la noche a la mañana”. Y en una suerte de imploración de piedad admite ahora que un Ayuntamiento no puede generar empleo (distinto es que deba facilitar indirectamente su creación), una obviedad que se le olvida en campaña a todos los políticos con ambiciones municipales sin distinción, cuando prometen la creación de puestos de trabajo. “Seré el alcalde del empleo”, dijo en 2011 machaconamente. También ha rebajado el tono de albacea que tienen todos los dirigentes del PP al explicar continuamente la herencia recibida, esa política de retrovisor que combina la pedagogía con el rejoneo.
Dijo ayer este alcalde de las espaldas guardadas por su cohorte de veinte concejales –revueltos como párvulos durante la intervención del jefe– que aún tiene tres años por delante. Un tiempo en el que debe encarar los retos de responder a las expectativas generadas por su figura, cuajar algunos proyectos de los que ha hecho bandera (el desbloqueo de Ikea, los aparcamientos, etcétera), mantener una cantidad suficiente de votos prestados en los barrios tradicionalmente afines al PSOE, dar a conocer con todo lujo de detalles los acuerdos para salvar conflictos con colectivos como la Policía Local, pues la ciudad debe saber el precio de la paz; captar inversiones más allá del sector terciario (mucho más que el mercado del gourmet en el Barranco), evitar descarrilamientos como los enchufes de baja intensidad en los distritos o la inoportuna Operación Talento que ha achicharrado el principal vocablo de su discurso de investidura, y avanzar en la erradicación de la botellona o de los gorrillas. De papilla sólo se vive los primeros años. Ni la gestión pura y dura ni la escoba de oro le valieron para repetir en el gobierno a aquella alcaldesa de la austeridad que iba apagando las luces por el Ayuntamiento. De Zoido se espera mucho más que una papilla, mucho más que un albacea. Tal vez su problema sea que hay quienes esperan de él hasta mucho más que un alcalde.