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Sevilla no deja solo a Feijóo

Carlos Navarro Antolín | 9 de abril de 2018 a las 5:00

PPcaja

Robles

DICEN que la gente que acude a los actos sin acompañante es mucho más de fiar que quienes siempre necesitan del calor almibarado de un séquito o saber de antemano con quién serán sentados a la mesa. La tarde del sábado terminaban las sesiones de la convención nacional del PP –en ese hotel de la Cartuja al que te lleva un taxi y te cuesta un ojo de la cara– cuando las distintas delegaciones organizaban sus cenas. Una vez que Cifuentes se cargó la convención y procuró que la delegación madrileña hiciera todo el ruido posible para parecer que el plenario cerraba filas en torno a su figura, el morbo estaba en conocer las afinidades de mesa y mantel: el quién con quién y dónde. Esa noche estaba convocada la cena de la delegación de Sevilla en el Asador Salas, el sitio favorito de socialistas como Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, hoy en la ejecutiva federal del guapo Sánchez.

El presidente gallego Alberto Núñez Feijóo estaba aparentemente sin compañía para esa noche cuando recibió numerosas ofertas de la militancia acreditada de Sevilla. Los Zidane (Arenas) y Pavones (Beltranes) del PP sevillano lo invitaron a su cena. En Sevilla encanta eso de agasajar al de fuera si se le ve despistado (casi tanto como se disfruta dándole la espalda al que se quiere colar). Sevilla, habitualmente cruel, no dejó sólo a Feijóo, como no dejó en soledad al rey sabio. Los peperos locales tejieron la madeja y se lo llevaron de parranda. Ocurrió –qué cosas– que el presidente Rajoy tampoco quería cenar solo y organizó su propia velada. Y a última hora se llevó a ella a algunos de los que habían citado a Feijóo en el asador. El poder es así, rompe las agendas de cualquiera en un minuto. El gallego llegó al asador del Arenal y no estaba la plana mayor que le había convocado: se habían tenido que ir con el presidente. En el asador faltaban las varas, pero estaban todos los tramos de cirios y penitentes de la cofradía. Y el gallego, considerado por el arenismo como el futuro del PP en España, disfrutó con la compaña y con la ensaladilla servida en bolas (uf), el revuelto de champiñones, los chocos bien separados para que parecieran más y esos platos de carne que incluye todo menú que se precie para que no falten las proteínas. A los postres en el asador sí llegaron ya la presidenta provincial, Virginia Pérez, y el candidato a la Alcaldía, Beltrán Pérez. El aparato sevillano, por fin, se movió de gallego a gallego. Hubo gran foto de familia (sin tortilla) que algunos ven como reveladora del futuro.

Rajoy, mientras, no se quedó solo en Robles. Compartió su litúrgico dedo de escocés (con agua y su cubito de hielo) en compañía, entre otros (y otras), de Juan Manuel Moreno Bonilla, Cospedal, Zoido y Arenas. Javié estuvo con Rajoy hasta el final, como estuvo en Valencia en aquel congreso donde el registrador casi se queda con la brocha en la mano cuando la Aguirre le quería birlar la escalera. Arenas no lo dejó solo. Y eso que Rajoy nunca lo ha hecho ministro. Y ganó el congreso del PP de Sevilla por 24 votos, como 24 fueron los caballeros que entraron con San Fernando en la ciudad, el hijo del rey sabio. La historia no se repite, es la misma. A río revuelto, ganancia de la hostelería.

Rajoy busca enganche

Carlos Navarro Antolín | 8 de abril de 2018 a las 5:00

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EL éxito de un acto en Sevilla es que se quede gente fuera de la convocatoria. A Rajoy le organizaron una cuchipanda el viernes por la noche en el Museo de Carruajes bajo el pomposo título de un encuentro del presidente del PP con la “sociedad civil andaluza”. El jefe del Ejecutivo se movió entre los enganches con esa parsimonia, esa serenidad y esa paciencia que son marcas de su heráldica particular. Daba la mano con la izquierda por una lesión en dos dedos de la derecha. Rajoy es la serenidad pura en un corrillo, es ese señor que da gusto encontrarse en el ascensor y cambiar impresiones sobre el clima, es el secretario idóneo para la comunidad de propietarios. Hacendoso, cumplidor, gris y perseverante. Que hay que ir a la cuchipanda de Juan Manuel Moreno, se va. Que hay que saludar y alternar, se saluda y se alterna. Estuvieron algunos de sus ministros: unos con más ganas, otros con menos. A estas alturas no hay caretas. La de Empleo, Fátima Báñez, fue la única que expresó alegría. Siempre se mueve como pez en el agua por Sevilla. Zoido compareció notoriamente cansado. Cospedal y Soraya acudieron con estilo desenfadado y con el tiempo justo. La de Defensa tenía prisa porque la esperaban en el restaurante La Raza para participar en una cena con los componentes de la delegación castellano-manchega. El ministro Nadal andaba por allí, pero en Sevilla es poco conocido. Casi lo confunden con el metre. Montoro fue el último de los ministros en marcharse, anduvo con el perfil bajo, de tapadillo, pero pasándoselo bien a juzgar por el tiempo que permaneció en el sarao. Todos los demás ministros hicieron rabona. Arenas (Javié) estuvo el tiempo preciso. Llegó, fichó y llevó al abogado Moeckel hasta los dominios de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría: “Soraya, éste es Moeckel, el tío que querrían fichar todos los partidos”.

En esa “sociedad civil andaluza” que Moreno Bonilla logró reunir para cumplimentar a Rajoy estaban algunos clásicos del tío vivo local, esa atracción que gira y gira y donde siempre suben y bajan los mismos… ejemplares. El concepto de sociedad civil es tan amplio (y difuso) que permite meter de todo. Curiosamente no estaban algunos de los empresarios andaluces que figuran entre los de mayor facturación de España, según la última clasificación. Tampoco estaban las cofradías. Sí estaban Juan Ramón Guillén, Miguel Gallego, Manuel Contreras, Francisco Herrero, Francisco Arteaga, Jorge Paradela, Ricardo Pumar, etcétera. El alcalde de Carmona llegó con rostros amables como Pansequito, Raúl Gracia El Tato (“Al aparato”, respondía cuando se le llamaba por teléfono) o la pintora Nuria Barrera, siempre oliendo a Quizás (Loewe), una especialista en los tonos azules, azules como los de este PP teñido de cierta melancolía estos días. No corren buenos tiempos para la gaviota reconvertida en encina tras su paso por el laboratorio de Arriola. Rajoy necesita nuevos enganches. El ambiente de la recepción distaba mucho de la de 2011, celebrada en el Real Alcázar. La euforia actual, cuando se escenifica, está muy forzada. Lo de la Cifuentes ha dolido. En privado se reconoce que no se termina de salir de un entuerto cuando el partido se mete en otro. “Presidente, al menos tiene usted la mano izquierda intacta, que es la que mas necesita”. Y Rajoy se ríe por educación mientras musita una suerte de “chichichí”, que en realidad es un “sí, sí, sí”.

El pintor Ricardo Suárez habla de Arte y de la romería del Rocío con Báñez, la ministra de Huelva, como le gusta proclamar a su jefe de gabinete. Juan Ávila es el único alcalde de la provincia de Sevilla que asiste a la recepción. “También es el único que tiene un Parador”, apunta alguien para justificar su presencia. Santiago León, teniente de la Real Maestranza, se lleva bien con Beltrán Pérez, aspirante a la Alcaldía. Los dos son taurinos. Los condes de Peñaflor se despiden a una hora prudente. El encargado del cátering, Miguel Ángel, se hace una foto con el presidente. Soraya se ha ido. Zoido también. De Arenas no queda rastro. Eladio, un amable camarero, sigue atendiendo con la misma diligencia que en el primer minuto. En el exterior cae una lluvia fina sobre la ciudad. Sólo falta una melodía de violín para cuadrar una escena trufada de cierta melancolía que nadie admite en público, pero sí en privado. Entre los invitados emerge la figura colosal de Antonio del Castillo, padre de Marta. Le agradece a Moeckel un artículo que publicó sobre su hija hace unos años. El senador Toni Martín es el alguacil de la plaza, el ojo que todo lo ve, el que apunta con la mirada quienes van saliendo de la cuchipanda. Moreno Bonilla sonríe. A la portavoz parlamentaria Carmen Crespo no le gusta oír una coletilla sobre su jefe: “Llamadme Juanma”. Por el gesto se le nota la desaprobación, pero ya se sabe lo que dijeron en Cádiz: “¡Viva la libertad!”.

El empresario Miguel Gallego se hace fotos con el presidente del Gobierno con numerosos testigos de la escena: el periodista Fernando Seco, Juan Carlos Hernández Buades y María Luisa Ríos (CEU-San Pablo), Julio Cuesta (eternamente Cruzcampo) y ese largo etcétera que hace la melé en torno a los grandes personajes del poder. Virginia Pérez, presidenta del PP sevillano, se mueve de corrillo en corrillo. Hay pocos políticos locales. El aforo es limitado y se ha ajustado mucho la lista de invitados. Incluso hay quien da en la diana: “No hay bulla, pero aquí hay más gente que invitados”.

El presidente se ha ido y nadie sabe como ha sido. Hay algunos peinados de peluquería que encajarían en la cafetería de la Guerra de las Galaxias. Esta derecha ya no es la que era. En el umbral, que no en el dintel, se fuma a resguardo de la lluvia. Alguien envía un mensaje: “¿No viene usted a la recepción del presidente”. Y al rato se recibe la respuesta: “Yo he ido a lo de Ciudadanos con los autónomos”.

Eladio rellena con amabilidad algún último catavino de manzanilla. Los enganches aguardan sus jacos. La Feria está próxima en todos los sentidos. El PP está cansado. También necesita que tiren de su carro. Los escándalos son como la lluvia fina. Terminan calando y aparecen los estornudos. Y entonces hay que pedir un pañuelo. Y tener mano izquierda. “Chichichí”.

Arenas controla, Tarno se enoja

Carlos Navarro Antolín | 26 de febrero de 2018 a las 5:00

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía. 24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

LOS comités ejecutivos del PP a puerta cerrada son una mina. La primera señal que mide la expectativa de la cita radica en la presencia o ausencia del gran Povedano, jefe de seguridad del partido. ¿No pide la Delegación del Gobierno en Andalucía que cada cofradía tenga un jefe de seguridad? Pues la derecha hispalense es esa organización preclara que hace años que tiene su propio Cecop. Y les aseguro que funciona perfectamente. Los presidentes provinciales pasan, Povedano siempre se queda. Como Eduardo Herrera en la Federación Andaluza de Fútbol. Como Gallardo en el Colegio de Abogados. Como Paco Vélez en el Consejo de Hermandades. El sábado –a lo que íbamos– se presentó Povedano en el comité ejecutivo. Se barruntaba lío en la sesión a puerta cerrada a cuenta de los catorce expedientes de expulsión por doble militancia (¡Malditos roedores!) y por los dos casos de insultos públicos a la cúpula del partido (¡Malditos tuits y retuits!). Cuando Povedano está es que hay control de firma a la entrada y votaciones. Su presencia tranquiliza. Disuade a los potenciales alborotadores. La sesión estaba presidida por Arenas. Resulta un verdadero espectáculo comprobar cómo Javié controla las situaciones… tantos años después. Su auctoritas es demoledora. Es lo que hay. Su sombra es indiscutiblemente alargada. Los hijos políticos quisieron jubilarle en 2012. Los nietos políticos lo mantienen hiperactivo. Ni siquiera ha entrado en emeritud.

El graderío se situó en torno a la disposición habitual. A la derecha de la entrada y en el centro, el sector más afín a la dirección habitual, junto con alcaldes, la muchachada de Nuevas Generaciones y los presidentes de distritos de la capital. A la izquierda de la mesa, los actuales críticos (antes oficialistas). Una de las novedades del sábado era ver al edil Ignacio Flores completamente integrado en el aparato actual desde que ha sido nombrado portavoz adjunto del grupo municipal. Flores lleva en el Ayuntamiento desde los tiempos de Soledad Becerril, por lo que hay quien considera con guasa que la Real Academia de la Historia puede dar por concluida la Transición.

Los tres últimos ex presidentes del PP de Sevilla (Ricardo Tarno, José Luis Sanz y Juan Bueno) se sentaron juntos. La secretaria de Organización, Macarena O´Neill, leyó las pruebas contra los catorce afiliados que debían ser expulsados, entre los que se encontraba un concejal y baluarte de la candidatura de Juan Bueno en Dos Hermanas. Bueno afirmó que no le habían presentado pruebas concluyentes de dichas descalificaciones, a lo que Virginia Pérez respondió con un completo dossier de descalificaciones o incitaciones a traspasar la militancia a otros partidos. El ex presidente no puso en duda esas pruebas y apoyó la medida en ese caso.

Una crítica con la dirección actual, Maribel Vilches, justificó que comparecía muy arreglada porque tenía una boda (“un evento”). Recordó su condición de abogada para exigir garantías en los expedientes de expulsión, a lo que tanto O´Neill como Juan de la Rosa, secretario general cada vez con más complicidad con la presidenta Virginia Pérez, contestaron que, “evidentemente”, los expulsados tienen un plazo legal para recurrir la decisión. Arenas, siempre presto a promover la distensión en público entre hijos y nietos, recordó con humor que los dados de baja por fallecimiento no necesitan de plazo de alegaciones. Todos (o casi todos) se rieron. Vilches pidió la palabra hasta cuatro veces más, provocando algún bostezo: “Te pido brevedad y lo hago con todo el cariño”, le suplicó Arenas en alguna ocasión. Algún asistente llegó a preguntar en voz alta por la hora de comienzo de la boda a la que estaba invitada Vilches (¡Qué desahogada es esta derecha en ocasiones!). La presidenta Virginia Pérez intervino para exponer a los presentes si no era suficiente prueba en contra de un militante expedientado el hecho de que siendo un cargo público del PP votara contra mociones presentadas por su propio partido, como ocurrió en Dos Hermanas. Sólo se opuso a las expulsiones la muy parlante letrada Vílches. Hasta el ex presidente Juan Bueno y el senador José Luis Sanz votaron a favor de las medidas disciplinarias.

Se trató la creación de una gestora en el municipio de Sanlúcar la Mayor tras la imposibilidad de poner de acuerdo a los dos candidatos que optan a la presidencia local. Esta vez sí hubo una votación y, nueve meses después, se midieron de nuevo las fuerzas internas con un muy desigual resultado. Se registraron 65 votos a favor de la gestora propuesta por la dirección actual, dos abstenciones y 20 votos en contra (entre los que estaban los sufragios de los ex presidentes José Luis Sanz, Ricardo Tarno y Juan Bueno). Curiosos fueron los votos en contra del edil y vicepresidente del partido, Alberto Díaz (ex portavoz municipal y ex jefe de gabinete de Zoido) y el voto a favor de la gestora de José Miguel Luque (actual jefe de gabinete de Beltrán Pérez y antiguo de Zoido). Si algunos mantienen que el partido está roto por la mitad, el sábado se comprobó que una mitad es cada vez más grande y se extiende a la velocidad de los adosados del Aljarafe en tiempos del boom inmobiliario. Distinto es que el partido tenga mayor o menor capacidad de movilización del voto cuando lleguen las elecciones y no se trate ya de ganar partidos amistosos (léase comités ejecutivos), sino poder puro y duro.

Se sucedieron finalmente las intervenciones de clausura. Bueno pidió un “debate serio y sereno” sobre el uso de las redes sociales. Se refirió al “calentamiento” de algunos militantes y a la necesidad de no promover expulsiones. Y advirtió:“Si nos ponemos a buscar insultos en las redes, tendríamos una lista interminable en el último año”. La presidenta Virginia Pérez replicó de inmediato a su antecesor: “Quien después de nueve meses no entienda que no se puede decir en las redes, con el logotipo del partido, que aquí existe una dictadura interna… No puedo consentir que nadie insulte a nadie, es mi responsabilidad. Yo lo pongo en conocimiento del comité de derechos y garantías y que allí se decida. Basta con tener sentido común. No le hagas a tu compañero lo que no quieras que te hagan a ti”. Se oyeron aplausos.

Pedro González, presidente de NNGG y concejal en Tomares, felicitó a la cúpula del partido. Juan Ávila, alcalde de Carmona y, por cierto, poseedor de un burro (El Platero y yo de la Campiña), pidió una reflexión sobre el uso de las redes sociales. “Es penoso lo que está pasando y que perdamos tres horas de un sábado en esto en vez de trabajar para ganar las elecciones. Hay gente que no acepta que unos han ganado y otros han perdido. No se puede estar jugando con los tuits y con la prensa. ¡Que Ciudadanos nos está machacando!”. Sonaron más aplausos. Felipe Rodríguez Melgarejo felicitó al senador José Luis Sanz por las noticias favorables sobre su situación judicial. “Es la segunda vez que atacan a nuestro buen amigo. ¡Que se entere la gente! ¡Que has salido ileso!”. Sonaron aplausos. Arenas aseguró que figuraría en acta la felicitación a Sanz. Maribel Vilches pidió la palabra por enésima vez y se reiteró en su petición de “proporcionalidad” en las sanciones a los ya expulsados. Arenas aseguró que él era feliz con un teléfono Nokia sin capacidad de mensajería rápida: “¡Esto es un martirio chino!”, refiriéndose a su smart phone. “A mí me ponen a parir aquí todos los días y no sé quiénes son”, dijo sobre las redes sociales con el teléfono alzado. “Y esto es un problema extraordinario que perjudica a la infancia y que puede cambiar la sociedad en cinco o diez años. Esto es muy serio”, sentenció.

La letrada Vilches pidió de nuevo la palabra. Arenas le echó humor. El edil Pepelu García exclamó: “¡Que no llegamos al telediario!”. Este último comentario provocó la reacción airada del ex presidente provincial Ricardo Tarno, diputado nacional, que irrumpió e instó a que se respetara a la interviniente: “¡Me parecen impresentables estas faltas de respeto!”. Y abundó en cómo se cuestiona al ministro del Interior en las redes sociales. Arenas apuntó a que no sólo al ministro Zoido, sino que él también sufre ataques en silencio. Tarno recibió algunos aplausos. Arenas de nuevo calmó el ambiente.

Beltrán Pérez actuó como virtual candidato a la Alcaldía presentando el acuerdo presupuestario que permite la bajada de impuestos. Fue aplaudido por el personal de los distritos y de NNGG. Virginia Pérez declaró que no permitiría faltas de respeto y anunció que todos los candidatos de la provincia se presentarían en junio. Arenas felicitó la labor del grupo municipal de la capital y lanzó un mensaje contra las influencias extrenas: “Este partido es autónomo en sus decisiones. La dirección del PP es una”. Las filas de los antiguos oficialistas clareaban ya en ese instante. Fuera del castillo hace frío. Arenas levantó la sesión. Povedano controló la evacuación de la sala. Sin novedad. Virginia Pérez se fue a Carmona a apoyar la labor de los muchachos de NNGG. La letrada parlante se iría a su boda, donde los novios comerían perdices. En fútbol ganan los alemanes. En política, los aparatos. Ignacio Flores ha sido premiado por abrazar el nuevo régimen. Aviso a navegantes.

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

Dos cabalgan juntos

Carlos Navarro Antolín | 18 de febrero de 2018 a las 5:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el portavoz del grupo municipal del PP, Beltrán Pérez, firman el acuerdo de Presupuestos para 2018

DE ser acusado de chulo en el Pleno a ser el político fundamental para dar estabilidad al Ayuntamiento. De tenido por chantajista a ser un líder de la oposición con altura de miras. El alcalde ha modificado sustancialmente su percepción del edil Beltrán Pérez en menos de dos meses. El 27 de diciembre se celebró un Pleno en la Casa Grande para aprobar las ordenanzas fiscales con los precios y tasas públicos para 2018. Eran las vísperas de los Santos Inocentes y, por cierto, del cumpleaños de Javier Arenas. El alcalde estalló aquella mañana. Estaba molesto por el estilo que emplea la oposición desde que Pérez asume la tarea de Pepito Grillo: “¡Con la chulería no se va a ninguna parte!”, le advirtió Espadas, quien reprochó al político del PP que le recordara que los presupuestos estaban a la vuelta de la esquina y que necesitaría para sacar adelante las cuentas de los doce votos, o de las doce abstenciones, de los chicos de la gaviota. Beltrán se erigió en todo un oráculo. Acertó. El alcalde se defendió y metió los dedos en el Grupo Popular al recordar las convulsiones internas del partido y sus efectos en el Ayuntamiento: “Lleváis tres años atascados”. El ambiente se vició.

Mes y medio después ha sido Beltrán Pérez, el acusado de chulería y de chantajista, quien ha salvado el presupuesto. No porque a Pérez le haya entrado un repentino ataque de piedad para con el alcalde en minoría, ni un sentimiento de arrepentimiento y reflexión propio del arranque de la cuaresma. Espadas necesita a Pérez, y Pérez necesita de Espadas. Dos cabalgan juntos. Los movimientos en política, desde tiempos de los clásicos, son una suma de conveniencias. Las conveniencias son intereses a corto plazo. Y la política de hoy es tan cortoplacista como esclava del márketing. El presupuesto aprobado permite a Espadas ejercer sus políticas de gobierno. O, al menos, determinadas políticas, porque después ya sabemos cómo son los paupérrimos grados de ejecución de los presupuestos. Espadas se libra de la dependencia del apoyo de la izquierda radical, la misma que en su día lo aupó a la Alcaldía. A este alcalde que encarna el socialismo moderado empiezan a escocerle más de la cuenta los revoltosos chicos de IU y Participa Sevilla. Él es hombre de costumbres sanas, de saber vivir un domingo familiar (costumbrista) en compañía de Rafa Serna, el letrista que públicamente ha proclamado: “Soy del PP, pero votaré a Juan Espadas”. Cuando los concejales de Participa Sevilla anunciaron su rechazo a los presupuestos, el alcalde llamó al correoso Beltrán Pérez para sacar adelante las cuentas. “Beltri, te necesito”. Tardaron cinco minutos en entenderse. Espadas hizo de la necesidad virtud. Y Pérez, acusado de haber estado ejerciendo una política de cara a la galería con su presupuesto alternativo, vio la oportunidad impagable de erigirse en el salvador de las cuentas, de orillar a Ciudadanos como único partido conservador capaz de contribuir a la gobernabilidad, de desprenderse del barniz de niño terrible y de aparecer como político con alturas de miras, todo lo cual escenificado en una firma solemne en la planta alta del Ayuntamiento que ni la del acto de adhesión de España a la Unión Europea.

Espadas demuestra una gran cintura política. Es capaz de entenderse con todos. Y Beltrán Pérez se cobra su apoyo a corto y medio plazo. El PP no ha cambiado un dígito de las cuentas de 2018, que son exactamente las pactadas por el PSOE y Ciudadanos. Beltrán Pérez ha seguido la táctica de despreciar la vía técnica de la presentación de enmiendas. Toda su apuesta ha sido política. El PP pone sus miras en 2019 al obligar al alcalde a asumir un cuadro fiscal que regirá en el año electoral, para el que ya no necesitará del apoyo de Ciudadanos y con el que tendrá que gobernar el futuro alcalde. Y el PP también, he aquí el rédito político que tendrá efectos a la mayor brevedad, se garantiza en breve un Pleno extraordinario en el que se aprobará la exigencia de fondos autonómicos de hasta 14 millones de euros al año para Sevilla (la denominada Patrica, femenino del fijador de pelo) y la red de Metro, en ambos casos tal como las plantean los populares, dos mociones que escocerán a la presidenta Susana Díaz. Además, el abatido líder regional del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) encontrará en la política municipal un poco de ayuda exterior para argumentar sus rifirrafes con el ejecutivo autonómico.

Cuando la presidenta Carmen Castreño abrió el Pleno de presupuestos a los periodistas e invitados el pasado miércoles (“¡Audiencia pública!), Espadas se afanó en estar saludando a los concejales de Ciudadanos en ese momento. Sabe que son los más perjudicados de su pacto con Beltrán Pérez. Espadas los quiso mimar con ese gesto público por lo que pueda ocurrir. El alcalde guarda la ropa por si el peligroso Beltrán le hace una ahogadilla durante el baño. En ese instante de puertas recién abiertas en el Salón Colón, Beltrán apareció rodeado de todos los concejales del PP. Sentado estaba Alberto Díaz, ex portavoz del Grupo Popular, que en 2017 ya tuvo la idea de apoyar de alguna manera los presupuestos de Espadas para ganar peso político.

Queda probada que la unión de los dos grandes partidos tiene una fuerza arrasadora. El presupuesto de 2018 es el que se ha aprobado antes de los tres de Juan Espadas. Con Monteseirín llegamos a ver presupuestos aprobados en junio. El PP está henchido de gloria porque ha logrado evidenciar, al menos por ahora, que Ciudadanos es irrelevante en el ruedo municipal. La verdadera influencia en la elaboración de un presupuesto no se tasa en millones, sino en clave política. La política de hoy es imagen. En la firma del acuerdo enre Espadas y Pérez estaban de nuevo las cámaras de las emisoras de televisión. Y después corrió la cerveza para algunos en los bares de los alrededores, oro líquido que baña los grandes momentos de la ciudad, espuma efímera, glorias pasajeras. Nada en política perdura. Ninguna cerveza se mantiene siempre fría.

El reencuentro del PP y Ciudadanos en el Labradores

Carlos Navarro Antolín | 7 de febrero de 2018 a las 5:00

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MEDIA mañana. Sede del Real Círculo de Labradores. Café. Luces y taburetes altos. La cabeza del toro Nochebuena desparrama la vista por la estancia. En los sofás mullidos hay clientes ajenos a la escena. En una mesa debaten sobre la ciudad los portavoces municipales de dos importantes grupos políticos que han tenido serios roces en los últimos días a cuenta de la negociación del presupuesto general de la ciudad. Hablan de todo, se dicen las cosas a la cara. Hay reproches por el pasado y también guiños de cara a posibles coyunturas de futuro. Nadie quiere enemistarse con nadie, ni tampoco exhibir pasteleos antes de tiempo. Es verdad que los días de Navidad fueron tensos. La propuesta de presupuesto alternativo presentada por el PP soliviantó a Ciudadanos. Y la victoria de Ciudadanos en Cataluña encumbró a los chicos del partido naranja. La batalla por el voto de centro-derecha alcanza de lleno la Plaza Nueva. Beltrán Pérez, portavoz del Grupo Popular, necesita hacer ruido para ser el candidato a la Alcaldía. Y Javier Millán, portavoz de Ciudadanos, no podía consentir de ningún modo que el PP pactara el presupuesto con el PSOE y le birlara su rol de único partido político de la derecha que es capaz de colaborar con el gobierno y, por lo tanto, ser el modelo de esa nueva política que quieren los ciudadanos, hastiados ya de la confrontación por la confrontación.

A Beltrán Pérez le molestó que Millán denunciara públicamente que la estrategia del PP en el presupuesto podía desembocar en una “posible prevaricación”. Se lo dijo ayer de forma directa. Millán había censurado que el PP presentara una propuesta de presupuesto alternativo sin el formato técnico de enmienda. “Yo no puedo votar ni pronunciarme en la junta de portavoces sobre un documento que no se ajusta técnica ni reglamentariamente a las características de una enmienda. Pretender que hiciéramos eso, con un informe en contra del secretario y del interventor, era pedirnos que prevaricáramos. Y yo no puedo hacer eso, Beltrán”. El concejal Rafael Belmonte, brazo derecho de Beltrán Pérez, es testigo de la escena en silencio. Toma algunas notas. Se percibe cierta tensión. Pérez se defiende: “El presupuesto alternativo era y es un documento político, para generar debate político, no pretendíamos que se tomara como enmienda”. Millán se lamenta de que el PP intentara excluirles (despreciarles) del debate presupuestario al exigir entenderse a solas con el PSOE. “Beltrán, nos quisisteis apartar y eso no lo podemos consentir”. El líder del PP pasa al contraataque: “¿Nosotros quisimos eso? ¡Yo quiero la paz, Javier, pero si me lanzas una pedrada como lo dela prevaricación, tengo que responder!”, le recrimina Beltrán Pérez, molesto todavía por la alusión a un posible delito: “Hombre, Javier, que tú sabes lo que es una prevaricación. Que diga eso un funcionario del grupo A…”.

Belmonte sigue en silencio, siempre con un papel doblado por varias caras preparado para las anotaciones. El Pleno del presupuesto es el 14, día de San Valentín. “Lo que tenéis que hacer es absteneos y dejad que las cuentas salgan adelante por el bien de la ciudad”, exige el portavoz de Ciudadanos. Beltrán responde con rapidez. “Votaremos no al presupuesto salvo que se cumplan nuestras condiciones”. “¿Las tres condiciones que habéis exigido al alcalde?”, pregunta Millán con precisión. “No seré yo quien revele las cosas que hablo con determinadas personas en ciertos despachos”, zanja el líder de la oposición.
Millán desvía la conversación para poner en duda la estrategia del PP de arremeter contra Ciudadanos. “Os estáis equivocando, Beltrán. Os han dicho desde Madrid que tenéis que hacer eso y es un auténtico error. No te puede hacer una idea la de gente del PP que se viene con nosotros y lo que dicen…”. Beltrán se niega a aceptar que haya recibido orden alguna de atacar por atacar a Ciudadanos. “De hecho promuevo unas buenas relaciones con vosotros siempre que sea posible”. El líder de la oposición alude a que así se lo han reconocido en su partido en alguna ocasión. De pronto, cómo no, se habla de las encuestas. Millán tiene claro que Beltrán Pérez será el candidato del PP. No lo dice expresamente, pero en sus afirmaciones asume que así será. “No tenemos orden de apoyar a la lista más votada. No está escrito en ningún sitio”, sentencia el portavoz de Ciudadanos. Beltrán bromea: “¿Entonces nos apoyarías también si no quedamos los primeros?”. Y el de Ciudadanos formula un augurio:“Creo que los tres partidos podemos quedar bastante igualados…”.

Millán se siente feliz de concejal, se entiende con el socialista Juan Espadas. Está convencido de que repetirá como candidato a la Alcaldía, una condición que se oficializará después del verano. Presume de un partido que disfruta de paz interna, a excepción de algunos episodios tensos en el Aljarafe que Belmonte se encarga de recordarle. “¡Menudo padrinazgo tienes con Arenas!”, le refiere Millán a Beltrán Pérez. El dirigente del PP le recuerda –con razón– que también ha tenido sus años de pesares en política. Un bedel irrumpe en la tertulia:“¿Don Rafael Belmonte? Unos señores le esperan”. Se disuelve lentamente la tertulia del reencuentro. Los tres se paran junto al busto del Rey Juan Carlos I. Alguien dice: “El bien de Espadas no es necesariamente el bien de la ciudad”. Millán habla de sus plenos en la Diputación, donde se las tiene que ver con la presidenta del PP, Virginia Pérez.

Nochebuena se queda en su calma astifina. Los políticos se van. Se esfuman. Parece que hay vida en los ojos del burel, parece como si quedara una ráfaga de bravura en su expresión. Las tazas de café aguardan a ser recogidas. Alguien lee un libro en la barra. Hay periódicos repartidos por la mesa con la tablilla de madera de la entidad. Se forman nuevas tertulias. Alguien rechaza el café y apunta a que ya es la hora de un fino con escolta reducida de patatas fritas. Lo más destacado, quizás, es que alguien ha hablado de los presupuestos en un café. Sólo queda encontrar una tertulia sobre los dictámenes del Consejo Económico y Social. Un cartel anuncia que el club carece de peluquero desde el 31 de enero. La ciudad tendrá presupuesto. Pero en el Labradores seguirá vacante el puesto de peluquero.

Los elegidos en la mesa de Rajoy

Carlos Navarro Antolín | 24 de enero de 2018 a las 5:00

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LA gran clave de la visita de Rajoy a Sevilla del pasado sábado no estaba en lo que dijera de la candidatura a la Alcaldía. De eso no iba a decir ni pío, porque el presidente no se iba a pegar el tiro en el pie de levantar suspicacias en las otras capitales donde los chicos de la Gaviota están revueltos con el mismo proceso. Su sola presencia era el mayor respaldo que podía ofrecer, por el momento, al concejal Beltrán Pérez. No es poco. Se trata más bien de un privilegio en los tiempos que corren. Y de una señal de que en Génova dan por cerrada la crisis del partido en Sevilla, máxime si se tiene en cuenta que desde ayer se tiene confirmado que la convención nacional del PP también será aquí, en Sevilla, nada menos que en el prime time de abril. La gran clave –decíamos al principio– era saber a quiénes se llevaba el presidente a almorzar tras el acto del sábado, quién era la guardia pretoriana con la que compartiría la ensaladilla y la presa ibérica con patatas fritas. El lugar fue el Mesón de Juan, en la calle José Luis de Casso, en Nervión. Allí llegó con los ministros Zoido y Báñez, el delegado del Gobierno, Antonio Sanz; el factótum Javier Arenas, el coordinador nacional Fernando Martínez Maíllo, el presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) con la secretaria general de la formación, Loles López; y la presidenta provincial, Virginia Pérez, con el líder de la oposición en el Ayuntamiento, Beltrán Pérez. Sí, el comentario de la tarde era que el candidato in pectore se sentó en el restaurante con los altos jefazos. Un concejal de la oposición tenía su plaza asignada dentro de esa liturgia del poder que nunca se publica. Rajoy se hizo fotos con los camareros y los cocineros, incluso junto al lavaplatos. La sabatina del PP fue feliz. O, mejor dicho, guardó la apariencia de la felicidad, que en política es lo que importa. En política, ya se sabe, la apariencia es la realidad. Y las ausencias son reveladoras. A la convención de los distritos no acudió José Luis Sanz, senador, alcalde de Tomares y uno de los escasos políticos del PP de Sevilla que reúne las características que se precisan para ser aspirante a la Alcaldía. El partido explicó en voz baja que Sanz estaba cumpliendo sus obligaciones como alcalde en los actos de la festividad del patrón de los tomareños, San Sebastián.

Sanz, por cierto, es hombre muy próximo a Zoido. El ministro sevillano quiere desentenderse de cualquier polémica orgánica y de cualquier proceso de selección del candidato. En su día apoyó a Juan Bueno, cabeza de lista del bando perdedor en el congreso provincial, pero ahora considera que ya tiene bastante con el Ministerio del Interior (nevadas incluidas) como para perder (y perderse) en rifirrafes de ámbito local, sobre todo cuando en Génova han decretado la paz oficial en la plaza sevillana. Hace bien Zoido en centrarse en Madrid. Es lo más inteligente. Beltrán Pérez, por si acaso, estuvo especialmente espléndido el sábado con la figura del ministro: “¡Mi amigo, mi referente, mi alcalde!”. Hacemos como con las natillas, repetimos: la apariencia en política es la realidad. Y otra realidad fue que Báñez es especialmente querida en el PP sevillano, donde no pocos la ven como una opción de futuro para Andalucía. La ministra de Huelva, como la llaman sus leales colaboradores, tiene grandes amigos en la capital de Andalucía, por lo que a nadie le extrañó su presencia en la convención de los distritos sevillanos. Báñez, feliz en Madrid, se deja querer en Andalucía. Lo mismo se sube al helicóptero para supervisar las maniobras de estabilización del peligroso fuego de Doñana, que se monta en el AVE para contribuir con su presencia a sofocar los rescoldos del incendio del PP sevillano.

Los socialistas, por ejemplo, no guardaron ayer esa apariencia de felicidad en Sevilla con tanto esmero como los de la gaviota unos días antes. El PP y el PSOE eligieron el mismo sitio para sus primerísimos espadas (Juan). Pero al llegar el mediodía, Susana Díaz y Pedro Sánchez no compartieron mesa. No pasaron de un encuentro de veinte minutos en una estancia de la tercera planta del Hotel NH Collection. Susana tuvo que esperar cerca de diez minutos la llegada de un Pedro Sánchez que está más templado, más serio, como el alumno zascandil que tras haber sido mandado a un internado por una temporada (aquellos meses de gestora en Ferraz) regresa a casa más comedido. Sánchez se limitó a picar algo a mediodía en el hotel, con la compañía de su cuadrilla, antes de seguir con la agenda sevillana que le preparó Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, su tentáculo andaluz. Poco más. Susana no se llevó de bares a su secretario general, como los peperos locales hacen con sus grandes líderes nacionales cuando vienen por Sevilla. ¡Si tampoco lo recibió en la portada de la Feria cuando Pedro llegó en el coche oficial! Aquel día de 2016 tuvo que ir Celis, solitario, a recogerle a la esquina de Muebles Matamoros para llevarle hasta la caseta de la SER, donde sí estaba la presidenta. Y después siguió su periplo por las casetas sin ella, tal como hizo ayer el resto de la jornada. Lo de Susana Díaz y Pedro Sánchez tiene menos arreglo que la Madrugada. Siempre las avalanchas van y vienen…

El breve encuentro de ayer entre ambos dirigentes socialistas en la fría tercera planta del Collection fue seguido desde los altos despachos de Madrid, de donde llegaban opiniones contundentes: “¿Veinte minutos? Poco tenían que hablar a pesar de lo mucho que tendrían que hacerlo”. A Sánchez se acercaron en el desayuno organizado por el Foro Joly todos los socialistas andaluces que algún día se consideraron orillados por Susana Díaz. ¡Qué saludo más afectuoso le dio Rosamar Prieto-Castro al secretario general! Monteseirín y Marchena (M&M) lo cumplimentaron también con afecto. Las malas lenguas cuentan que el catedrático Marchena no es afiliado del PSOE de Triana porque ya se encargó Díaz de que el expediente se quedara en el cajón. Marchena no tiene carné en ningún sentido. Ni del PSOE ni de conducir.

Susana Díaz tenía consejo de gobierno. Era martes (no santo). Se fue a San Telmo en cuanto terminó el desayuno. Unos alegan San Sebastián. Otros San Telmo. El santoral es rico. Pedro Sánchez anunció la presentación de unos presupuestos alternativos para el Estado. Como ha hecho Beltrán Pérez para el Ayuntamiento.

 

Alarma naranja en el PP

Carlos Navarro Antolín | 21 de enero de 2018 a las 5:00

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ASÍ está el PP de Sevilla. En estado de alarma naranja. Con las secuelas aún de una división interna que condujo a un congreso provincial fratricida. Todavía hay rescoldos de aquellos días de tensión, de enfrentamiento descarnado, de alianzas por conveniencia y de rupturas de antiguas relaciones fraguadas por oportunismo, que no por la amistad. La visita de Rajoy de ayer templó los ánimos, generó fotografías de uniones interesadas y necesarias y, claro que sí, supuso un espaldarazo para la actual cúpula que dirige el partido. El presidente del Gobierno no se arriesga a visitar una plaza si sabe que será tratado con frialdad por una parte del partido. La sabatina de Rajoy salió de dulce. Pero el fogonazo naranja que deslumbra al PP está encendido. Bien encendido. Ciudadanos es una amenaza para el PP de toda España, para ese gran partido de la derecha que Aznar supo centrar y abrir para que cupieran desde el franquismo sociológico de Alianza Popular hasta los liberales y democristianos.

La presidenta provincial, Virginia Pérez, asume que el PP es pobre en poder territorial en la provincia. Demasiado pobre. La crisis de Palomares ha dejado en siete las Alcaldías del PP. Sí, el partido mantiene los bastiones de Tomares y Carmona, pero hoy se puede considerar todo en serio riesgo de pérdida. Todo está en solfa. Nadie garantiza la recuperación de la Alcaldía de la capital. Beltrán Pérez aprieta, aplica técnicas de resucitación al grupo municipal que descarriló en las elecciones de 2015, hace ruido, se hace notar, procura volar por los ministerios con ayuda de Arenas, culebrea en las redes sociales… Incluso arriesga haciendo política como con la (supuesta) negociación del presupuesto municipal. Curiosamente, ha querido alcanzar un acuerdo con el socialista Espadas para las cuentas de la ciudad, la misma maniobra que intentó su antecesor en el cargo, el concejal Alberto Díaz. Entonces, su compañero Díaz no encontró el apoyo interno del que hoy sí goza Beltrán Pérez. En cualquier caso, la amenaza naranja ha disparado las alarmas internas. El PP de Sevilla tiene que crecer, no puede conformarse con no despeñarse en los comicios andaluces y dejarse arrastrar después por una ola de derrotismo que haga metástasis en las municipales y se lleve por delante el escaso poder de un partido que ya conoce la condición de cuarta fuerza política en la provincia. La alarma naranja provocó un encuentro reciente de cargos públicos del PP de Sevilla en la sede. Una reunión con la presidenta a la cabeza. Allí se analizó la situación del partido, una formación donde cunde el pesimismo tras el 21-D catalán. Alguien dijo: “Aquí hay quien tiene la misma cara que el quinto diputado catalán”. Ese diputado que, ya se sabe, nunca llegó para el PP. No existe. Humor ácido se llama la broma. La presidenta dio un aldabonazo. No ocultó que la situación de la provincia es muy complicada. El único factor que juega a favor del PP es que Ciudadanos, por ahora, no goza de una gran implantación en los pueblos. El PP se encuentra ahora mismo como el PSOE antes de la repetición de las elecciones generales: con el miedo al ‘sorpasso’ metido en el cuerpo. Pánico. Hoy lo que está en juego en España es la hegemonía de la derecha. Hubo dirigentes que en esa reunión menospreciaron el peso de Ciudadanos: “Son morralla”. Y otros que dejaron claro que la lista naranja obtendrá concejales en cualquier pueblo que presente candidatura. La coyuntura actual es favorable a Ciudadanos.

El cónclave popular sirvió para reforzar la figura de la presidenta tanto como para evidenciar la necesidad de remar juntos para salvar, al menos, los muebles del PP en Sevilla. Un veterano como Jaime Raynaud, diputado autonómico, echó mano de un proverbio árabe para clamar por la unión por mucho que haya rescoldos de enfrentamientos: “Yo contra mi hermano, mi hermano y yo contra nuestro primo; nuestro primo, mi hermano y yo contra el extraño”. Raynaud aludió a la necesidad de hacer equipo ante la amenaza general de Ciudadanos. Dicen los expertos en enseñar habilidades directivas que no hay nada que una más que el enemigo común. Alguien, con acidez y sin disimular cierta acritud, tradujo a la práctica el proverbio: “Vamos, Jaime, que aquí hay hijos de puta, pero que tengo que entender que son mis hijos de puta, ¿no?”. Tampoco faltó la pusilánime de turno que, consciente de la tensión que marcaba el ambiente, se planteó si el contenido de la reunión saldría en algún medio de comunicación. Pura anécdota. La presidenta se mostró partidaria del cultivo de las vías de entendimiento con Ciudadanos. De hecho, hasta antes de que empezara el vodevil de los presupuestos en la capital, el PP de Beltrán Pérez había mantenido una relación solvente con el grupo que lidera Javier Millán, portavoz naranja en la Plaza Nueva.

Virginia Pérez quiso reafirmar su autoridad. Lo necesita en este periodo pre-electoral. El aparato provincial quiere ejercer su poder. Marcará las posiciones a partir de ahora. Los cargos públicos (concejales, diputados y senadores) deberán atender las directrices tras unos meses de ‘gracia’ donde algunos vaticinaban la implantación de una gestora y, al final, se han encontrado con la visita de Rajoy a una mera convención de distritos. En Sevilla se dice que ya opera la doble uve. Virginia Pérez en el PP, y Verónica Pérez en el PSOE. La primera norma de los populares hispalenses es no permitir que Ciudadanos robe espacio al PP. La segunda, no llevarse mal del todo con los chicos de Albert Rivera. En ningún foro, en ninguna administración.

La intención del partido es que José Luis Sanz mantenga la Alcaldía de Tomares, Ricardo Tarno se vuelva a presentar por Mairena del Aljarafe, donde ya fue alcalde; y Ricardo Gil-Toresano, hoy subdelegado del Gobierno, trate de recuperar la Alcaldía de Écija. Por supuesto, Beltrán Pérez deberá ser el candidato por Sevilla y tendrá que emprender el difícil reto de ser la lista más votada para, de ese modo, ser acreedor al apoyo de Ciudadanos en una hipotética investidura. Intentos de que no sea el candidato no van a faltar. El enemigo siempre está dentro. Y las encuestas pueden jugar en su contra.

La presidenta provincial liderará la lista por Sevilla al Parlamento de Andalucía. Nadie le discutirá esa posición mientras sea presidenta. Se mirará con lupa la actualidad nacional, la evolución del ministro Zoido (líder natural del bando perdedor en el congreso provincial) y otros factores para decidir los demás puestos. Nunca se olvide que los políticos tienen mala memoria con quienes les ayudan, pero una memoria perfecta para recordar a quienes se las hicieron pasar canutas. La composición de las listas es la oportunidad perfecta para orillar al enemigo, ajustar cuentas y premiar a los fieles.

Virginia Pérez ha ganado fuerza en los dos últimos meses. Ha pasado desapercibida la composición de un comité electoral presidido por el ex edil Maximiliano Vílchez donde tiene mayoría frente a la corriente perdedora. Ha sacado del comité ejecutivo a militantes díscolos, una maniobra delicada donde ha recibido el apoyo público de Juan Ávila, alcalde de Carmona. Los presupuestos internos del partido los ha aprobado con todos los votos a favor, salvo una abstención de Alcalá de Guadaíra. Pero tiene que coser el partido, al menos lo suficiente como para que al PP sevillano no se le ponga en un año la cara de ese quinto diputado catalán, el que nunca llegó.

Rajoy desciende a los distritos de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 16 de enero de 2018 a las 5:00

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RAJOY estará el sábado en Sevilla salvo sorpresas. De la junta directiva nacional de ayer a la sabatina con los distritos de Sevilla. De una cita en la sede de Génova a otra en el salón del NH Convenciones de Diego Martínez Barrio, donde el PP ha vivido algunos de sus momentos de mayor gloria. El presidente del Gobierno desciende a un formato de micropolítica en la capital de Andalucía, un foro que se suele convocar con la intención de activar la maquinaria interna del partido de cara a unas elecciones municipales. Por este motivo hay quienes interpretan la asistencia de Rajoy como un aldabonazo a la presidenta provincial, Virginia Pérez, que ganó un congreso tras un año de fuertes tensiones internas, y por supuesto a Beltrán Pérez, deseoso de ser proclamado candidato a la Alcaldía de Sevilla. La historia reciente de la designación de candidatos del PP aconseja no dar absolutamente nada por hecho. Las encuestas, las presiones de los ministros, las influencias externas, los equilibrios internos de poder, las causas judiciales abiertas y otras circunstancias pueden dar un vuelco en cualquier momento. Incluso en el último instante. El último ejemplo ocurrió cuando José Luis Sanz tenía todos los avales listos para hacerse con las riendas del PP andaluz y hubo que activar la trituradora porque el dedo de Rajoy designó al malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla por influencia de Soraya Sáenz de Santamaría. El registrador de la propiedad todavía se está arrepintiendo. Años antes, Raynaud se perfilaba como un solvente candidato para las municipales de 2007, pero lo acabó siendo Juan Ignacio Zoido después de que se le ofreciera la posibilidad a Soledad Becerril, que declinó el ofrecimiento por considerar cerrada su etapa en la política municipal.

Todo el mundo tiene claro que la visita de Rajoy a Sevilla no está promovida por el líder regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, sino por el factótum del PP andaluz, Javier Arenas, que lideró la facción ganadora del congreso provincial sevillano. Arenas está fuerte en Sevilla. Siempre lo ha estado desde un punto de vista orgánico. Pero ahora más. Liberado de la presión electoral directa, su reto es colocar a alguien de confianza en la carrera hacia la Alcaldía. Nadie mejor, por el momento, que un pupilo de la quinta del 74 (aún joven) y curtido en la cruzada municipal. Pero cuando se trata de Arenas y de una política volátil siempre cabe aplicar la cláusula rebus sic stantibus. El PSOE, por ejemplo, ventea que los populares apostarán finalmente por una mujer, como la ex edil Alicia Martínez, actual diputada autonómica que viene de abanderar iniciativas tan blancas como la declaración como BIC de la cabalgata de Sevilla, una moción en la que logró la unanimidad de todos los grupos políticos. El propio alcalde, Juan Espadas, ha reconocido públicamente la labor de la parlamentaria del PP, una forma de alabar el trabajo del Ateneo, de quedar como un político que reconoce la labor del rival y, cómo no, de meter un dedo en el ojo al líder de la oposición, Beltrán Pérez.

La apuesta del presidente Rajoy por acudir a Sevilla se desveló tras la junta directiva nacional celebrada ayer en la sede de la calle Génova, una sesión de dos horas de duración marcada por un ambiente enrarecido, condicionada por cierto halo de melancolía. No son buenos tiempos para el PP en España: la amenaza de Podemos se diluye, por lo que ya no habrá coartada para apelar al voto del miedo;Ciudadanos prepara la maquinaria para comerle el máximo terreno posible al partido de la gaviota y rentabilizar en el mapa nacional el éxito territorial de Cataluña. El panorama en Andalucía no es precisamente mucho mejor que en otras autonomías. El partido no levanta cabeza, los sondeos colocan por debajo de los 30 diputados a Moreno Bonilla y hay serios riesgos de perder varias alcaldías. La de Sevilla se presenta muy difícil para los populares, de ahí que el aparato orgánico apueste por proclamar cuanto antes a Pérez como candidato. El sábado no se espera que Rajoy lo haga, pero a nadie escapa que la fotografía será un primer aval con fuerza. Tal vez en marzo, con ocasión de la convención del PP andaluz prevista en Sevilla o Málaga, sea el momento de un anuncio oficial. No más tarde.

Pese al pesimismo que lastra a este PP desde que en Cataluña se ha quedado como un solar, nadie de Andalucía tomó la palabra en la junta directiva nacional. Acudieron la presidenta provincial, Virginia Pérez; el senador y alcalde de Tomares, José Luis Sanz; los diputados nacionales Ricardo Tarno y María Eugenia Romero y el diputado autonómico Jaime Raynaud, entre otros andaluces. No asistieron el senador Toni Martín, brazo derecho de Moreno Bonilla en la difícil plaza hispalense, ni la diputada Silvia Heredia, ni el concejal Alberto Díaz, vicepresidente del PP de Sevilla.

El partido ha comenzado una movilización extraordinaria de militantes para el sábado. Sin precisar que Rajoy presidirá la convención, se han lanzado mensajes de convocatoria en los que se califica la cita de “importantísima”. Y se afirma: “Es fundamental que demostremos la fortaleza de nuestro partido”. En la arenga telefónica se insta a los militantes a invitar a cuantos amigos se desee y a reservar la mañana del sábado al completo para la actividad del partido. No hay duda de que el aparato orgánico quiere y necesitra explotar al máximo la visita del presidente del Gobierno.

Elogio de las ratas

Carlos Navarro Antolín | 14 de enero de 2018 a las 5:00

RATAS EN LAS FAROLAS, LA PESTE

POR fin explotamos el producto propio, el que mejor nos identifica como ciudad en este largo período de depresión posterior a la Expo. Por fin alguien tiene la valentía de colocar el símbolo que con más acierto refleja la decadencia de la ciudad, la degradación de la vida urbana, el pesimismo con el que se imprime la heráldica del tiempo que nos ha tocado vivir. Hartos de vender Sevilla como lo que no es, hastiados de interpretaciones forzadas, de postizos, aderezos e imposturas, y de ser el reclamo para las despedidas de solteros, ya era hora de que alguien vendiera Sevilla tal como es realmente. Por fin tenemos la ruta de las ratas, con su mapa, sus rincones con encanto y con unas esculturas doradas que simulan eso: ratas de verdad, ratas trepadoras. Sobre escaparates, sobre farolas, subiendo por las paredes. Tenemos ruta del raterío con marchamo oficial, con el aval del Ayuntamiento, con los permisos de Urbanismo. Ratas doradas repartidas por los puntos donde se desarrolla la serie La Peste. La rata en Sevilla es la mar de importante. Qué acierto su vaciado en material áureo. No hay mejor metal precioso para este roedor tan sevillano. Las ratas son al siglo XVI lo que los ratas al XXI. Sevilla es una ciudad de ratas, de superpoblación de ratas. Decían los romanos que los cerdos se paseaban ya cocidos. Aquí los ratas se pasean impunemente cada día. Tenemos ratas de cuatro patas que asustan a los turistas de los cruceros, hábilmente explotadas por los socialistas cuando estaban en la oposición y así le creaban un problema al delegado de Turismo, Gregorio Serrano, que hoy hasta estará echando de menos aquellas ratas en comparación con la nevada que se lo puede llevar por delante como a las tropas de Napoleón. Tenemos ratas, también de cuatro patas, por el Paseo Juan Carlos I que parecen empadronadas, con sus papeles en regla y a las que les faltan dar los buenos días a los caminantes de la ruta del colesterol. O del “coleteró”, como dice un conocido empresario de la ciudad cuando acude al médico del seguro. Tenemos ratas en algunos colegios, también de cuatro patas, en la Andalucía imparable del bilingüismo, de las altas tecnologías y del todos y todas, que no falte el ellos y ellas, los niños y las niñas, los andaluces y las andaluzas. Pues eso, como no vamos nosotros a ser menos, marchando media ración de ideología de género camuflada como loable igualdad: las ratas del XVI y los ratas del XXI.

Hay ratas que pasean las agendas por la calle Tetuán, que se pasan la vida en las conspiraciones orgánicas de los partidos sin hacer nada sustancial por la sociedad, ratas que vivaquean por la Plaza Nueva, pululan por los actos sociales a partir de las 20:30 o por los finales de los cultos de la cuaresma que dura todo el año. Los ratas suelen preferir la mañana, cuando están abiertos los despachos del poder, o salir ya a la caída del sol, cuando se citan en los salones de actos donde los supuestos poderosos bajan la guardia y se muestran accesibles. La ruta de las ratas debería colocar roedores dorados por el Ayuntamiento, la Diputación, el salón de actos de la Cruzcampo, Cajasol o esas entidades financieras que aún reparten el canapé, la cerveza gratis, el libro de regalo, el pañuelo para la señora y los pasadores para el señor. Si usted no tiene un puesto que pueda ofrecer semejantes dádivas con cargo al presupuesto ajeno, es que no es un rata que se precie.

Hay ratas y ratas. No todos los ratas son iguales. Hay ratas de altura y de bajura, como la pesca. El rata, modalidad más aviesa y con menos gracia que el tradicional gorrón, puede presentarse en su vertiente de rey mago, aristócrata, usuario de chaqué alquilado en José Gestoso, invitado de boda de postín que busca el regalo más barato en la lista de El Corte Inglés (taburete de 45 euros), trincón de comida en el Ministerio del Interior, etcétera. Estos ratas traen la peste del siglo XXI aunque se revistan de gracejo, aunque escalen socialmente el tiempo (breve) que consiguen tener engañados a tanto ingenuo como anda suelto por Sevilla. Sevilla es una ciudad de enteraos donde los ingenuos son nuestra particular mayoría silenciosa.

El raterío de la ciudad merece algo más que el reconocimiento social, merece protección oficial. E incluso merece ser considerado con cierta caridad. Porque al fin y al cabo son ratas, aunque sean revestidas de oro. Un día se acaba el brazo de farola y la rata se despeña, o se colapsa la red del alcantarillado social y el rata se precipita al vacío. Después pasan los años y alguien hasta hace una película.

MillánYBeltrán

 

Las derechas buscan sus dominios propios

La política es un teatro. Todos actúan. Esta semana se han repartido estopa los representantes de las derechas en el Ayuntamiento, que dicho así suena a cartel electoral de la Segunda República: “Sevillanos, si queréis cofradías, ¡votad a las derechas!”. En Ciudadanos han visto cómo el líder del PP, Beltrán Pérez, ha apretado el acelerador para ganar el perfil institucional que tanto necesita. Está dispuesto a apoyar a Juan Espadas para sacar adelante los presupuestos. La formación naranja se ha soliviantado ante la posibilidad de perder la exclusividad a la derecha del alcalde socialista. Cuestión de dominios, cuestión de espacios, cuestión de ocupación de nichos. A río revuelto en la derecha, ganancia del pescador Espadas. Está claro que el alcalde es el que sale ganando en todos los casos. Lo dijo el visionario Moreno Bonilla: “Espadas es triangular”. Ciudadanos se ha visto sorprendido. Y eso es una victoria parcial de un PP que teme verse superado por la marea naranja que viene de Cataluña. El gesto de Pérez en la fotografía es nítido. El vodevil continúa. El presupuesto es el pretexto. La conquista del poder es el único objetivo.

 

Las doce uvas de Espadas

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2017 a las 5:00

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1. Fin de la tranquilidad. Los campanadas del reloj marcarán simbólicamente el final de un período de calma para el alcalde de Sevilla. Por condicionamientos electorales, Juan Espadas dejará de disfrutar del ambiente de relajación, al menos exento de polémicas, del que ha gozado desde que alcanzó la Alcaldía con sólo once concejales. Por ahora ha tenido escasos problemas de convivencia con quienes le prestan apoyos políticos, unas fuerzas tan distintas y tan distantes como Ciudadanos y el bloque de Participa e IU. Las fracturas se han evidenciado en muy contadas ocasiones. Ya hubiese querido Manuel del Valle, cuando era alcalde socialista en minoría, haber tenido un arranque de mandato como el del PSOE de este tiempo. Espadas, además, ha contado con la ventaja, enorme ventaja, de tener sumido al grupo mayoritario, el PP, en una crisis interna de larga duración. Esta primera uva tiene cierto aire de despedida de un período que, probablemente, y pese a las dificultades que entraña toda tarea de gobierno, echará de menos en las primeras curvas que, con toda seguridad, le tiene deparado el destino en el primer trimestre.

2. El rearme. El PP tendrá candidato a la Alcaldía esta primavera tras más de un año de una fuerte división interna que provocó un vuelco en el organigrama de poder del partido. Beltrán Pérez, actual jefe de la oposición, se perfila como principal aspirante al sillón de alcalde. En el momento en que sea proclamado como candidato, todos dan por hecho que el tono de la oposición se endurecerá. De hecho, en el último Pleno, celebrado esta semana, el alcalde ya le ha reprochado a Pérez cierta “chulería” en los debates políticos. El PP se rearmará en cuanto tenga un candidato oficial. Tendrá prisas por hacerlo porque el contexto nacional no es boyante tras las elecciones de Cataluña, a lo cual se suma que el partido viene de dos años desperdiciados tras la pérdida cruel de la Alcaldía (60.000 votos menos en cuatro años) y la marcha a Madrid de Zoido como ministro del Interior. El rearme pasará necesariamente por tratar de dejar en evidencia las debilidades de un alcalde en minoría y, por supuesto, en la difusión de cualquier aspecto gris de su gestión. Pérez no es candidato y ya ha amagado con llevar al gobierno ante la Justicia si no facilita determinada información municipal . Conviene recordar que el hoy líder de la oposición fue el látigo de los gobiernos de PSOE e IU. Está más que curtido en estas batallas.

3. El gobierno socialista parece más preocupado por el efecto que tenga en Sevilla el auge nacional de Ciudadanos y por ese previsible rearme del PP, que por la inestabilidad que pueda provocarle en lo que queda de mandato la denominada izquierda radical (Participa Sevilla e IU). El equipo de Espadas no concede mucha capacidad de crecimiento electoral a la marca blanca de Podemos (Participa) y considera que IU tiene su techo en dos concejales, incluso puede acabar fuera del Ayuntamiento. Espadas se entiende a la perfección con Javier Millán, portavoz de Ciudadanos, al que fagocita en muchas ocasiones, en actos en los que comparecen conjuntamente. Queda la duda de si Ciudadanos peca de ingenuidad política, o si simplemente sigue la estela colaboracionista sin complejos que marca Juan Marín en Andalucía al ser la muleta del gobierno de Susana Díaz. Está por ver, por cierto, si Ciudadanos mantiene a ambos dirigentes en la lucha electoral o si, llegado el caso, apuesta por candidatos con perfiles más duros para tratar de rentabilizar tanto en Andalucía como en Sevilla el gran aldabonazo que ha dado el partido naranja en el 21-D catalán.

4. El alcalde se tendrá que defender con mayor frecuencia en 2018 del principal reproche que le hace la oposición: su sumisión al gobierno de Susana Díaz, secretaria general del PSOE andaluz. Tendrá que negociar su tercer presupuesto, el último de un año completo como alcalde. Contará, al menos, con la ventaja de no ser discutido en su propio partido. No es previsible que alguien quiera disputarle la condición de aspirante a la reelección por mucho que los sanchistas hayan conseguido controlar algunas agrupaciones del PSOE sevillano y tener cuota de representación en otras. El PSOE suele respetar a los alcaldes en ejercicio, salvo el caso de Monteseirín, que sumaba ya tres mandatos (lo nunca visto) cuando tuvo que renunciar a la carrera municipal para no acabar como Perico Rodríguez en Huelva. Cada día que pasa, Monteseirín gana en prestigio y se olvidan las aristas de sus años como alcalde, aunque las setas de la Encarnación nos mantengan frescos los peores recuerdos.

5. La principal virtud. Espadas cae bien. Sigue sin generar rechazo. Los sectores conservadores de la ciudad lo elogian ya abiertamente. Se entiende a la perfección con las cofradías, la autoridad eclesiástica y la clase dirigente empresarial. Es hombre reservado y de costumbres sencillas al que difícilmente se le ve en un bar y que proyecta una imagen amable, próxima y de aparente eficacia. Salvo algunas excentricidades, como cuando cumplió el rito de partir una guitarra en la inauguración del Hard Rock Café, o apuestas tal vez desacertadas como la ampliación de la Feria con una consulta ciudadana previa, el alcalde pisa los menos charcos posibles, es poco amigo de polémicas y evita el cuerpo a cuerpo con los adversarios políticos. El PP, precisamente, logró sacarlo de sus casillas en el último Pleno. Tal vez aquello fue un avance de la tensión creciente que marcará el curso político del nuevo año.

Beltrán Pérez informa sobre el presupuesto de 2018

6. Logros materiales. La sexta uva que se tomará el alcalde debe ser la referida a la necesaria agenda de inauguraciones. Una uva que no se le debe atragantar si quiere, al menos, encabezar la lista más votada en 2019. No debe permitirse el lujo de seguir viviendo de las rentas, unas rentas que en este caso vienen del elevado nivel de expectación que generó su antecesor, Juan IgnacioZoido. A Espadas le comenzarán a exigir logros, un mínimo balance material, más allá de la sombra mínima en la Avenida, del más que discutible formato de Feria alargada, de la habilidad con la que rechazó la polémica mezquita de Sevilla Este (una estrategia bien trazada por el alcalde), de mantener el ambiente navideño en las calles incluso sin mapping (con el enfoque religioso, eso sí, más que orillado) y de procurar que la Semana Santa, sobre todo la Madrugada, transcurra sin incidentes

7. Espadas debe afrontar la mafia del taxi. Sobre todo porque él mismo ha reconocido que los sucesos que se repiten en la parada del aeropuerto lastran la imagen de la ciudad. El alcalde no debe permitir por más tiempo situaciones de tensión y violencia de este servicio público en un aeródromo que supera ya los cinco millones de pasajeros al año. ¡Todo cambiaría si Sevilla tuviera un tren entre Santa Justa y San Pablo! Pero carecemos de una infraestructura básica y habitual en grandes ciudades. Incluso Jerez la tiene. Mientras tanto, el Ayuntamiento no puede quedar en evidencia, dar una imagen de impotencia, de no poder hacer más, o simplemente denunciar públicamente (con razón) el déficit de policías nacionales en Sevilla. La actual Delegación de Seguridad, que ha demostrado firmeza, determinación e ideas ante fenómenos tan inmovilistas como la Semana Santa, está obligada a buscar soluciones a un problema que ensucia la imagen de la ciudad desde hace más de veinte años.

8. Otros proyectos. La antigua estación de Cádiz, el mercado de la Puerta de la Carne, la antigua comisaría de la Gavidia, San Hermenegildo, las Naves de Renfe en San Jerónimo, la apuesta anunciada por los terrenos del Puerto… La lista de inmuebles todavía sin uso, o sin ni siquiera expectativa de uso, es considerable. Al alcalde le favorecería cortar alguna cinta antes de mayo de 2019. La coartada de la crisis ya no es válida.

9. Urbanismo y Medio Ambiente siguen siendo motores oxidados de la ciudad. La imposibilidad de los alcaldes por reformar servicios fundamentales del Ayuntamiento se ha suplido en este caso con la determinación del delegado Antonio Muñoz por hacer ver que se toman decisiones firmes, incluso drásticas, como la supresión del cien por cien de los veladores en la Campana. El vacío de mesas y sillas en un lugar tan representativo del centro comercial es la expresión de que el Ayuntamiento existe, aun a costa de tratar por igual a comercios centenarios y franquicias de quita y pon. El gobierno, al menos, se esfuerza en poner freno al tsunami de mesas y sillas, promover el comercio tradicional frente a la invasión de franquicias y luchar contra el afeamiento del entorno de monumentos como la Catedral. Otra cosa es que los resultados sean dispares. Lo mismo ocurre con la cruzada de Espadas contra los espacios duros. El alcalde presume de ser un defensor del medio ambiente y de promover espacios de sombra y albero con fuentes de agua. Tiene asesores de prestigio en la materia, como el catedrático Enrique Figueroa. Ha logrado suavizar la Plaza de Armas gracias al proyecto privado de Mercadona y a su apuesta por una vegetación más abundante. Pero aún le queda mucho por hacer en zonas áridas del centro y de barriadas alejadas. Todavía se puede suavizar más el entorno de Santa Justa y en Bami aún hay espacios más propios de Moscú que de una capital con seis meses de calor al año. La inhóspita Avenida sigue siendo la herencia incorregible de los años de Monteseirín, la factura de calor que hay que seguir pagando por la obra del tranvía diez años después. Urge cuidar más el centro en todos los aspectos (urbanismo, comercios, transporte, estética…) sobre todo cuando la alarma por el exceso de turismo se ha cobrado ya episodios desagradables en grandes ciudades como Barcelona. En el caso de Sevilla, el número de apartamentos turísticos fuera de ordenación no deja de crecer y de generar nuevos problemas.

10. Los guiños del alcalde a la izquierda radical han sido, por el momento, escasos. De cara a la galería. El decreto de reducción de concejales en los actos religiosos, la transformación del premio taurino del Ayuntamiento en una versión light que reconoce a pintores antes que a matadores, algunos ajustes presupuestarios de escasa relevancia, etcétera. No se ha amilanado al sacar adelante el primer escudo oficial de la ciudad con San Fernando, San Isidoro, San Leandro y el título oficial de mariana. Hay que reconocer que Emasesa ha estado rotunda cuando ha denunciado los abusos de consumo que cometen quienes, precisamente, gozan de condiciones ventajosas por su acreditada situación de pobreza.

Ayuntamiento. El alcalde, Juan Espadas, y el portavoz municipal
11. Empresas municipales. Monteseirín sufrió con Tussam. Zoido soportó una huelga general de Lipasam con impacto en los telediarios nacionales. Espadas goza, por el momento, de una paz social en las principales compañías del Ayuntamiento, donde (recuérdese) ningún sueldo de cargo eventual supera los 60.000 euros, el tope ridículo que se impuso a principios de mandato. Emvisesa se ha reactivado, lo cual no era muy difícil tras la inactividad del mandato anterior. Distinto es el caso del ICAS, donde la oposición barrunta problemas por las cuentas, una polémica que arreciará a lo largo de 2018. La gestión de los dos principales concejales del gobierno, Antonio Muñoz y Juan Carlos Cabrera, estará en el punto de diana de la oposición en cuanto se aproximen las elecciones. Y, sobre todo, en cuanto el PP tenga candidato formal y necesite imperiosamente adquirir relevancia y levantar el vuelo.

12. Espadas entra en un tiempo decisivo como alcalde. La recuperación de algún edificio sin uso y el inicio de la obra de ampliación del tranvía (de San Bernardo a Santa Justa) serán dos objetivos principales en una ciudad que funciona como destino turístico, vende con habilidad su imagen exterior y tiene capacidad para captar congresos de importancia. No será ya la hora de promover difusos ejes de colaboración con Málaga, Córdoba y Granada, sino de los hechos, de convencer a los ciudadanos de que su gestión ha mejorado su calidad de vida. Los sevillanos deben recuperar su confianza en la calle en las grandes concentraciones. El cuerpo de la Policía Local debe ser digno de la cuarta ciudad de España y tratar con respeto a los ciudadanos al mismo tiempo que se hace respetar. Los taxistas deben alcanzar niveles de esmero que los hagan preferibles a otras ofertas privadas. Se debería ir a pie desde la Pasarela a la Plaza Nueva por un itinerario de sombra, los rótulos estridentes deben dejar de contaminar los principales monumentos, Mateos Gago ha de ser una calle cómoda para los viandantes y el alcalde, sobre todo, tiene que ser capaz de reivindicar elMetro ante la Junta de Andalucía. De la Ciudad de la Justicia ya ni se habla, ha quedado claro que cualquier anuncio al respecto es puro humo venteado. Y en cuanto a las rondas de circunvalación y otras infraestructuras o recursos necesarios, la ciudad parece conformarse por ahora con los anuncios a cuenta gotas de los ministros de turno. Doce uvas que despiden un año, un tiempo de calma que el alcalde probablemente no se esperaba ni en su mejor previsión. Espadas reconoce ya que ocho años serían el tope idóneo en el cargo. El desgaste de la política municipal es elevado. Cuatro años más son muchas más uvas. Con sus pepitas dentro.