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Cerveza y bicicletas

Carlos Navarro Antolín | 23 de abril de 2017 a las 5:00

SEVILLA BIKE CENTER

SIN tirador no hay paraíso. Sin cerveza nada es lo mismo. Cerveza bebe el Papa emérito, cerveza se ofrece a los ciclistas del denominado centro integral de la bicicleta, el que está en los Jardines de Murillo, del que nos dijeron en los planos que tendría una zona de cafetería y bebidas como complemento. ¡Y tanto que es integral este servicio! Si parece más extensa la zona de bar, llamemos a las cosas por su nombre, que la dedicada a las bicis. La adjudicataria del servicio ha hecho la mar de bien en poner un bar grande, con sus mesas y sillas, y con sus tiradores de birra. Pan y circo, cerveza y bicicletas. A pedalear, a pedalear que la Cruzcampo se va acabar. No conviene perder muchos líquidos tras darle a la bici. Si no teníamos bares en Sevilla, otro más a cuenta de un nuevo servicio… público. Lo dijo aquel al que recriminaron que tras hacer deporte se hincara una tostada untada con roquefort: “Peor, mucho peor, sería zampármela sin haber corrido antes”.

Los proyectos sin bar no prosperan, como los actos culturales sin copa de vino español no atraen al gran público. Que se lo digan a Gregorio Serrano, hoy director general de Tráfico, que siendo concejal de Turismo no pudo asignar un uso al edificio monumental del Costurero de la Reina porque a ningún empresario le parecía atractivo explotar el inmueble como centro de atención a los cruceristas. De los 46.000 euros del primer concurso se pasó a 25.000 (una rebaja del 45% en números redondos) y con la posibilidad de habilitar una cafetería en la planta baja, pero ni así se generó el interés de alguna empresa. Hasta tres veces se quedó desierto el concurso de adjudicación. Un conocido empresario de la noche telefoneó a Serrano y le explicó que estaba dispuesto a hacerse cargo del Costurero si le permitían abrir en horario nocturno y servir copas largas. Por fortuna, el gobierno de entonces se negó a pervertir el uso del edificio.

Aquella propuesta tuvo cierto efecto de mazazo. ¿Nada se puede abrir en Sevilla, nada puede funcionar, si no es poniendo una barra por delante? Milano cerró en la Plaza de la Magdalena tras décadas de venta de trajes para caballero, unos ternos funcionales y económicos. “Te han salido sarpullidos en el cuello, ¿te has puesto algún traje de Milano?”, preguntaba alguno con guasa. Pues al persianazo de Milano le siguió un negocio llamado, naturalmente, Milano Copas. Es como el negocio de muebles Matamoros, frente a la portada de la Feria, una referencia inequívoca para muchas generaciones, pero no para comprar muebles, sino para citarse para entrar juntos en el real, ¿o no?. Ahora Matamoros es un bar. El bar Matamoros, cómo no. A puntito estuvimos de tener el Costurero Copas. Sevilla es una ciudad donde se restauró mucho antes la cervecería de la Moneda que la Casa de la Moneda. La cerveza es el opio del pueblo. Carril Cruzcampo ya.

SEVILLA BIKE CENTER

Gobernar es apostar y tener criterio

El sueño de la razón genera monstruos. La aplicación taxativa de la igualdad puede provocar efectos perversos. Se aprecia con el asunto de los veladores. Esta sociedad propensa a los pendulazos asiste ojiplática a la supresión absoluta de las mesas y sillas de la Plaza de la Campana, una medida desproporcionada que trata por igual a un negocio centenario, que contribuye a que la ciudad tenga un sello propio, con unas multinacionales de quita y pon, hijas de la globalización, que generan una ciudad despersonalizada. No es cuestión de costumbrismos, ni de perspectivas nostálgicas, ni de evocaciones de la Sevilla en sepia, ni de otras monsergas argumentales propias de inadaptados sociales. El propio Ayuntamiento, de hecho, no cobra lo mismo por un velador en la calle del centro que por uno en una calle de barriada alejada de la Plaza Nueva. Es decir, no considera por igual a todas las calles desde el punto de vista fiscal. El propio Antonio Muñoz, siendo portavoz de la oposición, visitó el Bazar Victoria para apoyar un negocio que, por cierto, agoniza ahora en Francos. En breve se sumará a la lista de los caídos por la Ley de Arrendamientos Urbanos. El PSOE pidió entonces una protección especial para los negocios con historia, lo que el gobierno de Zoido no hizo. Ahora que han segado los veladores de la confitería La Campana, el PP pide una consideración especial para este negocio, lo que equivale a reformar la propia ordenanza de veladores que promovió el alcalde de los 20 concejales. Ni el PSOE ha hecho lo que prometió (catalogar los establecimientos señeros) ni el PP acertó con su normativa (dejó que Sevilla fuera una selva de mesas y sillas). Muñoz ha querido aplicar mano dura ante una lacra que chabacaniza la ciudad, como es la invasión de veladores, pero se ha pasado con las dosis de aceite de ricino y ha contradicho sus propios criterios cuando estaba en la oposición. La confitería La Campana debería tener, al menos, cuatro o cinco mesas próximas a su fachada. El gobierno ha querido aplicar una medida ejemplarizante. Gobernar es tomar decisiones, apostar y tener criterio. En este caso, el criterio no ha sido el idóneo por desproprorcionado.

La guerra de los barriles

Carlos Navarro Antolín | 29 de octubre de 2013 a las 5:00

13.07.00 CERVEZA FOTO JAIME MARTINEZ
Las esquelas dan marchamo a noviembre, mes de los difuntos que salen con los pies por delante y de los difuntos de persianas echadas por el cierre; de dolientes con corona y de dolientes sin licencia de apertura. En el Cerro del Águila está cerrado todo un símbolo de la hostelería, el bar Los Balcones. Dicen que no ha habido acuerdo en el precio del arrendamiento del local, situado justo enfrente del corazón del barrio: la Parroquia de los Dolores. Noviembre tiene la fama del luto y la miel del Cristo sin más capirotes que los cipreses. Noviembre es también el mes que este año cambia la tarifa de venta industrial de la cerveza, uno de los grandes indicadores del estado del bienestar local. Pan y circo, botellines y procesiones extraordinarias. Todo está inventado, sólo cambia la modalidad. Quiten las procesiones y pongan el mapping. Quiten el mapping y pongan la pista de patinaje. Quiten los patines y pongan el fútbol. Pero nunca quiten el botellín. Se trata de ir cambiando el color de la casulla según el tiempo litúrgico. El 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, sube el precio industrial del barril de 50 litros de la cerveza más capillita del mundo. De 110,24 euros pasa a 114,42 euros, según el documento al que ha tenido acceso este periódico. ¡Toma frase!
–Olé, eso sí que es una filtración de la que presumir a lo largo de toda su carrera profesional.
–Gracias.
Los mercados están expectantes para analizar la repercusión de esa subida en el precio de la cerveza servida en la barra de los diez mil bares de Sevilla y sus cuatro mil veladores legales (más los ilegales que pone el tío de las gafas verdes). ¿Pasará como con aquellas subidas que Rajoy se sacó de la manga a las primeras de cambio, dejando ver el pelito de la dehesa y que dejaron a Arenas como el eterno doliente andaluz? Unas subidas asumidas por los hosteleros.
El precio de los barriles de cerveza está provocando una guerra sorda en el gremio de la hostelería en una ciudad tan encantada de tener la espuma en los labios. Sevilla es mucho de la espuma, ya se sabe; eso de estar arrimado con el que sube y dejarlo tirado en cuantito baja. Será por eso que una cerveza sin espuma es como un bote de análisis de orina a puntito de entrar en el laboratorio del Virgen del Rocío. La guerra de los barriles se está librando a base de bien, oiga. Granada aprieta con su principal y muy monumental marca cervecera y se ha logrado colar en verdaderos santuarios de la hostelería hispalense. Sevilla ha colado su cerveza por antonomasia en referentes hoteleros de Cataluña a cambio de bajar muchísimo el precio del barril a esos establecimientos que esa misma cadena tiene en el Sur de España. Otra marca cervecera con nombre de cofradía del Domingo de Ramos está que lo tira con tal de meter cabeza. Las marcas que se han asociado directamente a ofertas de low cost temen ya la explosión de la burbuja del cubo y el hielo picado. Dicen que el cacareo ha sido demasiado para tan pocas nueces. El innovador punto azul ha logrado paliar la mordida en el mercado del botellín anodino procedente de Madrid, donde la cerveza se tira con ayuda de una palita. Ojú. Mala espuma aquella que ha de alisarse como la arena de playa.
La crisis ha disparado el consumo de cerveza, ha fortalecido un hábito ya de por sí implantado en la sociedad. No fue casualidad que Cruzcampo confirmara que la pasada Feria vendió un 11% más de barriles. De las barricadas a la barriladas. Los hosteleros saben más que nunca que es la hora de exigir rebajas en la tarifas oficiales, porque en la puerta hay cola de marcas; pero también son conscientes de que la traición a Gambrinus puede ser más peligrosa para el negocio que el uso de la palita. Llena ahí.
Bar Los Balcones (Cerro del Águila), frente a la parroquia. Está cerrado. .