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¿La naranja caída?

Carlos Navarro Antolín | 15 de julio de 2018 a las 5:00

Ayuntamiento. Javier Millán, portavoz de Ciudadanos en el ayunt

NADIE discute que la política es una montaña rusa, es un teatro cotidiano donde la gran verdad es que todo es falso y es también el terreno propicio para que las relaciones personales sean uniones temporales de intereses que se disfrazan de amistad. El elogio en política puede ser una daga, la crítica puede ser una maniobra para despistar la atención, pero el ninguneo, ay el ninguneo, es ese chorreón de vinagre barato que se vierte en una ensalada incomestible. Al portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento, Javier Millán, lo ninguneó su líder dónde y cuándo más escuece: en Sevilla y a diez meses de las elecciones municipales. Ocurrió el miércoles ante un auditorio que se quedó perplejo. Albert Rivera, presidente de un partido donde sólo Inés Arrimadas resta brillo al líder, se explayó al ponderar la figura de Manuel Valls, el ex primer ministro francés que se perfila como atractivo candidato naranja a la Alcaldía de Barcelona. Rivera citó el caso de Ana Hidalgo, la gaditana que ejerce de alcaldesa de París con toda naturalidad, y elogió de Valls su talante europeísta y moderado. Acto seguido, tras un largo discurso en el que jamás se refirió a Sevilla, se le preguntó directamente si Ciudadanos está necesitado de un Manuel Valls para la carrera electoral en la capital de Andalucía. La respuesta de Rivera fue de las que lo dicen todo, absolutamente todo, sin decir nada, absolutamente nada.

–¿No le gustaría tener un perfil parecido al de Manuel Valls para aspirar a la Alcaldía de Sevilla? ¿Echa en falta tener una cantera más amplia?
–Bueno, pues… Viendo a los competidores, tampoco veo demasiada cantera… En todo caso sí que le reconozco una cosa. Estamos incorporando talento a este proyecto. Las puertas están abiertas. Se pueden presentar independientes a las primarias, lo acaba de aprobar el consejo general del partido por unanimidad, lo cual no es fácil en política. Esto no lo ha hecho ningún partido. Lo lógico en un partido es meter los codos para que no entre gente buena. Y aquí, la unanimidad de un consejo general ha dicho sí a que se presente gente aunque no sean militantes. De hecho, la mitad de la ejecutiva que yo presido eran gente independiente. Juan [Marín] era independiente, no era de Ciudadanos cuando se incorporó. ¿Qué creo que hay que hacer? Abrir, buscar y encontrar gente, gente que está trabajando dentro y que está trabajando fuera. Así que yo, en este caso de las primarias de Ciudadanos, veo que hay gente que ha trabajado en el Parlamento que ha hecho una labor magnífica y que va a estar ahí. Y yo me alegro, pero también se abren las puertas a renovaciones e incorporaciones, porque ésa es la idea de Ciudadanos: seguir creciendo, seguir sumando y ser un partido unido. Fíjese en la diferencia. Somos un partido con primarias, con independientes, unido y creciente. Otros tienen un partido menguante, sin primarias, con división interna y, desde luego, sin independientes. Yo entiendo la política de otra manera, yo vine de la sociedad civil, de la empresa, me incorporé hace unos años a esto y creo que es bueno haber trabajado en otros ámbitos distintos a la política.

Rivera ninguneó a Millán. No lo citó. Ni siquiera para valorar su trabajo de más tres años en la oposición municipal. Ciudadanos tiene tres concejales, obtenidos en las elecciones de 2105, y a nadie escapa que el partido naranja no termina de capitalizar en Sevilla el auge de la marca en España, aunque Rivera y los suyos se hayan quedado ahora con cierta sensación de noqueo tras la moción de censura.

La verdad es que en procesos de designación de candidatos a la Alcaldía hemos visto vodeviles de todo tipo, pero jamás el ninguneo al que Rivera sometió a Javier Millán. Hemos presenciado a Arenas jugando con Raynaud, Soledad Becerril y Zoido de cara a las municipales de 2007. Hemos visto al PSOE barajando para 2011 al entonces alcalde Monteseirín, a Rosamar Prieto-Castro para un período interino, a la hoy ministra María Jesús Montero y, por supuesto, a Juan Espadas. Pero no veíamos a los líderes ningunear a los que, por el momento, estaban con un puesto en el Ayuntamiento. Al menos cumplían con la fórmula del elogio al “gran trabajo que se está haciendo”, una labor que “hoy por hoy” hacía acreedor al que estaba en el puesto de poder continuar, aunque el partido tiene “muchas personas válidas” para emprender con éxito la carrera electoral. Se ve que Rivera es distinto. Debe ser efecto de la nueva política. Millán no existe para el líder. Millán es consciente, de hecho, de dos claves fundamentales para su futuro político:no despega por sí, acaso aumentaría los concejales porque la marca nacional sumaría votos, y es consciente de que no es el deseado, sino el que pasaba por allí y dirige el grupo municipal con más ilusión que cabeza.

Rivera pudo haber ponderado la labor del grupo municipal de Ciudadanos, al menos para destacar su capacidad para dar estabilidad al gobierno de minoría de Juan Espadas. ¿Acaso no lo hizo con Juan Marín, que con sus solitarios nueve diputados ha hecho tanto bien por Andalucía, según repitió Rivera varias veces en su discurso?”. Rivera castigó a su portavoz municipal en Sevilla con un silencio de desprecio propio de la afición de la Real Maestranza, ese público cruel que, mientras el matador regresa al callejón con la cara descompuesta, busca al tío de las bebidas, aprovecha para ir a los aseos (orinaderos en el argot de la cartelería de la plaza) o estira las piernas mientras contempla el vuelo de los vencejos con la Giralda de fondo. Todo, menos dedicarle siquiera una mirada compasiva al diestro.

La puntilla de Rivera fue recurrir al mal de muchos para justificar la falta de un candidato ilusionante en Sevilla. “Viendo a los competidores, tampoco veo a demasiada cantera”. No defendió a su portavoz, se abonó al consuelo de tontos. Aceptamos Millán como candidato (o no) mientras se busca un Manuel Valls. Acto seguido, Rivera publicita una suerte de casting (primarias) al que invita a militantes e independientes. Y eso que sólo quedan diez meses para los comicios.

En política existen los candidatos cuneros, los candidatos a palos, los supercandidatos, los criados en las filas de las juventudes de turno, los paracaidistas y los que son ninguneados en su propia tierra por un presidente que viene de Madrid. Debe ser, claro que sí, la nueva política, la que no guarda las viejas formas hipócritas. Rivera nos dejó a Millán como una naranja caída. Y si Ciudadanos se la come como aspirante a la Alcaldía en 2019 es porque no hay otra. Sevilla busca un Manuel Valls. Si Millán se queda como candidato es por descarte. Ni Rivera ni Marín lo quieren. Lo clamoroso es que no lo disimulan. Hay silencios que apalean, hay naranjas sin vitamina, hay consuelos irritantes. Lo de aguantar como sea en el puesto sí que es propio de la vieja política. Ya lo dice Rivera: para como están los demás… Nos vale Millán, el ninguneado por el jefe en su propia plaza.

Política de avión, política ‘low cost’

Carlos Navarro Antolín | 25 de junio de 2018 a las 23:55

sánchezavión

zoidoavión

Los aviones y los perros dan caché. Los gurús que asesoran a los políticos en la era del pensamiento ligero los tienen como símbolos de altura y de fidelidad, respectivamente. Los aviones y los perros (guau) son marcas blancas a las que los políticos quieren vincularse. Aviones y perros se suman estos días a una lista donde hace tiempo que están los mercados y los niños, que representan el pueblo y la inocencia, también respectivamente. Antes no viajaba cualquiera en avión, pero desde que existen las líneas de bajo coste se trata de un medio de transporte socializado, que diría Juan Espadas. El avión se ha democratizado todo lo que no lo ha hecho el coche oficial. A un avión sube ya cualquiera, la clave no está en subir, sino en cómo se aparece subido. Cuando el alcalde Zoido regresó de San Petesburgo, ciudad a la que viajó para defender la Torre Sevilla ante la Unesco, su gabinete montó un tinglado en el aeropuerto de San Pablo para hacer de la necesidad virtud y vender su gestión para salvar el rascacielos, pese a que había prometido tirar la torre cuando era líder de la oposición. Se tragó el sapo y se lo anotó como un éxito en la barra con la tiza del ustedes me la deben. A los periodistas se les invitó a fotografiar la llegada de Zoido a Sevilla. Se retransmitió la bajada del alcalde del avión. La clave no era el sapo, la clave era el avión. Ese día nació el Air Force ‘Juan’.

Pedro Sánchez se fotografía en sus primeros días en la Moncloa con su mascota, en chándal haciendo deporte por los jardines y, por supuesto, en el avión. En la aeronave, por cierto, aparece luciendo una de esas gafas de encendedor de paso de palio que venden los negros en la playa.

Siendo ya ministro del Interior, Zoido exhibió en las redes sociales un viaje a Sevilla para entregar unas condecoraciones a su gente. La de medallas que Zoido le ha dado a  los suyos en año y medio de ministro… Para que luego digan que el PP tiene complejos. Hasta el último día ha estado intentado colocar medallas. En aquel viaje, cómo no, se hizo fotografiar en el Falcon reservado a los ministros. Está visto que el avión luce mucho a derecha y a izquierda. Ni una foto en el despacho, todos trabajando en el avión. Ahora se entiende cómo ha acabado Rajoy. Nos hemos hartado de verlo en chándal con ese andar acelerado cardiosaludable que dejaba ver una piel blanca de primer día de playa y un rostro fatigado de señor oficinista que se pone a hacer deporte el primer día de sus 30 días de vacaciones.

En la jornada de reflexión de las municipales de 2015, Zoido se hizo fotografiar en las barquitas de la Plaza de España. Y la embarcación acabó varada en la ingrata playa de la oposición. Un naufragio del que todavía hay quienes se están quitando las algas. Pero Zoido no lo ha hecho hasta ahora con un perro. Si Cospedal gana las primarias y se alza con la secretaría general, quizás lo acabemos viendo con el can en algún despacho de Madrid. O con las gafas de sol. Pero seguro que para las lentes y las monturas tiene mejor gusto que Sánchez y usa unas gafas mejores. De más altos vuelos. Aquí da igual que se tengan solamente 84 diputados. Lo importante es la foto, el tuit, el impacto. No hacer pensar mucho al personal. De la camisa blanca a las gafas de encendedor. Las gafas son para despistar. Como el avión de Zoido cuando la torre. ¿La torre? Visiten el restaurante de la planta 34. A Monteseirín le gusta mucho. Y Ciudadanos dice ahora que es el último alcalde que ha tenido modelo de ciudad.

La caída de Rajoy beneficia al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 3 de junio de 2018 a las 5:00

PREMIO CLAVERO AREVALO A SOLEDAD BECERRIL

EN el aparato del PP de Sevilla se esfuerzan estos días en poner rostro de recibir el pésame. Ay, qué malita cara parece que tienen las criaturas. Asisten al funeral de la pérdida del Gobierno de España, pero en el fondo respiran con cierto alivio. El núcleo duro se concentró el viernes en el despacho de la presidenta provincial, Virginia Pérez, para asistir en directo al adiós de Rajoy. Sí, claro que hubo comentarios sobre la “injusticia” de la situación y se oyeron lamentos varios, pero, en el fondo, el enemigo interno (Cospedal y Zoido con sus cuadrillas de leales) ha quedado como los vampiros tras ingerir verbena: muy debilitado. Es cierto que la mayoría de la gente, los votantes que hacen la ciudad día a día, difícilmente entenderán que en el PP sevillano haya quienes celebran en privado que Zoido ya no sea ministro del Interior, o que Cospedal tenga que dejar el Ministerio de Defensa y recluirse en una secretaría general en la que a ver cómo se entiende ahora con Martínez Maíllo. Zoido y Cospedal asistirán a la confección de las listas electorales sin plaza ya en la bancada azul. Y eso libera de presión a los manijeros, a la camarlenga y a todos los que se la jugaron en el polémico congreso provincial a cara de perro. Guau.

La pérdida de la Moncloa beneficia al aparato del partido en Sevilla, aunque nadie vaya a reconocer esta ventaja repentina que se ha obtenido por la mudanza sorpresiva que a estas horas se ultima en Madrid. Todo ha ocurrido tan pronto que no ha habido ni un instante para digerir la situación.

Estos tiempos de amargura en Madrid despejan el horizonte de la estructura provincial del PP y, nunca se olvide, puede ser rentabilizada por la oposición municipal que lidera Beltrán Pérez. El entendimiento del PSOE de Pedro Sánchez con los separatistas catalanes, el nacionalismo vasco y la extrema izquierda con casoplón en Galapagar, le pueden servir al portavoz del PP para armar un discurso contra la imagen moderada del alcalde Juan Espadas. El alcalde, ya se sabe, encaja mejor en la socialdemocracia de Felipe y Guerra, que en el actual partido del puño y la rosa, ávido poder y que vende su alma al diablo (¡Sí se puede!) con tal de alcanzar la Moncloa.

El PP sevillano se ha conjurado para cerrar las puertas a los que retornan en el AVE para quedarse en Sevilla. La memoria es prima hermana de la política cuando se trata de servir platos fríos. Toda mudanza es una fuente generadora de estrés en el ser humano, tan animal de costumbre, tan miedoso al cambio que, nunca se olvide, puede resistir cuarenta años con los mismos gobiernos. Fíjense, por ejemplo, qué poco amigos de las mudanzas son los andaluces. De Franco al PSOE. Hasta tal punto que el apellido del dictador le suena a muchos jóvenes a calle por la que pasan cofradías.

El PPde Sevilla sufre la cuaresma en el altar, pero sonríe en la sacristía. Queda un año para las elecciones municipales, un tiempo de regeneración si en Madrid se hacen medianamente bien las cosas, o un período para mandar el partido definitivamente al pudridero si se hacen mal. Si el recambio de Rajoy es Alberto Núñez Feijoó, el PP sevillano está la mar de bien colocado. Basta recordar que el presidente gallego compartió velada con la delegación sevillana en la última gran convención, la celebrada en la capital de Andalucía con Cristina Cifuentes todavía de protagonista. Aquel día Feijoó fue agasajado por los chicos de Arenas. Y la apuesta de Virginia Pérez, presidenta provincial, no ofreció dudas. La camarlenga se levantó de la cena formal con Rajoy, abandonó el reservado de Robles antes de los postres y se fue al bar El Copo para estar con Feijoó, con el que se había citado antes de saber que debía acudir a sentarse a mesa y mantel con el presidente del Gobierno. Hay que reconocer que casi nadie sería capaz de dejar a un jefe del Ejecutivo y del partido en plena cena para irse con un presidente autonómico con vitola de delfín. Pero lo hizo.

La mudanza en la Moncloa, qué curiosidad, coincide con la del PP de Sevilla. De la calle Rioja a Luis Montoto. En un radio muy reducido coincidirán las sedes del PP, PSOE y Ciudadanos. Una de las últimas vivencias en la sede pepera de la calle Rioja ha sido, precisamente, el seguimiento melancólico del adiós de Rajoy.

El ejército de Zoido está desarmado y Espadas tendrá que aguantar en los Plenos las acusaciones sobre el entendimiento de su partido con Podemos y los esbirros de Puigdemont. Y quién sabe si como alcalde tendrá que verse con ministros o delegados del Gobierno nada amigos de La Que Manda en el PSOE andaluz. Hay que destacar que Espadas ha sabido valerse de los votos de Participa Sevilla e Izquierda Unida y gobernar después alejado de sus formas. Ya quisiera el presidente Sánchez pode seguir esa senda.

El PP de Sevilla también sonríe en privado porque Ciudadanos tendrá que justificar su apoyo al PSOE de Espadas en esta nueva coyuntura. E incluso en un futuro, la formación naranja lo tendrá más complicado si el alcalde no lanza un mensaje claro ante decisiones del presidente Sánchez que comprometan la cohesión territorial de España. Ciudadanos ha sido hasta ahora inflexible en su discurso sobre la unidad de la nación. Y Sánchez ya se ha mostrado dispuesto a sentarse con el nuevo presidente catalán, ese tipo del lazo amarillo y las continuas alusiones a los “presos políticos”. Peligro.

Todos estos factores entrarán en juego en clave local. Mientras, el PP necesita regenerarse. La pérdida de la Moncloa favorece a Beltrán Pérez porque debilita a sus enemigos internos y hasta puede ser un tiempo para la recuperación de unas siglas castigadas por la corrupción. Pero cuanto más tarde esa regeneración, más complicado lo tendrá.

El papel de Arenas también será importante. Si el de Olvera se sitúa bien en el previsiblemente nuevo organigrama del PP en España, los populares sevillanos seguirán teniendo alguien en Madrid al que se le ponen al teléfono todos los dirigentes del partido. Arenas acudió ayer al comité de campaña, una asistencia más que simbólica en tiempos delicados por mucho que llegara a última hora. Si los gatos tienen siete vidas, los linces como Arenas pueden aspirar a la vida eterna. Los cambios en el PP habrán de ser en la estructura nacional. La andaluza, de momento, no experimentará ninguno al ser los comicios autonómicos los primeros en el calendario. Un debate distinto será el de los muy previsibles movimientos internos en la sede regional si Moreno Bonilla sufre un resultado estrepitoso.

Arenas ayudará a Rajoy a diseñar la sucesión, como lo ayudó decisivamente en el congreso de Valencia de 2007. Y desde su puesto de vicesecretario general intentará conservar la influencia en Sevilla a la espera de las autonómicas y municipales. Mientras tanto seguirá yendo de Madrid a Sevilla y de Sevilla a Madrid, porque la política es un tren AVE de ida y vuelta en el que unas veces se viaja en turista y otras en preferente, pero que siempre, siempre, está en movimiento. En los funerales es menester no sonreír. Y después beber vino.

Dos cabalgan juntos

Carlos Navarro Antolín | 18 de febrero de 2018 a las 5:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el portavoz del grupo municipal del PP, Beltrán Pérez, firman el acuerdo de Presupuestos para 2018

DE ser acusado de chulo en el Pleno a ser el político fundamental para dar estabilidad al Ayuntamiento. De tenido por chantajista a ser un líder de la oposición con altura de miras. El alcalde ha modificado sustancialmente su percepción del edil Beltrán Pérez en menos de dos meses. El 27 de diciembre se celebró un Pleno en la Casa Grande para aprobar las ordenanzas fiscales con los precios y tasas públicos para 2018. Eran las vísperas de los Santos Inocentes y, por cierto, del cumpleaños de Javier Arenas. El alcalde estalló aquella mañana. Estaba molesto por el estilo que emplea la oposición desde que Pérez asume la tarea de Pepito Grillo: “¡Con la chulería no se va a ninguna parte!”, le advirtió Espadas, quien reprochó al político del PP que le recordara que los presupuestos estaban a la vuelta de la esquina y que necesitaría para sacar adelante las cuentas de los doce votos, o de las doce abstenciones, de los chicos de la gaviota. Beltrán se erigió en todo un oráculo. Acertó. El alcalde se defendió y metió los dedos en el Grupo Popular al recordar las convulsiones internas del partido y sus efectos en el Ayuntamiento: “Lleváis tres años atascados”. El ambiente se vició.

Mes y medio después ha sido Beltrán Pérez, el acusado de chulería y de chantajista, quien ha salvado el presupuesto. No porque a Pérez le haya entrado un repentino ataque de piedad para con el alcalde en minoría, ni un sentimiento de arrepentimiento y reflexión propio del arranque de la cuaresma. Espadas necesita a Pérez, y Pérez necesita de Espadas. Dos cabalgan juntos. Los movimientos en política, desde tiempos de los clásicos, son una suma de conveniencias. Las conveniencias son intereses a corto plazo. Y la política de hoy es tan cortoplacista como esclava del márketing. El presupuesto aprobado permite a Espadas ejercer sus políticas de gobierno. O, al menos, determinadas políticas, porque después ya sabemos cómo son los paupérrimos grados de ejecución de los presupuestos. Espadas se libra de la dependencia del apoyo de la izquierda radical, la misma que en su día lo aupó a la Alcaldía. A este alcalde que encarna el socialismo moderado empiezan a escocerle más de la cuenta los revoltosos chicos de IU y Participa Sevilla. Él es hombre de costumbres sanas, de saber vivir un domingo familiar (costumbrista) en compañía de Rafa Serna, el letrista que públicamente ha proclamado: “Soy del PP, pero votaré a Juan Espadas”. Cuando los concejales de Participa Sevilla anunciaron su rechazo a los presupuestos, el alcalde llamó al correoso Beltrán Pérez para sacar adelante las cuentas. “Beltri, te necesito”. Tardaron cinco minutos en entenderse. Espadas hizo de la necesidad virtud. Y Pérez, acusado de haber estado ejerciendo una política de cara a la galería con su presupuesto alternativo, vio la oportunidad impagable de erigirse en el salvador de las cuentas, de orillar a Ciudadanos como único partido conservador capaz de contribuir a la gobernabilidad, de desprenderse del barniz de niño terrible y de aparecer como político con alturas de miras, todo lo cual escenificado en una firma solemne en la planta alta del Ayuntamiento que ni la del acto de adhesión de España a la Unión Europea.

Espadas demuestra una gran cintura política. Es capaz de entenderse con todos. Y Beltrán Pérez se cobra su apoyo a corto y medio plazo. El PP no ha cambiado un dígito de las cuentas de 2018, que son exactamente las pactadas por el PSOE y Ciudadanos. Beltrán Pérez ha seguido la táctica de despreciar la vía técnica de la presentación de enmiendas. Toda su apuesta ha sido política. El PP pone sus miras en 2019 al obligar al alcalde a asumir un cuadro fiscal que regirá en el año electoral, para el que ya no necesitará del apoyo de Ciudadanos y con el que tendrá que gobernar el futuro alcalde. Y el PP también, he aquí el rédito político que tendrá efectos a la mayor brevedad, se garantiza en breve un Pleno extraordinario en el que se aprobará la exigencia de fondos autonómicos de hasta 14 millones de euros al año para Sevilla (la denominada Patrica, femenino del fijador de pelo) y la red de Metro, en ambos casos tal como las plantean los populares, dos mociones que escocerán a la presidenta Susana Díaz. Además, el abatido líder regional del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) encontrará en la política municipal un poco de ayuda exterior para argumentar sus rifirrafes con el ejecutivo autonómico.

Cuando la presidenta Carmen Castreño abrió el Pleno de presupuestos a los periodistas e invitados el pasado miércoles (“¡Audiencia pública!), Espadas se afanó en estar saludando a los concejales de Ciudadanos en ese momento. Sabe que son los más perjudicados de su pacto con Beltrán Pérez. Espadas los quiso mimar con ese gesto público por lo que pueda ocurrir. El alcalde guarda la ropa por si el peligroso Beltrán le hace una ahogadilla durante el baño. En ese instante de puertas recién abiertas en el Salón Colón, Beltrán apareció rodeado de todos los concejales del PP. Sentado estaba Alberto Díaz, ex portavoz del Grupo Popular, que en 2017 ya tuvo la idea de apoyar de alguna manera los presupuestos de Espadas para ganar peso político.

Queda probada que la unión de los dos grandes partidos tiene una fuerza arrasadora. El presupuesto de 2018 es el que se ha aprobado antes de los tres de Juan Espadas. Con Monteseirín llegamos a ver presupuestos aprobados en junio. El PP está henchido de gloria porque ha logrado evidenciar, al menos por ahora, que Ciudadanos es irrelevante en el ruedo municipal. La verdadera influencia en la elaboración de un presupuesto no se tasa en millones, sino en clave política. La política de hoy es imagen. En la firma del acuerdo enre Espadas y Pérez estaban de nuevo las cámaras de las emisoras de televisión. Y después corrió la cerveza para algunos en los bares de los alrededores, oro líquido que baña los grandes momentos de la ciudad, espuma efímera, glorias pasajeras. Nada en política perdura. Ninguna cerveza se mantiene siempre fría.

El reencuentro del PP y Ciudadanos en el Labradores

Carlos Navarro Antolín | 7 de febrero de 2018 a las 5:00

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MEDIA mañana. Sede del Real Círculo de Labradores. Café. Luces y taburetes altos. La cabeza del toro Nochebuena desparrama la vista por la estancia. En los sofás mullidos hay clientes ajenos a la escena. En una mesa debaten sobre la ciudad los portavoces municipales de dos importantes grupos políticos que han tenido serios roces en los últimos días a cuenta de la negociación del presupuesto general de la ciudad. Hablan de todo, se dicen las cosas a la cara. Hay reproches por el pasado y también guiños de cara a posibles coyunturas de futuro. Nadie quiere enemistarse con nadie, ni tampoco exhibir pasteleos antes de tiempo. Es verdad que los días de Navidad fueron tensos. La propuesta de presupuesto alternativo presentada por el PP soliviantó a Ciudadanos. Y la victoria de Ciudadanos en Cataluña encumbró a los chicos del partido naranja. La batalla por el voto de centro-derecha alcanza de lleno la Plaza Nueva. Beltrán Pérez, portavoz del Grupo Popular, necesita hacer ruido para ser el candidato a la Alcaldía. Y Javier Millán, portavoz de Ciudadanos, no podía consentir de ningún modo que el PP pactara el presupuesto con el PSOE y le birlara su rol de único partido político de la derecha que es capaz de colaborar con el gobierno y, por lo tanto, ser el modelo de esa nueva política que quieren los ciudadanos, hastiados ya de la confrontación por la confrontación.

A Beltrán Pérez le molestó que Millán denunciara públicamente que la estrategia del PP en el presupuesto podía desembocar en una “posible prevaricación”. Se lo dijo ayer de forma directa. Millán había censurado que el PP presentara una propuesta de presupuesto alternativo sin el formato técnico de enmienda. “Yo no puedo votar ni pronunciarme en la junta de portavoces sobre un documento que no se ajusta técnica ni reglamentariamente a las características de una enmienda. Pretender que hiciéramos eso, con un informe en contra del secretario y del interventor, era pedirnos que prevaricáramos. Y yo no puedo hacer eso, Beltrán”. El concejal Rafael Belmonte, brazo derecho de Beltrán Pérez, es testigo de la escena en silencio. Toma algunas notas. Se percibe cierta tensión. Pérez se defiende: “El presupuesto alternativo era y es un documento político, para generar debate político, no pretendíamos que se tomara como enmienda”. Millán se lamenta de que el PP intentara excluirles (despreciarles) del debate presupuestario al exigir entenderse a solas con el PSOE. “Beltrán, nos quisisteis apartar y eso no lo podemos consentir”. El líder del PP pasa al contraataque: “¿Nosotros quisimos eso? ¡Yo quiero la paz, Javier, pero si me lanzas una pedrada como lo dela prevaricación, tengo que responder!”, le recrimina Beltrán Pérez, molesto todavía por la alusión a un posible delito: “Hombre, Javier, que tú sabes lo que es una prevaricación. Que diga eso un funcionario del grupo A…”.

Belmonte sigue en silencio, siempre con un papel doblado por varias caras preparado para las anotaciones. El Pleno del presupuesto es el 14, día de San Valentín. “Lo que tenéis que hacer es absteneos y dejad que las cuentas salgan adelante por el bien de la ciudad”, exige el portavoz de Ciudadanos. Beltrán responde con rapidez. “Votaremos no al presupuesto salvo que se cumplan nuestras condiciones”. “¿Las tres condiciones que habéis exigido al alcalde?”, pregunta Millán con precisión. “No seré yo quien revele las cosas que hablo con determinadas personas en ciertos despachos”, zanja el líder de la oposición.
Millán desvía la conversación para poner en duda la estrategia del PP de arremeter contra Ciudadanos. “Os estáis equivocando, Beltrán. Os han dicho desde Madrid que tenéis que hacer eso y es un auténtico error. No te puede hacer una idea la de gente del PP que se viene con nosotros y lo que dicen…”. Beltrán se niega a aceptar que haya recibido orden alguna de atacar por atacar a Ciudadanos. “De hecho promuevo unas buenas relaciones con vosotros siempre que sea posible”. El líder de la oposición alude a que así se lo han reconocido en su partido en alguna ocasión. De pronto, cómo no, se habla de las encuestas. Millán tiene claro que Beltrán Pérez será el candidato del PP. No lo dice expresamente, pero en sus afirmaciones asume que así será. “No tenemos orden de apoyar a la lista más votada. No está escrito en ningún sitio”, sentencia el portavoz de Ciudadanos. Beltrán bromea: “¿Entonces nos apoyarías también si no quedamos los primeros?”. Y el de Ciudadanos formula un augurio:“Creo que los tres partidos podemos quedar bastante igualados…”.

Millán se siente feliz de concejal, se entiende con el socialista Juan Espadas. Está convencido de que repetirá como candidato a la Alcaldía, una condición que se oficializará después del verano. Presume de un partido que disfruta de paz interna, a excepción de algunos episodios tensos en el Aljarafe que Belmonte se encarga de recordarle. “¡Menudo padrinazgo tienes con Arenas!”, le refiere Millán a Beltrán Pérez. El dirigente del PP le recuerda –con razón– que también ha tenido sus años de pesares en política. Un bedel irrumpe en la tertulia:“¿Don Rafael Belmonte? Unos señores le esperan”. Se disuelve lentamente la tertulia del reencuentro. Los tres se paran junto al busto del Rey Juan Carlos I. Alguien dice: “El bien de Espadas no es necesariamente el bien de la ciudad”. Millán habla de sus plenos en la Diputación, donde se las tiene que ver con la presidenta del PP, Virginia Pérez.

Nochebuena se queda en su calma astifina. Los políticos se van. Se esfuman. Parece que hay vida en los ojos del burel, parece como si quedara una ráfaga de bravura en su expresión. Las tazas de café aguardan a ser recogidas. Alguien lee un libro en la barra. Hay periódicos repartidos por la mesa con la tablilla de madera de la entidad. Se forman nuevas tertulias. Alguien rechaza el café y apunta a que ya es la hora de un fino con escolta reducida de patatas fritas. Lo más destacado, quizás, es que alguien ha hablado de los presupuestos en un café. Sólo queda encontrar una tertulia sobre los dictámenes del Consejo Económico y Social. Un cartel anuncia que el club carece de peluquero desde el 31 de enero. La ciudad tendrá presupuesto. Pero en el Labradores seguirá vacante el puesto de peluquero.

Alarma naranja en el PP

Carlos Navarro Antolín | 21 de enero de 2018 a las 5:00

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ASÍ está el PP de Sevilla. En estado de alarma naranja. Con las secuelas aún de una división interna que condujo a un congreso provincial fratricida. Todavía hay rescoldos de aquellos días de tensión, de enfrentamiento descarnado, de alianzas por conveniencia y de rupturas de antiguas relaciones fraguadas por oportunismo, que no por la amistad. La visita de Rajoy de ayer templó los ánimos, generó fotografías de uniones interesadas y necesarias y, claro que sí, supuso un espaldarazo para la actual cúpula que dirige el partido. El presidente del Gobierno no se arriesga a visitar una plaza si sabe que será tratado con frialdad por una parte del partido. La sabatina de Rajoy salió de dulce. Pero el fogonazo naranja que deslumbra al PP está encendido. Bien encendido. Ciudadanos es una amenaza para el PP de toda España, para ese gran partido de la derecha que Aznar supo centrar y abrir para que cupieran desde el franquismo sociológico de Alianza Popular hasta los liberales y democristianos.

La presidenta provincial, Virginia Pérez, asume que el PP es pobre en poder territorial en la provincia. Demasiado pobre. La crisis de Palomares ha dejado en siete las Alcaldías del PP. Sí, el partido mantiene los bastiones de Tomares y Carmona, pero hoy se puede considerar todo en serio riesgo de pérdida. Todo está en solfa. Nadie garantiza la recuperación de la Alcaldía de la capital. Beltrán Pérez aprieta, aplica técnicas de resucitación al grupo municipal que descarriló en las elecciones de 2015, hace ruido, se hace notar, procura volar por los ministerios con ayuda de Arenas, culebrea en las redes sociales… Incluso arriesga haciendo política como con la (supuesta) negociación del presupuesto municipal. Curiosamente, ha querido alcanzar un acuerdo con el socialista Espadas para las cuentas de la ciudad, la misma maniobra que intentó su antecesor en el cargo, el concejal Alberto Díaz. Entonces, su compañero Díaz no encontró el apoyo interno del que hoy sí goza Beltrán Pérez. En cualquier caso, la amenaza naranja ha disparado las alarmas internas. El PP de Sevilla tiene que crecer, no puede conformarse con no despeñarse en los comicios andaluces y dejarse arrastrar después por una ola de derrotismo que haga metástasis en las municipales y se lleve por delante el escaso poder de un partido que ya conoce la condición de cuarta fuerza política en la provincia. La alarma naranja provocó un encuentro reciente de cargos públicos del PP de Sevilla en la sede. Una reunión con la presidenta a la cabeza. Allí se analizó la situación del partido, una formación donde cunde el pesimismo tras el 21-D catalán. Alguien dijo: “Aquí hay quien tiene la misma cara que el quinto diputado catalán”. Ese diputado que, ya se sabe, nunca llegó para el PP. No existe. Humor ácido se llama la broma. La presidenta dio un aldabonazo. No ocultó que la situación de la provincia es muy complicada. El único factor que juega a favor del PP es que Ciudadanos, por ahora, no goza de una gran implantación en los pueblos. El PP se encuentra ahora mismo como el PSOE antes de la repetición de las elecciones generales: con el miedo al ‘sorpasso’ metido en el cuerpo. Pánico. Hoy lo que está en juego en España es la hegemonía de la derecha. Hubo dirigentes que en esa reunión menospreciaron el peso de Ciudadanos: “Son morralla”. Y otros que dejaron claro que la lista naranja obtendrá concejales en cualquier pueblo que presente candidatura. La coyuntura actual es favorable a Ciudadanos.

El cónclave popular sirvió para reforzar la figura de la presidenta tanto como para evidenciar la necesidad de remar juntos para salvar, al menos, los muebles del PP en Sevilla. Un veterano como Jaime Raynaud, diputado autonómico, echó mano de un proverbio árabe para clamar por la unión por mucho que haya rescoldos de enfrentamientos: “Yo contra mi hermano, mi hermano y yo contra nuestro primo; nuestro primo, mi hermano y yo contra el extraño”. Raynaud aludió a la necesidad de hacer equipo ante la amenaza general de Ciudadanos. Dicen los expertos en enseñar habilidades directivas que no hay nada que una más que el enemigo común. Alguien, con acidez y sin disimular cierta acritud, tradujo a la práctica el proverbio: “Vamos, Jaime, que aquí hay hijos de puta, pero que tengo que entender que son mis hijos de puta, ¿no?”. Tampoco faltó la pusilánime de turno que, consciente de la tensión que marcaba el ambiente, se planteó si el contenido de la reunión saldría en algún medio de comunicación. Pura anécdota. La presidenta se mostró partidaria del cultivo de las vías de entendimiento con Ciudadanos. De hecho, hasta antes de que empezara el vodevil de los presupuestos en la capital, el PP de Beltrán Pérez había mantenido una relación solvente con el grupo que lidera Javier Millán, portavoz naranja en la Plaza Nueva.

Virginia Pérez quiso reafirmar su autoridad. Lo necesita en este periodo pre-electoral. El aparato provincial quiere ejercer su poder. Marcará las posiciones a partir de ahora. Los cargos públicos (concejales, diputados y senadores) deberán atender las directrices tras unos meses de ‘gracia’ donde algunos vaticinaban la implantación de una gestora y, al final, se han encontrado con la visita de Rajoy a una mera convención de distritos. En Sevilla se dice que ya opera la doble uve. Virginia Pérez en el PP, y Verónica Pérez en el PSOE. La primera norma de los populares hispalenses es no permitir que Ciudadanos robe espacio al PP. La segunda, no llevarse mal del todo con los chicos de Albert Rivera. En ningún foro, en ninguna administración.

La intención del partido es que José Luis Sanz mantenga la Alcaldía de Tomares, Ricardo Tarno se vuelva a presentar por Mairena del Aljarafe, donde ya fue alcalde; y Ricardo Gil-Toresano, hoy subdelegado del Gobierno, trate de recuperar la Alcaldía de Écija. Por supuesto, Beltrán Pérez deberá ser el candidato por Sevilla y tendrá que emprender el difícil reto de ser la lista más votada para, de ese modo, ser acreedor al apoyo de Ciudadanos en una hipotética investidura. Intentos de que no sea el candidato no van a faltar. El enemigo siempre está dentro. Y las encuestas pueden jugar en su contra.

La presidenta provincial liderará la lista por Sevilla al Parlamento de Andalucía. Nadie le discutirá esa posición mientras sea presidenta. Se mirará con lupa la actualidad nacional, la evolución del ministro Zoido (líder natural del bando perdedor en el congreso provincial) y otros factores para decidir los demás puestos. Nunca se olvide que los políticos tienen mala memoria con quienes les ayudan, pero una memoria perfecta para recordar a quienes se las hicieron pasar canutas. La composición de las listas es la oportunidad perfecta para orillar al enemigo, ajustar cuentas y premiar a los fieles.

Virginia Pérez ha ganado fuerza en los dos últimos meses. Ha pasado desapercibida la composición de un comité electoral presidido por el ex edil Maximiliano Vílchez donde tiene mayoría frente a la corriente perdedora. Ha sacado del comité ejecutivo a militantes díscolos, una maniobra delicada donde ha recibido el apoyo público de Juan Ávila, alcalde de Carmona. Los presupuestos internos del partido los ha aprobado con todos los votos a favor, salvo una abstención de Alcalá de Guadaíra. Pero tiene que coser el partido, al menos lo suficiente como para que al PP sevillano no se le ponga en un año la cara de ese quinto diputado catalán, el que nunca llegó.

Elogio de las ratas

Carlos Navarro Antolín | 14 de enero de 2018 a las 5:00

RATAS EN LAS FAROLAS, LA PESTE

POR fin explotamos el producto propio, el que mejor nos identifica como ciudad en este largo período de depresión posterior a la Expo. Por fin alguien tiene la valentía de colocar el símbolo que con más acierto refleja la decadencia de la ciudad, la degradación de la vida urbana, el pesimismo con el que se imprime la heráldica del tiempo que nos ha tocado vivir. Hartos de vender Sevilla como lo que no es, hastiados de interpretaciones forzadas, de postizos, aderezos e imposturas, y de ser el reclamo para las despedidas de solteros, ya era hora de que alguien vendiera Sevilla tal como es realmente. Por fin tenemos la ruta de las ratas, con su mapa, sus rincones con encanto y con unas esculturas doradas que simulan eso: ratas de verdad, ratas trepadoras. Sobre escaparates, sobre farolas, subiendo por las paredes. Tenemos ruta del raterío con marchamo oficial, con el aval del Ayuntamiento, con los permisos de Urbanismo. Ratas doradas repartidas por los puntos donde se desarrolla la serie La Peste. La rata en Sevilla es la mar de importante. Qué acierto su vaciado en material áureo. No hay mejor metal precioso para este roedor tan sevillano. Las ratas son al siglo XVI lo que los ratas al XXI. Sevilla es una ciudad de ratas, de superpoblación de ratas. Decían los romanos que los cerdos se paseaban ya cocidos. Aquí los ratas se pasean impunemente cada día. Tenemos ratas de cuatro patas que asustan a los turistas de los cruceros, hábilmente explotadas por los socialistas cuando estaban en la oposición y así le creaban un problema al delegado de Turismo, Gregorio Serrano, que hoy hasta estará echando de menos aquellas ratas en comparación con la nevada que se lo puede llevar por delante como a las tropas de Napoleón. Tenemos ratas, también de cuatro patas, por el Paseo Juan Carlos I que parecen empadronadas, con sus papeles en regla y a las que les faltan dar los buenos días a los caminantes de la ruta del colesterol. O del “coleteró”, como dice un conocido empresario de la ciudad cuando acude al médico del seguro. Tenemos ratas en algunos colegios, también de cuatro patas, en la Andalucía imparable del bilingüismo, de las altas tecnologías y del todos y todas, que no falte el ellos y ellas, los niños y las niñas, los andaluces y las andaluzas. Pues eso, como no vamos nosotros a ser menos, marchando media ración de ideología de género camuflada como loable igualdad: las ratas del XVI y los ratas del XXI.

Hay ratas que pasean las agendas por la calle Tetuán, que se pasan la vida en las conspiraciones orgánicas de los partidos sin hacer nada sustancial por la sociedad, ratas que vivaquean por la Plaza Nueva, pululan por los actos sociales a partir de las 20:30 o por los finales de los cultos de la cuaresma que dura todo el año. Los ratas suelen preferir la mañana, cuando están abiertos los despachos del poder, o salir ya a la caída del sol, cuando se citan en los salones de actos donde los supuestos poderosos bajan la guardia y se muestran accesibles. La ruta de las ratas debería colocar roedores dorados por el Ayuntamiento, la Diputación, el salón de actos de la Cruzcampo, Cajasol o esas entidades financieras que aún reparten el canapé, la cerveza gratis, el libro de regalo, el pañuelo para la señora y los pasadores para el señor. Si usted no tiene un puesto que pueda ofrecer semejantes dádivas con cargo al presupuesto ajeno, es que no es un rata que se precie.

Hay ratas y ratas. No todos los ratas son iguales. Hay ratas de altura y de bajura, como la pesca. El rata, modalidad más aviesa y con menos gracia que el tradicional gorrón, puede presentarse en su vertiente de rey mago, aristócrata, usuario de chaqué alquilado en José Gestoso, invitado de boda de postín que busca el regalo más barato en la lista de El Corte Inglés (taburete de 45 euros), trincón de comida en el Ministerio del Interior, etcétera. Estos ratas traen la peste del siglo XXI aunque se revistan de gracejo, aunque escalen socialmente el tiempo (breve) que consiguen tener engañados a tanto ingenuo como anda suelto por Sevilla. Sevilla es una ciudad de enteraos donde los ingenuos son nuestra particular mayoría silenciosa.

El raterío de la ciudad merece algo más que el reconocimiento social, merece protección oficial. E incluso merece ser considerado con cierta caridad. Porque al fin y al cabo son ratas, aunque sean revestidas de oro. Un día se acaba el brazo de farola y la rata se despeña, o se colapsa la red del alcantarillado social y el rata se precipita al vacío. Después pasan los años y alguien hasta hace una película.

MillánYBeltrán

 

Las derechas buscan sus dominios propios

La política es un teatro. Todos actúan. Esta semana se han repartido estopa los representantes de las derechas en el Ayuntamiento, que dicho así suena a cartel electoral de la Segunda República: “Sevillanos, si queréis cofradías, ¡votad a las derechas!”. En Ciudadanos han visto cómo el líder del PP, Beltrán Pérez, ha apretado el acelerador para ganar el perfil institucional que tanto necesita. Está dispuesto a apoyar a Juan Espadas para sacar adelante los presupuestos. La formación naranja se ha soliviantado ante la posibilidad de perder la exclusividad a la derecha del alcalde socialista. Cuestión de dominios, cuestión de espacios, cuestión de ocupación de nichos. A río revuelto en la derecha, ganancia del pescador Espadas. Está claro que el alcalde es el que sale ganando en todos los casos. Lo dijo el visionario Moreno Bonilla: “Espadas es triangular”. Ciudadanos se ha visto sorprendido. Y eso es una victoria parcial de un PP que teme verse superado por la marea naranja que viene de Cataluña. El gesto de Pérez en la fotografía es nítido. El vodevil continúa. El presupuesto es el pretexto. La conquista del poder es el único objetivo.

 

La ciudad que espera sentada

Carlos Navarro Antolín | 10 de diciembre de 2017 a las 5:00

Casa Eme

EN Sevilla hay más bares que macetones con árboles de sombra rácana, más bares que procesiones de gloria, más bares que tíos pidiendo firmas en la Plaza Nueva o en la Campana tan pesados como moscas de una venta de carretera, más bares que pregones (hasta la cabalgata tiene pregón y gente dispuesta a darlo), más bares que apartamentos turísticos con inquilinos que arrastran la maleta con una mano y miran el teléfono móvil con la otra para, al final, acabar preguntando desesperados a un taxista dónde está el hotel Las Casas de la Judería. Y el taxista se carga de un plumazo el encanto del grimpolón con el dibujo de un águila que utilizaba el duque de Medinaceli en sus barcos de regata, el símbolo que Ignacio Medina, duque de Segorbe, emplea hoy como divisa de sus hoteles.

–Tienes que seguir de frente. El hotel es el que tiene las banderas de Robin Hood.

Habrá bares en Sevilla, pero los funcionarios tienen bien crecidita la pila de los expedientes que piden nuevas licencias de apertura, ampliaciones de local, un aumento de la terraza de veladores, una nueva salida de humos para hacer más grande la cocina… Habrá bares, pero pocos pueden presumir de que sus clientes los esperan a la intemperie en estos días de frío con una fidelidad sólo comparable al puente de la Calzada de Pascual González, que siempre lo estaba esperando, como los partidarios de Curro que, en medio de los chubascos de almohadillas, en un arrebato de misericordia, clamaban en una lección de amor y fidelidad: “¡Mañana vengo a verte otra vez!”

Ahí están los clientes de Casa Eme, ocupando los veladores como los parroquianos que llegan a misa y van poco a poco llenando los bancos. Están las mesas, están las sillas, están los consumidores, pero el bar está cerrado. No importa la espera, ni el frío. El horario está tasado y se cumple a rajatabla. El personal aguarda porque busca las coquinas, el montadito de fuagrás de pato y gambas, el de solomillo alwhisky y los caracoles en temporada. El dueño lo hace todo. No está más que él. Y funciona. La hora de cierre no se altera ni aunque empiecen a entrar costaleros con la ropa ceñida a los ojos pidiendo cerveza. Se les espanta: “¡Yo no estoy aquí para estas cosas!”. Estilo se llama. Dicen que un día le preguntaron al tabernero por su nombre y que respondió al estilo genial de Belmonte: “Eme”. El interrogador miró el toldo y leyó lo obvio: “Casa Eme”. Puso cara del fiscal acusador que se retira y sentencia: “De acuerdo, señoría, no hay más preguntas”. A Curro le esperaban sus lances, a Eme sus coquinas. La clientela adiestrada es el sueño del titular de cualquier negocio, es la traducción a la práctica de la teoría de las lentejas en versión hostelera. Seis veladores llenos antes de abrir no lo mejora ni el Consejo de Cofradías, que tiene hecha la recaudación completa de la carrera oficial antes de que empiece el negocio.

A Sevilla se le da la mar de bien lo de esperar sentada. Lo mismo aguardamos sedentes que nos pongan una línea de Metro que una ración de coquinas, lo mismo que nos pongan el tren entre Santa Justa y el Aeropuerto que el montadito de solomillo al whisky, lo mismo nos da Robin Hood que el águila del abuelo de Segorbe. Y si nos pegan el persianazo en el bar para invitarnos a salir, o no nos ponen ni tren ni Metro, decimos lo mismo que el partidario: “Mañana venimos otra vez”. Y la vida pasa mientras estamos… sentados. Para que luego se pregunten dónde está la sociedad civil. En los veladores. Todo el día en los veladores.

Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin  Susana Díaz y Juan Espadas inauguran las nuevas instalaciones

El PP y Ciudadanos cultivan la huerta, mantienen en línea a los embajadores

Ciudadanos está deseando tocar pelo en el gobierno andaluz. Lo saben hasta los niños de parvulario. Yen Sevilla también aspiran al gobierno, pero a partir del próximo mandato. Nunca antes. Sueña la margarita con ser romero y Ciudadanos con formar parte de la junta de gobierno… con la lista más votada. Ay, qué ilusión que las monjas nos llevan de excursión y si es con Beltrán Pérez mucho mejor, ¿verdad Javier Millán?. En el caso del Ayuntamiento, el PP es el aliado natural para Ciudadanos y el PSOE es la relación de conveniencia. A Espadas se le puede apoyar, pero siempre que sea desde fuera. Ciudadanos es el betadine del gobierno actual: de uso externo. Con el PP se podría uno coger la mano. Y hasta ir al cine los domingos por la tarde, como iban Chaves y Griñán antes de que la amistad se fuera por la borda. Se nos rompió el amor de tanto piripi en la terraza de Antonio Romero tras la película de precepto dominical. En los nuevos tiempos que se avecinan nada será posible si el PP no es el partido más votado. Difícilmente podría Ciudadanos explicar a sus votantes que apoya a la segunda lista. Sería, valga el ejemplo, cometer el error de Rojas-Marcos en 1999. Los dos partidos de centro-derecha están en línea, cultivan la huerta, mantienen en contacto a sus embajadores con una periodicidad semanal. Pero, primero, los dos cabecillas deben ser candidatos. Y ni Pérez ni Millán lo  son por el momento. Tiempos para los oráculos sin piripis.

 

26-J en Sevilla: La mancha roja se destiñe

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2016 a las 0:59

Sevilla,26/06/2016.
LA provincia de Sevilla no aparece teñida de rojo en el mapa electoral por primera vez. El PSOE pierde sangre por el bastión del Sur. La cabra se despelucha. A los socialistas se les abre una herida inédita, una vía de agua en la nave mayor, un escape de energía. El resultado en la circunscripción de Sevilla es toda una victoria psicológica para los populares, nunca lograda en la historia de la democracia. Sevilla siempre fue roja. Sevilla era esa “manchita” en el mapa azul del PP hasta en las mayorías absolutas de Aznar (2000) y Rajoy (2011). Sevilla era esa provincia despreciada periódicamente por la altanería de moqueta y cuellos duros de Génova, pasto de las bromas fáciles y diana de los dardos de la prepotencia madrileña, sobre todo por esa cantidad de pueblos donde el PP sevillano ha sido la tercera fuerza política.

El PP de Sevilla, el partido estático donde nunca ha habido agitaciones internas ni corrientes críticas hasta hace un cuarto de hora, empata en número de escaños con los socialistas. Cuatro a cuatro. Atrás quedan los años en que el rodillo del puño y la rosa llegaba a conseguir hasta ocho diputados en el tradicional fortín del socialismo español: la circunscripción hispalense. El PSOE se deja más de 23.000 votos con respecto a las elecciones de diciembre. En menos de un semestre pierde una cantidad de sufragios considerable, una derrota no contemplada en ningún vaticinio. La tierra de Felipe y Guerra ya no es roja, se ha vuelto gris.

Los populares cogen aire en España, en Andalucía, donde no ganaban unos comicios desde aquellos 50 melancólicos diputados de Arenas en 2012; y, lo nunca visto, en la provincia de Sevilla. La capital de Andalucía ha sido siempre el gran freno del centro-derecha andaluz. Los populares ganan más de 9.000 votos en la provincia roja por naturaleza, lo que, unido al bajonazo socialista, les permite conseguir el cuarto escaño que posibilita el empate y, por lo tanto, que el color de la circunscripción sea ese gris del empate por vez primera desde 1977.

El PSOE gana en los pueblos, pero es menos fuerte donde nunca nadie osó toserle. He ahí su fracaso. Los socialistas no pueden conformarse con un empate en la provincia roja por antonomasia. No deben admitir un debilitamiento del voto rural tan pronunciado.

Zoido vuelve a ganar en la capital. Encabeza la lista más votada en ocho de los once distritos. El ex alcalde gana casi cuatro mil votos en comparación con las elecciones de diciembre y vence otra vez a un desconocido Antonio Pradas, cabeza de lista del PSOE sin proyección mediática alguna. La marca electoral de Zoido se consolida de cara al Congreso de los Diputados. Tal como destacaban en privado dirigentes del partido en el último mes, no hay ahora mismo nadie que tenga unas cotas tan elevadas de notoriedad en el PP de Sevilla. Que perdiera la Alcaldía en mayo de 2015 como la perdió (de 20 a 12 concejales), no lo invalida como un cabeza de cartel de éxito para las Cortes. Es un candidato que no genera rechazo, pues sigue siendo un político al que se discute la capacidad de gestión, pero se mantiene exento de aristas personales.

El PP estaba esperando los resultados de Sevilla con lupa tras los meses de enfrentamientos internos entre oficialistas y críticos, entre el sector auspiciado por María Dolores de Cospedal y el impulsado por Arenas, ambos con el objetivo de controlar el partido de cara al futuro congreso nacional. Estas disputas internas no han afectado al resultado electoral. Los electores del partido de la gaviota se han movilizado aún más que hace cinco meses. El presidente provincial, Juan Bueno, muy discutido por el sector crítico, podrá hacer un análisis de los resultados con un alivio jamás experimentado por sus antecesores. Y podrá presentarse en la sede regional con la cabeza alta, donde el malagueño Moreno Bonilla siempre ha mirado con recelo los escrutinios sevillanos al restarle opciones electorales en el ámbito regional.

Podemos gana un escaño. Ciudadanos pierde uno. Los emergentes nunca lo han sido en Sevilla. El bipartidismo no se ha erosionado nunca en esta circunscripción. Susana Díaz tendrá que buscar nuevas caras en el PSOE sevillano para los próximos carteles electorales. Sevilla es menos roja que ayer. En la sede del PP andaluz, la tradicional Villabajo de las noches electorales, funcionó el tirador de Alhambra, no el de la Cruzcampo. Moreno Bonilla fue portado a hombros por militantes sevillanos en contraste con las autonómicas de 2015, cuando eran cuatro sevillanos los que aliviaban su duelo. Zoido bailó. Las alegrías en fútbol duran una semana. En política acaso un cuarto de hora. Hay que aprovechar el sueño de la cabra. Ycelebrar hasta el color gris.

La cabra aguanta

Carlos Navarro Antolín | 21 de diciembre de 2015 a las 5:00

SEVILLA 15/16
LAS primeras generales sin Alfonso Guerra de cabeza de lista por Sevilla. El PSOE puso a un tal Pradas en los carteles y se cumplió la profecía del viejo zorro del socialismo español: los socialistas vencen en la circunscripción sevillana incluso si se presentan a una cabra. Pradas es un hombre de la absoluta confianza de Susana Díaz, un tentáculo útil y eficiente para la presidenta andaluza en la Carrera de San Jerónimo, donde los socialistas entrarán en complejos equilibrios internos a la hora más que previsible de entenderse con la amistades peligrosas de Podemos. Pradas es un político de perfil local y gris, un color nada despreciable en política. Del gris se sabe mucho en el PSOE andaluz, donde el político más gris de su historia, Manuel Chaves, mantiene el récord de permanencia en el gobierno. Pradas es gris en un PSOE dividido y al ralentí (con el brusco acelerón del debate cara a cara), que no está muerto aunque estaban redactándole el obituario con las israelitas. Y ese tono gris le ha bastado para conseguir una victoria digna, si se trata de hacer un análisis de los resultados en la circunscripción sevillana.

El bipartidismo se resquebraja en España, pero se robustece la vieja teoría del rumiante que siempre sale victorioso en el Sur si lleva en el lomo el hierro fundido del puño y la rosa. Después de Guerra, el gris. Pero siempre la victoria. Sevilla no deja al PSOE, como no dejó al rey sabio. El voto rural es del PSOE en el tablero de ajedrez alfonsino hasta tal punto que la derecha sociológica vota socialista en esta provincia española (incluso en toda Andalucía), mientras que Podemos recibe el sufragio puro y duro de la izquierda, con el añadido de los obsesionados por dar una patada al avispero, y el electorado expulsa al hasta ahora único representante por IU en el Congreso de los Diputados. Los votantes han sido cicateros con Ciudadanos en Sevilla (Pinocho en las encuestas)y crueles como niños con el viejo PCE.

Sevilla sigue siendo fiel al PSOE del tardoguerrismo gracias a los pueblos, por mucho que se deja más de cien mil votos después de estos cuatro años, que se los deja. Yel PP pierde aún más:más de 150.000 sufragios, por lo que se queda muy lejos de la marca cosechada hace cuatro años la noche de la mayoría absoluta de Rajoy. Hagan la cuenta: el bipartidismo pierde más de 250.000 votos en la provincia sevillana. El codazo de Podemos para coger sitio en el banco sevillano es notable, donde tendrá dos diputados. Y los naranjitos dos actas, entre las que figura la de Virginia Salmerón, a la que han machacado en las redes sociales con el vídeo de una entrevista en la que mostraba una frívola indecisión.

Si el PSOE colocó a un desconocido como cabeza de cartel por la circunscripción más roja de España, el PP tiró de un alcalde orillado del poder municipal: Juan Ignacio Zoido. El ex alcalde de Sevilla ha encabezado una lista que pasa de cinco a tres diputados. No es una hecatombe, pero sí es un registro pobre para un PP sevillano eternamente necesitado de una renovación, y cómodamente instalado en la mediocridad cada vez que suena el tam-tam electoral en la provincia de Sevilla. Zoido sí ha conseguido, al menos, ser la lista más votada en la capital, con doce mil votos por encima de los socialistas, y casi 38.000 sufragios por encima de Podemos.

La marca Zoido, al menos en la capital, resiste estas elecciones generales pese al desastre de las últimas municipales, cuando se dejó 60.000 votos tras una gestión de cuatro años caracterizada por el tono plano. El político del PP, que durante dos años fue el estandarte de su partido en el Sur de España, hasta el punto de ser alzado a la presidencia de la FEMP y de su propia formación en Andalucía, conserva la vitola de liderar la lista más votada en la capital, un mérito al que, al menos, podrá sacarle jugo en las reuniones de consumo interno. Incluso tal vez le sirva para alargar todo lo que pueda su condición de líder de la oposición en el Ayuntamiento de Sevilla, siempre y cuando el PPno apruebe un catalogo de incompatibilidades.

Los populares vuelven a ser la fuerza más votada en Espartinas, el bastión aljarafeño que perdieron en las últimas municipales en favor de Ciudadanos, cuyo alcalde ha tenido que dimitir en plena campaña electoral al resultar imputado. Y siguen incontestables en Tomares, donde su alcalde, José Luis Sanz, ha sacado el acta como senador, tal como estaba previsto. Pero los pueblos son del PSOE en una suerte de presunción de victoria mientras no se demuestre lo contrario. Después de Franco, las instituciones. Después de Guerra, la cabra.
ELECCIONES. ZOIDO VOTANDO