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Quién cose al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 12 de marzo de 2017 a las 5:00

Quién cose al PP de Sevilla

EL PP de Sevilla está roto. Fracturado. Exhibe cada día con más nitidez las entrañas de un desgarro provocado por la traumática pérdida de la Alcaldía en mayo de 2015. Los recientes comicios internos para la elección de compromisarios para el congreso regional que se celebra el próximo fin de semana en Málaga revelan que Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente regional, afronta la cita con la formación hecha unos zorros en la capital, con dos bandos que, a tenor de los resultados, están condenados a entenderse, pero donde nadie hace el menor intento de buscar el consenso, de coger hilo y dedal y ponerse a coser, dicho sea en los términos que empleó Susana Díaz para aludir a la necesidad de recomponer el PSOE, ahora dirigido por una gestora. El PP de Sevilla, por el momento, no tiene quien lo cosa. La tensión que ha marcado estas últimas elecciones internas no augura unas vísperas tranquilas de cara al decisivo congreso provincial que habrá de celebrarse tras las fiestas mayores.

Según pasan las fechas, el conflicto interno es cada vez más explícito, con su correspondiente efecto en la vida interna del partido, con episodios agrios entre militantes, y con el tono plano que mantiene el Grupo Popular en el Ayuntamiento, donde Alberto Díaz parece guardar aposta un perfil exclusivamente institucional a la espera de acontecimientos. Hasta la celebración del congreso provincial no se sabrá con certeza si su etapa de portavoz es duradera o, por el contrario, queda relegada a una interinidad operativa. Por el momento, Alberto Díaz parece el respetuoso inquilino de un piso en alquiler de corta duración, que aún no se atreve a taladrar las paredes, pero que tiene los cuadros y los espiches preparados. Mientras tanto, el gran beneficiario de esta situación es el socialista Juan Espadas, que se pasea por la verde pradera de la Plaza Nueva a lomos del corcel de la estabilidad, disfrutando de la carencia de una verdadera oposición y de la compañía poco molesta de una todavía bisoña izquierda radical.

Tanto el bando oficialista (Cospedal, Zoido, Juan Bueno, Alberto Díaz y José Luis Sanz) como el crítico o renovador (Arenas, Amalia Gómez, Patricia del Pozo, Virginia Pérez, Beltrán Pérez y Juan Ávila) han inflado el censo de nuevos militantes para ganar apoyos en la elección de los compromisarios. Aquí han votado por las dos facciones madres, hermanos, primos, allegados de todo vínculo, etcétera.

Los oficialistas se han impuesto en la capital en número de compromisarios, pero con el aliento crítico pegado a la nuca pues los chicos de Arenas presumen de haber ganado en número de votos. Los críticos sí han ganado en la provincia en número de compromisarios, pero saben de la importancia que hubiera tenido para sus intereses haber controlado totalmente las cocinas capitalinas, donde han obtenido importantes avances respecto a la anterior elección de compromisarios para el congreso nacional, pero sin que puedan descorchar ninguna botella por el momento. El resultado de estas últimas elecciones a compromisarios revela que ninguna corriente tiene la hegemonía en el PP de Sevilla. Ni siquiera el propio Juan Manuel Moreno Bonilla controla casi nada en la sede provincial sevillana, de ahí que su tibieza sea manifiesta desde que se evidenció el conflicto el último Miércoles de Feria con la fotografía de los críticos en la caseta ‘El Manijero’, que dio nombre al grupo que quiere controlar el supuesto pos-zoidismo en el partido. Es más, el líder regional ha salido pellizcado de estos comicios internos, pues los militantes tenían dos urnas para votar: una para elegir a los compromisarios del congreso regional y otra para respaldar al único candidato a presidente regional. Votaron 472 militantes en la capital, de los que sólo 375 dieron su apoyo a la continuidad de Moreno Bonilla. Queda claro que el malagueño sigue generando silencios entre la militancia sevillana. Sevilla no es sólo una plaza que se le resiste, sino que le provoca sufrimientos porque unos (los oficialistas) no lo quieren en el cargo de presidente regional, y los otros (los críticos) no terminan de sacarlo del burladero de la tibieza para que se alinee con sus intereses.

De la capital, el primer dato a destacar es que nadie discute la victoria de los oficialistas en la elección de los compromisarios. Incluso han ganado, aunque haya sido por sólo cinco votos, en el distrito Sur, donde votan el mismísimo Javier Arenas y Amalia Gómez. Las discusiones se centran en determinados compromisarios, como ocurre en Los Remedios, donde ambos bandos se atribuyen a la concejal Carmen Ríos. La caída de los críticos ha sido notable en San Pablo-Santa Justa, donde han perdido las cuatro actas de compromisarios de los que gozaron la vez anterior.

El segundo dato destacable es que el líder municipal de los críticos, el concejal Beltrán Pérez, ha vencido en su distrito de Palmera-Bellavista, después de haberse quedado fuera del congreso nacional, al que no pudo acudir como compromisario por falta de votos. Pérez se puso esta vez las pilas y ha salvado su marca personal al lograr los tres compromisarios de su distrito para la causa denominada renovadora. De 88 votantes, 57 apoyaron a Beltrán Pérez.

La victoria oficialista ha sido evidente (aunque con corto margen de votos en algunos casos) en distritos como Triana, pese al avance de los críticos; y en Nervión, Casco Antiguo, Sur o San Pablo-Santa Justa.

En la provincia, la victoria de los críticos no hay quien la discuta, con más de veinte representantes de diferencia, lo que alienta a los leales a Arenas a tener esperanzas fundadas en una victoria en el congreso provincial, cuya elección previa de compromisarios se disputará a cara de perro ante la previsible presentación de dos listas. Los críticos presumen especialmente de victoria en Gines y de tener de su lado a un ramillete de alcaldes entre los que figura el de Carmona. La provincia no ha sido nunca el fuerte del aparato capitalino del PP, una circunstancia que los críticos quieren seguir explotando de cara al congreso provincial.
En los días previos a la elección de compromisarios regionales se han vivido todo tipo de conflictos, desde conversaciones telefónicas grabadas donde se pone a caldo a dos destacados críticos, a los habituales retrasos en la entrega de los listados para dificultar la captación de los votantes, pasando por las denuncias sobre la ausencia de cabinas que garantizaran el derecho al voto.

El actual presidente provincial, Juan Bueno, se está tragando con una meritoria buena cara todos los conflictos que lastran el partido desde hace casi un año. El desgaste para su figura es innegable, pues no se recuerda un enconamiento igual y tan prolongado en el tiempo en la historia del partido en Sevilla. Bueno ya se desgastó en las maniobras de verano para prescindir de Virginia Pérez como secretaria general, unas operaciones que dejaron al partido al borde de la gestora. Pocos son los que confían en que Bueno siga como presidente a partir del próximo congreso provincial, salvo que una improbable coincidencia de circunstancias así lo aconsejaran. Es diputado autonómico y hombre que guarda la disciplina debida hacia los aparatos. Sabe sufrir, como ha demostrado en distintas etapas y tal como le ha reconocido Arenas en alguna ocasión. Su futuro en el partido no se discute. Su papel como presidente provincial parece ya caducado.

¿Quién será el próximo presidente del PP sevillano? ¿Existen opciones de fusionar ambas corrientes en una sola lista para evitar una explosión que dejaría un buen número de heridos?

Los críticos mantienen que su candidata a la presidencia provincial es Virginia Pérez, la correosa portavoz del PP en la Diputación Provincial, cuyo estilo especialmente directo pone de los nervios al oficialismo del partido. Si gana la opción crítica, la referencia municipal será Beltrán Pérez, que lleva catorce años como concejal y vivió su mejor momento en el acoso y derribo del gobierno de Monteseirín, una habilidad que necesitará en breve el PP si quiere recuperar la Alcaldía. Arenas, que nunca se olvide auspicia la lista crítica, querrá colocar en buen sitio de la ejecutiva a una de sus grandes protegidas: Patricia del Pozo. La otra es Macarena O’Neill.

Los oficialistas tienen a José Luis Sanz como su principal referencia para la presidencia. El alcalde y senador de Tomares ya fue presidente en la etapa de mayor éxito electoral para el PP en la provincia. Tomares es una plaza consolidada electoralmente para el centro-derecha. Sanz podría intentar ser candidato a la Alcaldía de Sevilla, para lo que necesita tres requisitos: lograr el poder orgánico en el partido, quedar absolutamente limpio de posibles nuevos frentes judiciales, y convencer al electorado de que se puede pasar de alcalde de un municipio del Aljarafe a serlo de la capital. Monteseirín ya pasó de concejal de pueblo y presidente de la Diputación a alcalde de la capital durante doce años. Los requisitos que tendría que cubrir Sanz no son difíciles de superar, pero tampoco hay que descartar el posible regreso de Zoido a Sevilla en caso de que la legislatura sea corta, se produzca una eventual victoria de Pedro Sánchez en el congreso del PSOE y el hoy ministro del Interior quiera retornar como la marca más sólida del centro-derecha hispalense.

Si Sanz gana, su referencia inmediata en la Plaza Nueva será Alberto Díaz –hoy portavoz– aún con más fuerza. La probabilidad de entendimiento entre José Luis Sanz y Virginia Pérez es nula. Entre Sanz y Beltrán Pérez pudiera existir algún tímido brote verde. Muy tímido. Los días que pasen entre la elección de compromisarios para el congreso provincial y la celebración del mismo congreso serán decisivos para conocer la probabilidad de formación de una lista de consenso en función del número de compromisarios que cada bando crea tener asegurado. Si no hay entendimiento, habrá que ir a votaciones precedidas de discursos cargados de emotividad para captar los votos de última hora. Habrá una lista ganadora, otra perdedora y un cartel que seguirá reclamando la presencia de aguja, dedal y muchas horas de paciencia. La unidad de todo partido no pasa por el discurso o los ideales, sino por asegurar la supervivencia de los actores de la gran obra de teatro que es la política. Nunca se olvide que Pepe Caballos, otrora factótum del PSOE andaluz, expulsó en 2004 a una tal Susana Díaz del Ayuntamiento para orillarla en el Congreso de los Diputados. Se la quitó de Andalucía asegurándole esa supervivencia. Y en esa etapa de exilio nació la estrella de la política andaluza que hoy prepara el asalto a la calle Ferraz. Hay patadas para arriba que son el preludio del nacimiento de una gran figura. Hay convulsiones, períodos de costura, de las que puede surgir la candidatura más inesperada.

La solución estética del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 1 de septiembre de 2016 a las 5:00

SEVILLA, 15/08/2016.
HOY es primero de septiembre. La combativa Virginia Pérez sigue siendo la secretaria general del PP de Sevilla, pese al revuelo que tensionó la vida interna de la formación el pasado julio. Pasó agosto con los motores de la política encendidos en Madrid, se enfriaron los ánimos en la estructura sevillana y, de hecho, no hubo ninguna dimisión pese a los reiterados anuncios de salidas inminentes o a muy corto plazo. Todo apunta a que las novedades –ciertas novedades– se formalizarán la tarde del próximo miércoles en el seno de una junta directiva provincial. El presidente provincial, Juan Bueno, sigue teniendo especial interés en que la camarlenga deje las funciones de secretaria general. Y en esa junta directiva quiere informar a la militancia de todo cuanto ha ocurrido en el partido en los últimos meses, rifirrafes públicos en la sede del partido incluidos. Todos coinciden en que no tiene ningún sentido seguir trabajando en un ambiente irrespirable entre el presidente y la secretaria general. El líder regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, quiere que Virginia Pérez abandone el puesto a su ritmo, sin que se vea forzada, pero que lo deje para no tensar más los ánimos en el PP sevillano, una formación donde se sigue mirando con recelo al malagueño por mucho que los ediles Zoido y Curro Pérez lo alzaran a hombros en la última noche electoral tras meses en que le hicieron el vacío en varios actos.

Virginia Pérez –a la que sus críticos le imputan falta de currículum político para la alta aspiración de presidir el PP sevillano– está dispuesta a renunciar a esas competencias sin necesidad de votaciones que evidencien la fractura del partido. Pérez ha logrado cruzar la travesía de agosto sin renunciar a las funciones de secretaria general, con notable e inédita notoriedad en el cortejo de autoridades de la procesión de la patrona. Y ahora quiere y tiene que negociar las condiciones de su salida (sin tensiones) como número dos. El presidente Juan Bueno ha preferido que el foro para despedirla como secretaria general sea esta vez el de una junta directiva provincial y no el de un comité ejecutivo, formato escogido en un principio el pasado julio, pero que se desactivó a última hora por efecto de un acuerdo entre las partes para el que tuvo que mediar la secretaria general del PP andaluz, Dolores López. Ese acuerdo se plasmó en un escrito que se quedó en poder de Juan Bueno, quien facilitó una copia a la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, quien apoya al sector oficialista contra Javier Arenas, que apadrina a los críticos del PP sevillano. En el tablero del centro derecha hispalense se juega desde hace meses el enfrentamiento entre el Rey Arenas y la Dama Cospedal, asistida por el ex alcalde Zoido.

¿Por qué Bueno prefiere ahora una junta directiva y no un comité? Una junta directiva tiene muchos más miembros, se trata de un órgano interno mucho más poblado al que están llamados desde los presidentes de los distritos de la capital hasta los representantes de todos los municipios, incluyendo, por supuesto, todos los cargos institucionales y orgánicos. El censo de los convocados a una junta directiva es mucho más difícil de controlar en los días previos por el sector crítico (los manijeros) en caso de que fuera precisa una maniobra de contestación.

La camarlenga aceptará bajar formalmente un peldaño: pasar de ser la número dos a ocupar el tres, pues exige retener el puesto de coordinadora general del PP sevillano. Y, además, entre sus condiciones figuran la de seguir siendo la portavoz del Grupo Popular en la Diputación Provincial, así como que se respeten las funciones de todos los que hasta ahora han participado en las acciones públicas de reivindicación de un nuevo modelo de partido. Todas estas exigencias pueden conducir a una solución meramente estética del fuerte conflicto que lastra la vida interna del PP sevillano, pues la dimisión llegaría tarde (dos meses después de lo deseado por los oficialistas) y la camarlenga seguiría dentro del aparato orgánico y con la plataforma de la institución provincial desde la que organizar su asalto al congreso provincial.

Una vez que la Pérez sea despojada de las funciones de número dos, resta conocer si Juan Bueno nombrará a un nuevo secretario general, un cargo para el que dispone estatutariamente de un elenco muy limitado, pues habría de ser designado obligatoriamente de entre los vocales del comité ejecutivo, donde sólo hay dos nombres que reúnan el perfil: el concejal Beltrán Pérez y el ex edil Ricardo Villena. Para apostar por el primero, a Juan Bueno tendría que haberle afectado el Levante de Zahara de los Atunes más de la cuenta este verano, cosa poco probable porque siempre tiende a resguardarse. Bueno jamás dará ventaja a Beltrán Pérez. Y el segundo, el veterano Villena, disfruta desde hace años de un cómodo retiro en el Tribunal Económico Administrativo del Ayuntamiento, aunque acude a la reuniones internas del sector oficialista en el tabernerío capitalino cuando es convocado en los días de revueltas.

Salvo que Bueno tire de algún militante de la provincia del que tenga garantías de que seguiría fielmente sus indicaciones (¿Alguien de Coria?), no le quedaría otra que repartir las funciones propias de la secretaría general entre varios vicesecretarios, de lo contrario seguirá teniendo como número dos del partido de facto a Virginia Pérez siempre que la camarlenga se mantenga como coordinadora general.

Nada hace vaticinar que el mar del PP sevillano sea plato en los próximos meses. Eolo (Arenas) seguirá soplando. Y la dama (Cospedal) es la ficha con mayor capacidad de movimiento en el tablero.

Arenas rompe el pensamiento único

Carlos Navarro Antolín | 8 de octubre de 2012 a las 12:05


Charo pegó el aldabonazo. Y Arenas se flageló. Dos ex dieron la nota: la ex concejal estrella de Zoido y el ex de todo en el PP andaluz. Hay que reconocer que el congreso provincial del PP no fue tan plúmbeo como se esperaba. Sí, hubo mensajes generalistas, vagos, triunfalistas y de aplauso fácil como para llenar un cubo de ropa sucia, que ya se sabe que es un recipiente donde siempre caben más y más prendas. Los congresos –más aún los del PP– son productos de consumo interno, una especie de ad calorem laico, una representación donde hay que intuir más que ver, una oportunidad para la exposición de ponencias que parecen ensayos de redacción de la EGB y unas citas donde se consumen productos congelados en las cocinas del partido. Por eso impactó la intervención de la militante Charo García, que fue el fichaje femenino más sonado en la primera intentona de Zoido por alcanzar la Alcaldía, aquellas municipales de 2007 en las que ganó en votos pero quedó orillado del poder. La hoy ex concejal realizó una interesante enmienda a la ponencia de estrategia política. Se presentó como una profesional que trabaja en el Hospital Virgen del Rocío, “buque insignia de la sanidad andaluza, controlado por el PSOE”. Lo mejor vino cuando se cargó el pensamiento único que sostiene el triunfo del PP en Sevilla:“Ha sido un fracaso y un drama”. Rebajó el triunfalismo como el padre que sorprende a los hijos de fiesta y, zas, apaga la música: “Hay que hacer un diagnóstico serio de las razones por las que no ganamos en Sevilla”. Fue más allá al referirse a la clase política: “Hay que reflexionar. ¿Por qué hay tanta fractura entre los políticos y los ciudadanos? La gente tiene que ver que tenemos sus mismos problemas. Los programas electorales tienen que ser cumplibles, porque la próxima vez no nos van a perdonar”. Y ojo al futuro:“Rajoy necesitará nuestros votos y nuestra fuerza”. La enmienda (honda reflexión más bien) fue aprobada por unanimidad. Y no poco mérito tiene quien ha sido capaz de ir a contramano, sobre todo minutos después y minutos antes de una letanía de discursos trufada de mensajes sobre pírricas victorias y espectaculares avances.

Arenas irrumpió a las 12:40 con la melodía oficial del partido tronando en el salón de Los Lebreros, el mismo en el que se celebra El Rastrillo. “Mira, allí donde está Javier ahora se pone el puesto de la duquesa de Alba”. Y el campeón se hartó de dar esas palmaditas leves en la oreja que pega mientras asoma la lengua mordida. Y con Arenas se rebajó aún más el índice matinal de almíbar en el congreso. Dijo que le habían pedido que hablara cuando a él ya sólo le toca “escuchar”. Hizo autocrítica al admitir “errores” en la pasada campaña de las autonómicas. ¿Creerse las encuestas y mantener un perfil plano? El runruneo estaba servido. No dejó lugar para la duda: “Me habéis dado mucho en la vida y no podré compensarlo. Me disteis el honor de ser candidato a la Presidencia de la Junta. Seguro que cometí muchos errores, pero el esfuerzo y la convicción fueron máximos. El que tiene muchas responsabilidades y toma muchas decisiones al día se equivoca”. Como aquello del penalti fallado por el que lo tira. Y recordó que en ocasiones había tenido que tomar decisiones duras sobre el propio Juan Bueno. Y, claro, Juan Bueno las había asumido con gran entereza. Cómo no. Así son los partidos y, hablando de penaltis… El fútbol es así.

Arenas había interrumpido el discurso de la diputada autonómica y ex concejal Alicia Martínez, que reveló al auditorio una de las que ella debía entender como gran e impagable aportación de José Luis Sanz, alcalde de Tomares, a los catálogos de ámbito internacional sobre estrategia política: “José Luis reparte chucherías a los niños del pueblo en sus cumpleaños. ¡Esos son los detalles de cercanía que gustan a la gente!” Y sonó un aplauso.

Y Zoido interrumpió el del portavoz en la Diputación, Eloy Carmona. A las dos grandes verdades aportadas en la jornada matinal por Charo García y Javier Arenas en ese juguemos a ser sinceros hay que sumar una tercera que dijo Carmona sobre su propio discurso:“A lo mejor os estoy soltando un peñazo…” Se agradece, Eloy. Carmona dijo una frase demoledora: “Las diputaciones provinciales son necesarias”. Será por eso por lo que alguien escribió que un meteorito acabó con los dinosaurios, pero está por ver qué acaba terminando con las diputaciones.

Y Carmona aportó una cuarta. ¿O fue un mero traspiés? Dijo mirando a Arenas: “Sin ti va a ser difícil que alcancemos más…” Y, claro, como también estaba ya Zoido en la primera fila, tuvo que recular: “Pero lo intentaremos, lo intentaremos”. Tendría que haber seguido el manual sobre cómo tratar el pasado representado por un jarrón chino: ojo al manipularlo porque se rompe y te puedes herir.

La mañana la animaron los policías y bomberos que se manifestaban a las puertas del hotel y pitaban la entrada de algunos militantes. El veterano Jaime Raynaud se olió el bochinche y accedió por el bar. El defensor del ciudadano, José Barranca, se llevó algunos elogios, al igual que el concejal Beltrán Pérez, que defendió después con pasión y verbo fácil el informe de gestión del partido. Se nota que Pérez es muy querido por la militancia de los pueblos. A otro veterano, Jaime Bretón, le anunciaron que sería el responsable del foro de ideas y debates, algo así como una versión pepera del Caldera de los tiempos del zapaterismo. El caso es que hubo hasta militantes que se encelaron porque a ellos no les pitaron. No serían nadie cuando se creían alguien. No faltó la cuota de caspa: alguna corbata con la bandera nacional sobre fondo azul y el tramo de rubias (cada vez más menguado) con los pantalones muy petados. Cuando por la tarde salió la composición de la ejecutiva y demás sanedrines, el teléfono escupió un sms: “Lee bien la lista. Esto lo han fraguado este verano en el chiringuito La Ballena Verde, en Zahara de los Atunes”.

La manchita del PP y el lamparón de Ana Hermoso

Carlos Navarro Antolín | 20 de septiembre de 2012 a las 5:00


El PP no tiene ni de lejos la tradición de pluralidad de listas que animan los congresos del PSOE. En el PP se lo piensan mucho antes de meterle el dedo en el ojo al poder orgánico. A los socialistas les va mucho más la marcha. La derecha tiene ese punto plúmbeo que hace insoportables los congresos. La excepción que confirma la regla en Sevilla se produjo en el año 2000, cuando Miguel Ángel Arauz, bastante bien acompañado, quiso disputarle la presidencia a Ricardo Tarno, bastante apuntalado por Arenas. Pero Arauz se cayó en el hoyo de los avales. Su candidatura fue excluida en el transcurso de un congreso tenso. Los militantes no pudieron votar entre una u otra. El caso es que técnicamente se puede afirmar que en el PP de Sevilla, al menos desde que se denomina PP, nunca una lista alternativa ha llegado a la última ronda. Habría que remontarse a la antigua Alianza Popular para encontrar un ejemplo. Por lo general, los estados del partido se reducen a dos: anestesiado o eufórico. Pero extrañamente se evidencian divisiones. Los críticos, de haberlos, son minoría. Y si alguna vez se cuentan por decenas, suelen ser de actitud pasiva. Pocas veces afloran las dagas. Hubo un verano en que el ex concejal Joaquín Peña anduvo intentado ser presidente del PP sevillano yendo, dicen, casa por casa de los militantes. Con el paso del tiempo, un Zoido magnánimo lo nombró director general de Medio Ambiente en el Ayuntamiento. Aquí paz y después… Jesús Despojado. El anuncio estival de Ana Hermoso de disputarle la presidencia a Juan Bueno, actual secretario general y candidato oficialista, parecía traer la emoción a un partido de vida interna habitualmente plana. Dicen que la fuerza que mueve a Hermoso tiene origen en el cabreo que pilló cuando se vio relegada de las listas en las autonómicas y en las generales. A Antonino Gallego le ocurrió algo parecido siendo alcalde de Bollullos de la Mitación, pero no montó una candidatura alternativa. Dimitió en diciembre de 2009 cansado de las palabras huecas de Arenas, se fue a la empresa privada y le dieron una gran cena de homenaje a la que asistieron los altos mandos de la gaviota. Los escasos alcaldes que tiene el PP en la provincia se rebelan de vez en cuando, sacan pecho porque se sienten fuertes y es entonces cuando se plantan en la calle San Fernando y piden pista en el glamour del Congreso de los Diputados o del Parlamento. Se permiten el lujo porque tienen el aval de los votos que en su conjunto le faltan a un partido que hasta hace poco era la cuarta fuerza política en la provincia. El caso es que una alcaldesa del Aljarafe que rozó la mayoría absoluta en Bormujos en un contexto adverso ha dado el paso al frente echando sal en la herida de una formación que no termina de despegar en la circunscripción hispalense: “Somos la manchita roja del mapa”, dijo el día que presentó su programa a la presidencia del partido. Todo un torpedo en la línea de flotación de una estructura de mando en la que, nunca se olvide, está Juan Bueno como secretario general. Pero hete aquí que cuando llega la hora de elegir a los compromisarios para el congreso, la aspirante Hermoso no logra colocar a ningún afín entre los cinco que corresponden al PP de… Bormujos. Se queda sin los apoyos de su tierra. Su pueblo le falla. Caramba. Y por eso todo apunta a que nos quedamos huérfanos de emoción en el congreso, a no ser que algunos se levanten airados cuando Bueno difunda el nombre de su secretario general. La alcaldesa tiene su particular “manchita” en su propia casa. Quizás porque, efectivamente, todo el PP tiene en la provincia esa “manchita”. Y ella no es ajena al lamparón. Bueno (Juan) está lo bueno.