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El pedrismo más light

Carlos Navarro Antolín | 6 de agosto de 2017 a las 5:00

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EN la carrera por el poder en el PSOE de Sevilla, en ese hipódromo donde se disputa la primera plaza que da derecho al control del aparato, los pedristas hispalenses han escogido el caballo menos conocido, teóricamente con menor entidad de los posibles y con el palmarés más escuálido. Es cierto que en la política de hoy las trayectorias cuentan muy poco. Prima la obediencia ciega al líder, esa cualidad que lleva a tirarse a la piscina sin agua, esa capacidad para construir una unión temporal frente al enemigo común (que para los pedristas es Susana Díaz) y esa sumisión inmediata a las directrices de la superioridad por ridículas y temerarias que sean, como ser repelida del templo de Ferraz ante las cámaras de todos los telediarios tras entrar revestida con la estola de “máxima autoridad” (Verónica Pérez).

El pedrismo hispalense ha elegido a la ex concejal Eva Patricia Bueno para aspirar a la secretaría general del PSOE sevillano. Antes tendrá que asumir la difícil tarea de reunir el 20% de los avales, cosa que hasta los sanchistas más convencidos admiten que equivale a encontrar el Vellocino de Oro. Eva Patricia Bueno es la opción más plana de los seguidores de este Pedro que trata de edificar la nueva Iglesia socialista sobre la piedra de las primarias donde derrotó al icono del PSOE andaluz. Bueno es una opción light. Cumplirá la función de instrumento necesario, de colaboradora indispensable para dar el aldabonazo y denunciar la imposibilidad de celebrar unas primarias con dos listas por el requisito imposible de sumar tan alto porcentaje de avales. ¿Algún socialista a sueldo en la Junta, el Ayuntamiento o la Diputación estampará su firma para avalar la lista pedrista?

Eva Patricia Bueno es la secretaria general de la Agrupación Miraflores, donde Sánchez ganó en las primarias por muy poco margen. Pero ganó. Los pedristas sólo vencieron en cinco agrupaciones sevillanas: Bellavista, Nervión, Dos Hermanas, Las Cabezas y la citada de Miraflores. Esta desconocida del PSOE sevillano tiene su propia agrupación fuertemente dividida. El bando contrario en Miraflores lo encabeza en la práctica Antonio Rodríguez, con plaza laboral fija en Emasesa, donde fue una suerte de jefe de gabinete para obras menores en tiempos del virrey Marchena, pasó al ostracismo en la etapa de Zoido y ahora ha levantado el vuelo con Juan Espadas, al que debe lealtad. Eva Patricia fue en tiempos una protegida de Evangelina Naranjo, la ex concejal y ex consejera de la Junta, pero las dos se distanciaron cuando la primera apoyó a Fernández Tapias y la segunda a Madina en las primarias que venció Pedro Sánchez. A Bueno se le reconoce criterio propio en muchos asuntos, aunque también un excesivo entusiasmo a la hora de hablar de algunos de sus supuestos logros en su etapa de edil, como conseguir que el recorrido de la cabalgata se ampliara a los barrios, y la habilidad para haber salido absolutamente limpia del caso Fitonovo aun habiendo sido concejal de Parques y Jardines. Perito agrícola de profesión, su perfil es el más bajo de los posibles para emprender la carrera hacia el poder de la agrupación socialista tradicionalmente más potente de España. Nieves Hernández, ex portavoz de gobierno local, ha rechazado la contienda después de haber liderado las plataformas sanchistas en toda España. Luis Ángel Rojo tampoco ha dado el paso al frente, quizás porque ni siquiera logró que la lista de Pedro Sánchez ganara en la agrupación de la que es secretario general (Sur). Y Maribel Montaño, vista con buenos ojos por el entorno del ex alcalde Monteseirín, tampoco ha querido saber de esta empresa.

Eva Patricia Bueno comparte con Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, el gran pedrista andaluz, la cualidad propia de un núcleo muy particular del PSOE sevillano: la vocación crítica, la necesidad de estar siempre frente al aparato. Esta ex edil es el cucharón necesario para ser golpeado en la cacerola del susanismo y denunciar que las normas del “viejo PSOE” impiden una votación con dos listas, en lugar de ser aplicadas las normas del “nuevo PSOE” que a partir de 2018 rebajan el porcentaje de avales necesario hasta un 3% simbólico. Hacer ruido, evidenciar, hacerse oír. La política de hoy tiene poco de discurso racional, menos de ideología, y mucho de lucha por el poder puro y duro. Y, sobre todo, por el ajuste de cuentas personales. El caballo menos conocido para un hipódromo donde muy probablemente no habrá siquiera carrera. Una apuesta plana y sin riesgos. Los pedristas se conforman con encender la bengala para dejar clara su presencia.

Al gran estratega del sanchismo del Sur, el correoso Gómez de Celis, poco le importa que no se consiga el 20% de los avales. Sabe que la conquista del PSOE andaluz comienza por los cimientos y requiere de algo tan cotizado en política (por la dictadura del cortoplacismo) como es el tiempo. Tras hacer ruido con Eva Patricia, sólo habrá que esperar la entrada en vigor de la nueva normativa que rebaja la exigencia de avales y, después, preparar la batalla en la conformación de las listas de las municipales de 2019, donde el sanchismo querrá sus cuotas en las listas. Hoy ya la tiene en la Plaza Nueva con la edil Inmaculada Acevedo, un ariete poco conocido de Gómez de Celis en el actual gobierno local. Ahí, en el ruedo municipal, es donde Celis le hará cosquillas muy incómodas al actual alcalde, Juan Espadas, si no se las hace antes por otras vías, dadas sus más que solventes conexiones desde hace años con sectores políticos conservadores donde él y los suyos se entienden con terceros a la hora de defender intereses comunes. Porque, insistimos, sólo el enemigo común es capaz de establecer uniones con cierta solidez en la política y explicar extrañas adhesiones. Que socialistas andaluces moderados, con sentido de Estado y altura de miras, reconozcan que han votado a Pedro Sánchez sólo se explica por la animadversión a Susana Díaz, a la que el vídeo ‘robado’ tras la derrota en Madrid y la guasa del cónsul le han venido de perlas. Aparece como víctima quien tanto ha destacado durante años por su perfil más duro. Nada más conmovedor que ser la agredida, la agraviada, la odiada. Entonces el caballo va al galope.