Archivos para el tag ‘Feria’

El alcalde irritado

Carlos Navarro Antolín | 25 de septiembre de 2016 a las 5:00

JUAN ESPADAS VOTA LA CONSULTA SOBRE LA FERIA
SE ha tambaleado el pedestal de su trabajada fama de técnico riguroso, alejado del humo del puesto de las castañas urbanísticas. El alcalde Juan Espadas se ha metido él solito en una bulla de Feria en pleno septiembre. Le han birlado la cartera de hombre serio, le han despojado de la coraza de político gestor, de la imagen de ejecutivo que saca 25 horas al día y que jamás se salpica del irreversible barro de las frivolidades.

Se ha irritado a golpe de telediario nacional, de los informativos rapaces que buscan la carroña del ceceo y el sobrepeso para mantenernos condenados a la estética estereotipada de pueblo inculto, indolente, conformista y anestesiado. El gran técnico del PSOE de Sevilla, amamantado y criado en los despachos de la Junta, lápiz, calculadora y cartabón, ha hundido a la ciudad en el pozo de las banalidades, caseta, jolgorio y vino. Su bien elaborada fama de gestor, de hombre de despacho, de silencio, temple y mando, de flexo y folios ordenados en una carpetilla para cada asunto, se ha desmoronado como un castillo de arena a la primera ola embravecida del mandato: la consulta sobre la Feria.

Juan Fernandez-Rodríguez García del Busto, el alcalde de frac en las grandes solemnidades que era hermano de Pasión, trasladó la Feria del Prado a los Remedios. Y Juan Espadas nos lleva a las urnas cibernéticas para preguntarnos por su fecha de celebración. Espadas se ha irritado cuando se ha visto colocado deliberadamente en la casilla de salida de los alcaldes de corte populista, se ha sentado en ese velador de la política local que está cargado de cacahuetes y cerveza fresquita, esas mesas donde se arregla el mundo a golpe de tirador. “No es lo que parece”, pretende explicar sin éxito el alcalde. Él, al que difícilmente se sorprende en un bar ni siquiera después de un Pleno, quedará en el recuerdo como el alcalde que convocó el plebiscito de la Feria. El alcalde irritado porque llevó a Sevilla a los telediarios un mes de septiembre a cuenta de una fiesta, otra más. El alcalde que siendo líder de la oposición quiso bautizar a Zoido como el superalcalde de las fiestas mayores y que está ya como el propio Zoido: colocando las fiestas mayores en el centro del debate político, talando árboles y promocionando procesiones magnas, el hat trick justamente contrario de su ideario.

Tanto pregonar sostenibilidades, transversalidades y reformas estructurales en el pregón cotidiano de las idioteces vacuas de la oratoria política actual, para, al final, colocar los farolillos (y farolillas) a destiempo y con el viento en contra. Se cuidó de no acudir a presidir el balance de la pasada Semana Santa, su mayor logro de gestión hasta ahora, para no inmiscuirse en los asuntos costumbristas, de acuerdo con el tacticismo de salón tan del gusto de los gobernantes de hoy. Se ausentó por conveniencia, para no parecer un alcalde folclórico, y ha terminado al poco tiempo pinchándose al tocar la rosa de la Feria. El alcalde se irrita y atribuye toda la polémica “a dos o tres mentes estrechas”.

Tanto trabajarse el eje turístico con los alcaldes de Málaga, Granada y Córdoba, y tanto vendernos hasta una aventura galáctica (¿Recuerdan cuando Sevilla iba a acoger un congreso de la agencia espacial europea?), para al final quedarnos condenados al fotocol del caballito de plástico, clavel de solapa y sombrero de ala ancha.

El golpe ha sido duro por imprevisto. Espadas, un tipo en apariencia muy alejado del perfil de Zoido y más próximo al de Manuel del Valle, se ha visto sobrepasado por los efectos de su propia decisión. La ciudad banalizada. Ya le ocurrió al trascender que el Ayuntamiento alquila monumentos y plazas públicas de la ciudad para cuchipandas de alto copete, una decisión de su gobierno tan legítima como discutible. Se irritó al ver las recreaciones virtuales de una Plaza de España, una Puerta de Jerez o un Monasterio de Santa Clara con mesas altas y taburetes. El patrimonio histórico rentabilizado con fines hosteleros. La ciudad convertida en un gran velador, la ciudad preocupada por la fecha de la Feria en los coletazos del verano. La política de hoy es márquetin. Y el márquetin tiende a la reducción, a la injusta simplificación. Yeso irrita al alcalde, que corre el riesgo de ser el cojo del desfile, convencido de ser el único que lleva el paso correcto.

Espadas reabrió la caseta municipal, tras los años de la austeridad de escaparate impuesta por Zoido, para ganar la gloria efímera de un titular de prensa. Nadie lo criticó. Espadas ha confirmado su participación como Baltasar en la cabalgata del centenario, invitado por el Ateneo. Su presencia en el cortejo está más que justificada. Pero Espadas debe entender que debutar en las consultas populares preguntando por la Feria lo coloca como un alcalde con pies de barro en el ya de por sí lodazal de la política de hoy.

Los árboles cayendo y el sevillano votando si quiere un día más de juerga oficial. Las nuevas líneas de Metro desapareciendo y el sevillano distraído con el sonido del sonajero de la consulta ferial. Los veladores creciendo como adosados del Aljarafe en tiempos de bonanza y el sevillano celebrando que el pescao frito de un sábado será de mejor calidad que el de un lunes.

El alcalde de escuadra y cartabón, que se había ganado el respeto de la derecha sociológica, anda perdido en la bulla. Yde la bulla sólo se sale con calma, apretando la cartera con una mano y esperando a que se organicen las dos corrientes en sentidos opuestos. Hay quien dice que todo no es más que la maldición de Carretero. Como el Benfica con Gutmann.

Rescoldos de una visita con silenciador

Carlos Navarro Antolín | 22 de abril de 2016 a las 5:00

FERIA.PEDRO SANCHEZ
“No, lo peor no fue que se nos avisara de la llegada del secretario general un día antes. Hicimos lo que pudimos, prepararle el encuentro con la presi en la caseta de la SER y la posterior visita a la de UGT. No está mal, ¿no? Te recuerdo que el aviso nos llegó la mañana del martes. Sí, ya sé que es un secretario general… Lo peor fue que cuando el hombre se bajó del coche junto a la portada y no había nadie para recibirle: ni de la Junta, ni del Ayuntamiento, ni del propio partido. Vamos, que si llega un poquito más temprano se cruza con el tío del hielo. Por eso me dicen que telefoneó a Gómez de Celis, que estaba por allí desde temprano por una reunión familiar y tardó dos minutos en llegar para que el hombre no fuera solo. A mí lo de Pedro Sánchez y Celis en Andalucía me recuerda cuando el Rey le preguntó a Suárez cuántos monárquicos había en España además de ellos dos. ¿Cuántos partidarios tiene Pedro Sánchez en Sevilla? Pues dos. Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y… el propio Pedro Sánchez cuando en Sevilla está. Tienes razón, por mucho que nos llevemos mal con el secretario general, por mucho que le tengamos retirados los embajadores, no deja de ser eso: el secretario general de nuestro partido. Ni un selfie de la presidenta con él en la Feria, ni un selfie del alcalde, ni una visita a la Caseta Municipal. Y encima le ponen un plato de sushi en el aperitivo de la foto para general guasa de las redes sociales, donde se dedicaron a ampliar las fotos para que se vieran con claridad las viandas japonesas. Te reconozco que la cosa no salió bien. Faltó la cortesía debida. Alguien del aparato regional pudo ir a esperarlo a Santa Justa para llegar juntos a la portada. No costaba nada. Tampoco nadie de la Junta ni del gobierno de la ciudad lo acompañó a la caseta de la UGT. ¿Qué trabajo costaba arroparle un poquito? Pero, claro, si no lo puede ver por aquí ni en pintura, ¿cómo se le va a querer ver en plena Feria? Lo peor no fue el sushi ni el vacío que se le hizo, lo peor fue que el silenciador fue un clamor. Y creo que de eso ninguno salimos bien parado. Ni el que tuvo la ocurrencia de poner sushi”.

El retorno del Plan E… A la Feria

Carlos Navarro Antolín | 3 de abril de 2016 a las 5:00

casetaPlanE
Se cebaron con Zapatero por negar la crisis y se volvieron a cebar después cuando sacó del armario de las medicinas del Estado aquel placebo llamado Plan E que puso a los parados de toda España a parchear aceras. El Plan E fue el torniquete de urgencia con el que Zapatero pretendió tapar la hemorragia del muslo sangrante de la economía nacional, atravesado por el pitón de la caída de Lehman Brothers en agosto de 2008. Aquellos 8.000 millones de euros libraron unos meses del paro a 410.000 españoles en 2009, cuando lo peor estaba aún por llegar pese a que la partida fue aumentada en 2010 hasta más de 12.000 millones. Y lo peor era el año 2011, un toro que esperaba avieso en los corrales del calendario. Aquel 2011 disparó las cifras del paro y llevó a los platós de televisión a medio cuerpo de profesores de Economía de las universidades españolas. No había tertulia que no tuviera su economista de guardia con el fotocol de la universidad privada o la placa de la consultora de turno a sus espaldas. Los delegados de Urbanismo de los ayuntamientos fueron reyes magos durante algunos meses al repartir contratos de reparaciones urbanas, gastos no productivos en la mayoría de los casos.

Sólo los carteles para anunciar las obras costeadas por el Gobierno de Zapatero costaron 37 millones de euros. Y quien no puso el cartel tuvo que pagar una multa y devolver el dinero de la subvención. Los carteles eran los incensarios con los que el gobierno se rindió culto a sí mismo para quitarse de encima la mala fama de haber negado la crisis durante meses. Cada cartel costó casi 2.000 euros. Hasta el Tribunal de Cuentas dejó en evidencia la inutilidad de aquel Plan E con el que Zapatero quiso zafarse de su estigma de irresponsable a costa de disparar el déficit público. El Plan E fue un analgésico de corto alcance que no evitó que España se quedara al borde del rescate. Los ayuntamientos reconocieron que tuvieron que adjudicar proyectos a toda prisa, sin tiempo para hacer las cosas con cabeza y criterio. Al menos queda el consuelo de que ocho año después ya no está el nefasto Zapatero, pero los carteles de aquel Plan E siguen siendo útiles para garantizar la seguridad de las casetas de la Feria de Abril en los meses de montaje, cuando el real está cargado de instaladores, electricistas y montadores de urinarios. El casetero responsable e inteligente reutiliza el material del Estado con la diligencia de los buenos padres de familia. El Tribunal de Cuentas no olió que en esos dos mil euros estaba el uso de los carteles como planchas para clausurar las casetas y ahorrar en seguridad privada o en uno de esos vigilantes que no están dados de alta y que encima te montan una fogata para aguantar la noche al relente. ¡Con el peligro que tienen esas fogatas! ¿No se utiliza el periódico de ayer como envoltorio? ¿No se usa la túnica de nazareno del niño para vestirlo de paje en Navidad? ¿Verdad que el cartón de los rollos de papel higiénico es multiusos? Pues a reutilizar los carteles del Plan E de Zapatero como homenaje al presidente del Gobierno que quitó el tabaco de los bares y dejó España como los zorros, pero disparó los metros cuadrados de aceras nuevecitas. Benditas aceras. Acabaremos echando de menos las aceras. Pero siempre nos quedará la Feria como el Plan E que rescata la mente del sevillano de su realidad cotidiana: días para olvidar, para el escapismo fugaz, para llorar tal vez porque acabó la Semana Santa. Cada cual busca en la Feria su placebo.

El gesto de un señor llamado Padilla

Carlos Navarro Antolín | 26 de abril de 2015 a las 5:00

padilla
EL torero jerezano leyó este periódico el pasado octubre, cuando rememoramos el sexto aniversario de aquel siniestro cuya víctima se llama Livia Caro. Ella tenía 30 años y quedó mutilada a las 7:45 del 15 de octubre de 2008, cuando cruzaba por un paso de cebra y un camión se la llevó por delante en el desbarajuste de tráfico provocado por la obra de construcción del Metropol Parasol. A Juan José Padilla se le quedó grabada la historia de superación personal de una joven que jamás se ha instalado en la queja. Padilla estaba ayer anunciado en los carteles de la Feria. Era su única tarde en el abono abrileño. Se hospedaba en la habitación 604 del Hotel Colón, como los grandes toreros en las citas de relumbrón. Por la mañana pidió al abogado Joaquín Moeckel que localizara a aquella chica del artículo de prensa para invitarla a ella y a sus padres a vivir junto a él una tarde tan especial en la carrera de un matador: desde que el torero se viste en la intimidad de la cuadrilla y sus colaboradores, hasta que sale a la plaza. Livia llegó al hotel con sus padres: el escritor y poeta Joaquín Caro Romero e Inmaculada Rodríguez, aquella niña interna de las Hermanas de la Cruz que fue madrina de la coronación de la Virgen de la Esperanza.

Padilla les invitó también a ver la corrida, en el tendido 5, a la vera de la barrera que se adorna con los capotes de paseo de los matadores. Dedicó a Livia la faena de su segundo toro. Caro Romero, quién lo diría, volvió a la Maestranza en la que tantos años firmó crónicas taurinas que eran pura literatura. A Padilla le falta el ojo izquierdo, tiene reducida la sensibilidad en el rostro y un oído destrozado por aquella terrible cornada que sufrió en Zaragoza. Lejos de caer en depresiones, coger la puerta de atrás y quedarse en una finca maldiciendo la mala suerte, Padilla fue el líder en la estadística del escalafón taurino de la temporada pasada. Yla actual temporada la ha comenzado saliendo a hombros en la Feria de la Magdalena.

Livia no fue con las manos vacías al encuentro con el torero que se ve reflejado en su espíritu de superación. Livia le agradeció el gesto con el obsequio de dos reliquias de Madre María de la Purísima. Ella no sólo combate cada día su minusvalía desde aquella mañana de 2008, también ha tenido que luchar contra un tumor. Nunca se ha venido abajo ni acepta comentarios que induzcan a la compasión. “Soy una persona de mucha esperanza”. Cada día va a la piscina a fortalecer los músculos, sostenida por su madre, aunque muchos creemos que es la hija la que mantiene a la madre.

Ni el atropello, ni la minusvalía. Ni la cornada de un toro, ni la de un tumor. Hay ciudadanos ejemplares para cualquier urbe, vecinos de los que estar ogullosos porque no se arrugan ante la adversidad. En esta sociedad insatisfecha que parece medirlo todo en función del concepto de calidad de vida, hay gente que no se pregunta si su vida tiene calidad, ni se entristece los lunes, ni los primeros de septiembre. Lidian el toro que les ha correspondido en suerte.

La lista de Zoido, el ruán de la Feria

Carlos Navarro Antolín | 23 de abril de 2015 a las 5:00

Feria 2015, Caseta del Ayuntamiento
LA confección de las listas electorales son como la mayoría de las novilladas de verano. Interesan a la Banda de Tejera, a tres maestrantes sin ganas de playa y a cuatro chinos engañados. Pues eso. Las candidaturas interesan a los que la componen, a cuatro periodistas y a los conserjes de las sedes para orientarse a la hora de reforzar el saludo o reducir las florituras. Espadas hizo los deberes de la lista antes de cuaresma. Dijimos entonces que no sabíamos si darle la enhorabuena o el pésame. El hombre defiende con buena fe a su número cuatro, una militante agreste que ahora sólo provoca dolores de cabeza en el Grupo Socialista, pero la cefalea será de toda la ciudad como Espadas consiga ser alcalde. A Espadas hay que animarle, porque el partido le ha puesto su cruz. Y el hombre la lleva con la resignación de un penitente de barrio que nunca ve la hora de la entrada.

Zoido ha sacado su lista con las primeras pijotas en los peroles de esa preferia que tanto le gusta. Hay concejales que se enteraron en los mentideros del numerito que les correspondió en la tómbola del mérito que instalan todos los partidos políticos cuando se oye el tam-tam electoral. No pocos de esos concejales se han enterado por las redes sociales. Este año ni siquiera ha habido rueda de prensa en la sede del PP para que Juan Bueno, presidente provincial, cante los números como un camarero con oficio canta las tapas. La lista de Zoido de 2015 es de ruán. Todos callados, no vaya a ser que pregunten por Rato. Y que siga la Feria. Cuanto menos se hable de la lista, mejor. La lista del PP es como las carreras de la Madrugada. Se echa encima un trapo negro como se echa sobre la jaula del canario a ver si se duerme. Pío, pío. ¿Y Pía? Pía Halcón va de diez en la lista, qué pelotazo ha pegado Doña Pía. De ser la 19 en 2011 a nada menos que la diez en 2015. Y eso que casi le da un sopitipando hace cuatro años cuando se vio de concejal sin esperarlo. Lo de Pía sí que ha sido un adelantamiento en toda regla. Del pifiazo que pegó en Bellavista como delegada al territorio amigo de Nervión, donde ya se ha visto ella más cómoda estos años. De oca a oca y me ponen la diez porque me toca. Y no como Curro Pérez, afilado portavoz del gobierno, que me lo tienen en la lista como el caballito del Tío Vivo, ahora subes, ahora bajas. A Curro Pérez no de la dan el pésame, le dan la biodramina para los mareos.

Esta Feria hay gente que para a los concejales del PP por la calle y casi le dicen eso tan sevillano del te acompaño en el sentimiento. Dentro del PP, pero bien dentro, hay quien consideraría la cifra de 14 concejales como un buen resultado. Manuel del Valle perdió seis en 1987 y siguió siendo alcalde. Después lo quitaron y se quedó con la miel de la Expo’92 en los labios. Por si acaso, algunos se beben esta Feria con el espíritu del beso: como si fuera la última vez. Pero no todos. Javier Landa es la prueba de la resurrección. El catedrático le ha hecho un tururú a los chicos de la sede. Landa ha aguantado más que un buzo bajo el agua. Y la Banda de Tejera se ha arrancado a tocarle un pasodoble por haberse quedado con los pies plantados en la Plaza Nueva, impasible durante meses ante la mirada aviesa del morlaco de la lista. Y los cuatro chinos se hartan de aplaudir.

Casetas de utilidad pública y social

Carlos Navarro Antolín | 22 de abril de 2015 a las 12:42

CASETA DE FERIA EN LAS NAVES DEL BARRANCO
SEVILLA está sentada, que no sedente, en un gran velador desde el que ve pasar el tiempo con su liturgia de fiestas, calores, fríos, políticos de quita y pon, alegrías, penalidades, fracasos, algún éxito rotundo y muchos trofeos de mediopensionista. Sevilla se lo traga todo por esa gran boca que no es de Metro. Sevilla es una boa por cuya boca entra el humo de proyectos irrealizables. Un día nos vendieron puentes con lunares, otro día catamaranes para ir a la Feria. Un día nos contaron que tendríamos playa propia, y otro un gran mercado de flores como Barcelona. Un día nos emborracharon en la primera taberna de una carrera olímpica, y otro nos dijeron que cambiando el PGOU también lo haría el destino de nuestras vidas, el errático rumbo de la urbe que no sabe evolucionar si no es chicotá en chicotá, del 29 al 92 y pararse ahí.

Hace poco tiempo nos vendieron un mercado gourmet en la Nave del Barranco, ubicada en una parcela que tenía asignados usos socioculturales en el Plan General, ese documento que es como los principios: se cambian a conveniencia. Un ardid permitió al actual gobierno local asignarle a la finca usos de utilidad público y social. ¿Y cuáles son los usos de utilidad pública y social en Sevilla? ¡Los bares, idiota, los bares! Y ahí está el gourmet de la sacrosanta Lonja donde si usted no ha ido aún, es que no es nadie en Sevilla. A la lonja hemos de ir, como a Pamplona. Y se va a hartar usted de levantarse de la mesa más que en la mili, con su bandejita, sus servilletas y su pieza de pan. Si quiere una segunda cerveza, a pasar de nuevo por el circuito, como un moro de Queipo. A esta lonja que dice Zoido que genera riqueza le han puesto ahora unas casetas feriales, unas protuberancias como la del sombrerito del tranvía, que estos días es un tranvía tocado, como los seises. Esta lonja ha crecido, como crece el caserío del centro con áticos retranqueados. El aumento del terreno cubierto de la Lonja del Barranco a costa de casetas debe ser una muestra del urbanismo productivo que pregonaba Monteseirín. Zoido usó al límite el PGOU para poner una ristra de bares en el interior de las Naves del Barranco. Y ahora que es Feria, unas cuantas casetas piratas. ¿No hay cofradías piratas? Pues también existen casetas piratas para que los madrileños sin techo no se queden sin ración de jarana, tratando de buscar a Carlos Herrera para hacerse la foto con el teléfono móvil. Eso sí que es de utilidad público y social: una foto con Herrera. ¿O no?

Sigamos sentados en el velador, que de vez en cuando aparecen casetas junto al Puente de Triana. Y algún día hasta nadaremos en una playa artificial sin haber guardado antes la ropa en la lonja de los sueños. Porque las ciudades sin cautela son como las boas: se lo tragan todo. Y después viene el corte de digestión.
Fotos de las casetas de feria de la Lonja del Barranco, casetas

Tita Astolfi, el fichaje oculto de Moreno Bonilla

Carlos Navarro Antolín | 29 de mayo de 2014 a las 20:43

bonilla1
Si las grandes reformas se hacen en agosto o en las vísperas de festivos, el incombustible líder del PP andaluz realizó un fichaje estelar para su ejecutiva regional en pleno Viernes de Dolores, cuando Andalucía se debate entre los cirios y la playa con el eje vertebrador del desempleo, que es el que verdaderamenre hilvana las ocho provincias y no el Ideal Andaluz, cuyo autor ha quedado reducido a parada de Metro en la que algunos jóvenes echan por tierra al célebre notario al quitarle el apellido.

-Me bajo en Blas.
-¿El de la fiesta?
-No, Blas es la parada que hay antes de la de Plaza de Cuba.

Aquel día de cuaresma en Granada, en eso que el consumo interno de los partidos tiene bautizado como la junta directiva regional, Juan Manuel Moreno Bonilla (“Ponedme como Juanma Moreno en las informaciones, por favor”) metió a dedo en la ejecutiva a Teresa Astolfi González-Moguena, más conocida como Tita Astolfi, asesora del Ministerio de Asuntos Exteriores, especializada en las relaciones con la Unión Europea y gran protegida de Jorge Moragas, el tío de la mochila que va siempre detrás de Rajoy y que cuando vino al último congreso del PP andaluz de la renovación (risas en off) se hizo organizar un jolgorio flamenco en Bormujos como fin de fiesta. Óle, arsa, cómo le gusta al peperío nacional conocer la Andalucía de la segunda modernización. Pero a don Jorge hay que decirle que los domingos por la tarde no son para el taconeo, sino para planchar la ropa del colegio y oir el carrusel deportivo. La gran clave es que ya tenemos a Tita en el PP andaluz, ¿quién dijo que Moreno Bonilla no hacía cambios en el partido? Como los bonilleros se quejan en privado de la falta de cariño de los peperos sevillanos, Moreno se ha dejado asesorar por el tío de la mochila, que influye tela en el PP y en algunos empresarios de reconocida notoriedad que le montan el sarao de palmas y tacones.

-No diga usted que en Sevilla no quieren a Bonilla, hombre. En Sevilla tienen sus razones para estar dolidos. Cuando viene el presidente gallego, Alberto Núñez Feijoó, Bonilla no avisa a Zoido para la foto, ¿verdad? ¿Se acuerda usted de esa visita del gallego en las vísperas de la campaña electoral? Pues dejaron fuera a mi alcalde.
-Claro que me acuerdo. Por eso Zoido no le dio cobertura a Bonilla en Feria. Y Bonilla fue el típico malagueño sin caseta, mascullando sobre los chicos de Zoido: “¡¡¡Marrrrrditos roedores!!!”

La pasada noche electoral, la foto de familia de los peperos andaluces era un cuadro del Greco. Ni un presidente provincial respaldando al jefe regional, ni el alcalde de Sevilla ni el bueno de Juan Bueno. Casi llaman al señor de seguridad de la puerta para que hiciera bulto. Después de algunos feos, el sector sevillano no estaba por la labor de escoltar a Moreno Bonilla en la paparruchá que dijo sobre la victoria electoral en el continente (eso no lo mejora ni Leire Pajín) y sobre el objetivo cumplido del PP andaluz en las elecciones (Dios le conserve el oído). Pero ya tenemos a Tita, comienza el despegue de la derecha andaluza. ¡Pista, pista!
Astolfi1

Los retretes de las casetas hablan

Carlos Navarro Antolín | 7 de mayo de 2014 a las 19:53

retrete
Se hartan de contarnos las claves ocultas de la Feria, de enseñarnos esas trastiendas con orondos cocineros friendo pescado, con feriantes de los de verdad (los de la Calle del Infierno) narrando las peripecias de cada pueblo y las zancadillas que les pegan los ayuntamientos de turno queriendo sacarles lo que no pueden exprimirle a sus propios vecinos con el IBI, que ya lo decía el sabio tabernero del Portón cuando insistía en invitar al café con la tostada de última hora de la mañana.

-No te preocupes que lo tuyo lo va a pagar el guiri que se está comiendo ya la paella.

Pues eso. Que hay ayuntamientos que pretenden que el tío de la Noria, el del Gusano Loco y el de la Barca Vikinga paguen los recibos de la contribución urbana que se despistaron del segundo semestre devengado. Y nos lo cuentan en esos magníficos reportajes de televisión de 24 horas donde la mitad se despelota en una playa y la otra mitad hace el canelo a las ocho de la mañana en un una churrería ambulante próxima a la portada. Mucha trastienda, mucho tratar de enseñar las verdades de la Feria, mucho abrir en canal esta fiesta universal, pero nadie se ha ido a enseñarnos esos retretes de las casetas donde sí que se encuentran las grandes claves, donde se exhiben esas normas de conducta en plan “ahora que no nos ve nadie, va a leer usted detenidamente mientras hace sus cositas cómo debe comportarse, so maleducado”. Y sale uno de allí avergonzado, porque te dicen desde cómo tienes que vestirse hasta la hora tope a la que puede haber menores de 14 años y cochecitos de bebé en la caseta. Lean, lean. Y no es en una caseta, sino en muchas. No se habla de señores, sino de caballeros (con o sin caballo) a los que se les exige atuendo de chaqueta, las zapatillas de deporte están prohibidas (como en el Pachá de Madrid) y a partir de las diez de la noche se recomienda el uso de la corbata. No dice qué tipo de nudo debe lucir (si el nudo de gran tamaño modelo Gregorio Serrano, el nudo distraído modelo Juan Espadas o el nudo triangular que nunca se cae modelo camarero del Aeroclub), pero se deduce que hasta antes de las diez puede usted ir despechugado, como si usted fuera un primer teniente de alcalde en un reciente sepelio, a cuello abierto exhibiendo la pelambrera alta del pecho cual guitarrista ochentero. Y todo esto se entera uno mientras orina, oiga. Pedagogía o conciliación del ocio y el ejercicio de las necesidades básicas. Al salir de ese retrete lo primero que hace uno es mirar el reloj (por si han dado las diez), autoescrutarse y pensar dónde fue la última vez que vio el carrito del niño.
No hay que olvidar esas casetas que para darse importancia colocan en el retrete un frasco de colonia de baño, un peine y una toalla, como si fueran los limpísimos servicios de los caballeros maestrantes de la plaza de toros donde se ofrecen además prismáticos y mullidas almohadillas de válvula. Pero qué cochinos los de esas casetas pretenciosas, qué asco de toalla a partir de media tarde, cuando tienen ya hasta una fauna protegida de bacterias, sabrá Dios la trayectoria de ese peine al que siempre faltan entre dos y cuatro púas. ¿A quién se le ocurre poner toallas en el servicio de una caseta? Si el summum de la falta de higiene lo marcan siempre en Sevilla la bombilla de una cuadra o el servicio de una caseta. Y todo por no poner un rollo de papel higiénico. Ocurre como cuando se modernizaron los canapés que perdimos en la Caseta Municipal, que se oía a cierto alto cargo socialista decir cada día en tono jocoso: “Hay que ver lo que inventa Juliá para no tener que poner jamón”, mientras se zampaba el consabido mini-tomatito con una puntita de anchoa. Pues hay que ver los aires de importancia con los que se camuflan algunos titulares de casetas para no gastarse los euros en rollos de papel. Fíjense en los urinarios de la Feria, auténtica trastienda. Si a las ciudades se les conoce por sus mercados y cementerios, las claves más profundas de muchas casetas están en los servicios. Los retretes de la Feria hablan. Y dan órdenes, vaya si las dan. A las diez, los cuellos cerrados. Y los niños, chupete y a la cuna.

Lipasam y el Lunes de Resaca

Carlos Navarro Antolín | 29 de enero de 2013 a las 5:00


Que en la mesa de negociación de un convenio laboral de cualquier empresa, pública o privada, se valore la posibilidad de que los empleados tengan que ser incentivados exclusivamente para que acudan a su puesto de trabajo es sencillamente ofensivo para esa inmensa mayoría de trabajadores que cumple con su obligación sin necesidad de sonrojantes estímulos extras. Que la dirección de una empresa cualquiera se pliegue a pagar 1.400 euros anuales a cada uno de los trabajadores que no falten al trabajo sin causa justificada es sencillamente vergonzoso. Y que encima se haga con dinero público es sencillamente reprobable. Estamos de saldo con la sencillez, oiga. El denominado plus por no absentismo, que se está pagando desde hace años en Lipasam, equivale en el terreno laboral al denominado Lunes de Resaca en el calendario festivo de la ciudad. ¿Recuerdan aquellos Lunes de Resaca que después se ennoblecieron y tornaron en Lunes de Guardiola y que ahora han quedado en Lunes peladitos y mondaditos? Ese día de descanso tras la Feria oficializaba que los sevillanos necesitan un día para dormir la tajá antes de volver al puesto de trabajo, ergo reconocer que hay empresas públicas en las que se necesita un acicate (contante y sonante) simplemente por acudir al centro de trabajo ya me dirán ustedes lo que oficializa: la poca… Poquísima. Las loables conquistas sociales no pueden consistir nunca en que haya que pagar para garantizar la mera presencia del trabajador, dejando aparte el rendimiento y los resultados. Cuenta un sindicalista que ese plus hubo que instaurarlo ante el creciente absentismo en la empresa por la dureza del trabajo en la calle, en horario nocturno y con el clima jugando en contra en muchas ocasiones. Que Canorea y Valencia paguen a Morante el Domingo de Resurrección un plus por no acojonamiento ante el toro. Y no digamos el Domingo de Feria, que son de Miura, mire usted. Los de Zahariche merecen un plus playero. Pero no para irse a Matalascañas y quitarse del cartel, sino para aguantar el sistema nervioso ante la cornamenta playera de toros tan agalgados.
Tal vez el panorama actual no es más que la resaca de los años grandes, cuando los gobiernos municipales disparaban con pólvora del rey en las mesas de negociaciones para garantizar la paz social. Cuantísimos dirigentes no aparecían como hábiles negociadores cuando no habían hecho más que firmar un cheque. Se acabó la pólvora, se esfumó la paz. Cuando la pólvora sale por la puerta, la paz se pira por la ventana. Contra la resaca ya se sabe: agua, aspirina y café. Y pasar la vergüenza de haber metido la pata. Como pedir cobrar por simplemente llegar a la hora obligada.

La Feria que beneficia a Zoido

Carlos Navarro Antolín | 5 de mayo de 2011 a las 13:17

Las tres primeras jornadas de esta campaña electoral están eclipsadas por la Feria, una circunstancia hasta ahora desconocida en períodos electorales en esta ciudad. Hay quien defiende que esta campaña nace anulada de origen, que nada de lo que se haga en el arranque tendrá un verdadero eco. Tan sólo el fútbol es capaz de penetrar en el público que vive estos días feriales sin solución de continuidad, ajeno a los telediarios, o en quienes se han marchado a las playas huyendo de todo lo relacionado con la ciudad efímera de las lonas. Con este planteamiento, la coincidencia de la Feria con la campaña beneficiaría al partido más interesado en que todo tenga ya un tono plano: el PP.

Zoido ha pasado de un 2007 en que todo era poco para armar ruido, hacerse notar y buscarse un hueco entre una clase dirigente que le ninguneaba en las declaraciones, a un 2011 en que ha levantado el pie del acelerador para determinados asuntos. El desgaste de ser el primero y tirar del pelotón son funciones para un Espadas al que interesa más que a nadie el ritmo electoral, que el público piense en clave de urna y que no haya ningún acontecimiento de distracción, tareas difíciles en un contexto de Feria y con la sevillana de los 5 millones de parados sonando a toda pastilla. Baste un ejemplo. ¿Qué repercusión puede tener un debate organizado en Sevilla un viernes de Feria por la mañana? Escasa. ¿A quien beneficia más que a nadie el debate? Al PSOE. Haga usted mismo el silogismo deductivo. La conclusión es evidente.

Se da por hecho que si a mediodía del 22 de mayo se registra una participación considerable en los feudos tradicionales del PSOE (Macarena, Sevilla Este y Cerro) puede ser una señal de que los socialistas han conseguido hacer reaccionar a su electorado. Un objetivo al que ya han renunciado en un barrio como Los Remedios, donde varias encuestas vaticinan que los populares no sólo mantienen la hegemonía, sino que son capaces de arañar bastantes votos más. Esta semana han buzoneado el barrio con las propuestas de Zoido de ampliación del real y de su uso durante todo el año. Como en política nada es por casualidad, ahora se entiende el desahogo de aquella socialista que dijo en un mitin que los vecinos de esa zona de la ciudad se levantan a las once de la mañana. Otro error de manual de los socialistas.

Hablando de errores, ¿será verdad que Espadas ya ha considerado inteligentemente la posibilidad de repescar a Rosamar Prieto-Castro si alcanza el poder municipal?

El ruido de cascabeles y el machaqueo de sevillanas benefician, sobre el papel, a quien todo lo apuesta ya por el contacto personal, por ese incesante estrechar de manos e intercambio de sonrisas que tanto gustan al hombre de pueblo que Zoido nunca ha dejado de ser. Pero mal, muy mal, haría el PP en creerse en posesión de una victoria que sólo existe en las encuestas, como mal ha hecho el PSOE en tachar de flojos a los miles de vecinos de un barrio que estos días, precisamente, aguantan los peores efectos de la Feria. No es que se levantes a las once, es que no pueden conciliar bien el sueño antes de las siete.